El mundo volvió a mirar a Cuba y su bella capital mestiza. Las palpitaciones de la visita por primera vez del grupo de rock más famoso del mundo y la de un presidente de Estados Unidos después de 88 años, han revivido un diálogo que permaneció estático por más de medio siglo. Cuba es una oda a la espera: esperar para comprar comida, esperar para entrar al banco, esperar para que llegue el agua, esperar la luz, esperar una carta, esperar un amor. La isla parece ir encontrando una disposición orgánica que busca readueñarse de esa propia dilación y dejar el estereotipo y el miedo a la palabra libre. Quiere conservar su inocencia, pero busca alternativas para construir acontecimientos: Desde el movimiento punk cubano que se une con el rock n’ roll, hasta los estudiantes que empujan la caída del bloqueo tecnológico. La guajira guantanamera ya no permanece esperando dentro de un son, sino que sale a buscar su sexualidad y un país diferente. El fotógrafo de la revolución ya no habla de política, sino de su pasión por el arte y las canciones de los Beatles. La espera sigue siendo compleja, pero ya tiene afectos de tolerancia e imaginación. 

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Hay que ser creativos para esconderte dentro de una casa que mide 40 metros cuadrados, imaginativo para que tu padre, madre y hermano no pudieran encontrarte. Podría ser en el ropero en el que están colgadas las ropas de la familia y que lo vigila una imagen colgada de la Virgen de la Caridad del Cobre, o en la regadera que no tiene cortina, pero es demasiado arriesgada. “Si no puedes esconderte, escapa”. A los 10 años, Humberto, escapaba de su casa pero no por la puerta o la ventana, sino haciendo un camuflaje: Se echaba encima kilos de toda la ropa sucia que se iba acumulando de la familia, y sin importar que la temperatura ascendiera hasta los 35 grados, o que el sudor lo envolviera y el poco aire lo asfixiara, metía con él una pequeña grabadora que reproducía a escaso volumen Sister Morphine de los Rolling Stones.

“Mi padre era mecánico militar, tenía una gran capacidad para arreglar lo que sea que tuviera motor. Mi madre vendía jugos de guayaba y era profundamente religiosa. Que yo consiguiera lo que llamaban diversionismo ideológico o música del diablo, les sacaba ronchas en el cuerpo. Para mí, lo prohibido, comenzó lógicamente a tener una connotación muy interesante”.

Humberto que cumplió hace dos meses los 54 años, se hizo Punk en La Habana de los años noventa. Tuvo una cresta de casi 20 centímetros de color morado sobre su cabeza y sin importarle el calor usaba pantalón y chamarra de piel. Así se abría paso por las cuatro detenciones en promedio que le hacían diario para pedirle el carnet de identidad y hacerle unas preguntas que a veces se salían del guión policial: “¿Por qué te hiciste un discapacitado intelectual?”.

“Imagínate lo más complejo para ti que me estás entrevistando. Lo que tú creas que sea los más difícil del mundo. Eso es ser punk en Cuba”.

Sin moda punk y dedicado a las artes visuales y a la mecánica, Humberto dice que su vocación a ese movimiento siempre estará presente, mientras tenga corazón y cojones. Las nuevas generaciones de punk en Cuba, dice, no se sienten representados por la música de los Rolling Stones, pero están en el concierto porque consideran que la visita de la banda de rock más longeva del mundo, así como la presencia de un presidente de los Estados Unidos, marcan un momento histórico.

“Hay que estar presentes. La verdad es que la misma sociedad, incluso los que están dentro del rock n’ roll, miran mal a quien es punk. Yo soy un experimento extraño: la música de los Rolling Stones me llevó de algún modo a cruzar a una frontera más profunda, la del punk, y hoy parece que me hará cruzar a otra más, una con mayor libertad. Ojalá la vea”.

Para Humberto el punk en Cuba se resume a cojones: “Si tu tienes cojones eres punk. No es cosa de tener una cresta más grade o con más color, es el corazón que tenemos, que viene desde abajo, de una convicción”.

Este artista visual va acompañado de amistades de las nuevas generaciones dentro de este movimiento urbano. Ellos ven a Humberto con respeto y admiración, casi como un maestro. Así toma la palabra una joven mujer del grupo, Silvia Marlen, para decir que dentro de la misma revolución hay un cambio. No creen que Obama haya venido a resolver el problema de Cuba, sólo a tratar la parte que pueda beneficiar a Estados Unidos. Alrededor se observan crestas, piercings, tatuajes y leyendas de anarquía en chaquetas sin mangas. Todos aspiran humo de tabaco que se sumerge en la garganta con esperanza.

