Hace dos siglos, un 30 de julio como hoy, nació en el pueblo de Thornton, en la región de Yorkshire al norte de Inglaterra, Emily Jane Brontë, una gloria de las letras en lengua inglesa, en el seno de una familia literaria única en la historia universal de las artes. Ante las celebraciones de su bicentenario, es momento de repensar su legado, la historia de su familia y la forma en que las reivindaciones sociales de hoy actualizan su obra.

Emily Brontë. Todo lo que emana de Ella
tiene la particularidad de conmoverme.
Haworth es mi lugar de peregrinación.

—Emil Cioran

 

Acercarse a Emily en la actualidad

La pregunta surge inevitable: ¿cómo es que Emily Brontë, y sus dos hermanas, Charlotte y Anne, resultaron ser todas escritoras de gran renombre, muertas a los 30, 29 y 38 años, respectivamente? Para los lectores de hoy, cabría primero hacer cierto ejercicio de imaginación para visualizar la vida de la familia Brontë en la primera mitad del siglo XIX.

El único retrato realmente indiscutible de Emily Brontë, pintado por su hermano Branwell. A la izquierda, la hermana menor, Anne.

Los niños Brontë crecen rodeados de libros. Tienen acceso a los diarios importantes de Inglaterra y Escocia, a las obras de Shakespeare, a las novelas de Walter Scott y a la poesía de Lord Byron, el súper ventas de su época, por solo mencionar a tres autores. La literatura es pan de cada día, es motivo y aspiración, presencia del pasado y promesa de futuro, eje fundamental en torno al cual orbitaba la vida misma.

El apellido paterno además, como una premonición, aparece ya en lomos y portadas. Patrick Brontë, el padre de las tres escritoras y de Branwell, queda viudo en 1821. Desde esos años es clérigo protestante en la comunidad de Haworth en Yorkshire. Se había titulado en teología en Cambridge y era un autor reconocido, por lo que alentó siempre las inquietudes artísticas de su prole, abiertamente manifiestas desde las más tempranas edades.

En su indispensable The Life of Charlotte Brontë (1857), la novelista y biógrafa Elizabeth Gaskell  —autora célebre por derecho propio y amiga íntima de la mayor de las Brontë— consigna un hecho que revela iluminadoramente la relación entre el clérigo irlandés y sus descendientes. En su afán por mantener comunicación con hijas e hijo, el señor Brontë recurrió a una estratagema curiosa: para que los menores pudieran sincerarse con mayor libertad, se le ocurrió utilizar una máscara, que los pequeños se ponían por turnos, para responder a las preguntas del papá.

Comencé con la más joven (Anne, después Acton Bell), y le pregunté qué era lo que una criatura como ella más deseaba; ella respondió, “Edad y experiencia”. Le pregunté a la siguiente (Emily, después Ellis Bell), qué sería lo mejor que pudiera yo hacer con su hermano Branwell, quien en ocasiones resultaba ser un niño mal portado; ella contestó, “Razona con él, y cuando no escuche razones, azótalo”. Le pregunté a Branwell cuál era la mejor manera de conocer la diferencia entre los intelectos del hombre y de la mujer; él repuso, “Considerando la diferencia entre ellos en cuanto a sus cuerpos”. Entonces le pregunté a Charlotte cuál era el mejor libro en el mundo; ella contestó, La Biblia. Y cuál era el siguiente mejor; ella respondió, El Libro de la Naturaleza.

Por la vida atareada del clérigo y en ausencia de la madre, el trato era algo distante. La mayor socialización de los niños se daba entonces entre ellos mismos, vigilados por su tía y un ama de llaves cariñosa, acompañados de mascotas y rodeados por los vastos páramos solitarios característicos de Yorkshire, donde solían pasear y en los que un día Emily situaría la acción apasionada, de tintes góticos y demoníacos, de Cumbres borrascosas (1847). Además de esta novela ya clásica, en años recientes han despertado renovado interés los universos literarios —Glass Town (Pueblo de vidrio), Angria y Gondal— que Emily creó en su infancia y temprana adolescencia junto con sus hermanas.

Los mundos imaginarios

El nacimiento de los paracosmos Brontë se da en 1826. Los niños tienen de seis a diez años. Con enorme entusiasmo, los cuatro se ven poseídos por la scribblomania —neologismo de Charlotte (garabatomanía)— y escriben relatos sobre Glass Town. El escenario era África, cada Brontë gobernaba un reino, y los cuatro dominios integraban la Federación de Glass Town, cuya capital era Verreopolis (“ciudad de vidrio” en latín). Posteriormente, las historias se mudaron a un nuevo reino, Angria. La ambientación debía mucho a cuentos de hadas y a Las mil y una noches, con elementos prestados de obras de Coleridge, Milton y Swift, descripciones de paisajes, palacios y escenarios inspirados en los grandes cuadros fantásticos del pintor romántico John Martin, de los que había reproducciones en los muros de la casa parroquial de Haworth.

El festín de Baltasar, de John Martin (1789-1854).

Las complejidades de los relatos reflejan la precoz formación intelectual de los niños —sus conocimientos de geografía, historia y política— y los cimientos de sus posteriores creaciones artísticas. Redactaron cientos de páginas en pequeños libritos, escritos en letra minúscula para simular letra impresa y, a la vez, dificultarle traviesamente la lectura al padre o a la tía. Los niños no solo escribían ficciones: crearon todo un universo editorial adicional a sus relatos, con editores y casas editoriales inventadas, periódicos literarios, críticos y controversias autorales, sin contar mapas detallados, bocetos y dibujos, árboles genealógicos, símbolos heráldicos, relatos de batallas terrestres y navales, información militar y política, y lances amorosos e intrigas románticas dignas de las dinastías reales británicas y continentales.

Unos años después Emily y Anne se rebelarían, y escindiéndose de Charlotte y Branwell, crearían un nuevo mundo propio, que bautizaron Gondal, una isla ficticia en el Pacífico austral. La primera noticia de Gondal aparece en el diario de Emily, en 1834. La mayoría de los textos de este paracosmos se han perdido, y solo quedan referencias sueltas así como poemas de Emily y Anne, intercalados en los pasajes en prosa.

Uno de los cuadernillos con poesías del ciclo Gondal muestra la minúscula letra de Emily. Fuente: Wikipedia

Hoy estos paracosmos se consideran como precursores de la ficción especulativa, cuando no de la ciencia ficción. Queda claro, especialmente en el caso de Emily, que rebasan el concepto tradicional de juvenilia, pues ella siguió escribiendo sobre Gondal, su universo literario particular, hasta poco antes de su muerte por tuberculosis, el 19 de diciembre de 1848, el año en que se publicó el Manifiesto del Partido Comunista en la cambiante Inglaterra en la que le tocó vivir.

El varón fracasa, las hermanas batallan

Los jóvenes Brontë llegaron a la mayoría de edad en una Inglaterra que concluía su transición de sociedad agrícola a sociedad industrial, en el comienzo de la era victoriana (1837-1901), en años en los que seguía consolidándose el Imperio Británico.

Branwell, el que más “prometía”, no prosperó como pintor, novelista o poeta. Se volvió alcohólico y adicto al opio. Acusado de impropiedades con la esposa de un reverendo que lo había contratado como tutor de su hijo, pasó los últimos años de su vida recluido en casa, hostigando a todos y afectando los planes de sus hermanas.

Por su parte, las tres Brontë tenían pocas opciones de vida: aventurarse a la incertidumbre de algún matrimonio, o bien ser sirvientas, institutrices o maestras. Su sueño de fundar una escuela en Yorkshire nunca se materializó a pesar de que la clase obrera, la nueva clase media, en plena movilidad social ascendente, buscaba mejor educación para sus hijos y de que en Yorkshire, como en el resto de Inglaterra, las condiciones eran propicias. Anne tuvo cierto éxito como institutriz, Charlotte también; y Emily trabajó como tutora de niños un año. En 1842 Charlotte y Emily radicaron en Bruselas un tiempo, en la famosa academia para señoritas de Constantin Héger. Bajo su tutela, Emily aprendió francés, mejoró sus conocimientos autodidactas de alemán, y quedó preparada para ser maestra de piano, con predilección por la música de Beethoven. La muerte de su tía Elizabeth, a fines de aquel año, llevó a que las hermanas regresaran a Haworth.

En 1845, ya en casa y desempleadas, Charlotte descubrió accidentalmente los poemas de Emily, quien se enfureció por la invasión de su privacidad. Pero la convenció finalmente de que incluyeran a Anne y publicaran juntas, usando seudónimos masculinos, para facilitar su ingreso al difícil y machista mundillo literario de su tiempo. Charlotte se llamó Currer; Emily, Ellis; y Anne, Acton. Su libro, Poems by Currer, Ellis and Acton Bell (1846), impreso con fondos de la herencia de una tía, vendió solo dos ejemplares en su primer año, pero pronto les abrió el camino para que publicaran novelas, comenzando con Agnes Grey de Anne, Cumbres borrascosass de Emily y Jane Eyre de Charlotte. En las primeras ediciones de las novelas, todas las autoras conservaban sus seudónimos masculinos, hasta que fueron reconocidas con sus nombres reales, y desde entonces la fama de las tres solo crecería.

Cabe mencionar que, en la eterna “Guerra de las Brontës”, aunque se reconoce que tanto Emily como Charlotte escribían con perspectiva de género, hoy Anne es considerada la mayor proto-feminista de las tres, por la feroz y cáustica denuncia de la misoginia, alcoholismo y brutal opresión machista que surge en La inquilina de Wildfell Hall (1848). Cuando apareció esta novela, escandalizó a los lectores victorianos —varones, por supuesto— mucho más que Cumbres borrascosas.

El microcosmos de la cumbre azotada por los vientos

Cumbres borrascosas bien pudo haber sido escrita por un águila.
—G. K. Chesterton

En los albores del siglo XXI, la única novela de Emily sigue siendo controvertida. A la luz de la llamada Cuarta Ola Feminista actual, en la era de #MeToo y de Time’s Up, sus atormentados, violentos y antitéticos protagonistas, Catherine y Heathcliff1 son objeto de reconsideraciones, cambios de perspectiva, nuevas borrascas.

Cumbres borrascosas no deriva de los mundos imaginarios de su autora. Es incluso mucho más que un anverso cruel, realista, de las ensoñaciones literarias de su infancia y adolescencia. Es un clásico, y a la vez un testamento.

Probablemente, es más ilustrativo leer Cumbres borrascosas que atarearse en los estudios críticos sobre la novela, que hoy llenan bibliotecas. Fue Charlotte la que abrió fuego a este respecto, en su prefacio a la segunda edición (1850), hablando de la autora como si aún fuera varón (“Ellis Bell”): “Cumbres borrascosas fue labrada en un taller rústico, con herramientas sencillas, de materiales caseros”. Este comentario de hermana mayor sobreprotectora podría crear una impresión equivocada: que Emily llegó tropezando a la creación de una obra maestra. En su breve y genial prólogo de la edición de “Sepan Cuantos…”, Sergio Pitol aclara mucho sobre “una de las más extraordinarias y revolucionarias novelas del siglo”:

La perfecta construcción de la novela, su corte trazado según los modelos del teatro isabelino (un prólogo, cinco actos, cada uno con un ritmo creciente en intensidad, y un epílogo final en que se ofrecen las soluciones), la precisión con que están trazadas las simetrías de la novela nos dan la idea de que la forma fue cuidadosamente pensada, que nada quedó a riesgo del azar. El contraste entre la exactitud de líneas y la precisión clásica de la forma con el contenido desorbitadamente romántico de la obra, constituyen por sí un excepcional logro estético.

Una reciente encuesta del diario inglés The Guardian coloca la novela como la mejor historia de amor de todos los tiempos. Pero esta apreciación de la obra es un lugar común, una percepción popular, porque Cumbres borrascosas es realmente mucho más que una “historia de amor”.

Virginia Woolf, sobre este particular, es clarividente y tajante: “No hay ningún ‘Yo’ en Cumbres borrascosas” —escribe en su ensayo Jane Eyre and Wuthering Heights (1904) —. “Hay amor, pero no es el amor entre hombres y mujeres. Emily se inspiraba en una concepción mucho más amplia. El impulso que la urgía a crear no nacía de sus propios sufrimientos ni de sus propias heridas. Ella contempló un mundo quebrado, sumido en un desorden gigantesco y sintió en ella el poder para unificarlo en un libro”, agrega.

Lord David Cecil, docto especialista del universo Brontë, redondea: “El mundo de Emily Brontë es un microcosmos; en él nos presenta la destrucción y el restablecimiento de la energía cósmica.” El “infierno triangular” de los protagonistas de la primera parte de la novela, Heathcliff, Catherine Earnshaw y Edgar Linton, con quien ella se casa, aunque ama a Heathcliff, representaría esta “destrucción”. El “restablecimiento de la energía cósmica” se da más bien en la segunda parte, en los personajes de la siguiente generación, el matrimonio de Cathy —hija de Catherine y de Edgar— con Hareton Earnshaw, el hijo de Hindley Earnshaw (hermano de la primera Catherine).

El cumpleaños 200 de Emily

Emily Brontë es parte integral de la cultura británica y Cumbres borrascosas jamás ha sido descatalogada. Al cierre de 2016 había sido traducida a 61 lenguas. Las referencias culturales sobre la novela y su autora no cesan: películas, óperas, canciones en todos los géneros, ballets, dramas radiofónicos, cómics, etc. Ha sido adaptada para la pantalla grande2 y la televisión en múltiples ocasiones, incluyendo la versión de Luis Buñuel, Abismos de pasión (1954), filmada en México. Cumbres borrascosas fue el título de la composición que en 1978 lanzó a un estrellato insólito a la cantante de 19 años Kate Bush (nacida también un 30 de julio).

Kate Bush, soprano dramática, le dio voz al fantasma de Catherine Earnshaw, que suplica resguardarse del frío invernal en la mansión de Cumbres borrascosas, dando pie a la locura final del atormentado Heathcliff.

 

Los festejos están en marcha desde hace algún tiempo en puntos varios de la Commonwealth. Para celebrar este 30 de julio, Kate Bush escribió un poema grabado en cuatro grandes lápidas de mármol repartidas entre Thornton, donde nacieron Emily, Charlotte y Ann, y Haworth, donde fallecieron.

En junio se publicó una nueva biografía, Emily Brontë Reappraised de la académica Claire O’Callaghan, que rebate que Emily fuera antisocial, excéntrica y depresiva. Abundarán las lecturas de la poesía de Emily y de Cumbres borrascosas, conferencias, espectáculos y más peregrinaciones que nunca a Haworth, al Museo Brontë y a la cripta familiar Brontë en la iglesia de San Miguel y Todos los Ángeles. Detractores de la autora y de las festividades se quejan de la pleitesía que se le rinde a “Santa Emily de Haworth”; y se renueva la discusión de quién es mejor escritora, Jane Austen o Emily Brontë.

Emily Brontë y Cumbres borrascosas seguirán provocando fascinación, perplejidad o rechazo: Emily, un intrigante misterio sin resolver, ubicua en su circunstancia histórica, personalidad compleja, acaso indescifrable, y meticulosa artífice literaria. Su novela, intensa exploración del bien, del mal y del amor, sin moraleja evidente pero con revelaciones muy precisas, amerita la definición de Calvino: “Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad”.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).


1 Una conclusión actual sobre Heathcliff, por ejemplo, es que su antes mítica condición de antihéroe byroniano queda ahora rebajada a la de un tipo simplemente vil y despreciable, aunque en cuanto a inestabilidad emocional, histeria y crueldad hacia el prójimo prácticamente ningún personaje principal de Cumbres borrascosas se salva de no cantar mal las rancheras.

2 La Brontë Society ha encargado, por ejemplo, un filme corto —motivo de escándalo y controversia para no pocos puristas de la mitología Brontë— dirigido por la joven súper modelo Lily Cole, titulado Balls, en el que se le da a Heathcliff ya no un origen gitano sino africano. Balls (Pelotas, o Bolas), se refiere a las bolas rojas, azules y blancas, utilizadas en la época victoriana en sorteos en instituciones de beneficencia para madres solteras. En el cortometraje, acude a una de ellas, en Liverpool, una imaginaria ex esclava africana que lleva a su bebé —que un día será bautizado Heathcliff— para darlo en adopción (aunque en la novela, el Sr. Earnshaw explica que encontró al niño gitano en la calle, miserable, famélico y abandonado).

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“Últimas líneas” es el poema de Emily Brontë que ha sido entendido como su despedida y testamento. La siguiente disección ofrece una aguda comprensión del texto, así como una nueva traducción comentada y justificada, para volver a Emily con una mirada fresca hoy, a doscientos años de su nacimiento.

Criada protestante, y tory, Emily escribió poesía desde la infancia, comenzando con los poemas que intercalaba en los relatos de mundos imaginarios que durante años fueron el pasatiempo —y la escuela literaria— de las tres hijas y del hijo del vicario Patrick Brontë. En 1846, dos años antes de su muerte, Emily separó sus poesías en dos cuadernos. En uno quedaron los poemas de Glass Town, Angria y Gondal, y en otro sus poemas más personales, ajenos a los mundos imaginarios, como “Last Lines”.

De niña, Emily imitaba en sus poemas las cuartetas de los himnos metodistas cantados en la parroquia de Haworth, administrada por su padre. Al desarrollar su vena poética, en realidad no imitó, por ejemplo, las baladas líricas de Wordsworth, Coleridge o Byron, o de otros poetas románticos, aunque en su versificación a veces se acerca a Byron y en su poesy suenan ecos del misticismo de Keats. Emily escribía para ella misma,1 su relación con la poesía y con la religión fue personal y heterodoxa, profunda, privada e intensa, como su visión.

Óleo de Branwell Brontë, realizado alrededor de 1833

Carlos García Gual lo dice inmejorablemente: “El traductor de poemas está condenado a la traición y al fracaso”. Pero reconoce, “en el tortuoso empeño de verter a otra lengua unos poemas”, que “tal vez se rescate en nuevas palabras el dolorido sentir, las imágenes esenciales, la personalidad individual del poeta originario”.2

En la traicionera traducción que ofrecemos, de inicio, se pierden la métrica, y la rima de la forma ABAB de las estrofas. Pero intentamos sobre todo rescatar el sentido del poema, la claridad, sencillez y la desafiante tensión entre lo terrenal y lo sublime de las cuartetas de Emily. Respetamos mayúsculas del original en algunos sustantivos y pronombres, así como la puntuación.

En vez de la abstracción “en uno” (que también podría ser “en una”) en la última palabra del primer verso de la cuarta estrofa, optamos por personalizar en Emily la voz que declama el poema, con “en mí”.

A diferencia de otras versiones en español que traducen la última palabra de la quinta estrofa como “levanta”, le damos lo que juzgamos es la traslación correcta: “cría”. Esto amplía el poema, en el sentido de brindarle ambigüedad de género a la divinidad; puede ser “él”, o “ella” (o ambos), la deidad puede ser paternal, o maternal. Nótese, también, que la poetisa habla de universos, en plural.

 

Últimas líneas

No, mi alma no es cobarde,
No tiembla en las tormentas de la esfera de este mundo,
Veo brillar las glorias del Cielo,
Y la fe brilla igual, dándome armas contra el temor.

Oh Dios que habitas dentro de mi pecho,
¡Todopoderosa, Deidad siempre presente!
Vida —que en mí guarda reposo,
Como yo —imperecedera Vida— ¡tenemos poder en Ti!

Vanos son los mil credos
Que mueven los corazones de los hombres —inexpresablemente vanos;
Tan sin valía como marchitas hierbas
O la más quieta espuma entre la mar sin fin,

No despiertan duda en mí
Tan bien aferrada a Tu infinitud;
Tan seguramente anclada sobre
La inamovible roca de la inmortalidad.

Con el amor que lo envuelve todo
Tu espíritu anima años eternos,
Penetra y pondera en lo alto,
Transforma, sustenta, disuelve, crea, y cría.

Aunque tierra y humanidad desaparecieran,
Y soles y universos dejaran de existir,
Y Tú quedaras solo,
Cada existencia existiría en Ti.

No hay lugar para la Muerte,
Ni átomo que su fuerza podría anular;
Tú —Tú eres Ser y Aliento,
Y eso que Tú eres no podría ser destruido jamás.

§

Last Lines

   No coward soul is mine,
No trembler in the world’s storm-troubled sphere;
   I see Heaven’s glories shine,
And faith shines equal, arming me from fear.

   O God within my breast,
Almighty, ever-present Deity!
   Life—that in me has rest,
As I—undying Life—have power in Thee!

   Vain are the thousand creeds
That move men’s hearts—unutterably vain;
   Worthless as withered weeds,
Or idlest froth amid the boundless main,

   To waken doubt in one
Holding so fast by Thine infinity;
   So surely anchored on
The steadfast rock of immortality.

   With wide-embracing love
Thy spirit animates eternal years,
   Pervades and broods above,
Changes, sustains, dissolves, creates, and rears.

   Though earth and man were gone,
And suns and universes ceased to be,
   And Thou were left alone,
Every existence would exist in Thee.

   There is not room for Death,
Nor atom that his might could render void;
   Thou—Thou art Being and Breath,
And what that Thou art may never be destroyed.3

 

En su libro sobre los mejores poemas en lengua inglesa, Harold Bloom ofrece como “Last Lines” (“Últimas líneas”) el poema de Emily Brontë, también conocido como “No Coward Soul Is Mine” (“Mi alma no es cobarde”). Fue leído en el sepelio de otra poetisa inimitable, Emily Dickinson, pues era uno de sus preferidos. Para Bloom, el “Dios dentro de mi pecho” del poema exalta “la chispa que es el más antiguo y mejor elemento del ser”. De modo que Emily sería una gnóstica natural (y afirma el crítico: “Estoy consciente de que esto es un oxímoron”). Según Bloom, Emily niega, en “Últimas líneas”, todos los credos como enfermedades del intelecto, y evita la oración, sabiendo que es una enfermedad de la voluntad.4

Si vemos “Últimas líneas” como una afirmación de principios ante el cosmos, como una declaración existencial final, se entiende mejor por qué un amigo de la otra Emily leyó el poema en su sepelio.

 

Rémy Bastien van der Meer
Traductor.


1 Hasta 1846, Emily (1818-1848) no había publicado poesía. Fue Charlotte quien la convenció, y a Anne, de que, como necesitaban ingresos adicionales, publicaran juntas —con seudónimos masculinos identificables por la primera letra de sus nombres— el libro Poems by Currer, Ellis and Acton Bell. Irónicamente, los poemas no vendieron, pero un editor se interesó en otras producciones de “Currer, Ellis y Acton”, y poco después, tres novelas de las tres hermanas ingresaban para siempre a la historia de las letras inglesas.

2 Antología de la poesía lírica griega (siglos VII-IV a.C.), Selección, prólogo y traducción de Carlos García Gual, Alianza Editorial, 2013, pp. 9-10.

3 Nos basamos —estrictamente— en la versión publicada en el libro de Harold Bloom (The Best Poems of the English Language, Selected and with Commentary by Harold Bloom, Harper Perennial, 2007, pp. 722-725). En varias otras versiones publicadas hay pequeños pero significativos detalles y variaciones —en la cantidad de palabras, en el orden de las mismas, incluso en la puntuación— que, en último análisis, alteran, o cambian, así sea sutilmente, el sentido y el significado últimos del poema. Esto ocurre, por ejemplo, en la versión de Poetry Foundation. No disponemos de un facsímil del poema como fue publicado por vez primera —en 1850—; por ello, por ahora, depositamos nuestra confianza en la versión en inglés del libro de Bloom.

4 El planteamiento original es de Ralph Waldo Emerson, de su ensayo Self-Reliance  (Independencia o Auto-confianza, 1841 y 1844): “Así como las oraciones de los hombres son una enfermedad de la voluntad, igualmente sus credos son una enfermedad del intelecto”, también citado por Bloom en op cit., p. 504.

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Robert A. Heinlein es uno de los autores más prolíficos de ciencia-ficción y posiblemente uno de los más desconocidos en nuestro país, a pesar de ser parte de la triada estelar de escritores de su género. Junto con Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, Heinlein se caracteriza por la activa politización que enriqueció su pensamiento y sus escritos. Su vigencia es incuestionable y por eso vale la pena acercarse a su obra en una fecha como hoy, 8 de mayo, en que se cumplen 30 años de su muerte.

Se requiere de muy poca fuerza para controlar a un hombre cuya mente ha sido engatusada; por el contrario, ninguna cantidad de fuerza puede controlar a un hombre libre, a un hombre cuya mente está realmente libre de ataduras. No, ni el potro, ni bombas de fisión, ni nada—no se puede conquistar a un hombre libre; lo más que puedes hacer es matarlo.
—Robert A. Heinlein

…críticos modernos que intentan lidiar con la influencia de Heinlein se percatan de que tratan con un objeto más bien como el cielo o un océano.
—Samuel R. Delany

 

Para muchos lectores, autores y críticos del género, Heinlein fue el más importante e influyente de “los Tres Grandes” (comparado con Asimov y Arthur C. Clarke). Heinlein se distingue claramente de Asimov y de Clarke porque fue el más activamente político, tanto en su vida como en su pensamiento y obra. Como afirma Ken MacLeod, el crítico y autor de ciencia ficción técnico-utópica socialista escocés: “La sociología ha sido descrita como un diálogo con Marx; la faceta política en la science fiction puede describirse como un diálogo con Heinlein”.1

Vale la pena entonces recordar cuáles fueron sus contribuciones a la literatura y a la sociedad de su tiempo. El corpus de ciencia-ficción (o ficción especulativa) de Heinlein incluye 32 novelas, 59 cuentos y 16 antologías, además de su actividad en otros medios como cine, televisión, radio y compilaciones de otros autores.2 Sus obras siguen editándose, en papel y en ediciones electrónicas, generando polémica y controversia, admiración y respeto, o irritación y furia.

