En cada edición, la FIL de Guadalajara se convierte en punto de convergencia de nuevas o jóvenes editoriales, pequeñas o independientes, que intentan encontrar un lugar en el complejo —y en ocasiones voraz— panorama editorial en español. Durante estos días ofreceremos breves perfiles de estos sellos, muchos de los cuales desembarcan por primera vez en nuestras costas. Como último desembarco para cerrar la cobertura de las editoriales independientes en la FIL, presentamos a la editorial argentina Godot y a uno de sus dos fundadores, Hernán López Winne, quien contestó a nuestras preguntas durante su estancia en México.

¿Podrías relatarnos la génesis del proyecto (cómo nació, de dónde viene el nombre, qué necesidad —personal y editorial—intentaron cubrir, a qué se han enfrentado)?

Ediciones Godot nace de un proyecto anterior, la revista Esperando a Godot, una revista cultural de corte académico que funcionó desde 2005 hasta 2008. La necesidad que intentamos cubrir fue dar a conocer ciertos textos que no estaban circulando. La editorial, luego, fue tomando crecimiento y empezamos a publicar autores de renombre como Slavoj Zizek, Walter Benjamin, Virginia Woolf, Herbert Marcuse, Samuel Beckett, entre tantos otros.

Díganos cuáles serían sus cinco libros clave, sobre qué versan, por qué los eligieron y cuál es la pertinencia de publicarlos.  

Una vida sin principios, de Henry David Thoreau (trad. de Macarena Solís, 2017, 104 p.), es un pequeño tratado sobre la relación entre el hombre, la naturaleza y la explotación capitalista.

Estrés y libertad, de Peter Sloterdijk (trad. de Paula Kuffer, 2017, 80 p.), un ensayo breve donde el punto central es la visión del autor de las sociedades posmodernas: el aglutinamiento de los individuos se produce por la cantidad de estrés acumulado entre ellos.

Cuentos completos, de Virginia Woolf (trad. de Micaela Ortelli y Carolina Orloff, 2015, 392 p.), reúne todos los cuentos publicados por la autora inglesa en su vida.

La permanencia en lo negativo, Slavoj Zizek (trad. de Ana Bello, 2016, 392 p.), donde se analiza el capitalismo como un sistema económico global motorizado por la histeria.

¿Cuál ha sido su historia dentro de su mercado editorial de origen y por qué les interesa distribuir en México y Latinoamérica?

México y Latinoamérica, naturalmente, son importantes porque comparten nuestro idioma, al mismo tiempo que en cada país hay culturas y mercados diferentes.

¿Mantienen algún tipo de relación con el libro digital? ¿Qué ventajas y desventajas creen que tiene este formato —como editores y lectores— con respecto al tradicional?

El libro digital es un soporte más para el contenido. Más allá de pensar en ventajas y desventajas, hay que mirarlo como un modo más de hacer circular contenido.

 

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En cada edición, la FIL de Guadalajara se convierte en punto de convergencia de nuevas o jóvenes editoriales, pequeñas o independientes, que intentan encontrar un lugar en el complejo —y en ocasiones voraz— panorama editorial en español. Durante estos días ofreceremos breves perfiles de estos sellos, muchos de los cuales desembarcan por primera vez en nuestras costas. En esta ocasión, nuestro desembarco se lo dedicamos a Impedimenta, una editorial madrileña cuya editora, Pilar Adón, nos cuenta su historia.

¿Podrías contarnos cómo nació el proyecto en el que se embarcaron Enrique Redel y tú?

Impedimenta fue fundada en el año 2007 en Madrid. Enrique Redel y yo primero fuimos pareja, nos conocimos en la Facultad de Derecho. Siempre hemos estado vinculados al mundo de la literatura. Somos grandes lectores. Hace diez años decidimos fundar la editorial. Imagínate unir la labor editorial con una relación de pareja. Todo el tiempo hablamos de los libros, pensamos en los autores. Es una labor absorbente. Pero esa labor tiene una recompensa inmediata: incorporar a un autor o a un libro a tu catálogo. Esa recompensa inmediata puede ser muy adictiva. Es una labor de generosidad: implica compartir. “El libro de un editor es su catálogo”, como dice Herralde. Es a base de perseverancia. El nombre, Impedimenta, proviene del bagaje que suele llevar la tropa, e impide la celeridad de las marchas y de las operaciones.

¿Cuáles son sus autores clave?

Hablaré de las autoras que yo he elegido:

Iris Murdoch, porque me gustan mucho sus mundos filosóficos y académicos. También por la inteligencia de sus diálogos.

Penelope Fitzgerald es una autora que con muy pocas frases, y muy cortas además, consigue llevar al lector a una riqueza absoluta de escenarios y peculiaridades psicológicas. La librería, novela finalista del Booker Prize,  es una sutil aventura librera.

Penelope Mortimer intentó suicidarse y después empezó a visitar a un psicoanalista freudiano. Cuando eso fracasó, se sometió a un tratamiento electroconvulsivo.

Angela Carter, por sus magníficos relatos. Publicamos la mítica colección de cuentos maravillosos protagonizados por mujeres que Carter recopiló para Virago Press.

Edith Wharton decidió abandonar su apartamento parisino para visitar, en seis distintas expediciones, el frente de batalla en que se decidía el destino de Europa, de Dunkerque a Belfort.

¿Por qué les interesa distribuir en Latinoamérica?

Siempre quisimos llegar aquí. Compartimos una misma lengua y los lectores se interesan en los dos lados del océano.

¿Mantienen algún tipo de relación con el libro digital?

