Una de las novedades de la FIL de Guadalajara es el epistolario de la poeta Helena Paz Garro y el escritor alemán Ernst Jünger. Sin duda un tesoro que ahora recobran los lectores mexicanos.

Helena, la soledad en el laberinto, el epistolario hasta hoy inédito de la poeta mexicana Helena Laura Paz Garro y el escritor alemán Ernst Jünger, de 1961 a 1996, es en apariencia una serie de cartas y postales amistosas y personales lanzadas de país a país, de continente a continente, pues en muchas ocasiones fueron emitidas en la época cuando Helena vivió en Francia o España, y otras desde su estancia en México o los Estados Unidos. Sin embargo, entre sus líneas se hallan dos vertientes de análisis para entender el contexto en el que fueron emitidas dichas epístolas.

El primer lugar tiene que ver con el contexto histórico de la correspondencia, comenzada en 1961. A menos de dos décadas de concluida la Segunda Guerra Mundial, el mundo estaba divido en dos posiciones ideológicas ante la “amenaza imperialista”, siempre latente en esos años, que representaban tanto los Estados Unidos —bajo la bandera de la democracia liberal capitalista— y la Unión Soviética —quien alzaba la mano socialista y comunista de la lucha de clases y de justicia social, aunque de manera “caciquil y paternalista”, en contraposición al libre mercado que trataba de imponer el otro bando, basado en el “trabajo fabril”, aunque “servil ante la máquina”.1

En ese sentido, las cartas de Helena Paz a Jünger manifiestan esta polarización de ideas, y las posiciones de diferentes intelectuales y escritores incluyendo a su padre, el poeta Octavio Paz, polémicas que trastocaron a los movimientos y a la opinión pública no sólo de México sino también de otros países de América y Europa como Francia y Alemania, en donde se encontraba Jünger. En este tema, el narrador alemán se limitó a leer y escuchar a Helena, sin emitir opinión alguna como buen anarca que era. Se debe recordar que Jünger, uno de los mejores escritores de toda Europa durante el siglo XX, se mantuvo al margen de posiciones políticas de los gobiernos que pasaron en los periodos de guerras, entre guerras y posguerras por convicción y principio ético.

Justo la posición del anarca, es decir, un pensador independiente que observa, piensa, pero no interviene en las posiciones de Estado, en las decisiones y posiciones gubernamentales ni sociales, es un principio que se refleja claramente en las cartas cruzadas con la escritora mexicana. Una segunda vertiente de este libro es la identificación intelectual y emocional que tuvieron estos dos personajes, quienes dejaron al margen cualquier posición creativa y de pensamiento de corte pragmático.

Al contrario, Jünger pertenece a una corriente alemana allegada al existencialismo y al pluralismo de Schopenhauer, a las ideas que pueden venir de la parte irracional, lo que Nietzsche llama “antiintelectualismo”.2 Este antiintelectualismo trató de plantear desde el siglo XIX nuevos métodos filosóficos que pudieran trascender el intelectualismo racional de Kant y de Hegel; antiintelectualismo que a comienzos del siglo XX derivaría en escuelas filosóficas basadas en la psicología, el psicoanálisis o el pensamiento crítico. Además, Jünger también se asocia al romanticismo alemán de Schiller y de Goethe basado en el trabajo literario e intelectual cuya piedra angular es la libertad de pensamiento, la perseverancia y la búsqueda de los ideales,3 los sueños, las utopías. Ideas contrarias a las que el resto del mundo estaban discutiendo en ese contexto de la Guerra Fría.

A lo largo de este epistolario, se evidencia la importancia que Jünger le da al pensamiento basado en la espiritualidad, en la emoción y la irracionalidad de los sueños o ensoñaciones como parte de la existencia vital del ser humano. Es decir, el complemento a la parte pragmática. Por ello, el narrador alemán responde con más ahínco cuando Helena Paz le relata algún sueño o algún sentimiento que le inspiraron a hacer, a crear o a escribir un poema o varios como fue el caso de su poemario Ónix (1990), cuyo prólogo escribe Jünger a manera de correspondencia.