De Missouri a alta mar

Robert Anson Heinlein nació en Butler, Missouri, en el “cinturón bíblico” del sur de EE. UU., el 7 de julio de 1907. Fue estadunidense-alemán de sexta generación, y era tradición familiar haber combatido en todas las guerras de su país, empezando por la Guerra de Independencia.

Como cuenta su tercera esposa, Virginia Heinlein (1916-2003), cuando Heinlein tenía tres años, su hermano mayor lo llevó al patio trasero de la casa a ver pasar el cometa de Halley. Ahí nació su interés por la astronomía. En cuanto aprendió a leer, se volvió asiduo visitante a la biblioteca pública, donde devoró novelas de Verne y de Wells, así como las aventuras de Tom Swift,3 y también la revista The Electrical Experimenter, de Hugo Gernsback.

Estudiante de ciencias en la Universidad de Missouri, Heinlein se convertiría en alumno de la Academia Naval de Annapolis, animado quizá porque en la marina se habían llevado a cabo los experimentos de Michelson y Morley para definir la velocidad de la luz.

De socialista a libertario

Al egresar de Annapolis en 1929, pensando que dedicaría su vida a la marina y ya no a la astronomía, Robert sirvió como oficial a bordo del Lexington, el primer portaaviones de la marina estadunidense. Pidió después su traslado al destructor Rover, donde contraería tuberculosis. Fue dado de baja por motivos médicos en 1934, pero sus años de marino en activo influirían profundamente en él, hasta el día de su muerte.

Tras tomar cursos de matemáticas y física en la Universidad de California, se unió en ese mismo año a la campaña de Upton Sinclair, famoso por su novela de denuncia sobre la industria cárnica de Chicago —The Jungle (La jungla, 1906)—, y socialista declarado que aspiraba a la gubernatura de California por el partido demócrata. Heinlein, por su parte, buscó un cargo en la Asamblea Estatal pero sin mayor éxito. En palabras de Isaac Asimov, en aquellos años Heinlein era un flaming liberal, un liberal “en llamas”, de tiempo completo. Fracasaría en política, pero aquella inmersión en competidísimas bregas electorales también influiría marcadamente en su pensamiento y su obra posteriores.4 De liberal y socialista Heinlein pasó a ser demócrata anti-comunista, conservador, y finalmente, a partir de los años 40-50, se consideró libertario, “anarquista filosófico”, patriota siempre, mas no imperialista.

Guerra Mundial

Durante la II Guerra Mundial, trabajó como ingeniero aeronáutico en los astilleros de la marina de guerra en Filadelfia. Ahí también cumplieron servicio militar Isaac Asimov y L. Sprague de Camp, otro autor de ciencia ficción de la Era Dorada. Durante este período de su vida conoció a Virginia Doris Gerstenfeld, su verdadera musa, primera lectora de sus obras, compañera de viajes alrededor del mundo, una ingeniera química que, durante la guerra, detentó un grado militar superior al suyo. Cabe mencionar que para Robert —feminista desde siempre— este detalle siempre fue un motivo de orgullo.


Robert y Virginia Heinlein en el set de Destino: la Luna. Fuente: Tvtropes.

Al concluir el conflicto mundial, Heinlein quedó severamente endeudado, a pesar de que recibía una pequeña pensión de la marina. Vio un anuncio que ofrecía 50 dólares a escritores noveles a cambio de un cuento de ciencia ficción. Escribió uno, pero al releerlo le pareció demasiado bueno para aquel concurso, y lo sometió a consideración a la revista Astounding. El cuento era Life-Line (1939) y asombró al editor John W. Campbell, quien lo compró, sin más, en 70 dólares. El que un día aún lejano sería nombrado el primer Gran Maestro de la ciencia ficción,5 acababa de encontrar gracias a un simple anuncio la vocación que le daría fama, dinero y un lugar en la historia de la ciencia-ficción. En sólo dos años, escribió más de 20 cuentos, muchos de ellos de ciencia ficción social, considerados clásicos en su mayoría, recopilados en la serie Historia Futura y El pasado a través del mañana, cuyas historias abarcan hasta el año 2100.

La ciencia ficción escapa del gueto, y triunfa

Después de la guerra, el inevitable, exponencial desarrollo de tecnología en radares, electrónica, armamento, aviación, submarinos, y las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, crearon conciencia en la sociedad estadunidense de que las ideas y conceptos de la ciencia ficción habían pasado del “gueto de los pulps” —las revistas baratas de ciencia ficción impresas sobre papel de pulpa— a la normalidad del día a día. Consciente de esta nueva realidad, Heinlein fue el primero en buscar mejores mercados para sus ficciones.

Fue así como —para asombro y posterior beneficio de todos sus pares— publicó The Green Hills of Earth en The Saturday Evening Post, la revista familiar y conservadora por excelencia, rompiendo para siempre el tabú de que la ciencia ficción era un intrascendente subgénero literario para adolescentes despistados. Las verdes colinas de la Tierra es todo un clásico: la historia de Rhysling,6 piloto espacial experto que sufre un accidente casi fatal y al quedar ciego, se vuelve trovador, invidente, cantor de las bellezas, peligros y misterios del sistema solar y el universo. Es en voz de Rhysling que aparece uno de los poemas de ciencia-ficción más memorables de la literatura.

Heinlein, lector enciclopédico, supo depurar temáticas y mecánicas de la ciencia ficción, eliminando inteligentemente las densas páginas de exposición que lastraban comúnmente a la ciencia. Utilizó los diálogos, como nadie, para agilizar la engorrosa construcción de los marcos conceptuales, las escenografías y las descripciones. Además, pronosticó el uso de armas nucleares que pondría fin a la guerra, el descontrolado crecimiento urbano y suburbano de la década de los años 50, y los viajes espaciales. Aunque llegó a ser atinado en estas extrapolaciones, nunca fueron la intención central de su obra.

Los viajes espaciales, irónicamente, fueron “hijos” de la II Guerra Mundial.

Heinlein buscaba más bien mostrar el mundo como podría llegar a ser. Siempre inquieto como creativo, quiso transmitir ideas progresistas en una sociedad conservadora. Así lo hizo en sus famosas Heinlein juveniles, unas 12 novelas que publicaba, año con año, para las épocas navideñas y que muchos consideran lo mejor de su producción, leídas además por no pocos adultos y repartidas en la inmensa red de bibliotecas públicas del país. Con tacto e inteligencia, Heinlein lograría evitar la censura de los bibliotecarios, difundiendo ideas libertarias, antirracistas y de igualdad de género.

Breve recorrido por su obra

Ya que la ficción especulativa de Heinlein abarca de 1939 a 2006, incluyendo obras publicadas póstumamente, ofrecemos a continuación nuestra recomendación de tres cuentos y tres novelas imprescindibles.

Tres cuentos

• Su primer cuento publicado, Life-Line, trata de un doctor llamado Pinero, que desarrolla una máquina que puede trazar la existencia completa de cualquier persona, y predecir el momento en que morirá, aplicando el concepto de línea de vida o línea de universo, es decir, el tránsito de un objeto, o de un ser viviente, concebido como movimiento en cuatro dimensiones: altura, anchura, profundidad y, tiempo. Lo primero que pondrá de cabeza Pinero, quien también sabe cuándo morirá, son las compañías aseguradoras.

• Su cuento más corto, Searchlight (Reflector) narra en sólo cuatro páginas la frenética búsqueda en la Luna de una niña ciega, pianista prodigio, de gira artística entre colonias lunares, a quien le quedan seis horas de aire tras el choque de la nave que la transportaba. La solución estará en una conversión de rayos laser a rayos sonoros, que duplicarán las 88 teclas de un piano bien temperado, que ella, invidente, podrá escuchar.

• Todos ustedes, zombies, (All You Zombies, 1951, escrita en un día). Viajar en el tiempo es un concepto filosófico, no es una posibilidad científica. Para este cuento vale, especialmente, el oxímoron ciencia ficción, ya que, si es ciencia, no puede ser ficción. Pero, como relato especulativo y de terror, es quizá la narración definitiva sobre viajes en el tiempo. El protagonista, hermafrodita, en una cadena insólita de solipsismo y paradójica circularidad de eventos en el tiempo, resulta ser a la vez su propia madre y su propio padre. Fue llevado al cine en 2014, como Predestinación.

Una película de ciencia ficción original y sorprendente. Destaca su apego al espíritu del complejo cuento original. El actor Ethan Hawke tardó tiempo en entender exactamente qué se estaba filmando.

Tres novelas

• Las brigadas del espacio (Starship Troopers, 1959), estableció el subgénero de ciencia ficción militar y de mecha (robots, exoesqueletos). Es un bildungsroman, novela de formación y aprendizaje. A cinco mil años en el futuro, narra la conversión de Juan Rico, un joven pacifista filipino, en oficial combatiente de infantería móvil espacial. Destaca el muy controversial planteamiento de que sólo el soldado combatiente —de cualquier sexo, ya que las mujeres son las mejores pilotos de transportes militares en misiones de guerra interestelar— tiene derecho a votar, puesto que así ha demostrado su voluntad de morir por su patria y los ideales que la sustentan. Ya es algo trillado que gente que no ha leído esta novela acuse a Heinlein de “fascista”, probablemente basándose en la malograda película homónima de Paul Verhoeven, rechazada casi unánimemente por conocedores de la obra original.

• Forastero en tierra extraña (Stranger in a Strange Land, 1961) es una novela sui generis en la bibliografía de Heinlein. Fue Virginia quien le sugirió tomar como referencia El libro de la selva, de Rudyard Kipling, sustituyendo a Mowgli por un hombre criado en Marte por seres de otra especie. Michael Valentine Smith, el primer hombre nacido en Marte, hijo bastardo de astronautas, criado por la misteriosa, incomprensible raza marciana, llega a la Tierra, donde acabará estableciendo la religión e “Iglesia de Todos los Mundos”. El paralelo con Jesús de Nazaret es intencional, incluyendo su muerte, elevación a mártir y transubstanciación. La novela, que colocó a nivel de escándalo religión, amor libre, homosexualidad, asesinatos políticos, teocracia, control psicológico de masas, estulticia y voracidad capitalistas, se volvió estandarte literario de la generación hippie y de la contracultura de fines de los años 60. Dos lemas de esa época, “Paz y Amor” y “Haz el amor, no la guerra”, derivan en no poca medida de ella, así como el término multiusos —sustantivo, verbo, adjetivo y adverbio, proteica creación idiomática— grok, hoy incluido en el Oxford English Dictionary. Groquear significa captar, sobre todo intuitiva y empáticamente, la esencia de algo: un suceso, una intención, un libro, el amor o el odio, la idea o la realidad de lo divino.

• La luna es una cruel amante (The Moon is a Harsh Mistress, 1966). En un futuro no muy lejano, en la Tierra viven 11 mil millones de habitantes; en la Luna, tres millones. Los lunáticos se rebelan, buscando su independencia, en una revolución con referencias a la de EE. UU. de 1775, y a la revolución rusa de 1917. Uno de los cuatro protagonistas es una computadora, MYCROFT, así llamada en honor al hermano de Sherlock Holmes, más inteligente que él. La computadora, kilométrica, al igual que HAL de 2001, Odisea del espacio, ha adquirido conciencia de sí misma, y se convierte, lógicamente, en factor indispensable para el triunfo de la revolución. Cabe mencionar que MYCROFT opera con dos “personalidades”: masculina cuando trata con varones, y femenina cuando interacciona con mujeres. Para muchos, es la mejor novela de Heinlein, altamente controversial, y la más lograda en cuanto a la construcción de una cultura imaginada en todos los aspectos materiales y humanos, incluyendo un idioma original.

Controversias al por mayor

Con una creatividad desbordante y posturas políticas tan variables, Heinlein fue víctima de todo tipo de acusaciones a lo largo de varias décadas. Una de ellas, por ejemplo, fue el rumor de que Charles Manson se había inspirado en la novela Forastero en tierra extraña, antes de ordenar los asesinatos de Sharon Tate y otras personas en Beverly Hills, en 1969. Heinlein recurrió a un abogado especialista, quien finalmente le informó que Manson, medio analfabeta, realmente no leía nada.

A Heinlein también se le acusó de fascista, macho chovinista, maricón de clóset, de derechas, autoritario, libertario, elitista, militarista, súper-patriota, ateo, agnóstico, paradigma de solipsismo, fundamentalista, calvinista hedonístico, tendencioso obstinado. En cuanto a sus pecados literarios, se le reprochó usar caló, no poder crear personajes femeninos creíbles y todos sus personajes masculinos son él mismo, no describir a sus personajes físicamente, no saber construir una trama, no saber escribir escenas de sexo, predicar, sermonear a expensas de su ficción. Ante estas sucesiones de malinterpretaciones y dislates, a nuestro parecer, para salir de tantas curiosas dudas, lo único que podría uno hacer es leer a Heinlein, claro está, en la inteligencia de que todo autor debe analizarse en función de su contexto.7

Regreso al mar

Robert Anson Heinlein murió, durante una siesta, el 8 de mayo de 1988. Fue cremado, y sus cenizas se esparcieron en alta mar desde un buque de guerra de la marina estadunidense. Su sepelio mereció todos los honores militares. Quizás alguien presente leyó entonces el epitafio que R. L. Stevenson escribió para para su propia tumba en Samoa, y con el que comienza la novela de Heinlein, El hombre que vendió la Luna (1949):

       A casa ha vuelto el marinero, a casa desde la mar,
       Y el cazador a su hogar desde la colina.

Antes de volver a la mar que es el morir, Heinlein ya le había dado al clavo, en El hombre que vendió la Luna, a la idea de privatizar satélites y planetas. Considerada una locura, esa privatización galáctica quedó descartada en los años 60, con el desarrollo de la carrera espacial, cuando creímos que sólo los gobiernos podrían solventar los gastos de semejantes exploraciones. Pero hoy, con variantes, “vender la Luna” vuelve a ser posible, en la medida en que multibillonarios de la era digital —con Elon Musk y Jeff Bezos a la cabeza—  se han apuntado para expandir los horizontes de la humanidad hacia la conquista de otros mundos (y de su potencial comercial). Como escritor, la intención primordial de Robert A. Heinlein fue entretenernos, sí, e invitarnos a pensar, siempre, no en lo que debería ser, sino en algo más alcanzable, lo que realmente podría llegar a ser.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

Bibliografía

• The Science Fiction Hall of Fame Volume I, Robert Silverberg, Editor, Avon, 1971.

• The Mirror of Infinity, A Critics’ Anthology of Science Fiction, Edited by Robert Silverberg, Harper & Row, 1973.

• The Road to Science Fiction #2, From Wells to Heinlein, Edited and with an Introduction and Notes by James Gunn, New American Library, 1979.

• Science Fiction Today and Tomorrow, Edited by Reginald Bretnor, Penguin Books Inc, 1974.

Isaac Asimov, Asimov on Science Fiction, Avon Discus, 1982.

• Tomorrow, the Stars, Edited and with an Introduction by Robert A. Heinlein, Berkeley Medallion Books, 1967.

• The Best of Robert A. Heinlein 1947-1959, Edited by Angus Wells, Sphere Books, Ltd., 1973.

Robert A. Heinlein, Requiem – New Collected Works by Robert A. Heinlein and Tributes to the Grand Master, Edited by Yoji Kondo, ebook, 2011.
Doctor en astrofísica y astronomía, promotor de que un cráter en Marte tuviera el nombre de Heinlein, Yoji Kondo editó esta antología de cuentos, algunos conocidos y otros inéditos, de discursos del Gran Maestro, y de textos de homenaje a Heinlein por un selecto grupo de algunos de los más grandes autores del género. Incluye un prefacio de su viuda, Virginia Heinlein. La edición forma parte de un homenaje especial a Heinlein, realizado el 6 de octubre de 1988 en el Museo Nacional del Aire y el Espacio, en el que recibió póstumamente la Medalla NASA por Servicio Público Distinguido, el honor más alto que concede dicha institución, en reconocimiento a sus contribuciones al programa espacial.

The Past Through Tomorrow, Future History Stories Complete in One Volume, Berkeley Medallion Books, 1975. Incluye la gráfica del grupo de historias que Campbell tituló Future History. Esta gráfica puede descargarse aquí: templetongate.net/graphics/literature/fhchartlarge.gif

Starship Troopers, Signet, The New American Library, 1961.

Stranger in a Strange Land, Penguin Books, Penguin Galaxy, Series Introduction by Neil Gaiman, 2016.

The Moon is a Harsh Mistress, A Tom Doherty Associates Book, 1997.

The Man Who Sold the Moon, Introduction by John W. Campbell, Jr., New English Library, 1981.


1 Ken MacLeod, Politics and science fiction, en The Cambridge Companion to Science Fiction, edited by Edward James and Farah Mendlesohn, Cambridge University Press, 2003, p. 231.

2 El crítico James Gifford compiló el opus hasta el año 2000, en el orden en el que aparecieron las obras. La bibliografía es parte de su libro Robert A. Heinlein: A Reader’s Companion, y el autor autoriza su uso para fines no comerciales. Puede leerse aquí.

3 Tom Swift, personaje de aventuras juveniles y de ciencia ficción, fue creación de Edward Stratemeyer (1862-1930). Sobre su inmenso legado, la revista Fortune comentó: “Así como el petróleo tuvo a su Rockefeller, la literatura tuvo a su Stratemeyer”. Él mismo firmó más de 1,300 novelas, de las que se han vendido más de 500 millones de ejemplares. Generaciones enteras de estadunidenses (y de ingleses) crecieron leyendo a Tom Swift, creado para niños, y las aventuras de Nancy Drew, para niñas, y muchos personajes más como The Hardy Boys o The Dana Girls. Pionero y visionario de la industria editorial, Stratemeyer llevó la pasión por novelas juveniles a alturas antes desconocidas.

4 Fueron los años del programa socialista EPIC (End Poverty in California: Eliminar la Pobreza en California) de Sinclair. Heinlein fue director adjunto de la publicación EPIC, que alcanzaría tirajes de un millón de ejemplares. La iniciativa EPIC buscaba paliar los efectos de la Gran Depresión iniciada con el crack bursátil de 1929. Aunque el Partido Socialista de América era antifascista y anti-estalinista, la teoría y la praxis socialistas de Sinclair no fueron funcionales en California. Sin embargo, algunas ideas de EPIC fructificaron en el New Deal de F. D. Roosevelt. En 1946 Heinlein escribió Take Back Your Government! A Practical Handbook for the Private Citizen Who Wants Democracy to WorkRetiren su gobierno!, o bien ¡Quédense con su gobierno! Un manual práctico para el ciudadano particular que quiere que la democracia funcione), relatando —ingenuamente, él mismo lo diría— los pormenores de la campaña de Sinclair y de la suya. El libro se publicó póstumamente hasta 1998.

5 Esta distinción existe y es The Science Fiction and Fantasy Writers of America, a partir de 1953, siendo Heinlein el primero en recibirla.

6 La Asociación de Poesía de Ciencia Ficción otorga, desde 1978, el Rhysling Award al mejor poema corto (49 líneas o menos) y mejor poema largo (50 líneas o más) del año anterior.

7 Tres botones de muestra de la generosidad de Heinlein y de su esposa para con sus pares: aunque Philip K. Dick se oponía abiertamente a todo lo que “fuera Heinlein”, en momentos de estrechez económica, recibió una máquina de escribir nueva, enviada a la puerta de su casa. Cuando Theodore Sturgeon pasaba por una período angustiante de bloqueo creativo, Robert le envió una lista de 50 temas de ciencia ficción que habrían de servirle para el resto de su vida. Aunque el mismo Spider Robinson se oponía a la presencia de EE. UU. en Vietnam, y Heinlein, al contrario, la apoyaba públicamente, le envió a Robinson varios cheques substanciales por correo —y por iniciativa propia— en momentos cruciales en que agobiaban a Robinson dificultades financieras.

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Para la ciencia ficción, abril resulta tres veces definitorio. Sendas publicaciones clave para el género vieron la luz en este mes. Fueron obra de Hugo Gernsback y John Wood Campbell, Jr., dos autores tan imprescindibles como su labor editorial, que catapultó a esta forma literaria en una de sus cunas primordiales: los Estados Unidos.

…aventura encantadora entretejida con hechos científicos y visión profética.
—Hugo Gernsback

…cuando escribo, escribo sólo mis propios cuentos. Como editor, escribo los cuentos que escriben cien personas.
—John W. Campbell (a Isaac Asimov)

 

Históricamente, el impulso más inmediatamente visible que ha recibido el proteico género literario hoy llamado “ciencia ficción”, se dio en EE. UU., a inicios del siglo XX, incluyendo la concepción del término science fiction.1 Si abril es el mes más cruel —como escribiera T. S. Eliot—, para la ficción especulativa, en cambio, será siempre un mes histórico, acaso irrepetible, y por partida triple. En abril de 1908 apareció Modern Electrics, la primera revista en el mundo que trataba de electrónica y radiofonía. En ella, a partir de abril de 1911 apareció en 12 entregas la pionera novela de anticipación Ralph 124C 41+. En otro abril más, pero de 1926, circuló el número uno de Amazing Stories, primera revista dedicada exclusivamente a la ciencia ficción, que establecería al género como una categoría fija del universo editorial.

El inventor que surgió de Luxemburgo

Las dos revistas y la novela fueron creaciones de Hugo Gernsbacher, nacido en Luxemburgo el 16 de agosto de 1884. A los 20 años, buscando hacer negocios, emigró a América, simplificó su apellido a Gernsback y se nacionalizó estadunidense. Llegaría el día en que sería pomposamente llamado “El Barnum de la Era Espacial” y, con mayor precisión, “El padre de la ciencia ficción”, aunque, como veremos más adelante, también sería bautizado con el apodo “Hugo the Rat” (“Hugo el transa”).


Hugo Gernsback, entrado en años. Fuente: Goodreads

 

El inventor, emprendedor, futuro escritor y editor de revistas se instaló en Nueva York en 1904, con un modesto negocio de importación de partes para radios. Impulsó la radiofonía inalámbrica para aficionados, y en 1909 fundó la Wireless Association of America, que para 1912 contaba con más de 400 mil miembros. Pionero de la radio comercial, fundó la WNRY en 1925, y en 1928 ya transmitía programas de televisión. Hoy, sin embargo, es más recordado por su trayectoria como editor de revistas. Las creó por docenas, y si quizá la más vendida fue la ligeramente escandalosa Sexology (Sexología), las que le darían merecida fama serían Modern Electrics y Amazing Stories.

La primera novela estadunidense de ciencia ficción

La novela pionera de Gernsback, Ralph 124C 41+, de 1911, cuyo título juega con palabras y números, es lectura obligada quizá solo para estudiosos de la historia de la ficción especulativa. Como literatura, Ralph… es considerada un total desastre —un “lamentable batiburrillo” según el autor británico Brian Aldiss— pero, con visionario tino editorial, Gernsback le había ofrecido al público algo que ansiaba y buscaba desesperadamente: una historia de aventura y romance, aderezada con una enorme cantidad de datos científicos y predicciones acertadas (por ej. el cine sonoro, la telefonía con video o el uso de energía solar).2


Paneles solares, concebidos en 1911. Portada interior de la novela Ralph 124C…

 

La primera revista de ciencia ficción

Para 1926, Gernsback lanzaría la revolucionaria revista Amazing Stories (Cuentos asombrosos). Registró legalmente el término scientifiction, y describió el cuento perfecto de ciencia ficción como “75 % literatura entretejida con 25 % de ciencia”. Las tres características básicas de la ficción científica debían ser: narrativa, información científica y predicción. Amazing Stories comenzó publicando a grandes pioneros del siglo anterior: E. A. Poe, Julio Verne o H. G. Wells y, a la par, estableció concursos para que público y escritores presentaran relatos. Poco a poco, apareció el grupo de autores, y de algunas autoras, que en el mundo anglosajón sentarían las bases de lo que hoy llamamos ciencia ficción.3

En 1973, Isaac Asimov escribiría:

Las historias, como siempre, eran a veces pesimistas y a veces optimistas. Pero, en general, a pesar de la experiencia de la Primera Guerra Mundial, la ciencia ficción en revistas dio inicio a una nueva era de optimismo. Esto tiene sus razones.

Estados Unidos, en donde la nueva ciencia ficción en revistas alcanzó prominencia, era el país que menos había sufrido en la Primera Guerra Mundial, y había llevado la Revolución Industrial a su máxima potencia. En los prósperos años 20, no parecía haber nada que los estadunidenses no pudieran hacer y, en consecuencia, nació el “cuento de súper-ciencia”.

Pero, en 1929, tres años después de su aparición, Amazing Stories enfrentó complicados problemas financieros y quebró. El término scientifiction, cuyos derechos perdió Gernsback, renacería como science fiction, abreviado como sci-fi o SF, y, para retomar la estafeta y no perder a un público lector que crecía día tras día, el editor pronto puso en circulación Science Wonder Stories (Cuentos de asombro científico). Y cabe mencionar un hecho no menos importante: Gernsback sentaría las bases del antes inexistente fandom —la colectividad de los aficionados organizados— publicando direcciones de lectores, debatiendo con ellos, creando un sentido de comunidad, una conciencia de un movimiento, de una fuerza social, que concretó con la asociación The Science Fiction League, en 1934.

El “Premio Nobel” de la ciencia ficción

Hoy, el máximo laurel de la ciencia ficción lleva el nombre de pila de Gernsback. El Premio Hugo es entregado cada año, desde 1953, por la World Science Fiction Convention.4 Él mismo, en vida, recibió un Hugo en 1960, por su quehacer como “El Padre de la Ciencia Ficción en Revistas” (y eso sin que el premio valorara las 80 patentes que Gernsback tenía registradas al momento de su muerte, en 1967).

