Este año, el Homenaje al Bibliófilo de la FIL recae en el historiador Enrique Florescano. Forjado por maestros legendarios, el incansable editor y difusor de letras impresas —maestro ya de generaciones, legendario él mismo—, comparte a continuación su discurso de agradecimiento.

Fotografía: © FIL/Pedro Andres

Mi biblioteca es la memoria de una vida. Nació por el gozo de la lectura que me inculcaron mis padres. Armando Florescano, mi padre, fue parte de la generación de normalistas de la época de Lázaro Cárdenas. Cuando se graduaban, “los profes” eran enviados a pueblos rurales con la misión de enseñar conocimientos básicos. Mi padre tuvo su primer trabajo en Coscomatepec, un pueblo de la falda oriental del Pico de Orizaba, montado en un paisaje de montañas, valles y ríos que llevo guardado en la memoria. Él acostumbraba traer a la casa libros, periódicos, revistas e historietas. Entre ellos El tesoro de la juventud.

Nunca olvidaré la llegada de un librero de madera olorosa que contenía cien libros abiertos al conocimiento universal. Eran los primeros tomos de los emblemáticos Breviarios. En la cuarta de forros se leía: “El Fondo de Cultura Económica aspira a formar con estos Breviarios la base de una biblioteca que lleve la universidad al hogar”. Ahora sé que esas palabras las escribió Juan José Arreola, el gran humanista de Zapotlán que transmitió sus letras a las poblaciones más remotas de México.

Con ese legado, más el torrente de libros de historia, antropología, literatura, ciencias y saberes que produjo el Fondo, creció mi biblioteca. Ese emporio de libros resumía una frase con la que don Daniel Cosío Villegas selló su proeza editorial: “enseñar a leer sin ofrecer antes una lectura digna, que eleve, es un engaño”.

Los libros se entrelazaron con las enseñanzas de maestros de la estatura de Gonzalo Aguirre Beltrán, Silvio Zavala, José Gaos, Luis González y González, Edmundo O’Gorman, Luis Villoro, Pedro Armillas, Ignacio Bernal, José Miranda, Rafael Segovia, Antonio Alatorre y muchos más. Ellos me introdujeron a los distintos modos de pensar el pasado, me aleccionaron en el ejercicio de leer y comprender lenguajes de disciplinas diversas.

El filántropo Ricardo J. Zevada me pidió en los años setenta componer una colección de los libros más relevantes sobre México para donarla a las escasas bibliotecas públicas que existían entonces. De esa semilla nació México en 500 libros. Así, de aprendiz de conocimientos librescos me convertí en coleccionista de libros.

Mi paso por la academia en Xalapa, El Colegio de México y Francia fue un tránsito por geografías, tiempos, mentalidades y estudios que afirmó la voluntad de imaginar una biblioteca que me ayudara a vislumbrar los cambiantes pasados de México.

La inclinación por los libros me transformó en editor y difusor de letras impresas. En los últimos años, las tareas de difusión del libro me otorgaron el privilegio de trabajar en la ahora Secretaría de Cultura, donde dirijo las colecciones Biblioteca Mexicana, en coedición con el Fondo de Cultura Económica, y la más reciente Historia ilustrada de México.

En el 2012 el Fondo de Cultura Económica publicó en sus “Breviarios” La función social de la historia. Bajo la sombra de Daniel Cosío Villegas y su enciclopédica legión de colaboradores, quise comunicar el conocimiento académico a un público más amplio. En mi viaje por el pasado sumé a la escritura la imagen, las identidades, las pictografías, la oralidad y el mito.

Soy un historiador forjado por maestros legendarios y por amigos, colegas, compañeros y colaboradores queridos, que se convirtieron en mis guías y tutores. Alejandra Moreno Toscano, mis hijas Claudia y Valeria, y mis nietas Jimena, Emilia y Camila, han sido y son la tierra nutriente que sostiene el árbol de mis afanes.

Recibo con humildad este premio que lleva el nombre de un modelo de laboriosidad, creatividad y amor por los libros: Bibliófilo José Luis Martínez 2018, que hoy me otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Es difícil comunicar la emoción que suscitó esta nominación. Suma una tríada alegre. Primero sorpresa por lo inesperado, luego júbilo porque la recibo en la FIL, un sitio que brinda la oferta de libros más dilatado que podría imaginarse. Y, por último, por el nombre que lleva. Conocí a José Luis en sus muchas y siempre exitosas actividades, cumplidas con pulcritud: editor de revistas y libros innovadores, cultivador fervoroso de las letras, las humanidades y la bibliofilia, cronista y notable historiador, cuya magnífica biografía de Hernán Cortés honró a la historiografía mexicana e hizo mérito de un personaje controvertido. Funcionario ejemplar del Fondo de Cultura Económica y de otras instituciones, digno embajador en el extranjero, cuyo amor a la lectura y el libro lo llevó a crear una biblioteca selecta de lo mexicano universal.

Expreso mi gratitud a quienes promovieron este reconocimiento: al doctor Sergio López Ruelas, coordinador de Bibliotecas de la Universidad de Guadalajara; a la maestra Marisol Schultz, directora de esta Feria, y al presidente de esta Feria mundialmente celebrada, Raúl Padilla López. Agradezco también las palabras del doctor Miguel Ángel Navarro, rector general de la Universidad de Guadalajara. Especialmente quiero agradecer el cuidadoso recuento de mi trayectoria que han hecho el doctor Guillermo de la Peña y el doctor Rodrigo Martínez Baracs. Muchas gracias, muchas y repetidas gracias.

Los libros contienen las voces que han construido nuestro pasado y que recordamos como una manera de conocernos a nosotros mismos. Hoy doy a ustedes una buena noticia. Esta mañana mi biblioteca, forjada a lo largo de décadas, pasó a formar parte de la inmensa Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola”. Estoy complacido y orgulloso porque los libros que me han acompañado durante tantos años pasen a ser parte del perseverante trabajo de conservación, amor al libro y al servicio de la lectura que acumula, generación tras generación, esta gran biblioteca.

Al doctor Juan Manuel Durán y a Raúl Padilla, grandes amigos y guardianes celosos de esa joya de bibliofilia, debo la gracia de que mi biblioteca de historiador sirva en adelante a los estudiantes, profesores, curiosos y lectores de Jalisco. Nada podría ser más afortunado para mí que esa modesta acumulación de libros quede abierta a nuevos lectores de hoy y de mañana. Muchas gracias por tantos y tan generosos regalos. Me hacen ustedes muy feliz en este día inolvidable.

 

Enrique Florescano
Historiador. Entre sus libros recientes: Atlas histórico de México (en colaboración con Francisco Eissa), Los orígenes del poder en Mesoamérica y Quetzalcóatl y los mitos fundadores de América.

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