Con motivo de los 190 años de su nacimiento, el siguiente ensayo revisa con erudición y gran acopio de datos la figura entrañable de Julio Verne a la luz de la actualidad. En el caso de autores tan leídos, la fama, la multiplicación de traducciones o adaptaciones equívocas y de lecturas sesgadas pueden ser un obstáculo para quien quiera verdaderamente valorar y acercarse a su obra. Una obra infinita que sobrepasa, por mucho, esa cualidad prejuiciosa de “literatura juvenil”.

Durante breves instantes, tenía el aire atento y febril
de un niño que lee una novela de Julio Verne.
—Marcel Proust

¡Pídame mi vida pero no me pida que
le preste un libro de Julio Verne!
—Raymond Roussel

 

Hace 190 años, un 8 de febrero como hoy, en Nantes, vio la luz un tesoro nacional de Francia y una suerte de tesoro universal para la especie humana. Decimos esto porque la UNESCO clasifica a Julio Verne como el segundo autor más traducido de la historia, con más de 4 mil 700 traducciones en 150 idiomas del orbe.1

Se antoja faena imposible hablar de Julio Verne en este espacio reducido, pero comencemos enfatizando que el creador del Capitán Nemo no fue un científico, ni tampoco un “profeta”. Su fama y fortuna nacen de su talento como novelista, pero en el curso de ese quehacer al que dedicó más de cuarenta años de su vida también resultó ser un poeta de la ciencia.

Nacido y criado en un entorno burgués, hijo de un reconocido abogado y una madre conservadora, perteneciente a una familia de navegantes y armadores, Julio tuvo tres hermanas y un hermano, Paul, quien sería marino y por quien siempre sintió un afecto especial.  A los 11 años de edad se dio un episodio —hoy considerado más leyenda que hecho real— mil veces comentado en sus biografías: supuestamente porque quería conseguirle un collar de coral a su prima Caroline Tronson, Julio se embarcó como polizón en el Coralie, con destino a las Indias Occidentales, pero fue descubierto y devuelto a su padre, quien lo tundió con su canne, que en México quizá hubiera sido una vara de membrillo. Fue entonces cuando el futuro autor de La vuelta al mundo en 80 días habría dicho: Je ne voyagerais plus qu’en rêve (“No volveré a viajar más que en sueños”).

De vuelta al proverbial redil burgués, Julio Verne estudia Derecho y se titula, pero rebelándose contra la autoridad paterna no ejerce la abogacía. Viviría una auténtica crisis emocional cuando su prima Caroline, el primer y quizá único amor de su vida, lo abandona para contraer matrimonio. Julio acabará desposando a una joven viuda, prima de Carolina, madre de dos hijas. Con ayuda financiera de su padre —“desesperadamente” paciente— trabaja como corredor de bolsa y le va bien. Pero en el fondo desea ser poeta, escritor y sobre todo dramaturgo. Como tal, alcanzó intimaciones de éxito con obras teatrales de bulevar (una de ellas llega a 12 representaciones en un teatro de Dumas padre). Ya con obligaciones como jefe de familia, también decide probar suerte como novelista. Ya había publicado algunas narraciones —entre ellas Un drama en México—,2 cuando conoce al autor y editor Pierre-Jules Hetzel, empresario establecido, quien le recomienda reescribir un texto sobre la exploración de África, novelizándolo. Verne cumple y entrega Cinco semanas en globo y, “lo demás es historia”.

Cinco semanas en globo apareció en 1863, cuando Verne tenía 35 años. Desde entonces hasta unos años antes de su muerte en Amiens en 1905, a los 77 años, firmaría más de cien obras: novelas, cuentos, ensayos, textos escolares oficiales y de consulta, obras teatrales y musicales. Las que le dieron fama y fortuna aparecieron seriadas —a partir de Aventuras del Capitán Hatteras3 en el Magasin d’éducation et de récreation (Almacén de educación y de recreación, 1864), publicación de Hetzel, que se estrena con Verne y que él llegaría a codirigir. Son las novelas reunidas bajo el título Voyages Extraordinaires: 62 creaciones en total —algunas listas incluyen unos cuantos títulos más— de las cuales unas 20 son novelas científicas, de extrapolación, que le han valido el epíteto de “Padre de la ciencia ficción”.4

Pero, mirando atrás al siglo que dio al mundo a Tolstoi, Dostoievski, a Dickens y George Eliot, a Balzac y Flaubert, ¿dónde posicionamos a Julio Verne?

A 25 años de la muerte de Verne, en 1930, Antonio Gramsci escribiría en Cuadernos de la cárcel: “…la ciencia ha superado a Verne y sus libros no son más que ‘excitantes psíquicos’”. André Maurois, en Mágicos y lógicos (1935), apuntaría también: “Julio Verne no deseaba probar nada”. Por su parte, Jorge Luis Borges, en Otras Inquisiciones (1952), definió: “…Verne, un jornalero laborioso y risueño. Verne escribió para adolescentes”.

Estos tres autores no yerran. Pero hoy, a la luz de estudios críticos de décadas recientes, parecería válido reconsiderar parcialmente esas opiniones. Por otra parte, los tres hacían comparaciones —válidas también— entre Julio Verne y otro autor, H. G. Wells, igualmente pionero de un nuevo género literario, prácticamente inventado por ellos dos: Verne, con la espléndida Viaje al centro de la tierra (1864) y De la tierra a la luna (1865), y Wells, a partir de la siempre asombrosa La máquina del tiempo (1895), y La isla del Doctor Moreau (1896).5

 

James Mason también interpretaría al Capitán Nemo.

 

Borges detalla lo siguiente: “…las ficciones de Verne trafican en cosas probables (un buque submarino… el descubrimiento del polo Sur, la fotografía parlante…); las de Wells en meras probabilidades (un hombre invisible, una flor que devora a un hombre, un huevo de cristal que refleja los acontecimientos de Marte), cuando no en cosas imposibles: un hombre que regresa del porvenir con una flor futura…”.6

Como mencionamos, a mediados del siglo pasado comenzó a darse una revaloración profunda de la obra de Verne que incluyó —entre otros— estudios críticos de Michel Serres, Roland Barthes y Michel Butor: el acceso a diarios y correspondencia, la revisión de las autorías reales de su extensa bibliografía,7 incluyendo el descubrimiento de materiales inéditos que no pudieron conocer Gramsci, Maurois o Borges, permitieron reconsiderar la vida y la obra del autor francés más leído en el mundo.8

Dentro de sus obras consideradas como ciencia ficción, Verne escribió sobre todo extrapolaciones —proyecciones imaginativas de futuros cercanos al momento que él vivía— en las que incorporaba con entusiasmo y precisión el estado de las ciencias y de la tecnología real o ya vislumbrada de su tiempo. Pero, apenas en 1994 se publicó una legendaria novela “perdida”, Paris au XXe siècle (París en el siglo XX), descubierta en 1989 por el tataranieto del autor, en la que auténticamente Verne anticipaba, ya un siglo el futuro, en lugar de solo extrapolar.

Lo significativo del caso es que Verne escribió esta novela en 1860, y se la presentó a Hetzel en 1863, justo cuando éste publicaba Cinco semanas en globo. ¡Pero Hetzel la rechazó por descocada e inverosímil!, pidiéndole a Verne que la retomara unas décadas después. Muy astutamente, Hetzel ya reconocía que en Verne tenía un cheque en blanco y no quería sabotear la “lluvia de oro” que se veía venir. Esta novela tan temprana, largamente considerada “desaparecida”, brindó una perspectiva diferente y nueva, a posteriori, sobre Verne y el conjunto de su obra, como comentaremos más adelante.

Otro dato que en retrospectiva resulta importante: si bien en su juventud Verne fracasó como autor de obras teatrales de bulevar, una vez encumbrado por el fabuloso éxito de los Viajes extraordinarios, volvió al teatro décadas después, ahora sí, con enorme fortuna. Obras basadas en Miguel Strogoff, La vuelta al mundo en 80 días9 y Los hijos del Capitán Grant, abarrotaron teatros parisinos e hicieron giras triunfales por toda Francia e incluso en el extranjero. Y se ha dicho que Verne nunca fue más autor de ciencia ficción que, precisamente, en una de esas obras de teatro, firmada al alimón con Adolphe d’Ennery: Voyage à travers l’Impossible (Viaje a través de lo Imposible), en la que el Capitán Nemo —el personaje cumbre de Verne— mostraba una metamorfosis que lo desafía todo. Traduzcamos un monólogo fulminante de esta encarnación teatral:

—¡Ah! ¡La admirable civilización! ¡Y sobre cuán inamovibles bases descansa esta sociedad moderna que le arrebata a los desheredados de este mundo la esperanza de un mundo mejor! Pero si no existe más vida que la vida terrestre, si no hemos de esperar ni castigos ni recompensas a futuro, la virtud es un engaño, y en cuanto al crimen, no se trata más que de saber hábilmente sustraerse a la ley. Y por mucho que tengan a la cabeza del Estado algunos dignos y honestos gobernantes practicando una dulce filosofía burguesa y que se complacen en conmutar las penas pronunciadas por la Justicia, verán ustedes a los criminales envalentonados multiplicarse sin descanso, y, siendo que el asesinato no sea más castigado que el robo, los ladrones se volverán asesinos, y los asesinos se dirán: “Podemos matar sin temor; ¡no nos matarán! Podemos degollar sin remordimientos, los remordimientos son una palabra vana, ¡porque Dios no existe!”.

Al respecto, Christian Chelebourg comenta, en el prefacio a la edición de Vingt  mille lieues sous les mers, que “estas palabras son de un burgués que habría leído a Sade, lo hubiera entendido y en consecuencia se habría espantado en demasía…”. De hecho, Verne acabaría modificando la obra, para volverla más aceptable para el público general. Chelebourg menciona también lo que llama la poesía verniana, e incluso sugiere leer los típicos pasajes científicos del autor, describiendo floras y faunas o el reino mineral, ¡en voz alta!

 

Aunque “sin dientes”, Méliès filmó una adaptación de Voyage à travers l’Impossible, en 1904.

 

Entonces, intentando ubicar a Verne en una dimensión equilibrada, razonable, a la luz del panorama de la ciencia ficción actual, y no de la que precisamente inventaban a fines del siglo XIX el propio Verne y Wells, ¿qué podríamos responderle a los tres autores citados supra?

Chers MM.: además de “excitantes psíquicos”, ¿se vale pensar en “estímulos para acrecentar la curiosidad y fomentar la búsqueda del conocimiento”? Y si “Verne no deseaba probar nada”, ¿vale decir también que, a veces, sí señalaba y denunciaba lo que veía a su alrededor? En efecto, Verne era “risueño y laborioso”, pero no siempre tan “risueño”; y sí, “escribía para adolescentes”, pero tampoco exclusivamente; y, extrapolando un poquito, ¿no escribía “para adolescentes”, sabiendo que un día serían adultos?10

Hacia 1872, Verne diría: “El gran pesar de mi vida es que nunca me tomó en cuenta la literatura francesa”. Y agregaría: “Siempre hice investigaciones sobre el estilo [literario] pero eso nunca me fue reconocido”.11 Al igual que sucedió con su mentor en el teatro y la novela, Alejandro Dumas, padre, su éxito comercial le negó el reconocimiento oficial de sus pares.

Sin embargo, la prodigiosa mecánica de sus narraciones, su singular imaginación, afectaron a incontables escritores y siguen haciéndolo en la actualidad.  En vida suya, Verne sería apreciado por Villiers de l’Isle Adam, Huysmans, Leon Bloy y Mallarmé. Ese genio precoz, cumbre de la poesía francesa, Arthur Rimbaud, quedó ensoñado al leer 20 mil leguas de viaje submarino, y de su pluma, a los 17 años, nacería El barco ebrio…

En este intento por valorar la presencia de Julio Verne en la actualidad, también es necesario recordar que, a partir de los años 1950, cuando sus obras pasaron al dominio público, se desató a nivel mundial la correspondiente depredación de sus creaciones que no favorecieron a Verne por dos factores: las traducciones de sus obras, demasiadas veces hechas con mínimo o ningún respeto por los originales;12 y una abundancia de películas basadas en sus novelas, que en su mayoría distorsionan las intenciones originales del autor, aunque bien que mal, pueden contarse algunas excepciones…

También se disparó entonces la moda comercial de hablar exageradamente de Verne como “profeta del futuro” o “el hombre que vio el mañana”. Muchos documentales han seguido con poca vergüenza esta línea sensacionalista, incluyendo la serie de 8 capítulos Profetas de la ciencia ficción, de Discovery Channel, producida por el afamado director Ridley Scott.13

Finalmente, aunque parezca increíble, hoy Verne sigue siendo una figura elusiva. ¿Era racista, o no? ¿Era un burgués con aspiraciones aristocráticas o un revolucionario subterráneo?  Su biografía aún tiene grandes “misterios sin resolver”. ¿Se puede hablar de posibles inclinaciones o episodios homosexuales? ¿Denunciaba atrocidades del colonialismo británico, pero se hacía de la vista gorda ante las depredaciones del colonialismo francés? ¿Era católico, panteísta, deísta, ateo o agnóstico?14 ¿Fue un misógino o, al contrario, en el contexto de su época, fue precursor del feminismo? Sobre este punto, aunque hay grandes personajes femeninos en muchos Voyages extraordinaires, solo una novela suya lleva por título el nombre de una mujer: Mistress Branican. Y solo ésta y la excéntrica exploradora de El país de las pieles figuran realmente como personajes principales de la acción.

Pero leer Mistress Branican, hoy en día, es en sí una suerte de revaloración de Verne. Desmiente el lugar común de que Verne era misógino. Deja en claro que, para él en concreto, la inteligencia no tiene sexo. Dolly Branican (Dorothée-Dorotea), californiana de ascendencia española-mexicana, es un portento, un personaje que, en una narrativa que abarca 20 años y concluye en los eriales desérticos de Australia, recorre arcos de 180 grados en crisis emocionales, vivenciales y morales, superándolo todo; una creación singular. Dorotea no le pide nada al más cerebral, bizarro y aventurero varón del universo Verne.15

A nuestro parecer, en Una lectura política de Julio Verne, Jean Chesnaux logra a una óptima definición del enigma que sigue siendo Julio Verne.  Resume “las tendencias objetivamente subyacentes en todo el ciclo de los Voyages extraordinaires, a saber, la tradición del 48 [la segunda República francesa], el eco del socialismo utópico [sansimoniano] y el individualismo libertario…”. El sansimonismo de la visión política inicial de Verne, plasmada por ejemplo, en La isla misteriosa, o en Las indias negras, en el desarrollo de una sociedad humana fraternal, apoyada por las máquinas y la tecnología, para mejorar las condiciones de su vida, irá dando paso en Verne (entre 1880 y 1895), según Chesnaux, al reconocimiento de la dominación de la ciencia por el dinero, a la degradación de las sociedades humanas y a la perversión de la ciencia, patentes en la ficción política de La impresionante aventura de la misión Barsac. Al paso del imperialismo, “el presente” invade esta obra de Verne; se manifiesta sin máscaras el dominio, despiadado, deshumanizante, de lo que hoy llamamos el “complejo militar-industrial”, impulsado por los bancos y círculos financieros encarnados, por ejemplo, en los billonarios personajes prepotentes y finalmente autodestructivos de La isla flotante.

Pero Chesnaux escribió Una lectura política… en 1973, antes de que se descubriera la novela “perdida” Paris au XXe siècle. Y, como señala Gondolo Della Riva, uno de los más dedicados estudiosos de Verne, la aparición de esta novela volvería a poner en duda consideraciones heredadas sobre el autor. La novela, rústica en su ejecución pero no en los alcances que deseaba plasmar su narrativa, describe un París en 1960 en el que solo vale el dinero y el sometimiento a la maquinaria tecnológica de una sociedad opresiva y enajenante, aceptada implícitamente por sus habitantes.16 La novedad, entonces, sería que ya desde 1863, cuando su obra más anticipatoria fue rechazada por Hetzel, Verne habría percibido los fatales bemoles del otrora esperanzador progreso científico proclamado por la Ilustración, y habría meditado sobre lo que seguiría luego de la Revolución industrial, ya no tan garante del bienestar futuro y de la felicidad humanas. Y Verne no “veía el futuro”. No; todo ya ocurría en su tiempo. Sin embargo, fiel al entorno burgués en el que nació, recordando quizá a Voltaire, Verne se dedicaría, a fin de cuentas, a trabajar y a “cuidar su jardín”. Una carta citada por Chesnaux, menciona que a Verne le gustaba llamarse “el más desconocido de los hombres”.

Elusivo pues, contradictorio, paradójico y misterioso, Julio Verne sigue presente, ubicuo, en el mundo entero; en Francia, desde luego, donde el presidente invita a selectos dignatarios extranjeros a cenar al restaurante Jules Verne de la Torre Eiffel, o quizá se presenta a entregar el Trophée Jules–Verne al ganador en turno de la prueba de yates veleros que circunnavegan la Tierra, partiendo de y volviendo al puerto de Ouessant tras recorrer 40 mil 300 kilómetros.17

 

Mapa del recorrido del Trofeo Julio Verne, fuente: Wikimedia.

 

En una década se celebrará el 200 aniversario del nacimiento de Julio Verne. Seguirán dándose estudios críticos, marxistas, freudianos o pos-freudianos, estructuralistas o posestructuralistas, desde perspectivas poscoloniales, de estudios culturales o el feminismo. Por ahora, celebramos, sencillamente, un dicho de Verne sobre sus obras: “El lector supondrá lo que quiera según su temperamento”. Y una propuesta de Jean Chesnaux: realizar en sus novelas científicas “una lectura autónoma”. Para nosotros, el encanto original de sus novelas sigue intacto. El Capitán Verne espera, el Nautilus está a punto de zarpar. Si gustan ustedes, sean bienvenidos a bordo, y no olviden su globo terráqueo, su mapamundi o, en su defecto, su Smartphone, para hacer consultas geográficas en Google…

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

 

Bibliografía comentada: las malas traducciones de Verne

• Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel 4: Literatura y vida nacional, Juan Pablos Editor, 1998.