En cuanto a su apodo, Hugo the Rat —así lo llamaban H. P. Lovecraft y Clark Ashton Smith— también se lo ganó a pulso. Al paso de décadas, Gernsback adquirió negra fama por pagarle muy poco a sus autores (un centavo de dólar por palabra), por retrasar sus pagos —a veces durante años—, o bien, simplemente por no pagar, incluso cuando él se adjudicaba 100 mil dólares anuales como director de Publicaciones Gernsback. Muchos autores, como Jack Williamson, demandaron a Gernsback, para cobrar cantidades desde 25 dólares por un cuento, una suma que hoy correspondería a unos mil 100 billetes verdes.5

Cabe mencionar que hacia 1990, durante el auge del movimiento posmoderno cyberpunk, que combinaba tecnología de la información, estética retro, cultura popular y disidencia anti-establishment, un cuento de William Gibson —autor de la paradigmática novela Neuromancer (Neuromante, 1984)— titulado The Gernsback Continuum (El continuo Gernsback), denunció la tecno-latría de “la era Gernsback”, revalorizando a la vez sus “fantasmas semióticos” como inescapables antecedentes.6 Pero dejemos a Gernsback, con sus luces y sus sombras, para acercarnos al otro pilar fundacional de la ciencia ficción del siglo pasado, bajo cuya égida se daría La Edad Dorada de la Ciencia Ficción, que se extendió de Amazing Stories a la década de 1950.

El hombre que aterrizó el sueño de Gernsback

John Wood Campbell, Jr., nacido en Newark (New Jersey) el 10 de junio de 1910, tuvo tres carreras: como autor con su propio nombre, como autor con seudónimo, y como editor. En su honor también se ofrece anualmente un codiciado reconocimiento, otorgado solamente a novelas: el John W. Campbell Award, desde 1973.7


John Wood Campbell, Jr. Fuente: Wikipedia

 

Campbell estudió en el MIT, donde trabó amistad con Norbert Wiener (creador de la cibernética), pero se salió al año, y finalmente concluyó estudios de Licenciatura en Física en Duke University, en 1932. A los 18 años escribía ciencia ficción bajo su propio nombre, siguiendo el modelo popularizado por autores como E. E. Smith, para un público mayoritariamente juvenil: básicamente, space opera, “ópera espacial”, aventuras repletas de gadgets para lucimiento de esforzados héroes masculinos que deshacen entuertos galácticos y rescatan a hermosas damiselas escasamente vestidas de manos de villanos despiadados o de alienígenas horripilantes. (En cine, hoy, la “ópera espacial” por excelencia es La Guerra de las Galaxias).8

Posteriormente, bajo el seudónimo Don A. Stuart, Campbell daría un giro a su quehacer literario, entregando en la revista Astounding Science Fiction historias de otro corte, algo excéntricas y filosóficas, como Twilight —uno de los cuentos clásicos más antologados de la historia de la ciencia ficción—, Cloak of Aesir y Who Goes There?, llevada tres veces al cine como La cosa de otro mundo en 1951, 1982 y 2011.9

Tráiler de La cosa de otro mundo, dirigida por Howard Hawks

 

El editor que desencaja la ciencia ficción

A fines de 1937, en un cambio laboral inesperado, Campbell aceptaría el cargo de editor de Astounding Science Fiction, función que ejerció hasta su muerte, el 11 de julio de 1971. Dejó de escribir ficción, y apareció el editor estricto, controversial, visionario y obsesivo que definiría nuevos rumbos, vistas y mecánicas de creación para la ciencia ficción.

Un objetivo general del Campbell editor sería dejar atrás la ecuación “ciencia ficción = público juvenil”, y llegar a lectores más sofisticados, adultos pensantes, incluyendo a científicos, a través de ficción especulativa que fuera literatura, bien escrita. La meta era publicar “cuentos de gente viviendo en un mundo donde una Gran Idea, o una serie de ellas, y una Máquina, o máquinas, formen el marco de fondo. Pero es el hombre quien debe ser la esencia, no la idea ni la máquina”. Es decir, no solo analizar las nuevas tecnologías, sino las formas en las que podrían afectar a sociedades futuras, al utilizar “la comprensión de cómo reaccionan los esquemas políticos y sociales ante los cambios tecnológicos”. La ciencia ficción, entonces, debía funcionar como “una manera de considerar el pasado, presente y futuro desde un punto de vista diferente, para considerar cómo podríamos hacer las cosas… un sistema conveniente, analógico, para pensar en nuevas ideas científicas, sociales y económicas, y para examinar nuevamente ideas viejas”.

En resumen, Campbell visualizaba algo que Gernsback nunca contempló: ofrecer una agenda literaria que podrían admirar y apreciar los lectores más eruditos. Quizás el autor que mejor plasmaría esta visión particular, el que primero entendió cabalmente a Campbell y elevaría exponencialmente la calidad de la ciencia ficción, cambiándola para siempre, sería Robert A. Heinlein, cuyo primer cuento, Life–Line (Línea de universo o Línea de vida), sería publicado precisamente en Astounding Science Fiction.

Aparecen las sombras

Pero hacia 1950, las sombras de Campbell se manifestarían cuando —a pesar de su formación como físico— se entusiasmó y enarboló banderas de varias pseudociencias, como las teorías sobre Percepción Extrasensorial (ESP) de J. B. Rhine, o esa creación de un otrora prolífico escritor de ciencia ficción, Ron L. Hubbard, la Dianética, que acabaría convirtiéndose en la Cienciología de hoy, registrada como iglesia, uno de los muchos negocios multimillonarios, tipo cultos, al parecer inevitables en las sociedades actuales. Hoy, la anécdota ya es legendaria: un día, Hubbard, agotado, cansado de ganar un centavo por palabra produciendo a “velocidad del rayo” novelas y cuentos de CF y de muchos otros géneros, le habría comentado a su esposa: “Esto no es negocio. Voy a inventar una religión”.

El extrañamiento que generó Campbell, y el distanciamiento que provocó con las mentes más preclaras de la science fiction, que combatieron sus obsesiones pseudocientíficas en privado y en público, se resume en un botón de muestra, mesurado y lacónico, nuevamente de Asimov: “le causó dolor a muchos de los hombres a quienes había formado (incluyéndome a mí)”. Sin embargo, para no concluir en umbras, recordemos otras luces del personaje de John Wood Campbell, Jr., en palabras de Malcolm Edwards: “Más que cualquier otro individuo, él ayudó a darle forma a la ciencia ficción moderna”.10

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

Bibliografía

Hasta donde sabemos, las novelas y cuentos de Hugo Gernsback no tienen traducción formal al español. En internet se ofrecen algunas traducciones al español de Ralph 124C 41+. De John W. Campbell se encuentran compilaciones de su obra y de cuentos que encargó, como editor, publicadas en España y Argentina, y cuentos sueltos suyos en antologías de ciencia ficción publicadas por Editorial Bruguera. Quizá los cuentos producidos durante “la era Campbell”, en la llamada “Era Dorada de la Ciencia Ficción”, no resulten atractivos para los lectores de hoy. Sin embargo, buena parte de la ciencia ficción actual —incluso en el cine—, en realidad, no es más que “vino viejo en botellas nuevas”.

• Hugo Gernsback, Ralph 124C 41+. Descargable en inglés aquí.

• The Best of John W. Campbell, Edited by Lester del Rey, Nelson Doubleday, 1976.

• The Astounding Science Fiction Anthology, Edited by J. W. Campbell, Jr., Berkeley Medallion Books, 1967.

• The Science Fiction Hall of Fame, Volume I, Edited by Robert Silverberg, Avon, 1971, Twelfth Printing.

• The Encyclopedia of Science Fiction, Edited by Peter Nicholls, Granada Publishing, 1971.

• Science Fiction Today and Tomorrow, Edited by Reginald Bretnor, Penguin Books, 1975.

• Rewired, The Post-Cyberpunk Anthology, James Kelly & John Kessel, Editors, Tachyon Publications, 2007.

• Isaac Asimov, Asimov on Science Fiction, Avon, Discus, 1982.

• Isaac Asimov, Gold, The Final Science Fiction Collection, Harper Prism, 1995.

• Jean Gattégno, La ciencia ficción, México, FCE, 1985.

• James Gunn, The Road to Science Fiction #2 From Wells to Heinlein, New American Library, 1979.

• Franz Rottensteiner, The Science Fiction Book, An Illustrated History, Thames and Hudson, 1975.

• David Seed, Science Fiction, A Very Short Introduction, Oxford University Press, 2011.


1 Para efectos prácticos se considera a Frankenstein, novela de 1815 de la británica Mary Shelley, como la primera obra formal de ficción científica. Desde luego son precursores también los “viajes extraordinarios” de Julio Verne y los “romances científicos” de H. G. Wells, ambos considerados también “Padres de la ciencia ficción”. Y una correcta perspectiva histórica debe incluir asimismo las notables contribuciones de autores rusos y soviéticos. Ver: Electrizante: breve historia de la ciencia ficción rusa y soviética”.

2 El curioso título de la novela prima de Gernsback debe leerse así: Ralph 1 (Ralph, one), 2 (to), 4C (fore-see), 4 (for) 1+ (all), siendo que “1+” puede equivaler a “todos” o a “muchos”. Así, por ejemplo, el título puede traducirse como: Ralph, Uno que preverá por todos (Ralph One to Foresee for All). Su trama es sencilla: en el siglo XXVII, en 2660, Ralph, amo de los gadgets, rescata a una doncella prisionera de un “cerebro criminal”, en el espacio exterior. La obra, dispersa, sí contiene una cantidad notable de predicciones, correctas extrapolaciones científicas y técnicas (cine sonoro, telefonía con video, uso de energía solar, alimentos sintéticos, viajes aéreos transcontinentales, vuelos espaciales), así como algunas tonterías de antología. En otras novelas, Gernsback ubicó al fantástico y descocado personaje literario, Barón de Munchausen, creación de Rudolf Erich Raspe (1785), en varias aventuras espaciales.

3 Además del “trío dorado” integrado por Robert A. Heinlein, Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, destacaron autores como A. E. Van Vogt, Fritz Leiber, Clifford D. Simak, y Lester del Rey, entre muchos otros. Y siguen leyéndose obras de creadoras como Leigh Brackett, Catherine L. Moore y Anne McCaffrey, primera autora que ganó el Hugo (y también el Nebula, otro premio anual importante de la CF).

Para más detalles, ver: “El mundo sin noche: el nacicmiento de Isaac Asimov”. Ver también: “Estelar entre las estrellas. El centenario de sir Arthur C. Clarke”.

4 El Hugo Award actualmente abarca 15 categorías, y la de novela es la más importante. La primera novela premiada, en 1953, fue The Demolished Man (El hombre demolido) de Alfred Bester. En 2016, recibió el Hugo la escritora N. K. Jemisin, primera afroamericana en ganarlo, por su novela The Fifth Season (La quinta estación). En 2017, espectacularmente, volvió a ganarlo con The Obelisk Gate (El portal de los obeliscos), segunda parte de su trilogía The Broken Earth (La tierra fragmentada). Todas estas novelas se han editado en español.

5 En 1974 Frederik Pohl escribió en Science Fiction Today and Tomorrow: “Mi primera venta, lo recuerdo, fue a Amazing Stories. Era un poema; lo escribí en 1935, fue aceptado en 1936, fue publicado en 1937—y fue pagado en 1938. Eso no fue un récord. Hay escritores a quienes les pagaron mucho más lentamente y todavía, hace algunos años, había algunos a quienes aún no les pagaban, más de treinta años después”.

6 El cuento de Gibson que alude a Gernsback haría par con otro, más célebre aún: Disneylandia con la pena de muerte, sobre Singapur, publicado en la revista Wired, y prohibido en el país asiático. Ya en el siglo XXI, el cyberpunk quedó relegado ante tendencias más recientes de la ciencia ficción —feministas, afro-futuristas y queer, por solo mencionar tres— y sus propios creadores señeros, como Gibson, Bruce Sterling y el matemático Rudy Rucker, lo reconocen.

7 En 1973, ganó el primer John W. Campbell, Jr. Award la novela Beyond Apollo, del estadunidense Barry N. Malzberg. En 2017, mereció el galardón Central Station, del escritor israelí Lavie Tidhar.

8 El término space opera fue acuñado en 1941 por un fan, Wilson Tucker (1914-2006), que posteriormente escribiría cuentos, novelas, y estudios críticos sobre CF.

9 Twilight (Crepúsculo, 1934), relata un encuentro casual con un viajero del tiempo, del año 3059, quien viajó siete millones de años al futuro, equivocando su regreso a 1932. Cloak of Aesir (Manto de Aesir, 1939), a través de un personaje alienígena femenino, describe una sociedad matriarcal cuatro mil años en el futuro, que esclaviza a la especie humana. Who goes there? (¿Quién anda ahí?, 1939) sigue siendo escalofriante, describiendo a un despiadado ser alienígena que puede adoptar la apariencia de cualquier ser viviente de la Tierra.

10 Malcolm J. Edwards, respetado crítico británico de ciencia ficción y egresado de Cambridge, ha dirigido prestigiadas colecciones del género (Gollancz, Orion), y ha sido editor de Philip K. Dick, J. G. Ballard, William Gibson y Terry Pratchett, entre muchos otros.

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La novela Ready Player One se ha convertido en un líder de ventas mundial y ha sido llevada a la pantalla por nada menos que Steven Spielberg. El mundo de videojuegos y de realidad virtual dominante que describe parece una premonición para pasado mañana. Sin embargo, la novela tiene grandes errores a pesar de que funcione, así lo demuestra este ensayo, para indicarnos el auge inadvertido y las consecuencias inesperadas de una industria mundial y una sociedad hermética en creces: los videojuegos y sus usuarios, los llamados gamers.

Finalmente, en algún momento, en tiempos de Homero, alguien comenzó a escribir las viejas anécdotas y leyendas, y la tradición oral de Occidente comenzó a morir. Florecieron distintos medios. El poema épico y su prima menor, la balada, eran populares. Evolucionó el teatro, así como la novela. Al llegar el siglo cuarto, la normativa dramática había alcanzo el punto en el que Aristóteles podía escribir la fundacional Poética. Después, en algún momento, en los albores del siglo veinte, el proceso se comenzó a acelerar.
—Dille & Platten

¿Cómo deberíamos explicarle
a alguien lo que es un juego?
—Ludwig Wittgenstein1

Cualquier juego consiste de tres aspectos: (1) reglas, (2) un sistema material/semiótico (un mundo-de-juego), y (3) gameplay (los eventos que resultan de la aplicación de reglas al mundo-de-juego).
—Espen Aarseth

 

Ready Player One, del estadunidense Ernest Cline (Ashland, Ohio, 1972), novelista, guionista de cine y poeta, es una bien construida, docta y sincera carta de amor a los videojuegos y a su historia.2 Es también una novela de extrapolación científica y tecnológica, una historia de ficción especulativa distópica ambientada apenas a 27 años en el futuro. Y, desde un punto de vista predictivo, la tecnología de realidad virtual de sumersión —motor y aparato circulatorio de su narrativa— no sólo ya existe básicamente desde hace años, sino que los alcances a los que llega en la novela son inquietantemente factibles, plausibles y probables.3

Esta novela prima de Cline, a todas luces escrita con conocimiento de causa, “premeditación, alevosía y ventaja”, llegó sin problemas a las listas de superventas del New York Times, después de haber sido subastada en 2010 para libros en papel, e-books y audiolibros y, al día siguiente, para cine (Warner Bros). La novela circuló con gran éxito en 2011, sigue vendiéndose ahora como pan caliente y ya ha sido traducida a más de 20 idiomas. Un diario la ha definido como “Willy Wonka conoce a The Matrix”.4 El autor de ciencia ficción John Scalzi califica la obra, ganadora en 2012 del reconocimiento Alex Award de la Asociación de Bibliotecas de EE.UU y también del Prometheus Award,5 como un “nerd-gasmo”.

Ahora, con Hollywood tirando la casa CGI6 por la ventana con la película homónima, producida y dirigida por Steven Spielberg, Ready Player One se convertirá en una validación planetaria más de los videojuegos —aunque éstos ya sean irremediablemente ubicuos y omnipresentes— y posiblemente acabará con la “maldición” que ha perseguido a filmes de temas similares, convirtiéndose por fin en el primer auténtico blockbuster en este género (o sub-género).7 Así, despertará las conciencias de quienes han vivido debajo de una piedra en décadas recientes, para mostrar que la industria de los videojuegos ya superó desde hace tiempo a la industria cinematográfica en ingresos —aun considerando la cada vez mayor cantidad de filmes que superan los mil millones de dólares en taquilla—, abriendo una brecha que sólo irá aumentando al paso del tiempo. Si Facebook promedia a nivel mundial un total de 2 mil millones de usuarios, en el orbe hay cerca de 1.8 mil millones de gamers. Además, en estos días Facebook enfrenta serios problemas por los escándalos de violación de privacidad; la industria de los videojuegos y los jugadores no.

Hoy, los videojuegos ofrecen una enorme cantidad de obras lúdicas netamente comerciales. Han alcanzado también niveles de expresión artística increíblemente complejos y sofisticados, y de interactividad tecnológica que grandes sectores de la población mundial aún desconocen. Los serious games son actualmente recursos válidos y útiles: tienen aplicación en educación, finanzas, economía, ciencias médicas, sociología y hasta en usos militares. Es igualmente significativo que la industria de los videojuegos haya creado modelos de negocios que, por ahora, no han sido duplicables o repetibles en otras áreas de venta de productos y servicios al consumidor.8

Como novela de ese género, la ciencia ficción, cada día más difícil de definir, la obra de Cline se pierde en su tema central. Metafóricamente, presenta una estructura matrioshka, la de esas muñecas rusas que sucesivamente revelan una réplica de sí mismas, cada vez más pequeña, en su interior, con la salvedad de que como no estamos en la pedestre realidad mundana, la multiplicación de “muñecas”, es decir niveles digitales es técnicamente interminable, inagotable. Los personajes, a veces, quedan reducidos casi a meros pretextos para ir revelando este universo ficticio de realidad simulada de sumersión. Aunque en el curso de su atropellada narrativa la novela cita a todos los autores canónicos del género, como Wells, Heinlein, Dick, Stephenson, Vinge o Vance, Ready Player One queda más como un entretenimiento que como una obra con la profundidad y peso de La isla del Doctor Moreau, El hombre en el castillo alto o Forastero en tierra extraña.

Por otra parte, Ready Player One podría considerarse como una “anglo-sajonada” épica, por no decir gringada, aunque cuente, por ejemplo, con personajes secundarios japoneses e incluya guiños medulares a creaciones literarias, cinematográficas, de anime y videojuegos del Imperio del Sol Naciente. Esto es explicable: los estadunidenses inventaron los videojuegos, los japoneses les dieron un impulso formidable, acompañándolos casi simultáneamente, explorando y consolidando una nueva forma de arte y entretenimiento tecnológicos. Siguieron después países como Rusia, creadora del Tetris, o Finlandia, con Angry Birds.

La novela, sin ser estrictamente una producción exclusiva para lectores jóvenes (Young Adult), está diseñada para atraer no sólo a integrantes de los “bonos generacionales”, y a los que pronto les pisarán los talones; a la vez, apela a la nostalgia y recuerdos de quienes eran jóvenes en la década de 1980 y que ahora frisan en los 50 o 60 años de edad. La película se estrena en el plenilunio de Pascua, Easter, porque su trama gira en torno a un fabuloso Easter Egg, Huevo de Pascua, término que designa algo escondido, un objeto eminentemente deseable, en este caso una suprema zanahoria capitalista a la que sólo se accederá mediante una búsqueda criptográfica de proporciones legendarias, en el mundo-videojuego-de-realidad-virtual-y-táctil.

En 2044, la Tierra vive una distopía, descrita apenas en esbozos para establecer mínimamente el tablero de juego, esto es un marco geopolítico planetario. El único refugio de jóvenes (y adultos) es un videojuego de sumersión total llamado OASIS, cuyas siglas en inglés equivalen a Onthologically Anthropocentric Sensory Inmersive Simulation (Simulación Sensorial por Sumersión Ontológicamente Antropocéntrica). Incontables millones de personas se refugian en OASIS. Ahí juegan 24h al día los 365 días del año miles o millones a la vez, mientras otros acuden a la escuela, trabajan y hacen negocios. Pero James Halliday, el inventor y creador de esta casi inescapable realidad virtual, ha muerto, sin dejar herederos, mas no sin antes esconder un huevo de pascua dentro del juego. Quien lo encuentre —mediante una búsqueda congruente con las reglas míticas descritas por Joseph Campbell en El héroe de las mil caras—, previo hallazgo de tres llaves virtuales, de Cobre, Jade y Plata, ganará la fortuna entera de Halliday: 240 mil millones en billetes verdes. En la película, muy Hollywood a fin de cuentas, la herencia de Halliday se incrementa a medio trillón de dólares, es decir, la mitad de un millón de millones de dólares, la mitad de 10 con 12 ceros.

Los jóvenes protagonistas, unidos por necesidad en la aturdidora cacería del Easter Egg, se enfrentan a una corporación monstruosa, obviamente malévola, de nombre IOI, Innovative Online Industries (Industrias Innovadoras en Línea) que quiere ganarles el gran premio para apoderarse de OASIS y explotar el recurso planetario con codicia más profesional, por así decirlo.

La magna aventura, en el mundo real y en el universo virtual, será políticamente correcta, con algunas mínimas desviaciones, como para épater les bourgeois, pero de factura decididamente light. Un personaje cuyo avatar es varón resultará ser mujer. Ah, y obesa y afroamericana, para dejar claro que esta es una historia inclusiva. El interés romántico del protagonista principal tendrá una alteración epidérmica facial notable. Él, para no quedarnos atrás en cuanto a angst distópico modelo siglo XXI, sigue siendo virgen a los 20 años y, en períodos de estudio y concentración, cita el Almanaque de Anorak, el diario encriptado-enciclopedia del gran Halliday (avatar: Anorak, monje encapuchado), quien afirma y explica que sin masturbación no habría civilización o progreso científico. Por el lado masculino, el capítulo 6 menciona como iluminados masturbadores a Galileo, Newton y Einstein, y en cuanto a la otra mitad de la especie humana, nada más a Marie Curie, también onanista. (Faltaron dos personalidades femeninas más para emparejar la justa perspectiva de género, pues).

Al mismo tiempo, Ready Player One es una inmersión exhaustiva en la cultura pop de los años 80, sobre todo fílmica, musical y de ficción especulativa. Esto es plenamente explicable en el contexto anglosajón. Independientemente de que todo el bagaje primermundista, muchas veces banal, irrelevante y fastidioso, no resulte desconocido, por ejemplo, en México o Latinoamérica, parecería una receta tardíamente fulminante de pos-colonialismo cultural anglosajón.  Todo indica que esta obsesión por la cultura pop ochentera, será elevada exponencialmente en la película. En los dos avances oficiales del filme, obsesos buscadores de huevos de pascua, McGuffins al estilo Alfred Hitchcock y otras esotéricas referencias, ya han dado hasta con 170 ítems. Sí, ¡170 referencias, en sólo 2 minutos! ¿Qué le espera al mundo cuando se estrene la película, que dura 140 minutos? ¡Atención, hermanas y hermanos! ¡Durante dos segundos se ve una calcomanía de Rosita Fresita en la defensa trasera del De Lorean de Regreso al Futuro, junto al que parece que va pasando Lara Croft!

Mas, a fin de cuentas, Steven Spielberg es un genio del cine, y todo indica que en Ready Player One superará la magia de muchas de sus anteriores películas de ciencia ficción. El afamado cineasta, que en esta semana de première mundial acaba de declarar que con Ready Player One recordó cómo divertirse, sabe lo que hace, y este filme será seguramente un laurel más en la impresionante lista de obras suyas que han marcado hitos en la historia del séptimo arte.

No olvidemos, por cierto, que el director de Encuentros cercanos del tercer tipo, E.T. el extraterrestre y La guerra de los mundos, era video-jugador consumado en su juventud, y le escribió incluso una introducción al libro de Martin Amis (Invasion of the Space Invaders, 1982), titulado La invasión de los marcianitos en España, obra de juventud que Amis se negó a reconocer en su biografía oficial.

Un joven Steven Spielberg apoyado en su consola de Arcade. Fuente: Pinterest

Pero, volviendo a Ready Player One, quienes lleguen a la última página dándose cuenta que han desarrollado un inesperado síndrome de abstinencia, real o virtual, no tienen realmente de qué preocuparse. Ernest Cline ya anunció que está trabajando la secuela de Ready Player One. ¡Claro! ¿Dónde teníamos los simples mortales la cabeza? ¡Estamos en la era de la franquicia! Ánimo, que pronto llegará el alivio: la primera secuela; quizá, después, una pre-cuela, un off-shoot (narración derivada satelital), y cuando ya existan cualquier cantidad de novelas, cómics, películas y figuras de acción y otros productos de consumo lúdico, mínima y cosméticamente críticos de su existencia misma, un re-boot monumental que reinvente para la siguiente generación geek y neo-geek todo el “universo Ready Player One“. Y en ese gran panorama por venir, ante este nuevo despliegue de armas de distracción masiva, esperemos que los lectores que no dominan el idioma inglés puedan contar con una mejor traducción al español que la versión que circula actualmente.9 Al final de la cyber-melodramática novela, los tórtolos protagonistas se dan un casto beso. Y el aliterativamente nombrado narrador, Wade Watts, comenta que, ante la maravilla de ese ósculo redentor, por primera vez en su vida no siente ganas de volver a entrar a OASIS. ¿Podremos creerle? Paciencia, ya viene la secuela.

Finalmente, el éxito de la novela y la película es muy sintomático de nuevas formas económicas dominantes. Hoy no queda prácticamente ningún país de primer mundo o en vías de desarrollo donde no se jueguen o se creen y desarrollen videojuegos. En décadas venideras, la competencia tecnológica, económica y financiera de los videojuegos, las industrias paralelas y los e-sports, será una magna batalla global, librada probablemente entre E.U y China, con países como Japón y Corea del Sur ocupando sitios privilegiados en las trincheras.

Bibliografía

• Ernest Cline, Ready Player One, Broadway Books, 2015.

• …, Ready Player One, Ediciones B, tercera reimpresión, 2017.

• Flint Dille & John Zuur Platten, The Ultimate Guide to Video Game Writing and Design, Skip Press, 2007.

