La penetrante y entonada voz de Ruth Lee Jones (el verdadero nombre de Dinah Washington) fue descubierta por el gran jazzista Lionel Hampton, quien quedó impresionado al escucharla y la llevó a su orquesta en 1943. Ese mismo año, la cantante hizo su debut discográfico para la disquera Keynote, con una sesión de blues, acompañada por un sexteto proveniente de la banda de Hampton. Su primer éxito fue “Evil Gal Blues”. A partir de ahí, las grabaciones despegaron y cuando se separó de la orquesta de Hampton, para seguir como cantante solista, Washington ya era una figura reconocida. De 1948 a 1955, Dinah produjo una serie de éxitos que incluyó la bellísima composición de Hank Williams “Cold, Cold Heart”. También grabó muchas sesiones de jazz con grandes orquestas y pequeños grupos, las más memorables con Clifford Brown en Dinah Jams y también con Cannonball Adderley, Clark Terry, Maynard Ferguson, el saxofonista tenor Ben Webster, pianistas como Wynton Kelly, el entonces joven pianista Joe Zawinul (quien fue su acompañante regular por un par de años) y Andrew Hill. Washington grabó lo que realmente le gustaba, sin importarle que fuera considerado comercialmente idóneo o no.

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La cantante tuvo una turbulenta vida privada. Varios fracasos matrimoniales (se casó siete veces y en sus interpretaciones mostraba su frustración al respecto; se notaba ruda, totalmente dolida, aferrada al tema del amor perdido) y su adicción al alcohol la llevarían a una muerte prematura. Sin embargo, fue ella quien marcó el camino para cantantes como Aretha Franklin o Nancy Wilson.

Dinah Washington nació en Tuscaloosa, Alabama, el 29 de Agosto de 1924 y se crió en Chicago, donde como tantos músicos negros, estuvo marcada por la música religiosa. Tocaba el piano en el coro de una iglesia y de adolescente fue parte del coro Sara Martin Singers. A los quince años ganó un concurso amateur y en 1942 debutó en el Garrick Bar, donde la vieron y recomendaron con Lionel Hampton.

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En 1959, se vio seducida por el facilismo de la música popular y grabó la canción “What a Difference a Day Makes”, la cual años antes había sido un éxito con los Dorsey Brothers, quienes habían hecho una versión en inglés del bolero “Cuando vuelva a tu lado” de la compositora mexicana María Greever. Dado el buen resultado conseguido con este tema, Dinah decidió seguir por la senda de la música comercial y si bien sus grabaciones en ese periodo resultaron un tanto banales, hay joyas como “Don’t Explain” de Billie Holiday, en una hermosa y bluesera versión orquestada por Quincy Jones, “Trouble in Mind” de Richard M. Jones, la famosísima “Unforgettable” de Irving Gordon, “Baby, You Got What It Takes” de Clyde Otis y Murray Stein y la muy bella “This Bitter Earth”, canción de Clyde Otis que Dinah Washington cantaba con todo el sentimiento y amargura que sólo ella podía guardar.

Washington fue una de las más controvertidas cantantes de jazz del siglo veinte. Amada por sus seguidores devotos y por sus compañeros músicos, los críticos la acusaron de vender su arte al comercio y el mal gusto. Su “pecado” principal fue cultivar un estilo vocal que se adaptaba a todo tipo de música.

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Posiblemente hubiera sido una fina intérprete de góspel o incluso de country. Por desgracia, murió trágicamente el 14 de diciembre de 1963, a la edad de 39 años, por una sobredosis accidental de pastillas para bajar de peso mezclada con alcohol.

A pesar de su corta carrera, tuvo una importantísima influencia en cantantes de rhythm and blues, jazz y soul que siguieron su huella, como Esther Phillips y Diane Schuur entre muchas otras. Sus discos pueden conseguirse con facilidad y entre ellos destaca la serie de siete compactos The Complete Dinah Washington on Mercury.

