“Al recrear, miramos hacia atrás, y en este retorno
a coreografías anteriores, encontramos la voluntad para seguir inventando.”1
André Lepecki

 

Si en los archivos se narra la historia oficial, es ahí también donde se pueden inscribir otros pasados y pensar futuros alternos. Esto es lo que hace, a través de la danza, el proyecto del coreógrafo francés que actualmente se presenta en el Museo Jumex. Una forma de repensar lo que fuimos y reescribir lo que podemos ser.

Hace no tanto, cuando le preguntaban a un niño “¿qué quieres ser de grande?”, era poco probable que respondiera: “quiero ser coreógrafo, bailarín profesional, o performer de danza contemporánea”. Pero si lo hubieran hecho, apostaría que casi cualquier adulto habría quedado escandalizado, apabullado por la ingenuidad del niño o niña que, sin saberlo, se plantea una carrera difícil e incierta, por no llamarla ingrata. Sobre todo hoy, que en las sociedades neoliberales pensar desde y con el cuerpo se ha vuelto una postura casi política, por ir en contra de las exigencias de productividad establecidas. Con esto en mente, es inevitable preguntarse por el camino o las motivaciones que llevan a alguien a dedicarse a la danza. ¿Cuáles son los factores económicos, históricos y políticos que acompañan la decisión de bailar?

Imágenes de Retrospectiva de Xavier Le Roy. Museo Jumex, 2018.
Fotografías: Ramiro Chaves.

Retrospectiva, el proyecto del coreógrafo francés Xavier Le Roy en el Museo Jumex, explora estas preguntas a través de las historias de 15 performers. Cualquiera que haya visitado la recién estrenada exposición sabrá que no es fácil de describir, pero quizás la forma más sencilla sería decir que es algo que se mueve entre el teatro, la coreografía y la exhibición. Una de las performers, Mariana Arteaga, la describe como un proyecto “que busca dislocar lo que entendemos sobre la danza, sobre el tiempo y sobre el cuerpo que baila.” Nadia Lartigue, quien también participa enla muestra, la define como “un dispositivo coreográfico que sucede dentro de un museo (…) una exposición de cuerpos vivos, de personas que juegan con el material del coreógrafo Xavier Le Roy, y que han sido invitados, no a repetir, sino a retomar su trabajo”.2 En palabras del teórico de danza y coreografía André Lepecki, Retrospectiva promueve “nuevas posibilidades para repensar la relación entre cuerpos, subjetividades, políticas y movimiento”.3

Para entender mejor el contexto en el que nace esta exposición, hay que remontarse a 2012, cuando Le Roy fue invitado a concebir un proyecto para la Fundació Tapiés en Barcelona. Las condiciones que puso la directora artística en ese momento, Laurence Rassel, eran solo un par, pero muy específicas: que la pieza fuera creada para el espacio del museo, y que pusiera en evidencia su propio proceso, es decir, que la obra se creara al mismo tiempo que era exhibida. En vez de intentar convertir la sala de exposición en un teatro, Le Roy decidió trabajar con las convenciones de una institución dedicada al arte, con la permanencia voluntaria del publico en las salas y los horarios de apertura, así como con las expectativas de quien la visita.

En los últimos seis años, Retrospectiva se ha presentado en doce ocasiones en ciudades como París, Taipei, Nueva York y Río de Janeiro. Como el elenco está compuesto por bailarines locales, cada edición es completamente distinta, aunque mantiene una mecánica similar. En el Museo Jumex, al entrar en la galería uno encuentra cuatro performers; tres de ellos interpretan fragmentos de las coreografías en solitario de Le Roy como si se trataran de fotografías, videos, objetos o instalaciones de sonido. Algunos permanecen inmóviles en una pose específica, como pintados en oleo o como si fueran estatuas, mientras que otros repiten un loop: una secuencia de movimientos que recuerda las proyecciones y filmes del videoarte. El cuarto performer es quien presenta su “retrospectiva individual”, un recuento personal de lo que le ha llevado a bailar. Este relato es contado en primera persona, intercalado con fragmentos de obras de Le Roy e interludios de danza que sirven para comentar o ilustrar la historia.

Los performers no tienen que explicar nada acerca de los fragmentos que presentan —no se vuelven voceros glorificados ni representantes de Le Roy— solo utilizan el trabajo para sus propios fines.  Escogen los fragmentos que quieren incorporar a sus retrospectivas individuales a partir del archivo de solos, con el único criterio de que despierte algo en ellos, ya sea una emoción, un recuerdo, o que la asocien con algo específico en sus vidas. En este sentido, Retrospectiva no es un retrato del reconocido coreógrafo, sino un panorama compuesto por 15 individuos que durante tres semanas se exponen a sí mismos con una generosidad abrumadora. Es inevitable encontrar ecos de sus historias en nuestra realidad, descubrir cosas que tenemos en común, o sentirse transportado en el tiempo.

Hay quien escoge hablar de los maestros y mentores que la han acompañado a lo largo de su carrera, o quien narra las pericias de fundar y mantener una compañía de baile independiente. Hay quienes vienen de otras latitudes, y quienes han encontrado en el funk y en el drag un espacio para dar cabida a otras versiones de sí mismos. Un performer, al igual que Xavier Le Roy, dejó la medicina para entregarse de lleno a la danza; y otro más se pregunta en voz alta “¿de qué sirve la coreografía cuando las calles son ya el escenario de muchos cuerpos, que se mueven al unísono para protestar la violencia y la impunidad?”. Hay coreografías que hacen referencia a la cultura popular, a los chambelanes de los XV años y a los bailables de Britney Spears, pero también hay historias sobre el exilio y la búsqueda permanente de una identidad, sobre los 43 de Ayotzinapa, y lo que se siente tocar por primera vez a un muerto.

