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Exposición. Escuela para envejecer

Ana Gallardo, artista argentina, está pronta a cumplir los 60 años. Frente a la vejez inminente y la posibilidad cada vez mayor de vivir la tercera edad por más tiempo, desde hace varios años ha investigado sobre las relaciones que se establecen con uno mismo y con la sociedad durante esta etapa. El proyecto que presenta ahora en la plaza del Museo Jumex se llama Escuela para envejecer. Las actividades se derivan del vínculo afectivo que Gallardo entabló con tres mujeres jubiladas que han emprendido proyectos interesantes a partir de que se volvieron viejas. Son mujeres que tomaron cartas en el asunto para no caer en la inercia de la alienación, e incluso la violencia, comunes en la tercera edad. Al dejar la etapa productiva, estas mujeres se dedicaron de lleno a una actividad, no como terapia ocupacional nada más, sino como un quehacer que le da sentido a sus vidas.

Las sesiones con María Baumann se componen de ejercicios de escucha guiada. María Baumann ama la música desde niña y, al darse cuenta de que estaba perdiendo la audición, buscó maneras de sensibilizarse con el sonido de otra manera. Samantha Flores, activista trans de 82 años, platica sobre el sueño del albergue para adultos mayores LGTB+ por el que está trabajando. María Cristina Uraiz Mediz, narradora oral, comparte algunas piezas y su experiencia de entrar a este campo tiempo después de cumplir los 70. Las tres son ejemplos tangibles de alternativas para el futuro de todos. La exposición nos invitan a pensar en que estas mujeres dan algunas de las pautas para entender a la vejez como un periodo nuevo de la vida.

Samantha Flores. Fotografía de Gabriel Rendón. Cortesía de Ana Gallardo. Tomada de: http://bit.ly/2AvY0Ki

Hasta el 10 de diciembre (Consultar fechas y horarios aquí).
Museo Jumex.
Saavedra 303, Col. Granada.

Paulina Morales
Maestra en Museología por la Universidad de Leicester.


Exposición. Monólogo colectivo de artista a artista

Existe una teoría en la psicología conocida como “monólogo colectivo” que describe cómo, cuando los niños tienen 3 o 4 años, hablan sobre su pensamiento momentáneo sin preocuparse por ser oídos o comprendidos. Cuando esto se manifiesta, cada uno sostiene una idea sin esperar réplica y, como todos hablan al mismo tiempo, se crea un espacio de diálogo simultáneo en el que difícilmente se entiende lo que cada niño dice. Algo similar sucede cuando se habla del artista mexicano Gunther Gerzso (Ciudad de México, 1915 – 2000). El monólogo colectivo sucede en distintos niveles argumentales por la variedad su trabajo —como pintor, diseñador de escenarios, escritor y director de teatro— y por la manera en que la que otros artistas, modernos y contemporáneos, se han relacionado con él.

La exposición Diálogos con Gunther es en sí misma un coloquio en el que 12 artistas entablan una discusión con el mexicano que formó parte de La Ruptura. Se hace evidente, no solo la posible influencia que tuvo en cada uno de estos participantes, sino que señala que la única manera en la que se puede seguir hablando con él es desde la pintura, la escultura y la instalación. Cada pieza propone un tema para entender a Gerszo: desde los árboles de tinta plateada de Jan Hendrix (Maasbree, 1949), los relieves de Abel Quezada (México, 1952) y la pintura Francisco Castro Leñero (México, 1954), hasta el trabajo con sentido y sentimiento de Mathias Goeritz (Gdansk, 1915–Ciudad de México, 1990). En el recorrido de la exposición nos acompaña el sonido lejano pero constante de la instalación de Stefan Brüggemann (Ciudad de México, 1975) que conjuga garabatos y luces de colores; esta es una de las piezas que nos recuerda la relación que entablamos con el tiempo desde el arte, pues podría no tener una relación tan evidente con el trabajo de Gerzso y, sin embargo, no deja de conversar con él. La muestra no llega a ninguna conclusión y la curaduría de la misma posiciona a las obras como niños hablando, cada uno con su tema, pero en un solo espacio.

Hasta el 15 de diciembre.
Galería de Arte Mexicano.
Gobernador Rafael Rebollar 43, Col. San Miguel Chapultepec.

María Olivera
Estudiante de Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana.


Museo. Un gabinete de curiosidades del tiempo

A simple vista el centro de Tlalpan consiste en una plaza con un kiosco, el palacio de gobierno, un mercado, una iglesia a un costado y un jardín al otro. Las calles son relativamente pequeñas y hay un creciente número de cafés, bares y restaurantes. Uno más de los atractivos de la zona son las casonas antiguas, algunas de las cuales han servido como locación ideal para algún negocio o museo; este es el caso del Museo del Tiempo. El lugar recuerda más bien a un gabinete de curiosidades y el “tiempo” en su nombre resulta más acertado que la parte del “museo”, aunque esto demerita el esfuerzo de su fundador. La colección reunida en subastas a lo largo de veinte años consiste principalmente en relojes europeos de los siglos XVIII, XIX y principios del XX, aunque también incluye cámaras y proyectores, así como gramófonos y rocolas estadunidenses.

