Aunque su mayor campo de batalla fue el periodismo, María Luisa Mendoza (1930-2018) ejerció la literatura y la política con la misma pasión. Generosa, aguda e incansable, su muerte deja un espacio que difícilmente se llenará en nuestra cultura. El siguiente abecedario resume la visión de una de nuestras plumas más agudas.

Alzheimer. Le temo más que a la muerte, es muy agresivo y lastimoso. Cuántas veces uno quiere recordar tal o cual palabra y uno, mentalmente, deja un espacio en blanco en el texto hasta que la duda se despeja: es terrible.

Balthus. Soy muy abierta al hablar de erotismo, lo hago de manera natural. Escribo de erotismo con una gran eficacia, pero no soy grosera ni tampoco llego a la pornografía. No me gusta la pornografía, me aburre moralmente a un grado más allá de lo insoportable, y no es mochería, simplemente me aburre. Me gusta el erotismo que muestra Balthus en sus pinturas: las niñas a pesar de su candor son eróticas perfectas; son maravillosas esas mujeres que acostadas contemplan no sé qué paisaje por un balcón parisino. Balthus estaba casado con una japonesa y eso va muy de acuerdo con la forma misteriosa, esa sutileza hermética que prevalece en sus obras.

Crítica. Cómo es posible que cuando un mexicano publica un buen libro no se le haga una crítica, no se le tome en cuenta, menos se le aplaude; en cambio, se le ignora: es como una muerte civil muy dolorosa, sobre todo cuando uno sabe que no la merece.

Diputada. Como si fuera una adolescente, siempre he tenido la necesidad de pertenecer a algo. Creo que por eso sigo en el PRI, para horror de mis amigos. Además, tengo una inclinación natural como militante del Partido Revolucionario Institucional, como ex diputada federal en representación de mi estado, Guanajuato. Yo sí puedo decirlo, estuve dentro de la mera mata del gobierno, hice leyes de la LIV Legislatura, fue una etapa de mucho trabajo y acciones. Yo volvería a vivir mi etapa en la Cámara de Diputados; fue excitante recorrer el país, escuchar al pueblo, constatar la habilidad y dignidad de los campesinos, la obstinación de los obreros y la clase media. La política me encantó, es como respirar, imprescindible en la vida. Jamás podré dejar de darle gracias a mi partido que me lanzó y me hizo fuerte.

Escribir. Es una tortura, una maldición que se genera en la soledad y la pobreza, porque nadie gana dinero en nuestro país bien amado, solamente tres o cuatro personas se mantienen con lo que ganan de sus libros. Pero claro, son los únicos que ganan premios, los únicos que viajan, los que son aplaudidos, son como el non plus ultra de las damas y de los elogios. Nuestros dolores son precisamente que sabemos que somos buenos escritores, que lo hacemos muy bien, no se trata de ser mujer ni hombre sino de ser un escritor de veras magnífico y tener conciencia de que un libro con buena prosa, de atreverse uno mismo a calificarlo así, no tenga la menor trascendencia en México.

Fuimos es mucha gente. Es una novela de enorme tristeza, una remembranza. Los personajes que están allí, claro, son producto de la imaginación, mas no obstante son también muchos de los personajes de mi vida. Toda mi gente y yo estamos viviendo una etapa muy difícil de soportar, no me gusta que le llamen tercera edad, eso es vergonzoso, deberían decirle la verdadera edad o, en todo caso, la edad de oro, de plata o de titanio. Yo no entiendo cómo pasa el tiempo por mi cuerpo, de repente me siento como una muchacha de treinta años. Por ejemplo, Gastón García Cantú decía que él no se sentía viejo y eso lo entiendo perfectamente.

Guanajuato. Guardo recuerdos buenos y no tan gratos. Cuando Vicente Fox fue gobernador le fue muy mal a Guanajuato, se trabajó poco, aunque la propaganda decía lo contrario. Cesaron muchas oportunidades de generar empleos, se pretendió hacer un corredor virtual y tuvo poco éxito. Pero en fin, se sembró la esperanza, eso sí fue evidente. Luego le tocó a mi sobrino, Juan Carlos Romero Hicks, ser gobernador. Mi opinión no cambia porque sea mi sobrino, también puedo tener una visión crítica de problemas que tuvo que enfrentar como el agua, la educación y la salud.

Honor. El ejercicio mental, la gimnasia verbal, resolver tu vida inteligentemente, conducirse con honor, lógica, honradez y plenitud, te da una hermosa madurez joven.

Instituciones. Estoy convencida de que gracias al PRI se hicieron nuestras instituciones: el IMSS, el ISSSTE, primarias, secundarias, la Universidad, ferrocarriles, carreteras, etcétera. No podemos decir que durante setenta años nada pasó, cuando en realidad le sucedieron muchas cosas a México. Si existe un partido de veras es el PRI.

Joven. De joven pertenecí a un grupo que nos dio por la literatura, por la música, la pintura y la cultura en general. En ese grupo estaba Ernesto de la Peña, también acudía a veces Carlos Fuentes. Sin duda éramos jóvenes pretenciosos que nos reuníamos para ir a clases, tomar café, ir a bailar a unos lugares horripilantes donde éramos felices bailando mambo y brincoteando como locos: éramos muy buenos bailarines.

Luis Echeverría. Yo no era su amiga. Como era muy buena reportera de diferentes diarios, el jefe de prensa del presidente Echeverría, Fausto Zapata, un hombre magnífico, me invitó a acompañarlos en la gira presidencial; por eso tuve oportunidad de ir a Chile. Luego el periódico para el que trabajaba me envió a hacer unos reportajes a la Unión Soviética y después estuve en Londres; ahí me sentía Mrs. Dalloway.

Marcel Proust. Yo vivo arrodillada a Marcel Proust, me parece el más grande escritor del siglo pasado.