• André Maurois, Mágicos y lógicos, Plaza y Janés, 1961.

• Jorge Luis Borges, Inquisiciones / Otras inquisiciones, DeBolsillo, 2014.

• Roland Barthes, Mitologías, Siglo XXI Editores, 2016.

• Jorge A. Sánchez, El mundo de Julio Verne, Centro Editor de América Latina, 1980.

• Jean Chesnaux, Una lectura política de Julio Verne, Siglo XXI Editores, 1973. Título por título, analiza el contexto político de 63 obras principales.

• Jean Gattégno, La ciencia ficción, México, FCE, 1985.

• Isaac Asimov, Isaac Asimov on Science Fiction, Avon Discus, 1982.

• Franz Born, The Man Who Invented the Future: Jules Verne, Scholastic Book Services, 1971.

• Jules Verne, Oeuvres Complètes, Arvensa Éditions, Epub.
A un precio irrisorio, una excelente recopilación digital. Con más de 5 mil ilustraciones de las ediciones originales, los Voyages extraordinaires íntegros, cuentos, novelas cortas, obras de divulgación escritas para el sistema educativo francés, obras de teatro, poesía, discursos, biografías, reportajes de la época y más. Falta Paris au XXe siècle.

—, Vingt mille lieues sous les mers, Le Livre de Poche, 1990, Préface de Christian Chelebourg.

•—, Paris au XXe siècle, Le Livre de Poche, 1994, Préface et établissement du texte: Piero Gondolo Della Riva.

•—, París en el Siglo XX, Grupo Editorial Éxodo, 2015.
La traducción –sin crédito– no es muy afortunada; omite el epígrafe de Paul-Louis Courier, altera tiempos, traduce “cinquante ans” como “cinco años” en vez de “cincuenta años”, y en muchas instancias tergiversa más o equivoca el texto original.

•—, El Chancellor y Un descubrimiento prodigioso, RBA Coleccionables, 2015.
Un descubrimiento prodigioso, equivocadamente atribuida a Julio Verne hasta 1966, fue escrita en realidad por François-Armand Audoin (uno de muchos competidores de Verne). Aunque este tomo reproduce una edición original de Hetzel, la segunda obra no debería figurar en él. Esta edición, razonablemente traducida, tiene sin embargo errores garrafales: en El Chancellor, equivocadamente, traducen Thomas Moore (el poeta irlandés) por “Tomás Moro” (el autor de Utopía), p. 21. En el mismo Cap. V, p. 22, falta una de esas frases típicas del mejor Verne, en el penúltimo párrafo, cuando habla del tiempo: “–ese principio del trabajo de la naturaleza–“. Esta colección, con magnífica presentación, que circula actualmente en México, aparentemente con gran éxito, no incluye créditos de traducción.

•—, Los amotinados de la Bounty – Mistress Branican, Editorial Porrúa, 1988.
Los amotinados… es una de las obras llamadas “pre-vernianas”, anteriores a los Voyages Extraordinaires. La traducción sin crédito, como suele darse en la colección “Sepan Cuantos…”, es respetable, fiel al texto original.

•—, El país de las pieles, Editorial Porrúa, 1987.
Algunas ediciones de Verne en “Sepan Cuantos…” incluyen breves y lúcidos prólogos de María Elvira Bermúdez, la abogada mexicana y autora pionera de la novela policiaca en nuestro país. Otras ediciones, como Miguel Strogoff, incluyen una biografía corta, que revela lo bien que conocía Doña Ma. Elvira a Julio Verne.

•—, Voyage au centre de la terre, Livre de Poche, 1983.

•—, Viaje al centro de la Tierra, Editorial Porrúa, 1986.
Una traducción decorosa, fiel al original, con docta nota de Ma. E. Bermúdez.

•—, Journey to the Center of the Earth,  Scholastic Book Services, 1965. Prueba palmaria de las conocidas quejas de Michael Crichton y Adam Roberts sobre muchas traducciones de Verne al inglés. En esta edición la obra está reescrita y alterada al gusto de lo que Scholastic debió considerar como comercial. Ni siquiera respetan el nombre del protagonista: ¡el Profesor Lidenbrock queda convertido en “Profesor Hardwigg” y su sobrino Axel se llama “Harry”!

•—, Escuela de robinsones, Akal bolsillo, 1981. Excelente traducción del laureado Mauro Armiño, quien además traslada al español la disposición ortotipográfica del original francés. En un mundo ideal, Mauro Armiño sería quizás el erudito indicado para traducir y editar los Viajes extraordinarios en su totalidad.


1 Index translationum.

2 También conocida como Los primeros navíos de la marina mexicana, cuento largo anterior a su asociación con Hetzel.

3 Como plan de batalla editorial (y de negocios), Hetzel escribió un prólogo para Las aventuras del capitán Hatteras, presentando a Verne así: “Las obras ya aparecidas y aquellas que aparecerán constituirán en su conjunto el plan que se ha propuesto el autor al dar a su obra el subtítulo de Viajes en los mundos conocidos y desconocidos. Su objetivo, en efecto, consiste en resumir los conocimientos geográficos, geológicos, físicos y astronómicos elaborados hasta ahora por la ciencia moderna y rehacer, bajo la atractiva forma que le es propia, la historia del universo”.

4 En realidad, el término ciencia ficción aparecerá hasta entrado el siglo XX, en 1926 y en EE.UU, con Hugo Gernsback, quien en la revista Amazing Stories primero concibió el término “scientifiction”, que luego se convertiría en science fiction. Por ello las obras de Verne eran llamadas originalmente novelas científicas, y las de H.G. Wells scientific romances, no en la acepción de romance como “historias de amor”, sino en la tradición británica del romance, género clásico de aventuras en el que destacaban Walter Scott y Robert Louis Stevenson.

5 Para Isaac Asimov, precedida por algunas obras —más góticas que científicas— de Edgar Allan Poe, la primera novela de ciencia ficción es Frankenstein de Mary Shelley (1818). Julio Verne es el primer escritor de ciencia ficción, y H.G. Wells, el creador del breakthrough que consolidó definitivamente al género.

6 Jean Gattégno, comparando a Verne con Wells, explica: “Con Verne nos hallamos en los antípodas de lo fantástico: todo es explicable, y nada es imposible en tanto la ciencia no lo haya prohibido… Con Verne no es tanto la anticipación (el término francés, como vemos, falsea las cosas al pretender cambiar en profecías lo que es descripción intemporal) la que nace, como la maravilla científica”.

7 Ha quedado claro que algunas obras anteriormente atribuidas a Julio Verne fueron realmente reescritas, terminadas, adaptadas de ciertos textos o realizadas en su integridad por su hijo, Michel Verne. Entre estas obras están varias de importancia para la exégesis verniana, como son El eterno Adán (incluido en Hier et demain, 1910), El faro al fin del mundo y La impresionante aventura de la misión Barsac (1920), auténtica novela de política ficción, de ficción sociológica, último título de los Viajes extraordinarios. La relación entre Julio y Michel fue difícil e incluso tormentosa, pero a la muerte de su padre, Michel se mostró, si no a la altura de su progenitor, digno de su apellido.

8 En realidad, el público de Verne siempre fue amplio: empieza publicando en el Journal des Débats, publicación para adultos, sigue en Musée des Familles, y luego en el Magasin… con una estrategia editorial y comercial diseñada primero por Hetzel, y después por ambos, para un público mayoritariamente adolescente. Pero las novelas que aparecen seriadas primero luego se editan en libros que serán leídos por ministros, reyes, el emperador de Japón, e incluso el Papa León XIII, quien le concedió audiencia a Verne cuando —en su tercer yate— realizaba con su hermano Paul una travesía mediterránea. Brian Aldiss (1925-2017), escribió en su estudio pionero del género, A Billion Year Spree, de 1973: “…fue el primero y último autor (de ciencia ficción) en ser bendecido por el Papa”.

9 La resonancia que tuvo a nivel mundial esta novela fue realmente increíble. Nellie Bly, una periodista estadounidense que a los 21 años de edad tuvo que huir de México por criticar al régimen de Porfirio Díaz en 1885, emprendió después un viaje alrededor del mundo, imitando al protagonista de la novela, y lo concluyó en 72 días en vez de 80. También visitó a Verne en Francia donde platicarían de su hazaña.

10 En general, se habla más de Verne, equivocadamente, como autor para niños y adolescentes, o como “profeta” u “oráculo sibilino”, que como el gran divulgador de las ciencias que fue en realidad. Es imposible listar a quienes, en su infancia o adolescencia, se vieron motivados hacia las exploraciones y las ciencias por la lectura de sus obras: exploradores como Scott y Amundsen, pioneros de la cohetería como Tsiolkovsky y Goddard. A este respecto, Verne fue al siglo XIX lo que serían un Isaac Asimov o un Carl Sagan para el siglo XX.

11 La Academia Francesa no reconoció a Verne, pero en 1892 fue condecorado con la Legión de Honor por sus aportaciones a la cultura nacional, a instancias de Lesseps, el ingeniero creador del Canal de Suez. Con típico humor verniano, en Le Chancellor, Cap. XVIII, Verne escribió: “…con el canal de Suez, el continente africano se ha convertido en una isla”.

12 Autores contemporáneos de ciencia ficción como Michael Crichton y Adam Roberts han expresado su indignación ante la pésima calidad de las traducciones de Verne al inglés. Al respecto, Roberts publicó una nota en The Guardian.
Por su parte, Crichton conocía bien a su Verne. Hay una clara conexión que va de Viaje al centro de la tierra, pasando por la ciencia ficción de Edgar Rice Burroughs y de Arthur Conan Doyle para llegar a Jurassic Park. En cuanto a traducciones de Verne al español, véase la bibliografía comentada.

13 El capítulo dedicado a Verne decepciona. No queda debidamente establecido que Verne se basaba en lecturas exhaustivas, minuciosas, de cuanto se publicaba sobre ciencias en su época, y que se apoyaba en astrónomos, matemáticos y muchos otros auténticos especialistas. La imagen que se trasmite de Verne es casi de “vidente con poderes sobrenaturales”. El programa resulta exagerado, empalagoso, y subvierte lo que debería ser una visión clara y equilibrada de la ciencia ficción verniana (y del género literario en general). De hecho, prácticamente todos los inventos que figuran en las novelas de Verne ya existían en la realidad, y muchos de ellos, como el submarino, desde hacía más de cien años.

14 Verne manejó siempre los conceptos de “buen salvaje” y “mal salvaje”, pero en sus descripciones de villanos, por ejemplo, era igual de incisivo si eran europeos o aborígenes. Metódicamente denunciaba los genocidios decimonónicos de razas indígenas. Nunca negó la cruz burguesa de su parroquia, pero veía con buenos ojos muchos movimientos revolucionarios y anticolonialistas que describió en sus novelas. Sobre su posible homosexualidad, todo queda “sin resolver”, aunque Jorge A. Sánchez menciona la posibilidad de que los dos tiros de revólver que le dio a Verne en 1886 su sobrino Gaston (hijo de Paul, y quien pasaría el resto de sus días en un asilo), posiblemente estuvieran relacionados con esta suposición. Otros dicen que lo único que quería Gastón era más dinero. En cuanto al colonialismo, aunque sí era patente en Verne cierto sentimiento antibritánico, también criticó otros imperialismos, incluyendo el francés. Con respecto a la religión, en las novelas de Verne están presentes los sentimientos religiosos, pero no las instituciones.

15 La otra destacada heroína verniana es Paulina Barnett, “inglesa del condado de York, provista de cierta fortuna, cuya mayor parte se invertía en expediciones aventureras”, cuya saga se da en los helados paisajes lindantes con el Círculo ártico. Al proseguir su descripción, aludiendo a exploradores anteriores, todos hombres, Verne se pregunta: “¿Cómo una mujer osaba aventurarse ahí donde tantos exploradores habían retrocedido o perecido? Pero la extranjera, confinada en ese momento en el Fuerte Reliance, no era, en esa perspectiva, una mujer: era Paulina Barnett, laureada de la Sociedad Real.” Al final de esta novela, entre las más logradas de Verne, los varones le deberán sus vidas a un trío de mujeres: Paulina, su dama de compañía Madge, y la impertérrita esquimal, Kalumah.

16 En cuanto a extrapolaciones, y anticipación, la novela habla de varios adelantos tecnológicos, pero todos estos inventos ya existían o estaban prefigurados cuando escribía Verne, como los vehículos motorizados, los facsimilares transmitidos por cable y la producción industrial de papel a partir de pulpa de árboles. Lo que Verne analizaba era cómo la tecnología podría enajenar a la sociedad, destruir y corroer el espíritu del individuo, negando además la utilidad y el valor de los clásicos y de las artes.

17 En 2017, la tripulación del yate ganador circunnavegó el planeta en 40 días, 30 horas, 30 minutos.

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Un día como hoy, pero de 1920, nació un autor fundamental para el desarrollo de la ciencia ficción mundial. Hemos querido comenzar el año con un recuento preclaro de su vida y obra, marcados claramente por una pasión desenfrenada: las posibilidades humanas del desarrollo técnico y científico. Uno de los grandes aportes de Asimov es el término “robótica”, de la que conformó Tres Leyes imprescindibles, que ha tomado tanta importancia en el siglo XXI. Pero sus ideas e imaginaciones, desde la invención narrativa de nuevas sexualidades hasta la divulgación de cantidad de temas y asuntos científicos rebasan cualquier intento de resumen, como se comprueba en los párrafos siguientes. Incluimos, además, una exquisita bibliografía comentada.


A la humanidad y a la esperanza de que, a pesar de todo, la guerra contra la locura pueda ser ganada algún día.
—dedicatoria del autor en Los propios dioses.

Contra la estupidez, los propios dioses contienden en vano.
Juana de Arco, obra teatral de Federico Schiller,
de la que Asimov tomó el título para su novela.

 

Autor del mejor cuento de ciencia ficción de todos los tiempos, Isaac Asimov, el “Buen Doctor” —como llegó a ser apodado por sus legiones de lectores—, dijo alguna vez que sólo reconocía a dos intelectos superiores al suyo: el astrofísico Carl Sagan y el especialista en ciencia cognitiva y pionero de la inteligencia artificial Marvin Minsky.

Siempre polémico, siempre controversial, “infumable”, presumido y pre-potente para algunos, genialmente bienhumorado, autocrítico y de penetrante claridad para muchos más, el asombrosamente prolífico escritor Isaac Asimov —licenciado y maestro en química y doctor en bioquímica— es figura inseparable de la historia de la ficción especulativa mundial y de la literatura de divulgación del siglo XX.

Hoy, hace 97 años, nació (“oficialmente”) Isaak Ozimov en Petrovichi, República Federativa Socialista Soviética.1 Fue el primero de tres hijos de una familia de molineros judíos rusos que emigró a EE.UU. cuando el futuro escritor tenía apenas tres años. En 1928 se nacionalizó estadounidense, y su intelecto precoz encontró parte de su veta existencial en las revistas de ficción especulativa (science fiction) que se vendían en la modesta dulcería que su padre estableció en Brooklyn, Nueva York. Su padre no le permitía leer las revistas hasta que Isaac lo convenció de que si en sus títulos o subtítulos figuraba la palabra ciencia, ¡debían ser instructivas y de algún provecho! Cabe mencionar que Isaac nunca fue dueño de las revistas, las leía con gran cuidado y las regresaba al exhibidor de la dulcería, impecables, para que se vendieran.2

Al ir creciendo, Asimov sería miembro de los Futurians (Futuristas), un club de corta vida fundado en 1937, en el que compartía su afición por las ciencias y la ciencia ficción con Frederik Pohl, quien un día publicaría algunos de los primeros relatos de Isaac en sus revistas Astonishing Stories y Super Science Stories.

Pero el verdadero mentor literario —si alguna vez lo hubo— de Asimov sería John W. Campbell, Jr., editor y escritor también. El mismo Isaac escribiría: “La Edad de Oro comenzó en 1938, cuando John Campbell se convirtió en editor de Astounding Stories… él y la revista que editaba dominaron de tal manera la ciencia ficción, que leer Astounding era conocer el campo en su totalidad”.3 Los “Tres Grandes” del género, y de aquella época que duró hasta la década de los cincuenta, serían Robert A. Heinlein, el propio Asimov y el británico Arthur C. Clarke.

En 1938, Asimov le vendió a Campbell su primer cuento, Marooned off Vesta (“Abandonado ante Vesta”), publicado en la edición de marzo de 1939 de Astounding.

Poco después, habiendo concluido estudios de licenciatura en química (1939), al iniciar la II Guerra Mundial, Asimov trabajó como civil con el también “grande” Heinlein en los astilleros de la Estación Experimental Aérea de la US Navy. En 1941 terminaría su maestría —también en ciencias químicas— combinando trabajo científico militar con sus estudios. Fue reclutado durante nueve breves meses en 1945 y dado de baja con honorabilidad en 1946, con grado de cabo.4

En plena guerra, Asimov siguió publicando y fue acortando rápidamente la ventaja que le llevaban Heinlein, Simak y otros contemporáneos como A. E. Van Vogt. Entre sus cuentos iniciales muchos acabarían integrando su extendida y célebre serie sobre robots, término originalmente desarrollado en la obra de teatro R. U. R. del autor checoeslovaco Carel Kapek, aunque el término “robótica” es creación de Asimov.

Runaround  (“Al retortero”), de 1942, presentaría las famosas Tres Leyes de la Robótica. Asimov explicaría que habían sido idea original de Campbell, pero éste afirmaría que realmente eran inspiración de aquél, y finalmente ambos aceptarían una autoría compartida:5

1. Un robot no puede dañar a un ser humano, o, por inacción, permitir que un ser humano sea dañado.

2. Un robot debe obedecer las órdenes que le den seres humanos
excepto cuando dichas órdenes contradigan la Primera Ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia mientras dicha protección no contradiga las leyes Primera y Segunda.