En la parte de atrás hay otro espacio con tres computadoras y dos performers más, descansando, pero también dispuestos a conversar y responder preguntas de los visitantes. En las máquinas se nos invita a navegar por el archivo de imágenes, artículos, entrevistas y videos que documentan todos los solos utilizados para crear Retrospectiva, así como lecturas relevantes para la práctica de Le Roy. Esta especie de fábrica pone a disposición del público la materia prima que tuvieron los performers para preparar sus retrospectivas, mismo que cobra vida en la sala. El cuerpo de cada uno puede pensarse como un archivo, un registro vivo, complejo y problemático, que carga con su versión de las coreografías de Le Roy, así como con el archivo de su propio cuerpo.

Para pensar este archivo corporal vale la pena considerar lo que Lepecki ha escrito sobre la “voluntad para archivar.” Este concepto aplica a todos los proyectos que, como Retrospectiva, tienen “la capacidad para identificar en obras pasadas aquellos potenciales creativos que aún quedan por explorar”.4 Por un lado esto se puede apreciar en el cuarto de las computadoras, donde se vuelve visible la relación entre el trabajo físico y las investigaciones intelectuales y creativas de los bailarines, el trabajo inmaterial que también forma parte del proceso de cualquier coreografía. Por otro lado, al componer y presentar sus “retrospectivas individuales”, los performers activan otro archivo, uno infinitamente creativo, inacabado, y profundamente humano.

Esta fascinación por el archivo la comparten otros campos del conocimiento, desde el pensamiento decolonial hasta la teoría de género. El interés de estas disciplinas no viene de una simple curiosidad por el ayer, entendido como algo cerrado y resuelto, sino de ver ahí un potencial real para intervenir. Si en los archivos se narra la historia oficial, es ahí también donde se pueden inscribir otros pasados y pensar futuros alternos. Como bien señala la profesora de estudios de género de la Universidad de Berkley, Paola Bacchetta, esta concepción beneficia especialmente a los archivos que buscan dar voz a historias más frágiles, o que han sido invisibilizadas por las narrativas dominantes, como es el caso de los archivos queer y transraciales que a menudo existen en formatos poco convencionales, o en fragmentos dispersos, a la espera de ser recabados.5

A partir de proyectos como Retrospectiva, el archivo emerge como un lugar compartido, que permite mantener el pasado incompleto y en constante transformación.6 Le Roy explora la idea de la retrospectiva como un proceso continuo, la construcción constante del pasado que sigue escribiéndose en el presente.  La exhibición nos propone desentrañar y recomponer el archivo, poniendo en evidencia las formas de control y poder que tomamos por sentado en los procesos de la vida diaria.  El acto de mirar hacia atrás nos devuelve un ahora lleno de memorias y emociones, un ahora incierto pero arraigado en los afectos, y sobre todo en el cuerpo.

¿Y qué opina el público de la exposición? Hay quienes pasan de largo en la galería, se ven confundidos y no entienden por qué hay una sala vacía en el Museo Jumex. Pero para quienes tienen un poco de paciencia la recompensa es grande. Muchos se expresan conmovidos, y más de uno menciona que sería buena idea hacer el mismo ejercicio con ellos mismos, volver en el tiempo y seleccionar esos eventos que nos han llevado a ser las personas que somos hoy. El prospecto es emocionante, pero también aterrador: ¿somos aquello que queríamos ser? y si no lo somos, ¿qué decidimos hacer en vez? La historia que contamos sobre nuestro pasado es la que da forma al mundo en el que vivimos.

 

María Emilia Fernández
Historiadora del arte y asistente curatorial de Retrospectiva en el Museo Jumex.

Hasta el 28 de octubre, 2018
martes a domingo, 11 am a 8pm
Gracias a Andrea Ancira por las referencias al archivo.


1 André Lepecki,, “The Body as Archive: Will to Re-Enact and the Afterlives of Dances”, Dance Research Journal 42/2 invierno 2010, p 42.

2 Entrevistas realizadas por el Museo Jumex a los performers de Retrospectiva. Podrán verse una versión editada en la página web del museo próximamente.

3 Andre Lepecki, Exhausting Dance: Performance and the Politics of Movement, 2006, p 5.

4 Lepecki propone analizar las motivaciones afectivas, políticas y estéticas que han estimulado muchos proyectos de danza y coreografía recientes, en los que se reflexiona sobre el potencial del archivo para cuestionar las relaciones de poder que existen en la sociedad. Lepecki, André. Op.cit. p 31.

5 Paola Bacchetta, “‘Re-Présence’: Les Forces Transformatives d’Archives des Queers Racisé.e.s.”. Consultado el 8 de octubre de 2018.

6 Como señala la escritora y curadora Ariella Azoulay, se vive no solo un mal de archivo como lo explicaba el filósofo Jaques Derrida en 1995, sino una “fiebre de archivo” (archive fever, retomando la traducción al inglés del mismo libro). Se trata de una pasión febril y contagiosa, que resulta en iniciativas para crear nuevos archivos, y exigir el derecho a reorganizar los que ya existen. “A partir de la creación de nuevas redes (civiles) sociales, estos proyectos han tomado un rumbo radical e imparable.” Según Azoulay, “esta nueva forma de pensar el archivo, en la que todos producen y comparten imágenes, sabiendo que éstas siempre exceden nuestra capacidad para entender el total de su contenido y significado”, nos ha llevado a concluir que “la labor interpretativa es una tarea que requiere de colaboración con otros.” Ariella Azoulay, “Archive”, Political Concepts: A Critical Lexicon, 2012. Consultado el 8 de octubre de 2018.