“Sí es un momento esperanzador e inesperado. Ni el punk ni nadie en este país se dio cuenta de lo que estaba pasando, y muchas personas respondieron de forma buena, aunque hay una minoría para la que todo esto resulta doloroso. Es aquella gente que entregó su vida a un ideal antiimperialista. En el contexto histórico que ellos vivieron, vieron cómo caminaba la revolución y les convencía luchar por eso. Después vieron que su lucha ya no estaba allí, que alguien más se la había llevado”.

Este icono del punk en Cuba y que protege su identidad de las cámaras, comienza un murmullo con quienes lo acompañan, es un susurro que emerge como mandamiento: “Tu memoria morirá, estamos con ellos y con los que ya no están”.

La ropa sucia ya no se lava sólo en casa, el miedo a hablar se va desvaneciendo entre acordes de nuevas brisas, entre un malecón de aguas aparentemente más serenas para poder nadar sin necesidad de huir o de echarse un montón de calcetines y pantalones a cuestas. Para Humberto esto hay que entenderlo como un movimiento de paz en que se unen todas las tribus urbanas y también las guajiras, que más allá de la política, es una victoria para el rock n’ roll.

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Guantánamo y su base militar estadounidense es tal vez el último inciso que se negociaría con el vecino del norte, es una “i” a la que aún no se le ha puesto el punto, la contestación lógica de muchos cubanos cuando se cuestiona a su país en materia de derechos humanos.

Raquel es una orgullosa guajira de Baracoa, Guantánamo, allí se crió antes de buscar oportunidades en La Habana. No sólo de trabajo sino de un espacio "menos prejuicioso" para ejercer su sexualidad. En la Ciudad de las Columnas —como Alejo Carpentier solía llamar a la capital cubana— es precisamente donde conoció a su novia Luisa, actriz, que actualmente y por perseguir una invitación a Europa del Este, ha llegado hasta Macedonia, el país fronterizo de la ex Yugoslavia con Grecia, allí donde su plaza central conserva un coloso de Alejandro Magno hecho de bronce. 

Raquel y Luisa se escriben a diario, hablan de avistamiento de aves —una pasión que le inculcara un buen amigo inglés a quien conociera en un congreso de fotografía—siempre con nostalgias y metáforas hermosas acerca de la distancia y de su tierra: "Cuba es como una esperanza sin andanza, es una espera que un día tiene alas pero al otro no tiene ni pies".

A sus 40 años, Raquel es cocinera y graduada en música; tiene una de las caras más bonitas que uno puede encontrar, parece que ni el tiempo ni el sol que pica a la más sólida cactácea, han pasado por su piel. Ella trabaja sin cesar, quiere reunir el dinero suficiente, no para irse de la isla, sino para que cuando Luisa vuelva, pueda darle una vida cómoda, porque siente que el regreso es lindo pero nada fácil. "Yo trabajo duro, porque quiero darle lo mejor. Aquí el amor camina en una muy delgada línea, entre un interés económico y el camino de posibilidad de que algo tan abstracto pueda ser sincero".

Raquel no pudo llegar al concierto de los Rolling Stones, un concierto que según dice la llevaría a distraerse de un modo que hace mucho estaba esperando. Viernes. Feriado. Evento único. Y para ella… Turistas. Paladares a tope. Cocinar. Lavar los platos. Limpiar las mesas.

El concierto comenzó con exactitud. 8:30 pm. Sharp. Terminó cerca de las 11:00 p.m. Raquel salió frustrada y entonces pasó a una gasolinera de la calle Lacret para comprar dos anforitas de ron Habana Club 3 años. Allí se encontró con algunos yumas (extranjeros) que celebraban haber presenciado el evento. Invitó ron a todos. Habló de sus dos novias: de Cuba y de Luisa. Además decía: "aquí es muy difícil que un cubano quiera invitar tragos a los yumas, entendible con la economía, pero en fin, yo trabajo también para poder compartir la alegría: Yuma. Negro. Trigueño. Homosexual. Mujer. Hombre. Malanga. Somos seres humanos. Eso es lo que importa".

Uno de esos extranjeros le enseña a Raquel el video que ha grabado de cuando los Stones tocaron: Satisfaction o "Satisfecho" / "Satisfacción" como es usual escuchar aquí. Raquel dice: "me muero, pero la vida es más que eso". 