 

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La penetrante y entonada voz de Ruth Lee Jones (el verdadero nombre de Dinah Washington) fue descubierta por Lionel Hampton, quien quedó impresionado y la llevó a su orquesta en 1943. Ese mismo año, la cantante hizo su debut discográfico para la disquera Keynote, con una sesión de blues acompañada por un sexteto proveniente de la banda de Hampton. Su primer éxito fue “Evil Gal Blues”. A partir de ahí, las grabaciones despegaron y cuando se separó de la orquesta de Hampton, para seguir como cantante solista, Washington ya era una figura reconocida. De 1948 a 1955, Dinah produjo una serie de éxitos que incluyó “Cold, Cold Heart”, una bella canción de Hank Williams. También grabó muchas sesiones de jazz con grandes orquestas y pequeños grupos, las más memorables con Clifford Brown en Dinah Jams y también con Cannonball Adderley, Clark Terry, Maynard Ferguson, el saxofonista tenor Ben Webster, pianistas como Wynton Kelly, el entonces joven pianista Joe Zawinul (quien fue su acompañante regular por un par de años) y Andrew Hill. Dinah grabó lo que realmente le gustaba, sin importarle que fuera considerado idóneo.

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Washington tuvo una turbulenta vida privada. Varios fracasos matrimoniales (se casó siete veces y en sus interpretaciones mostraba su frustración al respecto; se notaba ruda, totalmente dolida, aferrada al tema del amor perdido) y su adicción al alcohol la llevarían a una muerte prematura. Sin embargo, fue ella quien marcó el camino para cantantes como Aretha Franklin o Nancy Wilson.

Dinah nació en Tuscaloosa, Alabama, el 29 de Agosto de 1924 y se crió en Chicago, donde como tantos músicos negros, estuvo marcada por la música religiosa, tocando el piano en el coro de una iglesia. De adolescente, fue parte del coro Sara Martin Singers. A los quince años ganó un concurso amateur y en 1942 debutó en el Garrick Bar, donde la vieron y recomendaron con Lionel Hampton.

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En 1959, se vio seducida por el facilismo de la música pop y grabó la canción “What a Difference a Day Makes”, la cual años antes había sido un éxito con los Dorsey Brothers, quienes habían hecho una versión en inglés del bolero “Cuando vuelva a tu lado” de la compositora mexicana María Greever. Dado el buen resultado conseguido con este tema, Dinah decidió seguir por la senda de la música comercial y si bien sus grabaciones en ese periodo resultaron un tanto banales, hay joyas como “Don’t Explain” de Billie Holiday, en una hermosa y bluesera versión orquestada por Quincy Jones, “Trouble in Mind” de Richard M. Jones, la famosísima “Unforgettable” de Irving Gordon, “Baby, You Got What It Takes” de Clyde Otis y Murray Stein y la muy bella “This Bitter Earth”, canción de Clyde Otis que Dinah Washington cantaba con todo el sentimiento y amargura que sólo ella podía guardar.

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Washington fue una de las más controvertidas cantantes de jazz del siglo veinte. Amada por sus seguidores devotos y por sus compañeros músicos, los críticos la acusaron de vender su arte al comercio y el mal gusto. Su “pecado” principal fue cultivar un estilo vocal que se adaptaba a todo tipo de música. Posiblemente hubiera sido una fina intérprete de góspel o incluso de country. Por desgracia, murió trágicamente el 14 de diciembre de 1963, a la edad de 39 años, por una sobredosis accidental de pastillas para bajar de peso mezclada con alcohol.

Dinah Washington tuvo una importantísima influencia en cantantes de rhythm and blues, jazz y soul que siguieron su huella, como Esther Phillips y Diane Schuur entre muchas otras. Sus discos pueden conseguirse con facilidad y entre ellos destaca la serie de siete compactos The Complete Dinah Washington On Mercury.

 

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Formado a principios de los noventa del siglo pasado y desaparecido en 2008, a la muerte de su pianista y líder Esbjörn Svensson, este excelente trío sueco (mejor conocido como E.S.T.) tuvo también como integrantes a Dan Berglund (contrabajo) y a Magnus Öström (batería). Su estilo añadía elementos de rock, pop, música clásica y techno, con influencias lo mismo de Béla Bartók que de Radiohead (de hecho, solían hacer fabulosas versiones jazzísticas de temas de este grupo británico).

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Practicante de un “catolicismo” musical que lo llevaba a abrazar esa mencionada universalidad de géneros para trasladarla y traducirla al jazz, el trío poseía un estilo vibrante que resaltaba tanto en sus álbumes como en sus conciertos. Debido a ello y a su seducción por el rock, no era de extrañar que lo siguiera un amplio público joven.