• Espen Arseth, Genre Trouble: Narrativism and the Art of Simulation, en First Person – New Media as Story, Performance and Game, edited by Noah Wardrip-Fruin and Pat Harrigan, The MIT Press, 2004.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).


1 El epígrafe de Wittgenstein, de Introduction, en Second Person- Role Playing and Story in Games and Playable Media, p. xiii, editado por Pat Harrigan y Noah Wardrip-Fruin, MIT Press, 2010.

2 Ready Player One es una indicación de la consola de videojuegos que señala que el jugador puede comenzar. Figuraba en las primeras consolas de Atari, y en juegos pioneros como Adventure. Cabe mencionar que la historia de los videojuegos apenas va a cumplir 50 años.

3 El casco de realidad virtual lo ha desarrollado Oculus Rift (división de Facebook, Inc.), y ya existen los guantes hápticos, de simulación táctil. En la novela, los personajes adinerados usan trajes de cuerpo entero, con tecnología háptica, para —valga la expresión— “bucear”, interactuar, cien por ciento inmersos en la realidad virtual.

4 USA Today.

5 El Prometheus Award lo otorga anualmente, desde 1979, la Sociedad Futurista Libertaria (Libertarian Futurist Society) a obras y autores que reflejen un espíritu libertario.

6 CGI (Computer-Generated Imagery): Imágenes generadas por computadora.

7 Existen decenas de películas sobre y en torno a los videojuegos, como la pionera Tron, Speed Racer, Doom, Avalon, por sólo nombrar algunas, pero ninguna ha alcanzado el auténtico estatus de blockbuster, de mega-éxito planetario.

8 La escalabilidad en la industria de los videojuegos parecería un sueño inalcanzable para otros sectores industriales. Hoy, millones de personas adquieren, pagando, una versión alfa de algunos videojuegos aún en desarrollo; siguen después con la versión beta y posteriormente adquieren la versión final que, además, al paso del tiempo traerá complementos novedosos, actualizaciones. Esto equivaldría a que en la industria editorial, por ejemplo, millones de personas compraran el borrador de una novela, después la segunda versión, más pulida y corregida, y finalmente la edición terminada, formal. Por otra parte, hay otros mecanismos de financiación multimillonaria, como el llamado Early Access y las micro-transacciones. Todo esto no es más que la punta del iceberg de modelos de negocios que no existían antes.

9 La traducción del Sr. Juanjo Estrella es, en principio, relativamente clara, eficiente, legible, aunque esté en “español de España”. Sin embargo, contiene algunos errores asombrosos. Comentaremos sólo tres: en la p. 13, cuando Halliday (en su mensaje post-mortem filmado) muestra la montaña de lingotes de oro que constituye su insólita herencia, dice: “Aquí está la pasta que dejo para quien la quiera. —Sonríe de oreja a oreja—. En los bolsillos no os va a caber, ¿verdad?” En inglés dice: “Here’s the dough I’m putting up for grabs,” Halliday says, grinning broadly. “What the hell. You can’t take it with you, right?” A nuestro entender, al traductor le pasó de noche que Halliday está diciendo que todo ese oro no se lo podrá llevar al otro mundo. Es una idea universal. Cuando morimos, no nos llevamos nada. Además, falta la traducción de “What the hell. (A fin de cuentas; o: ¡Con un demonio!). Sugerimos, pues: “Aquí está toda la pasta que dejo para quien pueda ganársela —dice, sonriendo de oreja a oreja—. ¿Qué le vamos a hacer? No puedo llevármela al más allá, ¿verdad?”
Por otra parte, en una de las cuartetas ligadas a la búsqueda del easter egg, el traductor usa la palabra avatar, traduciendo “straits”. Consideramos que es un error, porque en el gran contexto de la novela, avatar es también la representación simbólica-virtual de cada personaje dentro del videojuego. En la p. 89, un verso de una cuarteta (And those with the skill to survive these straits) queda traducido así: “Y quienes sobrevivan a muchos avatares […]”. El lector, inevitablemente, pensará, en este momento de la narración, que avatar se refiere a las representaciones virtuales de sus contrincantes. Straits quedaría mejor traducido, en este contexto, como “apuro”, “aprieto”, “coyuntura”. El nombre del grupo de rock, Dire Straits, no se traduce como “Terribles Avatares”. Quedan mejor: “Estrechos peligrosos”, “Situaciones desesperadas” o “Apuros peligrosos”. Serían tres posibilidades.
Sugerimos, para ese verso: “Y quienes sobrevivan a muchos peligros […]”; o, más completo, literal: “Y quienes tengan la habilidad para sobrevivir a estos peligros […]”.
Por último, en la p. 87, traducir el nombre del grupo australiano Midnight Oil como “Lamparilla de Aceite” es desconcertante, así como traducir “I burned the midnight oil” como “Mi lamparilla de aceite permanecía encendida hasta altas horas.” “Burn the midnight oil” es una expresión metafórica, que se usa en sentido figurado, no literal, y equivale sencillamente a: “trabajar hasta muy noche”.

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La vida de Nellie Bly supera con creces las tramas de muchas novelas de aventuras decimonónicas. Feminista antes de tiempo, reportera de largas cabalgatas, viajera alrededor del mundo y corresponsal en el México porfiriano, su vida merece ser contada una y otra vez. Vale la pena detenerse también en los siguientes fragmentos del libro que le causó la expulsión del país que dirigía Porfirio Díaz, Six months in Mexico, una crónica audaz y socarrona. Nelly Bly es, no cabe duda, la periodista más famosa de finales del siglo XIX y este simple hecho amerita las líneas que siguen.

Dije que podría y que lo haría. Y lo hice.
—Nellie Bly

“Good Luck, Nellie Bly.”
—Jules Verne

A finales del siglo XIX, en tiempos en los que en EE.UU la mujer aún no tenía cabal categoría humana o ciudadana, en el sentido de que una mujer, por ejemplo, no podía ser miembro de un jurado –situación que cambió realmente hasta 1975–, Elizabeth Jane Cochran, mejor conocida como Nellie Bly, feminista cuando el término apenas adquiría fuerza en su nación, desafió las limitantes de género y de su profesión.  Durante años se convirtió en la periodista más célebre de su país y quizá del mundo entero, consolidando además dos vertientes del lado temerario del oficio: el periodismo encubierto de investigación (undercover journalism) y el periodismo de riesgo, o de proeza (stunt journalism).

Fue la reportera que fingió demencia para denunciar atrocidades en un manicomio, la que dio la vuelta al mundo en 72 días, batiendo el récord ficticio de 80 días de Phileas Fogg, el personaje de Julio Verne, la primera mujer corresponsal de guerra en las trincheras de Austria y Serbia durante la Primera Guerra mundial, entre una asombrosa cantidad de proezas periodísticas más.

 

Google festejó el 151 aniversario del nacimiento de Nellie Bly.1

 

Nacida el 5 de mayo de 1864, en plena guerra Civil, cerca de Pittsburgh, Pennsylvania, en Cochran’s Mills, un pequeño complejo de molinos y tierras agrícolas propiedad de su padre, Elizabeth tuvo 14 hermanos y hermanas en total, frutos de dos matrimonios de Michael Cochran, cuyos abuelos habían emigrado de Irlanda. De niña disfrutó de un entorno acomodado, próspero. Solía vestirse de color rosa, ganándose el apodo de “Pinky”; así sobrellevaba la rivalidad fraterna y destacaba entre la numerosa prole. Su padre falleció cuando ella tenía seis años.

Al llegar a la adolescencia quiso ser maestra, pero cursó menos de un año en la Indiana State Normal School, debido a la falta de recursos. Su madre, Mary Jane Kennedy, volvería a casarse, empobrecida, mudándose a Pittsburgh. Su segundo marido, un alcohólico abusivo, la obligó a denunciarlo y a pedir el divorcio, y la jovencita Elizabeth, de armas tomar desde su infancia, sería testigo en el juicio, a los 14 años, adquiriendo así conocimiento de primera mano sobre el entonces tortuoso y difícil trámite civil.

Un día de 1885, desesperada ante la falta de trabajo, un artículo irritó a Elizabeth mientras leía el Pittsburgh Dispatch. “What are girls good for?” (“¿Para qué sirven las chicas?”) explicaba que la mejor función para la mujer era tener hijos y cuidar del hogar. Indignada, Elizabeth despachó una cáustica carta, firmada por la “Solitaria niña huérfana” (Lonely orphan girl), que impresionó al editor George Madden, quien a través del mismo diario pidió que la autora se identificara. Ella se presentó al día siguiente, y Madden, admirado, le ofreció escribir un artículo con el mismo seudónimo, que se titularía “The Girl Puzzle” (“El Acertijo, o Rompecabezas o Puzle de las Chicas”), en el que Elizabeth abogó con furia por las jóvenes de su país, exigiendo las mismas oportunidades de educación, empleo y salarios. Elizabeth por fin había conseguido trabajo, y lo ejercería bajo un nuevo seudónimo. Madden eligió para ella el de Nelly Bly, título de una popularísima canción de Stephen Foster, que los formadores del diario armaron equivocadamente como Nellie, pero que, finalmente, quedaría como su marca registrada hasta el fin de sus días.2

Ya en las oficinas del Pittsburgh Dispatch, Nellie comenzó a escribir artículos sobre hogar, jardinería y moda femenina. Al cabo de unos meses se hartó de la intrascendencia de lo que escribía y convenció al editor de que la nombrara corresponsal en México. El editor se la jugó, y con su madre de chaperona, a los 21 años de edad, Nellie abordó el tren. Entraron a México por Paso del Norte, Chihuahua, y durante varios meses de 1886 viajaron por Veracruz, Puebla y otros estados.


Foto de Nellie tomada en México. Nótese el sarape al fondo.

 

Nellie despachó a Pittsburgh más de 30 reportajes, publicados semanalmente, que precisaban todo lo que veía, ya fuera en los palacios de la aristocracia porfirista o en los pueblos indígenas donde no se hablaba español. En uno de sus textos denunció que el régimen de Porfirio Díaz había encarcelado injustamente a un periodista, ni más ni menos que a Daniel Cabrera, que un año antes había lanzado El hijo del Ahuizote. Curiosamente, las autoridades mexicanas se enterarían de la denuncia al leer el artículo publicado en EE.UU. Ante las amenazas de la policía, Nellie decidió poner pies en polvorosa y regresar a Pittsburgh. A su llegada a México, en Paso del Norte, había conocido la cárcel local, en buena parte abierta a la vista de la población, mitad desprovista de muros —aunque muy vigilada— y había podido observar las lamentables condiciones de los prisioneros. Un año después del periplo mexicano, publicaría el libro Six Months in Mexico, del que ofrecemos, más adelante, algunos fragmentos, traducidos al español.

Tiempo después, Bly se mudaría a Nueva York tras haber ganado inmensa notoriedad y renombre con otro encargo, esta vez comisionado por Joseph Pulitzer, del New York World. El encargo consistía en fingir un desequilibrio mental severo y hacerse encerrar en el tenebroso manicomio de Blackwell’s Island —Roosevelt Island a partir de 1973— para denunciar atrocidades de la institución, que recluía a mil 600 mujeres. Nellie se preparó a conciencia, practicando desvaríos emocionales ante el espejo, y registrándose bajo un nombre falso en una casa de huéspedes para mujeres desamparadas, donde fingió un ataque de locura que la llevó primero al famoso hospital de Bellevue y finalmente al insane asylum de la isla. Ahí convenció a civiles, policías, custodios, médicos e incluso a otras internas de que era una perfecta lunática, mitad amnésica, quizás originaria de Cuba, personificación para la cual aprovechó frases y expresiones en español aprendidas durante su estancia en México.

Esa hazaña de periodismo encubierto pasaría a la historia en entregas al New York World, después recogidas en el libro Ten Days in a Madhouse (Diez días en un manicomio). El exposé de Nellie llevaría a una revisión del trato inhumano que recibían las pacientes, logró la liberación de mujeres extranjeras indebidamente encerradas en el asilo por el sólo hecho de no hablar inglés, y al año siguiente, tras una investigación de un Gran Jurado, el Estado de Nueva York aportó casi un millón de dólares para mejorar las condiciones y servicios de los psiquiátricos en general.

 

En 2015, la hazaña fue llevada al cine, con Caroline Barry en el papel de Nellie.

 

Desde luego, la joven reportera no era la única periodista de la Unión Americana, pero en aquel año de 1887, era indiscutiblemente la más famosa; se había convertido en ícono finisecular de la nueva mujer estadunidense. Pero, ¿qué haría ahora, cómo superaría aquel reportaje insólito, aquella experiencia escalofriante, en la que había sufrido de verdad? Su ocurrencia fue, para desbordar cualquier expectativa, dar la vuelta al mundo en menos de los 80 días que había tardado Phileas Fogg, protagonista una novela famosa en esa época, La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.

Muchas mujeres, viajeras acaudaladas, ya habían dado la vuelta al mundo, pero ninguna en los términos que ella planteaba. El editor del New York World meditaba las razones para negarle el viaje. En primer lugar, Nellie necesitaría “protección” masculina y, según él, una mujer requeriría de maletas y baúles enteros de ropa y accesorios para semejante aventura. Ejemplarmente necia, Bly espetó desafiante que si no la patrocinaban, se iría con la competencia. Su jefe cedió. La reportera echó unas mudas de ropa interior en una maletita, con un frasco de cold cream para cara y manos, se enfundó en un abrigo a cuadros, se tocó la cabeza con un gorro parecido al de Sherlock Holmes y se declaró lista.

 

Nellie, en su traje de viajera, lista para promocionar al New York World.

 

Partió entonces rumbo a Europa, con esas pocas pertenencias y sin escolta, el 14 de noviembre de 1889, en un buque de vapor, para un periplo de más de 40 mil kilómetros, siempre viajando hacia el Este, igual que Phileas Fogg. Ni tardo ni perezoso, el diario creó un juego de mesa recortable sobre el viaje. En ese momento, Nellie era la mujer más conocida de todo EE.UU. Pronto circuló otro juego de mesa, a todo color, propiamente empaquetado. La Bly se convertía en una industria. El New York World también publicó cupones que se recortaban del periódico, invitando a los lectores a participar cuantas veces quisieran para pronosticar el tiempo que tardaría el periplo de Nellie. El diario acabó recibiendo casi un millón de cupones.3

Entre otros episodios de su viaje, la intrépida reportera pasaría por Francia, una escala obligatoria, para visitar, durante unas horas nada más, con la mediación de un traductor, al mismísimo Julio Verne y a su esposa en Amiens. Durante la visita, cuyo recuerdo atesoraría durante el resto de su vida, Nellie le detalló sus andanzas al célebre novelista: “Mi ruta de viaje es de Nueva York a Londres, luego Calais, Bríndisi, Puerto Said, Ismailía, Suez, Adén, Colombo, Penang, Singapur, Hong Kong, Yokohama, San Francisco, Nueva York.” Cuando Julio le preguntó que por qué no pasaba por Bombay, como lo había hecho su personaje Phileas Fogg al cruzar la India, ella, pizpireta, en su papel, replicó: “Porque me preocupa más ahorrar tiempo que salvar a una joven viuda”.4

Al iniciar su viaje, Nellie no sabía que tendría una rival. Al llegar a Hong Kong se enteró que la recién creada revista Cosmopolitan, buscaba socavar la proeza que se le había ocurrido a ella y había enviado a otra reportera, Elizabeth Bisland, a circundar el globo también, pero viajando en sentido contrario, hacia el Oeste.5 Sin embargo, Nellie ganó la carrera a los 72 días. Descendió triunfal de un tren en Nueva York y fue recibida por una multitud extática, con descargas de cañones y orquesta. Su traje de viaje, el abrigo con el que había partido, sería the rage en moda femenina durante una década. Si antes había alcanzado los cuernos de la luna pasando por un manicomio, ahora, tras la vuelta al mundo, Nellie —darling de los tabloides— tocaba las estrellas mismas del firmamento periodístico. Tanto su tercer libro, Around the World in Seventy-Two Days (La vuelta al mundo en 72 días), como los dos anteriores, se vendían como pan caliente.

Aunque su hazaña de circundar el orbe era prácticamente insuperable, Nellie siguió enfrascada en escribir los más variados reportajes, explotando acaso una veta sensacionalista, pero siempre escogiendo con toda libertad sus temas: exposés de cabilderos corruptos en el Congreso; reportajes sobre injusticias sociales; visitas a fumaderos de opio; artículos con gran perspectiva de género —como cuando afirmó que la mujer podía y debía, si le convenía, proponer matrimonio y no esperar a que lo hiciera un varón—; estancias en casas supuestamente embrujadas; episodios circenses —¡Nellie doma elefantes!—; rescates de huérfanos; y denuncias de tráfico de niños, haciéndose pasar por madre soltera urgida de vender a su bebé.

En 1895, con 30 años cumplidos, cuando parecía que se “quedaría para vestir santos”, sorprendió a todos al contraer matrimonio, tras un romance relámpago de un mes, con Robert Seaman, un industrial millonario 40 años mayor que ella. Renunciando al periodismo, Nellie pasó a ser inventora y empresaria puntual de fábricas que producían artefactos industriales, como los primeros barriles de acero. Concibió, también, un recipiente para leche que se usó durante décadas, y algunos otros inventos que aún pueden verse en museos de patentes. Nunca dejó de apoyar a sus trabajadores con salarios decorosos, buenos alimentos, bibliotecas y áreas recreativas.

Seaman falleció en 1904, y unos pocos años después, una racha de conflictos familiares, problemas financieros y administradores deshonestos de sus empresas llevaron a Nelly a la quiebra, junto con los sueños de una viudez respetable y segura. En parte para eludir un juicio relacionado con las quiebras empresariales, en el que se le acusaba de obstrucción de justicia, Nellie viajó a Europa, con el plan de contactar a conocidos austríacos que podrían ayudarla financieramente. Ya había estallado la Primera Guerra Mundial. Así es que, Nelly, acostumbrada a desafiar los límites de lo imaginable, se convirtió en la primera mujer corresponsal de guerra. Al servicio del New York Evening Journal, recorrió el frente y las trincheras de Austria, Rusia y Serbia, testigo ya no de un manicomio en Nueva York, sino del manicomio extendido del conflicto europeo que acabaría costando 20 millones de vidas.

 

En Polonia, Nellie conversa con un oficial austríaco.

 

Nuevamente famosa, aunque pasajeramente acusada de anti-patriotismo por apoyar a Austria, regresó a su país y al periodismo, cuatro años después, lista para cosechar nuevos laureles. Entre otras cosas, apoyó a las sufragistas, pronosticó que la mujer alcanzaría el derecho a votar en 1920, abogó por el control de la natalidad, se convirtió en una entrevistadora sobresaliente, luchó por ayudar a huérfanos a través de una fundación, y escribió notables textos confesionales sobre sus éxitos, y también, con honestidad, sobre sus fracasos y errores. Combativa hasta el fin, la derrotaría una pulmonía; falleció en un hospital de Nueva York, el 27 de enero de 1924, habiendo entregado su último reportaje horas antes de caer enferma.

Las obras de Nellie Bly, algo ignoradas a causa de los tumultos de la depresión del 29 y la II Guerra Mundial, siguen publicándose y revalorándose en la actualidad. No falta una biografía suya en las bibliotecas de aula de EE.UU. En español, se encuentran Diez días en un manicomio y La vuelta al mundo en 72 días,6 pero curiosamente, parecería que Six Months in Mexico sigue inédita en nuestra lengua.

En los años en los que Nellie se hizo periodista, el reportaje informativo, imparcial, aún no quedaba establecido como ideal en su género. En el marco del crecimiento galopante de la industria periodística, ejemplificado por la guerra despiadada entre el New York Journal de Randolph Hearst y el New York World de Joseph Pulitzer, en años en los que la circulación de diarios crecía exponencialmente y la venta de publicidad generaba fortunas históricas —se fundaban dinastías en los medios de comunicación—, los lectores buscaban el reportaje sensacionalista, la opinión particular, el arte de ser metiche, la denuncia escandalosa aullada a los cuatro vientos, la pirotecnia verbal.7

Nellie Bly combinaba pues reportaje con opinión personal, gustos y disgustos particulares, y no poca ironía sobre sí misma. Algunas observaciones de su viaje a México siguen vigentes. Muchas otras apreciaciones de Nellie eran el claro resultado de cierta ignorancia política e histórica, producida por el inevitable culture shock de una joven que visitaba un país extranjero por vez primera. En la actualidad, se puede conseguir fácilmente las obras de autores que alguna vez visitaron México y escribieron sobre sus experiencias: Humboldt, la marquesa Calderón de la Barca, D. H. Lawrence, Aldous Huxley, Antonin Artaud o Graham Greene, por sólo mencionar algunos. Pero parecería un misterio (o acaso… ¿una falta de sentido del humor nacional?) el hecho de que Six Months in Mexico no sigo lo suficientemente atendida en nuestra lengua.

Cerramos entonces con algunas citas de ese largo reportaje, y una receta de cocina, invitando a nuestros lectores a juzgar por sí mismos el tino de las observaciones de Nellie, la forma en que explaya su vena sarcástica o humorística, o el total error y tontería supina de algunos comentarios de la joven reportera que pocos años después daría la vuelta al mundo en 72 días. Estamos en 1886, y Nellie, como ya dijimos, tiene 21 años.

Adieu a los Estados Unidos
“Por primera vez vi a mujeres arando mientras sus amos y señores fumaban sentados sobre una cerca. Nunca desee algo más que poder tumbar de ahí a esos fulanos holgazanes.”

El Paso del Norte
“El Paso del Norte presume una cárcel mexicana de verdad. […] Un estadunidense, en manos de las autoridades mexicanas, padece todas las torturas que algunos predicadores, deleitados, nos dicen que encontrarán algunos seres humanos en el mundo por venir.”

A lo largo de la Ruta
“Todavía a un día de viaje de la ciudad de México, es posible procurarse jitomates y fresas. Los vendedores no les pedían nada a los charlatanes similares de Estados Unidos. En un canastillo colocan hojas de col y dos o tres pedruscos para darle peso; luego cubren todo con fresas, tan hábilmente, que hasta el comprador más hábil piensa que recibe una ganga por veinticinco centavos.”

La Ciudad de México
“La Ciudad de México guarda muchas promesas luminosas para el futuro. […] una ciudad para que los hombres acumulen fortunas; un paraíso para estudiantes, para artistas, un campo rico para el cazador de lo curioso, lo hermoso, y lo raro. Su brillante futuro no puede estar muy distante.”

En las calles de México
“En México, como en todos los demás países, el turista promedio corre a las catedrales y a los lugares de prestigio histórico, ignorando por completo la particularidad más intensamente interesante que contiene el país –su gente.”

El mañana desaparece
“Los mexicanos siempre son manana [sic] hasta que de toros y cuestiones de amor se trata. Conocer a un mexicano en la vida diaria es ser testigo de su cortesía, de su amabilidad, de su gentileza; pero luego, al verlo en los toros, apenas es reconocible. Queda literalmente transformado. Su gentileza y manana [sic] han desaparecido. Sus ojos llamean, sus mejillas se encienden, de hecho, es la imagen misma de ‘animación diabólica’. El día de hoy ya es todo “hoy”. Incluso la dama española de presencia y tacones altos olvida sus manierismos y se parece a alguna pagana pintada jubilosa ante el rostizado de algún misionero fanático.”

Un enjambre de abejas
“México es el semillero de niños; inundan la tierra entera, y una familia pequeña es algo desconocido; te saludan en cada ventana, en cada esquina, desde cada espalda de mujer; llenan los carruajes y la plaza: son un enjambre de abejas alrededor de una madreselva —uno sobre cada minúscula flor y cientos esperando su oportunidad.”

La peor monarquía
“Muy poca gente fuera de la República de México tiene la más mínima idea de cómo se llevan aquí los asuntos gubernamentales. Los habitantes de México —por lo menos así se estima— suman 10,000,000 de almas, siendo indios 8,000,000, ineducados y muy pobres. Esta amplia mayoría no tiene voz en ningún asunto en absoluto, de manera que el gobierno es conducido por la más pequeña, supuestamente, clase superior.

Se afirma que, en lo tocante a los derechos y a la libertad de sus gobernados, la constitución de México supera a la de los Estados Unidos; pero esto queda sólo en papel. De república sólo tiene el nombre, siendo en realidad la peor monarquía que existe.

La prensa de México
“El mejor periódico de México es El monitor republicano, que afirma tener, en la ciudad, en los suburbios y en Estados Unidos, una circulación de cinco mil. Se imprime íntegramente en español.

Un periódico satírico llamado Ahuizote fue denunciado por algunos oficiales del gobierno ofendidos y el editor fue remitido a la cárcel. Entonces Daniel Cabrera comenzó otra Puck8 mexicana y la llamó Hijo del Ahuizote. Era bastante inteligente y publicó una caricatura titulada: ‘El Cementerio de la Prensa’, mostrando al fondo las tumbas de diarios diferentes, y al frente una gran cruz grabada con ‘La Prensa independiente R.I.P.’, mientras que colgaba de cada lado un búho de ojos rojos con una pala. Arriba de la tumba estaba una mecha marcada ‘Libertad’. Debajo se leía, ‘El triste cementerio de la Prensa de México’, lleno de los líderes liberales Juárez, Lerdo, Díaz y Gonzales. La policía fue despachada a reunir y destruir cada copia de este periódico.

El editor Cabrera fue encerrado en Belem, donde permaneció en la más lamentable condición, hasta que la muerte le ofreciera liberación; mediante la influencia de amigos lo llevaron a su casa a morir, resguardando su casa con un regimiento hasta que estuviera en condiciones de ser llevado de vuelta a la cárcel o hasta que tuvieran que ver su cuerpo consignado a la tumba. Decir cosas difamatorias es tan peligroso como escribirlas.”

