León Tolstoi no es el primer autor que se nos viene a la mente si pensamos hablar del amor con optimismo; menos aún si lo que nos atañe son las relaciones conyugales. Nadie puede olvidar la espiral trágica de Anna Karenina y sus dos Alexeis, el primero de los cuales, “no sabría ni siquiera qué es el amor” si no fuera porque escuchó alguna vez la palabra, como asegura la protagonista de esta magistral novela.

Sin embargo, Tolstoi tiene una obra dedicada solamente a la reflexión del amor virtuoso. La cuenta a través de la relación de Masha y Serguéi en un libro escrito en 1859 y titulado La felicidad conyugal, casi dos décadas anterior a la publicación por entregas de Anna Karenina, pero que coincide en priorizar la perspectiva de la mujer que protagoniza la historia.

Se trata de un romance convencional que empieza en la inocencia del campo, se complejiza al momento en que la ciudad aparece en escena, peligra cuando se le subordina a las exigencias de la vida social y muta para nunca volver a ser lo mismo.

Para este inminente 14 de febrero, la historia de amor que cuenta Tolstoi en esta breve joya sigue siendo aleccionadora. Aquí una serie de extractos a propósito del amor y el amar.


El concepto del amor

Ella: “Cada uno de mis pensamientos era un pensamiento suyo, y cada uno de mis sentimientos era un sentimiento suyo. Entonces yo no sabía que eso era el amor, pensaba que siempre podría ser así, que era un sentimiento que se daba porque sí”.

Ella: “En ese momento mi corazón se puso a latir con más fuerza, mi mano tembló y apretó la suya, tuve calor, mis ojos buscaron los suyos, en medio de la penumbra, y de pronto sentí que no era miedo, que ese terror era el amor, un amor nuevo y todavía más tierno e intenso que antes”.

Él: “—¿Y cómo se va a enterar la mujer de que la aman si no se lo dicen? […]
—Pues eso no lo sé— respondió él—. Cada persona tiene sus propias palabras. Y si el sentimiento existe, ya encontrará la manera de expresarse.”

La seducción

Ella: “‘[…]Tengo la impresión de que entiende usted la música.’
Esta parca alabanza me causó un regocijo tan grande que incluso me ruboricé. Era para mí tan nuevo y tan agradable que él, amigo y par de mi padre, hablara conmigo seriamente, de tú a tú y no ya como una niña”.

Ella: “Nunca, ni con una mirada, ni con una palabra, me daba a entender que fuese yo bonita. Incluso le agradaba hallar defectos en mi apariencia y me hacía rabiar hablando de ellos […] Él quería creer que en mí no había coquetería. Y cuando lo entendí no quedó en mí ni la sombra de la coquetería de los vestidos, de los peinados, de los ademanes; en su lugar apareció algo más claro que la luz del día: la coquetería de la sencillez en un momento en el que yo aún no podía ser sencilla”.

Ella: “Sentía cuánto mejor y más digno era mostrar frente a él los mejores aspectos de mi alma”.

Él: “ […] ¿De dónde ha salido esta seguridad en sí misma tan llena de salero y de gracia, esta afabilidad, incluso esta mente mundana y esta amabilidad? Y todo se le da con sencillez, donaire y finura. Todos están fascinados con ella y yo mismo no me canso de admirarla, y si fuese posible, la querría aún más”.

Sobre los riesgos de la vida social

Ella: “Estaba tan ofuscada por ese súbito amor que por mí se había despertado de pronto en tanta gente extraña, por ese aire de elegancia, de placer y novedad, que ahora respiraba por primera vez, había desaparecido tan repentinamente esa su influencia moral que tanto me oprimía, y me resultaba tan agradable en ese nuevo mundo no sólo ponerme a su altura sino situarme por encima de él y de ese modo amarlo más y de forma más independiente que antes, que no lograba entender qué era aquello tan dañino para mí, que él veía en la vida social”.

Él: “Estas falsas relaciones pueden acabar con nuestras verdaderas relaciones”.

Ella: “La vida social, que al principio me ofuscaba la razón con su brillo y los halagos a mi vanidad, pronto se enseñoreó definitivamente de mis gustos, se tornó costumbre, me puso sus grilletes y ocupó en mi alma todo el lugar disponible para los sentimientos”.

La dicha de amar

Ella: “Con frecuencia durante ese verano subía a mi habitación, me acostaba en la cama, y en vez de la antigua nostalgia primaveral por los anhelos y las esperanzas en el futuro, se apoderaba de mí la inquietud de la felicidad en el presente”.