Publicamos libros digitales. Pero somos editores de papel porque somos lectores de papel. Tenemos ventas digitales, pero los lectores buscan más nuestros libros impresos. En España hubo una especie de espejismo con el libro digital: vaticinaban el declive del libro de papel. Pero el libro en papel es un invento perfecto. La experiencia de lectura en un libro de papel no es la misma que se da en la frialdad del dispositivo digital. El papel implica calidez. El objeto físico la proporciona. La realidad tangible no existe en el ámbito digital. Con el libro físico tocas el objeto: pastas, páginas. De otra manera no es palpable. Es un asunto de experiencia lectora.


Iris Murdoch
El libro y la hermandad
Traducción de Jon Bilbao
Postfacio de Rodrigo Fresán
Impedimenta
Madrid, 2015
656 páginas.


Penelope Fitzgerald
La librería
Traducción de Ana Bustelo
Impedimenta
Madrid, 2015
192 páginas.


Penelope Mortimer
El devorador de calabazas
Traducción de Magdalena Palmer
Impedimenta
Madrid, 2014
240 páginas.


Angela Carter
Cuentos de hadas de Angela Carter
Traducción de Consuelo Rubio Alcover
Impedimenta
Madrid, 2017
640 páginas.


Edith Wharton
Francia combatiente. De Dunkerque a Belfort
Traducción de Pilar Adón
Introducción de Yolanda Morató
Impedimenta
Madrid, 2011
224 páginas.

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Vicente Rojo y Arnoldo Kraus culminaron un proyecto literario-visual con Apología del polvo, celebrado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El artista plástico y el médico escritor se aproximan al polvo desde las múltiples aristas que permite el tema.

Arnoldo Kraus y Vicente Rojo
Apología del polvo
Colaboración fotográfica de Vicente Rojo Cama
Sexto Piso/Secretaría de Cultura
Ciudad de México, 2017
48 páginas.


Vicente Rojo y Arnoldo Kraus se embarcaron en un proyecto que llegó a buen puerto: una tetralogía literaria-visual constituida por Apología del lápiz, Apología del libro, Apología de las cosas y Apología del polvo (Sexto Piso/Secretaría de Cultura, 2017). Ahora los cuatro libros están reunidos en una caja diseñada por Rojo. El artista plástico y el médico y escritor forjaron una estrecha amistad que derivó en la celebración de entidades cotidianas: el lápiz, el libro, las cosas, el polvo.

“Los dos primeros libros trataron temas más fáciles, obvios. Los dos siguientes se complicaron más para ambos, en cuanto a la escritura y a la plástica. Son temas menos claros”, afirma Kraus en la conversación.

Por su parte, Rojo eplica su selección cromática: “Pensé, al tratar el tema del polvo, que debía manejar tonos grises, usar el negro, dar una perspectiva lúgubre. Pero el texto de Kraus es luminoso. Por lo tanto esa luz me permitió pensar en lo colorido, en el polvo de estrellas. Los astros siempre tienen colores, las estrellas son luminosas. Eso plasmé. Muchos pensadores dicen que somos polvo de estrellas”.

El artista plástico continúa: “Mi padre llegó a México años antes de que yo lo lograra. En Barcelona yo veía las estrellas pensando en que mi padre veía en México las mismas estrellas que yo percibía. También hay una canción titulada ‘Polvo de estrellas’ que yo escuchaba en mi juventud”.

Kraus dice en la entrevista: “Llamaré a los cuatro volúmenes incluidos en la bella caja ‘libros-objetos’. La combinación de letras con el trabajo de Vicente es inmejorable. Cambiamos la palabra diálogo por la palabra danza. Una danza entre palabras e imágenes”.

El cuarto volumen resulta una suerte de ponderación del polvo propagado, concurrente. Ambos lo perciben como algo que sigue y conforma al ser humano.

“Sé humilde, pues estás hecho de tierra. Sé noble, pues estás hecho de estrellas”, reza un antiguo proverbio serbio recordado por el médico. “Si la humildad rigiese el mundo todo sería mejor. El proverbio debería ser una guía”.

Para Arnoldo Kraus el polvo y las huellas humanas coexisten en las hendiduras de la existencia y de las cosas. Esa es la premisa del volumen que concluye la tetralogía, en la que se concibe la nostalgia como necesidad. La visión del polvo de Vicente Rojo trasciende lo terrestre y deviene en una aproximación al universo: sus imágenes evocan el polvo estelar.

Residuo de cosas, el polvo es un conjunto de partículas sólidas que flotan y descansan sobre los objetos. Ahí reside su importancia artística-literaria: es un motivo de creación ineludible.

Kraus dice que los médicos hablan de neumoconiosis para referirse a las enfermedades pulmonares causadas por la inhalación de polvo, y el polvo cósmico está compuesto por partículas menores de 100 micras. Estas acepciones extienden el universo del polvo. Afirma que tras cavilar sobre nuestro origen en La historia más bella del mundo, Hubert Reeves, Joël de Rosnay, Yves Coppens y Dominique Simonnet concluyen: “Verdaderamente estamos hechos de polvo de estrellas”. En ese punto coinciden a la perfección.

Los coautores de esta Apología saben que el polvo tiene presencia. La purpurina de Rojo mutó en estrellas, en polvo interestelar. Kraus, con intención literaria, afirma que escribe polvo, borra polvo. Escribe y corrige. Mientras lo hace, Rojo crea cuerpos estelares. “Polvo eres y en polvo te convertirás.”