Portada original de pocket book: I, Robot.

Cabe mencionar que, en la obra de Asimov, los robots serían artefactos mecánicos, llamados mekkanos en algunos cuentos, no androides (robots con apariencia humana), y menos androides con elementos de ingeniería genética humana integrada. A lo largo de estas obras el propio Asimov trabajaría hasta 20 variaciones de sus tres leyes originales, y muchos autores han aportado otras. En la actualidad, su relevancia es mayor que nunca, en todos los medios y en las tecnologías cada vez más presentes en numerosas instancias de la vida moderna.

En 1941 también publicaría Nightfall (“Anochecer”), cuento que una y otra vez —en encuestas y antologías— ha sido nombrado el mejor cuento de ciencia ficción de todos los tiempos (en lengua inglesa). John Campbell le mostró a Asimov una cita de Ralph Waldo Emerson:

Si las estrellas aparecieran sólo una noche cada mil años, cómo creerían y adorarían los hombres, ¡y preservarían por muchas generaciones el recuerdo de la ciudad de Dios!

A partir de esas líneas, unas semanas después, Asimov entregó la historia de Lagash, un planeta cuyos habitantes desconocen la noche, ya que Lagash gira alrededor de un sol, y alrededor de Lagash giran otros cinco soles. Por ello, siempre es de día. Sólo cada 2049 años, al darse una alineación singular de los seis soles, y un eclipse generado por una luna que nadie ha visto pues su órbita es lejana, llega la noche, y con ella, las estrellas, incontables, que son consideradas mitología por los habitantes de Lagash. Sin embargo, cada 2049 años, queda destruida la civilización del planeta, al apoderarse de la población un legendario, atávico e inevitable terror ante la noche, ante la oscuridad. Este cuento marcó el ascenso de Asimov a las ligas mayores de los autores estadounidenses de ciencia ficción dura, con 21 años apenas cumplidos.

Al concluir la II Guerra Mundial, Asimov seguiría aporreando su máquina de escribir — no será sino hasta 1990 que obtenga un procesador de palabras—, ampliando su impresionante corpus de ficción especulativa y, a la par, volviéndose famoso por declaraciones desconcertantes, pronto reconocidas como “marca registrada” suya, como ésta:

En lo que concierne al oficio de escribir, soy un completo y total primitivo. No he recibido ningún tipo de entrenamiento formal y al Mismísimo Día de Hoy no sé Cómo Escribir.6

También incorporaría mecánicas clásicas de narrativa policíaca a sus obras y además escribiría novelas puramente detectivescas. Lector omnívoro, utilizaría recursos de las novelas de Agatha Christie (“sus novelas policíacas son las mejores jamás escritas”, solía decir). Decía disfrutar también las narraciones de Arthur Conan Doyle, pero le parecía un escritor “tosco y desaseado”.

En 1942 publicó Foundation (Fundación), en 1945 Foundation and Empire (Fundación e Imperio) y en 1948-50 el final de la famosa trilogía: Second Foundation (Segunda Fundación). En esta trilogía seguiría pasos de autores como Heinlein y Cordwainer Smith, creadores de imperios galácticos en tiempos por venir (Historia Futura y La Instrumentalidad, respectivamente), con la salvedad de que en el imaginario de Asimov no hay seres o inteligencias extraterrestres o extra-humanas. Sus novelas, que abarcan miles de años, relatan historias que hacen énfasis en conflictos intelectuales y no físicos, en la lenta adquisición del conocimiento civilizatorio y su preservación, y en torno al pivote de una ciencia imaginaria, la Psicohistoria, un concepto de sociología matemática. Inspiradas por la lectura de La historia de la decadencia y caída del Imperio romano de Gibbon, que Asimov conocía al dedillo, en 1966 la Trilogía Fundación recibiría un premio Hugo como la “Mejor serie de todos los tiempos”.7

Años después, Paul Krugman, economista ganador del Premio Nobel en 2008, explicaría que esa trilogía lo había inspirado, ya que la psicohistoria era lo más parecido a la historia y desarrollo de la economía.

Hacia 1958 ocurriría algo que sorprendería a todos: Asimov prácticamente dejó de firmar ficción especulativa para dedicarse a escribir libros de divulgación. Seguiría contribuyendo a las principales revistas de ciencia ficción (y a otras revistas mainstream que le solicitaban aportaciones) pero escribiendo exclusivamente columnas sobre Ciencia, así, con mayúscula. Unos días antes de que falleciera, en 1992, su columna mensual sobre ciencia había llegado ininterrumpidamente al número 399, publicada en Magazine of Fantasy and Science Fiction. También, en 1977 había creado el compendio Asimov’s Science Fiction, que sigue circulando en la actualidad.

Isaac Asimov’s Science Fiction Magazine, edición de la primavera de 1977.

La transición del “Buen doctor” al campo de la divulgación sería otro quehacer imparable. Años después, Asimov explicó que en aquella época se encontraba in a tizzy (nervioso, desconcertado, hecho un lío). Eran los años de la Guerra Fría, de la Carrera Armamentista (nuclear), de la Carrera Espacial; la Crisis de los misiles en Cuba estaba a la vuelta de la esquina (16-28 de octubre de 1962). Asimov percibía que su país tenía que acelerarse en el ámbito de las ciencias para competir con ventaja ante el bloque soviético y el nuevo orden mundial de la posguerra. Y tenía razón.8

Comenzó, esporádicamente, en 1952, publicando Bioquímica y el metabolismo humano. Ya de 1958-59 en adelante acumularía cientos de títulos sobre los más variados temas, salvo algunos como, por ejemplo, la psicología. De su mente analítica y sinóptica fluyeron textos sobre cuanto él sentía que era necesario divulgar: astronomía, biología, paleontología, álgebra, física, química, electrónica, viajes espaciales. Y también las obras completas de Shakespeare, el Don Juan de Lord Byron, Los viajes de Gulliver, el Paraíso perdido, y dos tomos dedicados a un iluminador estudio, versículo por versículo, de La Biblia.9 En sus obras imperaría siempre la precisión etimológica —Asimov amaba el lenguaje y las palabras— y la claridad expositiva.

De pronto, a mediados de los años 60 volvió a la ciencia ficción, escribiendo una adaptación novelada de la película Fantastic Voyage (1966). En 1972, su novela The Gods Themselves acaparó los premios Hugo, Nebula y Locus. En esta novela, la favorita de Asimov, ofreció algo insólito. Durante décadas se le había reclamado que en sus novelas y cuentos parecían no existir el erotismo o el sexo (o amor o “romance”).10 Para dar al traste e invalidar con mano maestra décadas de esta crítica acumulada, Asimov concibió una raza que habita un universo paralelo y cuya vida sexual se da en tríadas, con una triple copulación corporal y a nivel atómico de dos entidades masculinas y una femenina, siendo una de las dos entidades masculinas la incubadora de los “bebés”. Así, no sólo desafía al lector a concebir e imaginar seres alternadamente etéreos y sólidos, de otra dimensión, sino también a entender la compleja relación que llevan entre ellos, de la infancia a la madurez, atravesando pubertad, infancia, adolescencia, edad adulta y muerte; fases de inocente precocidad sexual, masturbación con la naturaleza misma (mal vista por los mayores) y plenitud sexual en orgasmos y éxtasis que duran días enteros. Todo esto sin olvidar cómo expresan y manifiestan su amor los integrantes de la tríada.

Para barrer igualmente con el cliché del canónico “héroe masculino” de la novela tradicional de ciencia ficción, una entidad femenina,Dua, encarnará, en The Gods Themselves, a la visionaria, la artista, la intelectual, al personaje de mentalidad y capacidad espiritual superiores que enfrentará y resolverá, con todo su mundo en contra, el peligro de la destrucción absoluta del universo en el que vivimos nosotros. Fue y sigue siendo un tour de force único en la historia de la ciencia ficción.

Sería imposible en este espacio hablar más sobre el científico éticamente responsable, el escritor que ganó todos los premios, el hombre que prefirió el humanismo sin ningunear la religión, criticando cuanto le parecía criticable en este mundo: racismo, antisemitismo, guerras, fanatismo, ruina ecológica, sobrepoblación, la histórica miseria innecesaria de gran parte de la humanidad.

Poco después de cumplir 72 años, viendo llegar el fin, en circunstancias que podrían calificarse como trágicas,11 Isaac Asimov diría: “Mi vida ha sido buena, y estoy satisfecho con ella. Así que por favor, no se preocupen por mí”. Citemos al respecto a Carl Sagan, quien escribió a la muerte de su par y amigo de muchos años: “No lo hago. Más bien, me preocupo por todos nosotros, pues ya no tenemos un Isaac Asimov que inspire a los jóvenes al aprendizaje y a la ciencia”.

Y hoy, al contemplar nuestro mundo, avanzando entre incertidumbres hacia el final de la segunda década del siglo XXI —bajo nuevas sombras y posibilidades de guerra nuclear— podríamos agregar también las palabras de su viejo vecino de Brooklyn, Marvin Minsky: “Nadie está a cargo del planeta”.12

En este video corto, el “Buen Doctor” discurre sobre fe y razón.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

Bibliografía comentada

DECADE. The 1940s, Brian W. Aldiss y Harry Harrison, Editores, St. Martin’s Press, 1978. De Asimov, los editores seleccionaron Reason (Razón, o Raciocinio), ficción en la que el robot administrador QT-1 se “rebela” ante sus técnicos supervisores humanos, discutiendo con implacable lógica cartesiana, mientras otros robots, inferiores en capacidades, les aclaran, convencidos, que “No hay más Amo [la maquinaria de una estación espacial] que el Amo, ¡y QT-1 es su Profeta!”. Un cuento corto clásico, por encima de cualquier género.

 –The Big Book of Science Fiction- The Ultimate Collection, Ann and Jeff VanderMeer, Editores, Vintage, 2016. Presenta relatos cortos de 105 autores. De entre los cientos de cuentos de Asimov, los editores eligieron The Last Question (“La última pregunta”), de 1956, clásico del autor, su cuento favorito, en el que con un giro de tuerca magistral, en la última línea, “resuelve” la inescapable Segunda Ley de la Termodinámica. En voz de Asimov: https://www.youtube.com/watch?v=R3U30wSAV4Q

 

–Isaac Asimov, Before the Golden Age, A Science Fiction Anthology of the 1930s, Book I, Editor, Isaac Asimov, Fawcett Crest, 1974. Contiene 8 cuentos clásicos de la década de 1930, los que leía Asimov de niño en revistas pulp de la tienda de dulces su padre: destacan tres autores: Edmond Hamilton, Clifford B. Simak y Jack Williamson, autor de un estudio canónico sobre H. G. Wells.

—, Nightfall ONE, Panther Books Lt., 1972. Los primeros cuentos, escritos hacia los 20-24 años de edad, muchos en plena II Guerra Mundial, pero antes del advenimiento de las armas nucleares).

Buy Jupiter, Panther Books Ltd, 1977. (Muchas ficciones de esta antología reflejan las preocupaciones –explicablemente obsesivas– de Asimov durante la década de 1950: amenaza de guerra nuclear, extinción de la especie humana, abolición de la civilización).

—, The Gods Themselves, Fawcett Crest, 1973; y Bantam Spectra 1990. En la edición más reciente se han eliminado varias erratas de la primera. Se ha traducido al español como Los propios dioses.

—, Asimov on Science Fiction, Avon Discus, 1982. Una antología de artículos; entre ellos el que explica que la ficción especulativa tiene tres líneas fundamentales: la ciencia ficción de aventuras, la de tecnología y la sociológica; Asimov trabajaría –y combinaría– con éxito las tres.

—, I, Robot, Bantam Spectra,, 2008. Relatos, muchos de ellos imbuidos de gran sentido del humor, que serán trascendentes mientras la humanidad utilice tecnología robótica y de inteligencia artificial.

—, The Foundation Trilogy, Doubleday Science Fiction, 1951. Inspiración para docenas de autores posteriores, como Larry Niven y Gregory Benford, que Marvin Misnky llamó “los Asimov de hoy”.

—, Guide to Earth and Space, Ballantine Books, 1993. Ejemplo señero de divulgación científica, que ha llevado a Asimov a ser clasificado por la UNESCO como el autor 24 más traducido del mundo (en http://bit.ly/2DKSMZ6)

—, Gold, The Final Science Fiction Collection, Harper Collins Publishers, Inc., 1995. Edición póstuma de cuentos y de un arcoíris de meditaciones sobre vida, ciencias, lenguaje, oficio de escritor, y más.

—, La República Romana, Tercera reimpresión, Alianza Editorial, 2017. Divulgación clara y sencilla, con el sutil humor del autor siempre presente, por ejemplo, en el capítulo que explica la guerra contra Yugurta, en Numidia (p. 189): “Se reinició la guerra con Yugurta, una guerra de lanzas de hierro contra monedas de oro… Había que hallar de algún modo un general honesto, y Roma empezaba a descubrir que tenía escasez de ellos. (Es difícil encontrar hombres sanos en una sociedad enferma)”.

—, Guía de La Biblia Antiguo Testamento, Plaza y Janés Editores S.A.,         décima edición, junio, 1999.

—, Guía de La Biblia Nuevo Testamento, Plaza y Janés Editores, S.A., novena edición, junio 1999. Para lectores de habla hispana, estos dos títulos ganan en traducción. Benito Gómez Ibánez complementa su trabajo con excelentes notas a pie de página, relacionando las ediciones en inglés de La Biblia utilizadas por Asimov con ediciones en lengua española.


1 Ni el propio Asimov, ni su familia, ubicaban la fecha exacta de su nacimiento. Él decía que debió ocurrir entre el 4 de octubre de 1919 y el 2 de enero de 1920, y el propio Asimov lo celebró siempre el 2 de enero.

2 En la introducción a Before the Golden Age (p. 12), Asimov relata: “…cultivé una mano ligera, que dejaba la revista en prístina condición aunque yo había leído, rabiosamente, cada palabra de cada página. (Tenía que hacerlo, porque si la revista sufría, mi padre hubiera emitido un ucase prohibiéndome tocar cualquier otra, y no sé ustedes, pero mi padre esperaba, y recibía, obediencia instantánea)”. Otra anécdota famosa ilustra las penurias económicas de la familia a su llegada a Nueva York. Cuando Isaac decidió enviar un cuento a una revista, el correo habría costado 12 centavos de dólar, y el transporte público (ida y vuelta), 10 centavos. Isaac hizo el viaje en autobús.

3 Before the Golden Age (p.11).

4 Recibió el Doctorado en Bioquímica en 1948, en la Universidad Columbia, haciendo carrera después como Profesor Asociado de Bioquímica en la Universidad de Boston. En 1955, siendo numerario de la universidad, retuvo su posición aunque se dedicó a escribir ciencia ficción y poco después, obras de divulgación. A lo largo de su vida recibió no menos de 14 doctorados honorarios de diversas universidades; fue miembro de las asociaciones científicas más importantes de su país, firmante del Manifiesto Humanista II, y Presidente, muchos años, de la American Humanist Association, entre otros cargos y distinciones.

5 Algunas películas donde han figurado las Tres Leyes son: Forbidden Planet (Planeta prohibido, 1956), Bicentennial Man (El Hombre Bicentenario, 1999), inspirado en un relato homónimo de Asimov; Aliens (Aliens: el regreso, 1986); y, con algunas variantes, Robocop (1987). También I, Robot (Yo, robot, 2004), basada en una narración escrita al alimón con Robert Silverberg. Y los ecos siguen en la pantalla grande, como en Passengers (Pasajeros, de 2016).

6 A lo largo de su carrera, Asimov sería juzgado alternadamente como fanfarrón y arrogante, o como genio de la controversia, de la declaración tongue-in-cheek (irónica, de “a mentiritas”, de chacota). Cultivaría con éxito esa persona, que –a la fecha– no todos entendieron. Sin embargo, quienes lo han leído, pronto descubren lo que sus pares siempre supieron: Asimov era su propio crítico más implacable, reconocía errores y pedía disculpas cuando venían al caso, y él mismo se convertía en blanco de la misma chunga con la que trataba a otros escritores y personalidades. Alguna vez dijo: “A menudo la gente piensa que tengo las respuestas, cuando a veces no tengo siquiera las preguntas”.

7 Comenzando en 1982, con Foundation’s Edge (Los límites de la Fundación), Asimov volvería sobre su trilogía —convirtiéndola en septeto— y sobre la totalidad de The Robot Series, uniendo ambos universos narrativos en una nueva y mejorada estructura monumental. Novelas “sueltas” varias también se suman a este nuevo corpus.
(https://www.reddit.com/r/asimov/wiki/seriesguide)

8 La preocupación de Asimov se concretó a partir del vuelo espacial ruso que lanzó el Sputnik 1 (1957). Felizmente para él, la industria editorial estadounidense compartió su preocupación.

9 Sus libros de divulgación abarcan 9 de las 10 principales categorías del Sistema Dewey de clasificación bibliográfica, una hazaña por donde se le vea.

10 Asimov explicó, en Gold, en el capítulo Women and Science Fiction:
“En la época en que escribí y vendí mis primeros cuentos, aún no había tenido una sola cita con una mujer. No sabía nada acerca de ellas, más allá de lo que pudiera adivinar mediante discretos vistazos a distancia. Naturalmente, no había mujeres en mis cuentos”.

11 En 1982, durante una operación de triple bypass, Asimov quedó contagiado de HIV al recibir una transfusión de sangre. El hecho de que moriría de SIDA fue ocultado por él —en buena parte por recomendación de los médicos— ya que, entre 1982 y 1992, tener SIDA era una suerte de “aberración pública”, y Asimov temía que perjudicaría irremediablemente a sus hijos, a su familia. Sólo supo que moría de SIDA en sus últimos dos años de vida. Su segunda esposa, Janet Jeppson Asimov, psicóloga y también autora de ficción especulativa para jóvenes, reveló la verdad en 2002, en su introducción a una nueva edición de It’s Been a Good Life, libro que condensa tres autobiografías anteriores escritas por Asimov.