Estas cartas evidencian también el devenir de la civilización occidental y de la modernidad, cuyas crisis, ventajas y desventajas son vividas y reflexionada por ambos escritores. Por su parte, Helena Paz, en este análisis que hace a través de los libros de Jünger, hace de muchas cartas verdaderos análisis sociológicos, psicológicos y filosóficos de acontecimientos de México y el mundo, y del papel que están jugando diversos protagonistas de la cultura occidental en estos más de 35 años de comunicación, 35 años que vio cambiar al mundo en diversos sentidos: sociales, políticos y económicos.

La presentación de este epistolario inédito, cuyo hallazgo hizo la doctora Elsa Margarita Shwarz Gasque, y cuyo análisis, desde el punto de vista psicoanalítico, realizó al lado de la doctora María del Carmen Vázquez Martínez, es un descubrimiento que contribuirá a los estudios histórico-literarios mexicanos y alemanes, principalmente, y es una revelación en torno a una comunicación que se desconocía entre una mexicana y el pensador que mientras escribía una carta a Martin Heidegger por la mañana, por la tarde con las misma pluma y en el mismo escritorio le respondía a la poeta Helena Paz Garro.
Marcos Daniel Aguilar

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Quinta carta de Helena a Ernst Jünger

Emitida desde París, no está fechada, por la secuencia del diálogo se asume que corresponde entre abril o mayo de 1962.

 

1962 (Helena Paz)

Querido Ernst Jünger,

Sin lugar a duda mi silencio lo ha de haber asombrado. Principalmente después de haber anunciado mi viaje a Alemania.

Esta semana regresé de España a donde fui con mi padre por algunas semanas. Algo muy importante ha pasado en mi vida. Yo no he visto a mi padre en los últimos tres años, aunque los dos vivimos en París. Porque él vive con una mujer italiana llamada Bona de Mandiargues, la esposa del escritor André de Mandiargues. Ahora ella me ha prohibido, bajo pena de severas represalias, acercarme o incluso llamar a mi padre. Como ella y su marido pertenecen a la secta surrealista, critican a mi madre por no compartir sus ideas sobre la moral. Ellos nos han acosado con bastante violencia, tengo que decir, calumniándonos, empujando a mi padre a lastimarnos. Incluso, aunque aparentemente nos dañaron mucho, no lo hicieron profundamente porque dejaron intacto nuestro espíritu. Y esto gracias a mi madre, quien miró sus actos con calma.

Y por haber empleado esta expresión muy española: “no debes entrar en el terreno del toro”.

Renuncié ver a mi padre durante tres años; nosotras más o menos nos hemos retirado del mundo. Usted nunca sabrá, querido Ernst Jünger, cuánto nos han consolado sus libros en ese momento.

Como todos los valores se derrumbaron alrededor de nosotras, su Diario era lo único sólido a lo cual nos aferramos. Estoy disgustada por todas estas personas de París, y así como usted lo describe tan bien, y por todos estos nihilistas que, cuando la verdadera cara de la derecha aparece, ¡son los primeros en escapar!

Todos estos adoradores del Marqués de Sade deben admirar a Adolf Hitler, el único verdadero discípulo del “Divino Marqués”, el único que se atrevió a establecer el nuevo orden demoníaco. Porque el verdadero maestro de Hitler es Sade.

Sin embargo, mi padre ha dejado a esta señora. Y yo me encuentro otra vez de cara con él, de frente como un extraño. El gobierno mexicano lo ha designado como embajador de México en Nueva Delhi, India. Y a él le gustaría llevarme ahí en septiembre. Yo no sé qué hacer. Seré honesta, prefiero quedarme en París con mi madre. Pero los papeles han cambiado; ahora nuestra vida está organizada y la de él desordenada. Él se siente muy solo porque no tiene otra familia más que nosotras.

Nosotras ya conocemos el oriente, pues mi padre fue designado en Japón. Vivimos ahí por un año.
¿Usted ama Egipto mucho, no es verdad? Yo sólo conozco el puerto Said, donde el bote se paró un día, y el canal de Suez. ¡Pero me gustaría leer lo que usted escribió acerca de las pirámides!, y sobre la civilización egipcia.