Ella: “Sólo ahora entendía por qué él solía decir que la felicidad consistía en vivir para el otro, y me sentía completamente de acuerdo con él […] con una conciencia eterna de la dulce y auxiliadora providencia”. 

Ella: “No había que trabajar rigurosamente ni cumplir con la obligación de sacrificarse en aras del otro, como había imaginado mientras fui novia. Al contrario, lo que había era un sentimiento interesado de amor mutuo, el deseo de ser amado, una alegría constante y sin motivo y el olvido de todo el mundo”.

Él: “Yo he vivido mucho y creo que sé lo que hace falta para la felicidad. Una vida apacible, recogida en la lejanía de nuestra provincia, con la posibilidad de hacer el bien a esas personas a las que es tan fácil hacer un bien al que no están acostumbrados; luego, el trabajo… un trabajo que, según parece es de provecho; luego, el descanso, la naturaleza, los libros, la música, el amor al prójimo; ésa es la felicidad para mí y no pienso que haya nada superior a ello. Y ahora, por encima de todo esto, una persona amada, una familia, quizá, todo lo que un hombre puede desear”.

Ella: “El sentimiento [de amor] de antaño se convirtió en un recuerdo querido e irrevocable, y el nuevo sentimiento de amor por mis hijos y por el padre de mis hijos sentó el comienzo de otra vida, feliz de manera absolutamente distinta…”

 

León Tolstói, La felicidad conyugal, traducción de Selma Ancira, Barcelona, Acantilado, 2012, p. 178.

Ana Sofía Rodríguez 
Editora de nexos en línea.

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El sentido de las resoluciones de Año Nuevo radica en la posibilidad de hacer borrón y cuenta nueva, en la idea de que las cosas pueden cambiar de un día para otro y siempre para mejor. Sin embargo, el cariz positivo del primer día de nuestro calendario gregoriano suele diluirse fácilmente, como lo demuestra la siguiente selección de acontecimientos históricos.  


Guyot Marchant, La Danse macabre. Paris, Guy Marchant, 1486. Paris


Guerras y otras injusticias para empezar el año

El que quizás sea el evento de Año Nuevo más importante de la historia sucedió en 1502, cuando exploradores portugueses, entre los cuales estaba el mismísimo Américo Vespucio, llegaron a una bahía en el nuevo continente que nombrarían San Sebastián de Río de Janeiro (janeiro significa enero en portugués). Desde 1807, esta sería la capital del reino de Portugal, con todas las consecuencias que implica la explotación y el desplazamiento cultural de los nativos, y más tarde la importación de esclavos. Ese primero de enero es el momento fundante del Brasil que conocemos.

No muchos años después, del otro lado del mundo, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Maximiliano I, expulsó a la población judía de la actual Liubliana, en Austria, el 1 de enero de 1515. Fue el resultado de la exigencia del resto de la población que habitaba en esa ciudad, y no fue sino hasta 1867 que se permitió que personas de ascendencia judía volvieran a asentarse en el territorio.

Después de la caída del tercer protectorado de Richard Cromwell en Inglaterra, Yorkshire amaneció el primer día de 1660 ocupada por las fuerzas militares de Thomas Fairfox, hecho que desembocó en la restauración de la monarquía bajo el mandato de Carlos II. Dentro de sus hábitos imperiales, los ingleses parecen tener una debilidad especial por invadir lugares en Año Nuevo: En 1807, Curaçao fue ocupada por la armada inglesa por segunda ocasión en menos de cinco años; Sierra Leona fue declarada colonia británica el primero de enero de 1808 y, cuarenta años después, los ingleses ocuparon militarmente el viejo San Juan, en Nicaragua, para construir un canal interoceánico. El año de 1914 se estrenó con la incorporación del sur y el norte de Nigeria al imperio de su majestad.