Modales mexicanos
“La cortesía mexicana, aunque no siempre es sincera, es mucho más agradable que la cortesía actual entre los estadounidenses. Sus agradables modales parecen innatos, sin embargo los mexicanos de descendencia española no pueden superar al indio en cortesía, quien, aunque ignorante, incapaz de leer o escribir, podría enseñarle modales a un Chesterfield. En cuanto uno se dirige a ellos, su sombrero aparece en su mano. Si quieren pasar, primero te suplican darles permiso. Incluso un infante, cuando aprende a hablar es la perfección de la cortesía. Si le preguntas su nombre, te lo dirá, agregando inmediatamente ‘para servirle a usted’.”

El Árbol de la Noche Triste
“Cortés, cuando pensó que iba a perder la batalla por México, el 10 de julio de 1520, se resguardó bajo un árbol y lloró. Desde entonces el árbol es conocido por los habitantes como la Noche Triste […] Queda ante una antigua capilla en la plaza pública del pequeño pueblo de Popotla. No entiendo por qué, porque nunca pude pensar en Cortés más que como un asesino saqueador, pero la Noche Triste recibe gran atención de los nativos y de todos los turistas.

Felipe II emitió un decreto real de que la catedral debía corresponder a la magnificencia de la ciudad, y en 1573 la obra había comenzado. Ocupa la tierra misma en la que se encontraba el templo principal de los aztecas; el lugar fue comprado a los monjes franciscanos por cuarenta dólares.”

Falsas promesas para la princesa
“Cuando Maximiliano llegó a México restituyó los títulos de la familia Yturbide [sic], e invitó a la culta princesa [Josefa de Iturbide] a ser integrante del entorno imperial. Posteriormente Maximiliano adoptó a Agustin Yturbide [sic], nieto del finado emperador, y nombró a la Princesa Josefa guardiana del ‘príncipe imperial’. Maximiliano pronto reconoció las maravillosas habilidades ejecutivas de la princesa, y la consultaba en ocasiones importantes. De haber seguido sus consejos, no dudo de que México hubiera tenido hoy un imperio.

La princesa me enseñó cinco cartas que había recibido de Carlotta [sic], escritas en inglés, después de la muerte del emperador; en ellas no había evidencia de su locura. La princesa nunca ha recibido compensación por las tierras que el gobierno le quitó a su padre, e incluso una pensión que se le debe, que ya equivale a algunos cientos de miles, nunca le ha sido pagada. Ella recibe muchas promesas de Díaz pero nunca el dinero.”

Una receta mexicana
“Pimientos verdes con huevos y queso: –Ase los pimientos sobre los carbones, quíteles la piel, sáqueles las semillas, lave y corte en tiras delgadas. En un recipiente con manteca caliente ponga algunos jitomates y cebollas, finamente picados, y unas dos tazas de agua. Cuando hierva, agregue huevos al gusto. Cuando se hayan cocinado, agregue los pimientos y rebanadas de queso. Correctamente preparado, es delicioso.”

Para rematar esta última receta, que incluye queso, he aquí el tráiler de la película animada American Tail: The Mystery of the Night Monster (1999), en la que Nellie Bly aparece como una ratona reportera, con el adecuado cambio de apellido a Nellie Brie…

Queremos pensar que Elizabeth Jane Cochrane, ingresada al Salón Nacional de la Fama de Mujeres en 1988, hubiera sonreído… Su legado es indiscutible; su vida, un caso clarísimo en el que la realidad arrastra nuevamente a la ficción a otros derroteros, o bien se inspira incansablemente de ella.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

Bibliografía

• George Fox Mott et al., New Survey of Journalism, Barnes and Noble, 1972.

• Bly, Nellie, Encyclopaedia Britannica, Volume 3, p. 819, 1973.

• Nellie Bly, Six Months in Mexico, University of Pennsylvania.

• …, Ten Days in a Mad-House, Universiry of Pennsylvania.

• …, Around the World in Seventy-Two Days, University of Pennsylvania.

•…, Around the World in Seventy-Two Days and Other Writings, Foreword by Maureen Corrigan, Edited with an Introduction by Jean Marie Lutes, Penguin Classics, 2014.


1 La música y letra del doodle corrieron a cargo de Karen O, vocalista del grupo indie Yeah Yeah Yeahs.

2 Los personajes de la canción de Stephen Foster, de 1850, son afroamericanos: el varón que lleva la voz cantante, y su interés romántico, Nelly Bly. No queda claro si son esclavos o ex esclavos, pero el hombre, significativamente, le pide a Nelly que traiga la escoba mientras él descuelga el banjo. Aunque se ha dicho lo contrario, y a pesar de pasajes considerados racistas en muchas de sus canciones y baladas, Foster denunciaba la esclavitud, y posiblemente fue el primero que en una canción (o cualquier otro medio popular) expresó que una mujer negra era “a Lady” (una dama), en Nelly was a Lady, otra canción en la que figura una Nelly. Nelly (o Nellie) es nombre propio, y a la vez derivación de Ellen, Helen o Eleanor, y diminutivo de Nell. Muchas canciones de Foster fueron repertorio para los minstrel shows, tradición estadunidense del teatro popular de 1840 a 1900, que combinaba ópera inglesa con música de plantaciones sureñas, en la que músicos y actores blancos se pintaban las caras de negro, simulando ser afroamericanos.

3 Quien ganara el concurso disfrutaría un viaje de dos semanas a Londres y París, todo pagado.

4 En la novela, Phileas Fogg y su valet, Passepartout, rescatan a la Princesa Aouda, que iba a ser inmolada en la pira funeraria de su marido, siguiendo la tradición india del satí. En su encuentro con Nellie, en Amiens, Verne también le comentó a la periodista: “Quizá salves a un joven viudo antes de tu regreso”. En su libro, Nellie escribiría: “Le sonreí [a Verne], con el conocimiento superior, el que tienen las mujeres que son completamente libres, ante tales insinuaciones.” Con todo, Nellie quedó encantada con el matrimonio Verne, y Julio le deseó buena suerte en inglés, prometiendo aplaudirle si lograba su cometido en setenta y nueve días.

5 Elizabeth Bisland concluyó su periplo unos pocos días después de Nellie; y también logró renombre con su viaje, aunque su carrera, más discreta, sería más bien literaria. Ambas morirían de pulmonía, y las dos serían sepultadas en el mismo cementerio de Woodland, Nueva York. Cosas del destino.

6 Editorial Buck, de Barcelona, publicó La vuelta al mundo en 72 días, en 2007, y Diez días en un manicomio, en 2009.

7 Posiblemente el ejemplo supremo del periodismo de riesgo, de proeza, fue la expedición de Henry Morton Stanley para rescatar a David Livingston en África, patrocinada por el New York Herald entre 1869 y 1871. Stanley lo halló, el 10 de noviembre de 1871, en lo que hoy es Tanzania. Quizá no se sepa nunca si la célebre frase Doctor Livingston, I presume (¿El doctor Livingston, supongo?) fue real o fabricada posteriormente, ya que Stanley arrancó de su diario las páginas donde narraba el famoso encuentro.

8 Puck: fue la primera revista humorística y de sátira política, de éxito, publicada en EE.UU de 1871 a 1918. Por extensión, una “Puck” sería cualquier publicación de contenido similar. El nombre Puck deriva del duende travieso de Sueño de una noche de verano, de Shakespeare.

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Con motivo de los 190 años de su nacimiento, el siguiente ensayo revisa con erudición y gran acopio de datos la figura entrañable de Julio Verne a la luz de la actualidad. En el caso de autores tan leídos, la fama, la multiplicación de traducciones o adaptaciones equívocas y de lecturas sesgadas pueden ser un obstáculo para quien quiera verdaderamente valorar y acercarse a su obra. Una obra infinita que sobrepasa, por mucho, esa cualidad prejuiciosa de “literatura juvenil”.

Durante breves instantes, tenía el aire atento y febril
de un niño que lee una novela de Julio Verne.
—Marcel Proust

¡Pídame mi vida pero no me pida que
le preste un libro de Julio Verne!
—Raymond Roussel

 

Hace 190 años, un 8 de febrero como hoy, en Nantes, vio la luz un tesoro nacional de Francia y una suerte de tesoro universal para la especie humana. Decimos esto porque la UNESCO clasifica a Julio Verne como el segundo autor más traducido de la historia, con más de 4 mil 700 traducciones en 150 idiomas del orbe.1

Se antoja faena imposible hablar de Julio Verne en este espacio reducido, pero comencemos enfatizando que el creador del Capitán Nemo no fue un científico, ni tampoco un “profeta”. Su fama y fortuna nacen de su talento como novelista, pero en el curso de ese quehacer al que dedicó más de cuarenta años de su vida también resultó ser un poeta de la ciencia.

Nacido y criado en un entorno burgués, hijo de un reconocido abogado y una madre conservadora, perteneciente a una familia de navegantes y armadores, Julio tuvo tres hermanas y un hermano, Paul, quien sería marino y por quien siempre sintió un afecto especial.  A los 11 años de edad se dio un episodio —hoy considerado más leyenda que hecho real— mil veces comentado en sus biografías: supuestamente porque quería conseguirle un collar de coral a su prima Caroline Tronson, Julio se embarcó como polizón en el Coralie, con destino a las Indias Occidentales, pero fue descubierto y devuelto a su padre, quien lo tundió con su canne, que en México quizá hubiera sido una vara de membrillo. Fue entonces cuando el futuro autor de La vuelta al mundo en 80 días habría dicho: Je ne voyagerais plus qu’en rêve (“No volveré a viajar más que en sueños”).

De vuelta al proverbial redil burgués, Julio Verne estudia Derecho y se titula, pero rebelándose contra la autoridad paterna no ejerce la abogacía. Viviría una auténtica crisis emocional cuando su prima Caroline, el primer y quizá único amor de su vida, lo abandona para contraer matrimonio. Julio acabará desposando a una joven viuda, prima de Carolina, madre de dos hijas. Con ayuda financiera de su padre —“desesperadamente” paciente— trabaja como corredor de bolsa y le va bien. Pero en el fondo desea ser poeta, escritor y sobre todo dramaturgo. Como tal, alcanzó intimaciones de éxito con obras teatrales de bulevar (una de ellas llega a 12 representaciones en un teatro de Dumas padre). Ya con obligaciones como jefe de familia, también decide probar suerte como novelista. Ya había publicado algunas narraciones —entre ellas Un drama en México—,2 cuando conoce al autor y editor Pierre-Jules Hetzel, empresario establecido, quien le recomienda reescribir un texto sobre la exploración de África, novelizándolo. Verne cumple y entrega Cinco semanas en globo y, “lo demás es historia”.

Cinco semanas en globo apareció en 1863, cuando Verne tenía 35 años. Desde entonces hasta unos años antes de su muerte en Amiens en 1905, a los 77 años, firmaría más de cien obras: novelas, cuentos, ensayos, textos escolares oficiales y de consulta, obras teatrales y musicales. Las que le dieron fama y fortuna aparecieron seriadas —a partir de Aventuras del Capitán Hatteras3 en el Magasin d’éducation et de récreation (Almacén de educación y de recreación, 1864), publicación de Hetzel, que se estrena con Verne y que él llegaría a codirigir. Son las novelas reunidas bajo el título Voyages Extraordinaires: 62 creaciones en total —algunas listas incluyen unos cuantos títulos más— de las cuales unas 20 son novelas científicas, de extrapolación, que le han valido el epíteto de “Padre de la ciencia ficción”.4

Pero, mirando atrás al siglo que dio al mundo a Tolstoi, Dostoievski, a Dickens y George Eliot, a Balzac y Flaubert, ¿dónde posicionamos a Julio Verne?

A 25 años de la muerte de Verne, en 1930, Antonio Gramsci escribiría en Cuadernos de la cárcel: “…la ciencia ha superado a Verne y sus libros no son más que ‘excitantes psíquicos’”. André Maurois, en Mágicos y lógicos (1935), apuntaría también: “Julio Verne no deseaba probar nada”. Por su parte, Jorge Luis Borges, en Otras Inquisiciones (1952), definió: “…Verne, un jornalero laborioso y risueño. Verne escribió para adolescentes”.

Estos tres autores no yerran. Pero hoy, a la luz de estudios críticos de décadas recientes, parecería válido reconsiderar parcialmente esas opiniones. Por otra parte, los tres hacían comparaciones —válidas también— entre Julio Verne y otro autor, H. G. Wells, igualmente pionero de un nuevo género literario, prácticamente inventado por ellos dos: Verne, con la espléndida Viaje al centro de la tierra (1864) y De la tierra a la luna (1865), y Wells, a partir de la siempre asombrosa La máquina del tiempo (1895), y La isla del Doctor Moreau (1896).5

 

James Mason también interpretaría al Capitán Nemo.

 

Borges detalla lo siguiente: “…las ficciones de Verne trafican en cosas probables (un buque submarino… el descubrimiento del polo Sur, la fotografía parlante…); las de Wells en meras probabilidades (un hombre invisible, una flor que devora a un hombre, un huevo de cristal que refleja los acontecimientos de Marte), cuando no en cosas imposibles: un hombre que regresa del porvenir con una flor futura…”.6

Como mencionamos, a mediados del siglo pasado comenzó a darse una revaloración profunda de la obra de Verne que incluyó —entre otros— estudios críticos de Michel Serres, Roland Barthes y Michel Butor: el acceso a diarios y correspondencia, la revisión de las autorías reales de su extensa bibliografía,7 incluyendo el descubrimiento de materiales inéditos que no pudieron conocer Gramsci, Maurois o Borges, permitieron reconsiderar la vida y la obra del autor francés más leído en el mundo.8

Dentro de sus obras consideradas como ciencia ficción, Verne escribió sobre todo extrapolaciones —proyecciones imaginativas de futuros cercanos al momento que él vivía— en las que incorporaba con entusiasmo y precisión el estado de las ciencias y de la tecnología real o ya vislumbrada de su tiempo. Pero, apenas en 1994 se publicó una legendaria novela “perdida”, Paris au XXe siècle (París en el siglo XX), descubierta en 1989 por el tataranieto del autor, en la que auténticamente Verne anticipaba, ya un siglo el futuro, en lugar de solo extrapolar.

Lo significativo del caso es que Verne escribió esta novela en 1860, y se la presentó a Hetzel en 1863, justo cuando éste publicaba Cinco semanas en globo. ¡Pero Hetzel la rechazó por descocada e inverosímil!, pidiéndole a Verne que la retomara unas décadas después. Muy astutamente, Hetzel ya reconocía que en Verne tenía un cheque en blanco y no quería sabotear la “lluvia de oro” que se veía venir. Esta novela tan temprana, largamente considerada “desaparecida”, brindó una perspectiva diferente y nueva, a posteriori, sobre Verne y el conjunto de su obra, como comentaremos más adelante.

Otro dato que en retrospectiva resulta importante: si bien en su juventud Verne fracasó como autor de obras teatrales de bulevar, una vez encumbrado por el fabuloso éxito de los Viajes extraordinarios, volvió al teatro décadas después, ahora sí, con enorme fortuna. Obras basadas en Miguel Strogoff, La vuelta al mundo en 80 días9 y Los hijos del Capitán Grant, abarrotaron teatros parisinos e hicieron giras triunfales por toda Francia e incluso en el extranjero. Y se ha dicho que Verne nunca fue más autor de ciencia ficción que, precisamente, en una de esas obras de teatro, firmada al alimón con Adolphe d’Ennery: Voyage à travers l’Impossible (Viaje a través de lo Imposible), en la que el Capitán Nemo —el personaje cumbre de Verne— mostraba una metamorfosis que lo desafía todo. Traduzcamos un monólogo fulminante de esta encarnación teatral:

—¡Ah! ¡La admirable civilización! ¡Y sobre cuán inamovibles bases descansa esta sociedad moderna que le arrebata a los desheredados de este mundo la esperanza de un mundo mejor! Pero si no existe más vida que la vida terrestre, si no hemos de esperar ni castigos ni recompensas a futuro, la virtud es un engaño, y en cuanto al crimen, no se trata más que de saber hábilmente sustraerse a la ley. Y por mucho que tengan a la cabeza del Estado algunos dignos y honestos gobernantes practicando una dulce filosofía burguesa y que se complacen en conmutar las penas pronunciadas por la Justicia, verán ustedes a los criminales envalentonados multiplicarse sin descanso, y, siendo que el asesinato no sea más castigado que el robo, los ladrones se volverán asesinos, y los asesinos se dirán: “Podemos matar sin temor; ¡no nos matarán! Podemos degollar sin remordimientos, los remordimientos son una palabra vana, ¡porque Dios no existe!”.

Al respecto, Christian Chelebourg comenta, en el prefacio a la edición de Vingt  mille lieues sous les mers, que “estas palabras son de un burgués que habría leído a Sade, lo hubiera entendido y en consecuencia se habría espantado en demasía…”. De hecho, Verne acabaría modificando la obra, para volverla más aceptable para el público general. Chelebourg menciona también lo que llama la poesía verniana, e incluso sugiere leer los típicos pasajes científicos del autor, describiendo floras y faunas o el reino mineral, ¡en voz alta!

 

Aunque “sin dientes”, Méliès filmó una adaptación de Voyage à travers l’Impossible, en 1904.

 

Entonces, intentando ubicar a Verne en una dimensión equilibrada, razonable, a la luz del panorama de la ciencia ficción actual, y no de la que precisamente inventaban a fines del siglo XIX el propio Verne y Wells, ¿qué podríamos responderle a los tres autores citados supra?

Chers MM.: además de “excitantes psíquicos”, ¿se vale pensar en “estímulos para acrecentar la curiosidad y fomentar la búsqueda del conocimiento”? Y si “Verne no deseaba probar nada”, ¿vale decir también que, a veces, sí señalaba y denunciaba lo que veía a su alrededor? En efecto, Verne era “risueño y laborioso”, pero no siempre tan “risueño”; y sí, “escribía para adolescentes”, pero tampoco exclusivamente; y, extrapolando un poquito, ¿no escribía “para adolescentes”, sabiendo que un día serían adultos?10

Hacia 1872, Verne diría: “El gran pesar de mi vida es que nunca me tomó en cuenta la literatura francesa”. Y agregaría: “Siempre hice investigaciones sobre el estilo [literario] pero eso nunca me fue reconocido”.11 Al igual que sucedió con su mentor en el teatro y la novela, Alejandro Dumas, padre, su éxito comercial le negó el reconocimiento oficial de sus pares.

Sin embargo, la prodigiosa mecánica de sus narraciones, su singular imaginación, afectaron a incontables escritores y siguen haciéndolo en la actualidad.  En vida suya, Verne sería apreciado por Villiers de l’Isle Adam, Huysmans, Leon Bloy y Mallarmé. Ese genio precoz, cumbre de la poesía francesa, Arthur Rimbaud, quedó ensoñado al leer 20 mil leguas de viaje submarino, y de su pluma, a los 17 años, nacería El barco ebrio…

En este intento por valorar la presencia de Julio Verne en la actualidad, también es necesario recordar que, a partir de los años 1950, cuando sus obras pasaron al dominio público, se desató a nivel mundial la correspondiente depredación de sus creaciones que no favorecieron a Verne por dos factores: las traducciones de sus obras, demasiadas veces hechas con mínimo o ningún respeto por los originales;12 y una abundancia de películas basadas en sus novelas, que en su mayoría distorsionan las intenciones originales del autor, aunque bien que mal, pueden contarse algunas excepciones…

También se disparó entonces la moda comercial de hablar exageradamente de Verne como “profeta del futuro” o “el hombre que vio el mañana”. Muchos documentales han seguido con poca vergüenza esta línea sensacionalista, incluyendo la serie de 8 capítulos Profetas de la ciencia ficción, de Discovery Channel, producida por el afamado director Ridley Scott.13

Finalmente, aunque parezca increíble, hoy Verne sigue siendo una figura elusiva. ¿Era racista, o no? ¿Era un burgués con aspiraciones aristocráticas o un revolucionario subterráneo?  Su biografía aún tiene grandes “misterios sin resolver”. ¿Se puede hablar de posibles inclinaciones o episodios homosexuales? ¿Denunciaba atrocidades del colonialismo británico, pero se hacía de la vista gorda ante las depredaciones del colonialismo francés? ¿Era católico, panteísta, deísta, ateo o agnóstico?14 ¿Fue un misógino o, al contrario, en el contexto de su época, fue precursor del feminismo? Sobre este punto, aunque hay grandes personajes femeninos en muchos Voyages extraordinaires, solo una novela suya lleva por título el nombre de una mujer: Mistress Branican. Y solo ésta y la excéntrica exploradora de El país de las pieles figuran realmente como personajes principales de la acción.

Pero leer Mistress Branican, hoy en día, es en sí una suerte de revaloración de Verne. Desmiente el lugar común de que Verne era misógino. Deja en claro que, para él en concreto, la inteligencia no tiene sexo. Dolly Branican (Dorothée-Dorotea), californiana de ascendencia española-mexicana, es un portento, un personaje que, en una narrativa que abarca 20 años y concluye en los eriales desérticos de Australia, recorre arcos de 180 grados en crisis emocionales, vivenciales y morales, superándolo todo; una creación singular. Dorotea no le pide nada al más cerebral, bizarro y aventurero varón del universo Verne.15

A nuestro parecer, en Una lectura política de Julio Verne, Jean Chesnaux logra a una óptima definición del enigma que sigue siendo Julio Verne.  Resume “las tendencias objetivamente subyacentes en todo el ciclo de los Voyages extraordinaires, a saber, la tradición del 48 [la segunda República francesa], el eco del socialismo utópico [sansimoniano] y el individualismo libertario…”. El sansimonismo de la visión política inicial de Verne, plasmada por ejemplo, en La isla misteriosa, o en Las indias negras, en el desarrollo de una sociedad humana fraternal, apoyada por las máquinas y la tecnología, para mejorar las condiciones de su vida, irá dando paso en Verne (entre 1880 y 1895), según Chesnaux, al reconocimiento de la dominación de la ciencia por el dinero, a la degradación de las sociedades humanas y a la perversión de la ciencia, patentes en la ficción política de La impresionante aventura de la misión Barsac. Al paso del imperialismo, “el presente” invade esta obra de Verne; se manifiesta sin máscaras el dominio, despiadado, deshumanizante, de lo que hoy llamamos el “complejo militar-industrial”, impulsado por los bancos y círculos financieros encarnados, por ejemplo, en los billonarios personajes prepotentes y finalmente autodestructivos de La isla flotante.

Pero Chesnaux escribió Una lectura política… en 1973, antes de que se descubriera la novela “perdida” Paris au XXe siècle. Y, como señala Gondolo Della Riva, uno de los más dedicados estudiosos de Verne, la aparición de esta novela volvería a poner en duda consideraciones heredadas sobre el autor. La novela, rústica en su ejecución pero no en los alcances que deseaba plasmar su narrativa, describe un París en 1960 en el que solo vale el dinero y el sometimiento a la maquinaria tecnológica de una sociedad opresiva y enajenante, aceptada implícitamente por sus habitantes.16 La novedad, entonces, sería que ya desde 1863, cuando su obra más anticipatoria fue rechazada por Hetzel, Verne habría percibido los fatales bemoles del otrora esperanzador progreso científico proclamado por la Ilustración, y habría meditado sobre lo que seguiría luego de la Revolución industrial, ya no tan garante del bienestar futuro y de la felicidad humanas. Y Verne no “veía el futuro”. No; todo ya ocurría en su tiempo. Sin embargo, fiel al entorno burgués en el que nació, recordando quizá a Voltaire, Verne se dedicaría, a fin de cuentas, a trabajar y a “cuidar su jardín”. Una carta citada por Chesnaux, menciona que a Verne le gustaba llamarse “el más desconocido de los hombres”.

Elusivo pues, contradictorio, paradójico y misterioso, Julio Verne sigue presente, ubicuo, en el mundo entero; en Francia, desde luego, donde el presidente invita a selectos dignatarios extranjeros a cenar al restaurante Jules Verne de la Torre Eiffel, o quizá se presenta a entregar el Trophée Jules–Verne al ganador en turno de la prueba de yates veleros que circunnavegan la Tierra, partiendo de y volviendo al puerto de Ouessant tras recorrer 40 mil 300 kilómetros.17

 

Mapa del recorrido del Trofeo Julio Verne, fuente: Wikimedia.

 

En una década se celebrará el 200 aniversario del nacimiento de Julio Verne. Seguirán dándose estudios críticos, marxistas, freudianos o pos-freudianos, estructuralistas o posestructuralistas, desde perspectivas poscoloniales, de estudios culturales o el feminismo. Por ahora, celebramos, sencillamente, un dicho de Verne sobre sus obras: “El lector supondrá lo que quiera según su temperamento”. Y una propuesta de Jean Chesnaux: realizar en sus novelas científicas “una lectura autónoma”. Para nosotros, el encanto original de sus novelas sigue intacto. El Capitán Verne espera, el Nautilus está a punto de zarpar. Si gustan ustedes, sean bienvenidos a bordo, y no olviden su globo terráqueo, su mapamundi o, en su defecto, su Smartphone, para hacer consultas geográficas en Google…

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

 

Bibliografía comentada: las malas traducciones de Verne

• Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel 4: Literatura y vida nacional, Juan Pablos Editor, 1998.

• André Maurois, Mágicos y lógicos, Plaza y Janés, 1961.

• Jorge Luis Borges, Inquisiciones / Otras inquisiciones, DeBolsillo, 2014.

• Roland Barthes, Mitologías, Siglo XXI Editores, 2016.

• Jorge A. Sánchez, El mundo de Julio Verne, Centro Editor de América Latina, 1980.

• Jean Chesnaux, Una lectura política de Julio Verne, Siglo XXI Editores, 1973. Título por título, analiza el contexto político de 63 obras principales.

• Jean Gattégno, La ciencia ficción, México, FCE, 1985.

• Isaac Asimov, Isaac Asimov on Science Fiction, Avon Discus, 1982.

• Franz Born, The Man Who Invented the Future: Jules Verne, Scholastic Book Services, 1971.

