Recordar las reivindicaciones de la huelga general que paralizó a Francia hace medio siglo es importante para no definir el 68 solamente como un año de revuelta cultural, sino también como un movimiento político y de clase. Sus protagonistas no solo fueron estudiantes existencialistas o bohemios del barrio Latino: fueron trabajadores, revolucionarios y militantes anticolonialistas con apuestas organizativas, debates estratégicos, derrotas y recuerdos. Este texto revive las movilizaciones obreras que acompañaron al descontento estudiantil en un mes que puso en jaque al orden establecido y cuya herencia sigue vigente.

A los estudiantes y trabajadores que luchan
contra los recortes de Macron.

“El viejo topo de la historia parece roer con fuerza la Sorbona. Telegrama de Marx, 13 de mayo del 68”, se leía en una pared de la Universidad de la Sorbona.1 Ese mamífero subterráneo referido en El 18 Brumario de Luis Bonaparte que parafraseaba a Shakespeare apareció en los muros de las universidades parisinas durante la primavera de 1968. Justamente el día del mensaje estalló la huelga más grande en la historia del capitalismo contemporáneo y, con ella, el movimiento obrero-estudiantil de ese año alcanzó su cenit.

El 13 de mayo cerca de diez millones de trabajadores se declararon en huelga por toda Francia,2 ocupando fábricas y centros de trabajo. Los estudiantes tomaron la universidad y se sucedieron enormes manifestaciones en las principales ciudades del hexágono. La marcha central en París partió de la Gare de l’Est hacia Denfert-Rochereau, terminando con una concentración estudiantil en Champ de Mars. Se calcula que la huelga general que tuvo lugar entre el 13 y el 27 de mayo contabilizó 150 millones de días-hombre de paro.3

La organización estudiantil que precedió las jornadas de mayo se remonta un año atrás, en la recién inaugurada Universidad de Nanterre, ubicada en los suburbios obreros y multiculturales de Paris. El 5 marzo de 1967 los estudiantes de Nanterre protestaron contra el reglamento que prohibía dormitorios mixtos en la residencia universitaria. Losacontecimientos que se sucedieron —elaltercado Cohen Bendict-Missoffe, la protesta en la Mutualité a favor de Vietnam, la toma de Nanterre, las jornadas por la universidad crítica, decenas de barricadas— derivaron en una honda contestación a las reglas y funciones del sistema educativo y el régimen de la Quinta República. La ocupación de la casa de estudios en Nanterre el 22 de marzo conformó un movimiento del mismo nombre que sería el portador de la chispa de la protesta en París un par de meses después. La impugnación al orden, las instituciones y la moral de la posguerra estaban en las entrañas de las demandas estudiantiles.

Sobre el Movimiento 22 de marzo, el profesor del departamento de sociología de la Universidad de Nanterre Alain Touraine, afirmó:

Nunca estuvo mejor empleado el término de movimiento. Esta rebelión fue la obra de individuos y de grupos que no eran rebeldes sino revolucionarios. La diferencia entre esas dos actitudes reside en que los rebeldes rechazan el orden establecido y los revolucionarios apelan a las fuerzas que son capaces de destruirlo y remplazarlo por otro.4

Y así fue: la unión obrero-estudiantil vino después de las barricadas. El 12 de mayo, tras la protesta por una represión ocurrida en la calle Gay Lussac del barrio Latino dos días antes, la Confédération Général du Travail (Confederación General del Trabajo, CGT) controlada por el Partido Comunista, y la socialcristiana Confédération Française Démocratique du Travail (Confederación Democrática Francesa del Trabajo) llamaron a la movilización. Aunque la suspensión de actividades se declaró formalmente como el producto de una serie de peticiones salariales y contra las modificaciones al régimen (ordenanzas) de la seguridad social, las pancartas en solidaridad con los estudiantes se asomaron por toda Francia.


“Fábrica ocupada por los obreros.”

Al día siguiente de la manifestación, los metalúrgicos de Sud-Aviation-Bouguenais ocuparon su fábrica y retuvieron dentro al patrón; el 15 se sumaron los trabajadores de Renault-Cléon, losastilleros navales en Bordeaux, los trabajadores de la municipalidad de Contréxville (región de Vosges),el servicio de prensa NMPP (Nouvelles Messageries de la Presse Parisienne, hoy Presstalis)y la pequeña mueblería Hymain Mettaincourt. Para el 16 y 17 la huelga general comenzó a tomar fuerza con la incorporación de sectores estratégicos como los metalúrgicos (pues se sumaron Berliet, Saviem Blanville SNECMA Gennevilliers), el conjunto de las fabricas automotrices de Renault, Sud-Aviationde Courbevoie y de Suresnes, los astilleros del Atlántico en Saint-Nazaire e incluso el sector petroquímico, en donde también se desató la agitación. Al mismo tiempo se activaron las huelgas escalonadas en las minas de Alsace y los técnicos de navegación fueron los primeros trabajadores del sector terciario que se sumaron a la huelga.5


La fábrica Renault-Billancourt el 17 de mayo de 1968 en el momento de votar la huelga reconductible. Archivo personal Aimé Halbeher.

