El Premio FIL de Literatura en Lenguas Romance ha sido otorgado este año a un autor tan prolífico como enigmático: Emmanuel Carrère (París, 1957). Creador de un estilo híbrido que abre paso a la ficción y al periodismo, al relato y a la autobiografía, en un mismo terreno consolidado, Carrère explora, una y otra vez, el abismo propio y ajeno, la naturaleza de la nada y el vacío, los sobresaltos y recogimientos de la conciencia ante la adversidad, el horror y el misterio. Para el lector incauto, ofrecemos aquí una lista de cinco obras, no con la intención de jerarquizar gustos, sino para observar la variedad y riqueza de sus hallazgos.


Los infortunios del azar

Antes de haber sido aclamada y traducida a muchas lenguas, la obra de Carrère ya dejaba ver sus inquietudes y obsesiones: las profundidades contradictorias, indescifrables y oscuras del alma humana. Así, Frédérique, la joven parisina de 36 años que protagoniza Fuera de juego, se desliza poco a poco hacia el abismo de la autodestrucción. La narración está hilada, primero, en torno a su relación a medio destruir con Jean-Pierre, el padre de su hijo, a quien frecuenta a sabiendas de que el odio mutuo solo ha podido unirlos en una amistad fría, de provocaciones, yagas y sarcasmos. Poco a poco, con signos hábiles y discretos, se van sembrando las semillas del caos que conducirán a Frédérique a un vicio que la absorbe por completo: las ruletas de casino. Con un manejo audaz de las voces narrativas y la tensión psicológica, Carrère nos introduce a un mundo secreto, lleno de astucias matemáticas, soledad y ruina: croupiers, tahúres, jubilados, hombres de negocios empiezan a poblar un escenario de fugitivos y parias aislados de la sociedad o, mejor dicho, pertenecientes a la sociedad subterránea del juego. Conforme avanzan los 37 capítulos —que corresponden a las 37 casillas de la ruleta— la exploración de este mundo, percibido desde la mente de Frédérique, desemboca en una reflexión sobre las pasiones incontrolables, el poder hipnótico del azar y la fuerza seductora y vertiginosa de la nada.

La prosa de esta cuarta novela de Carrère es un ejercicio meticuloso por racionalizar las distintas etapas de una vida que se descarrilla. El título de la novela en español es, además, un ejemplo de hallazgo fortuito en el transvase de dos lenguas: Fuera de juego remite tanto a una expresión de lo inalcanzable como al universo de la ludopatía; la traducción literal es, en realidad, Fuera de alcance (“Hors d’atteinte”).

Fuera de juego,
trad. de Ana María Moix y Chantal Delmas,
Barcelona, Circe, 1989 (1ª ed. en francés 1988), 287 p.


Dostoievski en el siglo XX

La primera obra de Carrère es un ensayo monográfico sobre Werner Herzog, publicado en 1982, que hace patente tanto su interés por el cine y el documental como por la pasión por estudiar la vida a la luz de la obra de un autor, o viceversa. En 1993 ve la luz Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos: Philip K. Dick (1928-1982), traducida al español en 2002, en la que el francés ensancha con maestría sus horizontes hacia el arte de la biografía novelada.

Carrère, que ve en K. Dick a un “Dostoievski del siglo XX” por su conocimiento profético del sentido que toma el mundo, se sume y se hunde en la marea bibliográfica del maestro de la ciencia ficción para encontrar una frontera porosa y difusa entre la vida del escritor y sus obras, sus personajes; se nota, a leguas, una punzante inyección de irrealidad en su rutina diaria. A Carrère parece fascinarle esa brecha en la que se encuentra el artista de su biografía: lo asedian dudas constantes sobre la naturaleza de la realidad. Esas dudas lo atormentan: se siente poseído por otras vidas, otras conciencias que se apoderan de la suya. En este sentido, nos dice Carrère, al pensar ingenuamente que escribía obras de imaginación y de fantasía, K. Dick acaba por caer en la cuenta de que lo que estaba realmente haciendo era redactar reportes. La grandeza de Phillip K. Dick, su inmenso aporte a la literatura universal, es haber creado los documentos más auténticos en la historia de las investigaciones psíquicas.

Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos: Phillip K. Dick (1928-1982),
trad. de Marcelo Tombetta,
Barcelona, Minotauro, 2002, 314 p.


En la mente del adversario

Desde 1993, Emmanuel Carrère emprende la escritura de un relato de no ficción —término impreciso que no acaba de convencerlo del todo— sobre la vida del asesino Jean-Claude Romand, quien acaba con su familia entera luego de vivir cerca de 17 años una vida falsa, inventada. Al misterio de cómo una mentira inicial puede desencadenar décadas de engaños, Carrère vuelve a responder con su pesquisa fundamental: desentrañar la manera en que un hombre pierde contacto con la realidad, se aísla, persiste en una vida ficticia que conduce al vacío, que llegará a su fin y lo sabe, y la consecuencia de ese fin es un homicidio múltiple.

