En la tarde del martes 2 de febrero de 2016, algunos afortunados recibieron una invitación al paraíso. Se trataba de un correo electrónico con la publicidad más reciente de Tres Santos, un proyecto inmobiliario que propone construir un complejo comercial y residencial de casi 5 mil viviendas en los alrededores de Todos Santos, un pequeño poblado de Baja California Sur que lleva la denominación de Pueblo Mágico desde 2006. El proyecto, que se dice sustentable, ecológico y comunitario, ya ha iniciado la construcción de un hotel boutique de lujo en la playa, así como residencias y una granja orgánica a las afueras del pueblo. “Descubre la magia de Baja”, implora en inglés el mensaje de Tres Santos. “Encuéntrate a ti mismo, tu santuario te está esperando”. La imagen de un hombre en una pose de yoga a la luz del atardecer sella esta promesa de una vida en armonía con la naturaleza.

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Cuando Tres Santos envió este mensaje seductor, unos 200 granaderos en atuendo antimotines y pasamontañas sudaban la gota gorda bajo el sol de un día casi veraniego. Llevaban horas desplegados en un camino polvoriento, en pleno desierto. Habían llegado sorpresivamente a las cinco de la mañana para desalojar un plantón de pescadores que desde el 29 de octubre de 2015 se manifestaba contra la construcción de Tres Santos en la playa Punta Lobos, a un par de kilómetros al sur de Todos Santos. La cooperativa pesquera Punta Lobos, una de las dos que opera en la zona, denunciaba que el inmenso muro de contención, construido por la empresa frente al Pacífico para proteger su complejo, invadía la zona federal marítimo terrestre (ZOFEMAT), erosionaba la playa, afectaba los humedales, impedía las maniobras de sus pangas y dañaba sus motores. Llevaba más de tres meses reclamando las garantías necesarias para seguir usando un espacio ocupado por generaciones. Desde un principio, Tres Santos, proyecto de Mira Companies, filial de la empresa norteamericana Black Creek Group, se deslindó de toda responsabilidad, culpando fenómenos meteorológicos como el mar de fondo o el cambio climático por la erosión de la playa. Frente a la ausencia de respuestas congruentes, los pescadores votaron por iniciar el plantón. A lo largo de las semanas, el campamento instalado al lado del camino de tierra que llevaba a la playa adquirió un aire familiar. Mujeres tatemaban tortillas de harina, niños jugaban, algunos pescadores se recostaban en catres bajo la sombra de un toldo de plástico.

A las nueve de la mañana del 2 de febrero, el campamento ya había sido desmontado por la policía estatal con la ayuda de un bate de béisbol, según testigos. Una ambulancia se había llevado a un pescador con el brazo fracturado, otro que se desmayó recibió atención médica. Los obreros de la empresa regresaron al trabajo, cortesía de camionetas de la policía que se encargaron de llevarlos hasta el sitio de construcción. Formados e inmóviles, los granaderos impedían el paso de los que no estaban afiliados a la empresa. Los pescadores, acompañados de familiares y simpatizantes que a lo largo de las horas llegaron desde el pueblo para apoyarlos, se conglomeraban ruidosamente frente al muro humano de policías armados. Sacaron sombrillas y sillas de playa, compartieron burritos y agua. Por momentos surgían reclamos: “Pobres golpeando a pobres”, “ustedes también son pueblo”, “mejor váyanse a buscar sicarios”. Cada lado esperaba que el otro desalojara. Nadie cedía. El desenlace llegó en forma de un amparo,  conseguido de urgencia, que logró detener un operativo excesivo que había sido claramente irregular. Poco después de las tres de la tarde, los granaderos se hicieron a un lado ante aplausos y silbidos. La gente avanzó a pie y en camionetas hasta la playa, en donde se llevó a cabo una reunión espontánea para decidir los próximos pasos. Hasta el día de hoy, ninguna autoridad estatal ha admitido mandar la orden que desencadenó el operativo armado, ni ejecutarlo. Para el gobierno de B.C.S., es como si los hechos del 2 de febrero nunca hubieran sucedido.

En los tres meses que transcurrieron desde el inicio del plantón y el desalojo forzoso, fracasaron varios intentos de llegar a una tregua. El 11 de noviembre de 2015 se llevó a cabo una reunión pública en la plaza del pueblo. Asistieron más de 200 personas, pero ningún representante de Tres Santos, que se había comprometido a estar presente y mostrar en transparencia sus estudios y permisos, llegó a la cita. El 21 de enero de 2016, se supo que la empresa había firmado un acuerdo con los líderes de la cooperativa pesquera, pero este acuerdo fue cancelado inmediatamente ya que fue firmado en secreto sin la aprobación de sus otros 68 miembros. La cooperativa votó por destituir a sus líderes y declarar inválido el documento. Corre la voz de que los cuatro pescadores que firmaron recibieron unos escasos 1,500 pesos cada uno.