Hablando del siglo pasado, hay varios inicios de año que son un fiel retrato de muchos de los horrores de ese “corto siglo XX”, como lo llamó el historiador Eric Hobsbawm:

La primera semana de 1923, por ejemplo, el Ku Klux Klan lideró una serie de asesinatos a afroamericanos residentes del pueblo de Rosewood, Florida, que resultaron en lo que hoy se conoce como la Masacre de Rosewood. Todo empezó cuando una mujer blanca de un poblado cercano fue asaltada y lastimada por hombre negro. Los habitantes de Sumner decidieron encontrar a su atacante y, sin mayores pruebas, se determinó que éste era un joven negro del poblado vecino llamado Jesse Hunter. No lo encontraron, pero esto no detuvo la determinación de venganza: durante una semana, un grupo de blancos se dedicó a quemar edificios y casas, y a torturar y matar a los habitantes de Rosewood, mascotas incluidas. El gobierno del estado hizo muy poco por detener los abusos y el pueblo quedó prácticamente deshabitado. No fue sino hasta abril de 1994 que el Congreso aprobó una ley para compensar a las víctimas de ese trágico año nuevo.

En la Alemania nazi, otro tipo de discriminación se hizo presente el primer día de 1934. Ese día entró en vigor la Ley para la prevención de Descendencia con Enfermedades Genéticas, que permitía la esterilización de todos aquellos individuos con diagnósticos psiquiátricos, epilepsia, corea de Huntington, ceguera y sordera genéticas, además de deformaciones físicas, en pos del mejoramiento de la raza aria.

Por su parte, China estrenó el 1972 llevando a cabo algunas pruebas nucleares en Lop Nor. En este lago ubicado al noroeste del país se realizaron 45 pruebas nucleares a lo largo de veintinueve años (la primera data de 1967), mismas que tuvieron consecuencias irreversibles en la salud de quienes vivían en las inmediaciones. Se supone que la última prueba se realizó en 1996 y en 2008 se empezó a dar un subsidio a las víctimas.


Triste 1ro de enero nacional

Entre las desventuras nacionales de principios de año, la declaración de independencia por parte de la península de Yucatán el 1 de enero de 1846, sin duda se impone como la peor. La resolución impulsada por la Asamblea Legislativa del estado tenía una larga historia: Yucatán había gozado de un acuerdo de soberanía desde su incorporación al imperio de Iturbide y hasta 1835 en que México adoptó un gobierno centralista. La dominación desde el centro iba creciendo cada vez más, y en octubre del 41, Yucatán se declaró un territorio autónomo con respecto al resto del país e incluso publicó su propia constitución. El presidente Santa Anna no aceptó esta  independencia y se dedicó a boicotear económicamente a la península hasta que los dos gobiernos llegaron a una serie de acuerdos en el 43. La segunda declaración de independencia se decidió después de que el Congreso mexicano rechazara este convenio en 1845. Sin embargo la llamada Segunda República de Yucatán tampoco duró mucho, pues la Guerra de Castas requirió del apoyo del gobierno central de México, por lo que la península se reincorporó al país en 1848. (Por suerte, pues esto trajo de regreso a México buena parte del pasado maya, el salpicón de venado y el pan de cazón, pues Campeche fue parte de toda esta serie de vaivenes.)


Otros infortunios de Año Nuevo

Aunque menos trágicos, hay otros inicios de año que no le hubiéramos deseado a nadie…

Por ejemplo, en los primeros días de enero del año 1610, y después de observar el cielo durante meses, el astrónomo alemán Simon Marius descubrió las lunas de Júpiter. Sin embargo, no lo reportó inmediatamente y el crédito se lo llevó Galileo, quien publicó el mismo descubrimiento en julio de ese año en su obra Sidereus Nuncius, conocida como Mensajero sideral, orillando al olvido a su homólogo teutón.

Muchos siglos después, el 1 de enero de 1998, todos los bares, clubes y lugares de juego en California se declaran “libres de humo”. Quizás este evento no tenga un lugar muy discernible en el medidor de lo trágico, pero uno no puede evitar pensar qué habrán hecho los fumadores que celebraban el año nuevo en alguno de estos sitios.

Como no pueden faltar las muertes, recordemos que el 1 de enero de 1515 (al tiempo que los judíos eran expulsados de Austria), el rey Luis XII de Francia murió supuestamente por haber pasado demasiado tiempo en el dormitorio, con su nueva y joven esposa, María Tudor. Aunque padecía de gota, al rey le pesaba más el no haber tenido hijos en ninguno de sus tres matrimonios; por lo que se cuenta, falleció de agotamiento conyugal.

