El derrumbe del icónico centro SCOP es inminente. Por su parte, los murales que lo integran están siendo desmantelados y su próximo destino es incierto, lo que ha levantado serias dudas entre la comunidad de especialistas y artistas que se están movilizando en defensa del patrimonio. Este texto arroja luz sobre las decisiones y polémicas hasta el momento.

Cuando el arquitecto Carlos Lazo asumió el cargo de Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas en 1952, visualizó una doctrina para urbanizar y construir vías de comunicación que unieran a todo el país con la lógica de encaminarlo al progreso inminente. Las ideas detrás de esa doctrina son visibles en los murales de la icónica edificación del llamado centro SCOP, realizados en 1954 por Chávez Morado, Juan O’Gorman, Jorge Best, Arturo Estrada, Luis García Robledo, José Gordillo y Guillermo Monroy. Los murales fueron producidos con la misma técnica utilizada en la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria años antes, “piedras de colores naturales sin pulir, fijadas en placas precoladas de concreto, de un metro cuadrado cada una, que unidas forman las imágenes”.1 Como contamos en este texto, el edificio ubicado en la colonia Narvarte atendía no solo las nociones estéticas establecidas a partir de la experiencia de CU —este ícono de la arquitectura moderna respondía a los ideales de la Integración Plástica, la unión de la arquitectura con el arte para lograr un todo estético que comunica al transeúnte— sino también la configuración de una arquitectura de corte político, en donde los murales eran parte de la propaganda de ideas asociadas a la tradición y la modernidad de México.

Como es sabido, los edificios que conforman el conjunto del SCOP quedaron profundamente dañados tras el sismo del 19 de septiembre de 2017. Ya habían sufrido daños con el terremoto de 1985, cuando desaparecieron pisos enteros y se tuvieron que reconstruir varias partes de los murales originales. Como en aquella ocasión, resultaba fundamental que se generara un plan de acción para salvaguardar la estructura que hoy es patrimonio cultural del país. Sin embargo, el derrumbe del SCOP esta vez es inminente, lo que ha resultado en un proceso complicado y confuso sobre cómo definir el destino y tratamiento que deben tener los murales.

El pasado jueves 4 de octubre se convocó a una manifestación en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, albergada en el predio en disputa, para evitar que las decisiones sobre el sitio atenten contra el patrimonio que representan los murales, pues desde hace un par de semanas se están llevando a cabo obras para la remoción de los mismos. Ante la inconformidad de investigadores y artistas, manifiesta desde hace meses, es necesario analizar a fondo la situación pues, además de revelar la falta de coordinación y colaboración entre las instituciones dedicadas a salvaguardar el arte en el país, las controversias suscitadas por el destino de los murales y del sitio en su conjunto han distorsionado información fundamental.

Las declaraciones públicas sobre el plan de acción para conservar los murales y sobre su nuevo destino, señalan como responsables a la propia SCT y al Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam), una dependencia del INBA que desde el 25 de septiembre autorizó el desmontaje de las piezas reconstruidas en el inmueble por ser las que se encuentran en mayor riesgo. Según declaraciones de Rodrigo Rodríguez, oficial mayor de la SCT, a finales de noviembre se habrá logrado retirar un 70% de los murales; también aseveró que el INBA y la Secretaria de Cultura serán quienes finalmente decidan el destino de las obras, mientras que el Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (Indaabin) decidirá el destino del SCOP.2 Esto significa el inminente divorcio de la obra integral pensada por Carlos Lazo.

A principios de abril de este año se hizo público que especialistas realizarían un dictamen para documentar el estado de conservación de los murales del SCOP, incluyendo registros fotográficos de alta calidad y escaneos láser en 3D, según Ramón Velázquez, director de CAV Diseño e Ingeniería, una empresa que recientemente ha participado en varias acciones de conservación de obra pública, y que está a cargo de la delicada tarea en el edificio funcionalista (fue la ganadora del concurso entre tres empresas especializadas, de las cuales, empero, no se ha dado a conocer suficiente información)3 El rescate y conservación es contra reloj, pues la construcción se encuentra en tal deterioro que su derrumbe podría ocurrir en cualquier momento. Sin embargo, lo único que se ha especificado hasta el momento sobre el destino de los murales es que serán resguardados en bodegas temporales ubicadas dentro del mismo predio.4