Autodefinida como “una banda de pop que toca jazz”, E.S.T. siempre tuvo un espíritu colectivo, a pesar de llevar el nombre del líder en sus siglas. Aunque podría pensarse en un predominio del piano de Svensson (y en ese sentido es notoria la influencia estilística de Bill Evans), en realidad el contrabajo de Berglund (muchas veces tocado con arco y conectado eléctricamente) y la batería de Oström resultaron igualmente esenciales desde los inicios del grupo, en 1993. Años después conocerían al productor e ingeniero de sonido Ake Linton, quien terminaría por convertirse en una especie de cuarto elemento y les otorgó un sonido muy emparentado con la electrónica que abrió aún más su abanico de posibilidades artísticas.

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Nacido en Västeras, Suecia, en 1964, Esbjörn Svensson provenía de una familia musical (su madre tocaba el piano clásico y su padre era un melómano empedernido, sobre todo en lo que respecta al jazz –amaba a Duke Ellington). Sin embargo, fue hasta la adolescencia que empezó sus estudios como pianista, los cuales continuó hasta la Universidad de Estocolmo, en donde desarrolló la técnica necesaria para afianzar plenamente sus conceptos intuitivos autodidactas. Amante de la música de Keith Jarrett y Chick Corea, absorbió todo lo que provenía de ellos y lo adaptó a su propio estilo.

Fue al iniciarse la década de los noventa que conoció a Magnus Oström y Dan Berglund. El entendimiento fue automático, ya que los tres amaban al jazz pero también al rock. De hecho, el pianista y el baterista ya habían tenido un grupo previo, llamado Stock Street B, pero cuando conocieron al contrabajista optaron por la formación del trío y apenas en 1993 grabaron su primer disco: When Everyone Has Gone.

A lo largo de seis años, permanecerían haciendo discos y conciertos en Escandinavia (el célebre E.S.T. Live 1995 pertenece a esa época, pero no sería conocido mundialmente sino hasta 2001). Fue con el lanzamiento de From Gagarin’s Point of View, en 1999, que el trío fue lanzado fuera de sus fronteras, ya que el disco fue grabado en Alemania. De ahí empezaron diversas presentaciones por Europa y la llegada de E.S.T. al célebre festival de jazz de Montreux, lo cual constituyó prácticamente su consagración.

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Vinieron luego discos como Good Morning Susie Soho (2000) y Strange Place for Snow (2002). Este último les significó su primera gira urbi et orbi. Luego llegarían Seven Days of Falling (2003) y el DVD Live in Stockholm, del mismo año. Viaticum, de 2005, se convirtió en el álbum de jazz mejor vendido ese año en Europa y preparó el camino para el éxito de la agrupación en los Estados Unidos. Así, E.S.T. se convirtió en el primer grupo de jazz europeo que apareció en la portada de la legendaria revista Downbeat. Los álbumes Tuesday Wonderland (2006) y Live in Hamburg (2007) reafirmaron su presencia.

El grupo tocaría en salas de concierto con las entradas agotadas desde Nueva York hasta Tokio y desde Sydney hasta Jakarta y por toda Europa. Su última presentación sería en el Tchaikovsky Hall de Moscú, Rusia, el 30 de mayo de 2008.

Tan sólo dos semanas más tarde, el 14 de junio de 2008, Esbjörn Svensson desapareció durante una sesión de buceo en Ingarö, cerca de Estocolmo. Sus compañeros, incluidos el instructor y su hijo de catorce años de edad, lo encontraron inconsciente en el fondo del mar. Con lesiones graves, fue trasladado de urgencia en helicóptero al Karolinska University Hospital, pero no pudieron salvarlo. Su carrera se truncó tristemente a los 44 años, casado y padre de dos hijos.

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Más conocida por sus actuaciones en más o menos oscuras series de televisión –como Still Standing y The Secret Life– o en películas más o menos famosas –como The Insider (con Russell Crowe), End of Days (con Arnold Schwarzenegger), 13 Going on 30 (con Jennifer Garner) y Space Cowboys (de y con Clint Eastwood)– que por su talento musical, Renee Olstead ha grabado ya tres álbumes en estudio, principalmente de jazz, además de haber colaborado en otros dos.

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Nacida en Houston, Texas, el 18 de junio de 1989, Olstead comenzó desde muy pequeña su carrera como actriz, aunque creció en un ambiente musical fomentado por sus padres. Desde adolescente cantaba los éxitos de la radio y pronto se le presentó la oportunidad de participar en producciones musicales para teatro y en concursos para talentos juveniles. Principalmente cantaba música campirana y en 2000, a los once años, grabó un disco (Stone Country) que pasó prácticamente inadvertido.