Antes de que Raquel asimilara su sexualidad, tuvo cinco novios. A quien más recuerda es al segundo. Tenía 22 años y era un periodo especial en Cuba. Tal vez el momento económico más complicado de la Gomorra de las Antillas. En ese tiempo, Raquel cuenta que muchos de sus amigos sólo comían platos de arroz y nadaban distancias de hasta 10 kilómetros diarios: “La razón era que si llegabas a la base de Guantánamo, Estados Unidos te acogía". Era el periodo en que se veían a cientos de cubanos construyendo balsas y echándose al mar para buscar otros horizontes.

Francisco con su espalda ancha, era un magnífico nadador. Al final decidió irse por tierra para intentar llegar a la base militar. Raquel narra su historia en pocas palabras:

"Mi novio voló en pedazos. Pisó una de las tantas minas que hay alrededor de la base". 

A Raquel le sale bien el arroz y espera un día cocinarlo a su querida Luisa. 

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El Estadio Latinoamericano es una fortaleza, la seguridad predominaba por un radio de cinco kilómetros. Una caravana de equipos especiales de seguridad prepara las recién asfaltadas calles para que pueda pasar libremente “La Bestia”, como apodan al auto presidencial de Barack Obama, que en realidad no es uno, sino dos autos idénticos, dos búnkers en forma de cadillacs negros y elegantes. Dos copias exactas como los propios capitolios situados, uno en Washington y el otro en La Habana.

A su llegada, Obama pronunció un discurso en el que invitaba a dejar el pasado entre los dos países para ir a un futuro más prometedor. Las críticas no se dejaron esperar. Miles de muertos en la memoria colectiva de los cubanos por las diferencias políticas entre ambos países no es cosa fácil. Sin embargo, en el público que espera a que todo comience, hay un grupo de jóvenes que piensa lo contrario.

“Está muy bien que haya dicho que hay que olvidar el pasado; es una buena idea, empezar de cero. Él dijo que no había que tenerle miedo a los cambios. El pasado no existe, lo que cuenta es el presente y el futuro”.

Marcos, Jamaris y Osvaldo, de 14, 21 y 28 años respectivamente, platican sobre la semana que los ha entusiasmado, sobretodo por el promocionado concierto de los Rolling Stones, que vienen escuchando desde hace un par de meses a través de covers que bandas cubanas independientes han tocado en diversos lugares para familiarizar al público cubano con la música del grupo británico.

Para los tres amigos, la nueva generación no tiene por qué sufrir lo que pasó, sino las facilidades de lo que venga a partir de este acercamiento. Osvaldo dice que hay esperanza y mucho futuro para la cultura: “El futuro de la apertura cultural es lo que nos importa, lo demás es opcional. Para mí la revolución ya se murió, que vengan cosas nuevas que se llamen con otro nombre”.

Shorts cortos, pantalones de mezclilla rotos, rastas y tatuajes forman parte de la identidad de esta terna que pronuncia palabras sin miedo, aunque aseguran que podrían ir presos por manifestarse tajantes hacia una revolución en la que ya no creen. Cruzan los brazos y posan una muñeca sobre la otra en un marcado símbolo de esposarse las manos: “Nosotros somos progresistas, ya no queremos tener miedo. Esto que estamos viendo es único. Nos gustaría que viniera también Metallica. Si vemos eso, creo que ya podemos morir tranquilos”.

El inmueble a reventar ve cómo entra el presidente afroamericano. Lo celebran. Obama sonríe. Sus dientes destellan. Saluda a Raúl Castro y se sienta a mirar el encuentro. Dentro del protocolo deportivo, hay un grupo de bailarinas que saltan al campo y marcan en el aire sus calculados movimientos. Entre ellas hay estudiantes de la Universidad de La Habana, como Tania, que comienza a hablar de lo que para ella representa este simbólico evento.

“Creo que está muy bien, van a hacer inversión de capital en Cuba para esferas que lo necesitan mucho. Hasta ahora para nosotros es bueno, pero quién sabe. Históricamente Estados Unidos ha tenido conflicto con Cuba toda la vida, entonces no se sabe el trasfondo de esto”.

Tania estudia economía. Ella cree que Estados Unidos quiere ayudar en ciertos aspectos, pero no sabe cómo va a responder su país. Dice que la verdad es que Cuba no tiene mucho que ofrecerle, porque ella ve que Estados Unidos lo tiene todo pero Cuba no tiene mucho que explotar: “ron, tabaco, turismo, creo que también tenemos níquel y cobalto, pero nada más”.

Piensa que eventualmente, lo que brinde Estados Unidos a Cuba no va a ser la gran diferencia, porque en su sistema nada es gratuito: “No es que nos van a ayudar solidariamente, no es que su ayuda vaya a ser gratis. El sistema de Estados Unidos no es así. No es como Venezuela que nos da mucho petróleo por poca cantidad de dinero”.