Ambos conservan la curiosidad y el juego correspondientes a la niñez. “El oficio de la infancia es bello, desborda pasión”, escribió Kraus en Apología del polvo. Vincula “el oficio de la infancia” con la creación artística y la medicina. Escribió: “Las estrellas interestelares y las de Rojo comparten oficio: ambas contribuyen a explicar el mundo”.

Kraus asegura que “el oficio de la infancia significa cosechar recuerdos, mirar hacia atrás. Los niños que trato no lo saben, pero ejercen ese ‘oficio de la infancia’: desde jugar hasta descubrir las palabras, el lenguaje. Pasa con los niños agraciados y desagraciados: me refiero a términos económicos. La infancia abre muchas puertas. Y ese ‘oficio’ marca la vida juvenil y la vida adulta, enseña maneras de estar en la vida”.

El médico evoca el prólogo de Jean-Paul Sartre a Los condenados de la tierra de Frantz Fanon y parafrasea: “El mundo se divide en dos: entre los que tienen Voz, con mayúscula, y entre los que no la tienen”. Kraus se refiere a los niños agraciados y a los que se ven sometidos a la pobreza, a la enfermedad, a la imposibilidad de mejorar sus condiciones de vida. “En la medicina clínica, que es la que yo ejerzo, lo que aprehendiste en la infancia —en mi caso— hace que te intereses por las personas que están frente a ti. Me buscan por una merma, ya sea física o emocional, o por problemas que combinan ambas mermas. Esa carga de la infancia influye en mi manera de practicar medicina: ser compasivo, empático”.

Kraus también lleva esa práctica a la escritura y, en específico, a su colaboración con Vicente Rojo. Recuerda, para describir a Rojo, un pasaje de los Cuatro cuartetos de T. S. Eliot: “La única sabiduría que cabe adquirir/ es la sabiduría de la humildad”. Los versos de Eliot detallan la manera en que ambos —médico escritor y artista plástico— conducen su existencia. “La humildad de Rojo nos enamora. Colaborar con él es un regalo de la vida. Quisiera que se prolongase indefinidamente”.

Regresemos al polvo y a las estrellas. Kraus asevera:

Antes de ser nada, los huesos de los muertos se convierten en polvo, en polvo humano, hermano de otras sustancias semejantes; cenizas volcánicas, cisco, aserrín y huesos animales comparten historias, tiempos y destino: nada, ser nada, desaparecer. En la Tierra, polvo y destino se funden. Con el tiempo desaparecen. Historias similares viven las estrellas de Rojo: antes de dialogar con las palabras, las escuadras y el cúter del artista dotaron de vida a algunos de sus inmemoriales cómplices: purpurina, pegamento, papel y cartón se transformaron en estrellas. Surcar cielos, aterrizar en las páginas de este libro y avivar la textura de las palabras es legado de la fuerza de Vicente.

El polvo es inmortal como la obra de Vicente Rojo.

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.

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Madrid es la invitada de honor de este año en la FIL. Una ciudad con una tradición y una riqueza literaria portentosas que muestra síntomas de buena salud y mejor futuro. Lo siguiente es una guía de lectura imprescindible para todo aquel que desee conocer a los clásicos y a las futuras promesas de las letras de esa capital de la literatura universal.

UNO

Cualquier iniciativa cultural que busque llevar los libros a los lectores, debe celebrarse.

Más aún en un país como México, abatido de manera permanente por la violencia, la inseguridad, cifras poco alentadoras de crecimiento económico y todo lo demás que pueda imaginarse. Las ferias del libro que se celebran a lo largo del país —unas más otras menos, todas con sus vicios y virtudes, tanto aquellas consolidadas como las que ya se muestran optimistas en términos de crecimiento—, realizan un papel significativo respecto no solo a la tarea de acercar los libros a sus potenciales lectores, sino igualmente por lo que hace a impulsar una industria que año con año se enfrenta contra la dureza de las ventas efectivas. Esto porque nunca como ahora la producción editorial mexicana, abundante y diversificada, se realiza casi como un discurso en medio del desierto, en donde apenas algunos libros, de los tantos que se publican al año, serán adquiridos y posteriormente leídos.

Dedicar la edición 2017 de la Feria del Libro de Guadalajara a la ciudad de Madrid, en calidad de Invitada de Honor, es un acierto por parte doble: pone a la vista de todos los países de la lengua española el actual fermento escritural de esa ciudad (más vivo que nunca y con un pasado de grandes nombres y títulos imperdibles) y, por otra, pone sobre la mesa la venta de derechos de autor de centenas de escritores no solo madrileños sino de toda la península ibérica. Lo anterior se traducirá en mayor circulación de las obras, difusión de nuevas propuestas y expansión de la oferta editorial para los lectores. El año mexicano, a bandazos entre el sobresalto y la inconformidad, se cierra con un evento de primer orden en el cual festejar la cultura, en su acepción más amplia, se pone a discusión ante propios y extraños.


Color dentro de la XXXI Feria Internacional del libro en Guadalajara, México, sábado 25 de Noviembre 2017. (Cortesía © FIL/Nabil Quintero Milián)

Ahora bien, los mecanismos de selección de los invitados nunca son claros aunque sí resultan entendibles desde una perspectiva enteramente económica. Los grandes consorcios presentan a sus autores para acomodar sus libros en las mejores condiciones potenciales de venta. El discurso plural de la literatura y las demás disciplinas queda mermado por los dictados que impone hacer de la producción cultural, además de una propuesta de valor, una forma de espectáculo. Esto no implica por fuerza una trivialización de los discursos y las propuestas, aunque sí genera la impresión de que ciertos actores de la cultura resultan fundamentales pese a que solo resulten favorecidos por cierto modo de la hegemonía.