Pensando en este pasaje de Gärten und Strassen (Jardines y calles)4 que he leído hoy otra vez: “De la egiptología en general espero una explicación sobre todo en el pasaje de las imágenes a las letras: ésta es la piedra angular entre el antiguo y el nuevo mundo. Los griegos y los persas. El oriente y el occidente. Cuando considero mi estilo, me parece particularmente insistir sin duda en el hecho de que una pequeña parte de las imágenes del mundo actual están aún vivas en él, una gota de bálsamo de Heraclitus”.

Y esto es porque sus libros siempre dan la sensación de plenitud, de realidad, de belleza, como si usted hubiese alcanzado el núcleo del sueño de la vida. Sin embargo, después de haber leído a Aldous Huxley (que, por cierto, me gusta mucho), nos quedamos con un sabor amargo, como si uno hubiera entrado en un mundo plano, muy bien observado, pero con dos dimensiones. Y esto es porque Aldous Huxley está bastante aislado del mundo de las imágenes, y esto es un producto característico de nuestro tiempo. Y es también porque sus personajes, a pesar de la inteligencia y la claridad con la que los representa, tienen siempre algo artificial, algo fabricado.

¿Recibió usted el libro de mi padre? Él se lo envió en estos días, yo le he dado a él su dirección. Él se va para México en tres semanas, donde estará durante el verano y después regresará en septiembre.

Querido Ernst Jünger, usted se va a reír, pero estamos pensando en ir a Alemania este verano.

¿Estará usted en Riedlingen durante junio, julio, agosto, septiembre? ¡Yo no quiero dejar Europa antes de haber ido a Riedlingen!

Esperando impacientemente una señal de nuestro arcángel privado.

Su Helena Paz.

 

Carta de Ernst Jünger a Helena

24.05.1962 (Ernst Jünger)

Querida amiga,

El señor Octavio Paz, Paris 9 rue Longchamps, me envió su bonito libro Piedra de Sol. Si es un pariente suyo salúdelo de mi parte. Yo le escribiré pronto, estaré en París a finales de septiembre.

Su Ernst Jünger.

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Décimo octava carta de Helena a Jünger

Como es costumbre, se encuentra una posdata al inicio de la carta.

New York, 17.11.1972 (Helena Paz)

P. D.
Mi dirección:
Hotel Middletown, cuarto 1704
148 Este 48th Street New York
Bajo el nombre de Helena Navarro.

Querido Ernst Jünger:

No sé si recibió dos voluminosas cartas en las que le expliqué todo lo que ha sucedido. La postal con la mariposa amarilla se me dio a finales de 1971, un año después de su llegada, por la esposa del amigo que solía ser nuestra “caja de cartas”, un director de cine que es un amigo cercano de mi madre y que vive ahora con mil dólares a la semana que son pagados por su buen amigo, el hermano del presidente Echeverría, como una recompensa por entregarle todas nuestras cartas.

Eso es lo que dijo su esposa, quien nos dio su tarjeta, y nos dio el consejo de dejar México. Este país es el centro del terror del totalitarismo comunista de Castro en América. Pero le aseguro que están enviando asesinos por todas partes, incluso a Münich para los Juegos Olímpicos. Pero en verdad, estos son los verdugos del gran vampiro de la isla: Fidel Castro. Si ha recibido mi primera carta, tal vez pueda entender lo que estoy tratando de decir. Como nos hemos mezclado con la política sabíamos demasiado, y no nos dejaban salir del país, y no le daban un pasaporte a mi madre.

Fui sometida a una cirugía el año pasado en el Hospital Español, por un “llamado cáncer”. Por esta razón el sobrino de uno de estos grandes políticos tuvo piedad con nosotras y dejamos el país en secreto en su coche oficial. El “Tribunal Plebeyo” comenzó el 2 de octubre y, después del castro-comunista, fuimos responsables de la represión contra su rebelión en los Juegos Olímpicos de 1968. ¡Nosotras y el presidente Díaz Ordaz! Esto es ridículo. La verdad es que estos monstruos mexicanos nos ofrecieron mucho dinero para caminar con ellos, pero nos negamos. Los testigos molestan. Tiene que saber que mi padre es el poeta oficial del régimen, desde el ascenso al poder de Echeverría, exministro de la policía.