Como hemos mencionado, artistas, académicos, investigadores e integrantes de diversas instituciones vinculadas al ámbito del arte y la cultura se han manifestado en contra de la remoción de los enormes murales. Algunas de las posturas se han dado a conocer a través de la prensa, cartas institucionales e incluso manifestaciones in situ. Las posturas más contundentes son las del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) y el Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM, las cuales han dicho abiertamente que las acciones gubernamentales emprendidas hasta ahora atentan contra el patrimonio. Guillermina Guadarrama, especialista en el tema de los mosaicos mexicanos e investigadora del Cenidiap, cuestionó que el gobierno federal no tuviera fecha y plan de reubicación definitivos, así como la decisión de darle la concesión de conservación a una empresa particular en donde no hay ninguna mano conocedora del tema.5

Por otro lado, desde la perspectiva del artista Ariosto Otero, remover y trasladar los murales rompe la narración del  conjunto histórico, convirtiendo  los murales simples piezas decorativas.6 Este mismo reclamo es claro en el comunicado emitido por el IIE desde el 6 de abril de 2018, y parte de una preocupación sobre el contexto histórico, artístico y político del sitio. ¿Cómo se actualiza su valor como patrimonio de la arquitectura moderna mexicana si su función deja de ser la original? Finalmente, se ha puntualizado la falta de transparencia en el proceder de las instituciones encargadas de tomar decisiones y la ausencia de un equipo integrado por especialistas que puedan evaluar de manera global el proceso. Ésta última queja es lo más cercano a una declaración propositiva.

Las autoridades deben considerar que el valor estético de este edificio reside en su técnica. Con más de seis mil metros de piedras repartidas entre las distintas fachadas de la construcción, es la mayor experimentación con murales con mosaicos en México.7 Su elaboración requirió del trabajo de “pintores, pintores ayudantes, proyectistas, escultores, estudiantes de artes plásticas, obreros y artesanos”,8 una empresa titánica que implicó el trabajo coordinado de artistas, artesanos y arquitectos, algo que hay que tomar en cuenta al momento de discutir su destino. Los murales fueron pensados como un elemento constructivo de la edificación, en donde la casi nula necesidad de mantenimiento de las piedras naturales fue una característica determinante para la estructura del conjunto.9 Además, la obra artística y arquitectónica que significa el SCOP cumple con todos los requisitos para ser considerado un inmueble con valor estético relevante, pues de acuerdo al artículo 33 de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos, esta edificación es representativa, está inserta en una corriente estilística concreta y los materiales y técnicas de los murales constituyen una innovación.10 Es urgente que un grupo de especialistas que vincule las distintas instituciones culturales interesadas colabore en proponer un destino adecuado para el SCOP, siempre en diálogo público y atendiendo la necesidad de regenerar el paisaje urbano de esta zona en la colonia Narvarte. Como bien señala el comunicado del IIE: “Cualquier proyecto [que se emprenda] debe considerar el paisaje urbano de la zona donde se ubica el conjunto en la actualidad como parte del patrimonio cultural”.11

¿Cómo resolver el divorcio ente la arquitectura y los murales? Hay que decir que, desde su construcción, el edificio no pudo cumplir con la función original que se le había destinado; fue pensado como un recinto hospitalario que no pudo ser operado y así fue como terminó fungiendo como sede de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. A este uso incorrecto se le puede atribuir el estado actual de la estructura arquitectónica. Como explicó la arquitecta Lourdes Cruz González Franco, la gran cantidad de archivos que se concentraron en el edificio a lo largo del tiempo, provocó que se incrementaran las cargas en distintos puntos de los entrepisos. Hoy, su estructura está tan deteriorada que es imposible mantenerlo en pie y habitable, por la tanto es difícil hablar de actualizar su valor como edificación perteneciente al movimiento de la Integración Plástica.

