Some are Born to sweet delight,
Some are Born to Endless Night.
(William Blake, Auguries of Innocence)
Es el viejo oeste en blanco y negro. En medio plano, un hombre que es Johnny Depp, baja despacio por una colina. En el llano se encuentran dos alguaciles armados que lo miran fijamente. El que esta parado a la derecha empuña su Winchester, le apunta y pregunta parcamente: “¿Es usted William Blake?” Y él afirma inexorable: “Sí, sí soy. ¿Conoces mi poesía?”, y después de proferir semejante sentencia le dispara con certera precisión y lo mata. La música de Neil Young suena en off.
Esta es la escena icónica del pyschowestern Dead Man dirigido por Jim Jarmush en 1995. Aunque es justo afirmar que esta película representan un momento significativo de la historia del cine, este texto versa sobre William Blake mismo. Sin duda alguna: un poeta de primera.

Retrato de William Blake por Thomas Phillips
William Blake habitó sin pena ni gloria en Inglaterra hasta mediados del siglo XIX. Después murió sin reconocimiento alguno; en vida apenas logró publicar su obra. No causará ningún reparo al lector erudito aceptar que el caso Blake representa el mayor rescate del olvido en nuestra historia literaria. Como es bien sabido, Blake no hubiera sido más que un nombre en un índice de una antología, de no ser por la rigurosa biografía que Alexander Gilchrist publicó en 1863. Además de poeta fue pintor e impresor. Cómo era común en la época, perdió dos hermanos antes de que pudieran pronunciar su propio nombre. Desde niño grabó, leyó y escribió. Asistió a la Royal Academy donde antagonizó con sus tutores. En 1780 formó parte del ataque rebelde contra la prisión de Newgate; veintitrés años después se batería en un riña con un soldado de la reina. Esposó a Catherine Bouchor en 1782. En 1827, mientras ilustraba el Infiero de Dante cayó convaleciente. En sus últimas horas, el poeta pintó un retrato de su esposa, murmuró unos cuantos versos, se encomendó a Dios y cerró los ojos por siempre. El riguroso examen de la contribución literaria de Blake escapa estas modestas líneas. Sea suficiente decir que Blake compuso entre otros: Songs of Innocence, The Marriage of Heaven and Hell, Songs of Experience, Milton: a Poem y Jerusalem. Blake también ilustró algunos de los clásicos de la época como Paradise Lost de Milton y el Inferno de Dante.

Pintura por William Blake, Ancient of Days, 1794.
Dentro del anterior catálogo, se encuentra una obra que quiero rescatar: Songs of Experience, o Canciones de Experiencia. El pequeño libro fue publicado originalmente en 1794 y contiene 26 poemas; en ese entonces se vendieron sólo treinta ejemplares. Esos versos, como tantos otros, exhiben la esencia de toda poesía: fuerza y belleza, reflexión y contemplación. Se sabe que las obras maestras se caracterizan primeramente por habitar un tiempo y una geografía universales y después por provocar y resistir la permanente indagación interpretativa. Blake satisface, sin ningún bosquejo de duda, ambos criterios.
Si bien la historia o el azar redimieron a Blake del olvido, no hemos terminado de reinventarlo y es preciso agregar que nunca lo haremos. La importancia de Blake esta más allá del río numerable de los años. A modo de antología mínima –y a pesar de estar convencido de que toda selección es arbitraria– reproduzco, con alguna resistencia, tres cantos del mentado tomo que demuestran la sentencia:
THE CLOD AND THE PEBBLE
‘Love seeketh not itself to please,
Nor for itself hath any care,
But for another gives its ease,
And builds a heaven in hell’s despair.’
So sung a little clod of clay,
Trodden with the cattle’s feet,
But a pebble of the brook
Warbled out these metres meet:
‘Love seeketh only Self to please,
To bind another to its delight,
Joys in another’s loss of ease,
And builds a hell in heaven’s despite.’
EL TERRÓN Y LA PIEDRA1
‘El amor no anhela complacerse a si mismo
ni por si mismo se inquieta
en cambio al otro da sosiego
y construye un Cielo en la desolación del infierno.’
Así cantaba un diminuto Terrón de Arcilla
pisoteado por las patas del ganado,
pero una piedra del riachuelo
murmuró estos versos apropiados:
‘El amor sólo busca darse el gusto,
y encadenar al otro a su deleite,
se regocija con el desconsuelo ajeno,
y construye un Infierno a expensas del cielo’
THE FLY
Little Fly,
Thy summer’s play
My thoughtless hand
Has brushed away.
Am not I
A fly like thee?
Or art not thou
A man like me?
For I dance,
And drink, and sing,
Till some blind hand
Shall brush my wing.
If thought is life
And strength and breath,
And the want
Of thought is death;
Then am I
A happy fly.
If I live,
Or if I die
LA MOSCA
Pequeña mosca,
tu jugueteó veraniego
fue truncado
por mi descuidada mano.
¿No soy yo
una mosca como tú?
¿O no eres tú
un hombre como yo?
Porque bailo
y bebo, y canto
hasta que alguna mano ciega
me barre el ala.
Si el pensamiento es vida,
fortaleza y aliento;
y la carencia
de pensamiento es muerte;
Entonces yo soy
una mosca feliz,
si vivo,
o si muero.
THE TIGER
Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?
In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare seize the fire?
And what shoulder and what art
Could twist the sinews of thy heart?
And, when thy heart began to beat,
What dread hand and what dread feet?
What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? what dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?
When the stars threw down their spears,
And watered heaven with their tears,
Did He smile His work to see?
Did He who made the lamb make thee?
Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?
EL TIGRE
Tigre, tigre, que ardes brillante
en los bosques de la noche:
¿qué mano u ojo inmortal
pudo delinear tu tremenda simetría?
¿En qué profundidades o cielos distantes
ardió el incendio de tus ojos?
¿En qué alas se atreve su aspiración?
¿Cuál es la mano que osa atrapar tal fuego?
¿Y cuál escápula y cuál arte pudo
entrelazar las fibras de tu corazón?
Y cuando tu corazón comenzó a latir
¿qué mano tremenda, qué pies tremendos?
¿Cuál es el martillo, cuál es la cadena?
¿En cuál horno se forjó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué terrible garra
se animó a asegurar tus mortíferos terrores?
Cuando las estrellas dispararon sus dardos
y regaron el cielo con sus lágrimas:
¿Sonrió Él al ver su obra?
¿El que hizo el Cordero fue quien te hizo?
Tigre, tigre que ardes brillante
en los bosques de la noche:
¿qué mano u ojo inmortal se atrevió a
delinear tu tremenda simetría?
1 Traducción: Nicolás Suescún
¿Batería?