Al mes de enero le debemos gran parte del encadenamiento de eventos que darían lugar a esa invención continental llamada Las Indias, luego América, así como al surgimiento de España como reino, y luego nación. A partir de enero de 1492, una serie de acontecimientos desembocarían además en la suerte de que, de este lado del globo, hablemos mayoritariamente español y no portugués. En ese rio de sucesos nacerán palabras que hoy hacen parte del uso común. De Boabdil a Cristóbal Colón, de Nebrija a los Borgia, la siguiente crónica ofrece un rico recorrido por aquellos tiempos de contacto, expansión y ambición ilimitadas.
“No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre”, estas fueron las palabras con las que la sultana Aixa describía el sentir de su hijo Mohammed ben Abî al-Hasan, mejor conocido como Boabdil, último rey de la Granada árabe que dejaba tras de sí los hermosos palacios nazaríes de la Alhambra y, con ello, mil años de ocupación árabe en territorios europeos. Era un 2 de enero de 1492 y con esta acción los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, no sólo ponían punto final a la unificación del territorio que hoy conocemos como España sino que daban también el cerrojazo de despedida a la Edad Media. Ese año, 1492 se inauguraba muy temprano con las lágrimas de Boabdil en la loma que hoy conocemos como “Suspiro del moro”.

Francisco Pradilla y Ortiz, La rendición de Granada, 1882, óleo sobre lienzo, Palacio del Senado, Madrid.
Cuando se menciona la fecha “mil cuatrocientos noventa y dos” inmediatamente nos viene a la mente, de manera casi pavloviana, el complemento “Cristóbal Colón descubrió América”. Si bien es cierto que el almirante genovés pisaría las arenas de la isla de Guanahani, en las Bahamas, un 12 de octubre después de haber zarpado del puerto de Palos de la Frontera el 3 de agosto, dicha noticia no llegaría a oídos de los Reyes Católicos sino hasta abril de 1493, fecha en la que Colón se reuniría con los monarcas en el salón del Tinell en Barcelona. La historia del famoso viaje no es inmediata: Colón habría pasado casi ocho largos años haciendo antesala tratando de convencer a Isabel de Castilla de las ventajas de su viaje mientras la reina se encontraba muy ocupada unificando su reino y defendiéndolo de las embestidas de su propia familia avecindada en Portugal. Casualmente, el propio Colón había ofrecido el viaje a las Indias con anterioridad a Juan II de Portugal quien rechazó la oferta después de dos años de insistencia por parte del marinero. Cabe señalar que, por azares climáticos, Colón tuvo que atracar en las Azores por lo que fue llevado ante el rey de Portugal para rendir cuentas de su primer viaje; por alguna razón el genovés fue puesto en libertad y pudo continuar su camino a tierras castellanas. La historia y la casualidad definirían por qué el día de hoy hablamos español y no portugués.
Y hablando del español como idioma, fue también en 1492 cuando Elio Antonio Martínez de Cala y Xarava, natural de Nebrija, Sevilla, y por ello mejor conocido como Antonio de Nebrija, publicó Grammatica, la primera gramática de la lengua castellana. Este texto se considera el primero en su tipo sobre el estudio y las reglas del castellano. Si bien la intención evidente del humanista sevillano fue la de generar un diccionario latín-español que incluyera ortografía, prosodia, etimología y sintaxis, lo cierto es que Nebrija estudió por varios años la obra de gramáticos latinos como Prisciano, Diomedes Grammaticus y Elio Donato, durante su estancia en la Universidad de Bolonia y eso mismo le permitió conocer el poder de una lengua con intenciones imperiales como las que se gestaban en la corona castellana por aquellos días. Cuando a Isabel I le presentaron el libro en la Universidad de Salamanca la monarca dudó de la utilidad de semejante obra. Fue su consejero, el obispo Hernando de Talavera, quien la convenció de la utilidad de la gramática haciendo suyas las siguientes palabras de Nebrija:
Después de que Su Alteza haya sometido a bárbaros pueblos y naciones de diversas lenguas, con la conquista vendrá la necesidad de aceptar las leyes que el conquistador impone a los conquistados, y entre ellos nuestro idioma; con esta obra serán capaces de aprenderlo, tal como nosotros aprendemos latín a través de la gramática latina.