Ojos de papel volando. En 1985 publiqué mi primer libro de cuentos, Ojos de papel volando. Pero en 2011 me fue robado ese título por una señora de nombre Patricia Aridjis. Cuando Mortiz y yo nos preparábamos para salir a la luz, en España a un fulano se le ocurrió publicar a su vez un tomo con dicho título, pero Joaquín, que era un hombre dignísimo, se levantó como el impecable editor que fue y demandó al atrevido por muy peninsular que fuera. Recularon en la madre patria: nosotros teníamos el título registrado en Derechos de Autor, como aún aparece a mi nombre, con tu venia. Y después de tantísimos años, me roban el título con un libro publicado por el Conaculta, bajo la tutela de Consuelo Sáizar, quien reparte becas de creadores eméritos entre sus amigos que ya se van a morir.

Periodismo. Llegué al periodismo por necesidad y, claro está, por vocación, y no me arrepiento. Fui niña pobre, necesitaba ganarme el pan, pero no soportaba estar en las oficinas de gobierno, pasar todo el día encerrada en una fría oficina era superior a mis fuerzas. El periodismo me dio esa libertad, siempre digo una frase que parece lugar común pero que me define muy bien mi relación con esta profesión: de mi periodismo vengo y a mi periodismo voy. Nunca me he avergonzado de hacer periodismo, lo expreso con franqueza: soy una escritora que no abandona el periodismo. Es mi desahogo, mi psicoanálisis, mi repaso de materias, mi constancia de vida.

Quejumbrosa. Jamás he sido una feminista desbocada ni una quejumbrosa ni una quejetas, soy una escritora que ve lúcidamente, con ojos desorbitados, cómo las mujeres escritoras de otros países tienen un éxito insólito en México y las que lo logran llegan a conocer muy bien a escritores laureados y grandiosos. A ellas, por ejemplo, las escogen para hacerle un homenaje en Jalapa a Sergio Pitol y, en ocasiones, la misma autora presenta al novelista en Chile, Argentina y Colombia, como si no hubiera escritoras mexicanas talentosas que podrían ubicar quién es Pitol y cómo ha sido su desarrollo en la literatura de nuestro país.

Rosario Castellanos. Entré a la literatura por la puerta grande, quizá mucho más fuerte de lo que se imaginaba, estoy citando a Rosario Castellanos refiriéndose a mí. Quizá en ese momento mis amigos escritores recularon, me hicieron a un lado, se estremecieron de horror porque yo no era una escritora sino una periodista que tuvo el atrevimiento de salir de su amado oficio.

Saudade. A veces pienso que yo, como los personajes de mis libros, siento una enorme saudade de lo que ya no puede ser: la creación, el apetito, el amor, los viajes, todo lo que siempre había estado allí. Y, en medio de esa nostalgia, sigo luchando: todos somos viajeros de un barco, algunos ya nos asomamos a la borda porque ya vemos le tierra firme, el lugar a donde todos hemos de encaminarnos.

Todos. Todos los perros son para mí ángeles mudos de Dios, los adoro.

Vida. En muchos aspectos de mi vida hice lo que yo quise, amé a quien se me dio la gana, fui fiel y leal a ese amor, a ese trabajo, a ese periódico, a ese credo político y también al religioso. Siempre he sido católica, es mi derecho a expresarlo.

Woolf, Virginia. No es posible que en México nada más figuren cinco escritores, es idiota creer eso. Pero bueno, así es. Los suplementos literarios están llenos de personajes extranjeros, no porque yo esté en contra de autores extranjeros, no porque yo esté en contra de autores de fuera, cómo voy a estar en contra de Nabokov o de la Virginia Woolf, pero lo que predomina en nuestro país son los autores extranjeros y no se les hace caso a los escritores nacionales. Me he dado cuenta de esa tendencia.

Zabludowsky, Jacobo. El primer escritor que saltó a la televisión fue Salvador Novo, en un programa de Jacobo Zabludowsky. A los tres años de que Novo hacía esas cápsulas, me hablaron a mí. Creo que fui la primera mujer, en México, que salía hablando de literatura en la televisión. Luego Ethel Krauze empezó a comentar libros. Poco a poco las mujeres hemos entrado a la televisión y creo que lo hemos hecho muy bien. En ese sentido, fui pionera.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Editora y ensayista.

 

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Ayer, 14 de mayo, tuvo lugar el Diálogo por la Reforma Cultural, evento que reunió a los asesores culturales de los candidatos a la presidencia de la república. En el evento se tocaron algunos puntos clave de lo que podemos esperar para el próximo sexenio en este rubro.


Por primera vez, antes de una elección presidencial, tuvo lugar un diálogo sobre las propuestas culturales de los candidatos. “Los tiempos son propicios. Hoy tenemos una nueva pero incipiente Secretaría de Cultura, una Ley General de Cultura y Derechos Culturales, y una comunidad ávida de cambios”, escribe Francisco Moreno en ¡Es la reforma cultural, Presidente!, libro coordinado por Eduardo Cruz Vázquez (Editarte. México, 2018).

Al próximo presidente de México le corresponderá poner en marcha una reforma cultural como parte del Plan Nacional de Desarrollo y del Programa Sectorial de Cultura, ambos proyectos tendrán que contar con recursos suficientes para operar de manera continua y mejorar la infraestructura.

La convocatoria para que asistieran los representantes en materia cultural de los candidatos a la presidencia estuvo a cargo de Editarte Publicaciones y del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU) de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco.

Al Centro Cultural Roberto Cantoral llegaron Alejandra Frausto, en representación de Andrés Manuel López Obrador; Raúl Padilla, por parte del equipo de Ricardo Anaya; Consuelo Sáizar, quien encabeza los asuntos culturales y educativos que propone la candidata independiente Margarita Zavala; y Beatriz Paredes del equipo de José Antonio Meade.

En un primer momento se dijo que como representante de la coalición Todos por México iba a asistir Javier Lozano Alarcón, luego se dio el nombre de otra persona y finalmente se ratificó a Beatriz Paredes como representante de Meade. Los otros candidatos no hicieron cambios en sus enviados en favor de la cultura y se propició, más que un debate, un diálogo de convergencias. Nadie se presentó por parte del candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco.