Con este relato Carrère saltó a la fama. No era para menos. La fuerza demoledora de la vida escalofriante de Romand, la perfecta familia que construye a su alrededor sobre castillos inexistentes, atrapan al lector. El que ha leído El adversario sabe que esas páginas le quitaron el aliento. Sabe también que hay pocas narraciones con esa capacidad de rapto, de viaje al corazón de las tinieblas. La familiaridad y cercanía con el asesino que tanto perturban al autor acaban por ser contagiadas al lector. Y el gran acierto de Carrère, aquí como en otros de sus relatos de no-ficción, es justamente mostrar que la realidad —en este caso, la nota roja, el fait divers, el impune deambular del diablo por los pueblos apacibles de la frontera entre Francia y Suiza— supera con creces las maniobras imaginativas de los escritores. Luego de siete años de trabajo tortuoso, de estar hundido en los archivos del caso que ocupan varios metros de altura en su estudio, Carrère consiguió hallar su voz narrativa: descubre que no le interesa el suplicio de narrar desde los ojos del asesino, sino desde su propio punto de vista de escritor y periodista que ha asistido a sus juicios, que se ha carteado con el monstruo, que ha sufrido, una y otra vez, las consecuencias emocionales de quererse meter en la mente del adversario.

El adversario,
trad. de Jaime Zulaika,
Barcelona, Anagrama, 2000, 176 p.


El evangelio según Carrère

Al cumplir treinta años, Emmanuel Carrère se hundió en una fuerte depresión producto de una compleja ruptura amorosa y de años de abusar del alcohol. Escribir, su oficio desde muy joven, también era dolor, una punzada que lo carcomía; no la facilidad ni una costumbre sino un acto de superación del sufrimiento. Únicamente, el descubrimiento de la fe cristiana lo regresó a un estado de paz y tranquilidad: sus mecanismos de defensa, la ironía y el sarcasmo, se atenuaron al abrazar la fe. Esta historia íntima y compleja, en la que desarrolla todas las caídas en su crisis de fe, se entrelaza en El reino con la vida de dos cristianos primigenios: Lucas el Evangelista y Pablo el Converso.

La aparición de El reino en 2014, causó shock en Francia y fue aclamado por la crítica. Nadie había imaginado que Carrère fuera capaz de crear, en un solo movimiento sinfónico y monumental, una obra que se remontara a los orígenes del cristianismo sin perder el punto de vista secular de un ateo. La reflexión delicada y a veces maniquea sobre la fe se convierte así en un tema abierto, capaz de federar todo tipo de creencias. Carrère decide no burlarse de los cristianos sino de él mismo como cristiano de paso y acomete la exégesis de las Escrituras de una forma absolutamente literaria y novelesca. Entre investigación histórica, novela y autobiografía, El reino nos confirmó que el francés contaba con una enorme cantidad de fieles, por lo menos en lengua francesa, inglesa y española: en Francia, el libro vendió casi 300 mil ejemplares a pocos meses de haberse impreso.

El reino,
trad. de Jaime Zulaika,
Barcelona, Anagrama, 2015 (1ª ed. en francés en 2014), 520 p.


La matriz es el periodismo

A lo largo de su carrera como narrador, biógrafo, ensayista, guionista y cineasta, Emmanuel Carrère ha tenido una sola escuela: el periodismo. Su libro más reciente, Conviene tener un lugar adonde ir, es la primera recopilación escogida de sus crónicas, artículos, reseñas y entrevistas, escritas entre 1990 y 2015: un diamante en bruto que revela a un autor curioso, viajero y aventurero, siempre al acecho de una historia asombrosa. Desde sus viajes a Rumania en la primavera del 90, recién caído Ceaucescu, su paso por Sri Lanka en el momento del Tsunami de 2004, hasta su pasión por Alan Turing, Phillip K. Dick, Lovecraft, Daniel Defoe, Leo Perutz o Balzac, Carrère es fiel al ritmo, a la elocuencia y al virtuosismo narrativo de sus relatos. En una espiral de temas y personajes, este compendio es verdaderamente la génesis de muchas de sus obras: una visión similar a la que nos dio Darío, en otros tiempos y latitudes, con Historia de mis libros. Así, por ejemplo, emerge ante el lector la fascinación confesa y conversada por el caso Romand, la redacción cuesta arriba de El adversario, su relación con la obra y el método de Truman Capote y tres sucintos artículos de nota roja en los que indaga sobre distintas formas de relacionarse con homicidas. Este nuevo libro de Carrère es imprescindible tanto para entrar por primera vez como para ahondar en una obra fluida, lúcida, ágil.

Conviene tener un lugar adonde ir,
trad. de Jaime Zulaika,
Barcelona, Anagrama, 2017, 448 p.