lilia-prado-superestrella-sm

Presentamos un fragmento del “Diario en México” de Ulises Carrión —incluido en Lilia Prado Superestrella y otros chismes, el tercer volumen del Archivo Carrión, publicado por Tumbona Ediciones, traducido por Heriberto Yépez y editado por Juan J. Agius (coordinado por ambos)—, un recuento crítico e implacable de su regreso a México que, después de cerca de tres lustros de vivir en Holanda, alejado del mundo de la literatura, significará también una vuelta inusitada y audaz —una vuelta de tuerca— a la narrativa.


 

22 de marzo (jueves)

Mi hermana Conchita, su pareja Alejandro y su hija Nayeli fueron al aeropuerto para recibirme. Antes de poder salir de la aduana, un agente fue directo a mi bolsa amarilla de Schiphol, donde encontró cuatro bolas de queso que traía como regalo. “No está permitido —me dijo—, hay fiebre aftosa en Holanda. Debes dejarlos aquí para que los revisemos.” Me condujo a una pequeña oficina, un tanto vieja. Mecanografió un recibo, muy consciente de su poder, esperando que ofreciera sobornarlo. No lo hice. Tomé mi documento con un número al que debo marcar mañana. Por supuesto lo haré.

 

23 de marzo (viernes)

Tenía a Luz del Amo en el teléfono. Su secretaria primero tomó mi nombre y me pidió esperar. No estaba seguro de si Luz del Amo me recordaría. Después de todo, no nos hemos visto, más o menos, en veinte años. (No, nos vimos en 1974.) Ahora es la directora del Departamento de Cultura en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Sí, me recordaba muy bien, dijo. Después de decirle que quería verla para un negocio, replicó “te advierto que estamos quebrados”. Como le sucede a toda burócrata del gobierno mexicano, estoy seguro de que todos los días recibe llamadas de todo tipo de personas pidiendo ayuda financiera y otras cosas. Insistí en la naturaleza de mis intenciones. Me dio una cita para el jueves a las 6 p.m.

Le marqué muchas veces a Julio Alejandro, quien ahora vive en Cuernavaca. Ahí vivía, al menos hace dos años, la última vez que estuve en México. No recibí respuesta. También lo intenté por medio de la operadora. Luego intenté con Alfredo, su amigo de toda la vida, quien ahora vive en la ciudad de México. Ahora alguien renta su casa. Esta mujer no sabe dónde vive, pero me prometió averiguarlo.

Le llamé a José Luis Díaz sin mucha esperanza, ya que Henryk Gajewski me había dicho en Ámsterdam que el viejo domicilio de Díaz y su número telefónico ya no servían. Estaba equivocado. Alguien (¿su hijo?) respondió y me dijo que regresaría a casa más tarde, así que yo debía llamar a las 11 p.m. Pero cuando lo hice, y lo hice varias veces, no hubo respuesta.

Muy tarde telefoneé a Meche Oteiza. Ella sonaba muy feliz de escucharme, como siempre. Sin esperar mucho, le pregunté de alguna fuente de información para rentar un departamento amueblado. No, no tenía idea. Ella me pidió llamarla la semana entrante para hacer una cita y cenar en su casa. A su hijo le encantaría verme de nuevo; él debe de estar en sus primeros veintes. Su hija ahora hace su maestría en filosofía en Oxford.

Me dijo: “Por supuesto, puedes venir con quien quieras”, queriendo decir que podía ir con mi hermana. Le marqué a Angelines, ya que podría quedarme en su casa. Ahora vive sola, desde que sus dos hijos se casaron y se fueron a vivir a Jalapa, así que tiene una recámara desocupada. Además, su casa está situada muy convenientemente, cerca de la avenida Insurgentes. Me respondió la grabadora. Dejé un mensaje, pidiéndole que me marcara.

Telefoneé a la Asociación de Directores de Cine, de la cual Jomi García Ascot es el presidente, de acuerdo con la información que me dieron en la Embajada de México. Ahí obtuve el número telefónico de la Sección de Cine de la Secretaría de Cultura. El número estaba equivocado. Intenté varias posibles fuentes de información hasta que di con el número correcto. García Ascot no estaba disponible, y nadie supo decirme cuándo vendría a su oficina o darme el número de su casa.

Sin mucha esperanza, busqué en la guía telefónica, donde encontré su número y su domicilio. Pero, al marcarlo, ese número telefónico ya no le pertenecía. Así que debo seguir intentando en su oficina. Es una lástima que mañana sea sábado. Debo esperar dos días más.

Le llamé a Emilio García Riera, el historiador más importante del cine mexicano. (Meche Oteiza me dio su domicilio y me dijo que él era un hombre encantador.) De nuevo, me pregunté si él me recordaría. Por supuesto nos habíamos visto muchas veces, pero nunca habíamos sido amigos o habíamos tenido una conversación significativa. Además, eso fue hace veinte años. Sí, ¡sí me recordaba! Y sonó bastante amigable, ciertamente. Me pidió ir a la librería-cafetería mañana a la 1 p.m.

El Parnaso en Coyoacán, en la plaza principal. Le pregunté, un poco en broma: “¿Piensas que nos vamos a reconocer después de tanto tiempo?” Dijo que siempre va al café así que podría preguntar al mesero.

 

24 de marzo (sábado)

El teléfono de Julio Alejandro suena pero no obtengo respuesta. El casero de Alfredo me dio el número del agente de Alejandro, y le marqué de inmediato. El hombre tiene instrucciones de Alfredo, me dijo, para no dar su número sin antes consultarlo. Así que le di mi nombre, para que él llamara a Alfredo y lo consultara. Pero, por supuesto, no tiene idea de cuándo me llamará.