La conversación en torno a lo que el país requiere en materia cultural se desarrolló en cinco bloques, con el tiempo suficiente para que cada representante abordara su propuesta. Eduardo Cruz Vázquez y Alejandro Moreno, autores de ¡Es la reforma cultural, Presidente!, fueron los encargados de fungir como moderadores.

Por una Secretaría de las Culturas

Hubo más coincidencias que discrepancias. Todos los representantes de los candidatos estuvieron de acuerdo en una iniciativa de Raúl Padilla, quien propuso que dada la diversidad cultural que hay en el país, la Secretaría de Cultura debería transformarse en una Secretaría de las Culturas. “Las culturas alternativas no están siendo identificadas como parte del sector cultural”, señaló Padilla. Con los programas transversales y la descentralización a la cultura, el representante de Ricardo Anaya recordó que en el INBA hay 105 espacios registrados, de los cuales 82 se encuentran en la ciudad. “Por eso nosotros planteamos un gran programa para dotar de estructura cultural todos los rincones del país. Es lamentable que en uno de los países con más tradición cultural, con más riqueza, destinemos apenas 0.3 por ciento del presupuesto de la federación; es decir, apenas 17 mil millones de pesos. En materia cultural, seguimos siendo un país centralizado”, indicó el fundador y presidente de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Precisamente a la importancia de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara se refirió Beatriz Paredes. Para ella, la FIL es una muestra clara de prestigio y proyección de un evento internacional propio de México. “El ejemplo de la FIL me sirve para recordar que la política de los gobiernos debe ser una política de Estado, con matices a la orientación, pero que debe consolidar instituciones, retos, procesos y alentar la participación de la sociedad civil. No creemos que las políticas que obtienen grandes frutos, puedan estar sujetas a los vaivenes sexenales, hay eventos, instituciones, consensos por encima de los algoritmos electorales”. Resaltó que la visión de Meade consiste en desarrollar “una política cultural incluyente, participativa que reafirme la pluralidad cultural, para así garantizar el ejercicio de los derechos culturales”.

Hacia la reinserción social

Los representantes de los candidatos estuvieron de acuerdo en que la política cultural debe ser transversal. Dos de las participantes, Alejandra Frausto y Beatriz Paredes, fueron las únicas que reconocieron que “solo la cultura es la que nos permitirá rescatar un tejido social tan lastimado.”

En este último punto, Alejandra Frausto enfatizó que el país ha vivido en los últimos años “una degradación, tristemente nos hemos acostumbrado a normalizar la violencia”. Desde la perspectiva de Frausto, este escenario horroroso ha sido visto por la política cultural desde un palco. “Para nosotros, la cultura ocupa un papel fundamental en la transformación del país. La cultura es un detonador de desarrollo colectivo social y también una herramienta de reinserción social”.

Frausto aprovechó la oportunidad para compartir un programa que trabajó en dos de las ciudades más violentas del país, Ciudad Renacimiento y Acapulco. Con “México Cultura para la Armonía”, Frausto apoyó a que niños de 12 a 18 años tomaran clases de iniciación artística y así formaron la Orquesta y el Coro Infantil y Juvenil Renacimiento, que ha sido dirigido por Plácido Domingo y por Alondra de la Parra. “Por 500 pesos o un Nextel los chicos se enrolaban en el crimen organizado. La cultura entró ahí como una solución cotidiana, pero también como un lugar en donde se recuperó la confianza, en donde se privilegió el trabajo comunitario y aprendieron a tener otro sentido de pertenencia”, detalló la ex directora general de Culturas Populares del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

“La cultura no es un lujo, tampoco es un adorno. Es el camino más certero a la libertad, es lo que somos, lo que nos define, ya que es un derecho como lo marca ya la Constitución”, puntualizó Alejandra Frausto.

Aumento del presupuesto

Luego tocó el turno de Consuelo Sáizar, ex titular del Fondo de Cultura Económica (FCE) y del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Habló de la necesidad democratizar y descentralizar la cultura, en donde no se pierdan de vista los principios culturales de libertad de pensamiento y creación. Sáizar postuló varios puntos, entre ellos, aumentar el financiamiento a la producción y promoción de la cultura. Sugiere que se destine el 1 por ciento del gasto del gobierno, con lo cual se pasaría de los 13 mil millones que este año se le otorgó a la Secretaría de Cultura, a 53 mil millones. Fue enfática al decirle a Beatriz Paredes que este sexenio de Enrique Peña Nieto, en especial este 2018, ha sido un año muy castigado en el sector cultural, pues prácticamente no hay presupuesto que alcance y son muchas las necesidades.

Son varias las propuestas de Sáizar, como por ejemplo, la creación de una Cineteca en cada estado de la república, para que se contribuya al cine mexicano; la creación de becas para estudios en el extranjero; la fundación de una escuela de guionismo; establecer un programa de bibliotecas incluyentes en todos los estados del país, en donde se copie el modelo que se implementó en la llamada Ciudad de los Libros, cuando Sáizar era titular del Conaculta. También manifestó la necesidad de establecer estímulos fiscales para la cultura y que el Archivo General de la Nacional sea parte de la Secretaría de Cultura para que prevalezca el carácter de memoria.

Cuando se le intentó preguntar a Beatriz Paredes por lo que ha vivido el país en materia cultural durante el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, fue enfática y evitó la crítica: “Uno de los errores de los debates es eso, parece que se tiene que juzgar a partir de lo que no se hizo en el pasado. Yo no quiero caer en el juego de si se hizo tal cosa en la administración de Felipe Calderón o en el gobierno del Distrito Federal. Quiero compartir con ustedes la viabilidad de una reforma cultural ante el nuevo escenario, a futuro. Comparto la visión de Alejandra Frausto, la necesidad de que las instituciones culturales respondan a una nueva realidad social: a una sociedad vida, con presencia de migrantes mexicanos”.

A favor de la Ley de Derechos Culturales

Sáizar reconoció la labor ejemplar de la diputada del PRD, Cristina Gaitán, presente entre el público, quien trabajó por impulsar la Ley de Derechos Culturales. Aunque, como en su momento lo denunció Gaitán, fue aprobada por el senado y “rasurada” por el presidente Peña.