Después de mudarse a Los Ángeles en 2002, para facilitar su agenda en la grabación de Still Standing y continuar con sus estudios, Renee encontró tiempo para presentarse con una orquesta local de jazz y swing en algunos lugares de Hollywood. Cuando sus compromisos le empezaron a causar conflictos, decidió grabar de manera independiente algunos standards para conmemorar su temporada con la orquesta (varios de estos temas serían más tarde seleccionados para ser incluidos en su primer disco).

De alguna manera, la grabación llegó a manos de David Foster, productor y caza talentos, famoso por su oído para saber cuando alguien es bueno con sólo escucharlo una vez (así le pasó con Celine Dion, Michael Bublé y Natalie Cole, por ejemplo). Lo que oyó Foster esa vez fue a una muy joven artista con un extraordinario talento, capaz de dotar de una fresca y vivaz personalidad a canciones que demandaban una gran interpretación. Por medio de una amiga mutua (Jami Gertz, compañera de Renne en la serie de televisión), Foster se puso en contacto con ella y le hizo una oferta exclusiva para grabar. A partir de ahí, todo ha sido miel sobre hojuelas.

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Su primer disco plenamente profesional, bajo las órdenes y la producción de David Foster, fue el homónimo Renee Olstead, grabado para Warner en 2004 (a los quince años). Se trata de una colección de varias piezas clásicas del American Songbook como “Summertime”, “Someone to Watch Over Me”, “What a Difference a Day Makes” y “Sentimental Journey” que en la voz de la joven intérprete adquieren tonalidades y colores muy gratos y especiales. También se incluye “A Love That Will Last”, una hermosa balada compuesta para ella por el propio Foster.

Su siguiente álbum, Skylark (Reprise, 2009), se haría bajo los mismos parámetros. Es claro que Foster quería ir a la segura con el repertorio y de nueva cuenta recurrió al American Songbook, esta vez con otras clásicas como “Lover Man” (Billie Holiday), “Stars Fell on Alabama” (Ella Fitzgerald), “My Baby Just Cares for Me” (Nina Simone,) “When I Fall in Love” (Nat King Cole) y “Hit the Road Jack” (Ray Charles), aunque Renee tuvo la oportunidad de contribuir con algunas canciones, como la bellísima “Hold Me Now”.

Si bien el disco apareció en 2009, en realidad fue grabado entre 2005 y 2006, cuando Olstead tenía apenas diecisiete años de edad.

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Son claras las influencias de Renee Olstead en su estilo de cantar. Los ecos de las grandes del jazz, como Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan y Billie Holiday, están ahí, como lo están también otras voces tan célebres como las de Etta James, Peggy Lee o Diana Ross.

Posteriormente, ha grabado en algunos soundtracks y en 2009 participó en A Tribute to Billie Holiday (con varios grandes intérpretes). Una cantante con un enorme futuro.

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Hace cinco años que falleció Hank Jones (Vicksburg, Mississippi, 1918), uno de los más importantes, exquisitos y longevos pianistas de jazz. Al morir, tenía 91 años de edad y dejó tras de sí una carrera fructífera que inició en su adolescencia, cuando a sus trece primaveras ya dominaba el piano y acompañaba a cantantes locales.

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Algunos historiadores del jazz han llamado a Jones el escudero de grandes intérpretes como Ella Fitzgerald, Benny Goodman, Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane, a quienes acompañó en muy diversos momentos. Pero sus primeros ídolos fueron Fats Waller, el famoso tecladista que introdujo al órgano en el jazz, y Louis Armstrong, a quien iba a ver a escondidas de su padre cuando se presentaba en la ciudad de Detroit.

No deja de ser paradójico que su progenitor, un diácono de la iglesia bautista, fuera un enemigo acérrimo del jazz, género al cual consideraba como música diabólica. Quién iba a decirle a este buen hombre que tres de sus hijos se convertirían, con el paso del tiempo, en enormes jazzistas. Porque además de las dotes de Hank en el piano, otros dos hermanos de éste triunfarían como profesionales: Elvin como baterista (perteneció al cuarteto de John Coltrane) y Thad como trompetista, compositor y arreglista y quien perteneció a la banda de Count Basie. “Los caminos del Señor son inescrutables”, se habrá dicho resignado el patriarca de los Jones.

