El presidente francés Emmanuel Macron anunció a finales del año pasado que les devolvería a distintos países africanos el patrimonio que les pertenece y que Francia alberga desde hace siglos en sus museos. Hace unos días, Benín les tomó la palabra con respecto a una serie de estatuillas que están en el Musée du Quai-Branly en París. Es cierto que las colecciones de arte africano, prehispánico y de la antigüedad que están en los museos más importantes del mundo no se construyeron pidiendo permiso y que la historia de los saqueos y abusos merece ser contada y reflexionada. Esta lista de libros evalúa el fenómeno del patrimonio de la humanidad y su sospechosa ubicación actual desde distintas aristas.

El Partenón en Londres

Una de las obras “descolocadas” más famosas del mundo es la Cariátide que se encuentra en una sala del British Museum en Londres desde 1801, no sin malestar y enojo por parte de Grecia. La imponente estatua que detenía el arquitrabe en la cara sur del Partenón fue separada de las otras cinco del grupo cuando Lord Elgin la embarcó entre múltiples joyas provenientes del templo a principios del siglo XIX, con las que llenó decenas de cajas. Además de la estatua de más de dos metros, la colección de quien fuera el embajador de Inglaterra en el Imperio otomano llegó a la costa inglesa con una buena parte del friso original de la fachada del templo, entre otras piezas.

En su libro, Los mármoles del Partenón, el conservador de arte antiguo B.F. Cook relata la historia de la colección de Elgin —representativa mas no la única con piezas del edificio ateniense en el British Museum. El trabajador de este recinto cuenta  sucintamente el devenir de las piezas de Elgin, desde su inclusión en el Partenón en el 438 a.C., deteniéndose en los detalles sobre la función que cada una tenía en el rito griego, hasta que fueron a parar en las discusiones del parlamento británico que finalmente decidió expropiarlas en 1816 a un precio considerablemente modesto. A pesar de que el autor detalla los pormenores de la adquisición de Elgin, sin ocultar que se trató poco menos que de un robo, la historia que cuenta Cook no escapa del paternalismo que en su momento le sugirió al diplomático que las piezas estarían mejor cuidadas en Europa. Frente a esta idea generalizada, el equipo de conservación del museo de la Acrópolis se ha dedicado los últimos siete años a probar que puede cuidar de las piezas restaurando incansablemente las Cariátides que aún mantiene.

B.F. Cook, Los mármoles del Partenón, Madrid, Akal, 2000.


La historia no oficial

En el afán de desenmascarar la historia detrás de esas salas repletas de esculturas, sarcófagos, figuras rituales y hasta templos, Sharon Waxman rastreó las anécdotas de robos, sobornos, mentiras y una que otra buena intención que acompañan al British Museum, pero también al Museo Metroplitano de Nueva York, al Louvre y al Getty en Los Ángeles. Revisa las adquisiciones más polémicas de estos gigantes culturales e indaga desde el periodismo cómo es que semejantes traslados fueron posibles. Con esta perspectiva recuerda la polémica del llamado “tesoro lidio” que el Met adquirió a finales de la década de los sesenta y no devolvió sino hasta 1993, o la colección egipcia del British Museum que alberga injustamente a la piedra Rosetta.

La obra de Waxman se sitúa en el contexto de las legislaciones de la UNESCO que a partir de 1970 prohibieron la exportación del patrimonio cultural. Por eso, la autora también se preocupa por considerar los argumentos que tienen los museos occidentales para no devolver las obras, sin importar las sospechosas condiciones de su obtención. Las respuestas que van desde las condiciones para la conservación, hasta la concepción que tienen de sí mismos de ser espacios “universales” hace de la investigación de Waxman un texto que es al mismo tiempo divertido y preocupante.

Sharon Waxman, Saqueo. El arte de robar arte, Madrid, Turner, 2011.


El favorito Egipto

A pesar de lo escandalosos que nos resulten los saqueos a manos de los imperios del siglo XVIII y XIX, Napoleón y sus secuaces no inventaron nada: saqueos ha habido siempre y sus resultados a veces fueron determinantes para la historia.  La obra clásica de Brian M. Fagan El saqueo del Nilo: ladrones de tumbas, turistas y arqueólogos relata el halo de misterio que cubría a  Egipto desde que Herodoto escribió la primera narración histórica del mundo. La fascinación que esa antigua civilización suscitó desde entonces estuvo acompañada del afán de poseer aunque fuera una muestra minúscula de sus tesoros.