• Jules Verne, Oeuvres Complètes, Arvensa Éditions, Epub.
A un precio irrisorio, una excelente recopilación digital. Con más de 5 mil ilustraciones de las ediciones originales, los Voyages extraordinaires íntegros, cuentos, novelas cortas, obras de divulgación escritas para el sistema educativo francés, obras de teatro, poesía, discursos, biografías, reportajes de la época y más. Falta Paris au XXe siècle.

—, Vingt mille lieues sous les mers, Le Livre de Poche, 1990, Préface de Christian Chelebourg.

•—, Paris au XXe siècle, Le Livre de Poche, 1994, Préface et établissement du texte: Piero Gondolo Della Riva.

•—, París en el Siglo XX, Grupo Editorial Éxodo, 2015.
La traducción –sin crédito– no es muy afortunada; omite el epígrafe de Paul-Louis Courier, altera tiempos, traduce “cinquante ans” como “cinco años” en vez de “cincuenta años”, y en muchas instancias tergiversa más o equivoca el texto original.

•—, El Chancellor y Un descubrimiento prodigioso, RBA Coleccionables, 2015.
Un descubrimiento prodigioso, equivocadamente atribuida a Julio Verne hasta 1966, fue escrita en realidad por François-Armand Audoin (uno de muchos competidores de Verne). Aunque este tomo reproduce una edición original de Hetzel, la segunda obra no debería figurar en él. Esta edición, razonablemente traducida, tiene sin embargo errores garrafales: en El Chancellor, equivocadamente, traducen Thomas Moore (el poeta irlandés) por “Tomás Moro” (el autor de Utopía), p. 21. En el mismo Cap. V, p. 22, falta una de esas frases típicas del mejor Verne, en el penúltimo párrafo, cuando habla del tiempo: “–ese principio del trabajo de la naturaleza–“. Esta colección, con magnífica presentación, que circula actualmente en México, aparentemente con gran éxito, no incluye créditos de traducción.

•—, Los amotinados de la Bounty – Mistress Branican, Editorial Porrúa, 1988.
Los amotinados… es una de las obras llamadas “pre-vernianas”, anteriores a los Voyages Extraordinaires. La traducción sin crédito, como suele darse en la colección “Sepan Cuantos…”, es respetable, fiel al texto original.

•—, El país de las pieles, Editorial Porrúa, 1987.
Algunas ediciones de Verne en “Sepan Cuantos…” incluyen breves y lúcidos prólogos de María Elvira Bermúdez, la abogada mexicana y autora pionera de la novela policiaca en nuestro país. Otras ediciones, como Miguel Strogoff, incluyen una biografía corta, que revela lo bien que conocía Doña Ma. Elvira a Julio Verne.

•—, Voyage au centre de la terre, Livre de Poche, 1983.

•—, Viaje al centro de la Tierra, Editorial Porrúa, 1986.
Una traducción decorosa, fiel al original, con docta nota de Ma. E. Bermúdez.

•—, Journey to the Center of the Earth,  Scholastic Book Services, 1965. Prueba palmaria de las conocidas quejas de Michael Crichton y Adam Roberts sobre muchas traducciones de Verne al inglés. En esta edición la obra está reescrita y alterada al gusto de lo que Scholastic debió considerar como comercial. Ni siquiera respetan el nombre del protagonista: ¡el Profesor Lidenbrock queda convertido en “Profesor Hardwigg” y su sobrino Axel se llama “Harry”!

•—, Escuela de robinsones, Akal bolsillo, 1981. Excelente traducción del laureado Mauro Armiño, quien además traslada al español la disposición ortotipográfica del original francés. En un mundo ideal, Mauro Armiño sería quizás el erudito indicado para traducir y editar los Viajes extraordinarios en su totalidad.


1 Index translationum.

2 También conocida como Los primeros navíos de la marina mexicana, cuento largo anterior a su asociación con Hetzel.

3 Como plan de batalla editorial (y de negocios), Hetzel escribió un prólogo para Las aventuras del capitán Hatteras, presentando a Verne así: “Las obras ya aparecidas y aquellas que aparecerán constituirán en su conjunto el plan que se ha propuesto el autor al dar a su obra el subtítulo de Viajes en los mundos conocidos y desconocidos. Su objetivo, en efecto, consiste en resumir los conocimientos geográficos, geológicos, físicos y astronómicos elaborados hasta ahora por la ciencia moderna y rehacer, bajo la atractiva forma que le es propia, la historia del universo”.

4 En realidad, el término ciencia ficción aparecerá hasta entrado el siglo XX, en 1926 y en EE.UU, con Hugo Gernsback, quien en la revista Amazing Stories primero concibió el término “scientifiction”, que luego se convertiría en science fiction. Por ello las obras de Verne eran llamadas originalmente novelas científicas, y las de H.G. Wells scientific romances, no en la acepción de romance como “historias de amor”, sino en la tradición británica del romance, género clásico de aventuras en el que destacaban Walter Scott y Robert Louis Stevenson.

5 Para Isaac Asimov, precedida por algunas obras —más góticas que científicas— de Edgar Allan Poe, la primera novela de ciencia ficción es Frankenstein de Mary Shelley (1818). Julio Verne es el primer escritor de ciencia ficción, y H.G. Wells, el creador del breakthrough que consolidó definitivamente al género.

6 Jean Gattégno, comparando a Verne con Wells, explica: “Con Verne nos hallamos en los antípodas de lo fantástico: todo es explicable, y nada es imposible en tanto la ciencia no lo haya prohibido… Con Verne no es tanto la anticipación (el término francés, como vemos, falsea las cosas al pretender cambiar en profecías lo que es descripción intemporal) la que nace, como la maravilla científica”.

7 Ha quedado claro que algunas obras anteriormente atribuidas a Julio Verne fueron realmente reescritas, terminadas, adaptadas de ciertos textos o realizadas en su integridad por su hijo, Michel Verne. Entre estas obras están varias de importancia para la exégesis verniana, como son El eterno Adán (incluido en Hier et demain, 1910), El faro al fin del mundo y La impresionante aventura de la misión Barsac (1920), auténtica novela de política ficción, de ficción sociológica, último título de los Viajes extraordinarios. La relación entre Julio y Michel fue difícil e incluso tormentosa, pero a la muerte de su padre, Michel se mostró, si no a la altura de su progenitor, digno de su apellido.

8 En realidad, el público de Verne siempre fue amplio: empieza publicando en el Journal des Débats, publicación para adultos, sigue en Musée des Familles, y luego en el Magasin… con una estrategia editorial y comercial diseñada primero por Hetzel, y después por ambos, para un público mayoritariamente adolescente. Pero las novelas que aparecen seriadas primero luego se editan en libros que serán leídos por ministros, reyes, el emperador de Japón, e incluso el Papa León XIII, quien le concedió audiencia a Verne cuando —en su tercer yate— realizaba con su hermano Paul una travesía mediterránea. Brian Aldiss (1925-2017), escribió en su estudio pionero del género, A Billion Year Spree, de 1973: “…fue el primero y último autor (de ciencia ficción) en ser bendecido por el Papa”.

9 La resonancia que tuvo a nivel mundial esta novela fue realmente increíble. Nellie Bly, una periodista estadounidense que a los 21 años de edad tuvo que huir de México por criticar al régimen de Porfirio Díaz en 1885, emprendió después un viaje alrededor del mundo, imitando al protagonista de la novela, y lo concluyó en 72 días en vez de 80. También visitó a Verne en Francia donde platicarían de su hazaña.

10 En general, se habla más de Verne, equivocadamente, como autor para niños y adolescentes, o como “profeta” u “oráculo sibilino”, que como el gran divulgador de las ciencias que fue en realidad. Es imposible listar a quienes, en su infancia o adolescencia, se vieron motivados hacia las exploraciones y las ciencias por la lectura de sus obras: exploradores como Scott y Amundsen, pioneros de la cohetería como Tsiolkovsky y Goddard. A este respecto, Verne fue al siglo XIX lo que serían un Isaac Asimov o un Carl Sagan para el siglo XX.

11 La Academia Francesa no reconoció a Verne, pero en 1892 fue condecorado con la Legión de Honor por sus aportaciones a la cultura nacional, a instancias de Lesseps, el ingeniero creador del Canal de Suez. Con típico humor verniano, en Le Chancellor, Cap. XVIII, Verne escribió: “…con el canal de Suez, el continente africano se ha convertido en una isla”.

12 Autores contemporáneos de ciencia ficción como Michael Crichton y Adam Roberts han expresado su indignación ante la pésima calidad de las traducciones de Verne al inglés. Al respecto, Roberts publicó una nota en The Guardian.
Por su parte, Crichton conocía bien a su Verne. Hay una clara conexión que va de Viaje al centro de la tierra, pasando por la ciencia ficción de Edgar Rice Burroughs y de Arthur Conan Doyle para llegar a Jurassic Park. En cuanto a traducciones de Verne al español, véase la bibliografía comentada.

13 El capítulo dedicado a Verne decepciona. No queda debidamente establecido que Verne se basaba en lecturas exhaustivas, minuciosas, de cuanto se publicaba sobre ciencias en su época, y que se apoyaba en astrónomos, matemáticos y muchos otros auténticos especialistas. La imagen que se trasmite de Verne es casi de “vidente con poderes sobrenaturales”. El programa resulta exagerado, empalagoso, y subvierte lo que debería ser una visión clara y equilibrada de la ciencia ficción verniana (y del género literario en general). De hecho, prácticamente todos los inventos que figuran en las novelas de Verne ya existían en la realidad, y muchos de ellos, como el submarino, desde hacía más de cien años.

14 Verne manejó siempre los conceptos de “buen salvaje” y “mal salvaje”, pero en sus descripciones de villanos, por ejemplo, era igual de incisivo si eran europeos o aborígenes. Metódicamente denunciaba los genocidios decimonónicos de razas indígenas. Nunca negó la cruz burguesa de su parroquia, pero veía con buenos ojos muchos movimientos revolucionarios y anticolonialistas que describió en sus novelas. Sobre su posible homosexualidad, todo queda “sin resolver”, aunque Jorge A. Sánchez menciona la posibilidad de que los dos tiros de revólver que le dio a Verne en 1886 su sobrino Gaston (hijo de Paul, y quien pasaría el resto de sus días en un asilo), posiblemente estuvieran relacionados con esta suposición. Otros dicen que lo único que quería Gastón era más dinero. En cuanto al colonialismo, aunque sí era patente en Verne cierto sentimiento antibritánico, también criticó otros imperialismos, incluyendo el francés. Con respecto a la religión, en las novelas de Verne están presentes los sentimientos religiosos, pero no las instituciones.

15 La otra destacada heroína verniana es Paulina Barnett, “inglesa del condado de York, provista de cierta fortuna, cuya mayor parte se invertía en expediciones aventureras”, cuya saga se da en los helados paisajes lindantes con el Círculo ártico. Al proseguir su descripción, aludiendo a exploradores anteriores, todos hombres, Verne se pregunta: “¿Cómo una mujer osaba aventurarse ahí donde tantos exploradores habían retrocedido o perecido? Pero la extranjera, confinada en ese momento en el Fuerte Reliance, no era, en esa perspectiva, una mujer: era Paulina Barnett, laureada de la Sociedad Real.” Al final de esta novela, entre las más logradas de Verne, los varones le deberán sus vidas a un trío de mujeres: Paulina, su dama de compañía Madge, y la impertérrita esquimal, Kalumah.

16 En cuanto a extrapolaciones, y anticipación, la novela habla de varios adelantos tecnológicos, pero todos estos inventos ya existían o estaban prefigurados cuando escribía Verne, como los vehículos motorizados, los facsimilares transmitidos por cable y la producción industrial de papel a partir de pulpa de árboles. Lo que Verne analizaba era cómo la tecnología podría enajenar a la sociedad, destruir y corroer el espíritu del individuo, negando además la utilidad y el valor de los clásicos y de las artes.

17 En 2017, la tripulación del yate ganador circunnavegó el planeta en 40 días, 30 horas, 30 minutos.

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Un día como hoy, pero de 1920, nació un autor fundamental para el desarrollo de la ciencia ficción mundial. Hemos querido comenzar el año con un recuento preclaro de su vida y obra, marcados claramente por una pasión desenfrenada: las posibilidades humanas del desarrollo técnico y científico. Uno de los grandes aportes de Asimov es el término “robótica”, de la que conformó Tres Leyes imprescindibles, que ha tomado tanta importancia en el siglo XXI. Pero sus ideas e imaginaciones, desde la invención narrativa de nuevas sexualidades hasta la divulgación de cantidad de temas y asuntos científicos rebasan cualquier intento de resumen, como se comprueba en los párrafos siguientes. Incluimos, además, una exquisita bibliografía comentada.


A la humanidad y a la esperanza de que, a pesar de todo, la guerra contra la locura pueda ser ganada algún día.
—dedicatoria del autor en Los propios dioses.

Contra la estupidez, los propios dioses contienden en vano.
Juana de Arco, obra teatral de Federico Schiller,
de la que Asimov tomó el título para su novela.

 

Autor del mejor cuento de ciencia ficción de todos los tiempos, Isaac Asimov, el “Buen Doctor” —como llegó a ser apodado por sus legiones de lectores—, dijo alguna vez que sólo reconocía a dos intelectos superiores al suyo: el astrofísico Carl Sagan y el especialista en ciencia cognitiva y pionero de la inteligencia artificial Marvin Minsky.

Siempre polémico, siempre controversial, “infumable”, presumido y pre-potente para algunos, genialmente bienhumorado, autocrítico y de penetrante claridad para muchos más, el asombrosamente prolífico escritor Isaac Asimov —licenciado y maestro en química y doctor en bioquímica— es figura inseparable de la historia de la ficción especulativa mundial y de la literatura de divulgación del siglo XX.

Hoy, hace 97 años, nació (“oficialmente”) Isaak Ozimov en Petrovichi, República Federativa Socialista Soviética.1 Fue el primero de tres hijos de una familia de molineros judíos rusos que emigró a EE.UU. cuando el futuro escritor tenía apenas tres años. En 1928 se nacionalizó estadounidense, y su intelecto precoz encontró parte de su veta existencial en las revistas de ficción especulativa (science fiction) que se vendían en la modesta dulcería que su padre estableció en Brooklyn, Nueva York. Su padre no le permitía leer las revistas hasta que Isaac lo convenció de que si en sus títulos o subtítulos figuraba la palabra ciencia, ¡debían ser instructivas y de algún provecho! Cabe mencionar que Isaac nunca fue dueño de las revistas, las leía con gran cuidado y las regresaba al exhibidor de la dulcería, impecables, para que se vendieran.2

Al ir creciendo, Asimov sería miembro de los Futurians (Futuristas), un club de corta vida fundado en 1937, en el que compartía su afición por las ciencias y la ciencia ficción con Frederik Pohl, quien un día publicaría algunos de los primeros relatos de Isaac en sus revistas Astonishing Stories y Super Science Stories.

Pero el verdadero mentor literario —si alguna vez lo hubo— de Asimov sería John W. Campbell, Jr., editor y escritor también. El mismo Isaac escribiría: “La Edad de Oro comenzó en 1938, cuando John Campbell se convirtió en editor de Astounding Stories… él y la revista que editaba dominaron de tal manera la ciencia ficción, que leer Astounding era conocer el campo en su totalidad”.3 Los “Tres Grandes” del género, y de aquella época que duró hasta la década de los cincuenta, serían Robert A. Heinlein, el propio Asimov y el británico Arthur C. Clarke.

En 1938, Asimov le vendió a Campbell su primer cuento, Marooned off Vesta (“Abandonado ante Vesta”), publicado en la edición de marzo de 1939 de Astounding.

Poco después, habiendo concluido estudios de licenciatura en química (1939), al iniciar la II Guerra Mundial, Asimov trabajó como civil con el también “grande” Heinlein en los astilleros de la Estación Experimental Aérea de la US Navy. En 1941 terminaría su maestría —también en ciencias químicas— combinando trabajo científico militar con sus estudios. Fue reclutado durante nueve breves meses en 1945 y dado de baja con honorabilidad en 1946, con grado de cabo.4

En plena guerra, Asimov siguió publicando y fue acortando rápidamente la ventaja que le llevaban Heinlein, Simak y otros contemporáneos como A. E. Van Vogt. Entre sus cuentos iniciales muchos acabarían integrando su extendida y célebre serie sobre robots, término originalmente desarrollado en la obra de teatro R. U. R. del autor checoeslovaco Carel Kapek, aunque el término “robótica” es creación de Asimov.

Runaround  (“Al retortero”), de 1942, presentaría las famosas Tres Leyes de la Robótica. Asimov explicaría que habían sido idea original de Campbell, pero éste afirmaría que realmente eran inspiración de aquél, y finalmente ambos aceptarían una autoría compartida:5

1. Un robot no puede dañar a un ser humano, o, por inacción, permitir que un ser humano sea dañado.

2. Un robot debe obedecer las órdenes que le den seres humanos
excepto cuando dichas órdenes contradigan la Primera Ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia mientras dicha protección no contradiga las leyes Primera y Segunda.


Portada original de pocket book: I, Robot.

Cabe mencionar que, en la obra de Asimov, los robots serían artefactos mecánicos, llamados mekkanos en algunos cuentos, no androides (robots con apariencia humana), y menos androides con elementos de ingeniería genética humana integrada. A lo largo de estas obras el propio Asimov trabajaría hasta 20 variaciones de sus tres leyes originales, y muchos autores han aportado otras. En la actualidad, su relevancia es mayor que nunca, en todos los medios y en las tecnologías cada vez más presentes en numerosas instancias de la vida moderna.

En 1941 también publicaría Nightfall (“Anochecer”), cuento que una y otra vez —en encuestas y antologías— ha sido nombrado el mejor cuento de ciencia ficción de todos los tiempos (en lengua inglesa). John Campbell le mostró a Asimov una cita de Ralph Waldo Emerson:

Si las estrellas aparecieran sólo una noche cada mil años, cómo creerían y adorarían los hombres, ¡y preservarían por muchas generaciones el recuerdo de la ciudad de Dios!

A partir de esas líneas, unas semanas después, Asimov entregó la historia de Lagash, un planeta cuyos habitantes desconocen la noche, ya que Lagash gira alrededor de un sol, y alrededor de Lagash giran otros cinco soles. Por ello, siempre es de día. Sólo cada 2049 años, al darse una alineación singular de los seis soles, y un eclipse generado por una luna que nadie ha visto pues su órbita es lejana, llega la noche, y con ella, las estrellas, incontables, que son consideradas mitología por los habitantes de Lagash. Sin embargo, cada 2049 años, queda destruida la civilización del planeta, al apoderarse de la población un legendario, atávico e inevitable terror ante la noche, ante la oscuridad. Este cuento marcó el ascenso de Asimov a las ligas mayores de los autores estadounidenses de ciencia ficción dura, con 21 años apenas cumplidos.

Al concluir la II Guerra Mundial, Asimov seguiría aporreando su máquina de escribir — no será sino hasta 1990 que obtenga un procesador de palabras—, ampliando su impresionante corpus de ficción especulativa y, a la par, volviéndose famoso por declaraciones desconcertantes, pronto reconocidas como “marca registrada” suya, como ésta:

En lo que concierne al oficio de escribir, soy un completo y total primitivo. No he recibido ningún tipo de entrenamiento formal y al Mismísimo Día de Hoy no sé Cómo Escribir.6

También incorporaría mecánicas clásicas de narrativa policíaca a sus obras y además escribiría novelas puramente detectivescas. Lector omnívoro, utilizaría recursos de las novelas de Agatha Christie (“sus novelas policíacas son las mejores jamás escritas”, solía decir). Decía disfrutar también las narraciones de Arthur Conan Doyle, pero le parecía un escritor “tosco y desaseado”.

En 1942 publicó Foundation (Fundación), en 1945 Foundation and Empire (Fundación e Imperio) y en 1948-50 el final de la famosa trilogía: Second Foundation (Segunda Fundación). En esta trilogía seguiría pasos de autores como Heinlein y Cordwainer Smith, creadores de imperios galácticos en tiempos por venir (Historia Futura y La Instrumentalidad, respectivamente), con la salvedad de que en el imaginario de Asimov no hay seres o inteligencias extraterrestres o extra-humanas. Sus novelas, que abarcan miles de años, relatan historias que hacen énfasis en conflictos intelectuales y no físicos, en la lenta adquisición del conocimiento civilizatorio y su preservación, y en torno al pivote de una ciencia imaginaria, la Psicohistoria, un concepto de sociología matemática. Inspiradas por la lectura de La historia de la decadencia y caída del Imperio romano de Gibbon, que Asimov conocía al dedillo, en 1966 la Trilogía Fundación recibiría un premio Hugo como la “Mejor serie de todos los tiempos”.7

Años después, Paul Krugman, economista ganador del Premio Nobel en 2008, explicaría que esa trilogía lo había inspirado, ya que la psicohistoria era lo más parecido a la historia y desarrollo de la economía.

Hacia 1958 ocurriría algo que sorprendería a todos: Asimov prácticamente dejó de firmar ficción especulativa para dedicarse a escribir libros de divulgación. Seguiría contribuyendo a las principales revistas de ciencia ficción (y a otras revistas mainstream que le solicitaban aportaciones) pero escribiendo exclusivamente columnas sobre Ciencia, así, con mayúscula. Unos días antes de que falleciera, en 1992, su columna mensual sobre ciencia había llegado ininterrumpidamente al número 399, publicada en Magazine of Fantasy and Science Fiction. También, en 1977 había creado el compendio Asimov’s Science Fiction, que sigue circulando en la actualidad.

Isaac Asimov’s Science Fiction Magazine, edición de la primavera de 1977.

La transición del “Buen doctor” al campo de la divulgación sería otro quehacer imparable. Años después, Asimov explicó que en aquella época se encontraba in a tizzy (nervioso, desconcertado, hecho un lío). Eran los años de la Guerra Fría, de la Carrera Armamentista (nuclear), de la Carrera Espacial; la Crisis de los misiles en Cuba estaba a la vuelta de la esquina (16-28 de octubre de 1962). Asimov percibía que su país tenía que acelerarse en el ámbito de las ciencias para competir con ventaja ante el bloque soviético y el nuevo orden mundial de la posguerra. Y tenía razón.8

Comenzó, esporádicamente, en 1952, publicando Bioquímica y el metabolismo humano. Ya de 1958-59 en adelante acumularía cientos de títulos sobre los más variados temas, salvo algunos como, por ejemplo, la psicología. De su mente analítica y sinóptica fluyeron textos sobre cuanto él sentía que era necesario divulgar: astronomía, biología, paleontología, álgebra, física, química, electrónica, viajes espaciales. Y también las obras completas de Shakespeare, el Don Juan de Lord Byron, Los viajes de Gulliver, el Paraíso perdido, y dos tomos dedicados a un iluminador estudio, versículo por versículo, de La Biblia.9 En sus obras imperaría siempre la precisión etimológica —Asimov amaba el lenguaje y las palabras— y la claridad expositiva.

De pronto, a mediados de los años 60 volvió a la ciencia ficción, escribiendo una adaptación novelada de la película Fantastic Voyage (1966). En 1972, su novela The Gods Themselves acaparó los premios Hugo, Nebula y Locus. En esta novela, la favorita de Asimov, ofreció algo insólito. Durante décadas se le había reclamado que en sus novelas y cuentos parecían no existir el erotismo o el sexo (o amor o “romance”).10 Para dar al traste e invalidar con mano maestra décadas de esta crítica acumulada, Asimov concibió una raza que habita un universo paralelo y cuya vida sexual se da en tríadas, con una triple copulación corporal y a nivel atómico de dos entidades masculinas y una femenina, siendo una de las dos entidades masculinas la incubadora de los “bebés”. Así, no sólo desafía al lector a concebir e imaginar seres alternadamente etéreos y sólidos, de otra dimensión, sino también a entender la compleja relación que llevan entre ellos, de la infancia a la madurez, atravesando pubertad, infancia, adolescencia, edad adulta y muerte; fases de inocente precocidad sexual, masturbación con la naturaleza misma (mal vista por los mayores) y plenitud sexual en orgasmos y éxtasis que duran días enteros. Todo esto sin olvidar cómo expresan y manifiestan su amor los integrantes de la tríada.

Para barrer igualmente con el cliché del canónico “héroe masculino” de la novela tradicional de ciencia ficción, una entidad femenina,Dua, encarnará, en The Gods Themselves, a la visionaria, la artista, la intelectual, al personaje de mentalidad y capacidad espiritual superiores que enfrentará y resolverá, con todo su mundo en contra, el peligro de la destrucción absoluta del universo en el que vivimos nosotros. Fue y sigue siendo un tour de force único en la historia de la ciencia ficción.

Sería imposible en este espacio hablar más sobre el científico éticamente responsable, el escritor que ganó todos los premios, el hombre que prefirió el humanismo sin ningunear la religión, criticando cuanto le parecía criticable en este mundo: racismo, antisemitismo, guerras, fanatismo, ruina ecológica, sobrepoblación, la histórica miseria innecesaria de gran parte de la humanidad.

Poco después de cumplir 72 años, viendo llegar el fin, en circunstancias que podrían calificarse como trágicas,11 Isaac Asimov diría: “Mi vida ha sido buena, y estoy satisfecho con ella. Así que por favor, no se preocupen por mí”. Citemos al respecto a Carl Sagan, quien escribió a la muerte de su par y amigo de muchos años: “No lo hago. Más bien, me preocupo por todos nosotros, pues ya no tenemos un Isaac Asimov que inspire a los jóvenes al aprendizaje y a la ciencia”.

Y hoy, al contemplar nuestro mundo, avanzando entre incertidumbres hacia el final de la segunda década del siglo XXI —bajo nuevas sombras y posibilidades de guerra nuclear— podríamos agregar también las palabras de su viejo vecino de Brooklyn, Marvin Minsky: “Nadie está a cargo del planeta”.12

En este video corto, el “Buen Doctor” discurre sobre fe y razón.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

Bibliografía comentada

DECADE. The 1940s, Brian W. Aldiss y Harry Harrison, Editores, St. Martin’s Press, 1978. De Asimov, los editores seleccionaron Reason (Razón, o Raciocinio), ficción en la que el robot administrador QT-1 se “rebela” ante sus técnicos supervisores humanos, discutiendo con implacable lógica cartesiana, mientras otros robots, inferiores en capacidades, les aclaran, convencidos, que “No hay más Amo [la maquinaria de una estación espacial] que el Amo, ¡y QT-1 es su Profeta!”. Un cuento corto clásico, por encima de cualquier género.