Al final, los libros serán leídos y analizados tanto por los lectores y la crítica, que darán alguna opinión —informada o espontánea— de los contenidos. Y es que al caminar por los pasillos de la Feria, se genera la impresión de que nadie podría leer siquiera la producción de un año en el espacio de una vida. No solo por lo que hace al material de aire “clásico”, sustento primario de la cultura humanística, sino igualmente al de los nuevos autores que saltan a ruedo con propuestas buenas o malas. El comentario de actualidad, aderezado con bromas ingeniosas, puede ser un llamado a la exploración cultural, pero no sustituye la lectura meditada de autores fundamentales. En su parte menos encomiable, las ferias del libro en general son apenas vitrinas de la producción editorial actual, en las que la socialización extrema se impone como un mecanismo de autodefensa para evitar la lectura, así se realicen voluminosas compras de libros que con suerte serán extraídos del hule que los resguarda del deterioro.

El encuentro entre autores y lectores, que se encomia más de la cuenta, nutre la escritura de fuegos artificiales pese a que no tiene otra función que generar un uso ritual del objeto-libro (¡el autógrafo!), así como la experiencia de la cercanía de quienes han logrado poner sus pensamientos por escrito con un mínimo de rigor. El gran arte se admira años después de su manufactura, en silencio, cuando ya se apagaron los flashes y la crítica ha ponderado aciertos, limitaciones y además ha puesto a dialogar en sincronía obras que fueron creadas sin el mínimo de relación entre ellas.

DOS

Como cada año, la oferta cultural de esta Feria es nutrida. No solo se presentan actores de la vida literaria sino igualmente de otras disciplinas, para darle pluralidad e interés a todos los ámbitos de la actividad intelectual del país. Los autores de Madrid tienen la ventaja de circular de manera permanente en las librerías mexicanas y, por lo mismo, sus libros son leídos en ediciones de impecable manufactura.

Las trayectorias de varios de estos autores se siguen con atención, a lo largo de los años, intuyendo en cada una de sus entregas la posible forma de un nuevo canon para esa literatura nacional. Es necesario señalar que en esta edición la presencia femenina destaca por encima de la masculina. Ahora bien, una literatura de una lengua mayor, como lo es la española, genera escritores a borbotones y no siempre es fácil orientarse en la oferta editorial de España, que es adicta a los premios y cada municipalidad lanza sus convocatorias por género bajo el cobijo de alguna gloria local.

Esta selección personal y sumaria de la extensa lista de invitados, a partir de lo leído y también de lo que puede hallar el lector en la oferta editorial disponible en México, se enlista por estricto orden alfabético en atención al apellido y busca ser una hoja de ruta para leer a ciertos autores de Madrid:

1. Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968)

No es fácil hallar los libros de Marcos Giralt Torrente en México. Uno revisa su bibliografía y es corta en extensión, pero profusa en imágenes y referencias. Son entramados en donde la memoria y el tiempo juegan un rol fundamental para enlazar y romper vínculos afectivos entre los protagonistas. Cuando eres sobrino de Gonzalo Torrente Ballester tienes un compromiso con la literatura más compleja. Sus tres novelas: París (Anagrama, 1999), Los seres felices (Anagrama, 2005) y Tiempo de vida (Anagrama, 2010) deben leerse como ejemplos de un cilindro narrativo que no deja de girar ni aun cuando ya terminó la historia. Los cuentos que integran El final del amor (Páginas de Espuma, 2011) fueron el remate narrativo que dejó clara su vena de autor más europeo que español y más español que solamente madrileño. La experiencia de lectura de cualquiera de sus libros refiere la salud cabal, no solo de la literatura española, sino del acto de narrar como forma superlativa de comunión. Refundación a partir de la angustia de enfrentar la vida.

 

2. Belén Gopegui (Madrid, 1963)

Se ha vuelto célebre que un comentario favorable de Francisco Umbral, vertido en su reseña a la novela El lado frío de la almohada (Anagrama, 2004) sirvió a Gopegui como unción para consolidarse en las filas de la narrativa española. Pese a los méritos de La escala de los mapas (Anagrama, 1993), el lector mexicano la descubrió con asombro en las páginas de Deseo de ser punk (Anagrama, 2009). Ya como parte del catálogo de Random House Mondadori, Gopegui oscila libre entre el estilo intimista desde un “yo” que se atreve a ser un “nosotros” y las preocupaciones de orden social y hasta tecnológicas, como puede leerse en Acceso no autorizado (Mondadori, 2011). La carrera de Gopegui ha sido un constante examen de la situación de la mujer en el mundo contemporáneo, sin extraviarse en la defensa iracunda de ese feminismo que se amputa en contra de sí mismo. Es una narrativa que retrata el desorden del mundo actual aunque con espacio para la sensibilidad de quien es espectador y, por lo mismo, no puede elegir arrinconarse como mecanismo de autodefensa.