Como estudiante, Tania ve que en la apertura es necesario conservar todo lo bueno que su país tiene, sobretodo en materia de seguridad. Dice que como mujer, le agrada que pueda caminar a las tres o cuatro de la mañana sin tener miedo a que algo le pase, y lo compara con México, teniendo ya una experiencia visitando el antiguo Distrito Federal.

“Yo fui a México y por la violencia que se manifiesta en las noticias iba nerviosa. Cuando estaba en la ciudad, me subí a un taxi y el chofer subió su ventanilla que tenía un agujero. Cuando el chofer mira el orificio, nos dijo que había sido hecho por una bala. Eso en Cuba no pasa. No tenemos esa clase de inseguridad”.

Tania también recuerda el día en que un amigo se extravió en un centro comercial al norte de la ciudad. Lo bocearon por el megáfono una y otra vez hasta que alguien se acercó y les dijo: “¿no lo habrán secuestrado?”. Felipe, su colega, apareció, pero Tania vio que hablar de secuestro en México es tan coloquial como preguntar: ¿Qué va a haber de comer hoy?

Un sonido ensordecedor estremece el Estadio, parece que la selección de Cuba ha hecho una carrera. Tania eleva la voz para dejar en claro que los jóvenes están empujando el cambio, para hacerse de condiciones y oportunidades que aún no tienen. A ella le interesa salir y ejercer su profesión, algo diferente a lo que piensa su madre, quien nunca ha estado interesada en irse, porque según dice Tania, ha tenido posibilidades de vivir bien en Cuba. Su abuelo era escritor y su abuela Consejera de Estado.

“Nosotros estamos estudiando y nos vamos a pasar cinco años en las aulas para que probablemente con el salario que nosotros tengamos sea menor al que gana alguien que trabaja en una cafetería, eso es muy frustrante. La mayoría de los jóvenes quieren emigrar después de estudiar. Estudian para hacerse de un título y ejercer en otro país”.

Los jóvenes en Cuba están tratando de fomentar un pensamiento al que le llaman “ZunZuneo”, nombre que quedó de una estrategia secreta de Estados Unidos para alentar, a través de la programación de un blog interno en la isla, una suerte de “primavera cubana”. Tania dice que los jóvenes simplemente quieren defender un pensamiento distinto desde la juventud, que ayude a pensar de otra manera el sistema del país: “No queremos que haya ecos perdidos, no queremos que sólo haya quejas, debemos hacer propuestas fértiles para sembrar soluciones”.

En general, los jóvenes estudiantes se pronuncian por una apertura de la comunicación por medio de internet, no sólo para tener una página de Facebook, si no para su desarrollo profesional: “Para investigar hay que caminar, no tenemos la comodidad del internet”. Tania agrega que hay profesores que les dan un punto más a quien lleve la tarea con información actualizada.

Tania cree en Cuba porque, dice, creer es la única vía para pensar en algo mejor.

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Mick Jagger es la tropicalización más creativa e ingeniosa que pueda verse. Un renacentista que absorbe los murmullos de la tierra en donde está parado. Alan McGee, productor que descubrió al grupo de rock alternativo Oasis, me dijo alguna vez que su fe en la música la sostenía en una sola imagen: “Comprendí el amor por la música cuando fui a un concierto de los Rolling Stones, y vi a Mick Jagger saltar sin parar durante casi tres horas por todo el escenario”.

Imagino la hermosa relación que debió tener Jagger con su amigo camaleón David Bowie. Ambos caleidoscópicos y transformadores. No hay duda de que Mick podría ser un solista tan potente como David, pero Bowie solo hay uno y Jagger sólo hay cuatro que pueden afinarlo, rebosarlo de felicidad y llenarlo de salud.

“Finalmente en Cuba, esta será una noche inolvidable… sabemos que antes era difícil escuchar nuestra música pero creo que los tiempos están cambiando, no?”, dice el vocalista después de interpretar las primeras canciones dentro de territorio habanero. Un americano de nombre Clark, estudiante del Instituto Superior de Arte en La Habana, lleva el torso descubierto, celebra las primeras palabras de Jagger con la audiencia y se envuelve en una bandera cubana. Con alegría y un poco de ron mezclado con jugo de naranja que le ha refrescado el cuerpo, va gritando entre la gente: “¡Este es el mejor día de mi vida, pinga!”. Tanta sinceridad y claridad de lenguaje desconcierta y demanda sonrisas.