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Hank Jones se mudó a Nueva York en los años cuarenta, justo cuando el bebop empezaba a conquistar a la Gran Manzana. Recomendado por el saxofonista Lucky Thompson, se unió a la banda de Hot Lips Page en 1944. No tardó en adaptarse al vanguardista beat imperante y gracias a ello pudo tocar en con la banda de Coleman Hawkins y la orquesta de Billy Eckstine. También aprovechaba la menos oportunidad para escaparse a tocar con Charlie Parker, en aquellas infernales sesiones que hoy tienen visos de leyenda.

Su primer contrato realmente serio lo firmó con Ella Fitzgerald, de quien se convirtió en pianista oficial en 1948. Ello no le impidió sin embargo grabar con otros músicos y así tomó parte en álbumes como Now’s the Time de Charlie Parker y Our Delight de Art Tatum.

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En las siguientes décadas, Hank Jones tocó con famosos clarinetistas como Artie Shaw y Benny Goodman y en 1959 fue el pianista principal de los estudios CBS, puesto en el que estuvo durante diecisiete años y que le permitió tocar en los programas televisivos de Jackie Gleason y Ed Sullivan. Ya en los años setenta, su carrera floreció como solista en pequeños grupos, incluido el Great Jazz Trio, junto con Ron Carter y Toni Williams. 

A lo largo de su carrera, Jones fue plenamente reconocido por su sensibilidad, su toque elegante y su gran versatilidad. Grabó cientos de discos, más de sesenta como líder. Uno de sus momentos más célebres sucedió en 1962, cuando acompañó en el piano a Marilyn Monroe, para que le cantara el “Happy Birthday” al presidente John F. Kennedy en el Madison Square Garden de Nueva York.

Sus últimas grabaciones fueron Pleased to Meet You, con el pianista Oliver Jones; Come Sunday, un dueto con el bajista Charlie Haden; y Steal Away, disco que recibió dos nominaciones al Grammy.

Su increìble capacidad le permitió estar en actividad productiva los últimos años de su vida, para dar conciertos, grabar e impartir clases alrededor del mundo.

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Hank Jones murió el 16 de mayo de 2010, en la ciudad de Nueva York. Como muestra de su importancia, está la que tal vez sea la fotografía más mítica de la historia del jazz, A Great Day in Harlem, publicada en 1958 por la revista Esquire y hoy mundialmente reproducida en postales y carteles. En la misma, cincuenta y siete 57 famosos músicos del género posan en unas escaleras de la calle 126, entre las avenidas Quinta y Madison. Count Basie, Art Blakey, Charles Mingus, Thelonious Monk, Coleman Hawkins, Lester Young, Sonny Rollins y Dizzy Gillespie sonríen y, entre ellos, en uno de los márgenes, elegante y agradable, se destaca Hank Jones.

 

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Para Benito y Emma.

El panorama jazzístico en Noruega es muy poco conocido en nuestro país. Con la excepción del legendario saxofonista Jan Garbarek, son prácticamente nulos los nombres de músicos noruegos del género que por estos lares se mencionan. Sin embargo, hay muchos grandes cantantes e instrumentistas de jazz nacidos en aquella nación escandinava y el pianista Tord Gustavsen es uno de los más destacados.

Nacido en Oslo, el 5 de octubre de 1970 y egresado del Conservatorio de Trondheim (también es graduado en psicología por la Universidad de Oslo), Gustavsen se vio atraído por la música desde muy joven, a partir de su participación en los servicios y coros de la iglesia luterana a la que pertenecía. Estos cantos religiosos lo llevaron de forma natural a conocer el góspel norteamericano y de ahí pasar al blues y al jazz.

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Como pianista, sus orígenes lo siguen marcando. “Necesito conectarme profundamente con mis propias raíces musicales, con los himnos, espirituales y canciones de cuna que se cantaban en nuestra casa cuando era pequeño. Cada vez que me conecto con esas raíces, puedo ser inventivo, componer y acercarme a la creación musical abstracta”, dice. Esta espiritualidad es notoria en la profundidad de su música y en la manera casi mística de abordarla.

En sus inicios, Gustavsen formó parte de diversas agrupaciones de jazz de la capital noruega, como la Silje Nergaard Band y el Ulrich Drechsler Quartet. No fue sino hasta 2003 que pudo tener a su propio grupo, el Tord Gustavsen Trio, con el que debutó ese año en el festival Vossajazz. Por esos mismos días, firmó para la prestigiada disquera ECM y grabó su álbum debut, el estupendo Changing Places.