Lo que queda, pues, es salvaguardar los murales. Desvincularlos del edificio no es ideal ni responde al plan de original de sus creadores, pero si se pueden preservar estas piezas, impedir que caigan el olvido y crear un verdadero plan para que sigan perteneciendo al paisaje de la colonia Narvarte, que es el lugar al que pertenece originalmente la edificación, es lo que corresponde hacer. La SCT y el INBA deben considerar que el imaginario de ciudad que se despliega del conjunto SCOP es de carácter social, derivado de la percepción de quienes habitan y transitan con frecuencia la zona. Esta acotación no es gratuita, considerando la tergiversación de información sobre el destino de los murales, causada en buena medida por el proceso sombrío que envuelve a las obras del SCOP, la deficiencia de las instituciones culturales gubernamentales y la falta de atención a la situación en que se encuentra el predio. Entre las especulaciones, la versión de que las obras se irían al nuevo aeropuerto fue la que cobró mayor relevancia. La historia detrás de este rumor se debe a una pieza que el artista Pedro Reyes presentó en la exposición Archivo(s) Centro SCOP a principios de año, donde la reproducción miniatura de los murales figuraban dentro de algunos espacios de una maqueta del NAICM. La obra de Reyes pasó de ser una propuesta artística conceptual a ser parte de una controversia en una especie de teléfono descompuesto. Si bien es cierto que no existe una propuesta oficial y certera de que los murales serán reubicados en el nuevo aeropuerto, tampoco se ha dicho nada sobre el llamado a encontrar un destino que atienda las funciones reales de las obras: comunicar.

Ahí es donde tenemos que poner el dedo y establecer el diálogo entre académicos y especialistas. ¿Cuál es el mejor destino para los murales? Una bodega donde queden privados del ojo público con el pretexto de la conservación es insuficiente y en esto el gremio tiene razón. Sin embargo, esto no quiere decir que la condena al procedimiento de remoción y conservación esté en lo correcto. De acuerdo con varias notas periodísticas,12 el Ceprodam está al pendiente del procedimiento de los murales y CAV Diseño e Ingeniería cuenta con el equipo y la trayectoria que avala su labor. Tiene experiencia en conservación de obras como la reubicación del monumento a Cuauhtémoc, las esculturas de la Ruta de la Amistad y el conjunto escultórico de Santa Fe; desmontaron las efigies teologales de Manuel Tolsá, realizaron el escaneo láser 3D y la restauración de la escultura de La Espiga en Ciudad Universitaria, trabajaron en la restauración de la antigua Casa de Moneda y en la conservación de pintura mural del Ex Convento de Santa María Tepetlaoxtoc, entre otros.

Las declaraciones de las instituciones a propósito de la falta de un comité especializado parecen revelar una disputa interinstitucional vinculada a la poca comunicación y colaboración que existe entre las mismas. Más allá de las visiones divergentes, la SCT y la SC aparentemente se negaron a dar cabida y respuesta a los reclamos de las instancias públicas más importantes dedicadas al estudio de la historia del arte en nuestro país. Aunado a ello está la falta de claridad pública en la toma de decisiones y el proceder por parte de las instituciones responsables del rumbo de los murales del SCOP. Es cuestionable la manera en que se relacionan las instituciones culturales y académicas del país y cómo se estructuran las élites, comités, grupos y demás frente a situaciones como la del SCOP. Es un problema que insinúa que las cuestiones referentes a patrimonio y cultura no se toman con la seriedad adecuada, lo que hace de esta polémica un buen punto de partida para reflexionar cómo se entiende la cultura y el patrimonio en México.

Se ha declarado que la presente administración de la SCT solo puede atender el desmontaje de los murales, que desconoce el siguiente paso a seguir o quién será el responsable de dar continuidad al proyecto. Tampoco se tiene un lugar físico para almacenar los murales; se ha manifestado que las bodegas que los resguarden se construyan en el mismo predio, o llevar los retazos de mosaicos a las bodegas del INBA, y es ahí donde los llamados de atención por parte de la comunidad de académicos tienen sentido y relevancia. El pantanoso destino de los murales del SCOP es una oportunidad para pensar en cómo generar políticas culturales eficientes en torno al patrimonio cultural de la época moderna.

 

Nadia Ximena López 
Historiadora del Arte y Productora de Teatro.

Viridiana Zavala 
Maestra en Historia del Arte.


1 Guillermina Guadarrama Peña, El mosaico mexicano, una aportación al muralismo, p. 470.

2 Declaración publicada por Reforma en la nota “Retirarán 70% de murales dañados en SCT” del 9 de octubre de 2018.

3 Cfr. “Preparan remoción de murales en SCT”, en Reforma, 9 de agosto, 2018.

4Cencropam acudirá a verificar el resguardo de murales del Conjunto SCOP”, Excelsior, 6 de octubre, 2018.