El ambiente es muy amable, todos están felices y curiosos, saben que están dentro de algo único, repartido entre la banda británica y el país caribeño. Edificios aledaños al lugar y porterías de futbol están copados por gente que se coloca en mejor posición para ver el espectáculo. Gente de Matanzas, Pinar del Río y Santiago están presentes. El concierto avanza, se ve de todo, desde grupos organizados como los llamados “Unión de Motociclistas Latinoamericanos”, hasta jóvenes que mejor toman un descanso y abren videojuegos portátiles mientras se escucha Dance with the Devil.

Cuba es diferente en muchos sentidos al resto del mundo, y hoy no es la excepción. Para muchos aquí, Los Stones son un grupo más de rock que merecen ser escuchados por lo que representan. Pero hasta allí. Aquí, los ingleses debieron ser más que los Rolling Stones: los mitos, los sobrenombres, la boca con la lengua, la historia con las drogas y las chicas o las rehabilitaciones, no existen, no han estado nunca en la importancia de sus días. Hoy los Rolling Stones deben convencer a la audiencia como si fuera la primera vez que están en un escenario. Al final, en el promedio de edad del grupo que es de más de 70 años, lo logran. Non stop.

“Gracias Cuba por todo el amor que le han regalado al mundo”, deja Jagger en el aire, mientras le saltan los hoyuelos en las mejillas que se forman por la ácida caída de la edad que no vale nada. El reloj de Cuba y de los Rolling Stones coincide en el tiempo, no sólo porque este sigue dando vida y esperanza sino también para encontrar respuestas que sean sus aliadas. ¿Qué le habrán dicho para que se detuviera en sus cuerpos como una sinfonía atemporal. ¿Qué le habrán dicho al diablo para que dejara de satanizarse?

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En las penumbras hay alguien que observa nostálgico el campo en donde la música hizo historia. Se trata de Roberto Chile, quien se conoce popularmente como “el fotógrafo de Fidel”, y es que ha dedicado gran parte de su carrera a ser el retratista del líder revolucionario, pero también es reconocido popularmente como uno de los más grandes artistas que ha dado Cuba. La gente admite el gran talento por su peculiar forma de pintar con luz. Hoy se encuentra dirigiendo un documental del evento, y más allá de política, quiere brindar por los amores que le han servido de motor durante toda su vida: el arte y la música.

Para Roberto, el concierto de los Rolling Stones en La Habana lo disfrutaron todos los que estuvieron presentes, pero considera que lo gozaron más aquellos cubanos de su generación, quienes se criaron con la música de los Beatles y en momentos más atípicos con los acordes de las piedras rodantes.

“Tener a los Rolling Stones. Tener en La Habana a Mick Jagger que es el enigma. El más enigmático y carismático de ellos, cantando “Satisfacción”, es como lograr un sueño. Jamás pensamos que eso iba a suceder. Yo creo que el dijo una cosa muy linda hoy: le daba las gracias a Cuba por la música y el amor que le había regalado al mundo. Yo pienso que precisamente los Rolling Stones vienen a Cuba, por la música que nuestro país ha podido compartir con tanto amor. No es fácil que un grupo de la talla de ellos vaya a un país sin cobrar un centavo, incluso invirtiendo para poder hacerlo. Si un pueblo se merece eso, es el pueblo cubano”.

El fotógrafo se quita la gorra y señala con ella la noche. Me dice que es inolvidable y que da una gran energía para que Cuba siga transitando hacia el futuro, y como un buen encantador de imágenes, pinta con las manos un recuerdo con el que se queda: “tengo la imagen de los cubanos como yo, de diferentes generaciones, con la sonrisa de un lado al otro, con las manos alzadas, con el corazón latiendo, cantando ‘Satisfacción’, esa es la imagen que me llevo”.

Para Roberto las fotos son como los hijos, uno nunca es capaz de preferir una foto por encima de otra, sin embargo la que más le gusta es la que pueda venir mañana. No la de los Rolling Stones, sino la de la vida misma. Dicho esto hace un guiño ante ese mañana interesante, hacia otra espera que se pueda convertir en efecto:

“Ahora te digo, estamos esperando a Paul McCartney, no me quiero imaginar como van a sentirse los cubanos, cuando ahí, en un lugar como este, se escuche: Hey Jude. Sé que todos los cubanos van a cantar las canciones de los Beatles, porque hay una cantidad enorme de canciones que pegaron mucho en el corazón de los cubanos. Cuando aquí suenen esos acordes tan lindos, Cuba va a vibrar y eso es vivir a lo cubano. El Papa Francisco dijo algo con lo que estoy de acuerdo: Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba. Esto ya está pasando y es el resultado por lo que los cubanos hemos sido capaces de hacer, un justo premio a las tantas y distintas dificultades que hemos podido superar y que aún seguimos superando en todos estos años”.