Después de ocho temporadas llega el ansiado final de una de las series más aclamadas de la historia, una obra de fantasía, original como pocas, que sin embargo recurre a episodios concretos de la historia, a referencias mitológicas y literarias, todas ellas clave para explicar el fenómeno que ha sido y seguirá siendo Juego de tronos.


Es común que, al leer una novela o ver una película por primera vez, reconozcamos elementos de otro lado. Todos los autores toman prestado de otras obras. En una serie de televisión tan larga como Juego de tronos (2011), que transmitirá su capítulo final el próximo 19 de mayo tras ocho años al aire, es casi inevitable. Son herramientas. Algunas establecen rivalidades o ayudan al diseño de grandiosas batallas; otras dictan reglas del universo fantástico medieval en el que se desarrolla; y otras más moldean personajes o enfatizan un mensaje. Todo con el fin de contribuir al conocimiento de la especie.

Desde el estreno de la serie se han señalado sus parecidos con la historia medieval europea, como la guerra entre los Stark y los Lannister y la Guerra de las Rosas entre los York y los Lancaster, esta última repleta de conspiraciones políticas, arrebatamientos de poder y batallas campales que el autor de ficción puede utilizar para salpicar de realismo su propia narrativa. No es coincidencia que en la Batalla de los Bastardos, de la sexta temporada, el ejército del villano Ramsey Bolton use la misma táctica con la que el ejército púnico de Aníbal derrotó al romano en la Batalla de Cannas: rodear al enemigo con dos semicírculos concéntricos que van reduciendo su perímetro; los poetas se han inspirado en nuestra propia historia desde la primera vez que pintamos una escena de caza en una cueva o quisimos explicar el fenómeno del día y la noche, la lluvia o el cambio de estaciones.

Como las estratagemas y la historia, las mitologías de las diversas culturas son fuente inagotable de criaturas, lugares y hasta eventos fantásticos y terribles. El invierno al que se refiere la célebre frase Winter is coming (el invierno se acerca) es uno especialmente largo y severo, muy similar al Fimbulwinter, que es preludio al apocalipsis en la mitología nórdica: el triple de largo de lo normal, tras el que estallarán un sinfín de guerras con solo dos sobrevivientes: un hombre y una mujer. Además, en dicha mitología, Odín puede poseer y ver a través de los ojos de cuervos y lobos de la misma manera que algunos personajes del programa. Así, la mitología nórdica le aporta andamiaje, reglas, y hasta una amenaza central. Sin embargo, no es el único conflicto que se resolverá en la octava temporada.

Imposible no involucrar a Shakespeare cuando se medita sobre la ambición y el poder. En Juego de tronos, éste reside en distintos lugares, dependiendo a quién se le pregunte: en la familia, en los amigos, en el conocimiento. Cersei Lannister (Lena Headey) argumenta que reside en sí mismo (“el poder es poder”),1 y su ambición por obtenerlo es la primer señal de su enorme parecido con Macbeth y su pérdida de humanidad; le sigue el insomnio y, por último, toda capacidad de sentir. El escocés no puede dormir (“¡Perder el sueño, que desteje la intrincada trama del dolor, el sueño, descanso de toda fatiga: alimento el más dulce que se sirve a la mesa de la vida”)2 y reacciona con un terrible estoicismo a la muerte de su esposa: “¡Ojalá hubiera [muerto] más tarde! No es oportuna la ocasión para tales nuevas.”3 Cersei también es insomne: “no duermo muy bien. De hecho, en absoluto. Me quedo despierta […] imaginando maneras de matar a mis enemigos,”4 y se comporta igual ante el suicidio de su hijo Tommen. El primer avance de la octava temporada enfatiza esto último cuando Jon Snow advierte que “Nuestro enemigo no se cansa, no se detiene, no siente”, mientras vemos a Cersei sorbiendo su eterna copa de vino.

Una ventaja de estos paralelismos es que nos permiten anticipar posibles eventos de la nueva temporada. Las profecías son engañosas: parecen específicas siendo ambiguas, lo que ocasiona que los personajes que las reciben cometan errores de juicio fatales. Cersei quizá muera de una manera similar a Macbeth a manos de Daenerys Targaryen (Emilia Clarke)—directa o indirectamente—, ya que, al igual que Macbeth, una bruja profetiza su destino: “Serás reina, por un tiempo. Luego aparecerá otra, más joven, más bella, para hacerte caer y tomar todo lo que te es preciado”.5 Profecía que su rivalidad con Margaery Tyrell (Natalie Dormer) parece haber cumplido. Sin embargo, al final de la temporada anterior Cersei pierde algo ciertamente preciado: su hermano, amante y último familiar, Jamie (Nikolaj Coster-Waldau), la abandona para unirse al ejército de Daenerys, precisamente.