Los paros implicaron un “desbordamiento” de los órganos de dirección de los sindicatos, ya que eran votados de manera local en cada centro de trabajo. Según Jacques Kergoat, historiador del trabajo y militante fabril del Parti Socialiste Unifié (Partido Socialista Unificado) en 1968, el estallido de las huelgas no seguía un patrón preestablecido en sus exigencias y dinámicas, sin embargo, todas presentaban un rasgo en común: la huelga era el momento para “saldar cuentas” con De Gaulle y su gobierno. Las reivindicaciones iban desde el aumento salarial, el alto a los despidos, el aumento del salario mínimo interprofesional, la jubilación a los 60 años, una reducción a 40 horas de trabajo por semana, la libertad sindical y condiciones de seguridad en el empleo.

Una huelga general de esa magnitud solo fue posible porque se desenvolvió en un contexto industrial particular. Su extensión e intensidad son comprensibles dados los niveles de empleo de este tipo que existían a mediados de los sesenta: los más altos de la historia de Francia.6 Los asalariados representaban el 80 % de la población activa en un universo de 15 millones de trabajadores. Sin embargo, lo que en la época de los “gloriosos treinta” había sido un paraíso industrial comenzaba a declinar con medio millón de desempleados y dos millones que cobraban el SMIG (Salario Mínimo Interprofesional Garantizado). Un año antes, el Estado francés había echado a andar la Agence Nationale Pour l’Emploi (Agencia Nacional Para el Empleo) para atender el desempleo.

Esa Francia industrial en deterioro se combinó con un ambiente de protesta y contestación esparcido a lo largo del globo. Aunque el mayo francés fue un acontecimiento singular, estuvo acompañado por una serie de condiciones internacionales sin las cuales sería incomprensible. En la primavera de 1968 se desataron manifestaciones en las más variadas geografías como una aparente confirmación de aquello que algunos definían comolostres sectores de la revolución mundial” (las revoluciones anticoloniales del tercer mundo, las protestas antiburocráticas en los países del Este y las revueltas en las metrópolis capitalistas). Las protestas contra la guerra de Indochina, la ofensiva del Tët, la muerte del Che Guevara, la Tricontinental y la Organización Latinoamericana de Solidaridad, los movimientos estudiantiles en México, Brasil, Japón… y cuarenta países más; la primavera de Praga, el movimiento nacional palestino frente a la Guerra de los Seis Días y las movilizaciones por los derechos civiles en Estados Unidos, trazan la constelación de acontecimientos que definen la estela del año 1968.

El internacionalismo no era retórico sino práctico. De modo que el origen del mayo francés no se puede explicar sin antes revisar la gestación de los Comités Vietnam de Base (CVB) por toda la República y la jornada de apoyo a Vietnam por parte de la “izquierda revolucionaria europea” del 17 y 18 de febrero de 1968. O acontecimientos menos recordados como el encarcelamiento de los disidentes polacos Modzelewski y Kuron, de quienes se demandaba la libertad al gobierno del Partido Obrero Unificado Polaco en la plaza de Les Invalides en París.7


“La libertad es el crimen que contiene todos los crímenes. Es nuestra arma total”, en un muro posiblemente de la Sorbona.

Además de ser una consecuencia del deterioro en las condiciones de trabajo y la gestación del internacionalismo, el movimiento de 1968 también se puede interpretar como una revuelta contra la forma de producir del capitalismo durante el Estado benefactor de posguerra. El modelo fordista de las cadenas de montaje, la producción en serie y sus organizaciones —la monotonía y aletargamiento que producían— era aquello que las paredes le reclamaban a sus operarios: “Trabajador: tú tienes 25 años pero tu sindicato es del siglo pasado”.8 No en balde fue que durante esos años se redescubrió al joven Marx y sus escritos sobre la enajenación.

La tensión eventualmente sería insalvable. Tras diez días de parálisis en el país y en medio de un incipiente vacío de poder, el primer ministro Pompidou reunió a sindicatos y patrones para negociar. El 27 de mayo se firmaron los Acuerdos de Grenelle: un incremento del 35% al salario mínimo industrial y 14% de media para todos los trabajadores; se redujo la edad de jubilación y se perfiló la jornada laboral de 40 horas semanales. Sin embargo, Georges Séguy, secretario general de la CGT, fue abucheado al informar sobre “la conquista sindical” en las instalaciones de Renault Billancourt por unos trabajadores renuentes a levantar el paro de labores.