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Por esa época, Gustavsen perdió en un trágico accidente a varios parientes cercanos y su necesidad musical se profundizó. “Necesitaba crear música que realmente me nutriera y me reconfortara, música que abriera el paisaje sonoro en lugar de cerrarlo con una especie de teología banal”, ha dicho al respecto. “Mi anhelo por la música como una puerta de entrada y como un lugar seguro para ser nutrido ha pasado por diferentes fases de abstracción y simplicidad”.

El trío de Gustavsen estabá constituido por él mismo en el piano, el bajista Harald Johnsen y el baterista Jarle Vespestad. Juntos grabaron también los discos Ground (2005) y Being There (2007).

En 2008, Johnsen abandonó al grupo y Gustavsen aprovechó para reestructurar su proyecto y transformarlo en cuarteto, con la incorporación del bajista Mats Eilertsen y el saxofonista tenor Tore Brunborg. Con el nombre de Tord Gustavsen Ensemble, la flamante agrupación puso en circulación otro plato excelente: Restored, Returned (ECM, 2008), en el que participó la cantante local Kristin Asbjorsen.

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La misma formación adoptaría más adelante el nombre de Tord Gustavsen Quartet (el único cambio fue que Eilertsen tornó de bajo a contrabajo) y con esa denominación grabarían álbumes tan excelsos como esa maravilla que es The Well (ECM, 2102), una obra prodigiosa.

Como decíamos líneas atrás, Tord Gustavsen no sólo se matriculo como músico sino también como psicólogo y ha dedicado esa parte de su vida al estudio de las significaciones psicológicas de la improvisación en el jazz. Su ensayo “El erotismo dialéctico de la improvisación” es realmente notable.

Con un nuevo álbum aparecido el año pasado (Extended Circle), Gustavsen se da tiempo para participar en discos de otros músicos y vocalistas de su país como Solveig Slettahjell, Silje Nergaard, Siri Gjære y Kristin Asbjørnsen.

Hay que asomarse a su música. Es una experiencia de la que nadie saldrá defraudado.

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Cuando sólo tenía dieciséis años, ya era una de las cantantes de jazz más reconocidas por el público y la crítica. Su estilo es convencional, soft, agradable, tradicionalista, ortodoxo. Canta preferentemente standards. No experimenta, tampoco intenta ser vanguardista. Después de todo, ¿qué más se le puede pedir a una casi niña que bien podría haber optado por la música pop y el facilismo comercial?

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Su nombre es Nikki Yanofsky y se hizo famosa a partir de su debut en el Festival Internacional de Jazz de Montreal, en 2006, cuando sólo tenía doce inviernos de edad (nació el 8 de febrero de 1994, en Montreal, Canadá), para ser la artista más joven que se haya presentado en dicho festival a lo largo de su ya añeja historia.

Su primera grabación la hizo para Verve Records, con una participación en el álbum We All Love Ella: Celebrating the First Lady of Song (2007), con la canción “Airmail Special”. Con ello, se convirtió (otra marca) en la cantante más joven en haber grabado para ese prestigiado sello disquero, uno de las más importantes del jazz.

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“Cuando tenía cinco años, me enamoré de los Beatles, Stevie Wonder y Aretha Franklin”, cuenta Nikki en una reciente entrevista. “Empecé a escuchar jazz hasta que cumplí los doce. Me obsesioné con Ella Fitzgerald, después bajé muchísimas de sus canciones de iTunes. Ella me introdujo al jazz y realmente me enseñó a cantar. Tenía la técnica más impresionante. Su tiempo y su tono eran perfectos. Nunca tuvo una nota equivocada en sus presentaciones. ¡Cantaba con tanta emoción y tanto sentimiento!”.

Fue tal su amor por Ella que cuando Nikki Yanofsky fue invitada de nuevo al Festival de Jazz de Montreal, en 2007, decidió dedicar el set completo a la cantante. Una versión de esa presentación fue registrada en un CD/DVD titulado Ella… Of Thee I Swing, grabado en el Place des Arts de Montreal, en octubre del mismo año, disco que fue nominado para dos premios Juno, la versión canadiense del Grammy.