Mi padre, por supuesto, no me habla más. Tuve que vender mi apartamento en París para vivir en México. En cuatro años nadie vino a vernos, excepto los estudiantes terroristas castro-comunistas, y por supuesto, los que trabajaban bajo el orden de nuestro inefable jefe de policía. En la foto que adjunto se puede ver uno de estos bastardos. Además, van a Alemania, a Suecia, con mucho dinero para coordinar el terrorismo en Münich. Nos dijeron esto ellos mismos. Por cierto, uno de ellos acaba de regresar de Alemania. Y todos los mexicanos están en el tráfico de drogas. Este es un plan de Fidel Castro y de Echeverría para arruinar el oeste. Pero tengo miedo de hablar de esto. Aquí en los Estados Unidos hay demasiado de esto.

Le diré algo más agradable: cuando llegamos a Nueva York, en el Hotel Middletowne, aparecieron nuevamente nueve maletas llenas de papeles, fotos, sus cartas, mis poemas. Hace tres años venimos a Nueva York y tuvimos que salir del hotel y regresar a México por falta de dinero y otros problemas. Al llegar aquí, el empleado del hotel me mostró la bodega. Se había quemado porque la discoteca que estaba arriba se había incendiado el día de Navidad de 1971. ¡Todo había ardido, excepto el rincón donde estaban mis maletas con sus cartas! Por lo tanto, usted ha salvado la única copia existente de mis poemas. Bueno, me voy ahora, ya no quiero aburrirle más, ¿podría escribirme y enviarme otro talismán para llevar siempre conmigo?

Su Helena Paz.

P. D. Tengo unos mil dólares y pensamos ir a Austria finalmente. Estudiando bien alemán y yendo donde está el editor de las obras teatrales de mi madre. Aquí en los Estados Unidos la gente es apática, no cultivada, todos los jóvenes están drogados en las calles. Y en México los mexicanos me dijeron encantados cuando regresan de Estados Unidos o de Alemania, después de haber vendido su carga de “Marihuana” o “Peyote” o de heroína: “Todos los jóvenes rubios toman drogas. Europa ha cambiado. ¡Decid ah! ¡Ha!” ¿Es esto cierto? La foto que le adjunto la tomé en mi casa en México como una broma. Fingí ser una mariposa, para tener suerte. Y esto me trajo suerte.

Página con la foto: Estoy de pie, mi madre sentada y el bastardo estudiante comunista.

Helena Paz.

Ilustración: Guadalupe Gómez

Carta de Ernst Jünger a Helena

28.11.72 (Ernst Jünger)

Querida Helena,

Estoy encantado de saber que usted está segura. Es muy razonable buscar algo en Antibes. Tal vez Christian Bourgois, mi editor en París podría ayudarle a encontrar una casa. Yo lo visité en Antibes en su bonita propiedad.

Es una lástima que usted haya vendido su apartamento en París. De todas formas, espero verla pronto en París o en la orilla del Mediterráneo. Manténgase firme. Le abrazo.

Ernst Jünger.

Posdata: Su padre me manda de vez en cuando sus poemas.

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Vigésima carta de Helena a Jünger

Jünger escribe en el sobre “Paz Helenita” y la fecha: 6.6.74.

Madrid, 06.06.1974 (Helena Paz)
Ernst Jünger
Wilflingen über
Riedlingen
Wurtemberg
Alemania

Querido Ernst Jünger:

Le escribo desde Madrid lo que ha sucedido. Voy a tratar de darle un breve resumen de una situación confusa, pero todavía la misma. Me parece estar viviendo el Der Prozess (El Proceso) de Kafka, un autor que siempre me repugna instintivamente. Pero parece que escribió la verdad sobre el mundo moderno.

He pedido asilo político a los Estados Unidos, por consejo e incluso por presión, se puede decir, de una gran amiga cercana de mi madre, Mildred Murphy, la hija del político estadounidense Robert Murphy,5 el “Kissinger” de Roosevelt, después más tarde, subsecretario del Estado de Eisenhower, embajador de los Estados Unidos, etc. “Con la recomendación de mi padre lo obtendrás inmediatamente”. El 16 de febrero de 1973 pedimos asilo político a inmigración. Pusieron en el pasaporte: “solicitud de asilo político. Permiso de trabajo”. La inspectora nos dijo: “Esto irá al Departamento de Estado. Pero estoy segura de que lo conseguirás, etc.”.

