Hace cincuenta años fallecía uno de los faros de la Generación Beat, el acelerado Neal Cassady, quien inspiraría el personaje de Dean Moriarty, central en la novela En el camino de Jack Kerouac. Para entonces, la Generación Beat ya se había convertido en una de las banderas de la contracultura. Tanto Aullido, el poemario de Allen Ginsberg que acabó en los tribunales acusado de obscenidad, como En el camino, los lanzaron a las arenas de la fama y el reconocimiento. Ambas han quedado como las obras emblemáticas de toda esa generación. Pero, ¿qué hay más allá? La siguiente lista servirá para buscar algunos cuantos caminos para llegar a la Beat Generation.

Abrir el cajón de sastre

Kerouac, uno de los involuntarios creadores de este movimiento —involuntario porque nunca se imaginó que su literatura entraría en el canon contemporáneo de forma tan abrupta— dedicó un luminoso ensayo a reflexionar sobre los orígenes, el nacimiento y las causas que enarbolaba la Generación Beat. Esa palabra, según Kerouac, “nunca aludió a la delincuencia juvenil; nombraba personajes de una espiritualidad singular que, en lugar de andar en grupo, eran Bartlebis solitarios que contemplan el mundo desde el otro lado de la vidriera muerta de nuestra civilización”. El sentido de beat tiene que ver entonces con la búsqueda de una “beatitud” interior, manifestada en el sentido estético y literario, pero también y, sobre todo, implica un ansia de libertad, muy disruptiva y ajena al concepto de “libertad” que promovían los Estados Unidos de la posguerra, los años cincuenta de la bonanza económica y el baby boom.

Además de este ensayo imprescindible, La filosofía de la generación Beat y otros escritos es todo un cajón de sastre para quien se interese en la literatura de Kerouac. Hay toda una valiosa miscelánea de artículos dispersos publicados en revistas como Esquire, Playboy, Paris Review o The Atlantic, así como presentaciones o capítulos de libros. El abanico de temas va desde el bop, la poesía Beat, Shakespeare, la película Nosferatu, la Navidad y hasta un partido de béisbol. La reunión de todo este material por primera vez en español, con un imperdible prólogo de Robert Creeley, es una cita obligada en el camino a los Beat.

Jack Kerouac, La filosofía de la Generación Beat y otros escritos, traducción de Pablo Gianera, Buenos Aires, Caja Negra Editora, 2015, 224 páginas.


Una observadora directa

Desde que era una joven estudiante en Berkeley, Ann Charters quedó fascinada por los Beat; se acercó a ellos, devoró sus libros y llegó a asistir a una de las míticas lecturas de Aullido en San Francisco. Desde entonces, no paró de recolectar datos, investigar y trabajar con los autores hasta volverse toda una autoridad en la materia. La actual profesora de la Universidad de Connecticut no solo es autora de la primera biografía de Kerouac, que pulió con el escritor antes de su muerte, sino de una infinidad de estudios sesudos sobre esta generación de artistas e intelectuales que cambió el rumbo cultural de los sesenta.

En The Beats: Literary Bohemians in Postwar America establece claramente los orígenes de la palabra beat y de la expresión beatnik. El primero, que acabó acaparando este movimiento literario heterogéneo, originado en Nueva York, pertenece a la jerga de un dealer de Times Square que describe el estado de exaltación de sus adictos. El segundo se aplicó más bien a los primeros greñudos en huaraches, muy activos en los movimientos de protesta y en la lucha por los derechos civiles de finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Pero el término definitivo fue acuñado por un periodista en San Francisco, luego de que los satélites Sputnik I y II fueran puestos en órbita. Es un agasajo seguir esta serie de entradas alfabéticas, de la mano de Carters, para entender los pasos y las vicisitudes de gran cantidad de actores y personajes cercanos a los Beat, tan anclados a los vaivenes de la historia contemporánea.

Ann Charters, The Beats: Literary Bohemians in Postwar America (Dictionary of Literary Biography. Vol 16), Detroit, Gale, 1983, 920 páginas.


Las (olvidadas) Beat

Como en tantos segmentos de la historia, las mujeres quedan apartadas y no empieza a entenderse su papel hasta siglos después. Son tiempos mejores para ellas y la generación Beat no es la excepción. Hasta hace poco se pensaba que solo importaban los nombres de Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, Neal Cassady o, el menos beatnik pero también asimilado a ellos, William S. Burroughs. Al fin una antología dio el justo reconocimiento, en el mundo de habla hispana, a un grupo de poetas mujeres como protagonistas ineludibles, de modo que el espectro Beat se amplía a otros confines, se democratiza y presenta una fuente valiosa y genuina donde puede abrevar una historia escondida.