Fray Hernando de Talavera tenía una doble visión sobre la utilidad de las normas de la lengua castellana; por un lado, como obispo en Granada, ese territorio recién arrebatado a los moros, editaría más tarde en 1505 el primer diccionario español-arábigo, Vocabulista arábigo en letra castellana, con fines evangelizadores; por otro, fue él quien siguió los pasos de los “indios enviados por Colón”1 en Castilla, a quienes rescató tras haber sido vendidos como esclavos, con el fin de instruirlos en la fe católica. Pero tal vez las palabras más proféticas sobre el poder de Grammatica estén contenidas en el prólogo del propio libro. Antonio de Nebrija, un conocedor y admirador de los alcances del latín como lengua, escribió:
Cuando bien comigo pienso, mui esclarecida Reina, i pongo delante los ojos el antigüedad de todas las cosas, que para nuestra recordación y memoria quedaron escriptas, una cosa hállo y: sáco por conclusión mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio; y de tal manera lo siguió, que junta mente començaron, crecieron y florecieron, y después junta fue la caida de entrambos.2
El año de 1492 también enlaza al nombre de España con una de las familias más mediáticas y poderosas de las que se tenga conocimiento en el Vaticano: los Borja, originarios de Játiva, Valencia. El 11 de agosto de ese mismo año, Roderic de Borja (o Rodrigo Borgia, como es conocido mundialmente gracias a su traducción al italiano) escalaba al trono papal bajo el pseudónimo de Alejandro VI tras una guerra de intrigas sucesorias donde estuvieron inmiscuidas las más poderosas familias italianas del momento: los Médici, los Della Rovere o los Sforza. No vamos a entrar aquí en detalles de lo que se ha dicho de sobra acerca de los Borgia, sólo me detendré a señalar que Rodrigo no era el primer papa de origen español (aunque los Borja eran más bien valencianos, es decir aragoneses) ya que su tío, Calixto III, habría ocupado con anterioridad la silla vaticana y fue el artífice de la carrera eclesiástica del sobrino y de la transformación de Rodrigo en Alejandro VI. Esto da lugar a un pequeño apunte lingüístico: la palabra “nepotismo” viene de nepote, que en italiano quiere decir sobrino, ya que la existencia de los “cardenales nepotes” ha sido de uso corriente en la historia de la iglesia católica.

Tiziano, Jacopo Pesaro presentado a San Pedro por el Papa Alejandro VI, circa 1511, óleo sobre lienzo, Museo Koninklijk de Amberes.
Aunque pareciera que el fortalecimiento y la unificación del territorio que hoy conocemos como España habría sido clave para la instauración del poderío Borgia, la relación entre los monarcas y el papa fue de altibajos. Alejandro VI fue el papa quien diera el nombramiento de “Reyes Católicos” a los monarcas de Aragón y Castilla, y ya antes Rodrigo Borgia había intercedido por los reyes siendo cardenal en Roma. Rodrigo hizo también de artífice para que una bula papal falsa permitiera el matrimonio de Isabel y Fernando, ya que ellos eran primos. Sin embargo, el papa Borgia, a través de su hijo César, se alió indistintamente tanto con Francia como con la corona de Aragón —ambas enemigas— para sacar provecho de los territorios de Nápoles. Años más tarde, Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán español, apresaría a César Borgia en 1503 tras la muerte de su padre.
Aunque de manera simbólica se considera que el año de 1492 da nacimiento a España como nación, esto no ocurrió sino hasta muchos años después. Con la llegada de los Borbones, Felipe V, nacido en el palacio de Versalles en Francia, asciende al trono el 16 de noviembre de 1700 y toma el título de Rey de España. Sin embargo, hay que distinguir entre un reino y una nación, por lo que los historiadores prefieren dar como punto de partida la Constitución de Cádiz de 1812 para considerar a España como una nación, ya que en su artículo primero señala que: “La nación española es la reunión de los españoles de ambos hemisferios”, es aquí donde se nombra por vez primera a España como nación.
Por cierto, este texto inicia con una efeméride del mes de enero. También fue un primero de enero, pero de 1899, en que es arriada la bandera española en Cuba, la última de sus colonias, dando con este acto por terminada la “América española” y el imperio que nacería en un lejano enero de 1492 con la caída de Granada. Al parecer enero es un buen mes para abandonar España.
Alfredo Peñuelas Rivas
Escritor. Autor de La orfandad de la muerte (Jus/Conaculta, 2014). Es investigador y profesor en la UAM-Cuajimalpa.
1 Maurel, Martín, Isabel, el fin de un sueño: todos conocen a la reina, pero ninguno a Isabel, Penguin Random House, 2014.
2 De Nebrija, Antonio, prólogo a la Gramática de la lengua castellana, Salamanca, 1492. (En español antiguo en el original)
Alfredo: Muy interesante e ilustrativa tu crònica, no se por què nos cuenta tanto a los mexicanos reconocer nuestra hispanidad, creo que somos los ùnicos en Amèrica Latina; soy màs mexicanos que las tunas pero mi hispanidad no la cambio por la anglosajona, aunque todas las poblaciones merecen respeto, làstima que como seres humanos no podamos vivir en armonìa. Vale.
Agradezco muchos tus comentarios, Cuauhtémoc. Somos el fruto de nuestra historia, nada más y esa no la escribimos nosotros.