Prácticamente ninguna de las piezas expuestas en el museo tiene una cédula y no hay mayor explicación escrita (por eso la visita siempre es guidada), pero al poner atención en los detalles se descubren un sinfín de pistas que cuentan un poco sobre el contexto original de los objetos. Por ejemplo, el reloj más antiguo data de 1705, fue fabricado en el Imperio Británico y, aunque el museo presume su antigüedad, resulta más revelador e interesante que esté hecho de madera de ébano y laca china. Ambos materiales demuestran el ya fuerte comercio británico con el resto del mundo —África y China en este caso— a principios del siglo XVIII.

Me parece que este recinto está ligado al término “tiempo” no tanto por el gran número de relojes que exhiben el ingenio humano para medirlo, sino por el sincretismo temporal —y por lo tanto cultural— que crea. Cuando el éxito del momento comienza a sonar en una radio de principios de siglo XX, parece que dos épocas se tocan por unos minutos.

Martes a domingo de 10:00 a 19:00 hrs. Viernes de Jazz 20:30.
Plaza de la Constitución 7, Col. Tlalpan Centro.

Cecilia Burgos
Estudió Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

 

Teatro. Los últimos cinco años
La historia de una pareja desde puntos de vista contrapuestos. Los últimos cinco años es un musical con dramaturgia y música del norteamericano Jason Robert Brown, que se ha convertido en un referente de los musicales contemporáneos. La obra cuenta la relación que mantuvieron Jamie y Cathy durante cinco años: mientras Cathy cuenta la historia del final hasta el principio, Jamie lo hace desde que se conocen hasta que dan por terminada su relación. El musical está compuesto en su mayor parte por canciones individuales que muestran los altibajos de la relación, la emoción de conocerse, la de casarse y los problemas a los que se enfrenta cada uno en su vida profesional y amorosa. Esta puesta en escena es una producción de Playhouse Entertainment con dirección escénica de José Sampedro y la dirección musical de José Skertchly, acompañado de cinco músicos en escena. En este montaje destaca la actriz Aitza Terán, quien con su voz y su actuación le da momentos divertidos y conmovedores al personaje de Cathy.

Todos los martes a las 20:30 hasta el 30 de enero (No hay función el 26 de diciembre).
Teatro Xola Julio Prieto.
Av. Xola No. 809, Col. Del Valle.

Jorge Viñas
Licenciado en Literatura Dramática y Teatro por la UNAM.


Homenaje a Yukio Waguri

Yukio Waguri, el director artístico de la compañíajaponesa Kohzensha Butoh, falleció el pasado 22 de octubre. Se trata de uno de los pioneros en la utilización del butoh fu, un método que permite transformar los movimientos del bailarín por medio de la imaginación y  aprehensión de la naturaleza, creado por su maestro Tatsumi Hijikata. Waguri colaboró con diversos artistas, entre ellos Eugenia Vargas, fundadora y directora del Laboratorio Escénico Danza Teatro Ritual (LEDTR) en México, encargado de la organización de “Cuerpos en Revuelta” Festival Internacional de Danza Butoh en América Latina.


Foto cortesía de Eugenia Vargas

Resultado de la colaboración entre ambos surgió Umbría, un proyecto interdisciplinario e intercultural propuesto por Vargas que consistió en convocar a diferentes artistas escénicos para crear una propuesta alrededor del tema de la sombra. El coreógrafo japonés se basó en el personaje de Ofelia para crear el mundo de una mujer amenazada por la sombra de la soledad, la melancolía y la locura, inspirándose, a su vez, en en la obra de Francis Bacon, Paul Delvaux y Hans Bellmer.

Esta pieza se presentará en una función dedicada a la memoria de Waguri como agradecimiento y “bajo el intento honesto de ir encarnando la hondura de su propuesta coreográfica.” Por otro lado, Vargas realizará una improvisación bajo el tema de la sombra y el renacimiento. La necesidad de nacer una y mil veces solo para mantenerse en vida, abrazando la incertidumbre y el abismo que nos contiene como seres humanos. Waguri deja atrás un invaluable legado sobre los saberes de Hijikata así como sus propias exploraciones.

Sábado 2 de diciembre a las 16:00 hrs
Plaza de la Danza del Cenart.
Av. Río Churubusco 79, Col Country Club Churubusco.

Berenice Quirarte 
Cursa la maestría en Estudios del Arte en la Universidad Iberoamericana y es miembro de Giroscopio: Danza + Filosofía.