 

3. Almudena Grandes (Madrid, 1960)

Almudena, célebre en México y militante exaltada de una izquierda parlamentaria y democrática, a la que recurre como si se tratase de un mantra, saltó a la fama con la adaptación cinematográfica de Las edades de Lulú (Tusquets, 1989) hecha por Bigas Luna en 1990. A partir de entonces su narrativa no conoce los altibajos, pese a que sus novelas son oceánicas y cada vez se tiene menos tiempo de lectura. La guerra civil española, las dificultades de la dictadura y cómo se vivieron ambos fenómenos desde ecosistemas humanos microscópicos, dan cuerpo a la materia de su obra narrativa. El uso reiterado de la polifonía termina por cansar al lector, pese a que cuenta con seguidores a toda prueba. Malena es un nombre de tango (Tusquets, 1994) es una de sus entregas más a la mano. Novelas próximas al entretenimiento, ligeras y lejos de pirotecnias verbales, admiten no obstante una lectura social desde cierta forma de la sensibilidad femenina, modificada en su totalidad después de la muerte de Franco. Una narrativa del tiempo presente para olvidarse del futuro.

 

4. Andrés Ibáñez (Madrid, 1961)

No es inusual escuchar que las aficiones laterales a la literatura distraen del oficio de escribir. Nada más falso. Ibañez es un melómano y ha dedicado parte de sus esfuerzos al entendimiento, disfrute y promoción de la mejor música. Con El mundo en la Era de Varick (Siruela, 1999) se mostró a los lectores como un autor imaginativo y desbordado, casi inasible. La ciencia ficción y la fantasía en español le deben ese aporte al cultivo de un género que lucha por mantenerse en constante movimiento. De aliento monumental, ese autor español ha sido fiel a sus intereses diversos aunque en El perfume del cardamomo (Impedimenta, 2009), libro de relatos, se ajusta a las convenciones del género —al menos por lo que hace a la extensión— y luego de leerlo llego a la conclusión de que es la mejor forma de acceso a su literatura, que anda a paso lento entre el cultivo multiforme de la imaginación y la búsqueda de la forma adecuada para verterla en la escritura. Ibañez está llamado a ser un narrador atípico aunque capaz de suscitar pasiones lectoras entre la multitud, una vez que descubre la pasión por la alta cultura.

 

5. Ray Loriga (Madrid, 1967)

Solo a los despistados les habrá generado estrés que se otorgase a Loriga el Premio Alfaguara de Novela en 2017. Y no porque Rendición (2017) está lejos de ser la historia que lo confirma como narrador en plena forma, sino porque su forma de narrar ya era parte del consumo habitual de quienes leen por la intuición de que a quienes lo hacen les es entregada una llave secreta. Al mezclar el oficio de guionista con el de escritor, se logra una argamasa de imágenes y líneas duras como las que dan vida a sus libros. Ya sólo habla de amor (2008) mostró a Loriga como un experto de la oración seca con efecto duradero. A base de pistoletazos de frases, Loriga gana ventaja en el tramo corto y cada línea avanza hasta lograr que nada la interrumpa en su trayectoria. La crueldad de la vida nocturna y la fauna humana que la puebla, se cruzan en sus páginas para dar vida a entornos desolados en los cuales el acceso a la esperanza es un privilegio equiparable solo al de la muerte. En ese universo de ligerezas y vida al descampado, liberarse carece de sentido porque ya no hay cercas que dividan los espacios.

 

6. Marwan (Madrid, 1979)

La poesía admite ser un reto para la inteligencia —el más alto, acaso— aunque también una forma celebratoria del amor, el deseo, la caricia, el sentimiento a borbotones que genera otra persona en nosotros. Llegó la hora de perderle miedo a las formas cursis de la literatura de altas ventas. Existe como registro y debe ser atendida. La obra de este joven cantautor ha ganado notoriedad a través de las redes sociales, hasta el punto de que no puede ser ignorada. Los jóvenes hallan en sus palabras un camino hacia el entendimiento de lo que viven cuando experimentan el amor. Este autor de sensibilidad acaramelada, risueña y solar, arriesga el pellejo de su carrera musical para abordar el amor de la pareja y el dolor del abandono como forma de llegar al otro. Todos mis futuros son contigo (Planeta, 2015) gana lectores en México y sigue su avance en estas tierras. Marwan ha leído sus poemas en formato de video, lo que ha dado penetración a sus libros. La batalla por los lectores ya no sucede solo a través de la literatura más exigente.

 

7. Rosa Montero (Madrid, 1951)

La loca de la casa (Alfaguara, 2003) fue el libro con el cual los lectores mexicanos descubrieron la obra de esta autora española que se ha vuelto referencia en el medio cultural del país. El ejercicio continuado del periodismo le ha provisto con las armas del oficio narrativo, y lo mismo ha dado a la imprenta narrativa que obras infantiles y juveniles y libros propios del ejercicio periodístico. Montero es una de las apuestas más sólidas en el actual escenario narrativo español y sus novelas son esperadas con gran entusiasmo por un circuito fiel de lectores. Participa con regularidad en la vida pública a través del periodismo y eso le ha dado volumen en la voz para asuntos como el feminismo, la nueva etnicidad europea y España en general. Pese a lo anterior, su última entrega, La carne (Alfaguara, 2016) abre su lugar a paso lento como parte reconocida de su bibliografía. Su narrativa obtiene su mejor insumo del periodismo y eso la hace sutil pero eficaz para abordar cualquier temática y escenario en la trama.