Ante la negativa de cientos de huelguistas a terminar con el paro, el 30 de mayo De Gaulle disolvió la Asamblea Nacional y convocó a elecciones. El 4 de junio se anunció la vuelta al trabajo en todas las empresas; en un nuevo enfrentamiento con la policía murió el estudiante Gilles Tautin; el 12 de junio una docena de organizaciones de la extrema izquierda fueron ilegalizadas y para el 14 de julio, a un mes del inicio de la huelga general, la Sorbona y el Teatro Odeón fueron evacuados. Mayo del 68 no sería el debut del nuevo mundo. Jean Paul Sartre lo planteó de esta manera en Le Nouvel Observateur el 26 de junio de 1968: “El ‘Che’ Guevara ha dicho: ‘Cuando en la calle pasan cosas extraordinarias, es la revolución’. Nosotros no tuvimos la revolución, pero pasaron cosas extraordinarias que debemos tratar de defender”.9

Recordar las reivindicaciones de la huelga general del 13 de mayo y los acontecimientos que la rodearon es importante para no definir el 68 solamente como un año de revuelta cultural y de las costumbres o como parte de una biografía generacional, como supone cierta historiografía, sino —sobre todo— como un movimiento político y de clase. Sus protagonistas no solo fueron estudiantes existencialistas o bohemios del barrio Latino: fueron trabajadores, revolucionarios y militantes anticolonialistas10 con apuestas organizativas, debates estratégicos, derrotas y recuerdos.

Más allá de cualquier conmemoración, ahora que se yerguen nuevos “hombres fuertes sin partido” para arrebatar la libertad y las conquistas a la sociedad francesa, es útil recordar mayo de 1968.

 

Diego Bautista Páez
Historiador. Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

 

Bibliografía

Besancon, Julien, Los muros tienen la palabra. Mayo 68, Extemporáneos, 1970.

Garí Manuel, Jaime Pastor y Miguel Romero (eds.), 1968. El mundo pudo cambiar de base, Los libros de la Catarata, 2008.

Kergoat, Jaques, “Sous les paves la grève», en Retour sur Mai (compilación), La Brèche, 1988.

Sartre, Jean Paul, Alrededor del 68, Losada, 1973.

Therborn, Göran, European Modernity and Beyond: The Trajectory of European Societies, 1945-2000, SAGE Publications, 1995.

Touraine, Alain, El movimiento de mayo o el comunismo utópico, Ediciones Signos, 1970


1 Julien Besancon, Los muros tienen la palabra. Mayo 68, Extemporáneos, 1970, p.90.

2 El Ministerio del Trabajo francés escribió sobre la posibilidad de calcular el número de huelguistas: “La amplitud del movimiento huelguístico ha desorganizado completamente el método estadístico —extremadamente frágil— que tenía por función mantener actualizado en permanencia el indicador de tensión social que constituye la estadística de los conflictos de trabajo”, Jaques Kerogat, “Sous les paves la grève », en Retour sur Mai (compilación), La Brèche, 1988, p. 68-69. Bajo esa advertencia los rangos de número de huelguistas oscilan entre los 4 y los 11 millones, considerando que en la época estaban registrados alrededor de 15 millones de asalariados.

3 Daniel Bensaid, “1968: finales y consecuencias” en Garí, et. al., El mundo pudo cambiar de base, Los libros de la Catarata, 2008, p. 23. Como contrapunto, el autor plantea que el mayo rampante italiano de 1969 constó de 37 millones, y 14 millones durante las huelgas británicas de 1974. Kergoat, op. cit., p. 69.

4 Alain Touraine, El movimiento de mayo o el comunismo utópico, Ediciones Signos, 1970, p. 112.

5 Kergoat, op. cit., p. 59-60.

6 Göran Therborn, European Modernity and Beyond: The Trajectory of European Societies, 1945-2000, SAGE Publications, 1995, p. 69.

7 Bensaid, op.cit., en Garí, et. al., El mundo pudo cambiar de base, Los libros de la Catarata, 2008, p. 22.

8 Pasillos de Teatro Odeón, citado en Julien Besancon, Los muros tienen la palabra. Mayo 68, Extemporáneos, 1970, p.109.

9 Sin embargo, y después de denunciar el papel del PCF, el filósofo reconoce la derrota: “Pero ha fracasado [el movimiento] solamente para los que han creído que la revolución estaba al alcance de la mano, que los obreros seguirían a los estudiantes hasta el fin, que la acción desencadenada en Nanterre y en la Sorbona desembocaría en un apocalipsis social y económico que provocaría no solamente la caída del régimen, sino también la desintegración del sistema capitalista”. Sartre, Alrededor del 68, Losada, p. 148.

10 El feminismo, lejos de lo que se cree, estuvo ausente del movimiento del 68. Como afirma Josette Trat: “En contra de una idea muy extendida, la segunda ola feminista en Francia no nació en mayo de 1968, sino que irrumpió con fuerza en la brecha abierta por este gran movimiento social, dos años más tarde” en Manuel Garí, Jaime Pastor y Miguel Romero (eds.), 1968. El mundo pudo cambiar de base, Los libros de la Catarata, 2008, p.122. Durante el 68 los valores de la protesta, el movimiento obrero y estudiantil o el espacio público estaban ligados a lo masculino; las militancias políticas también.