Poetizar es combatir

No nos descuidemos: han llegado los barbajanes del lenguaje. Fue apenas, fue hace siglos. Incendian todo a su paso, nada se llevan. Abusivos, recomendables para el caudillaje. Toman la palabra, nosotros desaparecemos. No nos descuidemos. El significado nunca fue un requisito para estrechar la mano del poderoso:

no todo es pura habla, alguien grita
la resonancia entre una montaña y otra
alguien va directo a eso allí: a gritar

donde-no-hay

Eduardo Milán asume ese compromiso en medio de una eterna disputa. El adversario antiquísimo de la hegemonía es la palabra, misma que vegeta entre nosotros. Palabra decrépita en titulares imprecisos (“el equipo de vigilancia instalado en el edificio estaba descompuesto pero difunden video de presuntos asesinos”), palabra que adorna catalogaciones de estigma (“que las mujeres son culpables si las violan por ir provocando”), palabra de tragedia en una revista de crónica social. Son las portadas para un país paupérrimo. Este libro derriba conceptos establecidos por un lenguaje homogeneizador, el de los poderosos. En Donde no hay, lo que hay un es un contagioso acaso:

varios virus giran en el aire
-es que la vida es viral
-es que el lenguaje es un virus

Este libro, dividido en ocho secciones, una verticalidad del infinito, confronta nuestra relación con el lenguaje. Inmersos en la semiótica del capitalismo, habitamos lo bajo de lo más en este dominio: una identidad que desaparece “del dicho al hecho” (la tuya, la mía, la de ellos y la de nosotros), una misma ceniza despersonalizándose en miles de muertos, un hartazgo expresado con la resabida preocupación:

ese “Jesús en la boca” está más paladeado
más masticado que nunca
si no fuera eterno no estaría
iría fugado en los humores del hígado
el fondo del ojo revela una falta de “Jesús en la boca”

No nos descuidemos. El pulso económico nos sobrepasa. ¿Podemos tener una ventaja sustancial en lo lingüístico? Si el poderoso dice “oficialmente eres”, entonces no eres. ¿La omisión sería menos peligrosa? Están callándonos con eufemismos, la declaración garigoleada, el conteo incesante. La durabilidad del “Calladito te ves más bonito” es una suprema manipulación del lenguaje. Esa habla enrarecida con un diccionario en el que “progreso” significa “re-retroceso”. Hemos introyectado los mecanismos que nos condicionan y, a la par, nos reniegan:

le pegas al esclavo todo el tiempo
le dejas de pegar
algo le dice que le sigues pegando
la mentalidad creada, una campana
la resonancia seguirá en el tiempo dilatada
ondas marcadas por una mano que corta
(…)
le pegas a un esclavo
le dejas de pegar
no tú, él, nosotros, vosotros, ellos
sigue sonando
se retiraron los ingles
portugueses, españoles, franceses
todavía no los norteamericanos
el pasado del cuerpo atrapa un látigo adelante

La obra de Eduardo Milán es un combate frontal, cuerpo a lengua, lengua a cuerpo. Hay que celebrar una vocación que revierte la palabra pública, profundamente desigual. Este ímpetu no es aislado. Más que un itinerario del malestar, de los malestares (y el Mal Estar) de un país donde la Verdad no tiene cabida, sobresale el quehacer poético como persistente lucha, el hacedor del verso que llama a la inminencia. Aquí hay, por demás, cuestionamientos que nos vulneran:

lenguaje suelto : lenguaje expuesto
déjalo afuera a ver qué hace
si se hace acto, se hace carne, si sigue se hace hombre
sisea, afirmativo en la montaña
Se acusa a un discurso desmantelando sus terminologías:
lo que se capitaliza, una cosa
la muerte familiar la ira por la muerte
una impunidad de puna, devoradora de entraña
ave interior de altura, no una cosa más junto a otra cosa

Hay una denuncia al despilfarro del lenguaje a manos llenas por parte de la élite. Opulencia y miseria siguen siendo antónimos vergonzantes.

Donde no hay es un exigente proceder más que una tendencia, una posibilidad de reforma sobre los juegos de lenguaje cuando “se vive como no se vive / un animal enseña el vivir sin muerte”. El poeta se indigna ante los partícipes de la retórica del capital y nos recuerda lo cuestionable de sus actos, el disfraz de la voracidad. “La poética es la única justicia fiable, por el momento” y desestabiliza lo dominante. La debacle será (o ya es) el principio de un lenguaje lucrativo, de competencia desleal y altísimo coste social. Son las microhistorias (grupos tradicionalmente marginados, léase “indígenas”, “inmigrantes”) que el sistema productivo reinante reprime, oculta, invisibiliza:

la cucaracha huye de los lenguajes específicos
esos que localizan, colocados
un alma de ladrillo, el espíritu del perro que te pasa
/
huye, no sé cómo, de los lenguajes específicos

Lo que hay es una voz compensatoria. Una exclamación que se erige en la disparidad, la falta de oportunidades, la inequidad de lo proscrito: Eduardo Milán escribe poesía como un acto de reforma, pacífica y gradual, hacia lo que se quisiera permanente. Concibe la poética como un sistema encaminado a revisarse, autocorregirse y reformarse. Ese es el acto constructivo para la política. Una sátira ante la demanda insaciable, una postura para la conducta delictiva de los feroces. Entonces, la lectura de Donde no hay te sobreviene o se sobrelleva: es la elección. Mientras tanto, no nos descuidemos. Tengamos valor:

que se levanten todos
que se levanten ahora todos de una vez
sin posponer puestos en la tal fase
de la frase una luna estará con ellos, nueva
digno del hombre caer —caer fuera
salir del orden por la orden de arder.

¿Cómo respondemos a ese llamado? Resistiremos y, si bien es obtuso, cristalizaremos el espejismo: llámenlo democracia o consenso, libertad. Llámenlo  poesía como un acto crítico (supremo e innovador) de este sistema. Nada tenemos que perder:

poniendo justicia en lugar de la justicia
amor tal vez, cosa humana de a de veras
amor, cuando lo inhumano está a distancia

Donde no hay es lo que sobrevive en un margen escaso. Es esa palabra. Pristina: “todo poema está debajo de una piedra”.

 

Eduardo Milán. Donde no hay. Mangos de Hacha, Universidad Autónoma de Nuevo León y Mantarraya Editores, 2014.

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Publicado en: Ciudad de libros