La representante de la candidata independiente Margarita Zavala se dirigió a la comunidad cultural ahí presente y externó que ella siempre luchó por los sueldos de los creadores. “La cultura requiere de trabajadores profesionales bien pagados y que en ocasiones reciben tarde su salario. Eso me apenaba profundamente y trabajaba porque lo recibieran, me tocó trabajar con secretarios de Hacienda sensibles, como José Antonio Meade, quien por cierto me apoyó”.

Para que no quedara duda de la participación de Sáizar en el sector cultural, señaló que cuando ella estuvo al frente de Conaculta, de 2009 a 20012, tuvo ciertas limitaciones porque el entonces titular de la Secretaría de Educación Pública, Alonso Lujambio, cayó enfermó.

Como no hubo espacio para preguntas, nadie pudo saber si Consuelo Sáizar volvería a tener asesores tan bien pagados, como ocurrió durante la administración de Felipe Calderón.

Salgamos del tercer mundo…

El término reingeniería fue usado por Raúl Padilla, quien comunicó su preocupación dado que el 75 por ciento del gasto que se realiza en el sector cultural es administrativo, y solo el 25 por ciento va a los creadores. “Nuestra propuesta es que los números se reviertan y que el 75 por ciento sea para los creadores y que el 25 por ciento restante sea destinado al gasto administrativo”.

La mayoría de los representantes estuvieron de acuerdo en que la cultura requiere mayor inversión, que ha sido un sector desprotegido —con excepción de Beatriz Paredes— y que se debe trabajar en favor de la descentralización y redistribución de la cultura.

Padilla precisó en la necesidad de crear “productos culturales en corresponsabilidad del Estado, créditos a la palabra para creadores, rescatar artesanías, instrumentos para el turismo cultural”. Y, en una de sus intervenciones, citó a Carlos Fuentes: “Salgamos del tercer mundo con nuestra cultura del primer mundo.”

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista, editora y periodista cultural.

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Los dos tomos de Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes es uno de esos bestsellers que se agradecen. En una nuez, esta colección de historias narra en clave de cuento la vida de una legión de mujeres excepcionales de todas las épocas y ámbitos. En la lista aparecen cuatro mexicanas, todas con una historia que merece ser contada y leída.

Parece sencillo, pero no lo es. La mayoría de las veces resulta complicado fomentar el hábito de la lectura. Lograr que los niños y adolescentes lean libros fuera de los que impone la escuela se ha vuelto un reto. Por ejemplo, si se toma en cuenta que hay que librar una carrera de obstáculos que incluye videos en el iPad y el teléfono celular, películas y series en Netflix, además de chats entre amigos sobre lo que hacen dentro y fuera de la vida académica, son menos las oportunidades para que un libro capture la atención de las nuevas generaciones. Los actuales ritmos de vida exigen argumentos que atraigan a las nuevas generaciones y que sean cercanos a lo que viven.

Como lectores, en algún momento de nuestra vida germinó en nosotros esa conciencia autónoma que es la lectura. Quizá no sabemos cómo o cuándo precisamente ocurrió, pero sucedió que estábamos “tocados” por ese interés de seguir asomando la nariz en más y más páginas. Habrá quienes hayan empezado en este camino inicial por leer a los clásicos, luego siguieron con los no tan clásicos y otros, como los millennials, tuvieron la motivación de leer gracias a J. K. Rowling, autora de la saga de Harry Potter.

Hoy las niñas y adolescentes, principalmente, se están dejando contagiar por el hábito de la lectura gracias a un libro que las empodera como mujeres de un futuro promisorio, en donde ellas impondrán sus propios límites —no la sociedad ni las costumbres machistas—. A Elena Favilli y Francesca Cavallo se les ocurrió la idea de narrar, como si se trata de un cuento, la vida de mujeres que han destacado en su profesión y que, en su mayoría, han tenido que abrir brecha en un ámbito laboral.

Las protagonistas de este libro tienen en común que se salieron de lo establecido. Para las autoras, ser una niña rebelde significa “soñar en grande, aspirar a más, luchar con fuerza y, ante la duda, recordar que tienen razón”. La lista está encabezada por Ada Lovelace (matemática), Alex Wek (supermodelo), Alfonsina Strada (ciclista), Alicia Alonso (bailarina), Las hermanas Bronté (escritoras), Cleopatra (faraona), Coco Chanel (diseñadora), Evita Perón (política), Helen Keller (activista), Julia Child (chef), Malala Yousafzai (activista), Nina Simone (cantante), María Callas (cantante de ópera), Serena y Venus Williams (tenistas), Margaret Thatcher (primera ministra), Tamara de Lempicka (pintora), Las mambas negras (vigilantes), Agatha Christie (escritora), Angela Merker (canciller), Beyoncé (cantante), Celia Cruz (cantante), Maddona (cantante y empresaria), Nefertiti (reina), Rachel Carson (ambientalista), Safo (poeta), Sophia Loren (actriz) y Wistawa Szymborska (poeta), entre otras.

Estos Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes está dividido en dos tomos, lleva más de un millón de lectores en el mundo y ha sido traducido a más 30 idiomas. ¿Por qué puede ser interesante asomarse a un bestseller de esta naturaleza?

Las niñas y jóvenes están adquiriendo este libro y, al mismo tiempo, el hábito de la lectura. En su momento, J. K. Rowling fue muy criticada por sus historias de magia y mundos de fantasía por ser una imitación de C. S. Lewis o de universos similares a los de Ursula K. LeGuin. Sin embargo, la vida de este mago no tan inteligente, pero sí hábil para salir de las dificultades en las que se mete, se ha vuelto entrañable para cientos de lectores que crecieron con él.
A través de estas páginas, las lectoras reciben un claro mensaje: nada es imposible. Las cuatro mexicanas que figuran en estas historias de niñas rebeldes son: Eufrosina Cruz (activista y política), Matilde Montoya (doctora), Frida Kahlo (pintora) y Lorena Ochoa (golfista).