 –The Big Book of Science Fiction- The Ultimate Collection, Ann and Jeff VanderMeer, Editores, Vintage, 2016. Presenta relatos cortos de 105 autores. De entre los cientos de cuentos de Asimov, los editores eligieron The Last Question (“La última pregunta”), de 1956, clásico del autor, su cuento favorito, en el que con un giro de tuerca magistral, en la última línea, “resuelve” la inescapable Segunda Ley de la Termodinámica. En voz de Asimov: https://www.youtube.com/watch?v=R3U30wSAV4Q

 

–Isaac Asimov, Before the Golden Age, A Science Fiction Anthology of the 1930s, Book I, Editor, Isaac Asimov, Fawcett Crest, 1974. Contiene 8 cuentos clásicos de la década de 1930, los que leía Asimov de niño en revistas pulp de la tienda de dulces su padre: destacan tres autores: Edmond Hamilton, Clifford B. Simak y Jack Williamson, autor de un estudio canónico sobre H. G. Wells.

—, Nightfall ONE, Panther Books Lt., 1972. Los primeros cuentos, escritos hacia los 20-24 años de edad, muchos en plena II Guerra Mundial, pero antes del advenimiento de las armas nucleares).

Buy Jupiter, Panther Books Ltd, 1977. (Muchas ficciones de esta antología reflejan las preocupaciones –explicablemente obsesivas– de Asimov durante la década de 1950: amenaza de guerra nuclear, extinción de la especie humana, abolición de la civilización).

—, The Gods Themselves, Fawcett Crest, 1973; y Bantam Spectra 1990. En la edición más reciente se han eliminado varias erratas de la primera. Se ha traducido al español como Los propios dioses.

—, Asimov on Science Fiction, Avon Discus, 1982. Una antología de artículos; entre ellos el que explica que la ficción especulativa tiene tres líneas fundamentales: la ciencia ficción de aventuras, la de tecnología y la sociológica; Asimov trabajaría –y combinaría– con éxito las tres.

—, I, Robot, Bantam Spectra,, 2008. Relatos, muchos de ellos imbuidos de gran sentido del humor, que serán trascendentes mientras la humanidad utilice tecnología robótica y de inteligencia artificial.

—, The Foundation Trilogy, Doubleday Science Fiction, 1951. Inspiración para docenas de autores posteriores, como Larry Niven y Gregory Benford, que Marvin Misnky llamó “los Asimov de hoy”.

—, Guide to Earth and Space, Ballantine Books, 1993. Ejemplo señero de divulgación científica, que ha llevado a Asimov a ser clasificado por la UNESCO como el autor 24 más traducido del mundo (en http://bit.ly/2DKSMZ6)

—, Gold, The Final Science Fiction Collection, Harper Collins Publishers, Inc., 1995. Edición póstuma de cuentos y de un arcoíris de meditaciones sobre vida, ciencias, lenguaje, oficio de escritor, y más.

—, La República Romana, Tercera reimpresión, Alianza Editorial, 2017. Divulgación clara y sencilla, con el sutil humor del autor siempre presente, por ejemplo, en el capítulo que explica la guerra contra Yugurta, en Numidia (p. 189): “Se reinició la guerra con Yugurta, una guerra de lanzas de hierro contra monedas de oro… Había que hallar de algún modo un general honesto, y Roma empezaba a descubrir que tenía escasez de ellos. (Es difícil encontrar hombres sanos en una sociedad enferma)”.

—, Guía de La Biblia Antiguo Testamento, Plaza y Janés Editores S.A.,         décima edición, junio, 1999.

—, Guía de La Biblia Nuevo Testamento, Plaza y Janés Editores, S.A., novena edición, junio 1999. Para lectores de habla hispana, estos dos títulos ganan en traducción. Benito Gómez Ibánez complementa su trabajo con excelentes notas a pie de página, relacionando las ediciones en inglés de La Biblia utilizadas por Asimov con ediciones en lengua española.


1 Ni el propio Asimov, ni su familia, ubicaban la fecha exacta de su nacimiento. Él decía que debió ocurrir entre el 4 de octubre de 1919 y el 2 de enero de 1920, y el propio Asimov lo celebró siempre el 2 de enero.

2 En la introducción a Before the Golden Age (p. 12), Asimov relata: “…cultivé una mano ligera, que dejaba la revista en prístina condición aunque yo había leído, rabiosamente, cada palabra de cada página. (Tenía que hacerlo, porque si la revista sufría, mi padre hubiera emitido un ucase prohibiéndome tocar cualquier otra, y no sé ustedes, pero mi padre esperaba, y recibía, obediencia instantánea)”. Otra anécdota famosa ilustra las penurias económicas de la familia a su llegada a Nueva York. Cuando Isaac decidió enviar un cuento a una revista, el correo habría costado 12 centavos de dólar, y el transporte público (ida y vuelta), 10 centavos. Isaac hizo el viaje en autobús.

3 Before the Golden Age (p.11).

4 Recibió el Doctorado en Bioquímica en 1948, en la Universidad Columbia, haciendo carrera después como Profesor Asociado de Bioquímica en la Universidad de Boston. En 1955, siendo numerario de la universidad, retuvo su posición aunque se dedicó a escribir ciencia ficción y poco después, obras de divulgación. A lo largo de su vida recibió no menos de 14 doctorados honorarios de diversas universidades; fue miembro de las asociaciones científicas más importantes de su país, firmante del Manifiesto Humanista II, y Presidente, muchos años, de la American Humanist Association, entre otros cargos y distinciones.

5 Algunas películas donde han figurado las Tres Leyes son: Forbidden Planet (Planeta prohibido, 1956), Bicentennial Man (El Hombre Bicentenario, 1999), inspirado en un relato homónimo de Asimov; Aliens (Aliens: el regreso, 1986); y, con algunas variantes, Robocop (1987). También I, Robot (Yo, robot, 2004), basada en una narración escrita al alimón con Robert Silverberg. Y los ecos siguen en la pantalla grande, como en Passengers (Pasajeros, de 2016).

6 A lo largo de su carrera, Asimov sería juzgado alternadamente como fanfarrón y arrogante, o como genio de la controversia, de la declaración tongue-in-cheek (irónica, de “a mentiritas”, de chacota). Cultivaría con éxito esa persona, que –a la fecha– no todos entendieron. Sin embargo, quienes lo han leído, pronto descubren lo que sus pares siempre supieron: Asimov era su propio crítico más implacable, reconocía errores y pedía disculpas cuando venían al caso, y él mismo se convertía en blanco de la misma chunga con la que trataba a otros escritores y personalidades. Alguna vez dijo: “A menudo la gente piensa que tengo las respuestas, cuando a veces no tengo siquiera las preguntas”.

7 Comenzando en 1982, con Foundation’s Edge (Los límites de la Fundación), Asimov volvería sobre su trilogía —convirtiéndola en septeto— y sobre la totalidad de The Robot Series, uniendo ambos universos narrativos en una nueva y mejorada estructura monumental. Novelas “sueltas” varias también se suman a este nuevo corpus.
(https://www.reddit.com/r/asimov/wiki/seriesguide)

8 La preocupación de Asimov se concretó a partir del vuelo espacial ruso que lanzó el Sputnik 1 (1957). Felizmente para él, la industria editorial estadounidense compartió su preocupación.

9 Sus libros de divulgación abarcan 9 de las 10 principales categorías del Sistema Dewey de clasificación bibliográfica, una hazaña por donde se le vea.

10 Asimov explicó, en Gold, en el capítulo Women and Science Fiction:
“En la época en que escribí y vendí mis primeros cuentos, aún no había tenido una sola cita con una mujer. No sabía nada acerca de ellas, más allá de lo que pudiera adivinar mediante discretos vistazos a distancia. Naturalmente, no había mujeres en mis cuentos”.

11 En 1982, durante una operación de triple bypass, Asimov quedó contagiado de HIV al recibir una transfusión de sangre. El hecho de que moriría de SIDA fue ocultado por él —en buena parte por recomendación de los médicos— ya que, entre 1982 y 1992, tener SIDA era una suerte de “aberración pública”, y Asimov temía que perjudicaría irremediablemente a sus hijos, a su familia. Sólo supo que moría de SIDA en sus últimos dos años de vida. Su segunda esposa, Janet Jeppson Asimov, psicóloga y también autora de ficción especulativa para jóvenes, reveló la verdad en 2002, en su introducción a una nueva edición de It’s Been a Good Life, libro que condensa tres autobiografías anteriores escritas por Asimov.

12 Amigo de la infancia de Asimov, Minsky encontró inspiración en las historias de I, Robot para sus trabajos sobre inteligencia artificial.

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No solemos tener muy presente cuánto debemos a una existencia tan prolífica como la de Arthur C. Clarke, maestro de la ciencia ficción, divulgador consumado y fabulador incansable. A cien años de su nacimiento, lo que sigue es un fragmento maestro de biografía intelectual, un recuento de sus inventos, obsesiones, lecturas y encuentros que germinarían en un fruto singular: una de las imaginaciones más fértiles del siglo XX.

El habitante de otro mundo

Hace cien años, el 16 de diciembre de 1917, en Minehead, Somerset, Inglaterra, en el seno de una familia de granjeros, abrió los ojos el científico, escritor y futurista Arthur Charles Clarke. Celebramos aquí que él mismo haya estado casi una centuria entre nosotros, y también, que quienes conocen su obra científica, literaria y humanista se hayan enriquecido, mirando con ojos bien abiertos el asombroso cosmos que nos rodea. De una manera u otra, directa o indirectamente —aunque muchos no lo sepan o estén conscientes de ello— la presencia de Clarke sobre nuestro planeta ha tocado las vidas de buena parte de la humanidad.

Habiendo visto a Arthur C. Clarke una “luminosa tarde” en la otrora Ceilán, en las afueras de Colombo, sobre la terraza del Hotel Lavinia ante el Océano Índico, Octavio Paz, en su libro La llama doble 1, escribiría: “No me atreví a dirigirle la palabra: me pareció un visitante de otro planeta…”. Comprensible aquella percepción del gran poeta, “lector asiduo” de los libros de Clarke, “fascinante unión de ciencia y fantasía”. Si el novelista explorador de los límites de las ciencias nos visitó o no desde otro planeta, sí propuso en vida y obra que, tarde o temprano, tendremos que abandonar este.

En algún momento de su infancia, Arthur C. Clarke miró el cielo nocturno y debió intuir que su tiempo en este mundo estaría ligado a las estrellas, a la historia y los misterios del universo y de la Tierra. Cierta vez apuntó: “El recuerdo más viejo de mis días de escuela es de estar parado al frente de la clase contando historias sobre animales prehistóricos”. Años después le dedicaría “Los nueve mil millones de nombres de Dios” —uno de sus cuentos más célebres— al Capitán E. B. Mitford, “Mitty”, su “primer editor” y maestro de ciencias.

Conquistar el espacio

A los 13 años ya había construido su primer telescopio. En 1933, a los 16, escribía para Huish Magazine —la publicación de su escuela secundaria— sobre la Luna, ulterior escenario de su cuento “El centinela”(1951), cuya historia en 1968 figuraría en la película 2001: Una odisea del espacio, aunque el famoso monolito del filme fuera originalmente una pirámide cristalina.

El intelecto sobresaliente del polímata en ciernes sería estimulado —lo dijo en muchas ocasiones— por tres lecturas, de 1929, 1930 y 1931 respectivamente: el número de noviembre de 1928 de Amazing Stories, una revista pulp de ciencia ficción; la canónica y “titánica” novela The First and Last Men de Olaf Stapledon, y el libro de divulgación The Conquest of Space de David Lasser.

En el renglón de la narrativa especulativa formalizada por Amazing Stories, Clarke llegaría a ser —con sus contemporáneos Isaac Asimov y Robert A. Heinlein—  uno de los “tres grandes” del género,2 considerando su vertiente de ciencia ficción dura. En sagas de aspiración cósmica, llevaría a niveles técnicos insospechados (y siempre actualizados respecto a las ciencias) la visión fundacional y mística de Stapledon3 y, siguiendo los pasos científicos de Lasser, contribuiría históricamente a la conquista del espacio, convirtiéndose a su vez en autor de docenas de obras de divulgación científica.

La bibliófila ambición de su adolescencia tardía de coleccionar todas las revistas de ciencia ficción de su época —objetivo que casi logró— se vio interrumpida por la Segunda Guerra Mundial. En filas, durante el conflicto, de 1941 a 1946, sirvió en la Royal Air Force como asesor e instructor de pilotos de combate en el uso del radar de aproximación de control terrestre (GCA radar). Al finalizar la guerra, con rango de Flight Lieutenant, concluyó una Licenciatura en King’s College en física y matemáticas, con honores, y se unió a la Asociación Británica Interplanetaria, de la que fue presidente en dos ocasiones. De 1949 a 1950 fue editor asistente de Science Abstracts (Síntesis Científicas), trabajo que al paso del tiempo lo impulsaría a escribir notables obras de divulgación.4


Arthur C. Clarke en la Royal Air Force. Fuente: British Interplanetary Society

Su primera venta formal de ficción científica, en 1945, fue Rescue Party (Misión de rescate), a la revista estadounidense Astounding, dirigida por John W. Campbell. Su pluma, máquina de escribir o teclado de computadora, ya no se detendrían hasta 2008, cuando publicó la novela The Last Theorem.5

Satélites en órbita: los honores despegan

En 1945 publicaría en Wireless World (Mundo inalámbrico) el célebre artículo sobre satélites de comunicación que le daría fama mundial: “Extra-Terrestrial Relays. Can Rocket Stations Give Worldwide Radio Coverage?” (“Retransmisoras extra-terrestres. ¿Pueden las estaciones de cohetes repetidoras brindar cobertura mundial de radio?”).6

Solo 17 años después orbitaba la Tierra el Telstar 1, el primer satélite de comunicación de la historia, transmitiendo imágenes televisivas y telegráficas y llamadas telefónicas. Hasta la música pop lo celebró con una pieza instrumental que, batiendo récords, también dio la vuelta al mundo.

A lo largo de su carrera como autor —más de treinta novelas, varios cientos de cuentos, docenas de libros de divulgación, cientos de artículos científicos, y guiones para varias exitosas series de televisión— Clarke acumuló fama y fortuna, premios y honores. Por solo mencionar algunos, en 1961 recibió el Premio Kalinga de la UNESCO por sus trabajos de divulgación científica; en 1969 fue nominado para un Oscar, con el director Stanley Kubrick, por su guion de 2001, considerado por muchos el mejor filme de todos los tiempos. Fue nombrado Comandante del Imperio Británico en 1989 (distinción en artes y ciencias), y nombrado Caballero en el 2000. Ganador de múltiples premios Hugo y Nebula7 —entre otros galardones— por sus cuentos y novelas, hoy lleva su nombre el más prestigiado laurel británico para obras de ciencia ficción, el Arthur C. Clarke Award (de la Clarke Foundation).

En 1956 emigraría a Ceilán. Ahí, además de llevar a fruición su pasión por el buceo y de encontrar tesoros piratas hundidos y hacer notables exploraciones y descubrimientos de arqueología submarina, realizó una inmensa labor promocionando el uso educativo de los primeros satélites de comunicación en India y en su país adoptivo; la labor de divulgación y actualización científica y en medios digitales que impulsó en la actual Sri Lanka mereció que el Instituto de Tecnologías Modernas del país lleve su nombre.

Parecería que la humanidad no agota aún la posibilidad de darle su nombre a todo lo que sea posible: a un asteroide, el “4923 Clarke”; a un dinosaurio ceratopsiano descubierto en Australia, Serendipaceratops arthurclarkei; a una órbita, la órbita de Clarke (geoestacionaria sobre el ecuador terrestre); y a un evento estelar único en la historia, el GRB 080319B —Gamma-ray burst o explosión de rayos gamma, del 19 de marzo de 2008— una de cinco descargas ocurridas a millones de años luz que se vio en la Tierra unas horas antes de que él falleciera, y que entonces establecía récord como el suceso más intrínsecamente brillante jamás observado por seres humanos en el universo.

Vivir en un árbol: declaraciones y proverbios

Siendo que una lista puntual de los logros y obras de Clarke rebasaría la superficie del famoso monolito negro que aparece al inicio de 2001, aprovecharemos el espacio editorial restante para recordar algunas agudas respuestas y contundentes declaraciones del hoy por hoy autor de ciencia ficción más célebre del universo conocido. Cuando le preguntaron que si era gay (que en inglés como en francés significa, originalmente, “alegre”), sonrió y con típico wit británico respondió: “Solo moderadamente bienhumorado”. A la pregunta, en entrevista para Playboy: “¿Ha tenido una experiencia homosexual?”, respondió: “¡Claro! ¿Quién no?”

Cuando le sugirieron a Kubrick que el autor de El fin de la infancia podría quizá colaborar en la “proverbial [i.e. inexistente] gran película de ciencia ficción” que él quería filmar, comentó con cierto malhumor que no le parecía práctico ya que Clarke “es un recluso, un deschavetado que vive en un árbol” (allá en Ceilán). El escritor, británicamente ecuánime, respondió por telegrama: “Espeluznantemente interesado en trabajar con enfant terrible”.

Cuando le preguntaban, muy a menudo, por qué no había patentado la idea de satélites de comunicación geoestacionarios declaraba: “En realidad, una patente es un pretexto para ser demandado”.

Siguen vigentes tres sentencias, o “leyes” de Clarke:

1. Cuando un científico distinguido pero entrado en años declara que algo es posible, casi siempre tiene la razón.  Cuando declaran que algo es imposible, probablemente están muy equivocados.

2. La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poquito más allá de ellos hacia lo imposible.

3. Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Un comentario que a nivel planetario le mereció interminables críticas de tirios y troyanos políticamente correctos: “Una de las grandes tragedias de la humanidad es que la moral ha sido secuestrada por la religión”.

En el prefacio a la edición del milenio de 2001: Una odisea del espacio escribió: “Tras de cada hombre que vive hoy se yerguen treinta fantasmas, pues esa es la proporción en la que los muertos superan a los vivos. Desde el principio de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han caminado sobre el planeta Tierra”. Y resulta que esta cifra es interesante, ya que, por una curiosa coincidencia, existen aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. De manera que por cada hombre que alguna vez ha existido, en este universo brilla una estrella.

En su introducción al capítulo “Computers and Cybernetics” de The Visual Encyclopedia of Science Fiction, citando primero estas palabras del matemático I. J. Good: “Si construimos una máquina ultra-inteligente, estaremos jugando con fuego. Ya antes hemos jugado con fuego, y ha ayudado a mantener a raya a otros animales”, Clarke remata: “Pero cuando finalmente llegue la IA, nosotros seremos los otros animales; y observen lo que les ha ocurrido a ellos. Será justicia poética”.

En cuanto a la “cosquilla” de producir secuelas de algunas de sus más célebres novelas, como 2001 y Cita con Rama: “Ninguna trilogía debe tener más de cuatro títulos”.

Sobre la definición de science fiction, en una edición especial dedicada al género de la revista Soviet Literature, de 1984, Clarke aportó lo siguiente:

Es el más grande error atribuirle a la ciencia ficción el papel de algún tipo de profeta. Su papel es el de desarrollar la imaginación de las personas, de educar a las gentes capaces de pensar en categorías del futuro. La ciencia ficción puede advertirle a la gente acerca de los peligros que el futuro les reserva, y puede hacerlo con mucho mayor efectividad que hacer proyecciones utópicas. Yo la llamaría un sistema de alerta temprana acerca de catástrofes venideras.

Denunció incansablemente la religión y los nacionalismos que llevan a guerras y crueldades interminables, pero cierta vez comentó: “No creo en Dios pero ella me interesa mucho”. En una línea paralela diría: “Es esperanzador que las banderas no ondean en el vacío”, refiriéndose al espacio exterior.

Y, cereza en el pastel, su definición favorita de un/una “intelectual”: “Alguien que ha sido educado/educada más allá de su inteligencia”.

Gracias a la tecnología moderna que tanto lo motivó, y que en buena parte pronosticó, sir Arthur C. Clarke se despidió del mundo en 2007, cuando una recurrencia de polio de su infancia lo confinaba a una silla de ruedas. En su adiós, sereno, pausado y lúcido, recorriendo brevemente su vida, expresó sus tres últimos deseos: dar fin a la adicción humana al petróleo, que llegara la paz a su nación adoptiva desgarrada por la guerra civil, y la esperanza de tener confirmación de la existencia de vida extraterrestre. También: la actividad por la que a fin de cuentas quisiera ser recordado: escritor. Fue una despedida estelar entre cien mil millones de estrellas…

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).


Bibliografía comentada

· Brian Ash (editor), The Visual Encyclopedia of Science Fiction, Harmony Books, 1977.

· Isaac Asimov, Asimov on Science Fiction, Avon Discus, 1982.

· Arthur C. Clarke, Childhood’s End, Ballantine Science Fiction, 1964, y Childhood’s End, Del Rey, 1990. Los prólogos de las ediciones son diferentes, ya que Clarke actualizó la segunda en vista de las diferencias reales que se dieron en la Carrera Espacial que libraban entonces EE. UU. y la Unión Soviética.

· —, 2001: A Space Odyssey, Roc Science Fiction, 2000.
     – 2010: Odyssey Two, A Del Rey Book, 1984.
     – 2061: Odyssey Three, A Del Rey Book, 1989.
     – 3001 The Final Odyssey, A Del Rey Book, 1998.
Las cuatro novelas de la “trilogía” no representan una secuencia tradicional. Escritas a lo largo de treinta años, las novelas van reflejando cambios científicos y descubrimientos espaciales que iban dándose en la realidad. Deben considerarse como narraciones paralelas, mas no realmente con una sucesión estrictamente ordenada, aunque en todas aparecen personajes de la primera.

· —,  The Collected Stories of Arthur C. Clarke, Tom Doherty Associates, 2002. A la fecha, es la mejor compilación, pero faltan, por ejemplo, “The Haunted Space-Suit” (“El traje espacial embrujado”) y “Take a Deep Breath” y “The Other Tiger” (“Respira hondo” y “El otro tigre”), incluidos, respectivamente, en Isaac Asimov-Groff Conklin, Editores, 50 Short Science Fiction Tales, Collier Books, 1973, y Microcosmic Tales, Isaac Asimov, Martin H. Greenberg y Joseph D. Olander (editores), DAW Science Fiction, 1992.

· —, El mundo es uno, Ediciones B, 2015. No ficción; historia de las comunicaciones, del telégrafo a los satélites.

· Groff Conklin (editor), Great Science Fiction by Scientists, Collier Books, 1972.

· James Gunn, Alternate Worlds-The Illustrated History of Science Fiction, A & W Visual Library, 1975.

· Octavio Paz, La llama doble, Galaxia Gutenberg, 2014.

· Angus Wells (editor), The Best of Arthur C. Clarke 1956-1972, Sphere Books Limited, 1977.

· Donald A. Wolheim (editor), The 1985 Annual World’s Best SF, DAW Science Fiction, 1985.

 

 

 

1 En su obra, Paz retoma esta cita de Clarke: “Considero que el hombre es una especie transitoria, que será suplantada por alguna forma de vida que va a incluir tecnología de computadoras”. Luego, Paz concluye en el texto dedicado al escritor de ciencia ficción: “La imaginación religiosa concibió un Dios superior a sus criaturas; la imaginación técnica ha concebido un Dios-ingeniero inferior a sus inventos”.

2 En un viaje en taxi en Nueva York, hacia 1964, Asimov y Clarke habrían acordado el “pacto del taxi” para lidiar con la pregunta constante de prensa y medios: “¿cuál de ustedes dos es el mejor?”. Ambos escribían obras de ciencia ficción y de divulgación científica. En palabras del propio Asimov: “Yo debo insistir en todo momento que Arthur Clarke es el mejor escritor de ciencia ficción del mundo (aceptando el segundo lugar para mí), mientras que Arthur debe insistir igualmente que Isaac Asimov es el mejor escritor de divulgación científica en el mundo (aceptando el segundo lugar para él)”. En las encuestas de aquella época, invariablemente, los tres autores de ciencia ficción favoritos del público eran (en orden alfabético): Asimov, Clarke, y Heinlein. Sobre este punto, humorísticamente, Asimov escribiría: “¿A qué hora se metió Heinlein en esto?”.

3 Clarke manejó en sus ficciones la idea de la final trascendencia humana mediante la evolución de nuestra especie. Estas ideas siguen la ruta marcada en las obras de Stapledon, quien imaginó la evolución de la especie a lo largo de 2 mil millones de años, y menormente, por ideas de algunas narrativas de Lord Dunsany. La evolución humana es realmente el tema de las sagas de Odisea del espacio y de Cita con Rama. También de El fin de la infancia (1953): la Tierra queda destruida y borrada del cosmos en el futuro, habiendo emigrado los niños y niñas evolucionados al estado siguiente de la humanidad, escoltados por los Overlords, los amos supremos de apariencia demoniaca quienes a su vez obedecen a una entidad infinitamente superior, cósmica, que ha trascendido la materia.  En la ciencia ficción, tanto la de Stapledon como la de Clarke, estas ideas son lo más cercano a una religión, una aspiración hacia, o añoranza, de Dios.

4 De sus múltiples libros de divulgación destaca Perfiles del futuro: Una indagación sobre los límites de lo posible (1962), que el autor revisaría en 1973, 1984 y 2000.

5 A mediados de la década de 1980, al mermarse su salud, Clarke se apoyaría en otros autores. Entre ellos destacan Stephen Baxter, Gentry Lee y Frederik Pohl, con quien escribió al alimón su postrera novela El último teorema.