5 El seguimiento de las declaraciones de manifestantes se puede hacer en la cuenta de Twitter @defensaSCOP (En Defensa del Patrimonio del Centro SCOP).

6 “Convertirán murales del SCOP en arte decorativo”, El Universal, 5 de octubre, 2018.

7 Guadarrama, 470.

8 Guadarrama, 470.

9 Guadarrama, 471.

10 Incluso la investigación de Guillermo Guadarrama señala que se incluyeron innovaciones en el tratamiento de los materiales de los mosaicos como el “barro esmaltado cocido a altas temperaturas y mosaico de vidrio, materiales que le permitieron tener cerca de treinta tonos que dieron gran colorido a los murales”. Guadarrama, 472.

11Pronunciamiento del Instituto de Investigaciones Estéticas sobre el Centro SCOP”, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.

12 Cfr. “Se ha restaurado 21% de bienes culturales dañados por el sismo del 19/S, según la SCT”, en La Jornada, 19 de septiembre, 2018; “Pondrán a salvo, en bodega, los murales del siniestrado Centro SCOP”, en El Economista, 8 de octubre, 2018; “Especialista supervisarán resguardo de murales del centro SCOP”, en El Universal, 5 de octubre, 2018; “Avala INBA retiro de murales de SCT”, en Reforma, 6 de octubre, 2018.

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Tras el sismo del 19S, el estado en que se encuentran edificios icónicos de nuestra arquitectura moderna como el centro SCOP, el Conjunto Aristos o el Conjunto Unidad Presidente Alemán, ponen en la mesa una discusión urgente sobre los riesgos que corre en nuestro país el imaginario arquitectónico del siglo XX.

Muchos edificios construidos entre las décadas de los cuarenta y sesenta del siglo pasado —representativos de una arquitectura de corte funcionalista y pertenecientes a la corriente de Integración plástica en México—, sufrieron grandes daños estructurales durante el sismo del 19 de septiembre. Aunque teóricamente un edificio debería perdurar para siempre y cumplir la función para la que fue construido, varias de estas edificaciones fueron empleadas para usos distintos a los originales, o desgastadas por el paso del tiempo y descuidadas en medio del crecimiento de la ciudad. Todo esto puso en peligro de desaparición obras representativas de la arquitectura y el arte del México moderno.


Conjunto Aristos, s/f, fotografía ubicada en el fondo José Luis Benlliure del Archivo Arquitectos Mexicanos.

Para entender el estado en el que se encuentran actualmente algunos edificios icónicos de la arquitectura moderna nacional, es necesario reflexionar sobre el empleo de materiales y técnicas utilizadas en aquella época, mismas que respondían a parámetros internacionales más que a necesidades locales. Al mismo tiempo, se trata de edificaciones que fueron creciendo de manera vertical sin considerar los peligros latentes, que incluían sobre todo el complejo tipo de suelo de la Ciudad de México. Ejemplo de esto es el Conjunto Aristos, levantado entre 1959 y 1961 por el arquitecto José Luis Benlliure y el ingeniero Manuel Klachky , ubicado en Insurgentes Sur 421, en la colonia Hipódromo Condesa. En su construcción se empleó alambre de cobre para los cimientos y muros bajos, una técnica llamada electro-ósmosis que se utilizaba en Suiza para combatir la humedad de suelos pantanosos. El historiador del arte y arquitecto Marco Polo Juárez explica que este método se basaba en la propiedad capilar del agua y la salinidad que tiene esta o el suelo en cuestión. En la actualidad ya no se recomienda usarla, dada su inefectividad, pues el agua termina subiendo por otros medios y debilitando las estructuras. Los niveles del manto freático de la ciudad, por ejemplo, hacen que esto suceda desde el propio contacto con los materiales de la edificación.

Al problema de los materiales y técnicas utilizadas en la construcción de las edificaciones de la arquitectura moderna, se suman los estudios de suelo que se hacían a mediados de siglo XX, mismos que no atendían todas las condiciones de construcción en la Ciudad de México que hoy conocemos. Como explica Juárez, si además se considera el uso de tecnologías novedosas que no habían sido probadas en las características de esta superficie, la mala praxis en las construcciones —había ocasiones en las que la edificación quedaba en manos de algún albañil experimentado y no precisamente del ingeniero o arquitecto responsable— y el mal manejo de fondos que siempre ha existido en el país, resulta obvio que los problemas saldrían a la luz tarde o temprano. De ahí la urgencia actual de estudios más rigurosos y la incorporación de geólogos en los equipos de arquitectos, entre otras necesidades.

