
“Siniestro es el nombre que recibe lo que debió
permanecer oculto y se ha vuelto visible”.
-Schelling.
Advertencia: puede contener spoilers de la quinta temporada a partir del subtítulo “El eterno regreso de lo mismo”.
Lo primero que pasa en Breaking Bad son unos pantalones volando por el aire. Inmediatamente después, vemos al que parece ser el dueño conduciendo una camioneta, semidesnudo, con un hombre inconsciente como copiloto. Después de una serie de rápidos cortes, sabemos que otros pasajeros del vehículo son dos tipos ensangrentados, boca abajo, posiblemente muertos. No pasa mucho tiempo antes de que veamos claramente al protagonista: tras estrellar la camioneta y abrumado por la escandalosa cercanía de las sirenas de la policía, intenta grabar un video dirigido para su familia. En él se presenta: es Walter Hartwell White. También en él se despide.
Desde este primer acercamiento a Walter White, presenciamos una suerte de confesión de las cosas que ha hecho (aunque no dice exactamente cuáles) y que posiblemente están a punto de salir a la luz. Sabemos que no son cosas buenas, o no estaría al borde de las lágrimas. También es claro que las había mantenido ocultas y el secreto es insostenible.
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Los alemanes, que para todo tienen palabras, algunas kilométricas y otras no tanto, inventaron el término unheimlich. Una traducción aproximada es “siniestro”, aunque difícilmente podría considerarse una equivalencia. Lo Unheimliche se define como algo que no es propio (Heim significa “hogar”), algo que resulta extraño, que se desconoce y, por lo mismo, se teme. Pero de forma aparentemente contradictoria, unheimlich también es aquello que se vela de la percepción de los demás, aquello que se entierra y protege con la intención de mantenerlo secreto. Fue alguien que hablaba alemán (pero era austriaco), Freud, el que sugirió que Unheimliche es lo que podemos ocultar tan profundamente que terminamos por enajenarlo. Para exponer su tesis siniestra, enumera distintos ejemplos que tienen esta naturaleza: la existencia de un doble, el eterno regreso de lo mismo y otros, que por cuestión de espacio, quedarán enmarcados en un genérico etcétera.
Heisenberg, el doble
Cuando Walter White se entera de que tiene cáncer, su preocupación inmediata recae en el futuro de su familia, en encontrar la forma de que su fuerza y sustento sigan presentes cuando él ya no esté. El hecho es que va a morir, pronto. En este nicho de desesperación y angustia, nace Heisenberg.
De forma no totalmente consciente y hasta cierto punto involuntaria, Walter convierte a Heisenberg en la posibilidad de alcanzar algún tipo inmortalidad por medio de la cual logrará seguir estando presente. Pero una condición necesaria de la existencia de este doble es que se mantenga ferozmente oculto. Así que las personas por las que está llevando a cabo todo su montaje son las primeras que quedan fuera: aquellas que conforman su Heim, su hogar, lo propio. Walter Junior, Skyler y la recién llegada Holly ignoran lo que se está gestando en su propia casa: el padre de familia se dedica a la fabricación de la metanfetamina de mayor pureza en el país.
La premisa de Breaking Bad durante 54 capítulos había sido que el dopplegänger de Walter se desarrollara en un plano casi perfectamente anónimo, solo conocido por algunos personajes clave (Jesse, su único socio constante; algunos enemigos oportunamente desaparecidos; su abogado). Pero el episodio ocho de la quinta temporada, transmitido en septiembre del año pasado –el último antes de un hiato casi eterno–, marcó lo que parece el principio del fin de Heisenberg.