6 Erróneamente se le atribuye a Clarke la idea original o invención del sat-com o satélite de comunicación, geoestacionario o no. Clarke fue el primero en describir esta transcendental posibilidad, en inglés. La idea ya estaba en el aire desde 1923 en escritos del ingeniero austro-húngaro-alemán Herman Oberth, y en textos del pionero de la cosmonáutica eslovena Herman Potocnik (1928).

 7 Mereció un Hugo (entre otros) por el cuento “La estrella”, en el que la explosión de una supernova destruye a toda una raza alienígena. Esa misma explosión, millones de años después, es percibida en la Tierra como la Estrella de Belén. Ganó uno de varios Nebula otro cuento, “Encuentro con Medusa”, que relata detalladamente el encuentro de un solitario astronauta explorador con un ser fantástico (pero científicamente verosímil) en la atmósfera de Júpiter. Tan increíble, o más aún, es “Out of the Sun” (“Salido del Sol”), cuento que describe a un ser o criatura que emerge de una fulguración solar. Son ejemplos de la mejor prosa de Clarke, maravillas de descripción limpia y precisa que, si bien no alcanzan niveles “literarios”, no están exentas de gracia y belleza, y del contagioso asombro de un autor cuya imaginación lo llevó al límite ante las vistas planetarias, galácticas y cósmicas que exploró a lo largo de su vida y obra.

 

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Desde los autores canónicos del siglo XIX, la literatura rusa tuvo su parte en la fundación de uno de los géneros literarios más expandidos sobre la faz de la Tierra: la ciencia ficción. El curso de las revoluciones bolcheviques y la fundación de la URSS alimentarían esta nueva forma de escritura llamada nauchnaia fantastika o “fantasía científica”, no sin imponerle la censura necesaria para ajustarse a los designios del régimen. Aun así, este ejercicio especulativo que cuenta con un nutrido corpus, ha cimentado la identidad rusa y soviética tanto en el periodo de entreguerras como en la carrera espacial de la Guerra Fría. La siguiente es la historia de esa estirpe literaria y de cómo su progenie fue marcando, a su paso, el futuro.

Comunismo es igual al poderío soviético más la electrificación del país entero.
—Lenin

La Tierra es la Cuna de la Mente —pero uno no puede vivir eternamente en una cuna—.
—Konstantin E. Tsiolkovski

 

Si consideramos la novela utopista ¿Qué hacer? (1863) de Nikolái Chernishevski como literatura especulativa, o fantasía científica (el término ruso original que en EE. UU. equivaldría a ciencia ficción a partir de 1926), entonces —sabiendo que Lenin se vio profundamente influenciado por esta obra, y que escribió en 1902 un tratado político con el mismo título— ¿Qué hacer? podría incluirse entre los libros más influyentes de la historia.1

Y, por curioso o extraño que parezca, probablemente es en Rusia y en la Unión Soviética donde mayor influencia ha tenido este género literario, en todos los sentidos, y particularmente en la histórica transición de la Rusia imperial a la era soviética.


Nikolái Chernishevski

Orígenes y obras señeras

Desde el siglo XVI, la literatura rusa produjo obras “hermanadas” con el más amplio espectro de lo que actualmente se llama ciencia ficción: fábulas del folclore eslavo, historias de hadas, relatos de viajes imaginarios, cuentos de horror y de terror, narraciones fantásticas, utopías. Obras señeras podrían ser los cuentos folclóricos sobre la bruja Baba Yaga, Viy, de Gógol, El sueño de un hombre ridículo y El doble de Dostoievski, y cientos más.

Aunque, propiamente dicho, el género hoy conocido como science fiction no apareció sino hasta mediados del siglo XIX, como respuesta literaria a la era industrial y a su revolución. Para no pocos especialistas, Frankenstein de Mary Shelley (1818) es la primera auténtica obra de ficción científica, ya que la narración inicia, precisamente, con una explicación científica, posible y verosímil incluso en su época, que “valida” la creación de un ser construido a partir de cadáveres en un laboratorio, gracias la “chispa creadora”, o recreadora, de la electricidad.

Dos líneas de fuerza de la ficción científica serían, desde entonces, la extrapolación y el extrañamiento. “Domesticar lo desconocido” y alterar, alienar o crear extrañamiento en el orden presente. ¿Qué pasaría si tuviéramos tal o cual conocimiento, tecnología o situación? Y, ¿cómo serían las cosas entonces? Una tercera posibilidad narrativa es: Si esto sigue…, el planteamiento que, extrapolado, lleva generalmente a la distopía.

En Rusia, un antecedente del género sería Viaje a la tierra de Ofir, del Príncipe Mikhail Sherbatov (1807).2 Esta narración utopista encarnó reformas políticas y sociales de los elementos liberales y progresistas de la aristocracia de Catalina la Grande. Más patriotera fue El año 4338, del Príncipe Vladimir Odóievski (1840), en la que Rusia encabeza al mundo en cuanto a tecnología y pensamiento científico se refiere, obra que incluye amenas extrapolaciones en torno a medios de transporte, alimentos, bebidas y modas. Contrastando con esta obra, ¿Qué hacer? de Chernishevski incluye el “Cuarto Sueño” de la protagonista Vera Palovna, radical visión fourierista de una utopía socialista, aunque Isaiah Berlin comenta que como obra de arte es “grotesca”.

Pero como también señala Berlin, la novela ya incluía en 1863 planteamientos que habrían de influenciar en la literatura especulativa posterior: la necesidad de encontrar y de crear una identidad histórica y política, social y filosófica específicamente rusa, original, diferente de las identidades nacionales del resto del mundo.

Es indispensable mencionar que, en Rusia, hacia 1880, la tecnología de la rotativa permitió una “explosión” de la industria editorial, una profusión de revistas técnicas especializadas y de otras “para toda la familia” (y toda la población alfabetizada, urbana y rural), como Naturaleza y gentes (Priroda i liudi) y Alrededor del mundo (Vokrug sveta) en las que la ciencia sería siempre la temática central. En 1894, la edición de quinto aniversario de Naturaleza y gentes contenía esta nota editorial:

La ciencia y la tecnología están definiendo la realidad moderna al transformar no solo la vida de todos los días, sino las formas mismas en las que pensamos e imaginamos. Una nueva forma de escritura llamada nauchnaia fantastika, fantasía científica, está jugando un papel nada inconsecuente en este proceso. ¿No es acaso en la imaginación donde teorías atrevidas y máquinas asombrosas ven la luz por vez primera? Por ello, junto con las noticias de las más recientes novedades científicas y tecnológicas, nuestra revista seguirá presentando un rico panorama de meditaciones sobre sus potencialidades, que le parecerán todo menos fantásticas a quienes viven estos tiempos.

Alrededor del mundo aparecería simultáneamente a publicaciones como National Geographic (1899) y Annales de Géographie (1891). Entre 1926 y 1929, la circulación de revistas mensuales como Alrededor del mundo alcanzó tirajes de 100 mil ejemplares. Esta revista, en particular, ¡sigue editándose en la actualidad! (http://www.vokrugsveta.ru). Hoy, con la misma periodicidad, su tiraje promedio es de 250 mil ejemplares.

Además de difundir las ideas científicas que arrasaban al mundo en la marcha imparable de la industrialización, las revistas publicarían traducciones de obras especulativas de Julio Verne y Camille Flammarion y, a partir de 1889, de H. G. Wells. A la par, circularon fantasías que reflejaban los adelantos tecnológicos de aquella Rusia finisecular: por ejemplo, Ni hechos ni fantasía: una Utopía eléctrica (1895) de V. Chikolev, y un escrito inconcluso, curiosamente pronosticador, El ferrocarril subterráneo autopropulsado Petersburgo-Moscú (1902) de A. Rodnykh.3

En 1893 y 1895 aparecerían, respectivamente, En la Luna y Sueños de la Tierra y los Cielos, de K. Tsiolkovski, pionero mundial de la cohetería, “Padre de la Cosmonáutica”, precursor de la ciencia ficción “dura” en Rusia. Posteriormente publicaría Más allá del planeta Tierra (1920); todos estos eran relatos inspirados por Verne, con énfasis en datos científicamente exactos. Tsiolkovski difundiría también sus ideas científicas de avanzada y su ciencia ficción increíblemente imaginativa en la revista Heraldo de la aviación (Vestnik vozdukhoplavaniia).


Diagrama de un cohete según K. Tsiolkovski.

Además de sus contribuciones a la astronáutica, de sus más de 400 escritos científicos, de haber concebido el elevador del espacio, naves y viajes espaciales, colonias espaciales orbitales y extraplanetarias, la esclusa de aire y otras maravillas técnicas que hoy son comunes en la Era Espacial, Tsiolkovsky compartía las ideas del filósofo Nikolái Fiódorov, fundador del cosmismo y precursor del transhumanismo. Estas incluían un ser humano-planta que podría sobrevivir en el espacio exterior, así como la inmortalidad y transmigración de las almas a otros planetas, basándose en procedimientos científicos.

Por otra parte, ideas y propuestas de la nauchnaia fantastika estarían presentes, en mayor o menor grado, en todas las ramas del arte que iniciarían los movimientos artísticos de fines del siglo XIX: el simbolismo, el futurismo, el acmeísmo y el avant-garde soviético. Electricidad, aviación y trenes, por ejemplo, figuran en obras y poemas de Vladimir Mayakósvski y Aleksandr Blok, de la pintora Natalia Goncharova y de muchos otros. Poco antes, desde mediados del siglo XIX, Pushkin y Gógol también se vieron fascinados por las posibilidades de la electricidad y el galvanismo, por la relación ánodo-cátodo, tradicionalmente considerados masculino y femenino respectivamente. Gógol equipararía la perfección formal de una obra teatral con el equilibrio anódico-catódico. Pushkin, en un ensayo publicado en 1830, arguyó que las partes constitutivas del lenguaje, representadas por los polos inertes de un circuito incompleto, alcanzaban la epifanía cuando el verbo masculino penetraba el sustantivo femenino.

Tiempo de bolcheviques: prohibiciones y necesidades

En 1908, el médico, filósofo y revolucionario Alexander Bogdánov (seudónimo de Alyaksander Malinovsky), haría historia con la novela Estrella Roja: aventura de un joven socialista bolchevique que viaja a Marte, invitado por marcianos como representante de la Tierra, donde conoce una sociedad precursora del comunismo. Notablemente visionaria para su tiempo, Estrella Roja plantea una sociedad con total igualdad de género, un lenguaje en el que no existen “masculino y femenino”, vestimenta unisex, procreación voluntaria y por consenso, educación comunitaria de niñas y niños, anticipaciones de inventos como la computadora, máquinas que identifican la voz, televisión tridimensional, el Skype, los anuncios espectaculares cinematográficos, y más. Después de las revoluciones de 1917, la novela sería reeditada varias veces, pero un rompimiento ideológico entre Bogdánov y Lenin sería insalvable, y durante décadas circularía únicamente en ediciones caseras “subterráneas” (samizdat).4

Pero, concentrándonos en 1917, ¿qué papel jugaría la fantasía científica en el nuevo mundo soviético, en el que los bolcheviques habían tomado el poder, imponiendo una visión marxista concebida originalmente para una sociedad industrial y no para una sociedad básicamente agrícola?5 ¿Cómo fue posible que floreciera de manera tan sorprendente la ficción científica, precisamente en donde menos se esperaría?

En noviembre de 1920, al aprobar el plan para la electrificación de la URSS, llamado GOELRÓ, primer plan soviético para el desarrollo económico nacional y modelo para los planes quinquenales que seguirían, Lenin expresó su famoso comentario: “Comunismo es igual al poderío soviético más la electrificación del país”.6

Antes, Trotski ya había hablado de la modernización en términos de “desarrollo combinado y desigual” y el mismo Lenin, en 1918, había expresado, en cuanto a las “tareas inmediatas del gobierno soviético”, que Rusia “debe adoptar todo lo que es valioso en los logros de la ciencia y la tecnología de Occidente”.

En el inmenso esfuerzo para colocar a la URSS al nivel de otros países ya industrializados destacarían dos objetivos iniciales: la electrificación de toda la Unión y la terminación del ferrocarril transiberiano, iniciado en 1891, que uniría Vladivostok, sobre la costa del Pacífico, con Petrogrado (después Leningrado, hoy San Petersburgo), frente al mar Báltico.

La URSS, con sus 150 millones de habitantes7 repartidos a lo largo de sus 11 husos horarios, se encaminaba ahora a presentarse ante el mundo como una entidad aparte, única, histórica, política y geográfica. Mas esa URSS, hacia el Este, salvando la barrera natural de los Urales, ya era Asia, y era prácticamente territorio desconocido para los rusos europeos. El reto era monumental, y la nauchnaia fantastika acompañaría durante décadas ese cometido, anticipando el avance tecnológico, sensibilizando a la población en una suerte de “pedagogía cultural” (Gramsci), aunque la larga y cruel consecución de la modernidad soviética costaría millones de vidas bajo la dictadura estalinista.

En 1922, con el establecimiento oficial de la URSS, apareció la censura, a través de la Glavlit. La censura afectaría absolutamente todas las artes, bellas, populares, incluso folclóricas y religiosas, incluyendo la ficción científica, que crecería como nunca, pero bajo diversos caveat. El control ideológico sería férreo. La ciencia ficción era necesaria, pero le quedaba proscrita toda asociación literaria con temáticas de horror, terror, fantasía, magia, cualquier intimación de lo “sobrenatural”, ucronías y universos paralelos, viajes en el tiempo y también la consideración de posibilidades de vida e inteligencia extraterrestre que tanto habían figurado en los inicios de la nauchnaia fantastika.

Las extrapolaciones y distanciamientos de la ficción científica no debían extenderse más allá de unos pocos años hacia el futuro. Los grandes vuelos imaginativos y las extrapolaciones utópicas quedaban acotadas, prohibidas; solo eran aceptables en cuanto ensalzaran los logros sociales, científicos e industriales soviéticos. Utopías moderadas, pues, realizables, inminentes en sus posibilidades, “a corto plazo”, . Distopías, de cualquier especie, no.

En 1923, Yevgeni Zamyatin, autor de la obra maestra satírica Nosotros, había reiterado la importancia que tendría la “Nueva Prosa Rusa” del siglo veinte, la nauchnaia fantastika:

La vida moderna ha perdido su realidad plana. Ya no se proyecta a lo largo de los viejos puntos fijos, sino en las coordenadas dinámicas de Einstein, de la Revolución, del avión. En esta nueva proyección, las fórmulas y los objetos mejor conocidos quedan desplazados, fantásticos, lo conocido–desconocido. Y estos nuevos faros se yerguen con claridad ante la nueva literatura: de la “vida diaria” a las “realidades del ser”, de la física a la filosofía, del análisis a la síntesis.

Hacia el deshielo de la imaginación

Pero Zamyatin, ingeniero naval que en Inglaterra había construido buques rompehielos para la URSS, cometió un error político: Nosotros predijo todos los horrores del estalinismo. Aunque apoyó la Revolución de octubre de 1917, pronto comenzó a criticarla. Su novela inspiró a George Orwell cuando escribió 1984, y Ursula K. Le Guin la considera representativa de lo mejor que existe en el género de la ciencia ficción. En el Estado totalitario de Nosotros, Estado Único del Gran Benefactor, las personas no tienen nombre, sino número. Los inconformes, los rebeldes, son sometidos a una cirugía que les extirpa la imaginación (el alma, el espíritu). Publicada en inglés en 1924, no circuló en la Unión Soviética hasta 1988, al darse el glasnost con Gorbachev. Probablemente, en 1921, solo la intervención de Maxim Gorki ante Stalin impidió que Zamyatin acabara en el cadalso o ante el paredón. Stalin le autorizó salir de Rusia, y moriría en París (1937). Nosotros es considerada la mejor de las tres distopías clásicas, con 1984 y de Un mundo feliz de Aldous Huxley. El título Nosotros viene de los objetivos de Alexei Gastev (Director del Instituto Central del Trabajo de la URSS), quien anticipaba que el trabajador del colectivo laboral soviético dejaría incluso de referirse a sí mismo como “yo” y que más bien acabaría diciendo “nosotros”.


Yevgeny Zamayatin, Nosotros.

Presencia inseparable pues, la ciencia ficción ha acompañado el desarrollo de Rusia, de la URSS y de la actual Federación Rusa, ininterrumpidamente, de mediados del siglo XIX hasta la actualidad.8 Pero hay que destacar especialmente el periodo de 1917 a 1941, cuando la URSS entró al conflicto mundial, ya que, como en ningún otro lugar del planeta, la nauchnaia fantastika representó una suerte de hoja de ruta en la búsqueda de la modernidad. Fredric Jameson, crítico y teórico literario marxista, ha explicado que, en vez de proyectar “un relato más ‘realista’ de nuestra situación” —en el contexto de Rusia— la ciencia ficción precedió sus objetivos en el más literal de los sentidos.

Tras la Segunda Guerra Mundial, siguió la censura. A la muerte de Stalin en 1953, la represión amainó un poco con el “deshielo” de Kruschev. Durante ese “deshielo” (inicios de los años 50 a principios de los años 60), precisamente en 1957, la ciencia ficción logró un avance histórico en la URSS con la novela Andrómeda: Un relato de la era espacial, de Ivan Yefremov, paleontólogo y escritor, quien se “atrevió” a presentar una utopía mil años en el futuro. La novela llegaría al cine en 1967.

Pero poco después, con Brehznev instalado como Secretario General del Partido Comunista de la URSS, la censura volvió a sentar sus reales. Habría que esperar la caída del muro de Berlín, la disolución de la URSS (26 de diciembre de 1991), la llegada del glasnost y de la perestroika, para que las cadenas y mordazas a las expresiones artísticas fueran desapareciendo. Tanto esta liberación como la reaparición arrolladora de la fantasía —proscrita durante toda la era soviética— como género competidor de la ficción científica sería, en todo caso, tema de otro artículo.

Bien que mal, cuarenta años después de la Revolución de octubre, el 4 de octubre de 1957, la URRS puso en órbita el Sputnik 1, el primer satélite artificial de la historia. El 3 de noviembre del mismo año, en el Sputnik 2, la perra Laika fue el primer ser viviente que alcanzó el espacio exterior. El 12 de abril de 1961, en la nave espacial Vostok, el primer astronauta, Yuri Gagarin, orbitó la Tierra en el primer vuelo espacial tripulado. El ser humano tocaba por fin el umbral del cosmos, haciendo realidad los sueños visionarios de Tsiolkovski.9

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

Bibliografía:

Robert B. Downs, Books That Changed the World, New American Library, 1956.

Peter Nichols, Editor, The Encyclopedia of Science Fiction, Granada Publishing Limited, 1981.

Isaac Asimov, Asimov on Science Fiction, Avon-Discus, 1982.

Yevgeny Zamyatin, We, Avon-Eos, 1999.

Fredric Jameson, Archaeologies of the Future – The Desire Called Utopia and Other Science Fictions, Verso, 2005.

Alexander Bogdánov, Estrella Roja, Editorial Nevsky Prospects, 2010. (Desafortunadamente, aunque puede leerse, esta edición contiene abundantes erratas y, comparando con la edición mencionada a continuación, omisiones de líneas enteras). Para quienes lean inglés, recomendamos Red Star. The First Bolshevik Utopia, Indiana University Press (1984), que además contiene dos narraciones complementarias: Engineer Menni (Ingeniero Menni) y A Martian Stranded on Earth (Un marciano varado en la Tierra).

Alexéi Tolstói, Aelita, Editorial Nevsky Prospects, 2010.

Anindita Banerjee, We Modern People – Science Fiction and the Making of Russian Modernity, Wesleyan University Press, 2013.

Alberto Pérez Vivas, Selección y traducción, Pioneros de la ciencia ficción rusa, Vol I, Vol. II. Alba Rara Avis, 2013 y 2015. (Incluyen obras de Bogdánov y Briúsov mencionadas en este artículo).

Isaiah Berlin, Pensadores rusos, Breviarios, FCE, 2014.

Yvonne Howell, Editor, Red Star Tales- A Century of Russian and Soviet Science Fiction, RIS Publications, 2015.

Boris Dralyuk, 1917 Stories and Poems from the Russian Revolution, Pushkin Press, 2016.

James Womack, Coordinación, Antología de la Ciencia Ficción Rusa y Soviética – Vol. 1: Del siglo XIX a la Revolución, Ediciones Nevsky, 2016 (Incluye obras de Odóievski, Tsiolkovski y Briúsov mencionadas en este artículo).


1 En Nexos, Rodrigo Negrete, “Moscú: El sonido y la furia,” octubre, 2017, p. 40, nota al pie 3: “¿Qué hacer?, uno de los textos fundacionales del leninismo toma su título de una de las novelas de este autor, en donde se esboza el perfil del revolucionario como un profesional duro y disciplinado”.  En Isaiah Berlin, Pensadores rusos, FCE, p. 398: “Su personalidad y su visión del mundo pusieron el sello a dos generaciones de revolucionarios rusos, uno de los cuales fue Lenin, que lo admiraba devotamente.” ¿Qué hacer? fue escrita por Chernishevski como respuesta a Padres e hijos de Turguéniev, novela considerada conservadora, supuestamente sin “postura ideológica” definida.

2 Mikhailo Mikhailovich Shcherbatov (1733-1790), ideólogo y principal exponente de la Ilustración rusa. Sus ideas siguen discutiéndose en la actualidad.

3 Valeri Y. Briúsov, del movimiento futurista, dejó un relato genial que podría haber sido escrito mañana: La República de la Cruz del Sur (1905): los pobladores de un próspero país en Antártida se ven aquejados por una plaga, demencia contradicens, cuyo efecto sobre el ser humano es trastornar la psique llevando a realizar actos exactamente contrarios a los deseados. La utopía de convierte en distopía, desaparecen los principios rectores de una sociedad tecnológica —regulación, coordinación y jerarquía— y los obreros y ciudadanos, sin lazos emocionales que los controlen, se aniquilan en un aquelarre genocida. La novela Aelita de Alexéi Tolstoi (1922) sigue leyéndose hoy. Filmada en 1924, es un clásico pionero del cine de ciencia ficción: cuenta la historia de amor entre un terrícola y una reina marciana en el marco de una revolución comunista en el planeta rojo (https://www.youtube.com/watch?v=je1bIhS-7G8). A la fecha, siguen circulando clásicos como Descompone-Repara (1924) y Laura Lane, Obrera metalúrgica (1925) de M. Shaginyan; Amo de hierro de V. Katayev (1924), y la más famosa de la época, La caja de la muerte, de A. Tolstói (1926). La euforia revolucionaria llevaba a los autores especulativos a explayarse en torno a la expansión del hombre comunista, el homo sovieticus, sobre la Tierra y hacia los cielos.

4 Fundador, con Lenin, de la facción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, hasta que Lenin lo expulsó en 1909. Como respuesta a los planteamientos de la novela Estrella roja, Lenin escribió Materialismo y empiriocriticismo.  Tras el rompimiento con Lenin, sin abandonar sus ideas marxistas, Bogdánov se dedicó principalmente a investigaciones médicas. Crearía una filosofía, la tectología, que buscaba unificar todas las ciencias. Anticipó ideas que después concretaría Norbert Weiner, “Padre de la cibernética”, y que también llevarían a la Teoría de sistemas. Obsesionado con la búsqueda de una posible “inmortalidad” mediante transfusiones de sangre (que figuran en Estrella roja), falleció durante un experimento sobre sí mismo, precisamente de transfusión sanguínea. En Estrella roja, también, denuncia la obsesión bolchevique con el taylorismo aplicado a Rusia, que Alexei Gastev, pionero de la administración científica soviética, llevaría a su máxima expresión, buscando convertir al obrero ruso en obrero-máquina. En plena era estalinista, la expresión final de esta obsesión sería el estajanovismo.

5 Isaiah Berlin, en Pensadores rusos (p. 394, nota 1) cita a Franco Venturi, autor de Il Populismo Russo: “…en cuanto a la industria, la proporción de obreros de las ciudades con la de campesinos era de 1:100. Dadas estas cifras, quizá no sea sorprendente que Marx haya declarado que sus pronósticos se aplicaban a las economías occidentales, y no necesariamente a la de los rusos, aun cuando sus discípulos rusos pasaron por alto esta concesión.”

6 En 1919, un comisario del gobierno bolchevique señalaba que el número de centrales generadoras de energía eléctrica en Rusia y EE. UU. era 220 y 5,221, respectivamente. (Ver We Modern People, p. 90)

77 Poema de Mayakovski, 150 000 000 , publicado anónimamente en 1921, que no impresionó a Lenin, quien lo consideró un pretencioso experimento del colectivo futurista. Mas en cuanto a la población de la URSS, el dato era correcto.

8 No abundan cifras concretas sobre publicaciones de nauchnaia fantastika. Las entradas actuales de Rusia y de Unión Soviética en The Encyclopedia of Science Fiction (hoy disponible solo en línea), no las mencionan. Pero en la edición de 1981, en papel (pp. 511-512), varios datos nos dan una idea de la popularidad y presencia continua del género: al llegar la década de 1980 se publicaban tres millones de ejemplares de libros de ciencia ficción anualmente. Desde 1917, se habían publicado 1,624 títulos nuevos, de los cuales 1,000 correspondían a años posteriores a 1958.

9 Isaac Asimov, notable autor de ciencia ficción estadounidense, nacido en la Unión Soviética pero emigrado a los 5 años a EEUU y nacionalizado ahí, en plena Guerra Fría y, por lo mismo, algo prejuiciado por la inevitable propaganda mutua de aquellos años, ignorando probablemente el gran corpus histórico de la nauchnaia fantastika, escribió sin embargo (a los 43 años de edad, en Asimov on Science Fiction p.142): “…si quedara cualquier duda de que la Unión Soviética estaba orientada a la ciencia ficción antes de que el Sputnik 1 resonara como una alarma en la noche, con toda seguridad, después, ya no existiría duda alguna”.

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