 

8. Antonio Orejudo (Madrid, 1963)

Es uno de los autores más leídos en México desde la aparición de Ventajas de viajar en tren (Tusquets, 2011). El modo coral de estructurar la historia —las historias— dota al libro de esa opción magnética de sembrar en cada página indicios de la siguiente. La posibilidad de una literatura aséptica y exigente, que a un tiempo logra contar una historia, sucede en las páginas de su obra, que avanza con firmeza hacia la consolidación. La publicación de Reconstrucción (Tusquets, 2005) y Un momento de descanso (Tusquets, 2011) se han integrado de manera natural al consumo de los lectores mexicanos, que reconocen en Orejudo al raconteur nato y a un tiempo al observador atento de la realidad no para entenderla ni para (¡dios guarde la hora!) intentar explicarla a los demás, sino con la tarea infeliz de padecerla con menos desagrado. Orejudo mantiene su posición de avance en línea recta y solo un desbalance incontrolado podría desatar una avería en la maquinaria que lo lleva al frente. Una de las trayectorias de las que conviene mantenerse atento.

 

9. Lorenzo Silva (Madrid, 1966)

No deja de ser lamentable que los libros de Silva lleguen a México con menos regularidad de la que deberían. Como cultivador de la novela policiaca, ha dado a la vida a los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro, que investigan delitos y tramas criminales en los territorios más ocultos de la sociedad española. Fuera de la ficción de corte policial, Carta blanca (Espasa, 2013), obra a la que le fue otorgada el Premio Primavera de Novela en su edición 2004, llegó a México con tardanza y Silva ha visto mermada su presencia en este país. Pese a lo anterior, su profusa bibliografía, lo mismo en el ciclo de Bevilacqua y Chamorro, que en no ficción y narrativa sin género, se mantiene como una de las estaciones menos prescindibles de la actual producción literaria española. Da la impresión de que Silva no hace nada más que escribir y, cuando llega a descansar, proyecta la escritura de libros adicionales a su bibliografía. Su libro de relatos Todo por amor y otros relatos criminales (Destino, 2016) mantiene el pulso del lector en su punto más alto, por lo que debería leerse casi de manera inmediata.

 

10. Marta Sanz (Madrid, 1967)

Nadie ha generado tanto entusiasmo en la crítica española reciente como Sanz. Su persecución de los premios (Nadal, Herralde, Ojo Crítico de Narrativa o el Premio Vargas Llosa de relatos), siempre ha ido amparado por una obra que cuando se lee genera entusiasmo a la par que conmoción. Farándula (2015), laureada con el Premio Herralde de Novela, supuso su llegada en firme a los lectores del país, que reconocieron en su obra el sano distanciamiento de los episodios de la guerra civil española, con el uso diestro de un estilo transparente y libre de afectaciones, sembradas en la página por el solo hecho de utilizarlas. La cosecha de premios, que no debe alarmar a nadie, está lejos de confirmar el talento de los autores aunque sería lógico pensar que ningún jurado saltará al vacío sin una red (así fuese de hilo de araña) de por medio. Clavícula (2017) es su entrega más reciente y todo parece indicar que los pronósticos no fueron equivocados. Sanz ofrece carne de narrativa, aderezada del mejor modo, para los nuevos tiempos.

 

TRES

Como es usual en cualquier encuentro, no visitan la Feria la totalidad de los autores de la región o ciudad invitada. En este caso, se detectó la ausencia de los siguientes autores:

1. León Arsenal (Madrid, 1960)

José Antonio Álvaro Garrido (aka “León Arsenal”) ha dedicado sus esfuerzos a lo que comúnmente se denominan subgéneros literarios, como el histórico, el fantástico o el thriller. Máscaras de matar (Minotauro, 2004) fue el título que lo popularizó en México, en especial entre los círculos lectores de fantasía y ciencia ficción. La Historia de España es una de sus pasiones secretas y a ella ha dedicado sendos ensayos, a la par que novelas de largo aliento. Su entrega a los “subgéneros” lo mantiene y mantendrá fuera del circuito más visible de autores españoles contemporáneos.

 

2. Javier Azpeitia (Madrid, 1962)

Tanto Ariadna en Naxos (Seix Barral, 2002) como Nadie me mata (Tusquets, 2007), han logrado elogiosos comentarios por parte de críticos a los que conviene seguir. A este momento, su obra no es copiosa aunque promete ampliarse sustancialmente en el futuro próximo. Ha incursionado en el cine en calidad de guionista y eso ha tenido un efecto notable en su labor narrativa. El trabajo en la edición, por otra parte, puede rastrearse en su labor literaria, ya que en El impresor de Venecia (Tusquets, 2016), por ejemplo, el desarrollo de un texto es pieza clave en la trama.

 

3. Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950)

Este polígrafo ha hecho demasiado por la literatura española, no solo como autor, sino también como filólogo, crítico y editor. Su obra es vasta y apenas requiere alguna presentación. Es un referente vivo del homme de lettres con el sustento de una obra continuada a lo largo de varias décadas. Su obra incluye casi todos los géneros aunque sugiero cualquiera de sus volúmenes de poesía para iniciarse en su trato. La erudición, parece decirnos de Cuenca, nunca está peleada con la celebración de la vida.

 

4. Pablo d’Ors (Madrid, 1963)

D’Ors, que a fecha reciente viajó a México para promocionar su libro Biografía del Silencio (Siruela, 2012), igualmente es un narrador diestro, siempre de ideas, dueño de una densidad pasmosa, en títulos como las indispensables Andanzas del impresor Zollinger (Impedimenta, 2013), publicado originalmente en Anagrama, o El amigo del desierto (Anagrama, 2009). Pablo d’Ors es sacerdote y en sus libros se plantean las preguntas del cristianismo, aunque sin dogmatismo ni tiesura. Nunca hay adoctrinamiento sino una invitación fraterna al autodescubrimiento.