Si se sistematizan estas observaciones, la arquitectura de la época moderna no solo tendrá el valor simbólico dentro de la historia del arte que ya la caracteriza, sino que pasaría a ser un elemento de aprendizaje en términos prácticos. Hoy se sabe que se deben considerar mínimo tres tipos de suelo distintos cuando se habla de la ciudad y Juárez recomienda que, a partir de este conocimiento y con las evidencias recientes, se incrementen los estudios de mecánica en los suelos, los análisis que entiendan la química, el revenimiento de la tierra y el nivel de humedad.

Conjunto Unidad Presidente Alemán. Fotografías extraídas de la revista Arquitectura México N°118, año 40, 1978.

Por su parte, Lourdes Cruz, arquitecta e investigadora del Centro de Investigaciones en Arquitectura, Urbanismo y Paisaje de la UNAM, considera que los materiales representativos de la construcción en la arquitectura moderna —el hierro y concreto—, el desgaste de sus estructuras y cimientos, sumados a la falta de mantenimiento, son los responsables del estado en que quedaron estos edificios después de las últimas catástrofes naturales. Por ejemplo, cuando las varillas de hierro quedan expuestas por el deterioro del concreto, se van debilitando y generan probabilidades de resquebrajamiento de algunos de los elementos de las construcciones. Este es el caso del Conjunto Unidad Presidente Alemán (C.U.P.A.) en donde, con el paso de los años, elementos como las trabes y las columnas han quedado desnudas. Si bien el conjunto sigue en pie y no tuvo daños estructurales durante el reciente sismo, ya muestra un deterioro alarmante, el cual debería prevenirse antes de que sea demasiado tarde. Otra constante en los patrones de deterioro según Cruz es el reúso constante de los edificios. Es el caso concreto del centro SCOP, el cual inicialmente fue pensado para ser un hospital, y al fracasar este proyecto se convirtió en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; el edificio contaba con reglas específicas para la ubicación de cargas de peso que no fueron atendidas por las sucesivas administraciones. Un caso comparable es el del edificio Aristos, que fue pensado para ser un espacio habitacional con oficinas, pero el uso de espacios laborales se impuso para albergar al INAH. La falta de mantenimiento aunado a su ubicación en una zona de gran peligro son las causas de su estado actual.

Cabe señalar que estos dos conjuntos se encuentran bajo el uso de dependencias de gobierno: el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, mismas que no han atendido el valor cultural e histórico que tienen sus propios edificios. El centro SCOP es uno de los mayores representantes del movimiento de Integración plástica, caracterizado por la unión entre la pintura y la arquitectura —un sello propio de la arquitectura de nuestro país —, mientras que el Conjunto Aristos fue uno de los primeros edificios en México en mostrar formas curveadas, no solo en el plano ornamental sino como parte de su estructura.

Ver en retrospectiva las nociones sociales y políticas que defendía el funcionalismo nos lleva a repensarlo, no solo en términos de su innovaciones, sino sobre todo como una ideología rebasada por el tiempo. Los conjuntos Aristos y el C.U.P.A fueron diseñados para ser centros habitacionales y al mismo tiempo cumplir los deseos de comercio y trabajo de sus habitantes. Se estructuraban con la idea de ser células capaces de funcionar casi de manera autónoma y volverse engranajes de la gran máquina: la ciudad. Pero la idea de ciudad moderna fue rebasada por la propia modernidad. En ambos casos, las nuevas técnicas permitieron la integración del arte y la arquitectura, pero parecería que el factor fundamental de ambos fue olvidado: se trataba de obras de arte insertadas en la vida cotidiana, y en la memoria solo permanecieron sus épocas de esplendor.

Paradójicamente, es muy difícil conservar la arquitectura del siglo XX en comparación con  los edificios prehispánicos y virreinales. Esto se debe a que los segundos cuentan con lineamientos claros para que sean considerados como parte del legado de nuestro pasado; así, se conservan y mantienen bien en su mayoría.  La arquitectura moderna, por su parte, es vista como una “etapa de transición, que contó con elementos urbanos y arquitectónicos de continuidad en los diferentes periodos” que la antecedieron,1 pero no cuenta con la suficiente potencia en nuestro imaginario histórico como para considerarla fundamental. Una explicación de esto es la que da la arquitecta Lourdes Cruz, quien considera a la cercanía temporal de estas obras como un factor para que aún no se les considere como parte de nuestras raíces culturales: un mal que afecta a varias producciones artísticas del siglo XX.