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Su primer álbum en estudio fue Nikki (Decca Records, mayo de 2010) y fue producido por Phil Ramone, con nuevos y frescos arreglos a canciones clásicas del jazz (“Take the ‘A’ Train”, “I Got Rhythm”, “God Bless the Child”, “Over the Rainbow”) y algunas originales de la propia Nikki, incluidas varias colaboraciones autorales con Ron Sexsmith y Jesse Harris. También viene un tema de Feists (“Try Try Try”), escrito específicamente para la joven vocalista y una luminosa versión a “Fool in the Rain”, nada menos que de Led Zeppelin. Luego vendría su disco de 2014, Little Secret.

La voz de Nikki Yanofsky es sorprendentemente madura para su edad. Llena de color, de calor, de intensidad, de fuerza y alcance, su forma de interpretar le permite atacar lo mismo al jazz clásico que al más moderno y estilizado, como el que representan cantantes de la talla de Norah Jones, Diana Krall o la singular Nellie McKay. Incluso me atrevo a decir que la Yanofsky es al jazz lo que Joss Stone es al soul, valga la comparación. Dos jóvenes vocalistas llenas de amor por la música anterior incluso a la que escuchaban sus padres y que saben interpretarlas como maravillosas almas viejas llenas de sabiduría y de feelin’.

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Sonny Stitt

Por Rosa Olivia Hellion Tovar

Sonny Stitt fue uno de los grandes saxofonistas de la época del bebop y el hard bop. Al igual que muchos otros que fueron muy populares en su momento, Stitt carece del reconocimiento que merecería, dadas su gran calidad como intérprete y compositor y sus notables aportaciones al jazz.
Edward Sonny Stitt nació el 2 de febrero de 1924 en Boston, Massachussets, pero se crió en Saginaw, Michigan, dentro de una familia musical. Su padre era profesor de música, su hermano pianista clásico y su madre maestra de piano. 
En 1943, conoció a Charlie Parker y ambos encontraron con sorpresa que sus estilos tenían gran similitud, a pesar de que ninguno había escuchado antes al otro.
Las primeras grabaciones de Stitt fueron con Stan Getz y Dizzie Gillespie, en 1945. También tocó en algunas orquestas de swing, pero principalmente en orquestas de bop. A principios de los cuarenta, fue miembro de la orquesta de Tiny Bradshaw y en 1945 reemplazó a Charlie Parker en la orquesta de Gillespie, para más tarde tocar saxofón alto con Billy Eckstine, al lado de futuros pioneros del bop como Dexter Gordon y Gene Ammons; fue entonces cuando cambió a saxofón tenor y llegó a tocar con Bud Powell. Desgraciadamente, en 1948 cayó en prisión acusado de vender narcóticos. Dos años debió pasar en la cárcel.
A pesar de sus similitudes con Charlie Parker –muchos lo acusaban de imitar a The Bird-, Stitt desarrolló un sonido propio. Gracias a ello, en los años cincuenta grabó para sellos como Argo, Verve y Roost, en donde experimentó con el jazz afrocubano junto con Thad Jones y Chick Corea, con quienes realizó versiones de temas clásicos como “Autumn Leaves”. En 1960, se unió brevemente a Miles Davis y grabó en concierto con el quinteto del genial trompetista, hasta que éste lo despidió por sus problemas de alcoholismo. Decidido a ser solista, Stitt le rindió homenaje a Charlie Parker en su disco Stitt Plays Bird (Atlantic, 1963), en el cual contó con la participación de Jim Hall en la guitarra.
Con el también saxofonista Gene Ammons grabó extraordinarios álbumes, considerados entre lo mejor de ambos músicos (como The Blues Up and Down, de 1950, para Verve), además de hacer muy populares sus duelos de sax tenor en presentaciones.
Stitt fue uno de los primeros músicos de jazz en usar el saxofón eléctrico (llamado Varitone). Viajó con los Giants of Jazz, orquesta en la que tocaban Dizzie Gillespie, Art Blakey y Thelonious Monk y continuó haciendo giras y grabando incesantemente. Sus últimas grabaciones fueron hechas en Japón poco antes de su muerte.
El 22 de julio de 1982, Sonny Stitt murió a consecuencia de un ataque cardíaco. Su legado musical es abundante, pues dejó un extenso catálogo de excepcionales y siempre disfrutables discos como Sonny Stitt and Bud Powell and J. J. Johnson, 1949-50, Prestige; Sonny Stitt Sits In with the Oscar Peterson Trio, 1957.59, Verve; Tune-Up, 1972, Muse; Sonny’s Back, 1980, Muse y Last Stitt Sessions, 1982. Muse.

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