Recordamos a la primera Premio Nobel afroamericana, cuya vida y obra significan un bálsamo esencial para la cultura estadunidense invisibilizada de las minorías raciales.

Toni Morrison, ganadora del Premio Nobel y voz incomparable de la literatura estadounidense, falleció ayer a la edad de 88 años. El acontecimiento de su muerte ha pesado en el aire americano de tal manera que algunos simplemente escribieron: “no”; y “esto no está sucediendo” sin ninguna referencia directa a las noticias.

Con una carrera que abarca más de cinco décadas, fue autora de 11 obras de ficción así como de varias colecciones de ensayos y libros infantiles, dedicados a la exploración de la vida afroamericana, y en particular la condición de las mujeres negras, en Estados Unidos.

Sus novelas, más que otros registros, tienen una prosa singular: la vida negra en un coro griego lleno de amor, violencia y verdad más allá de los confines del realismo narrativo. Su manera de tratar la historia es no dejarla aparecer en modo declarativo, sino que más bien esconderla en la oscuridad, pero hacerla brilla, en los espacios más íntimos. El único escritor que admite una comparación adecuada con el estilo y la amplitud de Morrison es Gabriel García Márquez.

Descentrando lo que ella llamó el “white gaze” [“mirada blanca”], Morrison creó personajes complejos que subvertían los retratos idealizados de los afroamericanos y escritos principalmente para una audiencia blanca. Sus libros no se preocuparon por cambiar el discurso cultural, sino por quién habla y a quién se le habla.

En una entrevista con The Guardian en 2015, Morrison dijo: “Escribo para gente negra de la misma manera en que Tolstoi no escribía para mí, una niña de color de 14 años de Lorain, Ohio. No tengo que disculparme. El punto es que el crítico blanco no se siente en tu hombro y lo apruebe”.

Es difícil subestimar el impacto de Morrison en la cultura estadounidense: tantos sectores consideran esencial su obra para las letras estadounidenses, que cualquier consideración intelectual seria y dinámica sobre la vida norteamericana quedaría incompleta sin, al menos, un reconocimiento de ella.

Nacida el 18 de febrero de 1931, con el nombre de Chloe Ardelia Wofford, Morrison creció en Lorain, Ohio, una comunidad obrera racialmente integrada. Se puso “Anthony” de segundo nombre después de unirse a la Iglesia Católica Romana a los 12 años.

A menudo su padre tuvo dos trabajos, para ahorrar suficiente dinero y poder enviar a su hija a la universidad. Asistió a Howard, una universidad históricamente negra en Washington D.C., y luego obtuvo la maestría en Literatura por la Universidad de Cornell.

Después de que su matrimonio con Harold Morrison se disolviera en 1964, Morrison se mudó a Nueva York con sus dos hijos pequeños para trabajar como editora en Random House. En esa casa editorial, Morrison defendió a voces negras como Angela Davis, Gayl Jones y Muhammad Ali, que en el mejor de los casos fueron relegadas, descuidadas o ignoradas por otros editores. Pero en los breves intervalos entre la maternidad soltera y el trabajo editorial a tiempo completo —se despertaba antes del amanecer para escribir antes de que se levantaran sus hijos— comenzó a contar la historia de una joven negra convencida de que es espantosa, según los estándares de belleza de la sociedad blanca, y reza por tener ojos azules. Después de arrebatarse momentos así para escribir durante cinco años, Morrison publicó su primera novela, The Bluest Eye; tenía 39 años.

En un perfil de The New Yorker de Morrison, Hilton Als explica el significado de su trabajo en una escala cultural más amplia: “Antes de finales de los años sesenta, no existía un verdadero currículo de ‘Black Studies’ en la academia, y mucho menos un programa de estudios postcoloniales o un programa feminista. Como editora y autora, Morrison, respaldada por el poder institucional de Random House, proporcionó el material para que se iniciaran los debates. El advenimiento de los Estudios Negros indudablemente ayudó a Morrison también: ‘Fue la comunidad académica la que dio vida a The Bluest Eye’, dijo ella. ‘La gente lo ponía en sus asignaturas. Los estudiantes compraban el libro en rústica’”.

Su novela Beloved, ganadora del Pulitzer en 1988, se sitúa en algún lugar entre una historia de fantasmas y una injerencia en el tapiz del mundo. Basada en la historia de Margaret Fuller, una ex esclava que mató a sus hijos en lugar de devolverlos a la esclavitud, Beloved cuenta la historia de una madre cuya hija asesinada regresa con ella después de la Guerra Civil. Una encuesta realizada entre escritores, críticos y lectores de The New York Times, calificó el libro como la novela estadounidense más importante del último cuarto del siglo XX.

En 1993 Morrison fue la primera mujer negra en recibir el Premio Nobel. Como explicación del premio, el comité del Nobel calificó a Morrison como “[una escritora] que le da vida a un aspecto esencial de la realidad estadounidense en novelas marcadas por la fuerza visionaria y la relevancia poética”.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel, una obra maestra en sí misma, hallamos el acceso más claro a la filosofía del lenguaje de Morrison: “El lenguaje nunca puede detener la esclavitud, el genocidio, la guerra. Tampoco debe anhelar la arrogancia de poder hacerlo. Su fuerza, su felicidad, estriba en alcanzar lo inefable”.

 

Rebecca Zweig
Poeta, educadora, y periodista.

 

 

Un comentario en “Toni Morrison (1931-2019), de camino a lo inefable

  1. El nombre de la esclava que inspiro Beloved es Margaret Garner, no Fuller, la feminista del siglo XIX. Echo en falta que no mencione La Cancion de Salomon. Buen texto, y el final es excepcional