 

5. Menchu Gutiérrez (Madrid, 1957)

Con Gutiérrez, España tiene representación en la literatura más delicada, aquella que apenas necesita sugerencias para llegar al lector y no una trama estruendosa, con explosiones y gritos en los balcones. Sus novelas, lo mismo que los poemarios, han circulado en México y se leen con atención y esmero tanto por los entendidos como por lectores ocasionales. Latente (Siruela, 2003), no obstante, arroja una imagen completa de sus alcances como intérprete de un interior que grita por hallar su rostro en la arena.

 

6. Javier Marías (Madrid, 1951)

Quizá el autor español vivo más importante de nuestra época. Poseedor de un estilo inconfundible, alargado con volutas que parecen no tener fin, en donde la memoria es un artificio que se utiliza a placer para viajar hacia adelante y hacia atrás en el tiempo. La mayoría de sus títulos resultan fundamentales, pero Los enamoramientos (Alfaguara, 2011) lo muestran como un autor generoso con el lector, ya que se limita a contar una historia y pasa de largo ante la posibilidad de ejecutar alharacas técnicas para asombro de los distraídos.

 

7. José María Ridao (Madrid, 1961)

Uno de los ensayistas más preclaros del actual panorama de las letras hispanoamericanas. Su capacidad de análisis es destacable, en parte desarrollada por su labor en el servicio exterior de España, que lo ha enviado en diferentes misiones a lo largo del mundo. La estrategia del malestar (Tusquets, 2014), por ejemplo, es un riguroso panorama de la situación actual del mundo, que si bien concluye descorazonador, nunca se propone dar aliento que no lleve oxígeno. Su andar en la escritura es un paseo de ideas, reflexiones y largos ensayos de interpretación.

 

8. Berta Vías Mahou (Madrid, 1961)

Traductora del alemán, Vías Mahou ha destacado por su narrativa en Yo soy El Otro (Acantilado, 2015). La huella de autores como E. T. A. Hoffmann, a quien conoce como nadie y además de quien ha prologado una reunión de sus cuentos, hace presencia en su modo de narrar y los objetos que construye pelean por su singularidad, oscilando entre el ensayo, la memoria personal, la narrativa más transparente y el instante poético. Una de las obras en construcción más indispensables de la literatura, no solo española, sino hispanoamericana.

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La lista de ausencias podría alargarse con tanta imprudencia como descaro. Faltó Juan Eduardo Zúñiga, por ejemplo. España es una literatura viva y no hace falta que todos acudan a un evento para probarlo. Quizá todos fueron invitados y por motivos de salud o agenda no pudieron desplazarse, además de otros que circulan en editoriales minoritarias sin distribución trasatlántica y que, por lo mismo, apenas figuran en las ternas de selección.

El lector debe saber que una feria del libro no es una asociación de beneficencia, una agencia de viajes y tampoco una plataforma de promoción cultural a fondo perdido. Las grandes editoriales pagan las mesas de presentación y colocan a sus autores en los lugares más cotizados. Con todo, el balance es acertado y cumple su función de ser un enlace entre el lector mexicano y la producción editorial reciente de la capital española.

Luis Bugarini

Escritor y crítico literario. Es autor de Estación Varsovia.

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En cada edición, la FIL de Guadalajara se convierte en punto de convergencia de nuevas o jóvenes editoriales, pequeñas o independientes, que intentan encontrar un lugar en el complejo —y en ocasiones voraz— panorama editorial en español. Durante estos días ofreceremos breves perfiles de estos sellos, muchos de los cuales desembarcan por primera vez en nuestras costas. Nuestro cuarto desembarco es sobre Editorial Trifaldi, que fundó y dirige el filólogo y traductor Máximo Higueras, quien contesta a este carrusel de preguntas y nos habla, sobre todo, de sus libros predilectos.

¿Podría contarnos la génesis del proyecto y si buscaban cubrir alguna necesidad editorial o personal?

El proyecto nace en 2005, precisamente el año en que se cumplían los cuatrocientos años de la primera parte del Quijote. Estábamos orientados a esa celebración y la editorial nació con el objetivo de editar ensayos cervantinos que no se hubieran editado desde hace tiempo. Por ejemplo, el primer título de la editorial es Mujeres del Quijote, un clásico de Concha Espina que no se había vuelto a editar desde 1916. Concha Espina es una novelista española, leonesa, muy conocida que tuvo una parcela de ensayista. Y este es un ensayo muy literario: una recreación suya de todas las mujeres que aparecen en el Quijote, desde la mujer de Sancho Panza, Ana Félix, Dulcinea del Toboso por supuesto, la Duquesa. El nombre, precisamente, de la editorial, remite a la Condesa Trifaldi que aparece en el Quijote. Aparece en ese pasaje del palacio de los Duques donde burlan a Don Quijote con una especie de travesti, un criado de la casa que se disfraza de “dueña dolorida”, que es el otro nombre que tiene la Condesa Trifaldi, para requerir del caballero que la salve: es un personaje muy divertido. Entonces, la editorial nació con vocación de rescate de ediciones que habían sido exitosas en el pasado y que, sin embargo, llevaban mucho tiempo sin editarse. Ese motivo inicial ha ido cambiando con el tiempo, a medida que ves que hay otras parcelas que atender.

¿Cómo consiguieron financiar el proyecto?