A partir de distintas fuentes, este arqueólogo nos habla de los buscadores de tesoros islámicos, del mercado de momias, de las expediciones napoleónicas, del primer hombre en entrar a la pirámide de Quefén en Guiza: un ladrón que indirectamente fomentó las bases de la egiptología actual, así como del feliz desenlace logrado por quienes llegaron a copiar los jeroglíficos en los templos para tratar de descifrar algo de ese mundo que les fascinaba. Lleno de situaciones improbables, el libro traza el camino que acabó con el descubrimiento de la tumba de Tutankamón y, de algún modo, con la desidealización de un misterio envolvente.

Brian Fagan, El saqueo del Nilo: ladrones de tumbas, turistas y arqueólogos, Barcelona, Crítica, 2007.


¿Y los países colonizados?

La ola de interés por la antigüedad y los pasados de otras culturas que vemos en los siglos XVIII y XIX en Europa no pasó desapercibida en lugares como México. Como es el caso de otras naciones que suelen ser las víctimas de estas historias, México también participó  de los intereses y necesidades culturales instauradas por el estado-nación. Las formas que tomó esto en el caso mexicano son revisadas por Miruna Achim en su libro recién publicado: From Idols to Antiquity. Forging the National Museum of México.

Como indica el título, la autora se centra en el Museo Nacional creado en 1825, cuando México cumplía apenas unos años de ser una nación independiente y estaba buscando resolver su crisis identitaria. Para ello, la interpretación y narración del pasado precolombino y su lugar en la historia del mundo eran fundamentales. Con la perspectiva de una historia de la ciencia más que del arte, Achim hace el retrato epistemológico del recinto: su manera de conjugar historia, arte, ciencia y otras curiosidades en un discurso unificador y explicativo de la nación. Ciertamente, éste fue un proyecto que necesito de personajes específicos y el libro los recuerda también con detalle. Como la autora misma lo ha explicado, esta investigación cubre un vacío historiográfico importante que seguramente motivará nuevas preguntas.

Miruna Achim, From idols to antiquity. The forging of the National Museum of Mexico, Nebraska, Nebraska University Press, 2017.


Políticas de estado

Finalmente y para regresar al caso de Francia, el libro de Sally Price Paris Primitive. Jcques Chirac’s Museum on the Quai Branly es una revisión del polémico museo concebido por el presidente Jacques Chirac e inaugurado apenas en 2006 junto al Sena. Aunque la acumulación y exhibición de piezas de otras partes del mundo tienen una larga historia en Francia, el expresidente francés siempre había mostrado un interés particular en las expresiones artísticas y culturales de otras civilizaciones. Por eso, la pregunta que motiva la investigación de Price busca conjuntar ambos temas: ¿qué nos dice el pensamiento y el proyecto de Chirac sobre los museos a principios del siglo XXI en general y, sobre todo, de los museos occidentales que exponen obra de culturas ajenas?

La pregunta se resuelve desde varios ángulos. El libro de la autora de Arte primitivo en tierra civilizada (Siglo XXI, 1993) es al mismo tiempo biografía, historia intelectual y una disquisición sobre el lugar que tienen estos ejercicios etnográficos en una Francia cada vez más plural. Uno de los ejes articuladores del libro —y más interesantes al momento de pensar en cómo se forman estas instituciones— es la descripción de la amistad entre Chirac y el antropólogo Jacques Kerchache quien logró, según Sally, “que el amor [del presidente] por las culturas se canalizara políticamente”. Además revisa las políticas culturales de Francia en las últimas décadas  e incluye entrevistas y correspondencia para empezar a discernir qué es lo que a esta sociedad le ha atraído tanto de aquello que no dudó en llamar “arte primitivo”.

Sally Price, Paris Primitive. Jcques Chirac’s Museum on the Quai Branly, Chicago, The University of Chicago Press, 2007.