Arrancamos el año con un buen puñado de obras que se liberan del peso de sus derechos de autor y, como siempre, una mirada a las luces y sombras de las redes sociales en los primeros días del 2019.

Literatura de dominio público en 2019

Según las leyes de cada país, y la batalla leonina de herederos o gestores patrimoniales, ciertas obras entran al dominio público después de un número determinado de años. También lo pueden hacer la totalidad de ellas luego de un lapso establecido a partir de la fecha de muerte del autor (post mortem auctoris). Pierden, por alguna de estas dos vías jurídicas, el famoso copyright que las recluye en trámites, permisos y pagos de reproducción a veces estratosféricos. La variedad que muestra el siguiente mapa mundial sorprende por la cotizada posición de México:

Imagen de Balfour Smith, Canuckguy, Badseed, Martsniez, bajo licencia de Creative Commons. Orignal de Balfour Smith at Duke University at page.

Así es, el llamado síndrome Kodama no corresponde a la legislación argentina sino a la nuestra. Según las leyes de derechos de autor mexicanas vigentes, la obra de Octavio Paz, por ejemplo, no hará parte del dominio público hasta 2098. Una suerte muy distinta corren los legados que se liberaron a partir del pasado 1º de enero. Significan el agasajo de editores, libreros, museos, exposiciones y otros institutos con menos caché simbólico (hablando de caché, el primero en “exponer” estas obras será el omnividente y omnisapiente Google).

En Estados Unidos, la ley se modificó en 1998 para extender el copyright: de 75 a 95 años por obra y el post mortem auctoris de 50 a 70 años. La modificación permitió, entre otras cosas, alargar el cobijo del patrimonio de Mickey Mouse (1928) entre las manos de Disney hasta 2023. Ahora, después de 20 años de espera una cantidad masiva de obras ingresan al manejo libre y abierto. Entre ellas están Jacob’s room de Virginia Woolf, The World Crisis de Churchill o New Hampshire de Robert Frost. De otros países entran las obras completas de Antonin Artaud, Marcel Duchamp o Sergei Eisenstein. La universidad de Duke y su Centro de Estudios sobre el Dominio Público presenta una lista más nutrida. La invaluable The Public Domain Review publicó también la terna completa de sus graduados en 2019. Todas estas obras gozarán sin duda de una mejor salud, una circulación fluida.

Luces y sombras de Twitter

Los primeros días de enero nos recibieron de brazos abiertos en Twitter con la estupenda barrabasada de Pérez-Reverte: “Rediós. Qué difícil se está poniendo esto de la literatura”. Lo dijo después de haberse mofado de la cantidad de títulos publicados sobre campos de concentración, empezando por Auschwitz, que ya no dejan “personajes libres”. Cualquier reguero de ironía en esa red inflamable se convierte en estallido. Rápidamente el Museo Memorial de Auschwitz ya estaba dentro del polvorín, lamentándose de las incontables faltas de respeto que había desencadenado Reverte, recordando, por si lo olvidábamos, que “la historia de Auschwitz es la historia del sufrimiento de 1,3 millones de personas”. Así se ahogan los debates siempre en una marea moralina dispuesta a arrasar cualquier mínima enramada de humor. De acuerdo.

En realidad, la respuesta defensiva del escritor español fue la cereza de un pastel ya hediondo: “Mis tuits se burlan de lo mucho que, por modas literarias comerciales, se manosea un asunto que debería tratarse con más rigor y respeto”. Enhorabuena. Empezamos el año con el autor de La reina del Sur jocosamente consternado por el imperio vil de las modas literarias comerciales. Reverte dilapidó el asunto con dos veloces estocadas. La primera fue una estadística nada dudosa, por supuesto: siete de cada diez ofendidos eran independentistas catalanes. Solucionado, Arturo. Segundo, con una declaración magistral a la agencia EFE: “[Twitter] es una herramienta bellísima para muchas cosas, puede convertirse también en un bebedero de patos agitado por los manipuladores y los tontos”. (Últimamente, nos tienen un poco hartos con cuentos de patos o gansos. Basta, por favor. Ellos qué culpa tienen.)

Afortunadamente, no todo es una muestra de la podredumbre de la condición humana en la red de las vísceras interconectadas. El 1º de enero también amaneció con la lectura masiva de La Ilíada, al ritmo más reposado de un canto por semana (bajo #Homero2019). La impulsa Pablo Maurette, el profesor de Chicago que nos puso a leer La Divina Comedia en 2018 y que generó un fenómeno único hasta ahora de crítica y lectura compartida de los clásicos: algunos medios estiman que unas 5 millones de personas en el mundo abrieron las páginas de Dante. Por ahora, el diálogo empieza con la interrogación sobre la identidad de Homero, un poeta o muchos, un ghostwriter reanimado y vestigio de la tradición oral o un conglomerado de tradiciones. Todo vendrá, una vez más, acompañado de las ilustraciones de Leo Achilli:

No cabe duda que esta lectura enriquecida será orta vez una experiencia memorable y acaso, desde las lecturas de la Comedia, el Quijote y el Decamerón, un antecedente importante para la crítica literaria, tan acomodada frente al altar canónico, un estante plagado de nombres propios y genios individuales con escasos, nulos esfuerzos reconocidamente colectivos. Por ahora, el proyecto de #Homero2019 ya tiene lecturas en siete lenguas. La radiodifusora nacional de Francia alegó hace unos días la ausencia de lectores francófonos como motivo de vergüenza. Aquí empieza un nuevo capítulo de la historia de la obra más leída en los últimos 2,500 años.

La segunda lengua más hablada

Entre todo lo que nos dio y quitó el 2018, la lengua española salió airosa. El reporte anual del Instituto Cervantes, El español en el mundo, descubre una nueva cifra: 7,6% de la población mundial es hispanohablante, es decir unas 577 millones de personas. Los “usuarios potenciales” del español —es decir nativos, de competencia limitada y estudiantes de lengua extranjera— crecieron casi 5 millones en 2018. Eso nos otorga el segundo lugar frente al chino mandarín, con 950 millones. Los países donde más se habla español son México, Colombia y España. Aunque sea la lengua más empleada en internet, el inglés queda en tercer lugar, seguido por el francés y luego el árabe. En términos de peso económico, los países hispanohablantes contribuyen con 6,9% del PIB mundial, lo cual los sitúa apenas por encima de los francófonos. En lo que a dominación política y económica se refiere el español sigue en cuarto lugar, detrás del francés, el mandarín y por supuesto el inglés. Más sobre demolingüística en este boletín del Instituto Cervantes.

 

Fuentes: Hyperallergic, The Verge, Smithsonian Magazine, @perezreverte, France Inter, Instituto Cervantes.

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