Hank es un agente de la DEA que está pasando un fin de semana con la familia de su esposa. Decide ir al baño y es ahí donde encuentra la pista que no estaba buscando: un libro con una dedicatoria que une directamente a Walter White, su cuñado, con Gale Boetticher, un químico que fue asesinado y que estaba “envuelto en una red de narcotráfico”. Hank teje, por primera vez seriamente, una relación entre su cuñado y Heisenberg y se da cuenta de que el delincuente al que ha perseguido durante un año siempre fue parte de su familia. Por accidente, recibe toda la descarga de lo siniestro: devela aquello que debía permanecer oculto.
El eterno regreso de lo mismo
El noveno capítulo de la quinta y última temporada (el primero de esta reiniciada transmisión) nos deja ver por medio de un flash forward que la farsa de Walter White se ha venido abajo. En las paredes de su otrora casa de sueño americano hay un grafiti con el nombre de su doble siniestro, rodeado de basura y abandono. Cómo llegó a ese estado; todavía no hay manera de saberlo, porque si hay algo que la narrativa de Vince Gilligan, escritor y creador de Breaking Bad, no hace es permanecer lineal.
Regresamos al momento en el que Hank descubre la verdad: Walter tiene un mes de haber renunciado a su negocio de meth y ahora se dedica enteramente al lavado de autos/dinero. Jesse, su socio, abandonó el barco desde mucho antes, abrumado por la muerte y la desolación que le provoca saber que el dinero que generan está manchado de sangre tanto de inocentes como de culpables.
En diferentes momentos, pero Walter y Jesse intentan zafarse de la espiral de decadencia que surgió en cuanto entraron por primera vez a la camioneta en la que fabricarían metanfetamina. Pero este intento de volver a una vida normal es inútil.
Jesse vuelve a encontrarse dominado por una adicción que parecía haber dejado atrás. Su casa otra vez es un depósito de junkies y su vida ha regresado al mismo punto de ruina y decadencia por el que ya había pasado en varias ocasiones anteriores. Intenta mantenerse pertinentemente alejado de Walter, que no tiene intención alguna de permitírselo. “Déjà vu, huh?”, le dice a un hastiado Jesse, cuando va de visita a su casa, burlándose del hecho de que no era la primera vez que llegaba con bolsas negras rellenas de millones de dólares.
Walt, encerrado en su propio círculo de repeticiones, regresa al hospital en el que pasó tanto tiempo cuando su cáncer acababa de ser detectado. El secador de manos, completamente abollado y deteriorado por el derechazo que la asestó en la segunda temporada, tras enterarse de que su tumor estaba en recesión, es un espejo que ahora refleja su imagen maltrecha y deformada.
En la última secuencia del último capítulo de Breaking Bad, Walter (más bien, Heisenberg) encara a Hank y le confiesa que el cáncer ha vuelto y le quedan pocos meses de vida. El desenmascaramiento no va a ser necesario, para qué lastimar a la familia, una vez más se encuentra ante el inminente final de su vida. Pero si las cosas vuelven a suceder, es totalmente posible que el cáncer se retire derrotado. Y si las cosas vuelven a suceder, también es totalmente posible que Hank deje de ser un estorbo, Heisenberg no necesita testigos que den fe de su existencia.
Pero que hay del Flashfoward? En el aparece/sale barbón lo cual significa que el tiempo ha pasado y el cáncer no ha terminado con el
Muy buen análisis, enorme regreso, grandes actuaciones y el enfrentamiento al final del capítulo Hank/ Walter de lo mejor logrado en la serie
¿Cuál es el sentido de hacer un resumen de esta serie?
Gracias por sus comentarios.
Jorge: Ni siquiera podemos determinar si el cáncer realmente volvió o exactamente cuánto tiempo ha pasado. Sabemos que tiene 52 años por lo del tocino en el desayuno, pero ni siquiera de eso podemos estar seguros.
Me gustó mucho este texto, creo que es oportuno dado que es una serie que, en mi humilde opinión, hace un desdoblamiento político-antropológico sobre las políticas que rigen la siniestra sociedad actual desde una perspectiva estética muy interesante. Gracias a la autora por escribir sobre estos temas! Saludos