Fue con un equipo de tres personas y conseguimos financiar los primeros libros. Luego se ha ido manteniendo con altibajos, pero digamos, una editorial independiente como la nuestra tiene que autofinanciarse o conseguir subvenciones y así seguimos. No hemos dado un título espectacular. Mantenemos una línea más o menos soportable económicamente y algunos títulos han sido un cierto bestseller —dentro de nuestros términos— como la obra de teatro de Jean-Claude Brisville, que coincidió con el estreno en Madrid de esa misma obra, de José María Flotats. Precisamente por el apoyo de Flotats y de Brisville, que todavía vive y ya es nonagenario, ese libro vendió mucho. Ese libro tuvo una primera tirada de mil ejemplares y luego se venderían alrededor de cuatro mil, pero eso en una editorial independiente te aseguro que es muchísimo. De hecho, las tiradas que estamos haciendo ahora son de quinientos, seiscientos, y con la colección de poesía menos.

¿Cuáles serían sus cinco libros clave?

El de Mujeres del Quijote de Concha Espina, por supuesto. Fue un libro muy vendido y muy bien aceptado en ese momento. Hubo artículos en periódicos. Ha sido un longseller, dentro de los límites y con muchas comillas. Espina no era feminista en el sentido que se tiene hoy, pero sí que fue una de las primeras mujeres que se divorció, a principios del siglo XX, en España. Era conservadora escribiendo y en su actitud política también, pero en cuestiones de feminismos tiene una cierta militancia. Y esto es una visión de esas mujeres del Quijote, sus trazas, su perfil, su personalidad. La libertad de Marcela, por ejemplo. Es impresionante ese discurso de Don Quijote en el que habla de que todos requieren a Marcela de amores, pero ella quiere ser libre absolutamente y ser salvaje en el campo: una declaración de principios de libertad femenina.

Concha Espina, Mujeres del Quijote, seguido de “Don Quijote en Barcelona”, Madrid, Trifaldi, 2005, 242 p.

El libro De Don Quijote a Kafka es un ensayo extraordinario de Marthe Robert, una psicoanalista francesa que hace una comparación entre el Quijote y El castillo de Kafka. Va analizando lo que ella llama la literatura “quijotesca” que pasa por ejemplo por Joyce, por Kafka, por esos outsiders de la literatura del momento y quienes más herencia tienen de Cervantes en la literatura de hoy. Al fin y al cabo, todos tenemos la herencia permanente de Kafka y de Joyce, y ellos tenían la herencia cervantina. Ella lo analiza desde un punto de visto freudiano, esa interacción entre lo freudiano y la narrativa.

Marthe Robert, Lo antiguo y lo nuevo. De Don Quijote a Kafka, Madrid, Trifaldi, 2006, 322 p.

También destacaría el de Marcel Proust, que son cuatro trabajos de él. Uno es “Sobre la lectura”, un ensayo muy conocido de cómo se formó como lector. Luego un ensayo que fue sacando en el diario Le Figaro que era “La muerte de las catedrales”, y la correspondencia con Madame Strauss, aparte de ese viaje en automóvil que hacen para ver las catedrales del norte de Francia, por Normandia.

Marcel Proust, La muerte de las catedrales y otros textos, traducción de Máximo Higuera, Madrid, Trifaldi, 2013, 156 p.

En novela, hemos sacado una con motivo de los movimientos sociales en España, del quince-eme, en Madrid: El jardín vertical de López Andrada, un novelista y poeta muy conocido en España. El protagonista es un personaje arrojado del mundo porque se ha quedado sin trabajo, ha perdido todos los valores en los que creía y es alguien muy descreído que tiene una crisis psicótica. El personaje simboliza el desmoronamiento de unos valores que se iniciaron en España con la democracia del 78 y que tiene prácticamente un momento de crisis muy profunda en 2014: la crisis económica hace mirar hacia atrás y empezar a dudar del pasado, como suele ocurrir. El propio título remite a ese jardín vertical de Madrid que hizo Caixa Fórum, que es un museo, como una huerta en una pared inmensa. Pero él lo ve desde el punto de vista de un obstáculo, un muro insalvable que no le permite realizarse como persona social.

Alejandro López Andrada, El jardín vertical, Madrid, 2014, 182 p.

También tenemos la colección de poesía, que lleva cuatro títulos, y que pretende dar voz en España a poetas hispanoamericanos y también poetas del Este, poco conocidos, como el caso del primer título de la colección: El mensajero tardío,de un poeta letón que estuvo propuesto al Nobel, Leons Briedis. Es un hispanista en Letonia, ha traducido a Juan Ramón Jiménez, a Alberti, a César Vallejo, y ahora está traduciendo a Rubén Darío. Había que cubrir esa deuda casi moral que teníamos con él, siendo un hispanista tan conocido que no existiera en castellano. Otro título de esta colección es de un poeta interesantísimo que aglutina toda una corriente de poesía conceptual que se está dando en Perú, Uruguay, México, herederos un poco de Gerardo Deniz, de ese neobarroco, también de Néstor Perlongher.

Leons Briedis, El mensajero tardío, Madrid, Trifaldi, col. Ay del seis poesía, 2017.

¿Cuál es su historia en el mercado latinoamericano?

Somos pequeños y las distribuidoras siempre tienen reticencias, sobre todo si hay que cruzar nueve mil kilómetros. En Argentina, por ejemplo, se puso la cosa muy dura cuando Cristina Kirchner empezó a gravar las importaciones. En México distribuimos con FCE y con Gandhi, a través de Amazon y otras plataformas. Nuestro exportador continuo es La panoplia de libros, que es el exportador que se ocupa de todo América Latina.

¿Qué relación mantienen con el libro digital?

Tenemos dados de alta libros digitales en varias plataformas, en Itunes, Amazon. Los títulos más importantes están en formato digital. Hoy día es necesario no perder ninguna oportunidad, tener todas las plataformas cubiertas.

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