En cada edición, la FIL de Guadalajara se convierte en punto de convergencia de nuevas o jóvenes editoriales, pequeñas o independientes, que intentan encontrar un lugar en el complejo —y en ocasiones voraz— panorama editorial en español. Durante estos días ofreceremos breves perfiles de estos sellos, muchos de los cuales desembarcan por primera vez en nuestras costas. Nuestro quinto desembarco es la editorial La Uña Rota, que existe desde 1996 y acaba de ser noticia por su libro más reciente, la correspondencia entre Marcel Proust y Jacques Rivière. En esta ocasión, conversamos con Carlos Rod, uno de sus editores y fundadores.

¿Podrías contarnos cómo nació la editorial y si buscaban cubrir alguna necesidad específica, editorial o personal?

Empezamos en 1996. En ese entonces somos estudiantes, vivimos en una ciudad pequeña, Segovia, de cincuenta mil habitantes, que tiende a despoblarse. En esa época, yo estaba estudiando publicidad y conocí a Miguel Díaz. Juntos empezamos a hacer un fanzine gratuito, que se hacía a mano y que tenía nombres muy distintos; en lugar de poner números decidimos poner nombres: el primero era “Fiasco”, el segundo “Pingajo”, el tercero era “Gazapo”, etc. Tenía siempre el mismo formato: 15 x 10 apaisado. Cuando estábamos a punto de sacar el último fanzine, decidimos no sacarlo: iba a ser el quinto, llamado “Galleta”. Anunciamos que sí había salido y que estaba disponible en bares y la gente empezó a decir que le había gustado.

Con ese bulo nos despedimos del fanzine y nos juntamos para hacer la editorial con otros amigos. Es decir, hacer libritos con los textos de los autores del fanzine. No teníamos objetivos, solamente hacer un librito y venderlo para hacer el siguiente. Éramos inconscientes de cómo funcionaba el mundo editorial. Aprendimos al tiempo de hacer los libros. La editorial ha tenido un proceso muy lento. En un primer momento, éramos amateurs, amantes del hecho de editar. Empezamos con la colección “Libros inútiles” que se vendían en los bares a cien pesetas. Eran libros híbridos. Hacíamos 500 de cada uno. Publicábamos tres o cuatro al año. En un punto o crecíamos o no íbamos a ningún sitio. Nos dimos cuenta que lo importante es aprender todas las fases del oficio: qué significa distribuir, qué significa ser librero, ponerte en el lugar del autor. En 2009 ya habíamos publicado a Becket, nuestros libros aparecían en la prensa, y decidimos dar un paso adelante: sacar Cenizas escogidas de Rodrigo García. Después de Becket, un clásico, venía García, un contemporáneo, y fue como dar un golpe en la mesa: vamos a publicar un libro de teatro, de 500p., de un autor que nos encanta, que está casi sin publicar en castellano siendo argentino-español, y ese libro funcionó muy bien, va para cuarta edición.

Rodrigo García, Cenizas escogidas. Obra 1986-2009, Segovia, La uÑa RoTa, 2013 (4ª ed.), 512 p.

¿Cómo surgió el nombre?

Bueno, en esa época empezó a haber un movimiento cultural en Segovia y nos empezamos a relacionar unos con otros. Fuimos a vivir a una casa donde había mucha gente que trabajaba en estas cosas. No me acuerdo bien, pero creo que fue un día hablando y nos gustó el nombre. Es cierto que en la casa había una gata que se llama Vespa, una gatita recién nacida, era fácilmente acariciable y hubo una época en que se rompió la uña: era común oír en la casa “cuidado, que tiene la uña rota”. Pero no lo puedo asegurar, casi diría que puede ser una historia inventada. En todo caso, ahora decimos que La uÑa RoTa es una editorial dependiente de lectores independientes, es más como una editorial de autor.

¿Cuáles serían los cinco libros clave de su catálogo?

Además de el de Rodrigo García, estaría por ejemplo lo que hemos editado de Beckett: A vueltas quietas, que es el último libro que escribió en vida. Y Deseos del hombre, Carta alemana, que lo escribió en el 37, una época de crisis absoluta, y dejó inacabado. Son dos libros importantes porque generan una poética de la editorial. A partir de ahí nos movemos. Beckett es un faro. Su forma de entender la literatura impregna un poco nuestro catálogo. Encontrábamos muchos textos suyos importantes sin publicar. Ahí también empezamos a publicar teatro.