Conjunto Unidad Presidente Alemán. Fotografías extraídas de la revista Arquitectura México N°118, año 40, 1978.

El Conjunto Aristos, el centro SCOP y C.U.P.A, cuentan con obra de artistas como José Clemente Orozco,2 Juan O’Gorman, José Chávez Morado, Luis García Robledo, Guillermo Monroy, Arturo Estrada, Rodrigo Arenas Betancourt y Francisco Zúñiga, todos representantes fundamentales del imaginario del México moderno. Frente a los problemas estructurales de los edificios que albergan estas obras, ¿qué pasará con ellas en cuestiones de patrimonio y conservación? Se puede suponer que los costos de retirarlas de las edificaciones, en el caso del SCOP y el Conjunto Aristos, serían elevados, lo mismo que su eventual conservación. Por otro lado, si se les resguarda en bodegas de dependencias culturales y artísticas del gobierno, perderán su carácter público, aquella esencia con la cual fueron planeadas.

Frente a esta situación particular surgen varias interrogantes respecto a cómo proceder en términos de patrimonio cultural. Para Lourdes Cruz, hay una cuestión de fundamentos de la arquitectura que no se puede dejar de lado: cuando un edificio ya no es habitable, también pierde el sentido de ser conservado. Sin embargo, no debemos perder de vista la existencia de problemas de índole social al momento de concentrarnos en atender lo cultural y artístico:

Cuántos bienes patrimoniales se perdieron en el Estado de Morelos, cuatrocientas capillas o más; mil y tantos edificios entre Oaxaca, Chiapas, Morelos. Son  más (…) los edificios patrimoniales dañados y el pueblo dice: “no nos reconstruyan las casas, reconstruyan la iglesia”. Ante estos panoramas, ¿quién va dar dinero para rescatar una escultura? ¿la dependencia encargada? ¿el INBA, el INAH? Toda esta destrucción rebasó al gobierno, a todas las instancias (…) Es muy difícil cegarse (…) Cuántas personas se quedaron sin casa y sin edificios que les dan identidad, como en el caso de las iglesias. La situación rebasó al FONDEN, al INAH, al INBA, a todas; y sin dinero y con corrupción, ¿por dónde empiezas? Desde luego tienes que empezar por el ser humano, que tenga donde vivir.

Si estos problemas se llegaran a solucionar a mediano plazo (recordemos que en 2017 algunas personas apenas estaban recibiendo su nueva vivienda después de perderla en el sismo de 1985), ¿cuáles deberían ser los esquemas de valoración de las obras arquitectónicas del siglo XX y de sus elementos plásticos? ¿En qué lugar de la escala de prioridades deberían estar? Existe un vacío enorme en cuestiones patrimoniales y no se puede atender el descuido de obras icónicas del auge de la arquitectura en México cuando no hay recursos para su conservación ni espacio suficiente y adecuado en bodegas. Por otro lado, en el caso concreto de que conservación de las obras del centro SCOP: ¿serán reubicadas en otros edificios? ¿qué escenas murales serán las elegidas? En suma: ¿cómo resignificar nuevos espacios a partir de los discursos que transmiten estos murales?

Las dependencias a las cuales les pertenecen los conjuntos de este tipo, tan importantes para nuestro patrimonio, tendrían que cuestionarse y considerar la recimentación y reestructuración de los inmuebles en sus presupuestos, para hacerlo a tiempo y sin esperar a que lleguen las tragedias. Al mismo tiempo, la ciudadanía que aprecia estos símbolos culturales y artísticos, y que se rehúsa a despedir a los edificios, tampoco puede esperar al punto crítico en el que ya se encuentran dañados para preguntarse por los malos manejos de su mantenimiento.

Nadia Ximena López
Historiadora del Arte y Productora de Teatro.

Viridiana Zavala
Maestra en Historia del Arte. Actualmente realiza su investigación de Doctorado en el Posgrado de Historia del Arte de la UNAM.