Eufrosina Cruz Mendoza, notable indígena zapoteca, licenciada en contaduría pública, ha puesto en alto la lucha de las mujeres indígenas que reclaman el derecho a participar en la vida política. Fue electa diputada local plurinominal en el Congreso de Oaxaca para el periodo 2010-2013. Como presidenta de la mesa directiva realizó su mayor esfuerzo para que las mujeres no fueran discriminadas por su sexo, sino apreciadas como fuerza económica, política y social. Eufrosina Cruz vivió una injusticia. En 2007 contendió para presidenta municipal de Santa María Quiegolani, Oaxaca. Pero con el argumento de que era “mujer” y “profesionista”, los caciques anularon la elección; más tarde, el Instituto Estatal Electoral de Oaxaca y el Congreso del Estado le respondieron que como en el catálogo de usos y costumbres no existía la palabra “mujer”, no tenía derecho de apelación. El caso de Eufrosina Cruz recuerda que la pobreza y las barreras de información constituyen obstáculos para que las mujeres indígenas ejerzan sus derechos electorales.

Matilde Montoya nació en 1859. Desde niña mostró que tenía una inteligencia privilegiada. A los once años terminó de estudiar el bachillerato y quería ser doctora. Pero mientras la medicina llegaba a su vida, siguió preparándose para ser partera. No obstante, ella quería ser médico. Fue la primera mujer en inscribirse en la Escuela Nacional de Medicina. Muchas veces intentaron que no siguiera estudiando e, incluso, le impedían continuar con su preparación académica. Ella siempre tuvo el valor de luchar por sus ideales y así se convirtió en la primera doctora mexicana.
Rocío Sagaón, bailarina y esposa de Miguel Covarrubias, recordaba que conoció a Frida un año antes de que partiera hacia el Mictlán —el país de los que ya no son—. “Cuando miro el color de la pitahaya, ese rosa magenta por fuera y blanco con puntitos negros por dentro, pienso en sus cuadros y en la intensidad de su vida dedicada al arte. Frida es mito y poderosa realidad artística, leyenda y existencia en plenitud, agonía y liberación, gozo y dolor. En su caso vida y obra no admiten deslinde, dado que su propuesta gráfica es una minuciosa autobiografía, retrato alegórico, desbordamiento de emociones en donde uno puede comprobar que, como menciona Salvador Elizondo en Farabeuf, no hay nada más tenaz que la memoria”.

Lorena Ochoa tuvo un accidente cuando era niña, se subió a un árbol y se rompió ambas muñecas. Tuvo que estar enyesada desde la punta de los dedos hasta las muñecas durante más de tres meses. En ese tiempo, Lorena acompañaba a su papá a un campo de golf, cerca de donde vivía, para verlo jugar. La niña se recuperó de los brazos y el médico le aseguró que le había puesto magia en ambas muñecas, que ahora era más fuerte que antes. Lorena quiso comprobar eso y empezó a relacionarse con el golf, primero manejaba el carrito, luego se inició dando algunos tiros. Sus brazos se curaron completamente y pronto vio que esa magia anunciada empezó a dar frutos en campeonatos y torneos internacionales.  

Favilli y Cavallo son socias, residen en Venice, California. Trabajan en Timbuktu labs, un espacio de innovación en medios de comunicación infantiles que se caracteriza por innovar con diseños provocadores. En este laboratorio de ideas se ha ido forjando una comunidad de padres y madres de familia progresistas, interesados en que sus hijos crezcan más conscientes del entorno donde viven.

Como señalé en un inicio, no es fácil fomentar el hábito por la lectura. Pero cuando por fin se logra mantener interés en los lectores primerizos, puede decirse que ya estamos del otro lado, acaso más cerca de la imaginación.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista, periodista y editora.

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Autobiografía. El arte de la fuga es, entre otras cosas, una especie de autobiografía espiritual: la radiografía de un escritor. No obedece a ningún trazo cronológicamente ordenado, no pretende demostrar nada, tampoco intenta justificar mis ideas y mis actos. Es un acercamiento a mis fuentes espirituales y, al mismo tiempo, una fuga.

Barcelona es una ciudad que me agrada, incluso para vivir, al igual que Lisboa. En algunas circunstancias pienso que me resultaría muy bueno para mi trabajo pasar dos meses en Barcelona; tengo dos editores que entre ellos tienen un convenio: ERA en México y Anagrama en Barcelona. Además, me revitaliza mucho la vida literaria de Barcelona, su cercanía con Italia y las buenas librerías que en otras partes son difíciles de hallar. También me gustan algunas partes de Cuernavaca, pero la realidad es que se me antoja más vivir en Xalapa.

Córdova. Mi niñez y adolescencia transcurrieron en Veracruz. En Córdova está la casa de mi familia; recuerdo que cuando iba a la universidad pasaba todas mis vacaciones en ese sitio entrañable. Siempre he tenido una gran nostalgia por el estado de Veracruz, en mis cuentos, en mis novelas, aparece muchísimo.

Distancia. Escribo de México estando en Moscú, como en Domar a la divina garza, y escribo de Moscú estando en México. En muchos casos la distancia crea una perspectiva desde la cual se puede ver mejor, así desaparecen muchos detalles que solo enturbian la realidad o son los que la velan para llegar a cosas muy elementales, muy precisas.

Errancia. Como si fuera una constante, acaso como un reflejo de la realidad, en mi literatura hay un personaje que llega de fuera o que está a punto de emprender un viaje. Puede decirse que la errancia es una tradición en varias de mis novelas. El círculo familiar se mueve porque alguien que viene de fuera se empieza a descarriar, se dan situaciones un tanto curiosas: se produce un rechazo o un acercamiento.  

Ferri, Victorio. Desde mi primer relato “Victorio Ferri cuenta un cuento” hasta mi última novela, trabajo con una zona de misterio: pueden ser muchas cosas, un crimen, unos papeles, un joven que va en busca de su padre. En El sentido del amor, por ejemplo, hago que los personajes se muevan en torno a ese asunto que nunca se resolverá. Más que cajas chinas o muñecas rusas, cuando empiezo un cuento o una novela lo que me obsesiona es el misterio que voy a desarrollar.

