Los dos tomos de Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes es uno de esos bestsellers que se agradecen. En una nuez, esta colección de historias narra en clave de cuento la vida de una legión de mujeres excepcionales de todas las épocas y ámbitos. En la lista aparecen cuatro mexicanas, todas con una historia que merece ser contada y leída.

Parece sencillo, pero no lo es. La mayoría de las veces resulta complicado fomentar el hábito de la lectura. Lograr que los niños y adolescentes lean libros fuera de los que impone la escuela se ha vuelto un reto. Por ejemplo, si se toma en cuenta que hay que librar una carrera de obstáculos que incluye videos en el iPad y el teléfono celular, películas y series en Netflix, además de chats entre amigos sobre lo que hacen dentro y fuera de la vida académica, son menos las oportunidades para que un libro capture la atención de las nuevas generaciones. Los actuales ritmos de vida exigen argumentos que atraigan a las nuevas generaciones y que sean cercanos a lo que viven.

Como lectores, en algún momento de nuestra vida germinó en nosotros esa conciencia autónoma que es la lectura. Quizá no sabemos cómo o cuándo precisamente ocurrió, pero sucedió que estábamos “tocados” por ese interés de seguir asomando la nariz en más y más páginas. Habrá quienes hayan empezado en este camino inicial por leer a los clásicos, luego siguieron con los no tan clásicos y otros, como los millennials, tuvieron la motivación de leer gracias a J. K. Rowling, autora de la saga de Harry Potter.

Hoy las niñas y adolescentes, principalmente, se están dejando contagiar por el hábito de la lectura gracias a un libro que las empodera como mujeres de un futuro promisorio, en donde ellas impondrán sus propios límites —no la sociedad ni las costumbres machistas—. A Elena Favilli y Francesca Cavallo se les ocurrió la idea de narrar, como si se trata de un cuento, la vida de mujeres que han destacado en su profesión y que, en su mayoría, han tenido que abrir brecha en un ámbito laboral.

Las protagonistas de este libro tienen en común que se salieron de lo establecido. Para las autoras, ser una niña rebelde significa “soñar en grande, aspirar a más, luchar con fuerza y, ante la duda, recordar que tienen razón”. La lista está encabezada por Ada Lovelace (matemática), Alex Wek (supermodelo), Alfonsina Strada (ciclista), Alicia Alonso (bailarina), Las hermanas Bronté (escritoras), Cleopatra (faraona), Coco Chanel (diseñadora), Evita Perón (política), Helen Keller (activista), Julia Child (chef), Malala Yousafzai (activista), Nina Simone (cantante), María Callas (cantante de ópera), Serena y Venus Williams (tenistas), Margaret Thatcher (primera ministra), Tamara de Lempicka (pintora), Las mambas negras (vigilantes), Agatha Christie (escritora), Angela Merker (canciller), Beyoncé (cantante), Celia Cruz (cantante), Maddona (cantante y empresaria), Nefertiti (reina), Rachel Carson (ambientalista), Safo (poeta), Sophia Loren (actriz) y Wistawa Szymborska (poeta), entre otras.

Estos Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes está dividido en dos tomos, lleva más de un millón de lectores en el mundo y ha sido traducido a más 30 idiomas. ¿Por qué puede ser interesante asomarse a un bestseller de esta naturaleza?

Las niñas y jóvenes están adquiriendo este libro y, al mismo tiempo, el hábito de la lectura. En su momento, J. K. Rowling fue muy criticada por sus historias de magia y mundos de fantasía por ser una imitación de C. S. Lewis o de universos similares a los de Ursula K. LeGuin. Sin embargo, la vida de este mago no tan inteligente, pero sí hábil para salir de las dificultades en las que se mete, se ha vuelto entrañable para cientos de lectores que crecieron con él.
A través de estas páginas, las lectoras reciben un claro mensaje: nada es imposible. Las cuatro mexicanas que figuran en estas historias de niñas rebeldes son: Eufrosina Cruz (activista y política), Matilde Montoya (doctora), Frida Kahlo (pintora) y Lorena Ochoa (golfista).