Tras la revelación del pacto firmado en secreto entre la empresa y los ex dirigentes de la cooperativa, se organizó una marcha en el pueblo el sábado 23 de enero de 2016. La protesta conglomeró a más de un centenar de personas y desembocó en la plaza principal justo cuando iniciaba un gran concierto. Era el último día del Festival de Música de Todos Santos, organizado por el guitarrista de REM, Peter Buck, quien reside en el pueblo parte del año. Además del mismo Buck, tocaron músicos de la talla de Mike Mills (también integrante de REM) y John Paul Jones (ex integrante de Led Zeppelin). Hacia el final del evento, cuando la banda mexicoamericana La Santa Cecilia estaba a punto de cerrar la noche y no cabía un alma más en la plaza, Buck tomó el micrófono. Tras disculparse por su inexistente español, declaró en inglés: “Este pueblo no es de políticos corruptos, desarrolladores voraces, o mercaderes de Cabo. Este pueblo es de ustedes. Cada uno de ustedes tiene una voz. ¡Despierten! Este es su pueblo, ¡tomen el control!”.

Peter Buck nunca mencionó a Tres Santos, pero las represalias fueron veloces. “Solicitan al INM que investigue a Peter Buck”, era el titular que el jueves 28 de enero de 2016 se llevó la portada de El Sudcaliforniano, el diario oficialista de Baja California Sur. Ante la amenaza de la aplicación del artículo 33 constitucional, que conlleva la deportación de extranjeros que se involucran en la política nacional, Buck salió intempestivamente del país. Nunca se supo si la investigación en su contra realmente inició o si quedó en simple amenaza. La misma semana, cinco personas que apoyaban a la cooperativa pesquera, incluyendo su representante legal y dos norteamericanas, recibieron denuncias de parte de la compañía por invasión y despojo.

 “Leyendas del rock tocando en la intimidad tropical de un pueblo mágico mexicano”, presumía el mensaje publicitario mandado por Tres Santos el 2 de febrero de 2016. “Las guitarras y los micrófonos ya se han guardado, pero el festival de música de Todos Santos sigue dando de qué hablar”. Era inevitable que Tres Santos aprovechara la coyuntura del reciente evento que ubicaba glamorosas celebridades de la música en el pintoresco entorno que promocionaba. No importaba que los acontecimientos que siguieron al evento, incluyendo las amenazas a Peter Buck y la posible cancelación de un festival que ya llevaba cinco años recaudando fondos para becas escolares, hubieran sido precisamente los que dominaron las conversaciones en los días que siguieron. El uso arbitrario de la autoridad acalló muy pronto la música.

Es imposible no admirar la proeza publicitaria de Tres Santos. Desde el lanzamiento simultáneo de un operativo armado y de un anuncio elogiando la bohemia chic de un pueblo mágico, hasta la facilidad con la que la marca se consolida en prestigiosos medios anglófonos, pareciera que todos los frentes están cubiertos. A principios de enero, como todos los años, The New York Times publicó su lista de los 52 principales destinos para el 2016. Si la Ciudad de México se llevó el lugar #1, Todos Santos llegó a un respetable  #23. Pero más que describir el pueblo, el pequeño párrafo que justifica la selección se centra enteramente en el proyecto de Tres Santos, alabando una nueva comunidad verde cuyo futuro hotel San Cristóbal —el mismo que seguía entonces en obras negras y que los pescadores estaban protestando— pronto invitaría al paseante a permanecer varios días en sintonía con el mundo natural.

El número de febrero 2016 de la revista Condé Nast Traveler, que se especializa en viajes de lujo, incluye un artículo que cubre el sur de la península de Baja California. Detalla elogiosamente el proyecto Tres Santos, su “gloriosa” Playa Punta Lobos, y su objetivo de crear un desarrollo con estilo “anti-resort” que complemente la cultura y el comercio existentes. Entre las imágenes que ilustran el artículo, destaca un retrato de las coloridas pangas de los pescadores en Punta Lobos, varadas en la arena blanca a orillas del Pacífico. Al fondo, podemos discernir unos pescadores empujando su embarcación hasta el mar. En ese edén desértico, en donde el pueblo sigue con sus tradiciones como si las miradas extranjeras no existieran, cualquier problema social o ecológico parece imposible. Pero la foto debe haber sido tomada en el verano 2015 a más tardar,  antes de que el muro de contención de la empresa erosionara la playa y restringiera el espacio para maniobrar las embarcaciones. Hoy, sería imposible capturar una imagen como esta, y sin embargo, sirve para promover el mismo proyecto que la vuelve obsoleta.