Gogol. Un escritor al que aprecio, cuya muerte siempre me ha impactado. Su deceso es un reflejo de los momentos de intolerancia religiosa que lo condujo a ese final fatídico. Su protector religioso, un sacerdote llamado Matei, fue quien le dijo que el diablo se había apoderado de su mano y lo orilló a quemar sus libros. El sacerdote que lo atormentaba lo tenía en ayuno, además le había clavado sanguijuelas alrededor de la nariz para “sacarle la sangre mala”. Gogol murió creyendo que las sanguijuelas eran los dedos del diablo que le estaban sacando el alma. La historia de Rusia trae consigo muchas crueldades, pero es una de las sociedades más espirituales que hayan existido. La religiosidad, la pasión por el bien y por los otros está en el mismo grado junto con los torturadores.

Heterodoxos. A principios de 1969 y hasta mediados de 1971, estuve viviendo en Barcelona. Colaboré, junto a Beatriz de Moura, en la entonces recién fundada editorial Tusquets, como director de una pequeña colección llamada Los heterodoxos. Fue uno de los periodos más intensos que he vivido, colmado de descubrimientos tanto íntimos como externos, de delirio, zozobras y regocijo.

José Emilio Pacheco. La obre de Pacheco se ha convertido en una fuerte columna de las literaturas de nuestra lengua. Su prestigio es internacional. Sus seguidores y sus estudiosos componen ejércitos. Y en México, ¿quiénes no han seguido por décadas su “Inventario”, una de las más eficaces, inteligentes y disfrutables labores culturizadoras que alguien haya emprendido en nuestro mundo, una sección periodística que regenera la memoria y al mismo tiempo escruta lo que está por venir, que reseña lo más valioso del quehacer nacional y, a la vez, informa sobre la salud de otras literaturas, y que a la crónica de un acontecimiento político o social añade una reflexión moral más amplia?

Kafka, Franz. El antihéroe se ha convertido en un triunfador ubicuo. Aparece en casi todos los confines del planeta. Puede ser melancólico, trágico o bufón, pícaro o inocente. Su prestigio es arrollador. El antihéroe por antonomasia del siglo XX es Josef K, nuestro agobiado abuelo soñado por Franz Kafka.

Literatura de viajes. En el siglo XIX varios escritores mexicanos frecuentaron la literatura de viajes, hay que recordar a Justo Sierra, Manuel Payno, Ignacio Manuel Altamirano y a José Vasconcelos, este último por sus libros Ulises criollo y La tormenta. Martín Luis Guzmán tiene un libro formidable: A orillas del río Hudson; Alfonso Reyes escribió crónicas memorables de España y Brasil; también Salvador Novo hizo lo suyo y, por supuesto, Octavio Paz con su libro Vislumbres de la India.

Misterio. Según Sklovski, los dos procedimientos fundamentales de la novela de misterio consisten en un retraso voluntario de las soluciones y en un “extrañamiento” radical que al distanciarnos de los sucesos narrados atenúa cualquier emoción. Los asesinatos no nos alteran, sino que solo acrecientan nuestro interés en la lectura.

Nacionalismo. En la exaltación del nacionalismo, los regímenes totalitarios encuentran siempre a un mismo enemigo fundamental: el cosmopolitismo. El ciudadano del mundo, como Thomas Mann se definía en el exilio, es el enemigo por antonomasia de las dictaduras del siglo XX: el traidor a su tribu.

Oro, siglo de. Durante mi época de estudiante, cuando por las mañanas estudiaba leyes y por las tardes iba de oyente a la Facultad de Filosofía y Letras, mis pasiones eran la literatura inglesa y el Siglo de Oro español. Paulatinamente fui ensanchando mis territorios.

Polaca. La primera gran sorpresa que me deparó la literatura polaca fue Bruno Shulz. Leerlo significó aproximarme a la vanguardia de este país. La obra de Shulz era una de las más vigorosas expresiones de una individualidad creadora. En sus libros se configura una mitología poética, un mundo imaginado, transformado, mezcla de sueño y pesadilla, sustentado siempre en los elementos más simples que la realidad nos ofrece.

Quijote. El Quijote se adelantó a su época. No hay ninguna ulterior corriente literaria importante que no le deba algo: las varias ramas del realismo, el romanticismo, el simbolismo, el expresionismo, el surrealismo, la literatura del absurdo, la nueva novela francesa y muchísimas más encuentran sus raíces en la novela de Cervantes. Víktor Sklovski, en 1922, descubrió que la novela no solo era la más nueva en la época de Cervantes, sino que en el siglo XX, en la época de las vanguardias, seguía siendo la más contemporánea de todas.

Rusos. La literatura rusa es un mundo que para mí tiene enorme importancia, la comencé a leer desde muy niño. Sin ella, sin algunos de sus autores, no solamente mi escritura no sería la misma sino que mi vida habría estado mutilada. Los autores rusos muchas veces le dieron gran expansión a mi vida y han sido regidores de mi escritura.

Sueño. Desde hace tiempo llevo un diario de sueños, en todos los lugares que visito tengo sueños y me acuerdo de ellos, aunque duerma poco tiempo. El sueño es una fuga, hay fuerzas represivas que uno se plantea; en ese sentido, el sueño es una metáfora de lo que uno teme.

Transgresión. César Aira me regaló su novela Cómo me hice monja. Desde muchos años no había sentido el asombro y placer que me produjo recorrer una y otra vez sus páginas, donde la transgresión era continua, como lo era también la permanente transmutación de toda norma de tiempo y espacio.  