12 Amigo de la infancia de Asimov, Minsky encontró inspiración en las historias de I, Robot para sus trabajos sobre inteligencia artificial.

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No solemos tener muy presente cuánto debemos a una existencia tan prolífica como la de Arthur C. Clarke, maestro de la ciencia ficción, divulgador consumado y fabulador incansable. A cien años de su nacimiento, lo que sigue es un fragmento maestro de biografía intelectual, un recuento de sus inventos, obsesiones, lecturas y encuentros que germinarían en un fruto singular: una de las imaginaciones más fértiles del siglo XX.

El habitante de otro mundo

Hace cien años, el 16 de diciembre de 1917, en Minehead, Somerset, Inglaterra, en el seno de una familia de granjeros, abrió los ojos el científico, escritor y futurista Arthur Charles Clarke. Celebramos aquí que él mismo haya estado casi una centuria entre nosotros, y también, que quienes conocen su obra científica, literaria y humanista se hayan enriquecido, mirando con ojos bien abiertos el asombroso cosmos que nos rodea. De una manera u otra, directa o indirectamente —aunque muchos no lo sepan o estén conscientes de ello— la presencia de Clarke sobre nuestro planeta ha tocado las vidas de buena parte de la humanidad.

Habiendo visto a Arthur C. Clarke una “luminosa tarde” en la otrora Ceilán, en las afueras de Colombo, sobre la terraza del Hotel Lavinia ante el Océano Índico, Octavio Paz, en su libro La llama doble 1, escribiría: “No me atreví a dirigirle la palabra: me pareció un visitante de otro planeta…”. Comprensible aquella percepción del gran poeta, “lector asiduo” de los libros de Clarke, “fascinante unión de ciencia y fantasía”. Si el novelista explorador de los límites de las ciencias nos visitó o no desde otro planeta, sí propuso en vida y obra que, tarde o temprano, tendremos que abandonar este.

En algún momento de su infancia, Arthur C. Clarke miró el cielo nocturno y debió intuir que su tiempo en este mundo estaría ligado a las estrellas, a la historia y los misterios del universo y de la Tierra. Cierta vez apuntó: “El recuerdo más viejo de mis días de escuela es de estar parado al frente de la clase contando historias sobre animales prehistóricos”. Años después le dedicaría “Los nueve mil millones de nombres de Dios” —uno de sus cuentos más célebres— al Capitán E. B. Mitford, “Mitty”, su “primer editor” y maestro de ciencias.

Conquistar el espacio

A los 13 años ya había construido su primer telescopio. En 1933, a los 16, escribía para Huish Magazine —la publicación de su escuela secundaria— sobre la Luna, ulterior escenario de su cuento “El centinela”(1951), cuya historia en 1968 figuraría en la película 2001: Una odisea del espacio, aunque el famoso monolito del filme fuera originalmente una pirámide cristalina.

El intelecto sobresaliente del polímata en ciernes sería estimulado —lo dijo en muchas ocasiones— por tres lecturas, de 1929, 1930 y 1931 respectivamente: el número de noviembre de 1928 de Amazing Stories, una revista pulp de ciencia ficción; la canónica y “titánica” novela The First and Last Men de Olaf Stapledon, y el libro de divulgación The Conquest of Space de David Lasser.

En el renglón de la narrativa especulativa formalizada por Amazing Stories, Clarke llegaría a ser —con sus contemporáneos Isaac Asimov y Robert A. Heinlein—  uno de los “tres grandes” del género,2 considerando su vertiente de ciencia ficción dura. En sagas de aspiración cósmica, llevaría a niveles técnicos insospechados (y siempre actualizados respecto a las ciencias) la visión fundacional y mística de Stapledon3 y, siguiendo los pasos científicos de Lasser, contribuiría históricamente a la conquista del espacio, convirtiéndose a su vez en autor de docenas de obras de divulgación científica.

La bibliófila ambición de su adolescencia tardía de coleccionar todas las revistas de ciencia ficción de su época —objetivo que casi logró— se vio interrumpida por la Segunda Guerra Mundial. En filas, durante el conflicto, de 1941 a 1946, sirvió en la Royal Air Force como asesor e instructor de pilotos de combate en el uso del radar de aproximación de control terrestre (GCA radar). Al finalizar la guerra, con rango de Flight Lieutenant, concluyó una Licenciatura en King’s College en física y matemáticas, con honores, y se unió a la Asociación Británica Interplanetaria, de la que fue presidente en dos ocasiones. De 1949 a 1950 fue editor asistente de Science Abstracts (Síntesis Científicas), trabajo que al paso del tiempo lo impulsaría a escribir notables obras de divulgación.4


Arthur C. Clarke en la Royal Air Force. Fuente: British Interplanetary Society

Su primera venta formal de ficción científica, en 1945, fue Rescue Party (Misión de rescate), a la revista estadounidense Astounding, dirigida por John W. Campbell. Su pluma, máquina de escribir o teclado de computadora, ya no se detendrían hasta 2008, cuando publicó la novela The Last Theorem.5

Satélites en órbita: los honores despegan

En 1945 publicaría en Wireless World (Mundo inalámbrico) el célebre artículo sobre satélites de comunicación que le daría fama mundial: “Extra-Terrestrial Relays. Can Rocket Stations Give Worldwide Radio Coverage?” (“Retransmisoras extra-terrestres. ¿Pueden las estaciones de cohetes repetidoras brindar cobertura mundial de radio?”).6

Solo 17 años después orbitaba la Tierra el Telstar 1, el primer satélite de comunicación de la historia, transmitiendo imágenes televisivas y telegráficas y llamadas telefónicas. Hasta la música pop lo celebró con una pieza instrumental que, batiendo récords, también dio la vuelta al mundo.

A lo largo de su carrera como autor —más de treinta novelas, varios cientos de cuentos, docenas de libros de divulgación, cientos de artículos científicos, y guiones para varias exitosas series de televisión— Clarke acumuló fama y fortuna, premios y honores. Por solo mencionar algunos, en 1961 recibió el Premio Kalinga de la UNESCO por sus trabajos de divulgación científica; en 1969 fue nominado para un Oscar, con el director Stanley Kubrick, por su guion de 2001, considerado por muchos el mejor filme de todos los tiempos. Fue nombrado Comandante del Imperio Británico en 1989 (distinción en artes y ciencias), y nombrado Caballero en el 2000. Ganador de múltiples premios Hugo y Nebula7 —entre otros galardones— por sus cuentos y novelas, hoy lleva su nombre el más prestigiado laurel británico para obras de ciencia ficción, el Arthur C. Clarke Award (de la Clarke Foundation).

En 1956 emigraría a Ceilán. Ahí, además de llevar a fruición su pasión por el buceo y de encontrar tesoros piratas hundidos y hacer notables exploraciones y descubrimientos de arqueología submarina, realizó una inmensa labor promocionando el uso educativo de los primeros satélites de comunicación en India y en su país adoptivo; la labor de divulgación y actualización científica y en medios digitales que impulsó en la actual Sri Lanka mereció que el Instituto de Tecnologías Modernas del país lleve su nombre.

Parecería que la humanidad no agota aún la posibilidad de darle su nombre a todo lo que sea posible: a un asteroide, el “4923 Clarke”; a un dinosaurio ceratopsiano descubierto en Australia, Serendipaceratops arthurclarkei; a una órbita, la órbita de Clarke (geoestacionaria sobre el ecuador terrestre); y a un evento estelar único en la historia, el GRB 080319B —Gamma-ray burst o explosión de rayos gamma, del 19 de marzo de 2008— una de cinco descargas ocurridas a millones de años luz que se vio en la Tierra unas horas antes de que él falleciera, y que entonces establecía récord como el suceso más intrínsecamente brillante jamás observado por seres humanos en el universo.

Vivir en un árbol: declaraciones y proverbios

Siendo que una lista puntual de los logros y obras de Clarke rebasaría la superficie del famoso monolito negro que aparece al inicio de 2001, aprovecharemos el espacio editorial restante para recordar algunas agudas respuestas y contundentes declaraciones del hoy por hoy autor de ciencia ficción más célebre del universo conocido. Cuando le preguntaron que si era gay (que en inglés como en francés significa, originalmente, “alegre”), sonrió y con típico wit británico respondió: “Solo moderadamente bienhumorado”. A la pregunta, en entrevista para Playboy: “¿Ha tenido una experiencia homosexual?”, respondió: “¡Claro! ¿Quién no?”

Cuando le sugirieron a Kubrick que el autor de El fin de la infancia podría quizá colaborar en la “proverbial [i.e. inexistente] gran película de ciencia ficción” que él quería filmar, comentó con cierto malhumor que no le parecía práctico ya que Clarke “es un recluso, un deschavetado que vive en un árbol” (allá en Ceilán). El escritor, británicamente ecuánime, respondió por telegrama: “Espeluznantemente interesado en trabajar con enfant terrible”.

Cuando le preguntaban, muy a menudo, por qué no había patentado la idea de satélites de comunicación geoestacionarios declaraba: “En realidad, una patente es un pretexto para ser demandado”.

Siguen vigentes tres sentencias, o “leyes” de Clarke:

1. Cuando un científico distinguido pero entrado en años declara que algo es posible, casi siempre tiene la razón.  Cuando declaran que algo es imposible, probablemente están muy equivocados.

2. La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poquito más allá de ellos hacia lo imposible.

3. Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Un comentario que a nivel planetario le mereció interminables críticas de tirios y troyanos políticamente correctos: “Una de las grandes tragedias de la humanidad es que la moral ha sido secuestrada por la religión”.

En el prefacio a la edición del milenio de 2001: Una odisea del espacio escribió: “Tras de cada hombre que vive hoy se yerguen treinta fantasmas, pues esa es la proporción en la que los muertos superan a los vivos. Desde el principio de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han caminado sobre el planeta Tierra”. Y resulta que esta cifra es interesante, ya que, por una curiosa coincidencia, existen aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. De manera que por cada hombre que alguna vez ha existido, en este universo brilla una estrella.

En su introducción al capítulo “Computers and Cybernetics” de The Visual Encyclopedia of Science Fiction, citando primero estas palabras del matemático I. J. Good: “Si construimos una máquina ultra-inteligente, estaremos jugando con fuego. Ya antes hemos jugado con fuego, y ha ayudado a mantener a raya a otros animales”, Clarke remata: “Pero cuando finalmente llegue la IA, nosotros seremos los otros animales; y observen lo que les ha ocurrido a ellos. Será justicia poética”.

En cuanto a la “cosquilla” de producir secuelas de algunas de sus más célebres novelas, como 2001 y Cita con Rama: “Ninguna trilogía debe tener más de cuatro títulos”.

Sobre la definición de science fiction, en una edición especial dedicada al género de la revista Soviet Literature, de 1984, Clarke aportó lo siguiente:

Es el más grande error atribuirle a la ciencia ficción el papel de algún tipo de profeta. Su papel es el de desarrollar la imaginación de las personas, de educar a las gentes capaces de pensar en categorías del futuro. La ciencia ficción puede advertirle a la gente acerca de los peligros que el futuro les reserva, y puede hacerlo con mucho mayor efectividad que hacer proyecciones utópicas. Yo la llamaría un sistema de alerta temprana acerca de catástrofes venideras.

Denunció incansablemente la religión y los nacionalismos que llevan a guerras y crueldades interminables, pero cierta vez comentó: “No creo en Dios pero ella me interesa mucho”. En una línea paralela diría: “Es esperanzador que las banderas no ondean en el vacío”, refiriéndose al espacio exterior.

Y, cereza en el pastel, su definición favorita de un/una “intelectual”: “Alguien que ha sido educado/educada más allá de su inteligencia”.

Gracias a la tecnología moderna que tanto lo motivó, y que en buena parte pronosticó, sir Arthur C. Clarke se despidió del mundo en 2007, cuando una recurrencia de polio de su infancia lo confinaba a una silla de ruedas. En su adiós, sereno, pausado y lúcido, recorriendo brevemente su vida, expresó sus tres últimos deseos: dar fin a la adicción humana al petróleo, que llegara la paz a su nación adoptiva desgarrada por la guerra civil, y la esperanza de tener confirmación de la existencia de vida extraterrestre. También: la actividad por la que a fin de cuentas quisiera ser recordado: escritor. Fue una despedida estelar entre cien mil millones de estrellas…

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).


Bibliografía comentada

· Brian Ash (editor), The Visual Encyclopedia of Science Fiction, Harmony Books, 1977.

· Isaac Asimov, Asimov on Science Fiction, Avon Discus, 1982.

· Arthur C. Clarke, Childhood’s End, Ballantine Science Fiction, 1964, y Childhood’s End, Del Rey, 1990. Los prólogos de las ediciones son diferentes, ya que Clarke actualizó la segunda en vista de las diferencias reales que se dieron en la Carrera Espacial que libraban entonces EE. UU. y la Unión Soviética.

· —, 2001: A Space Odyssey, Roc Science Fiction, 2000.
     – 2010: Odyssey Two, A Del Rey Book, 1984.
     – 2061: Odyssey Three, A Del Rey Book, 1989.
     – 3001 The Final Odyssey, A Del Rey Book, 1998.
Las cuatro novelas de la “trilogía” no representan una secuencia tradicional. Escritas a lo largo de treinta años, las novelas van reflejando cambios científicos y descubrimientos espaciales que iban dándose en la realidad. Deben considerarse como narraciones paralelas, mas no realmente con una sucesión estrictamente ordenada, aunque en todas aparecen personajes de la primera.

· —,  The Collected Stories of Arthur C. Clarke, Tom Doherty Associates, 2002. A la fecha, es la mejor compilación, pero faltan, por ejemplo, “The Haunted Space-Suit” (“El traje espacial embrujado”) y “Take a Deep Breath” y “The Other Tiger” (“Respira hondo” y “El otro tigre”), incluidos, respectivamente, en Isaac Asimov-Groff Conklin, Editores, 50 Short Science Fiction Tales, Collier Books, 1973, y Microcosmic Tales, Isaac Asimov, Martin H. Greenberg y Joseph D. Olander (editores), DAW Science Fiction, 1992.

· —, El mundo es uno, Ediciones B, 2015. No ficción; historia de las comunicaciones, del telégrafo a los satélites.

· Groff Conklin (editor), Great Science Fiction by Scientists, Collier Books, 1972.

· James Gunn, Alternate Worlds-The Illustrated History of Science Fiction, A & W Visual Library, 1975.

· Octavio Paz, La llama doble, Galaxia Gutenberg, 2014.

· Angus Wells (editor), The Best of Arthur C. Clarke 1956-1972, Sphere Books Limited, 1977.

· Donald A. Wolheim (editor), The 1985 Annual World’s Best SF, DAW Science Fiction, 1985.

 

 

 

1 En su obra, Paz retoma esta cita de Clarke: “Considero que el hombre es una especie transitoria, que será suplantada por alguna forma de vida que va a incluir tecnología de computadoras”. Luego, Paz concluye en el texto dedicado al escritor de ciencia ficción: “La imaginación religiosa concibió un Dios superior a sus criaturas; la imaginación técnica ha concebido un Dios-ingeniero inferior a sus inventos”.

2 En un viaje en taxi en Nueva York, hacia 1964, Asimov y Clarke habrían acordado el “pacto del taxi” para lidiar con la pregunta constante de prensa y medios: “¿cuál de ustedes dos es el mejor?”. Ambos escribían obras de ciencia ficción y de divulgación científica. En palabras del propio Asimov: “Yo debo insistir en todo momento que Arthur Clarke es el mejor escritor de ciencia ficción del mundo (aceptando el segundo lugar para mí), mientras que Arthur debe insistir igualmente que Isaac Asimov es el mejor escritor de divulgación científica en el mundo (aceptando el segundo lugar para él)”. En las encuestas de aquella época, invariablemente, los tres autores de ciencia ficción favoritos del público eran (en orden alfabético): Asimov, Clarke, y Heinlein. Sobre este punto, humorísticamente, Asimov escribiría: “¿A qué hora se metió Heinlein en esto?”.

3 Clarke manejó en sus ficciones la idea de la final trascendencia humana mediante la evolución de nuestra especie. Estas ideas siguen la ruta marcada en las obras de Stapledon, quien imaginó la evolución de la especie a lo largo de 2 mil millones de años, y menormente, por ideas de algunas narrativas de Lord Dunsany. La evolución humana es realmente el tema de las sagas de Odisea del espacio y de Cita con Rama. También de El fin de la infancia (1953): la Tierra queda destruida y borrada del cosmos en el futuro, habiendo emigrado los niños y niñas evolucionados al estado siguiente de la humanidad, escoltados por los Overlords, los amos supremos de apariencia demoniaca quienes a su vez obedecen a una entidad infinitamente superior, cósmica, que ha trascendido la materia.  En la ciencia ficción, tanto la de Stapledon como la de Clarke, estas ideas son lo más cercano a una religión, una aspiración hacia, o añoranza, de Dios.

4 De sus múltiples libros de divulgación destaca Perfiles del futuro: Una indagación sobre los límites de lo posible (1962), que el autor revisaría en 1973, 1984 y 2000.

5 A mediados de la década de 1980, al mermarse su salud, Clarke se apoyaría en otros autores. Entre ellos destacan Stephen Baxter, Gentry Lee y Frederik Pohl, con quien escribió al alimón su postrera novela El último teorema.

6 Erróneamente se le atribuye a Clarke la idea original o invención del sat-com o satélite de comunicación, geoestacionario o no. Clarke fue el primero en describir esta transcendental posibilidad, en inglés. La idea ya estaba en el aire desde 1923 en escritos del ingeniero austro-húngaro-alemán Herman Oberth, y en textos del pionero de la cosmonáutica eslovena Herman Potocnik (1928).