Tenía a José Luis Díaz al teléfono. Sonaba muy amigable, como es usual. Nos veremos muy pronto, dijo. Pero, por supuesto, es un hombre muy ocupado. Eso creo, ya que tiene un puesto muy alto en el gobierno. Me dio el número de su trabajo y me pidió el mío. Nos prometimos entrar en contacto a principio de la siguiente semana.

Marqué a Angelines otra vez. No había escuchado el mensaje que dejé. Me dijo que podía usar su ático, de esa manera podía ser totalmente independiente de ella, pero podía —y debía— bajar a su casa para usar el escusado, el baño y la cocina. El ático no me atrajo demasiado. Pero no tuve alternativa, así que estuvimos de acuerdo.

Sin embargo, más tarde en el día, vino mi mejor amiga mexicana, Martha —de regreso de Acapulco— y tuvo una mejor idea. Le llamó a Carlos Roces, un amigo en común que ha estado enfermo varios meses y por esa razón está viviendo con su madre. Así que su departamento está libre. Martha le marcó, le contó la historia y luego me lo pasó. Estaría feliz de que me quedara en su casa, me dijo. ¡Ésta es, sin duda, una mejor solución que el ático de Angelines!

Él vive cerca del parque de Chapultepec y avenida Reforma en un antiguo edificio estilo europeo, famoso por los muchos artistas, escritores e intelectuales que viven o han vivido ahí. De hecho, este edificio aparece en muchas películas de los años sesenta. Es la versión mexicana del famoso Hotel Chelsea de Nueva York.

Fui a encontrarme con Emilio García Riera a El Parnaso. Llegué muy temprano, así que entré a la librería junto a la cafetería. Compré algunos libros sobre películas —más bien folletos— publicados por la liga de cineclubes de la Universidad Nacional. Estos libros, que cubren aspectos de la historia temprana del cine, se ven bastante bonitos y son ridículamente baratos. Pero hubiera preferido encontrar libros sobre películas mexicanas. Eso llegará después, espero.

la-ilusion-viaja-en-tranvia

Fotograma de La ilusión viaja en tranvía de Luis Buñuel.

 

Por fin me encontré con García Riera. Me dio información muy valiosa. Las películas están disponibles, me dijo. Todas las películas de Buñuel son distribuidas desde España, incluyendo las viejas. Y todas estas películas están traducidas ya sea al inglés o al francés. Me dijo que la institución con la cual debo negociar es la Dirección General de Cinematografía, cuyo director, por cierto, conozco: Fernando Macotela.

También hablamos de varias actrices. Su primera sugerencia fue Ninón Sevilla, que ahora está de regreso en México (es cubana). Rosita Arenas era otra buena opción, según él. Ella es todavía muy bella y ha montado un espectáculo reciente. También hablamos de Leticia Palma. Desde luego que me gustaría usarla, sobre todo porque dejó abruptamente de trabajar en películas en los años cincuenta (debido a una venganza política contra ella de parte del líder del Sindicato de Actores), así que su carrera es una especie de historia redonda, con un claro comienzo y fin. García Riera opina que estaría dispuesta.

Pero luego le dije que mi favorita es Lilia Prado y estuvo totalmente de acuerdo conmigo. Era una buena actriz con un enorme sex appeal y también con un gran sentido del humor. García Riera piensa que no habrá dificultad en conseguirla. Así que, de no ser porque algún obstáculo inesperado surja, será ¡LILIA PRADO SUPERESTRELLA!

Me advirtió ya no buscar a Jomi García Ascot, que ahora está en cama, enfermo de gravedad. En su lugar, me dijo, sería bueno hablar con José de la Colina (otro buen crítico de cine que solía frecuentar hace veinte años) y me dio su número telefónico. El tercer crítico con el que planeaba hablar es su actual enemigo personal (Jorge Ayala Blanco), así que no me dio ninguna información de él.

También me dijo que no hay librerías donde pueda comprar revistas viejas de cine. Naturalmente, después de verlo, estaba muy optimista con mi proyecto; también me dijo que no tendría ningún problema en conseguir que cualquiera de esas actrices fuera a Holanda.

Tan pronto como regresé a mi casa, telefoneé a Macotela. Sí, me recordaba, y sonó bastante amigable al teléfono. Me pidió ir a un coctel a los Archivos de la Cineteca Nacional el siguiente lunes en homenaje a los ochenta años del Indio Fernández. ¡Van a exhibir Reportaje, una película de “mi” periodo! Tal vez sea una película mediocre pero prácticamente toda estrella de cine mexicana interpretó un pequeño papel en ella. Se trataba de una película en beneficio de los niños pobres o algo así, y todas las estrellas actuaron gratis. Así que es la mejor oportunidad de tener un panorama de la bolsa de actores de la época. Macotela me dijo que en la ceremonia acordaríamos una cita para el martes, y me presentaría a su asistente inmediato, quien estará a cargo cuando él vaya a un congreso europeo la semana entrante, y con quien tendría que tratar en su ausencia.

 

25 de marzo (domingo)

Fui con mi hermana y su familia al mercado de La Lagunilla, un tianguis. Me concentré en la sección de libros. No encontré nada interesante. En la tarde, Martha me llevó a uno de los teatros de la Universidad para ver una obra. Extremadamente entretenida, buenos actores, buena decoración. Pero le faltó conflicto.

Luego fuimos a recoger las llaves del departamento de Carlos, donde me mudaré el martes que viene.

 

Traducción de Heriberto Yépez.

 

Ulises Carrión (Veracruz, 1941-Ámsterdam, 1989) fue el teórico de arte y el escritor post-literario mexicano más innovador. Prefiguró nuevas corrientes del libro-de-artista. Anunció explícitamente la teoría del fin del libro, tiempo antes de que aparecieran Internet y el e-book.

Leer completo