Eufrosina Cruz Mendoza, notable indígena zapoteca, licenciada en contaduría pública, ha puesto en alto la lucha de las mujeres indígenas que reclaman el derecho a participar en la vida política. Fue electa diputada local plurinominal en el Congreso de Oaxaca para el periodo 2010-2013. Como presidenta de la mesa directiva realizó su mayor esfuerzo para que las mujeres no fueran discriminadas por su sexo, sino apreciadas como fuerza económica, política y social. Eufrosina Cruz vivió una injusticia. En 2007 contendió para presidenta municipal de Santa María Quiegolani, Oaxaca. Pero con el argumento de que era “mujer” y “profesionista”, los caciques anularon la elección; más tarde, el Instituto Estatal Electoral de Oaxaca y el Congreso del Estado le respondieron que como en el catálogo de usos y costumbres no existía la palabra “mujer”, no tenía derecho de apelación. El caso de Eufrosina Cruz recuerda que la pobreza y las barreras de información constituyen obstáculos para que las mujeres indígenas ejerzan sus derechos electorales.

Matilde Montoya nació en 1859. Desde niña mostró que tenía una inteligencia privilegiada. A los once años terminó de estudiar el bachillerato y quería ser doctora. Pero mientras la medicina llegaba a su vida, siguió preparándose para ser partera. No obstante, ella quería ser médico. Fue la primera mujer en inscribirse en la Escuela Nacional de Medicina. Muchas veces intentaron que no siguiera estudiando e, incluso, le impedían continuar con su preparación académica. Ella siempre tuvo el valor de luchar por sus ideales y así se convirtió en la primera doctora mexicana.
Rocío Sagaón, bailarina y esposa de Miguel Covarrubias, recordaba que conoció a Frida un año antes de que partiera hacia el Mictlán —el país de los que ya no son—. “Cuando miro el color de la pitahaya, ese rosa magenta por fuera y blanco con puntitos negros por dentro, pienso en sus cuadros y en la intensidad de su vida dedicada al arte. Frida es mito y poderosa realidad artística, leyenda y existencia en plenitud, agonía y liberación, gozo y dolor. En su caso vida y obra no admiten deslinde, dado que su propuesta gráfica es una minuciosa autobiografía, retrato alegórico, desbordamiento de emociones en donde uno puede comprobar que, como menciona Salvador Elizondo en Farabeuf, no hay nada más tenaz que la memoria”.

Lorena Ochoa tuvo un accidente cuando era niña, se subió a un árbol y se rompió ambas muñecas. Tuvo que estar enyesada desde la punta de los dedos hasta las muñecas durante más de tres meses. En ese tiempo, Lorena acompañaba a su papá a un campo de golf, cerca de donde vivía, para verlo jugar. La niña se recuperó de los brazos y el médico le aseguró que le había puesto magia en ambas muñecas, que ahora era más fuerte que antes. Lorena quiso comprobar eso y empezó a relacionarse con el golf, primero manejaba el carrito, luego se inició dando algunos tiros. Sus brazos se curaron completamente y pronto vio que esa magia anunciada empezó a dar frutos en campeonatos y torneos internacionales.  

Favilli y Cavallo son socias, residen en Venice, California. Trabajan en Timbuktu labs, un espacio de innovación en medios de comunicación infantiles que se caracteriza por innovar con diseños provocadores. En este laboratorio de ideas se ha ido forjando una comunidad de padres y madres de familia progresistas, interesados en que sus hijos crezcan más conscientes del entorno donde viven.

Como señalé en un inicio, no es fácil fomentar el hábito por la lectura. Pero cuando por fin se logra mantener interés en los lectores primerizos, puede decirse que ya estamos del otro lado, acaso más cerca de la imaginación.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista, periodista y editora.