 7 Mereció un Hugo (entre otros) por el cuento “La estrella”, en el que la explosión de una supernova destruye a toda una raza alienígena. Esa misma explosión, millones de años después, es percibida en la Tierra como la Estrella de Belén. Ganó uno de varios Nebula otro cuento, “Encuentro con Medusa”, que relata detalladamente el encuentro de un solitario astronauta explorador con un ser fantástico (pero científicamente verosímil) en la atmósfera de Júpiter. Tan increíble, o más aún, es “Out of the Sun” (“Salido del Sol”), cuento que describe a un ser o criatura que emerge de una fulguración solar. Son ejemplos de la mejor prosa de Clarke, maravillas de descripción limpia y precisa que, si bien no alcanzan niveles “literarios”, no están exentas de gracia y belleza, y del contagioso asombro de un autor cuya imaginación lo llevó al límite ante las vistas planetarias, galácticas y cósmicas que exploró a lo largo de su vida y obra.

 

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Desde los autores canónicos del siglo XIX, la literatura rusa tuvo su parte en la fundación de uno de los géneros literarios más expandidos sobre la faz de la Tierra: la ciencia ficción. El curso de las revoluciones bolcheviques y la fundación de la URSS alimentarían esta nueva forma de escritura llamada nauchnaia fantastika o “fantasía científica”, no sin imponerle la censura necesaria para ajustarse a los designios del régimen. Aun así, este ejercicio especulativo que cuenta con un nutrido corpus, ha cimentado la identidad rusa y soviética tanto en el periodo de entreguerras como en la carrera espacial de la Guerra Fría. La siguiente es la historia de esa estirpe literaria y de cómo su progenie fue marcando, a su paso, el futuro.

Comunismo es igual al poderío soviético más la electrificación del país entero.
—Lenin

La Tierra es la Cuna de la Mente —pero uno no puede vivir eternamente en una cuna—.
—Konstantin E. Tsiolkovski

 

Si consideramos la novela utopista ¿Qué hacer? (1863) de Nikolái Chernishevski como literatura especulativa, o fantasía científica (el término ruso original que en EE. UU. equivaldría a ciencia ficción a partir de 1926), entonces —sabiendo que Lenin se vio profundamente influenciado por esta obra, y que escribió en 1902 un tratado político con el mismo título— ¿Qué hacer? podría incluirse entre los libros más influyentes de la historia.1

Y, por curioso o extraño que parezca, probablemente es en Rusia y en la Unión Soviética donde mayor influencia ha tenido este género literario, en todos los sentidos, y particularmente en la histórica transición de la Rusia imperial a la era soviética.


Nikolái Chernishevski

Orígenes y obras señeras

Desde el siglo XVI, la literatura rusa produjo obras “hermanadas” con el más amplio espectro de lo que actualmente se llama ciencia ficción: fábulas del folclore eslavo, historias de hadas, relatos de viajes imaginarios, cuentos de horror y de terror, narraciones fantásticas, utopías. Obras señeras podrían ser los cuentos folclóricos sobre la bruja Baba Yaga, Viy, de Gógol, El sueño de un hombre ridículo y El doble de Dostoievski, y cientos más.

Aunque, propiamente dicho, el género hoy conocido como science fiction no apareció sino hasta mediados del siglo XIX, como respuesta literaria a la era industrial y a su revolución. Para no pocos especialistas, Frankenstein de Mary Shelley (1818) es la primera auténtica obra de ficción científica, ya que la narración inicia, precisamente, con una explicación científica, posible y verosímil incluso en su época, que “valida” la creación de un ser construido a partir de cadáveres en un laboratorio, gracias la “chispa creadora”, o recreadora, de la electricidad.

Dos líneas de fuerza de la ficción científica serían, desde entonces, la extrapolación y el extrañamiento. “Domesticar lo desconocido” y alterar, alienar o crear extrañamiento en el orden presente. ¿Qué pasaría si tuviéramos tal o cual conocimiento, tecnología o situación? Y, ¿cómo serían las cosas entonces? Una tercera posibilidad narrativa es: Si esto sigue…, el planteamiento que, extrapolado, lleva generalmente a la distopía.

En Rusia, un antecedente del género sería Viaje a la tierra de Ofir, del Príncipe Mikhail Sherbatov (1807).2 Esta narración utopista encarnó reformas políticas y sociales de los elementos liberales y progresistas de la aristocracia de Catalina la Grande. Más patriotera fue El año 4338, del Príncipe Vladimir Odóievski (1840), en la que Rusia encabeza al mundo en cuanto a tecnología y pensamiento científico se refiere, obra que incluye amenas extrapolaciones en torno a medios de transporte, alimentos, bebidas y modas. Contrastando con esta obra, ¿Qué hacer? de Chernishevski incluye el “Cuarto Sueño” de la protagonista Vera Palovna, radical visión fourierista de una utopía socialista, aunque Isaiah Berlin comenta que como obra de arte es “grotesca”.

Pero como también señala Berlin, la novela ya incluía en 1863 planteamientos que habrían de influenciar en la literatura especulativa posterior: la necesidad de encontrar y de crear una identidad histórica y política, social y filosófica específicamente rusa, original, diferente de las identidades nacionales del resto del mundo.

Es indispensable mencionar que, en Rusia, hacia 1880, la tecnología de la rotativa permitió una “explosión” de la industria editorial, una profusión de revistas técnicas especializadas y de otras “para toda la familia” (y toda la población alfabetizada, urbana y rural), como Naturaleza y gentes (Priroda i liudi) y Alrededor del mundo (Vokrug sveta) en las que la ciencia sería siempre la temática central. En 1894, la edición de quinto aniversario de Naturaleza y gentes contenía esta nota editorial:

La ciencia y la tecnología están definiendo la realidad moderna al transformar no solo la vida de todos los días, sino las formas mismas en las que pensamos e imaginamos. Una nueva forma de escritura llamada nauchnaia fantastika, fantasía científica, está jugando un papel nada inconsecuente en este proceso. ¿No es acaso en la imaginación donde teorías atrevidas y máquinas asombrosas ven la luz por vez primera? Por ello, junto con las noticias de las más recientes novedades científicas y tecnológicas, nuestra revista seguirá presentando un rico panorama de meditaciones sobre sus potencialidades, que le parecerán todo menos fantásticas a quienes viven estos tiempos.

Alrededor del mundo aparecería simultáneamente a publicaciones como National Geographic (1899) y Annales de Géographie (1891). Entre 1926 y 1929, la circulación de revistas mensuales como Alrededor del mundo alcanzó tirajes de 100 mil ejemplares. Esta revista, en particular, ¡sigue editándose en la actualidad! (http://www.vokrugsveta.ru). Hoy, con la misma periodicidad, su tiraje promedio es de 250 mil ejemplares.

Además de difundir las ideas científicas que arrasaban al mundo en la marcha imparable de la industrialización, las revistas publicarían traducciones de obras especulativas de Julio Verne y Camille Flammarion y, a partir de 1889, de H. G. Wells. A la par, circularon fantasías que reflejaban los adelantos tecnológicos de aquella Rusia finisecular: por ejemplo, Ni hechos ni fantasía: una Utopía eléctrica (1895) de V. Chikolev, y un escrito inconcluso, curiosamente pronosticador, El ferrocarril subterráneo autopropulsado Petersburgo-Moscú (1902) de A. Rodnykh.3

En 1893 y 1895 aparecerían, respectivamente, En la Luna y Sueños de la Tierra y los Cielos, de K. Tsiolkovski, pionero mundial de la cohetería, “Padre de la Cosmonáutica”, precursor de la ciencia ficción “dura” en Rusia. Posteriormente publicaría Más allá del planeta Tierra (1920); todos estos eran relatos inspirados por Verne, con énfasis en datos científicamente exactos. Tsiolkovski difundiría también sus ideas científicas de avanzada y su ciencia ficción increíblemente imaginativa en la revista Heraldo de la aviación (Vestnik vozdukhoplavaniia).


Diagrama de un cohete según K. Tsiolkovski.

Además de sus contribuciones a la astronáutica, de sus más de 400 escritos científicos, de haber concebido el elevador del espacio, naves y viajes espaciales, colonias espaciales orbitales y extraplanetarias, la esclusa de aire y otras maravillas técnicas que hoy son comunes en la Era Espacial, Tsiolkovsky compartía las ideas del filósofo Nikolái Fiódorov, fundador del cosmismo y precursor del transhumanismo. Estas incluían un ser humano-planta que podría sobrevivir en el espacio exterior, así como la inmortalidad y transmigración de las almas a otros planetas, basándose en procedimientos científicos.

Por otra parte, ideas y propuestas de la nauchnaia fantastika estarían presentes, en mayor o menor grado, en todas las ramas del arte que iniciarían los movimientos artísticos de fines del siglo XIX: el simbolismo, el futurismo, el acmeísmo y el avant-garde soviético. Electricidad, aviación y trenes, por ejemplo, figuran en obras y poemas de Vladimir Mayakósvski y Aleksandr Blok, de la pintora Natalia Goncharova y de muchos otros. Poco antes, desde mediados del siglo XIX, Pushkin y Gógol también se vieron fascinados por las posibilidades de la electricidad y el galvanismo, por la relación ánodo-cátodo, tradicionalmente considerados masculino y femenino respectivamente. Gógol equipararía la perfección formal de una obra teatral con el equilibrio anódico-catódico. Pushkin, en un ensayo publicado en 1830, arguyó que las partes constitutivas del lenguaje, representadas por los polos inertes de un circuito incompleto, alcanzaban la epifanía cuando el verbo masculino penetraba el sustantivo femenino.

Tiempo de bolcheviques: prohibiciones y necesidades

En 1908, el médico, filósofo y revolucionario Alexander Bogdánov (seudónimo de Alyaksander Malinovsky), haría historia con la novela Estrella Roja: aventura de un joven socialista bolchevique que viaja a Marte, invitado por marcianos como representante de la Tierra, donde conoce una sociedad precursora del comunismo. Notablemente visionaria para su tiempo, Estrella Roja plantea una sociedad con total igualdad de género, un lenguaje en el que no existen “masculino y femenino”, vestimenta unisex, procreación voluntaria y por consenso, educación comunitaria de niñas y niños, anticipaciones de inventos como la computadora, máquinas que identifican la voz, televisión tridimensional, el Skype, los anuncios espectaculares cinematográficos, y más. Después de las revoluciones de 1917, la novela sería reeditada varias veces, pero un rompimiento ideológico entre Bogdánov y Lenin sería insalvable, y durante décadas circularía únicamente en ediciones caseras “subterráneas” (samizdat).4

Pero, concentrándonos en 1917, ¿qué papel jugaría la fantasía científica en el nuevo mundo soviético, en el que los bolcheviques habían tomado el poder, imponiendo una visión marxista concebida originalmente para una sociedad industrial y no para una sociedad básicamente agrícola?5 ¿Cómo fue posible que floreciera de manera tan sorprendente la ficción científica, precisamente en donde menos se esperaría?

En noviembre de 1920, al aprobar el plan para la electrificación de la URSS, llamado GOELRÓ, primer plan soviético para el desarrollo económico nacional y modelo para los planes quinquenales que seguirían, Lenin expresó su famoso comentario: “Comunismo es igual al poderío soviético más la electrificación del país”.6

Antes, Trotski ya había hablado de la modernización en términos de “desarrollo combinado y desigual” y el mismo Lenin, en 1918, había expresado, en cuanto a las “tareas inmediatas del gobierno soviético”, que Rusia “debe adoptar todo lo que es valioso en los logros de la ciencia y la tecnología de Occidente”.

En el inmenso esfuerzo para colocar a la URSS al nivel de otros países ya industrializados destacarían dos objetivos iniciales: la electrificación de toda la Unión y la terminación del ferrocarril transiberiano, iniciado en 1891, que uniría Vladivostok, sobre la costa del Pacífico, con Petrogrado (después Leningrado, hoy San Petersburgo), frente al mar Báltico.

La URSS, con sus 150 millones de habitantes7 repartidos a lo largo de sus 11 husos horarios, se encaminaba ahora a presentarse ante el mundo como una entidad aparte, única, histórica, política y geográfica. Mas esa URSS, hacia el Este, salvando la barrera natural de los Urales, ya era Asia, y era prácticamente territorio desconocido para los rusos europeos. El reto era monumental, y la nauchnaia fantastika acompañaría durante décadas ese cometido, anticipando el avance tecnológico, sensibilizando a la población en una suerte de “pedagogía cultural” (Gramsci), aunque la larga y cruel consecución de la modernidad soviética costaría millones de vidas bajo la dictadura estalinista.

En 1922, con el establecimiento oficial de la URSS, apareció la censura, a través de la Glavlit. La censura afectaría absolutamente todas las artes, bellas, populares, incluso folclóricas y religiosas, incluyendo la ficción científica, que crecería como nunca, pero bajo diversos caveat. El control ideológico sería férreo. La ciencia ficción era necesaria, pero le quedaba proscrita toda asociación literaria con temáticas de horror, terror, fantasía, magia, cualquier intimación de lo “sobrenatural”, ucronías y universos paralelos, viajes en el tiempo y también la consideración de posibilidades de vida e inteligencia extraterrestre que tanto habían figurado en los inicios de la nauchnaia fantastika.

Las extrapolaciones y distanciamientos de la ficción científica no debían extenderse más allá de unos pocos años hacia el futuro. Los grandes vuelos imaginativos y las extrapolaciones utópicas quedaban acotadas, prohibidas; solo eran aceptables en cuanto ensalzaran los logros sociales, científicos e industriales soviéticos. Utopías moderadas, pues, realizables, inminentes en sus posibilidades, “a corto plazo”, . Distopías, de cualquier especie, no.

En 1923, Yevgeni Zamyatin, autor de la obra maestra satírica Nosotros, había reiterado la importancia que tendría la “Nueva Prosa Rusa” del siglo veinte, la nauchnaia fantastika:

La vida moderna ha perdido su realidad plana. Ya no se proyecta a lo largo de los viejos puntos fijos, sino en las coordenadas dinámicas de Einstein, de la Revolución, del avión. En esta nueva proyección, las fórmulas y los objetos mejor conocidos quedan desplazados, fantásticos, lo conocido–desconocido. Y estos nuevos faros se yerguen con claridad ante la nueva literatura: de la “vida diaria” a las “realidades del ser”, de la física a la filosofía, del análisis a la síntesis.

Hacia el deshielo de la imaginación

Pero Zamyatin, ingeniero naval que en Inglaterra había construido buques rompehielos para la URSS, cometió un error político: Nosotros predijo todos los horrores del estalinismo. Aunque apoyó la Revolución de octubre de 1917, pronto comenzó a criticarla. Su novela inspiró a George Orwell cuando escribió 1984, y Ursula K. Le Guin la considera representativa de lo mejor que existe en el género de la ciencia ficción. En el Estado totalitario de Nosotros, Estado Único del Gran Benefactor, las personas no tienen nombre, sino número. Los inconformes, los rebeldes, son sometidos a una cirugía que les extirpa la imaginación (el alma, el espíritu). Publicada en inglés en 1924, no circuló en la Unión Soviética hasta 1988, al darse el glasnost con Gorbachev. Probablemente, en 1921, solo la intervención de Maxim Gorki ante Stalin impidió que Zamyatin acabara en el cadalso o ante el paredón. Stalin le autorizó salir de Rusia, y moriría en París (1937). Nosotros es considerada la mejor de las tres distopías clásicas, con 1984 y de Un mundo feliz de Aldous Huxley. El título Nosotros viene de los objetivos de Alexei Gastev (Director del Instituto Central del Trabajo de la URSS), quien anticipaba que el trabajador del colectivo laboral soviético dejaría incluso de referirse a sí mismo como “yo” y que más bien acabaría diciendo “nosotros”.


Yevgeny Zamayatin, Nosotros.

Presencia inseparable pues, la ciencia ficción ha acompañado el desarrollo de Rusia, de la URSS y de la actual Federación Rusa, ininterrumpidamente, de mediados del siglo XIX hasta la actualidad.8 Pero hay que destacar especialmente el periodo de 1917 a 1941, cuando la URSS entró al conflicto mundial, ya que, como en ningún otro lugar del planeta, la nauchnaia fantastika representó una suerte de hoja de ruta en la búsqueda de la modernidad. Fredric Jameson, crítico y teórico literario marxista, ha explicado que, en vez de proyectar “un relato más ‘realista’ de nuestra situación” —en el contexto de Rusia— la ciencia ficción precedió sus objetivos en el más literal de los sentidos.

Tras la Segunda Guerra Mundial, siguió la censura. A la muerte de Stalin en 1953, la represión amainó un poco con el “deshielo” de Kruschev. Durante ese “deshielo” (inicios de los años 50 a principios de los años 60), precisamente en 1957, la ciencia ficción logró un avance histórico en la URSS con la novela Andrómeda: Un relato de la era espacial, de Ivan Yefremov, paleontólogo y escritor, quien se “atrevió” a presentar una utopía mil años en el futuro. La novela llegaría al cine en 1967.

Pero poco después, con Brehznev instalado como Secretario General del Partido Comunista de la URSS, la censura volvió a sentar sus reales. Habría que esperar la caída del muro de Berlín, la disolución de la URSS (26 de diciembre de 1991), la llegada del glasnost y de la perestroika, para que las cadenas y mordazas a las expresiones artísticas fueran desapareciendo. Tanto esta liberación como la reaparición arrolladora de la fantasía —proscrita durante toda la era soviética— como género competidor de la ficción científica sería, en todo caso, tema de otro artículo.

Bien que mal, cuarenta años después de la Revolución de octubre, el 4 de octubre de 1957, la URRS puso en órbita el Sputnik 1, el primer satélite artificial de la historia. El 3 de noviembre del mismo año, en el Sputnik 2, la perra Laika fue el primer ser viviente que alcanzó el espacio exterior. El 12 de abril de 1961, en la nave espacial Vostok, el primer astronauta, Yuri Gagarin, orbitó la Tierra en el primer vuelo espacial tripulado. El ser humano tocaba por fin el umbral del cosmos, haciendo realidad los sueños visionarios de Tsiolkovski.9

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

Bibliografía:

Robert B. Downs, Books That Changed the World, New American Library, 1956.

Peter Nichols, Editor, The Encyclopedia of Science Fiction, Granada Publishing Limited, 1981.