1 Pablo Vázquez Piombo, Arquitectura contemporánea en contextos patrimoniales, (Jalisco: ITESO, 2016), 28.

2 La arquitecta Louise Noelle menciona que este mural, ubicado en la Unidad Habitacional diseñada por Mario Pani, es quizá el último que Orozco preparó antes de su muerte.

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Como consecuencia del terremoto del pasado 19 de septiembre, Fernando Gamboa, director general de Fomento y Administración Portuaria de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, dio a conocer que la edificación del centro SCOP podría ser demolida, aunque no sin antes rescatar los murales de Juan O’Gorman, José Chávez Morado, Luis García Robledo, Guillermo Monroy y Arturo Estrada que lo decoran; así como las esculturas de los artistas Rodrigo Arenas Betancourt y Francisco Zúñiga que fueron realizadas especialmente para acompañar al edificio.


SCOP, Archivo de Arquitectos Mexicanos, Facultad de Arquitectura, UNAM.

Ubicado en la colonia Narvarte Poniente, el centro SCOP recibe su nombre de haber sido la sede de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas en la década de los cincuenta. Se trata de una construcción fundamental para entender el entrecruzamiento de las visiones internacionales y mexicanas de la arquitectura de esa época. En él podemos observar un acercamiento a las teorías planteadas principalmente por arquitectos como Le Corbusier y Frank Lloyd Wright, en las que se proponía que cada elemento que connstituye a una edificación debe contribuir en la función para la cual ha sido pensada, como las partes de una máquina o un organismo que trabajan en conjunto en aras de la mayor eficacia. Por esta razón, el conjunto del SCOP contaba con áreas administrativas y laborales, una guardería, una zona de salud, e incluso se llegó a pensar en incluir una unidad habitacional aledaña que disminuyera los tiempos de desplazamiento de los trabajadores.

La emblemática edificación fue inaugurada en 1954 gracias a las gestiones del arquitecto Carlos Lazo, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas durante el periodo presidencial de Adolfo Ruiz Cortines. Lazo eligió a los arquitectos Augusto Pérez Palacios y Raúl Cacho para encargarse del diseño y adaptación del conjunto. Todos ellos habían trabajado juntos en la construcción de Ciudad Universitaria entre 1948 y 1952.

Vista interior del SCOP, Archivo de Arquitectos Mexicanos, Facultad de Arquitectura, UNAM.

Originalmente, el edificio del la SCOP fue pensado como un hospital para el IMSS pero, hacia 1953, el proyecto careció de recursos económicos para continuar. A su vez, la Secretaría de Obras Públicas se encontraba buscando un nuevo edificio que la cobijara, pues estaba ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en lo que hoy es el Museo Nacional de Arte. En la visión arquitectónica de Lazo, el edificio de la Narvarte se adaptaba bien a una idea de planificación urbana que consistía en trasladar algunos espacios del centro de la Ciudad de México al sur de la misma —de hecho, la construcción de Ciudad Universitaria a su cargo fue lo que planteó un nuevo paradigma para lo que hoy conocemos como la arquitectura moderna mexicana—. El edificio en la Narvarte atendía no solo la noción estética establecida a partir de CU, sino también la configuración de una arquitectura de corte político, en donde los murales actuarían como propaganda de las ideas asociadas a la tradición y la modernidad de México; una petición que había hecho el presidente Ruiz Cortines explícitamente con el fin de delinear una concepción de arraigo a la historia nacional.

El conjunto de la SCOP se apegó a elementos formales de la arquitectura funcionalista; en su mayoría los materiales fueron el acero, el concreto y el vidrio, característicos de la revolución constructora de la época. La construcción que en ese entonces llevaba tiempo abandonada y mostraba signos de deterioro, se volvió una posibilidad para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, dándole una nueva función al edificio y adaptándolo a las necesidades de la misma. Así, en un acto diplomático entre el primer mandatario, el arquitecto Lazo y el Licenciado Antonio Ortiz Mena, director del IMSS, se logró el traspaso del inmueble. Esto a pesar del conocimiento que Carlos Lazo tenía de los problemas estructurales y de suelo que antes lo habían detenido de construir ahí. El Arquitecto Augusto Pérez Palacio recuerda:1

“El arquitecto Carlos Lazo había tenido ocasión de proyectar posibles aprovechamientos de la estructura y de los terrenos de la Narvarte [pero] todos se abandonaron porque la estructura y la cimentación tenían un escaso límite de resistencia y no podían ser adaptadas a cargas de cierta importancia o consideración”.2

Vista del SCOP en 2012, Fotografía: Antonio Postigo Meza.