En febrero diecinueve el presidente de México nos telefoneó en el hotel donde nos quedamos: “Vuelvan inmediatamente a México. Quiero que Helena se haga la cirugía en su país”. Su tono era amenazante. Nos negamos. El señor Robert Murphy cambió por completo. No quiere tener más que ver con nosotras. Su hija viene a nosotros todos los días, nos busca. Su hija, por cierto, tiene cincuenta años. Tengo miedo de hacerme mi cirugía por temor a los mexicanos, porque un examigo nuestro, Julio Bracho, director de cine, nos acaba de amenazar con espías mexicanos, etc. Dejamos Shelter Island, una isla perdida al final de Long Island, mayo, junio, julio, agosto, septiembre. El presidente de la República y su hermano Rodolfo6 empezaron a enviar telegramas, para llamarnos por teléfono: “Vuelvan inmediatamente”.

En esta caseta perdida, el teléfono suena todos los días, llamadas desde México. Y aquí dos personajes entran en escena: uno, Federico Zamora, líder estudiantil comunista que trabaja también para la policía secreta, ¡nos llama todos los días durante tres horas! Y tengo testigos: vecinos, etc. Y una poetisa, una amiga de ambos, de mi padre y de mi madre, Eunice Odio,7 anticomunista profesional. Ella nos conoce desde que yo era una niña. Al teléfono, ella se indigna por la forma en que nos tratan, ella telefonea al presidente Echeverría para ir a verlo e interceder por nosotras. Él la recibe y dice: “Diles que regresen. Aquí en México todo se hará por ellas. En Nueva York esto es imposible”. Ella llama a mi padre para hacerle pagar mi cirugía. Él corta la relación con ella y le dice: “No quiero oír más de estas dos personas (mi madre y yo)”. Ella me dice esto indignada, etc.

Ella nos llama todos los días, rogándonos que regresemos a México. Regresamos a Nueva York el 28 de septiembre. Mi médico me recomienda un abogado, el señor William Oltarsh. Voy al encuentro al día siguiente. Es un especialista en asuntos de asilo político. Le pagamos dos mil dólares. Porque en Shelter Island los hostigamientos continuaron. Llamadas telefónicas amenazantes, etc. Me hacen mi cirugía en Nueva York. Habíamos alquilado un pequeño apartamento. Eunice Odio empieza a enviarnos cartas desesperadas, muy raras: mi teléfono ha sido cortado. Estoy amenazada. Pero amenazada, ella dice, debido a las intensas llamadas telefónicas hechas a los Estados Unidos.

Mi madre ha comenzado a dar conferencias en la Universidad de Nueva York, ya que sus libros son muy conocidos por aquí. El presidente de México nos llama a casa de un vecino, Madame Aude Cohen (porque mamá se niega a tener un teléfono en la casa). Federico Zamora, el estudiante de la policía, llama a la casa también. Estupefacción para Madame Cohen, así como para todos los vecinos. El 11 de abril de 1974 nuestro abogado nos dice: “Vayan a la inmigración, porque he hecho una solicitud para los pasaportes internacionales como refugiadas”. En diciembre de 1973 nuestros pasaportes mexicanos habían expirado. El 11 de abril, el inspector dijo: “Como sabe, Sr. Oltrash, el asilo político ha sido rechazado el 10 de octubre de 1973”. ¿Pero por qué no hemos sido informadas?

No pudo responder. El abogado lo ignoraba. Pero en nuestra vida ya había aparecido una señora, June Cobb, amiga de Eunice Odio y de los dos escritores mexicanos, un americano que había vivido en México, de 1961 a 1966, y que había organizado la Sociedad de Escritores Mexicanos. La conocíamos vagamente. Un día ella apareció en casa enviada por Eunice; ella viene todos los días. El Viernes Santo nos lleva a la “Deportación”; el décimo cuarto piso de la Inmigración para supuestamente ver nuestro expediente y ver a lo que tenemos derecho, según la ley americana, habiendo perdido el juicio por el asilo político.