Isaac Asimov, Asimov on Science Fiction, Avon-Discus, 1982.

Yevgeny Zamyatin, We, Avon-Eos, 1999.

Fredric Jameson, Archaeologies of the Future – The Desire Called Utopia and Other Science Fictions, Verso, 2005.

Alexander Bogdánov, Estrella Roja, Editorial Nevsky Prospects, 2010. (Desafortunadamente, aunque puede leerse, esta edición contiene abundantes erratas y, comparando con la edición mencionada a continuación, omisiones de líneas enteras). Para quienes lean inglés, recomendamos Red Star. The First Bolshevik Utopia, Indiana University Press (1984), que además contiene dos narraciones complementarias: Engineer Menni (Ingeniero Menni) y A Martian Stranded on Earth (Un marciano varado en la Tierra).

Alexéi Tolstói, Aelita, Editorial Nevsky Prospects, 2010.

Anindita Banerjee, We Modern People – Science Fiction and the Making of Russian Modernity, Wesleyan University Press, 2013.

Alberto Pérez Vivas, Selección y traducción, Pioneros de la ciencia ficción rusa, Vol I, Vol. II. Alba Rara Avis, 2013 y 2015. (Incluyen obras de Bogdánov y Briúsov mencionadas en este artículo).

Isaiah Berlin, Pensadores rusos, Breviarios, FCE, 2014.

Yvonne Howell, Editor, Red Star Tales- A Century of Russian and Soviet Science Fiction, RIS Publications, 2015.

Boris Dralyuk, 1917 Stories and Poems from the Russian Revolution, Pushkin Press, 2016.

James Womack, Coordinación, Antología de la Ciencia Ficción Rusa y Soviética – Vol. 1: Del siglo XIX a la Revolución, Ediciones Nevsky, 2016 (Incluye obras de Odóievski, Tsiolkovski y Briúsov mencionadas en este artículo).


1 En Nexos, Rodrigo Negrete, “Moscú: El sonido y la furia,” octubre, 2017, p. 40, nota al pie 3: “¿Qué hacer?, uno de los textos fundacionales del leninismo toma su título de una de las novelas de este autor, en donde se esboza el perfil del revolucionario como un profesional duro y disciplinado”.  En Isaiah Berlin, Pensadores rusos, FCE, p. 398: “Su personalidad y su visión del mundo pusieron el sello a dos generaciones de revolucionarios rusos, uno de los cuales fue Lenin, que lo admiraba devotamente.” ¿Qué hacer? fue escrita por Chernishevski como respuesta a Padres e hijos de Turguéniev, novela considerada conservadora, supuestamente sin “postura ideológica” definida.

2 Mikhailo Mikhailovich Shcherbatov (1733-1790), ideólogo y principal exponente de la Ilustración rusa. Sus ideas siguen discutiéndose en la actualidad.

3 Valeri Y. Briúsov, del movimiento futurista, dejó un relato genial que podría haber sido escrito mañana: La República de la Cruz del Sur (1905): los pobladores de un próspero país en Antártida se ven aquejados por una plaga, demencia contradicens, cuyo efecto sobre el ser humano es trastornar la psique llevando a realizar actos exactamente contrarios a los deseados. La utopía de convierte en distopía, desaparecen los principios rectores de una sociedad tecnológica —regulación, coordinación y jerarquía— y los obreros y ciudadanos, sin lazos emocionales que los controlen, se aniquilan en un aquelarre genocida. La novela Aelita de Alexéi Tolstoi (1922) sigue leyéndose hoy. Filmada en 1924, es un clásico pionero del cine de ciencia ficción: cuenta la historia de amor entre un terrícola y una reina marciana en el marco de una revolución comunista en el planeta rojo (https://www.youtube.com/watch?v=je1bIhS-7G8). A la fecha, siguen circulando clásicos como Descompone-Repara (1924) y Laura Lane, Obrera metalúrgica (1925) de M. Shaginyan; Amo de hierro de V. Katayev (1924), y la más famosa de la época, La caja de la muerte, de A. Tolstói (1926). La euforia revolucionaria llevaba a los autores especulativos a explayarse en torno a la expansión del hombre comunista, el homo sovieticus, sobre la Tierra y hacia los cielos.

4 Fundador, con Lenin, de la facción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, hasta que Lenin lo expulsó en 1909. Como respuesta a los planteamientos de la novela Estrella roja, Lenin escribió Materialismo y empiriocriticismo.  Tras el rompimiento con Lenin, sin abandonar sus ideas marxistas, Bogdánov se dedicó principalmente a investigaciones médicas. Crearía una filosofía, la tectología, que buscaba unificar todas las ciencias. Anticipó ideas que después concretaría Norbert Weiner, “Padre de la cibernética”, y que también llevarían a la Teoría de sistemas. Obsesionado con la búsqueda de una posible “inmortalidad” mediante transfusiones de sangre (que figuran en Estrella roja), falleció durante un experimento sobre sí mismo, precisamente de transfusión sanguínea. En Estrella roja, también, denuncia la obsesión bolchevique con el taylorismo aplicado a Rusia, que Alexei Gastev, pionero de la administración científica soviética, llevaría a su máxima expresión, buscando convertir al obrero ruso en obrero-máquina. En plena era estalinista, la expresión final de esta obsesión sería el estajanovismo.

5 Isaiah Berlin, en Pensadores rusos (p. 394, nota 1) cita a Franco Venturi, autor de Il Populismo Russo: “…en cuanto a la industria, la proporción de obreros de las ciudades con la de campesinos era de 1:100. Dadas estas cifras, quizá no sea sorprendente que Marx haya declarado que sus pronósticos se aplicaban a las economías occidentales, y no necesariamente a la de los rusos, aun cuando sus discípulos rusos pasaron por alto esta concesión.”

6 En 1919, un comisario del gobierno bolchevique señalaba que el número de centrales generadoras de energía eléctrica en Rusia y EE. UU. era 220 y 5,221, respectivamente. (Ver We Modern People, p. 90)

77 Poema de Mayakovski, 150 000 000 , publicado anónimamente en 1921, que no impresionó a Lenin, quien lo consideró un pretencioso experimento del colectivo futurista. Mas en cuanto a la población de la URSS, el dato era correcto.

8 No abundan cifras concretas sobre publicaciones de nauchnaia fantastika. Las entradas actuales de Rusia y de Unión Soviética en The Encyclopedia of Science Fiction (hoy disponible solo en línea), no las mencionan. Pero en la edición de 1981, en papel (pp. 511-512), varios datos nos dan una idea de la popularidad y presencia continua del género: al llegar la década de 1980 se publicaban tres millones de ejemplares de libros de ciencia ficción anualmente. Desde 1917, se habían publicado 1,624 títulos nuevos, de los cuales 1,000 correspondían a años posteriores a 1958.

9 Isaac Asimov, notable autor de ciencia ficción estadounidense, nacido en la Unión Soviética pero emigrado a los 5 años a EEUU y nacionalizado ahí, en plena Guerra Fría y, por lo mismo, algo prejuiciado por la inevitable propaganda mutua de aquellos años, ignorando probablemente el gran corpus histórico de la nauchnaia fantastika, escribió sin embargo (a los 43 años de edad, en Asimov on Science Fiction p.142): “…si quedara cualquier duda de que la Unión Soviética estaba orientada a la ciencia ficción antes de que el Sputnik 1 resonara como una alarma en la noche, con toda seguridad, después, ya no existiría duda alguna”.

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Philip K. Dick ingresó al Salón de la Fama de la Ciencia Ficción en 2005, y es el primer autor de este género publicado en la prestigiada colección Library of America, que seleccionó trece de sus novelas de los años sesenta, setenta e inicios de los ochenta, distribuyéndolas en tres tomos editados por Jonathan Lethem en 2007, 2008 y 2009.

Además de las novelas que se glosarán en las siguientes línea1 —que en inglés han tenido cerca de 600 ediciones y otros cientos en más de 25 idiomas— PKD escribió ocho novelas realistas y 121 cuentos. También se han publicado seis volúmenes de su correspondencia, así como The Exegesis of Philip K. Dick, complejo volumen de 944 páginas, apenas una parte de las más de ocho mil que escribió obsesivamente entre cuentos y novelas.2

PKD es uno de los autores de culto más populares de todos los tiempos. En cine y televisión, sus obras, siempre “libremente adaptadas”,3 se convierten en negocios multimillonarios. Las biografías no dejan de aparecer, los estudios críticos se multiplican, su vida y obra son objeto de cursos especializados en cada vez más universidades; probablemente, tanta polémica en torno a su vida y obra habrían sorprendido al mismo autor.4

Yo descubrí a PKD a mediados de los años setenta en una farmacia de Montana: la antología The Preserving Machine (La máquina preservadora). Al día siguiente encontré The Best of Philip K. Dick, con la introducción de John Brunner. Al leer el cuento “Faith of Our Fathers” (“La fe de nuestros padres”), quedé enganchado; comencé a adquirir y a leer todas sus novelas y la mayoría de sus antologías de cuentos. Cuando PKD falleció, tenía su obra completa, salvo las novelas publicadas póstumamente.

Leí a PKD durante años, sin conocer siquiera una foto suya, mucho menos estudios críticos, o detalles de su accidentada biografía. Simplemente disfrutaba leer ciencia ficción superior, creaciones de una imaginación privilegiada, irrepetible. Hoy, cuarenta años después, lo veo con aún más claridad: el verdadero PKD está en sus escritos. Sin buscar desmerecer per se las adaptaciones de sus obras e ideas a otros medios, ninguna le hace realmente justicia.

En mi opinión, considero que la mejor manera de conocer la obra de PKD, sobre todo para quienes se acercan a ella por vez primera, es leer sus cuentos y novelas sin la interferencia de la sobreinterpretación y de la sobreintelectualización actuales.

Si hay un tema central en sus cuentos y novelas sería, en resumidas cuentas, ¿qué significa ser humano? Para Philip K. Dick, la suprema virtud humana era caritas: esa virtud está infaliblemente presente a lo largo de su obra. Amor y compasión por la condición humana. El propio autor lo describe así en el epílogo que escribió para la antología The Golden Man (New York, Berkley, 1980): “Confío, entonces, que ustedes no me malinterpretarán, viendo solo disgustos y enojo; les pido por favor buscarme en el núcleo que yace debajo de eso, el corazón del amor.”

 

Solar Lottery (1954)
(Lotería solar, España, Cenit, 1960; México, Octaedro, 2003; Barcelona, Minotauro, 2001 y 2007)

La primera novela que publicó Dick, conocida en dos versiones, Solar Lottery y World of Chance (Mundo de azar). Solar Lottery aparecería en Estados Unidos en 1955 con 131 pp. en una edición flip con dos historias (la otra era de Leigh Brackett, quien décadas después firmaría, en 1980, el guión cinematográfico de El Imperio Contraataca). En Inglaterra se editó con 188 pp. como World of Chance. Posteriormente, se editaría Solar Lottery, en versión revisada, con 188 pp. también.

Inspirada en la teoría de juegos de John von Neumann, contiene elementos que PKD seguiría explotando: un protagonista inocente que de pronto se ve enredado en intrigas complejas, en mundos de humo y espejos en los que tiene que eliminar a alguien, o bien se convierte en blanco de un poder o agente misterioso.

El mundo de Solar Lottery es gobernado por la lotería y un complejo juego llamado Minimax. Los gobiernos duran un día, semanas, meses o años (en casos excepcionales), ya que cada gobernante, al ganar la lotería que le concede el poder, genera simultáneamente a un asesino cuya única misión será quitarle la vida. Un pequeño tour de force que ya presenta un cierto tipo de final de autor, quien muchas veces le dejará al lector imaginar posibles desenlaces de la trama.

The World Jones Made (1954)
(Tiempo doblado, Barcelona, Cenit, 1960; como Tiempo desarticulado, Barcelona, Edhasa, 1988; Barcelona, Minotauro, 2012, y Minotauro Booket, 2016)

Floyd Jones, adivino de carnaval, enfrenta un gobierno relativista cuyos ciudadanos pueden creer lo que quieran, siempre y cuando no traten de convencer a otros de sus creencias. También está presente un aterrador peligro alienígena. Esta trama se repetirá esporádicamente en la obra de Dick con variantes cada vez más imaginativas: conflictos entre dos o más facciones terrestres, con el agregado de intenciones de conquista de una o más civilizaciones extraterrestres.

 

Eye in the Sky (1955)
(Ojo celeste, Barcelona, Rumeu, 1969; España, Orbis, 1985; Barcelona, Edhasa, 1991)

En un accidente nuclear ocho personas quedan heridas y sus conciencias se unen en una gestalt. Los supervivientes descubren que viven en mundos objetivos soñados por los miembros más neuróticos del grupo. Cualquier cosa puede suceder: ascender al cielo en un paraguas, una casa devora gente, personajes mueren y regresan a la vida para intentar no morir una vez más. El ojo celeste se refiere al ojo de Dios, que todo lo ve (por lo menos en opinión de uno de los personajes, un ex militar y bahaí cismático).

The Man Who Japed (1955)
(Planetas morales, Barcelona, Cenit, 1960)

Una historia que gira alrededor de temas morales. En inglés el verbo del título (japed) sería “bromeó”. La Tierra, bajo control de Morec (Moral Reclamation-Reclamación Moral), está regida por un gobierno hereditario que espía a sus ciudadanos, cuyas únicas alternativas son emigrar o someterse a psicoterapia. Cuando un hereje pintarrajea y decapita la estatua del Mayor Streeter, figura central de Morec, Allen Purcell debe decidir si lo que ha ocurrido es un acto de demencia o el detonante de una revolución. Pero una típica sorpresa dickiana es que el propio Purcell es quien ejecutó la desconcertante broma.

Curiosamente, mientras que en España la obra se publicó como Planetas morales, en Italia su título fue Redenzione inmorale.

The Cosmic Puppets (1957)
(Muñecos cósmicos, Barcelona, Vértice, 1966; o Marionetas cósmicas, Barcelona, Ediciones FC, 1972)

La religión aún no era tema un obsesivo de Dick, pero aquí ya figura de manera central en la simbología y en la alegoría de la eterna lucha entre el bien y el mal.

Hay ecos de esta novela, intencionales o no, en Under the Dome (Bajo el domo), de Stephen King. En esta, los causantes del aislamiento total de un pueblo resultan ser extraterrestres, mientras que en la de PKD son figuras de la mitología babilónica: el espíritu destructivo y su contraparte, el espíritu de la sabiduría.

Aparece aquí otro recurso dickiano: al regresar a su pueblo natal, Ted Barton, atrapado en una singularidad que desafía el tiempo, se entera que ha muerto en esa realidad alternativa. Solo un anciano alcohólico lo acompaña en su percepción de la verdad.

Time Out of Joint (1958)
(Tiempo desarticulado, Barcelona, Minotauro, 2012)

El titulo remite a Hamlet, final del Acto I, Escena V: “Time is out of joint…”.

Tras la aparición del fantasma de su padre, Hamlet se refiere al tiempo. En la novela, todo, el tiempo, el mundo y el orden natural se desarticulan a partir de las ecuaciones de Ragle Gumm, un genio matemático que se gana la vida resolviendo rompecabezas de los diarios, hasta que su pasatiempo descompone el tejido mismo de la realidad. Gumm piensa que es un dron. Al venirse abajo el mundo que ha creído percibir toda su vida, se percata que no es quien siempre ha creído ser, y que el desenlace de un conflicto Tierra-Luna está en sus manos.

Vulcan’s Hammer (1960)
(Inédita en español)

Aquí va concluyendo la narrativa de Dick inspirada en los pulps5 de las décadas de los 30-50. Ya estaba por escribir The Man in the High Castle, con la que inauguraría una nueva visión de su quehacer literario.

Las supercomputadoras son protagonistas. Vulcan III controla al mundo. Una facción rebelde de los más bajos estratos sociales, los Sanadores, busca cambiar el status quo, pero Vulcan III piensa por sí misma y pelea brutalmente por su supervivencia. Los Sanadores se apoyarán en Vulcan II, de la anterior generación, que se creía descartada. El final es “feliz”, pero aquí tenemos prefiguraciones de HAL 9000, la computadora de 2001 Odisea del espacio (Arthur C. Clarke, Stanley Kubrick).

Si PKD hubiera conocido la realidad actual, la ingeniería genética, los avances de la IA, la progresiva invasión robótica al parecer ya incontenible, posiblemente hubiera concordado con el astrofísico Stephen Hawking, quien ha dicho que quizá en unos cien años la inteligencia artificial que ha creado la humanidad va a desplazarnos y descartarnos por inútiles. Skynet, de la saga Terminator, a la vista…

Dr. Futurity (1960)
(Inédita en español)

Basada en “Time Pawn” (“Peón del Tiempo”), cuento escrito algunos años antes y publicado en 1954.

Una de las obras más densas de Dick, quizá porque su tema central son los viajes en el tiempo, con dobles y triples vueltas de tuerca.

Jim Parsons, médico nacido en 1980, es llevado en 2012 cuatrocientos años al futuro, a un mundo en el que la eugenesia es ley y la eutanasia es bienvenida. El personaje herido que insiste en morir cuando Parsons quiere salvarle la vida pinta un momento insólito de la novela. Parsons regresará después a una época muy anterior a aquella de la que partió para asesinar a Francis Drake, cuando este llega a lo que después sería California, durante la segunda circunnavegación de la Tierra, proeza realizada por Drake entre 1577 y 1580. El mismo Parsons medita la inutilidad de su misión, y concluye que asesinar a Hernán Cortés no impediría la inevitable conquista del imperio azteca.

El desenlace es una compleja acrobacia narrativa que casi requiere de mapas de personajes y diagramas de líneas del tiempo por parte del lector.

The Man in the High Castle (1961)
(El hombre en el castillo, España, Orbis, 1987; Barcelona, Minotauro, 2002, 2003, 2007, 2011 y en Booket, 2014)

Una historia de futuros alternativos: los nazis y Japón ganan la Segunda Guerra Mundial, repartiéndose Estados Unidos. El protagonista, utilizando el I-King, descubrirá, en un clásico giro de tuerca dickiano, que la realidad no es lo que le rodea, y tampoco lo que imaginaba.

