Hay libros sobre la Revolución mexicana que ya son clásicos, inevitables. Sin embargo, la duración del proceso, la variedad de los participantes, los cambios de prioridades y todo lo que se vio trastocado a lo largo de casi una década de lucha armada, hacen de este un tema más que fecundo para la historiografía. A continuación, ofrecemos una lista de libros recientes en torno la Revolución mexicana que arrojan una luz nueva sobre ese proceso histórico que nos sigue marcando.


Las historias perdidas de la Revolución

La mejor manera de renovar el interés por un evento del pasado que creemos conocer de sobra es indagar las particularidades que ignoramos sobre él, más aún si estas incluyen relatos de curanderas, fotógrafos, escritores, contrabandistas y espías. Las historias olvidadas que retrata David Dorado Romo en Historias desconocidas de la Revolución Mexicana en el Paso y Ciudad Juárez, cumplen esta función con creces. El estudio de una geografía tan específica como la de estas dos ciudades fronterizas recuerda a la obra fundacional de la microhistoria en México, Pueblo en vilo, de Luis González. Movido por la necesidad de explicar la tierra natal, Dorado Romo prueba que los grandes movimientos políticos siempre tendrán un cariz único en casa. Aquí publicamos una reseña de este libro.

David Dorado Romo, Historias desconocidas de la Revolución Mexicana en el Paso y Ciudad Juárez, México, Era, 2017, 430 p.


Más que “Adelitas”

Entre las historias desconocidas de la Revolución mexicana, también están las miles de anécdotas de mujeres que transformaron los espacios públicos en las décadas que rodean los inicios del siglo XX. En De armas tomar. Feministas y luchadoras sociales de la Revolución Mexicana, Ángel Gilberto Guevara reúne las biografías de 12 mujeres que contribuyeron a la revolución en México — la política, pero también la de género— desde las trincheras más variadas. 

Usando distintas fuentes —prensa, correspondencia y los escritos de las involucradas—, el autor busca descifrar el contexto que permitió a “estas valientes”, como las llama Mariana Pedroza, desafiar a lo común. Las sorpresas se suceden una tras otra: Porfirio Díaz ayudó a Matilde Montoya, la primera mujer médico cirujana del país, a acabar sus estudios; Juana Gutierrez, editora de Vésper, se pelea con los Flores Magón por la muerte de un amigo común; a Mimí Derba, actriz  y escritora siempre a la vanguardia, casi la rapta un general zapatista; y las pasiones que se arremolinaron en torno a Tina Modotti y el asesinato de su amante Julio Antonio Mella que la llevaron a exhiliarse. Artistas, enfermeras, maestras o conspiradoras tienen historias que nos hemos tardado mucho en escuchar. Este libro es un primer acercamiento.

Ángel Gilberto Guevara, De armas tomar. Feministas y luchadoras sociales de la Revolución Mexicana, México, Aguilar, 2017, 216 p.


La nueva vida de Flores Magón

Es en las biografías en donde aparecen los detalles más jugosos del pasado. Pero El regreso del camarada Flores Magón, de Claudio Lomnitz, resulta ser mucho más que el recorrido de una vida y la exploración de sus meandros. Ricardo Flores Magón es el pretexto para hablar de la historia personal de los tres hermanos a quienes se les atribuye el principio de la inquietud revolucionaria. El libro cuenta sus relaciones de amor y desamor, su búsqueda ideológica e intentos de transformación social, al tiempo que dibuja los grandes acontecimientos nacionales de finales del siglo XIX y principios del XX. Escrito a partir de una enorme variedad de fuentes, la investigación de Lomnitz es entretenida y reveladora de una dimensión que suele pasar desapercibida cuando pensamos en la Revolución mexicana: la relación que tuvieron nuestros primeros rebeldes con Estados Unidos. Un fragmento disponible aquí.

Claudio Lomnitz, El regreso del camarada Flores Magón, México, Era, 2016, 718 p.


¡Extra, extra! Dos de periodismo

La presencia e importancia del periodismo en las revoluciones es innegable. En el caso de la mexicana, el protagonismo lo tienen Regeneración, El Ahuizote y Multicolor. Se olvida que la llegada de Madero estuvo acompañada de una publicación que pretendía hacer eco de los avances y transformaciones que traería consigo el nuevo régimen político. Nueva Era fue fundado en 1911 por un grupo de periodistas, intelectuales y políticos que convergieron durante un par de años, antes de sumarse a distintas y opuestas facciones de la lucha revolucionaria inacabada. La dirección la mantuvo Juan Sánchez Azcona, nada más y nada menos que el secretario particular de Madero.

Nueva era y la prensa en el maderismo le mereció a Ricardo Cruz García el premio a “La mejor tesis de licenciatura sobre la Revolución mexicana” por su reconstrucción del surgimiento, ejercicio y abrupta desaparición de esta publicación, otro de los saldos de la Decena Trágica de 1913. El autor se acerca a los objetivos y el desarrollo ideológico del periódico en un estudio sin precedentes, y se detiene en las características formales de los artículos, sus ilustraciones, caricaturas y fotografías en lo que resulta ser un retrato histórico, político y literario fundamental para entender otra de las aristas de la breve presidencia de Madero. El Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM digitalizó el libro el año pasado y está disponible sin costo aquí.

Ricardo Cruz García, Nueva era y la prensa en el maderismo. De la caída de Porfirio Díaz a la decena trágica, México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2013, 318 p.

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A pesar de los esfuerzos por socializar ideas nuevas en medios fundados durante (y para) la revolución, no todo en las rotativas de esas décadas era nuevo. En el libro, Un caudillo y dos periódicos. Álvaro Obregón como modelo de la relación entra la prensa y el poder en la revolución mexicana, Bernardo Masini Aguilera concluye que la forma en la que el sonorense administró a la prensa escrita recuerda mucho a las maneras del porfirismo (amenazas y corrupción incluidas). Los periódicos en cuestión son El Informador, de Guadalajara, y El Universal, impreso en la capital del país, ambos nacidos del interés por defender al constitucionalismo. El periodo que abarca el estudio, aparentemente corto, (de junio de 1927 a agosto de 1928, los meses en que Obregón buscó la reelección a la presidencia, interrumpida por su asesinato en La Bombilla) es muy revelador de sus prácticas editoriales. Con una mezcla de análisis del discurso y métodos historiográficos, el investigador denuncia a una relación viciada de “gatopardismo sin precedentes”.

Bernardo Masini Aguilera, Un caudillo y dos periódicos. Álvaro Obregón como modelo de la relación entra la prensa y el poder en la revolución mexicana, México, Instituto Mora, 2016, 321 p.

 

 

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