Unión Soviética. Para mí fue muy importante conocer la Unión Soviética. Me tocó ser testigo de uno de los fenómenos más complejos del siglo XX que transformó la esfera universal. Los resultados no eran lo que se esperaba. No era un socialismo liberal, un régimen con plenas libertades, sin censura; tampoco con la obligación o los deberes de un gobierno que se creía con oscilaciones sociales. En general, los resultados fueron bastante amargos para todos. De hecho ahora está convertido en un país de multimillonarios; me refiero a los dueños de los astilleros, del petróleo, de las grandes empresas que habían sido nacionales y que se las dieron a unos cuantos. Pude presenciar cómo solo algunos ostentan una riqueza brutal que apoya a las peores mafias, surgidas de una población que, en su mayoría, es miserable. También vi cómo se disolvían algunas instituciones que eran verdaderamente fatídicas, como las uniones de escritores y cineastas, burócratas necios, sordos hacia cualquier manifestación cultural. Cuando me percaté de que todo eso se derrumbaba y salía salgo nuevo, tan cálido, me maravillé: fue como una gran carga de energía.

Viena. El mago de Viena iba a ser un conjunto de artículos, de prólogos y textos de conferencias, pero cuando lo ordené en un índice me pareció muy fastidioso. Entonces comencé a reescribirlos, a buscar una estructura narrativa. Y de ese material surgió la idea de hacer algo como una novela o una narración autobiográfica, con un tono celebratorio y levemente extravagante. Mis viajes, mis lecturas, mi escritura, mis amigos y aun personas que conozco casualmente se me convierten en personajes.

Wittgenstein. En toda obra de arte, cualquiera que sea su género, hay un grumo insondable que la imanta, y ese punto secreto, esa fortaleza asediada por todas partes, que es lo que convierte algo en una verdadera obra de arte, no cede a ningún escrutinio. Cada generación, cada esteta intuirá la existencia de ese misterio y se lo explicará a sí mismo a su propia manera, apasionado por su versión, pero consciente a la vez de que en el arte no hay ninguna verdad absoluta, ninguna palabra final, lo que es uno de los mayores atributos de la libertad. En ese sentido, entiendo y comparo el apotegma de Wittgenstein. No hay nada mejor que el silencio cuando se trata de explicar una obra de arte. Pero al escritor, sobre todo al poeta, le está destinado un campo amplísimo de acción: su imaginación.

Xalapa. Estuve 27 años fuera y cuando llegué la Ciudad de México no era la misma. Me encontré con un rostro diferente: los Ejes viales se habían comido parte de las banquetas y las fachadas de las casas que conocía fueron demolidas. De pronto me vi en una ciudad que desconocía. En una ocasión me pidieron que fuera a Xalapa a impartir un curso de literatura rusa y aproveché para visitar el sitio que me recordaban mi niñez, entonces me di cuenta de lo bien que me sentía estando en Xalapa. En la Ciudad de México me convertí en un redactor, mientras que en Xalapa volvió a fluir la escritura, recuperé mi creatividad. Por eso decidí quemar las naves y establecerme en Xalapa. Me gusta venir a la Ciudad de México, visitar a mis amigos, pero a los pocos días ya quiero estar en Xalapa.

Yugoslavia. A fines de 1967, cuando trabajaba como agregado cultural en la embajada de México en la ciudad de Belgrado, fui comisionado a organizar una gran exposición de Rufino Tamayo en Yugoslavia. La inauguración fue un éxito. Todo el who is who de Belgrado estaba presente, propiciando un clima de verdadero entusiasmo. El color de Tamayo fue una descarga que sirvió para revitalizar fibras que entonces creía ya definitivamente adormecidas.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Editora y ensayista.

*Las respuestas fueron tomadas de una conversación de Sánchez Ambriz con Sergio Pitol y de su libro de ensayos El tercer personaje, editorial Era, México, 2013.

 

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Hoy se cumple el 91 aniversario del natalicio de García Márquez. Para celebrar al autor más querido de Hispanoamérica, este abecedario es un espejo fiel de su vida y su obra que refleja algunos momentos y pasiones poco sabidas.


Abuelo. En medio de aquella tropa de mujeres evangélicas con las que crecí, el abuelo era para mí la seguridad completa. Sólo con él desaparecía la zozobra y me sentía con los pies sobre la tierra y bien establecido en la vida real. Lo raro, pensándolo ahora, es que yo quería ser como él, realista, valiente, seguro, pero nunca pude resistir la tentación constante de asomarme al mundo de la abuela.

Bogotá. Era la ciudad donde vivían los poetas. No sólo creíamos en la poesía, y nos moríamos por ella, sino que sabíamos con certeza —como lo escribió Luis Cardoza y Aragón— que “la poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre.”

Cuento. Las personas se dividen entre las que saben contar un cuento y las que no.

Diccionario. El abuelo no era un hombre culto ni pretendía serlo, pues se había fugado de la escuela pública de Riohacha para irse a tirar tiros en una de las incontables guerras civiles del Caribe. Una tarde consultó el diccionario, con una atención infantil. Entonces supo él y supe yo para siempre la diferencia entre un dromedario y un camello. Al final del día me puso el glorioso tumbaburros en el regazo y me dijo: “Este libro no sólo lo sabe todo, sino que es el único que nunca se equivoca”.

Ellas. Creo que la esencia de mi modo de ser y de pensar se la debo en realidad a las mujeres de mi familia y a muchas de la servidumbre que pastorearon mi infancia. Eran de carácter fuerte y corazón tierno, y me trataban con la naturalidad del paraíso terrenal.

Futbol. Mi primer paso en la vida real fue el descubrimiento del futbol en medio de la calle o en algunas huertas vecinas. Mi maestro era Luis Carmelo Correa, que nació con un instinto propio para los deportes y un talento congénito para las matemáticas. Yo era cinco meses mayor, pero él se burlaba de mí porque crecía más y más rápido que yo. Empezamos a jugar con pelotas de trapo y alcancé a ser un buen portero, pero cuando pasamos al balón de reglamento sufrí un golpe en el estómago con un tiro suyo tan potente, que hasta allí me llegaron las ínfulas.