Premio Hugo por mejor novela en 1963;6 Premio Tähtivaeltaja (Finlandia, 1993). Exitosa serie de televisión de Amazon Prime (2015), “libremente basada” en la novela.

We Can build You (1962)
(Inédita en español)

Basada en el cuentoThe First in Our Family” (“El primero en nuestra familia”), de 1962, inédito durante años, publicado finalmente en dos partes en la revista Amazing Stories (1969-70), con un nuevo título del editor Ted White: A. Lincoln, Simulacrum. Como paperback, circula con su título final en 1972.

Louis Rosen, ingeniero de una compañía de instrumentos musicales, con ayuda de Pris, joven neurótica hija de un socio, crea un simulacro, un androide, de Edwin M. Stanton, Secretario de Guerra de Abraham Lincoln, y otro de Lincoln, que resulta ser ferozmente independiente. Un multimillonario quiere poblar la Luna con simulacros y todo esto da pie a un enredo de realidades y personalidades como solo Dick los sabía imaginar. La trama, de creciente complejidad, incluye terapias junguianas a Louis en el manicomio que había dado de alta a Pris.

Dedicada a Robert Heinlein y su esposa, quienes ayudaron al autor en una época de estrecheces financieras.

Martian Time-Slip (1962)
(Tiempo marciano, Barcelona, Vértice, 1966; o Tiempo de Marte, Barcelona, Minotauro, 2002 y 2008)

Basada en el cuento “All we Marsmen” (“Nosotros, los marcianos”).

En Marte, un ambicioso empresario de bienes raíces quiere controlar el extraño talento de un chico esquizofrénico, Manfred Steiner, que le permitiría penetrar los enigmas del futuro. El niño ya ha visto el porvenir, y comunicándose telepáticamente con los marcianos, lucharán juntos para detener el ominoso futuro que viene regresando en el tiempo para obliterar el presente.

Isolde (Isa), hija del autor, ha comentado que esta novela es una de sus favoritas.

Dr. Bloodmoney, or How We Got Along After the Bomb (1963)
(Dr. Bloodmoney, o cómo nos las apañamos después de la bomba, Barcelona, Acervo, 1979; Barcelona, Edhasa, 1988;
Barcelona, Minotauro, 2013)

PKD trabajó esta novela bajo dos títulos: In Earth’s Diurnal Course (En el tránsito diurno de la Tierra), y A Terran Odyssey (Una odisea terrestre). El editor Donald A. Wolheim le sugirió un título más cercano a la entonces popular película de Kubrick, Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb.

En su Histoire de la science fiction moderne, Jacques Sadoul cuenta que Dick le escribió expresando que esta novela era su favorita de cuantas había escrito. El escritor y antólogo francés no compartía su opinión, y prefería Los tres estigmas de Palmer Eldritch, El hombre del castillo y Ubik, pero reconocía que Dr. Bloodmoney era una obra maestra de horror, por su uso de insólitos personajes mutantes creados por las radiaciones atómicas tras una guerra a la que solo sobrevive parte de la humanidad. Bill, quien convive con un gemelo telepático enquistado en su cuerpo, y Hoppy, víctima de focomelia, buscan alcanzar el poder absoluto en la colonia californiana donde se sitúa la acción.

The Game Players of Titan (1963)
(Torneo mortal, España, Edhasa, 1965; o Los jugadores de Titán, Barcelona, Minotauro, 2017)

En un mundo postapocalíptico los terrícolas supervivientes juegan “Bluff” (“Engañar”), contra los vugs, seres obsesionados con los juegos de azar, habitantes de Titán (la luna mayor de Saturno), con el fin de optimizar los nacimientos humanos entre una población prácticamente estéril. Pete Garden, el protagonista bipolar, con ayuda de humanos dotados de poderes paranormales, entiende que lo que realmente quiere una facción de los vugs es esterilizar por completo a la escasa población terrestre. Los vugs pueden alterar su apariencia a voluntad e inducir alucinaciones en los humanos, y el uso de facultades paranormales está proscrito.

The Simulacra (1963)
(Simulacra, Barcelona, Minotauro, 2003)

Novela compleja, con un abanico de personajes insólitos, en la que al final reaparecen los neandertales, exultantes ante la caída del homo sapiens.

En otro futuro postapocalíptico, gobiernos totalitarios controlan al mundo con varios centros de poder: Estados Unidos fusionado con Alemania Occidental, el Imperio Francés, la República de China y África libre y negra. El centro de la autoridad comunista queda en Varsovia.

Una joven amante de las artes, la primera dama Nicole Thibodeaux, ha manejado el poder en Estados Unidos durante 73 años. Su esposo es realmente un simulacro, renovado en varias ocasiones, fabricado por una compañía alemana asociada con un cártel de drogas que logra que el gobierno proscriba el psicoanálisis. Nicole es en realidad una figura que han interpretado varias actrices sucesivamente. Kate, quien la encarna al iniciar la historia, será objeto de una conspiración, de una sanguinaria lucha por el poder en la que será asistida por su artista predilecto, Kongrossian, un pianista con poderes de telequinesis que interpreta a Schumann y a Brahms sin tocar su instrumento.

La historia se publicó como cuento en 1964: “Novelty Act” (“Novedad de farándula”). Al extender la narrativa, Dick la tituló First Lady of Earth (Primera dama de la tierra), y finalmente la novela circuló como The Simulacra.

The Crack in Space (1963)
(Inédita en español)

Basada en el cuento “Cantata 140”, referencia a la composición de Bach (BWV 140, Despertad, nos llama la voz), incluye también una referencia al cuento “Prominent Author” (“Autor prominente”). “Cantata 140” apareció en español en la antología Ciencia Ficción 10, Barcelona, Bruguera-Libro Amigo, 1975.

En 2080 la sobrepoblación y el desempleo alcanzan niveles inmanejables. Setenta millones de personas se encuentran en animación suspendida, en espera de tiempos mejores, pero llega el momento en que hay que eliminarlas o despertarlas, o despachar quizá los excedentes ciudadanos al futuro. En medio de una crisis política que se agudiza cuando un hombre negro parece enfilado a ejercer el poder ejecutivo, aparece una civilización extraterrestre que se entromete y lo complica todo.

La cuarteadura en el espacio del título se refiere a un defecto del sistema de transporte interestelar Jiffi-Scuttler, que podría traducirse como “transbordador de santiamén”.

Clans of the Alphane Moon (1964)
(Los clanes de la luna alfana, Barcelona, Minotauro, 2003)

Novela con profusión de razas extraterrestres en la que los sobrevivientes humanos de una luna-hospital en el sistema estelar Alfa Centauri (el más cercano a nuestro planeta) se juegan su destino y su independencia. Las facciones humanas, mentalmente trastornadas y ya en peligroso conflicto entre sí, lidian, entre otras especies, con los Pares, suspicaces hasta la paranoia, y los Manses, adoradores de la violencia. Narración en tono de comedia, con altas dosis de sátira e ironía. El diccionario de la Real Academia define “alfana” como caballo fuerte y brioso, y en inglés al parecer no existe definición de alphane.

The Three Stigmata of Palmer Eldritch (1964)
(Los tres estigmas de Palmer Eldritch, Barcelona, Martínez Roca, 1979; Barcelona, Minotauro, 2003, 2007 y en la Colección Booket, 2012)

Con sus estigmas —mano izquierda mecánica, ojos rasgados y dientes metálicos—, el protagonista es una de las creaciones más interesantes del corpus dickiano, un personaje que equivale a un dios.

Dick explora el tema de la religión y el uso de drogas sicodélicas como única manera de soportar una existencia horrífica en mundos sobrepoblados, incluyendo la Tierra, donde el sitio predilecto para vacacionar es la Antártida. Reaparece aquí la profesión del precog, el “precognitivo”, que figura por vez primera en “The Minority Report”, cuento publicado en 1956 (llevado al cine por Steven Spielberg en 2002), y en la novela Our Friends From Frolix 8.

PKD concibe drogas de uso “universal”, Can-D: “Candy” (dulce), y la nueva droga que trae Palmer Eldritch de otra galaxia: Chew-zee, juego de palabras en inglés con chew (mascar), que con zee resulta en una locución homófona de choosy (melindroso). La droga de Eldritch, a diferencia de Can-D, permite al usuario manipular sus fantasías.

Eldritch, adjetivo favorecido por H. P. Lovecraft, significa extraño, sobrenatural, espeluznante, de otro mundo.

The Zap Gun (1964)
(La pistola de rayos, Barcelona, Gigamesh, 2005; Barcelona, Minotauro, 2012, 2014)

El humor está presente desde el nombre del protagonista: Lars Powderdry (Lars Polvoraseca).

Titulada originalmente Project Plowshare por la frase swords to ploughshares, “espadas a arados” (conversión de armas en herramientas útiles). Dos inventores, el excéntrico Lars del Oeste capitalista y la astuta Lilo Topchev del Este comunista, viven de crear armas fantásticas e inútiles que generalmente acaban como enseres electrodomésticos. Cuando sobreviene un devastador ataque extraterrestre que desaparece ciudades enteras, combinan sus talentos (a regañadientes), para crear un arma realmente efectiva, pues el futuro de la Tierra está en juego.

Alguna vez Dick comentó que la primera parte de este libro era incomprensible; años después reconsideró y lo incluyó entre sus “novelas que quizá se salvarían de la Tercera Guerra Mundial”. La escribió mientras trabajaba simultáneamente en La penúltima verdad.

The Penultimate Truth (1964)
(La penúltima verdad, Barcelona, Martínez Roca, 1976; Barcelona, Minotauro, 2004)

Basada en un cuento de 1953, “The Defenders” (“Los defensores”). Este cuento ya es del dominio público en Estados Unidos; disponible en Project Gutenberg y como Audiolibro en LibriVox.

En 2025 la guerra es librada casi enteramente por robots, mientras lo que queda de la humanidad vive bajo tierra, fabricándolos, eternamente aprensiva por el conflicto nuclear que creen persiste en la superficie. En realidad, la guerra concluyó diez años atrás, y barones feudales que rigen en la superficie se dedican a juegos políticos con los habitantes subterráneos. Detectives, asesinatos inexplicables, viajeros en el tiempo, personajes humanos y no tan humanos (simulacros o androides), y órganos artificiales de la preguerra son parte de una ingeniosa trama.

The Unteleported Man (1964)
(Inédita en español, en cualquiera de sus tres versiones)

Ante una sobrepoblación de pesadilla (con su acompañante polución), cuarenta millones de seres humanos han sido teletransportados a 18 años luz de distancia, a una paradisiaca tierra prometida. Y como sucede con “la tierra no descubierta” del monólogo principal de Hamlet, de ella nadie ha regresado. Es el problema que afronta Rachmael ben Applebaum cuando quiere conocer la verdad y viaja a “La boca de la ballena”, el misterioso paraíso, pero en una nave interestelar.

Escrita en 1964 y publicada ese mismo año en la revista Fantastic; después por Ace Books (1966), con recortes del editor; posteriormente por Berkley (1983), como la escribiera Dick inicialmente, pero sin algunas páginas que se perdieron, al parecer irremediablemente, y sin la revisión final que había querido hacer Dick, fallecido en 1982.

Con cien páginas más que la primera versión, también existe como Lies, Inc. (Mentiras, S.A.), publicada en 1984, con las revisiones (incompletas) del autor, y posteriormente, ahora sí íntegra, por fin, al hallar el biógrafo de PKD, Paul Williams, en 2004, las tres o cuatro páginas que se creían perdidas para siempre.

En amazon.com, el anuncio de esta novela va acompañado de una cita de Roberto Bolaño: “Philip Dick sabía mejor que nadie reconocer los desasosiegos del exilio”.

The Ganymede Takeover (1965)
(Inédita en español)

Escrita al alimón con Ray Nelson en modalidad de comedia galáctica, por momentos desternillante, con tintes de horror.

La Tierra ha sido derrotada por la fuerza militar superior de invasores de Ganimedes (luna mayor de Júpiter), grandes gusanos engreídos, neuróticos y ridículos. Pequeños bandos de guerrilleros humanos proscritos preparan una insurrección contra la dominación extraterrestre y, a la vez, contra las facciones terrícolas colaboracionistas que apoyan a los alienígenas buscando beneficios propios. Utilizando armas especiales, los guerrilleros crean un ejército carnavalesco de seres ilusorios: valquirias, niños caníbales, vampiros monstruosos y más. Pero cuando estas pesadillas aterradoras no desaparecen tras cumplir su cometido, los problemas y la locura crecen exponencialmente, para todos.

Un excelente documental en el que Ray Nelson habla de su colaboración y amistad con PKD está disponible aquí:

Counter-Clock World (1965)
(El mundo contra reloj, España, Edaf, 1980)

Versión ampliada del cuento “Your Appointment Will be Yesterday” (“Su cita será ayer”).

Un planteamiento clásico tratado al estilo PKD: el tiempo que va en reversa. Es 1998 y la Fase Hobart logra revertir la entropía: los muertos reviven en sus tumbas, los ancianos rejuvenecen, las gentes regresan en el tiempo al vientre materno reconvirtiéndose en espermatozoide y óvulo durante la cópula, los inventos van olvidándose y los libros se “desescriben”. La gente come en privado, pues ahora los alimentos se consumen por vía anal, para después ser expelidos por la boca. Tres instituciones que detentan el poder libran una guerra soterrada por el cuerpo y alma del renacido Anarch Peak, un afroamericano otrora líder del Municipio Negro Libre, quien ahora volverá a serlo. Estados Unidos literalmente de cabeza en un conflicto de facciones, religiones y guerra interracial.

Do Androids Dream of Electric Sheep? (1966)
(¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Barcelona, Edhasa, 1982 y 1997 (Pocket); España, Orbis, 1986; o Blade Runner ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Barcelona, Edhasa, 2012; o bien ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Madrid, Ediciones Cátedra, 2015 (esta última con 121 pp. de introducción, estudio crítico, bibliografía, lista de adaptaciones al cine y más); Barcelona, Minotauro, Booket, 2012. En 2017 aparecerá una nueva edición especial limitada, también de Minotauro.

Entre las obras cumbres del autor, y en su encarnación fílmica Blade Runner, considerada por muchos como obra maestra de Ridley Scott, aunque el filme tenga realmente poco que ver con la novela. Parecería que la influencia de la película ha sido mayor que la del libro.

En un mundo postapocalíptico, gran parte de la población del planeta ha emigrado tras una guerra nuclear (Guerra Mundial Terminus). Rick Deckard, cazador de recompensas, extermina androides rebeldes huidos de Marte en San Francisco, California, con la mira puesta en los dólares que le permitirán comprar una oveja de verdad para sustituir la eléctrica que tiene en la azotea de su casa, que le causa conflictos matrimoniales.

En la novela, los androides desconocen la empatía, mientras que, en la película, en su desesperada búsqueda de más tiempo de vida, los “replicantes” van desarrollando esta característica humana. La película no utilizó la subtrama relacionada con el Mercerismo, una religión cuyo enigmático mesías vive una variante del mito de Sísifo —y lo hace en vivo, en televisión—, experiencia que los humanos comparten mediante una “Caja de empatía”.

Jill Galvan, especialista en estudios de ciencia ficción, considera a esta novela como un “bildungsroman de la era cibernética”.7  

En el célebre discurso “El humano y el androide”8 —ligado por la crítica a la novela—, Dick habló sobre la progresiva y ya inevitable intrusión de lo artificial y tecnológico en la vida humana. En este sentido, la novela ya no sería literatura especulativa, sería literatura que informa sobre la realidad actual, sus posibilidades y sus peligros, describiendo el sordo terror de la posmodernidad.

PKD hila fino sobre temas característicos de su producción de los años sesenta y setenta: humanos vs máquinas y androides, epistemología, la evolución o involución humana, realidades falsas, poder político y control social a través de medios y tecnologías, autoconocimiento, entropía, gnosticismo y la naturaleza de Dios.

Nick and the Glimmung (1966)
(Nick y el Glimmung, Barcelona, Minotauro, anunciada para 2017)

La única obra de PKD escrita para lectores jóvenes fue publicada póstumamente por Gollancz en 1988. Novela corta, ubicada en el mismo universo narrativo que Galactic Pot Healer (Gestarescala).

Nick, su familia y su gato Horacio emigran de la Tierra cuando prohíben las mascotas. En el Planeta del Labrador, todos se toparán con duplicados de ellos mismos, incluyendo a Horacio, y tendrán que lidiar con extraños personajes y animales alienígenas. El orden y la resolución final los dará el gato, en un final feliz.

Now Wait for Last Year (1966)
(Esperando el año pasado, Barcelona, Minotauro, 2013)

El Speculative Bulletin comentó sobre esta novela: “En verdad aborda lo que se ha dado en llamar ‘el escalofriante simbolismo de la pesadilla absoluta’”.

Eric Sweetscent (Eric Dulcearoma), convive con varias encarnaciones de sí mismo en una compleja historia desarrollada sobre el trasfondo de una guerra intergaláctica, con drogas cada vez más extrañas y de alcances inimaginables, que al parecer permiten viajar hacia delante y hacia atrás en el tiempo.

La obra también es una reflexión sobre el matrimonio. Cuando su esposa ha enloquecido y Eric viaja a México para adquirir veneno para suicidarse, recapacitará y volverá al lado de ella, víctima de deterioro mental irreversible. Es significativo que el epígrafe de esta novela es una estrofa de la quinta esposa del autor:

Encuentro. Y encontrando amor
Ya no busco más.
He hecho mi trabajo.
Encuentro: Estoy enamorada.