Las poetas de esta generación no tenían, en absoluto, las mismas libertades que los hombres en los años cincuenta: su oposición a los valores familiares, culturales y políticos es una afrenta aún mayor que la que vivieron los escritores en rebeldía. Los versos de estas diez autoras —Denise Levertov, Lenore Kandel, Elise Cowen, Diane di Prima, Hettie Jones, Joanne Kyger, ruth weiss, Janine Pommy Vega, Mary Norbert Körte y Anne Waldman— proponen una exploración distinta de algunos tópicos beat: la espiritualidad oriental y sus tradiciones milenarias, el sexo, la experiencia del jazz y los estados alterados, la pasión por los viajes; a estos tópicos se agregan poemas sobre la familia y la vida cotidiana, que son un nuevo registro generacional, ausente en sus pares masculinos. Aunque la traducción fue criticada, quedémonos, por lo pronto, con este par de versos de Mary Norbert Körte: “flores silvestres de los hijos del invierno / eléctrico en los ojos”.

Annalisa Marí Pegrum, Beat attitude: antología de mujeres poetas de la generación beat, edición bilingüe con traducciones de Annalisa Marí Pegrum, Madrid, Bartleby editores, 2015, 208 páginas.


El romanticismo del manuscrito

La historia, tergiversada como cualquier leyenda, de cómo Jack Kerouac escribió En el camino es conocida: en tres semanas, en abril, con la radio disparando jazz a todo volumen, tecleó sin parar en una máquina de escribir cargada con un rollo de teletipo. El famoso scroll que iba amontonándose en el cuarto medía cerca de treinta metros, no tenía un solo párrafo y, en efecto, parecía una carretera. No hay nada más romántico ni más útil al comercio que estas imágenes de creación desenfrenada, misteriosamente tan cercanas a la misma estética Beat.

Sin embargo, nada más lejano a la realidad: Kerouac tardó años en ir cocinando muchos de los capítulos y eventos de En el camino, de la que existen precuelas y secuelas (como Visiones de Cody), incontables bocetos, borradores, anotaciones manuscritas y entradas en diarios. Los ensayos reunidos por Howard Cunnell tratan de desconstruir el mito creativo de Kerouac, enlazan fragmentos de su biografía, sus viajes y su correspondencia, así como las historias reales de sus personajes en una investigación minuciosa. La compilación de Cunnel es una pieza central de crítica genética: localiza con puntería las etapas y procesos de escritura, nunca libres de tormento y frustración (el escritor más exitoso de los Beat llegaría a bloquearse, por su completa “incapacidad” para escribir).

Howard Cunnel et. al., Kerouac en la carretera. Sobre el rollo mecanografiado original y la generación beat, Barcelona, Anagrama, 2010, 136 páginas.


Los Beat imaginarios en México

Como en otras tantas partes del mundo, los ideales de la Generación Beat tuvieron repercusiones claras en la literatura mexicana (parte de ese episodio ha sido documentado por José Agustín en La contracultura en México). Dentro de una larga lista de obras de “influencia” o “actitud” Beat, hay una verdadera rareza contemporánea: La cofradía de las almas desnudas. Publicada varias generaciones después del advenimiento Beat, es una novela —escrita en forma de monólogo— en la que los personajes se van asemejando a las grandes figuras de la generación mítica: Jack Kerouac, Allen Ginsberg, ruth weiss o Gary Snyder, todos traslapados a personajes chilangos de los dosmiles. La sexualidad, la enfermedad y la muerte van acompañando los delirios y borracheras en los que acaba Nicolás Riquelme, el protagonista y narrador. Todo esto se ambienta entre una Ciudad de México muy verosímil y Modaro, un país que sirve de topos para evocar a Latinoamérica, y del que el padre de Nicolás fue presidente. Sirve también para imbuir el ambiente Beat en la tradición, ya muy tardía y borrosa, de la novela del dictador. La obra de Garnica es un experimento interesante, aunque el camino menos directo para quien se interese por los Beat.

Vanessa Garnica, La cofradía de las almas desnudas, México, Ediciones Era, 2013, 141 páginas.