Entre otras muertes en los albores del año está la de Telémaco, un monje que vivió en Roma y que es recordado por oponerse a las luchas de gladiadores. Existen distintas versiones sobre su muerte, pero en la Iglesia católica se le venera el primer día de enero porque, según Teodoreto de Ciro, fue asesinado ese día en el año 404. También el 1 de enero, pero en 1783, murió el compositor Johann Christian Bach, hijo de Johann Sebastian Bach. Pocos años después, en 1793, muere Francesco Guardi, el paisajista veneciano. Y, para acabar con la breve lista de pérdidas en las artes, el 1 de enero de 1958 murió el fotógrafo estadounidense Edward Weston. Sus cenizas fueron esparcidas en la reserva californiana de Point Lobos, zona que hoy se conoce como Weston Beach.

Para concluir, solamente un dato para los amantes de la prensa rosa: Barbra Streisand y el estilista Jon Peters se separaron el primer día de 1986.

 

Ana Sofía Rodríguez
Editora de nexos en línea.

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La coreógrafa estadounidense Twyla Tharp sabe del pánico que causa la hoja en blanco o, en su caso, el escenario vacío. En su libro, The creative habit. Learn it and use it for life (Simon y Schuster, 2009) repasa las estrategias que ha aprendido de imaginar icónicas coreografías –sobre todo en las décadas de los setenta y ochenta– que, en sus propias palabras, “quería bailar, pero nadie estaba haciendo”. Con la fe puesta en que a la originalidad la hacen los hábitos, Tharp cree que todos podemos adoptar ciertos consejos y preparar nuestras mesas de trabajo para ser creativos en nuestras vidas cotidianas. Aquí algunos de sus consejos.

creativo


La creatividad es un acto de desafío. Estás retando al status quo.  Estás cuestionando las verdades y principios aceptadas. Estás preguntando las tres cosas que se burlan de la sabiduría universal: ¿por qué tengo que seguir las reglas? ¿Por qué no puedo ser diferente? ¿Por qué no puedo hacerlo a mi manera?

La paradoja más interesante de la creatividad es: para ser creativos por hábito tenemos que saber cómo prepararnos para ser creativos, pero planear no será nunca suficiente para que los esfuerzos sean exitosos. Uno solamente puede darles vida a los esfuerzos cuando deja ir los planes.

Uno sólo se engaña a sí mismo si pone la creatividad antes que al oficio. El oficio es en donde empiezan nuestros mejores esfuerzos.

La soledad es una parte inevitable de la creatividad. La independencia su feliz subproducto.

Una vez que aceptamos el poder de la espina –[la idea nodal]– en el acto creativo, nos volvemos mucho más eficientes en éste.

[hay quien] da por sentado sus urgencias, sus prejuicios y sus hábitos de trabajo. Si uno nota las facetas del ADN creativo [que todos tenemos], entonces es claro como se tejen los hilos comunes en el trabajo propio.

Algunos consejos

Es normal establecer la mayor cantidad de reglas posibles sobre las formas antes de ponerse a trabajar, pero hay que elegir aquella que sea, no sólo apropiada para uno, sino correcta para la idea en particular.

Establecer rituales –formas automáticas y decisivas de comportamiento– es vital al inicio de cada proceso creativo, cuando uno corre el riesgo de dar la espalda, acobardarse, darse por vencido o equivocarse.

Con un objetivo, cualquier lugar o excursión se pueden volver viajes invaluables. Si buscas belleza o alivio sensorial, puedes acudir a la galería local o a un paseo en el bosque. Si lo que se quiere es caos y emoción humana expuesta, entonces se puede visitar una sala de urgencias en un hospital o una terminal de autobús.

[…] ocúpate de copiar. No es una noción popular hoy en día, cuando a todos se nos indica que sigamos nuestro propio camino, se nos exhorta a ser originales y encontrar nuestra voz a toda costa. Pero es un buen consejo: viajar por los caminos de la grandeza –incluso a través de las huellas de alguien más– es una forma vital de adquirir habilidad.

El movimiento y la actividad física son mi material, pero más que eso, son la forma en que estamos en contacto con nuestros cuerpo y con el mundo exterior. Cualquier cosa que ponga a nuestro instrumento de trabajo dentro del mundo tiene que mejorarnos, refinarnos y conectarnos más.

Realiza excavaciones de lectura. Toma un autor o un tema y empieza con el texto más reciente, luego procede a leer los textos más antiguos progresivamente. […] obtendrás algo más preciado: la idea original en su forma más antigua y menos adulterada.

Aunque suene raro, la personalidad es una habilidad. Uno puede elegir y desarrollar los aspectos de ésta que logren atraer a gente que ayude a que aprendamos y mejoremos.

[…] otra cosa útil sobre saber quiénes somos es saber lo que no deberíamos hacer.