Desde que John Steinbeck publicó en 1951 su diario de viaje Por el mar de Cortés, la figura del viajero naturalista se ha vuelto central en el imaginario anglosajón sobre la Baja California. Solitario y aventurero, el que viaja por la península es el antiturista que huye del pragmático capitalismo estadunidense. Pero este ideal del viajero independiente deviene fácilmente un enganche comercial. En el caso de Todos Santos, ha marcado profundamente la evolución del pueblo como destino turístico. Todos Santos es el paraíso alternativo de los pintores al aire libre, de las Fridas étnicas, de los surfirstas bronceados, de los yoguis estilizados. Ofrece un toque de rebeldía, pero con todas las comodidades a las que la generación wifi está acostumbrada. El mega-desarrollo Tres Santos ha retomado esta estandarización de la bohemia que ya caracteriza la imagen turística del pueblo, magnificando su escala y sistematizando su implementación. Después de todo, existe la demanda. Sólo en Estados Unidos se gasta más de 10 mil millones de dólares anuales en productos relacionados al yoga, y en el 2015 se estima que la venta de productos orgánicos rebasó los 40 mil millones de dólares.

Pero si Tres Santos sintoniza a la perfección el imaginario alternativo de la llamada “Baja life”, también le es fiel a la tradición mexicana de la mano dura. No es casual que la capacidad de la empresa por transformar elementos de discordia —un plantón de pescadores, un festival de música con un desenlace desafortunado— en oportunidad publicitaria recuerde la tradicional maquinaria priista, que tiene el don de absorber y transformar la oposición. La revista Proceso documentó minuciosamente los lazos de Black Creek Group, empresa de la cual es filial MIRA Companies, con Jerónimo Gerard Rivero, cuñado de Carlos Salinas de Gortari. Durante la presidencia de Enrique Peña Nieto, las empresas de Jerónimo Gerard Rivero, así como las de su hermano Hipólito, se han beneficiado de contratos millonarios a nivel privado, estatal y federal. Quizá esa cercanía con las altas esferas del poder capitalino explique por qué las autoridades locales se desviven por apoyar a una empresa que acumula irregularidades.

Las más flagrantes discrepancias entre la postura ecológica que cultiva Tres Santos y sus prácticas de desarrollo remiten al uso del agua. Desde la primera presentación pública del proyecto en 2013, la empresa prometió que no tomaría una gota de agua del pueblo y que podría abastecerse exclusivamente a través de una planta desalinizadora que se encargaría de construir. Pero en marzo 2015, la empresa solicitó y recibió permiso para surtir de agua municipal a las primeras 66 casas que construiría. En noviembre de 2015, salió a luz pública que edificaciones de Tres Santos estaban conectadas a la red municipal, aunque carecían de contrato para el agua y de medidor para monitorear su uso.

Documentos de la Universidad Estatal de Colorado —cuyo campus satélite enfocado en agricultura sustentable forma parte del desarrollo y que ha sido acusado por sus propios estudiantes de servir de fachada ecológica— muestran que el campus siempre planeó abastecerse de agua municipal y ejidal. Poco importa que un estudio comisionado por la empresa haya revelado en 2012 que el acuífero de Todos Santos estaba en déficit y que duraría apenas unos 10 años más, aún si se mantenía estable la población actual del pueblo, que rebasa apenas los 5 mil habitantes. El estudio no considera qué efecto tendría en el acuífero el incremento exponencial de la población que conllevaría el mega-desarrollo, que tiene permisos para construir 4 mil 472 viviendas, sobre todo tomando en cuenta el crecimiento secundario que generaría. En un pueblo localizado en el estado más seco de la república mexicana, donde barrios enteros pasan días consecutivos sin recibir agua, la poca transparencia de Tres Santos en torno al manejo del agua no ha pasado desapercibida. Las dos inmensas cisternas que ha construido la empresa para almacenar agua, cada una más grande que la del mismo pueblo, sólo han aumentado la consternación de la población.