Samuel Beckett, Deseos del hombre, Carta alemana, Segovia, La uÑa RoTa, 2004, 72 p.

Borges de Rodrigo García también es muy importante en nuestra editorial.

Rodrigo García, Borges, Segovia, La uÑa RoTa, 2002, 36 p.

También tenemos a Ángelica Liddell, La casa de la fuerza, directora dramática que tiene un premio nacional por ese libro: ése fue un espaldarazo para seguir trabajando en esa línea.

Está el libro de Juan Mayorga, Teatro 1989-2014, que nos situó de forma más definitiva en el mapa; se vendió muy bien, estaba en todas las librerías, uno de los libros del año según El País. Recoge una de las veinte obras de uno de los autores más querido del mundo teatral y que trasciende el teatro: no sólo se dirige a gente que va al teatro, sino hasta a gente que le interese poco. Es el libro de un intelectual que la gente sigue. Mucha gente nos conoce por ese autor y ese libro.

Juan Mayorga, Teatro 1989-2014, prólogo de Claire Spooner, Segovia, La uÑa RoTa, 2014 (3ª ed.), 770 p.

Tenemos justamente esas dos vertientes: contemporánea y clásica. Tenemos a Melville, Conrad, Boswell o Robert Walser. Le tengo mucho cariño también a ese libro: Diario de 1926. Creo que son autores que nos han educado como lectores, con ellos hemos ido aprendiendo. Intentamos relacionar esa educación en nuestro catálogo. Un editor al final dice lo que entiende por literatura a través de los libros que publica. Nosotros habitamos el borde del mercado y si hay que morir, hay que hacerlo nutriendo al lector que es afín a este catálogo.

Robert Walser, Diario de 1926, traducción de Juan de Sola, Segovia, La uÑa RoTa, 2013 (2ª edición), 80 p.

¿Les interesa el mercado latinoamericano, y mexicano?

No me gusta mucho pensar en fronteras, aunque las fronteras están. Yo entiendo que hay lectores y lectoras, y obviamente los lectores con más acceso a nuestros libros viven en nuestro país [España] y un libro es difícil de transportar. Cuando hablo con un lector de Buenos Aires o de México, ahora en la FIL, no estoy viendo un argentino o un mexicano que me quiere comprar un libro: estoy viendo alguien que quiere leer ese libro. La realidad, sin embargo, te hace ver que no es tan fácil introducir ese libro en una ciudad como México. Entonces hay que pasar por muchos protocolos, mucha burocracia, encontrar distribuidor que te entienda y conozca tu catálogo. Sí creo que aquí en México hay lectores afines a este catálogo y me gustaría que pudieran llegar a estos libros de la forma más económicamente asequible.

¿Qué opinas del libro digital? ¿Qué relación tienen con ese formato?

El libro digital está ahí. Nunca ha sido lo que se ha dicho de él. Hay intereses muy grandes para que sea la opción más hegemónica, pero son intereses de empresas más preocupadas por vender ebooks que por ofrecer buenos textos. Son dos formatos que van a ir paralelamente de la mano. Desde el mundo tecnológico se augura que va a desaparecer el libro en papel y, del otro lado, desde el mundo del papel nadie ha dicho que puede desaparecer lo tecnológico. Aunque se podría decir igualmente. Por ejemplo, si se va la luz lo tecnológico desaparece. Nosotros consideramos que el ebook es un formato interesante, yo no desecho ese tema. Es una forma de distribución. Pero no hemos encontrado la forma de hacer un ebook con nuestros libros. Cuidamos mucho el papel, la portada, los diseños y, de momento, eso no sabemos traducirlo a un ebook. A lo mejor estamos esperando a que el ebook progrese, evolucione. Por ejemplo, un libro de poesía de Luis Pichel, cuadrado, ¿cómo haces eso en ebook? Se pierde la identidad del libro: es como si me quedara solamente con tu cerebro, pero no te veo ni las gafas, ni el color de la piel, ni el color de tus ojos.

http://www.larota.es