Allí nos rodearon unos policías siniestros: “Van a ser deportadas a México, su país de origen, ya que no tienen más pasaporte. ¡Esta es la ley! “, ellos gruñeron. Lloré, yo exigí mis derechos. El Gran Jefe sale de la habitación, Mr. Mapel, rubio americano con gafas redondas en un marco de acero. (La inmigración está llena de negros, hindúes, chinos que quieren trabajar en los Estados Unidos), él admite: “Sí, es ilegal que no se les haya informado el 10 de octubre que no se les concedió asilo político. Ni a su abogado tampoco”. Lloro sólo de pensar ser deportada a México. Te daré tiempo hasta el 11 de mayo. Entonces puedes apelar al magistrado de inmigración, luego a la corte de apelaciones, luego a otro magistrado, luego a la Corte Suprema. Estas apelaciones pueden tomar un año. Pero cada uno cuesta mucho y nunca se le otorgará asilo político, ya que no consideramos a México como un país que persigue. Es diferente con Cuba o con Rusia.

—¿Por qué no me lo dijo el primer inspector? Yo habría ido a Europa. Aún tenía dinero y un pasaporte.

—No lo sé.

Nos fuimos. Estaba desesperada pensando en volver a México. Todos nuestros amigos de Sudamérica, a quienes les dije esto, dicen: “¡Te salvaste por un pelo! Este es un verdadero milagro. Nadie sale del catorceavo piso. Este es de donde eres deportado. Los oficiales de policía de la deportación son los más brutales. Ni siquiera tiene derecho a apelar a su abogado de deportación”. ¿Quién te llevó allí? “June Cobb”. “Esta no es una amiga. Ella es más bien tu enemiga”. June Cobb desde ese día cambió, comenzó a amenazar, en fin, para no aburrirle, fuimos al Consulado de México. Un vicecónsul (encargado de los mexicanos en el extranjero) nos detuvo en un pasillo.

—¿Es usted la señora Garro y su hija?

—Sí.

—Síganme.

Luego en su oficina dijo: “Le admiro. Sé todo sobre sus problemas. Le daré una extensión para sus dos pasaportes. No puede regresar a México. Sé por buenas fuentes que los terroristas castristas pagados por el gobierno de Echeverría le encarcelarán y le matarán”. “El pequeño hombre de pelo castaño hizo lo que él prometió. ¡Él nos salvó la vida!” Amigos profesores nos prestaron dinero para ir inmediatamente a España. (Mientras tanto, después de la discusión en el departamento de Deportación, escribí una carta desesperada a Lucienne Didier).

En la víspera de nuestra partida de Nueva York, June Cobb vino y nos dijo: “Eunice Odio su amiga ha sido asesinada. En su bañera, el cráneo destruido por los golpes. No se sientan culpables. Incluso si no volvieran a México”. Unos días antes yo había llamado a Eunice a su casa, frente a June y un individuo que se identificó como Jacinto Trujillo, de la Policía Preventiva, respondió a su teléfono amenazándonos groseramente.

Dormimos con una amiga que es profesora y tomamos el avión al día siguiente a Madrid, con la fortaleza de la promesa del cónsul español López de Erce, para recibir el pasaporte español en Madrid. Y siguiendo en esto los consejos de Lucienne Didier. Aquí en el Ministerio un caballero muy importante nos dijo ayer: “Si no tienes el certificado de naturalización mexicana de tu madre, imposible”. Bueno, querido Ernst Jünger, nunca el gobierno mexicano entregará este dossier. Lucienne Didier fue muy amable en ofrecernos su ayuda y la suya. Realmente soy inocente, así como mi madre. Nuestro único crimen es no ser comunista. Si somos expulsadas de España, ¿qué haremos? Mi madre es española. Necesitamos un pasaporte. ¿Usted me podría ayudar? Si es necesario, vendré a donde quiera que esté para explicarte todo (por carta es más difícil).

Querido Ernst Jünger, no cuento con nadie en el mundo, no sé qué hacer, Estoy desesperada. No sé de dónde obtiene su poder el ridículo tirano mexicano Luis Echeverría.

Con amor,

Helena Paz.

Hostal Don Diego

P. S. Deme una señal en:
Calle Velázquez 45, Madrid, España.

En una autobiografía publicada en los Estados Unidos donde aparece toda su familia, mi padre ni siquiera menciona el hecho de que tiene una hija. Le digo esto no por atacarlo, sino porque Lucienne ingenuamente cuenta con su ayuda para mí. Sí, podría ayudarme porque él es muy importante para el gobierno mexicano. Pero es inútil.