 Tessa B. Dick

Ubik (1966)
(Ubik, España, Orbis, 1985; Barcelona, Puzzle Editorial, 2005; Madrid, La Factoría de Ideas, 2009; Barcelona, Minotauro, 2011)

Considerada por la revista Time como una de las 100 novelas en inglés más importantes de 1923 a la fecha (1923 fue el año en que apareció la revista). El crítico de Time escribió: “Una historia profundamente inquietante de horror existencial, una pesadilla de la que nunca estarás seguro de haber despertado”.

Ubik es ubicuidad comprimida en botes de aerosol, y parece que rociarlo en su entorno es la única manera en la que el protagonista podrá estabilizar un mundo que se deteriora inevitablemente con anomalías que se extienden al mismo cosmos. Esto en el marco de una guerra entre personajes con poderes psíquico-electrónicos y otros que carecen de ellos.

PKD escribió un tratamiento cinematográfico, pero desde 1974 el filme no ha logrado aterrizar, ni con el guión del autor ni con otros subsecuentes.

Tessa, quinta y última esposa del autor, comentó que “Ubik es una metáfora de Dios”.

Galactic Pot-Healer (1968)
(Gestarescala, Madrid, Cátedra, 2016)

Desde una Tierra donde impera la ley de un gobierno totalitario y represivo que espía hasta los pensamientos de sus ciudadanos, un sanador de cerámica viaja a una lejana galaxia, al Planeta del labrador, para participar en el rescate de una catedral hundida, convocado por el Glimmung, una todopoderosa entidad alienígena.

Durante el viaje a Sirio (constelación Alfa Canis), el alfarero va escuchando las nueve sinfonías de Beethoven, una de muchas referencias novelísticas a la música, clásica y popular, que tanto amaba PKD.

Mezcla de fantasía, mitología, ciencia ficción y filosofía, la novela es también una meditación sobre el papel del artista en el mundo y en la sociedad.

A Maze of Death (1968)
(Laberinto de muerte, Barcelona, Plaza y Janés, 1999; Barcelona, Minotauro, 2013)

Novela oscura que explora la pulsión de muerte, el tánatos freudiano y las inclinaciones asesinas humanas. En un lejano planeta del cual no se puede regresar, catorce colonizadores viven en una casi ininterrumpida alucinación, asesinándose unos a otros, muriendo una y otra vez de maneras diferentes y progresivamente más complejas e insólitas.

En el prefacio, PKD explica: “La teología de esta novela no es una analogía de ninguna religión conocida. Surgió de un intento hecho por William Sarill y yo de desarrollar un sistema de pensamiento religioso abstracto y lógico, basado en el postulado arbitrario de que Dios existe”.

“En la novela, las experiencias de Maggie Walsh después de la muerte están basadas en una experiencia mía con LSD. Los detalles son precisos.” PKD dijo haber tenido solo dos experiencias con LSD en su vida. Una lo llevó directamente “al infierno” (y sería la que utilizó en esta novela); la otra, comentó, fue con un ácido tan rebajado que sus efectos parecieron menores a los del hachís.

En YouTube se encuentra una entrevista (fascinante) con PKD sobre este y otros temas:

Our Friends From Frolix 8 (1969)
(Nuestros amigos de Frolik 8, Barcelona, Martínez Roca, 1987; Barcelona, Minotauro, 2004)

Aquí, PKD imaginó una de las presencias extraterrestres más interesantes de su corpus novelístico en una historia situada en el siglo XXII, con la humanidad subdividida en categorías y en conflicto: los Nuevos Hombres, superinteligentes, los telepáticos Inusuales y los Normales u Hombres Viejos. El líder de los Normales, al estilo de Palmer Eldritch, anda fugado en una galaxia lejana, mas no buscando una droga sino auxilio extraterrestre para resolver la situación en la Tierra. Y Thors Provoni ya viene de regreso a ponerle fin a la esclavitud del homo sapiens, pero… ¿a quién o qué trae consigo, y cuál será el precio de la ayuda prometida?

Flow My Tears, the Policeman Said (1974)
(Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, Barcelona, Acervo, 1976; Barcelona, Minotauro, 2011, y Booket, Minotauro, 2015)

Ganadora del premio John W. Campbell Memorial Award a la mejor novela de 1975.9 Nuevamente, una historia que incluye una droga singular y realidades alternas. Jason Taverner, cantante y celebridad de la farándula con 30 millones de seguidores, despierta en una realidad desconcertante en la que nadie lo conoce, en la que de hecho no existe, y donde es objeto de persecución por parte de las autoridades.

Esta novela fue reconsiderada por PKD ocho años después de escrita, y en la reinterpretación que hizo de ella concluyó que trataba del regreso de Cristo. “El mensaje medular de mi novela, sin que yo lo supiera, era una advertencia a los poderosos: pronto serán juzgados y condenados.”

A la novela se refiere el texto de una célebre conferencia que PKD nunca dio: “Cómo construir un universo que no se caiga a pedazos dos días después”, incluido en su antología de cuentos I Hope I Shall Arrive Soon (Espero llegar pronto), publicada por St. Martin’s Press (New York, 1987).

Deus Irae (1976)
(Deus Irae, Barcelona, Bruguera, 1977; Barcelona, Ediciones B, 1987; Granada, Ícaro, 2008)

Basada en los cuentos “The Big C” (“La Gran C”) y “A Planet for Transients” (“Un planeta para pasajeros”), y terminada al alimón con Roger Zelazny.

Dick no podía terminar la novela pues decía desconocer realmente el tema del cristianismo. Pidió ayuda a Ted White, quien no se entusiasmó y dejó el manuscrito arrumbado hasta que lo vio Zelazny, quien sí se ofreció para redondear la obra.

Quizá solo Dick pudo imaginar a Tibor McMasters, un pintor sin brazos y sin piernas, afectado de focomelia, equipado con miembros robóticos, el mayor genio artístico de su tiempo, a quien le encargan pintar el retrato de un nuevo mesías, heraldo de la religión de la “ira divina”, afín al gnosticismo. Una guerra atómica ha destruido gran parte de la Tierra; se dice que la ruina fue causada por el dios de la ira, Carleton Lufteufel.

Considerada una de las novelas menos logradas de PKD.

< p>• Radio Free Albemuth (1976).
(Radio libre Albemuth, Barcelona, Ultramar, 1990)

Aunque fue publicada hasta 1985, tres años después del fallecimiento del autor, marca el inicio de su tercera etapa como novelista, centrada en sus preocupaciones y vivencias de carácter religioso.

En esta distopía, PKD comenzaba a tratar de entender una experiencia mística que tuvo el 3 de febrero de 1974; él mismo es uno de los personajes que, autobiográficamente, padece delirios paranoicos. En un mundo alternativo, en una sociedad decadente y políticamente reprimida (parecida a los Estados Unidos de la era Nixon), asediados por paranoias y persecuciones, librepensadores buscan alternativas, animados por Valis, un satélite de otro mundo en órbita alrededor de la Tierra que se comunica con humanos selectos.

Cuando un editor le exigió reescribir gran parte de la novela, Dick la dejó como estaba e integró la narrativa en otra, VALIS, que sería la primera parte de la “trilogía” del mismo nombre.

Radio Free Albemuth se filmó en 2010, “libremente adaptada” de la novela. La película tuvo una exhibición muy limitada, una taquilla inferior a 10 mil dólares, y sobrevive en DVD.

A Scanner Darkly (1977)
(Una mirada a la oscuridad, Barcelona, Acervo, 1980; Barcelona, Minotauro, 2002)

Novela autobiográfica que en 1978 recibió el British Science Fiction Award y su equivalente francés, el Graouilly D’Or, en 1979.

El personaje central, Bob Arctor, lleva una vida doble. Como vendedor de la droga mortal Sustancia D (D de death, muerte), y como Fred, un agente de narcóticos que le sigue la pista a Bob Arctor.

Trata temas de identidad personal, adicción, vigilancia y la progresión de daños cerebrales irreversibles. Una historia cautelar en toda la extensión del término; drogas reales e imaginarias aparecen en muchas de sus novelas, pero PKD nunca propugnó su uso y más bien condenó los alucinógenos y sus efectos negativos sobre la conciencia y la vida humana.

Filmada en 2006 por Richard Linklater, con animación por rotoscopio y con un elenco estelar, la película fue nominada para un Hugo en la categoría de Mejor presentación dramática en formato extendido.

El título en español no traduce del todo la idea del original: “For now we see through a glass, darkly…”, la Biblia, Corintios 1, 13. En español: “…al presente, [lo] vemos como en un mal espejo, y en forma confusa…” (la Biblia, Latinoamérica, Navarra, Editorial Verbo Divino, 1994).

VALIS (1981)
(Valis, Barcelona, Ultramar, 1988; Barcelona, Minotauro pasta dura, 2001; en rústica, 2003 y en Booket, 2017)

Obra capital de la ciencia ficción estadounidense, en 1985 mereció en Alemania el Premio Kurd Lasswitz a la mejor novela extranjera.10

VALIS es abreviación de Vast Active Living Intelligent System  (Sivainvi: SIstema de VAsta INteligencia VIva, en español) visión gnóstica de PKD de un aspecto de Dios.

Después de Radio Free Albemuth (“borrador” de esta novela), Dick seguía dedicado a la interpretación de su experiencia mística de 1974. Cuando tuvo lugar, el día 3 de febrero de aquel año, consideró que la inteligencia superior (Sivainvi) a la que alude el título se había comunicado con él mediante un rayo de luz rosa. Nuevamente el propio autor es un personaje de la novela, el narrador.

El protagonista se llama Horselover Fat (Amante de Caballos Gordo). Philip en latín significa “amante de caballos”. Dick, en alemán, significa Fat (gordo, corpulento). Por otra parte, el protagonista se divide en dos: Horselover y Fat. Y esto es solo el principio de una novela aturdidora, un recorrido por buena parte de la filosofía y de la religión occidental, la tradición hermética y el gnosticismo cristiano.

Superando la anamnesis, el hombre accede a su pneuma (la chispa del antiguo gnosticismo), al fragmento de Dios oculto en el interior del ser humano, y así, al mejor y más antiguo aspecto de cada persona.

 

The Divine Invasion (1981)
(La invasión divina, Barcelona, Ultramar, 1990; Barcelona, Minotauro, 2013)

Extensión del cuento “Chains of Air, Web of Aether” (“Cadenas de aire, red de éter”) de 1980.

VALIS debía ser la primera parte de una trilogía. Le seguiría The Divine Invasion y concluiría con The Owl in Daylight (El búho a la luz del día), pero esta novela quedó inconclusa a la muerte del autor y no ha sido publicada.

El título de trabajo de esta novela era Valis Regained (Valis recuperado), aunque no figuran en ella los personajes de Valis, y la trama es diferente: “Yah” (Yahveh) no ha muerto, está refugiado en otro sistema estelar, en un planeta donde convence al protagonista, Herb Asher, de que debe reconquistar la Tierra, dominada por Belial, un aspecto de Lucifer.

Viajes interestelares, mundos paralelos, realidad virtual, una supercomputadora llamada Noodle (Fideo o Tallarín), una Iglesia cristiana-islámica, una mujer que podría ser divinidad en una dimensión desconocida, son algunos elementos de esta novela que retoma interrogantes de Valis y sigue planteando si el ser humano puede realmente conocer, y entender, lo divino.

The Transmigration of Timothy Archer (1982)
(La transmigración de Timothy Archer, Barcelona, Minotauro, 2012).

Sin tener realmente una relación directa con las dos primeras entregas de la “trilogía” de Valis, esta novela, considerada la última de Dick, fue publicada poco después de su muerte en 1982.

Editores la han presentado como la “tercera parte” de la trilogía Valis, y en cierta forma cumple esa asignación por su temática de búsqueda religiosa, mística y filosófica; pero en sentido estricto, la tercera parte de la trilogía Valis hubiera sido la incompleta The Owl in Daylight.

Titulada originalmente Bishop Timothy Archer (Obispo Timothy Archer), la historia inicia el día en que asesinan a John Lennon. Ambientada en los años sesenta y setenta, gira en torno a un obispo episcopal que debe lidiar con las implicaciones teológicas y filosóficas de fragmentos de unos rollos gnósticos recién encontrados, escritos por Sadoc, sacerdote del Antiguo Testamento relacionado con el Rey David y el Arca de la Alianza, y primer oficiante del Templo de Salomón.

Novela dura, áspera, pero a la vez narrada con humor y compasión, que indudablemente refleja en parte el abismo místico y la inquietud existencial que contemplaba su autor en el penúltimo año de su vida. Ursula K. Le Guinn, compañera de PKD en la primaria, expresó: “Un artista elusivo e incomparable… ningún novelista estadounidense en activo se arriesga tanto como él… Él gana”.

Archer está vagamente basado en un personaje de la vida real, el controversial obispo episcopal James Pike, a quien Dick trató largamente, y que ofició la boda del autor con Nancy Hackett, una de sus cinco esposas. Pike murió en 1969, durante una exploración en el desierto de Judea, cerca del Mar Muerto, buscando evidencia histórica de la existencia de Jesús.

Esta novela es única en tanto que incluye una bibliografía de 24 obras literarias y musicales que comienza con Esquilo y cierra con W. B. Yeats.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman (Vértigo) y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

 

Algunas obras de consulta

Histoire de la Science Fiction Moderne, Jacques Sadoul, Paris, Albin Michel, 1973.

Science Fiction–Today and Tomorrow, Reginald Bretnor, Editor, New York, Harper and Row, 1974.

Future Perfect, American Science Fiction of the Nineteenth Century, H. Bruce Franklin, New York, Oxford University Press, 1978.

The Encyclopedia of Science Fiction, Peter Nichols, Editor general, Gran Bretaña, Granada Publishing, 1979.

PKD A Philip K. Dick Bibliography, Compilación de Daniel J H Levack, anotaciones de Steven Owen Godersky, San Francisco, California, Underwood/Miller, 1981.

The Philip K. Dick Collection, The Library of America, New York, N.Y., Library Classics of the United States, Inc., 2009.


1 La fecha indicada entre paréntesis corresponde al año en que fue escrita la obra. De las versiones en español, damos los datos disponibles.

2 La Exégesis, cuyo objetivo era explicar su experiencia mística de 1974 (y algunas otras) reúne diarios personales, bosquejos, meditaciones, estudios de filosofía, reconsideraciones y reinterpretaciones de muchas de sus propias novelas. PKD nunca contempló publicar los escritos de La Exégesis, pero hoy, el hambre por cuanto lleve el nombre del autor parece insaciable. ¿Fue una invasión mental cósmica o un evento neurológico lo que dio lugar a este trabajo? El propio autor falleció, víctima de una apoplejía, mientras batallaba por resolver esa interrogante.

3 El caso más emblemático es sin duda la cinta Blade Runner. Inspirada en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, el título, adquirido expresamente por Ridley Scott para su película de 1982, corresponde a una novella de William S. Burroughs, Blade Runner (a movie), a su vez un tratamiento cinematográfico de la obra de Alan E. Nourse, The Bladerunner. Al parecer, Scott no leyó toda la novela de PKD, sino que para efectos de la filmación se basó en el guión de Hampton Fancher y David Peoples. Por su parte, Blade Runner 2049 ni siquiera está “basada libremente” en una obra de Dick, sino en “conceptos y personajes” creados por el escritor. El título original de Nourse podría traducirse como “el corredor o traficante o contrabandista de navajas”, de escalpelos. También, Blade Runner, a secas, da la idea de alguien que “corre sobre el filo de la navaja”. En este detalle, Scott acertó.  

4 Botón de muestra de la profusión de enfoques sobre PKD: compárense sus entradas de Wikipedia en inglés, español, francés e italiano. La entrada en inglés menciona 14 o 15 adaptaciones cinematográficas (incluyendo la serie de televisión británica de Channel 4 estrenada apenas este 17 de septiembre, Philip K. Dick’s Electric Dreams). La entrada en francés menciona muchas más adaptaciones a cine, televisión y otros medios, y solo en ella se menciona el filme Pasajeros, de 2016, como producción “inspirada” en el cuento “I Hope I Shall Arrive Soon” (“Espero llegar pronto”), titulado originalmente “Frozen Journey” (“Viaje congelado”), publicado en 1980 en Playboy.

5  Nombre genérico de las revistas populares de los años 30 y 40 impresas en papel barato, pulpa o pasta de celulosa. En aquellos años, la ciencia ficción solo aparecía en revistas como Amazing Stories y Astounding Science Fiction. El marco narrativo enfatizaba sobre todo el perfeccionamiento y la proliferación de las máquinas, la lucha por la evolución y supervivencia de la especie humana y la segunda ley de la termodinámica (entropía irreversible en sistemas cerrados). Un ejemplo clásico de este tipo de historias sería The Time Machine (La máquina del tiempo) de H. G. Wells. En los años 50, con la aparición del paperback o libro de bolsillo, aumentaría exponencialmente la difusión —y sofisticación conceptual y narrativa— de la ciencia ficción.

6 Desde 1953, en Occidente, el Hugo es el máximo galardón otorgado a obras de ciencia ficción. Lo otorga la World Science Fiction Society, en honor del controversial Hugo Gernsback (1884-1967), fundador de la revista Amazing Stories y editor pionero del género.

7 “Entering the Posthuman Collective in Philip K. Dick’s ‘Do Androids Dream of Electric Sheep?’”, Jill Galvan, Science Fiction Studies, Vol. 24, No. 3, 1997, pp. 413-429.

8 En: http://bit.ly/2y8p28t

9 Prestigioso premio creado en recuerdo de John W. Campbell (1910-1971), escritor y editor de Astounding Science Fiction, considerado luz y guía de la llamada Era Dorada de la ciencia ficción en lengua inglesa. Una de sus novelas cortas, Who goes there? (¿Quién ronda ahí?) ha sido llevada a la pantalla en tres ocasiones como The Thing (El invasor de otro mundo; La cosa; La cosa de otro mundo).

10 Kurd Lasswitz (1848-1910), matemático, físico y escritor, considerado “el padre de la ciencia ficción alemana”. Un cuento suyo de 1901, “La biblioteca total”, citado por Borges en un ensayo de 1939, sería el antecedente literario de “La biblioteca de Babel”.

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