Así, a pesar de se conocían las condiciones de la cimentación, las adaptaciones continuaron y se finalizó un cuerpo arquitectónico constituido por diez pisos, de los cuales tres desaparecerían en el terremoto de 1985. Como menciona la arquitecta Lourdes Cruz González Franco, lo anterior fue a consecuencia del uso administrativo irresponsable del inmueble. Una gran cantidad de archivos se concentraron en el edificio y esto provocó que se incrementaran las cargas en distintos puntos de los entrepisos.3

Ni las inmobiliarias ni el gobierno actual reconocen esta historia. El caso del centro SCOP revela la insistencia, que se mantiene, de construir grandes edificaciones en zonas que han incrementando su valor monetario, pero que desde hace décadas demuestran que carecen de las condiciones para ello. También revela esa necesidad del Estado por conservar edificios gubernamentales bajo la lógica del reciclaje. La demolición del conjunto SCOP, el rescate de las obras plásticas y un estudio más profundo sobre el suelo de la zona de la Narvarte eran necesarios desde hace treinta y dos años.

El centro SCOP no fue la única edificación emblemática de la arquitectura moderna que resultó dañada después del terremoto de magnitud 7.1 del pasado 19 de septiembre; otros edificios de Ciudad Universitaria como la Facultad de Medicina, la Biblioteca Central y Rectoría, presentaron afectaciones, aunque sin duda menores.

Vista del SCOP, 1985.

Siempre que pensamos en el patrimonio artístico que representan los edificios, imaginamos a estas construcciones erigidas para siempre; sin embargo, el caso del edificio que alberga la actual SCT nos hace reflexionar sobre si todos estos espacios —tan visionarios en su momento— hoy tal vez requieran de nuevos dictámenes estructurales. Recordemos que todas estas edificaciones corresponden a una manera específica de construir que no consideraba algunas necesidades conocidas después de las catástrofes de 1985 y 2017. 

El edificio de la SCOP fue pensado para la función que iba a cumplir, no solo en el sentido de un inmueble gubernamental, sino como una obra arquitectónica del México moderno. Sin embargo, ha llegado la hora de despedirnos del él. El centro SCOP atendió la problemática de unidad social entre la ciudad y el resto del país, en el sentido literal de albergar a la secretaría encargada de generar vías de transporte y comunicación para urbanizar de manera ordenada a México. Este era uno de los principios fundamentales en la arquitectura de Lazo, quien explicaba: “un edificio es función de la ciudad, y la ciudad de su región, y la región del país [que] es también, cada día más, una función del mundo”.4 Esto significa que cada edificación debe corresponder al orden y época específica de la ciudad en donde se ubica y tiene que atender a las necesidades nacionales e internacionales de la institución que la habita. En la misma visión de Lazo y dadas las condiciones actuales de la ciudad de México, el centro SCOP tristemente ha dejado de ser funcional.

Nadia Ximena López
Historiadora del Arte y Productora de Teatro.

Viridiana Zavala
Maestra en Historia del Arte.


1 Las declaraciones de Augusto Pérez Palacios son parte de los testimonios recabados en la Memoria SCOP, de la cual fueron retomadas para el número especial sobre la inauguración de la edificación por la revista Espacios en 1954. Memoria SCOP de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, septiembre 1953 – agosto 1954., Presentada por Carlos Lazo, (México: Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, 1954).

2 Espacios, Número 21-22, 1954, Archivo Arquitectos Mexicanos, Fondo SCOP 05. Facultad de Arquitectura UNAM.

3 Lourdes Cruz, “La aportación del conjunto SCOP a la integración plástica mexicana”, en La Revolución Mexicana y Las Artes, coord. Catherine R. Ettinger y Amalia Villalobos Díaz, (Morelia: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2012), 176.

4 Espacios., número 21-22, 1954, Archivo Arquitectos Mexicanos, Fondo SCOP 05, Facultad de Arquitectura, UNAM.
Esta es la cita tal cual como aparece en las declaraciones del arquitecto en la recopilación de testimonios de la revista Espacios.

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