La última habilidad es el "siempre niño". Se podría denominar "la habilidad de no saber", "la negación", "la ingenuidad". Es básicamente el sentido de la inocencia. No sabes que el fracaso puede doler, o siquiera que se puede fracasar. Esta forma de la ignorancia permite tomar riesgos increíbles…

Para la parálisis creativa

Cuando estas en un surco tienes que preguntarte todo menos si es posible salir de éste.

Nos atoramos cuando seguimos la primera idea que nos viene a la cabeza, no la última.

De todas los ejercicios que me ayudan cuando he llegado a una pared en mi creatividad es "has un verbo". Quiere decir que escojo cualquier verbo y lo actúo físicamente.

Elimina una habilidad vital. ¿seguirías siendo capaz de crear? ¿cómo compensarías? ¿Qué habilidad se manifestaría para rescatar tu trabajo?

Dejo de contar durante una semana. Ni veo nada que tenga números sobre si [relojes, metros, básculas, cuentas, contratos, formularios de impuestos, estados de cuenta y reportes de regalías].

Por un día, has absolutamente lo contrario, al punto de lo desagradable y beligerante. Pon todo de cabeza.

Adoptados de otros

Que el boxeador Cassius Clay de cambiara el nombre a Muhammad Ali fue uno de los actos creativos más grandes del siglo XX […] le dio una mayor identidad para un escenario más grande. Hecho bien y sabiamente, el cambio de nombre puede volverse una auto profecía bien cumplida.

Chandler mantenía listas de detalles que observaba en su vida y entre quienes conocía. Un archivo de corbatas, uno de camisas, una lista de expresiones populares, nombres de personajes, títulos y comentarios ingeniosos que usaría en el futuro.

Conozco a una soprano que […] tiene un ritual de no hablar por una semana cada año. No sólo es un descanso para su músculo artístico más importante, también es un recuerdo de la diferencia entre lo que vale la pena decir y lo que no. Es el editor perfecto del alma creativa.

Un escritor de Manhattan que conozco nunca deja su departamento sin recordarse a sí mismo de "regresar con un rostro". […] busca un rostro persuasivo y crea una rica descripción en su mente.

[Alguna vez me dijeron] "sólo necesita una buena razón para comprometerte una idea, no cuatrocientas. Pero si tienes cuatrocientas razones para decir que sí y una para decir que no, la respuesta probablemente es no".

Incluso a George Balanchine –que creó un alegre capullo de recursos casi ilimitados en el New York City Ballet–, le gustaba sentir que trabajaba bajo restricciones. Cuando alguien le preguntaba cómo hacía sus coreografías el respondía "en tiempo sindicalizado". [Cuando todos los bailarines estaban en el salón entre sus descansos de cinco minutos cada hora].

Lo único malo de tener un buen día creativo es que éste se acaba […] Ernest Hemingway tenía el estupendo truco de dar por terminado el día sólo en el punto en que sabía lo que seguiria haciendo. Construía el puente para siguiente dia. no puedo pensar en mejor herramienta creativa de orden.

¿Y la suerte?

En los esfuerzos creativos la suerte es una habilidad.

Para aprovechar la suerte, uno tiene que insistir en ser tolerante con la ambigüedad. Planea solamente hasta cierto punto. […] hay que dejar espacio a la contribución del adversario.

No puedo insistir lo suficiente en lo mucho que contribuyen los espíritus generosos con la suerte. [… ] la gente afortunada que conozco está siempre trabajando en su oficio, están alerta, involucran a sus amigos en su trabajo y suelen hacer sentir suertudos a los otros alrededor.


Del trabajo de Tharp.

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Como dice Marianne Schiess, es difícil encontrar en la obra de Carl G. Jung (1875-1961) juicios concretos sobre el amor, aunque resulte sorprendente. Sin embargo, los fragmentos de muchas de sus obras que reúne el libro Sobre el amor editado por Mínima Trotta, son sugerentes por varias razones. Recorren el pensamiento del psicólogo alrededor de muy distintos temas relacionados con las relaciones amorosas y su misterio, y los rastros de época que contienen le dan a su lectura una profundidad inesperada. Los subrayados aquí seleccionados reacomodan y renombran lo contenido en este volumen, aprovechando la creatividad que motiva lo fragmentario y las múltiples lecturas que pueden hacerse de “esa fuerza del destino que abarca desde el cielo hasta el infierno”, como describió Jung al amor.