Después del desalojo del martes 2 de febrero de 2016, los pescadores y la empresa regresaron a la mesa de negociaciones. Como gesto de buena fe, Tres Santos prometió frenar la obra durante una semana. El lunes 8 de febrero reinició la construcción. El 19 del mismo mes, se suspendió de nuevo la conversación sin llegar a un acuerdo. Aunque la empresa accedió a varios de los requisitos de los pescadores, se negó a retirar las demandas en contra de las cinco personas que apoyaron la cooperativa, incluyendo a su asesor legal. Hasta el día de hoy, la construcción sigue avanzando y la situación legal de la cooperativa sigue incierta.

Por más que ostente un discurso alternativo y sustentable, Tres Santos es un ejemplo más del turismo a gran escala que se impulsa en México a nivel federal. Como lo muestra el reciente caso del manglar Tajamar, que fue talado con respaldo de las autoridades para construir un complejo turístico en Cancún, este modelo de desarrollo prioriza cifras de crecimiento económico inmediato por encima del longevo valor de las riquezas naturales. Pero el ejemplo de Tajamar, cuya destrucción se transformó en escándalo internacional, también demuestra como una sociedad informada y organizada puede intervenir eficazmente. Ojalá Todos Santos logre evitar las desafortunadas paradojas del área de Cancún, en donde hoteleros se ven obligados a importar arena para contrarrestar la erosión de las playas y mantener vigente la ilusoria imagen paradisiaca de la que dependen. La profunda consternación causada a nivel local e internacional por el megaproyecto Tres Santos, esta gran estafa del turismo ecológico, ofrece una oportunidad más para repensar el modelo de turismo masivo al que le está apostando el país.

 

 

5 comentarios en “Tres Santos: La gran estafa del turismo ecológico

  1. Rebaque puso un espigón en la bahía de Zihuatanejo en contra de las voces de los pescadores de que afectaría el estuario de Las Salinas… Le valió gorro, lo construyeron y mató al estuario… esto es el neoliberalismo… Todo en favor del empresario voraz…

  2. El caso de Tajamar no es equiparable a esto. Malecón Tajamar siempre estuvo contemplado en el Plan Maestro de Cancún elaborado desde los años 60 por Fonatur. Fue incluido como territorio urbano desde la elaboración del Plan director Urbano de 1993 y representa el deseo de quienes vivimos en Cancún desde hace 30 años de que nuestra ciudad tenga una ventana al mar. Tajamar comprende menos de 45 hectáreas de un manglar de más de 3,500 hectáreas que fueron donadas por Fonatur para su conservación, cancelando la tercera etapa del desarrollo de Cancún.

  3. Por cierto, yo no se de dónde viene la peregrina idea de que se ha importado arena para la zona hotelera de Cancún, Es totalmente falsa esa idea. lo que sí es cierto es que por la irresponsabilidad de construir sobre la duna costera se originó un proceso de erosión de playa y después de los huracanes ha habido que regresar mediante dragado la arena a las playas, depositada en el fondo del mar a unos 150 metros de la costa. La MISMA ARENA que ha habido siempre en nuestras playas.

  4. parece que hoy dia, es indispensable pedirle la autorización a los habitantes de las diferentes localidades para darles áreas de oportunidad y trabajo. cancun no era mas que una franja de manglar y arena antes de ser lo que es hoy, y la gente que llego a vivir y (cómodamente) nunca se pregunto a quien despojaron (humanos y animales) y ahora ya no quieren que se talen sus restos???
    y en comunidades como santos, quieren mas agua, luz, trabajo, crecimiento, educación, salud, pero eso si, sin tocar, sus (codiciados) terrenos, .

    • Amigo, creo que no tienes idea de lo que dices, porque no vives en el lugar, Todos Santos y sus pobladores, jamas pidieron mas trabajo ni mas empleo, porque el pueblo ya se sustentaba solo desde hace mas de dos siglos, precisamente la magia de este pueblo es ese, el “no crecer”, pero seguimos queriendo comprar al pueblo con espejitos. Todos santos vive del hecho de que precisamente no necesita mas servicios, mas trabajos forzados, porque los lugareños ganan mas dinero, vendiendo los productos elaborados por su esfuerzo, que de afanador de un mega hotel. No caigas en el discurso llano y vacio de que el progreso de los mega proyectos son una gran derrama y oportunidad para todos, porque igual que cancun, las ganancias no se reparten igual, y crea esclavitud, pagada, pero esclavitud a fin y al cabo. Y si existe en todas las ciudades y pueblos de mejor calidad de vida y servicios, pero pagados con los propios impuestos que nuestro gobierno no aplica y hace perdedisos, por lo que del 100% siempre llegara solo el 5% aplicado a cada rubro…