Gardel, Carlos. Hasta donde recuerdo, mi vocación por la música se reveló en mi adolescencia por la fascinación que me causaban los acordeoneros, con sus canciones de caminantes. Algunas las sabía de memoria, como las que cantaban a escondidas las mujeres de la cocina de mi abuela. Sin embargo, mi urgencia de cantar para sentirme vivo me la infundieron los tangos de Carlos Gardel. Me hacía vestir como él, con sombrero de fieltro y bufanda de seda, y no necesitaba súplicas para que soltara un tango a todo pecho. Hasta la mala mañana en que la tía Mama me despertó con la noticia de que Gardel había muerto en el choque de dos aviones en Medellín.

Hojarasca, La. La escribí y la mandé a la Editorial Losada de Buenos Aires. Ese mismo año, también Caballero Calderón envió su novela El Cristo de espaldas. Seleccionaron la novela de Caballero Calderón y los originales de La hojarasca me los regresaron con una nota, en donde se me comunicaba que mi obra exigía un gran esfuerzo a los lectores para comprenderla.

Jirafa. Era el nombre de la columna diaria que publicaba en El Heraldo de Barranquilla. En realidad era el sobrenombre confidencial con el que sólo yo conocía a una novia secreta, esbelta y de cuello largo, que entonces vivía en Barranquilla. La columna la firmaba con el seudónimo de Septimus, tomado de Septimus Warren Smith, personaje de Virginia Woolf en La señora Dalloway.

Lorenzo, el Magnífico. El loro de cien años, heredado de los bisabuelos, que gritaba consignas contra España y cantaba canciones de la guerra de Independencia. Tan cegato estaba que un día se cayó dentro de la olla del sancocho y se salvó de milagro porque apenas empezaba a calentarse el agua.

Macondo. Camino a Aracataca, el tren hizo una parada en la estación sin pueblo, y poco después pasó frente a la única finca bananera del camino que tenía el nombre escrito en el portal: Macondo. Esta palabra me había llamado la atención desde los primeros viajes con mi abuelo, pero sólo de adulto descubrí que me gustaba su resonancia poética. Nunca se lo escuché a nadie ni me pregunté siquiera qué significaba. Lo había usado ya en tres libros como nombre de un pueblo imaginario, cuando me enteré en una enciclopedia casual que es un árbol del trópico parecido a la ceiba, que no produce flores ni frutos, y cuya madera esponjosa sirve para hacer canoas y esculpir trastos de cocina. Más tarde descubrí en la Enciclopedia Británica que en Tanganyka existe la etnia errante de los makondos y pensé que aquél podía ser el origen de la palabra. Pero nunca lo averigüé ni conocí al árbol, pues muchas veces pregunté por él en la zona bananera y nadie supo decírmelo. Tal vez no existió nunca.

Nostalgia. Como siempre, la nostalgia había logrado borrar los malos recuerdos y magnificar lo buenos. Nadie se salva de sus estragos.

Ortografía. La ortografía fue mi calvario a lo largo de mis estudios y sigue asustando a los correctores de mis originales. Los más benévolos me consuelan con creer que son torpezas de mecanógrafo.

Premio Nobel. La única ventaja de haberme ganado el Nobel es que ya no hago cola en ninguna parte, me dejan pasar.

Que. El principal problema de los escritores latinoamericanos es que son escritores de domingo. No se dedican de lleno a la creación. Por eso cuando me preguntan qué les recomiendo, les digo: Que escriban mucho.

Rulfo, Juan. Para mí es un narrador muy importante. Pedro Páramo es una de las novelas que más aprecio.

Sonidos. Me costó mucho trabajo aprender a leer. No me parecía lógico que la letra m se llame eme, y sin embargo con la vocal siguiente no se dijera emea sino ma. Me era imposible leer así. Por fin, cuando llegué al Montessori la maestra no me enseñó los nombres sino los sonidos de las consonantes. Así pude leer el primer libro que encontré en un arcón polvoriento del depósito de la casa. Estaba descosido e incompleto, pero me absorbió de un modo tan intenso que el novio de Sara soltó al pasar una premonición aterradora: “¡Carajo!, este niño va a ser escritor”.

Tenis. Practico tenis en mi casa. Un maestro viene a darme clases, para que no vuelve todas las pelotas que me lanzan.  

Única mujer que pertenecía al grupo Barranquilla o La Cueva era la poeta Meira Delmar. El grupo estaba integrado  también por Álvaro Cepeda Samudio (narrador), Germán Vargas (periodista), Alfonso Fuenmayor (periodista), Alejandro Obregón (artista plástico); todos influenciados por la prosa de José Félix Fuenmayor (narrador) y de las inagotables conversaciones con el sabio catalán, Ramón Vinyes. 

Vargas Llosa, Mario. El pleito que tuvimos entre nosotros fue hace mucho tiempo. Claro que podemos publicar una entrevista con él. Sin problema.

William Faulkner. Releí varias veces Luz de agosto, de William Faulkner, el más fiel de mis demonios tutelares.

Yiyo. Gabriel Eligio García Márquez, Yiyo, mi hermano menor, en los años más difíciles de la pobreza, se hizo periodista a puro pulso, sin haber fumado nunca ni haberse tomado un trago de más en su vida. Su vocación literaria fue arrasadora y su creatividad sigilosa se impusieron contra la adversidad. Murió a los 54 años, con tiempo apenas para publicar un libro de más de 700 páginas con una investigación magistral sobre la vida secreta de Cien años de soledad, que había trabajado durante años sin que yo lo supiera, y sin solicitarme nunca una información directa.

Zipaquirá. Las fiestas sociales en Zipaquirá correspondían en general a la vocación y el modo de ser de cada quien. Las minas de sal, que los españoles encontraron vivas, eran una atracción turística en los fines de semana, que se completaba con la sobrebarriga al horno y las papas nevadas en grandes pailas de sal. Los estudiantes costeños, con nuestro prestigio merecido de gritones y malcriados, teníamos la buena educación de bailar como artistas la música de moda y el buen gusto de enamorarnos a muerte.

 

*Con información de Vivir para contarla y conversaciones con el autor.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista, periodista y editora.

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