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El problema del amor

El amor es siempre un problema, con independencia de la edad de la persona de quien se trate. En la etapa de la infancia el problema es el amor de los padres; para el anciano el problema es lo que ha hecho con su amor.

[El ser humano] puede documentar el amor con todos los nombres que están a su disposición, pero solamente se perderá en infinitos autoengaños. Si posee un grano de sabiduría, rendirá las armas y llamará a lo ignotum per ignotius, es decir, con los nombres divinos.

Esta implicación del amor en todas las formas de vida, en la medida en que es general, es colectiva, constituye la menor dificultad en comparación con el hecho de que el amor es también, eminentemente, un problema individual.

[…] Seguramente nos agobien las dificultades de la vida y las contrariedades de la lucha por la existencia, pero tampoco las situaciones externas muy difíciles pueden obstaculizar el amor, por el contrario, pueden estimularnos a realizar los esfuerzos más grandes. Las dificultades reales no podrán nunca reprimir la libido de forma tan duradera como para que surja una neurosis.

[…] Es absolutamente imposible imaginarse un sistema o una verdad que pudieran ofrecer aquello que el enfermo necesita para vivir, a saber: fe, esperanza, amor y conocimiento.
Esas cuatro grandes conquistas del afán humano son, a su vez, múltiples dones que no se pueden enseñar ni aprender, dar ni recibir, retener ni merecer, pues se encuentran unidos a una condición irracional y que se sustrae a toda arbitrariedad humana, esto es, a la vivencia.

[…] El amor libre sólo sería posible si todos los seres humanos fueran capaces de los máximos esfuerzos morales. Pero la idea del amor libre no se ha inventado con esa finalidad, sino para hacer parecer fácil algo difícil. Propias del amor son la profundidad y la sinceridad del sentimiento, sin las que el amor no es amor sino mero capricho.

Hombres y mujeres

Es una característica de la mujer ser capaz de hacerlo todo por amor a un ser humano. En cambio constituyen las mayores excepciones las mujeres que consiguen algo importante por amor a una cosa, porque eso no responde a su naturaleza. El amor a la cosa es una prerrogativa masculina.

Es muy difícil para un hombre racional admitir qué pasa realmente con su Eros. Una mujer no tiene mayor dificultad en reconocer que el principio de su Eros es el estar vinculada, por a un hombre, cuyo principio es el Logos, se le hace muy difícil.

[…] El amor de la mujer no es un sentimiento –algo que sólo se produce en el hombre– sino una voluntad de vida a veces tremendamente poco sentimental y que puede incluso imponer el autosacrificio.

Los hombres pueden andar con mujeres de la vida alegre y no obstante insistir en su propia corrección; y las mujeres pueden escaparse con auténticos diablos y sostener sin embargo que son esposas fieles. Nos tenemos que resignar al hecho de que el mundo es muy serio y, al mismo tiempo, muy ridículo.

Amor y religión

El amor tiene más de una cosa en común convicción religiosa. Exige una actitud incondicional; espera una total entrega. Así como sólo el creyente que se entrega por completo a su dios llega a ser partícipe de la gracia divina, el amor sólo desvela sus más altos secretos y maravillas a quien es capaz de la entrega y la fidelidad incondicional del sentimiento.

Nuestra soñante no es una personalidad religiosa, sino que es “moderna”. Ha olvidado que existen instantes en los cuales los dioses se entrometen, o más bien situaciones que desde los tiempos más remotos se encuentran constituidas de tal manera que calan en lo más hondo. A este tipo de situación pertenece por ejemplo, el amor, su pasión y peligro.

El matrimonio

Ni siquiera el mejor matrimonio puede borrar por completo las diferencias individuales, de manera tal que el estado de los cónyuges fuese absolutamente idéntico. Por lo general, uno se sentirá más cómodo en el matrimonio antes que el otro.

[…] Más que nunca ama el hombre su comodidad, pues vivimos en la era de la neurastenia, de la impotencia y del “butacón”. No le quedan ya energías para escalar balcones y batirse en duelo. Si ha de haber algo en la línea del adulterio, tiene que ser fácil.
A este respecto, el matrimonio gozaría de mayor seguridad que nunca. Pero en realidad comienza a ser discutido. Es un mal síntoma que los médicos empiecen a escribir libros con consejos para conseguir un matrimonio “perfecto”.

 

Carl Gustav Jung. Sobre el amor, Madrid: Trotta, Mínima Trotta,  2011.

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