 

Carta de Ernst Jünger a Helena

Carta con papel membretado de Ernst Jünger con su dirección.

22 de junio de 1974.

Querida Helena:

Estoy triste con motivo de sus noticias. Como usted sabe yo mismo estoy muy mal con sus adversarios.
Deme la dirección de Octavio, su padre, quien me ha enviado sus libros varias veces. Yo quiero indicarle sus deberes.

Siempre suyo.

Ernst Jünger.

P. D. Saludos a su madre.
Le escribí a Lucien Didier.

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Décimo sexta carta de Helena a Jünger

Sin fecha, probablemente data entre octubre de 1968 y agosto de 1970. Se lee escrito a mano por Ernst Jünger el nombre de Paz, Helena. En esta carta aparece primero la posdata.

P. D. Al señor Julio Bracho
Descartes, 70, Colonia Anzures
México, DF.

Estimado Ernst Jünger:

Sólo escribo unas pocas palabras dos líneas para preguntarle algo vital: hace un mes le envié una carta en la que le confié cosas de extrema importancia para mi seguridad personal. Lamentablemente, temiendo ser seguida a la oficina de correos, se la confié a un joven amigo, un estudiante. Como no tuve una respuesta, me temo que este muchacho me ha traicionado y guardó la carta. ¡Las cosas están tan mal en México y en Guatemala! Los asesinos comunistas, que mataron de una manera tan vil al conde von Spreti,8 son los mismos que nos amenazaban, a mi madre y a mí en 1968. Hay ciertamente un estrecho contacto entre las “guerrillas” de Guatemala y de México.

Conozco a varios líderes personalmente. Y estoy firmemente decidida a luchar contra estos asesinos. Pero cuentan con el apoyo de “arriba” para su impunidad. Ellos deben ser exterminados. No se puede imaginar la cantidad de personas que asesinaron: 4,000 en Guatemala el año pasado. El gobierno de Guatemala no podía volver a ceder a su chantaje. En los Estados Unidos, también, cuentan con el apoyo de “arriba”. ¡No Nixon, por supuesto! Le ruego que me responda porque estoy muy preocupada por el tema de esta carta.

Su Helena Paz.

 

Postal de Jünger a Helena

Contiene la mariposa Trachydora jungeri (Amsel, 1968) con la leyenda: “Esta pequeña mariposa originaria de Karachi Pakistán fue dedicada al poeta y escritor Ernst Jünger”. Dirigida a Helena Paz o Julio Bracho a Descartes 70, Colonia Anzures, México, D.F.

 

09.09.1970 (Ernst Jünger)

Querida Helena Paz, la dirección de Lucine Didier:
51 Rue de Séne, Paris 6.

Las mariposas son más fuertes que los demonios, no tenga usted miedo, con los mejores deseos.

Ernst Jünger.

 

Marcos Daniel Aguilar

Ensayista. Es autor de: Un informante en el olvido: Alfonso Reyes (Conaculta, 2013) y La terquedad de la esperanza. Cuatro cuadros circundantes a un libro revolucionario (UANL, 2015).


1 Rodolfo Suárez, “Se prohíbe a los materialistas estacionarse”, en Camaradas Nueva historia del comunismo en México (Coordinado por Carlos Illades), México, Secretaría de Cultura-FCE, 2018, pp. 351-359.

2 Pedro Henríquez Ureña, “Nietzsche y el pragmatismo”, México, Obra crítica, FCE, 2001, p. 73-78.

3 José Enrique Rodó, Ariel, UNAM, 1942.

4 Ernst Jünger, Radiiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939-1943), Barcelona, Tusquets, 2005.

5 Robert Daniel Murphy (1894-1978). Diplomático estadounidense.

6 Rodolfo Echeverría Álvarez (1926.2004). Hermano de Luis Echeverría Álvarez, fue secretario General de la Asociación Nacional de Actores (ANDA).

7 Eunice Odio (1922-1974). Poetisa costarricense, amiga de Elena Garro.

8 Karl von Spreti (1907-1970). Embajador alemán en Guatemala, fue secuestrado y asesinado el 5 de abril de 1970.

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