Durante la temporada pasada finalmente fue revelado que Jon Snow (Kit Harington) es producto del romance prohibido entre Lyanna Stark y Aegon Targaryen, origen desconocido para todos desde que Ned Stark (Sean Bean) muere al final de la primera temporada y hasta que Brandon Stark (Isaac Hempstead Wright), su hijo, adquiere sus poderes videntes, similares a Odín. Sin embargo, es incapaz de advertírselo y así evitar que inicie una relación íntima con Daenerys, su tía. No se requiere un estudio riguroso para reconocer los elementos de Edipo rey, por los que podemos anticipar que los involucrados no tendrán un final muy feliz. Cuando se revela la verdad en la obra de Sófocles, Yocasta—madre y esposa de Edipo— se suicida y él se ciega a si mismo con los broches de su vestido. No nos sorprendamos entonces si Jon Snow pierde la vista en la última temporada.

Estas solo son algunas de la plétora de referencias—históricas, literarias, cinematográficas—que podemos encontrar en Juego de tronos si rascamos un poco. Pero, con tantas que construyen, pueblan y predicen este universo, ¿significa entonces que no tiene un ápice de originalidad? Por el contrario. Para T. S. Eliot, la originalidad proviene justamente de cómo usa el poeta las obras de otros autores en la suya. O, como lo explica el profesor Thomas C. Foster con mayor sencillez:

Lo que ocurre si el escritor es bueno, normalmente no es que la obra parezca derivativa o trivial, sino justo lo contrario: en realidad la obra adquiere profundidad y resonancia de los ecos y repiques que establece con textos anteriores.6

Si bien los productores de Juego de tronos —entre los que está George R. R. Martin, autor de la saga en la que se basa la serie— toman prestados un sinfín de elementos de un sinfín de obras, los modifican para reflejar preocupaciones modernas. La invasión de los Caminantes Blancos proviene de la mitología nórdica pero permite interpretarla como un comentario acerca del escepticismo y la falta de acciones de los países del mundo ante el calentamiento global, como lo dice el mismo Martin:

La gente de Westeros está peleando sus batallas individuales para ganar poder, estatus y riquezas. Y esas los distraen tanto que están ignorando la amenaza de “el invierno se acerca”, que tiene el potencial de destruirlos a todos y destruir su mundo.7

La ambición shakesperiana de Cersei por el poder, su relación incestuosa con su hermano Jamie, que ha producido varios hijos de cabellera rubia, su aversión a mezclar su sangre con otras y ante las deformidades físicas de su hermano Tyrion (Peter Dinklage), refleja el dañino concepto de la raza aria que, adicionalmente, hoy tiene un resurgimiento importante.

Así, una serie de televisión con un marco medieval fantástico toca temas ecológicos, políticos y sociales del mundo moderno a través de elementos que reúne del acervo total del conocimiento humano, mismos que modifica y utiliza para sus propios propósitos—para su propia historia—y que, a su vez, al formar parte de esa misma fuente, será utilizada por otros autores en sus propias historias; simbiosis fundamental de nuestra existencia, ya que usamos dichas historias a diario, “podemos recurrir a ellas, podemos acceder a ellas, y añadir a ellas cada que queramos”8 para formar lo que James Cooper Lawrence llamó “la antología del mundo” y T. S. Eliot, simplemente, “tradición”, que los poetas alteran permanentemente; la historia mayor, única, que trata de “lo que significa ser humano.”9

 

Patricio Bidault
Estudiante de Letras Inglesas en la UNAM. Ha publicado sus estudios sobre cultura popular en Casa del tiempo y Mundo Mórbido, entre otras.


1 “The North Remembers”. Game of Thrones. David Benioff & D. B. Weiss (escritores), Alan Taylor (director). HBO, Time Warner, Nueva York, Estados Unidos. 1º de abril del 2012.

2 William Shakespeare. Macbeth. Marcelino Menéndez y Pelayo (traductores). martín Cid (editor). II.ii. p. 39. http://www.martincid.com

3 Ibidem. V.v. p. 106.

4 “The Queen’s Justice”. Game of Thrones. David Benioff & D. B. Weiss (escritores), Mark Mylod (director). HBO. Time Warner, Nueva York, Estados Unidos. 30 de julio del 2017.

5 “The Wars to Come”. Game of Thrones. David Benioff & D. B. Weiss (escritores), Michael Solvis (director). HBO. Time Warner, Nueva York, Estados Unidos. 12 de abril del 2015.

6 Thomas C. Foster. How to Read Literature Like a Professor. A Lively and Entertaining Guide to Readhing Between the Lines. Harper Perennial. Second Edition. U.S.A. 2014.p. 195.

7George R. R. Martin Answers Times Staffers’ Burning Questions”. Jamie Sims (productor). The New York Times Style Magazine. 16 de octubre de 2018.

8 Thomas C. Foster. How to Read Literature Like a Professor. A Lively and Entertaining Guide to Readhing Between the Lines. Harper Perennial. Second Edition. U.S.A. 2014.p. 200.

9 Ibidem.p. 194