El escritor mexicano Fernando Del Paso recibirá este sábado el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes. En homenaje, ofrecemos un abecedario de recuerdos y afectos del autor de Palinuro de México.

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Arreola, Juan José. Fue mi maestro, él conoció el proceso de mi novela, José Trigo. En mis inicios como escritor recuerdo que me había maravillado “El guardagujas” de Arreola, por eso me era conocido su nombre cuando me dijeron que entrara al taller literario de Juan José Arreola. Formé parte de su taller y eso resultó un gran estímulo. Con el tiempo se convirtió en mi editor, me publicó nueve poemas en un libro que se titula Sonetos de lo diario, dentro de la colección Cuadernos del Unicornio que coeditó Porrúa. También Antonio Montaño y José de la Colina fueron mis mentores, las personas que me orientaron en mis lecturas, quienes me entusiasmaron para que escribiera.

Borges. “No se puede no ser moderno”, dijo Borges.

Casa editorial. Antes que la Coca-cola y la pasta Colgate, el libro fue el primer producto masivo. Ahora el 80% de los libros que se editan son de superación personal, malos libros de cocina y de computación. Pocos títulos tienen calidad, y aún hay casas editoriales que se resisten a publicar libros voluminosos. En una ocasión me dijeron en una conocida casa editorial: “Si le corta el 30 por ciento del texto le publicamos Noticias del Imperio”. Por supuesto, los mandé a volar.

De la emperatriz Carlota. Cuando estaba escribiendo Noticias del Imperio un día descubrí que la locura de la emperatriz Carlota, estaba destinada a representar a la imaginación (la loca de la casa) y su lucha por conquistar una realidad que se nos escapa todos los días.

Escalera. Cuando se editó Palinuro de México, en una relectura que hice de la novela, me di cuenta que se podía publicar, de forma independiente, Palinuro en la escalera. Noté que era demasiado descriptiva esa parte, muy visual y teatral. Cuando concebí ese capítulo recuerdo que quería escribir teatro, me percaté que le faltaba fuerza a las acciones, por eso se me ocurrió emplear a los personajes de la comedia del arte italiano: Arlequín, Scaramouche, Pantalone, Tartaglia, Colombina, Pierrot. Para mi sorpresa funcionaron muy bien, si no, no los habría incluido. Pero seguramente usted se preguntará por qué un asunto de siglos atrás que nació en Italia funciona en Palinuro; en realidad son personajes picarescos que poseen un carácter latino, expongo una picaresca muy latina y con sus principales armas: el lenguaje verbal y corporal. Me di cuenta que podía haber un Arlequín ruso y un Arlequín mexicano, son seres verdaderamente adaptables a cualquier país, sobre todo a un país occidental.

Francisco del Paso y Troncoso. Era mi tío bisabuelo, quizá heredé de él mi gusto por la historia. Al igual que mi tío, el primer tema que me atrajo de la historia de mi país es la parte que se refiere al México precolombino. Cabe decir que él se acercó a la historia de una manera inesperada: había estudiado medicina, no sabía de qué hacer su tesis y un amigo le propuso: “¿Por qué no investigas sobre la medicina entre los aztecas?”. Entonces comenzó a estudiar, a documentarse y abandonó la ciencia por la historia. Aprendió náhuatl, italiano, inglés; se fue a Europa porque ahí estaban casi todos los códices: el Borbónico, el Florentino, entre otros. Como no existía fotocopiadora, todo se tenía que escribir a mano y para esa labor contaba con amanuenses, y cuando se quedaba sin dinero para pagarles, él mismo copiaba los documentos. Francisco del Paso y Troncoso es reconocido por sus traducciones, recopilaciones y antologías; él elaboró el Epistolario de la Nueva España, antología de 20 mil cartas, dividida en 16 tomos.

Gastronomía. Mi interés por la gastronomía comenzó cuando tenía 20 años. A través de todos estos años, mi esposa, mis hijos y yo hemos puesto en práctica nuestro conocimiento gastronómico. De nuestra experiencia en diversos países y por amigos de distintas nacionalidades, hemos ampliado nuestro gusto culinario; conocemos la cocina europea, la india, la china, la de África del norte, pero la más variada es la cocina mexicana.

Histórico. El compromiso del escritor es con su propia literatura. Naturalmente somos distintos unos de otros, y habrá unos que quieran asumir un compromiso social o histórico por sus lectores; eso hice yo en Noticias del Imperio, sobre todo, lo asumí y lo sigo asumiendo sin olvidar que mi creación es una novela.

Incesto. Para mí la parte más erótica de José Trigo es aquella que narra el incesto de Guadalupe y su hermana: en el día no se confiesan su relación, pero en la noche ella finge estar dormida y él la posee. Aquí el erotismo es un poco violento, en Palinuro de México lo erótico es más bien obscenidad, pero una obscenidad empleada como instrumento de la caricatura; las formas en que hacen el amor Palinuro y Estefanía son tan exageradas que resultan antieróticas. Hay quizás sensualidad, pero ejemplo, cuando Palinuro le dice a Estefanía que le lame los pechos porque le saben a melocotón. En Noticias del Imperio sí hay erotismo a pesar de que retrato a Carlota como una mujer con una enorme frustración sexual. Esto es una invención mía; de acuerdo con algunos historiadores se dice que ella sentía repugnancia y, al mismo tiempo, un gran apetito sexual.

James Joyce. La influencia joyceana la tengo desde antes de leer a Joyce. Cuando trabajaba en una agencia de publicidad, un amigo Antonio Montaño, escritor colombiano, me dijo: “Tú estás haciendo literatura joyceana”. A los 20 años no tenía idea de quién era James Joyce. Montaño me consiguió el Ulises y entonces comprobé que en verdad seguía a Joyce. ¿Cómo se puede haber literatura joyceana sin haber leído a Joyce? Este autor influyó en una gran cantidad de escritores, renovó las técnicas literarias, inventó otras y le dio mayor fuerza y eficacia a la palabra como instrumento, a la frase, al párrafo, a la adjetivación. A muchos escritores les ha llegado la influencia de Joyce a través de otros escritores.

Kafka. Comencé a leer a James Joyce, a William Faulkner, a John Dos Pasos, a Proust, a Kafka, a Valle Inclán y otros tantos. Y, alternados con ellos, a escritores de América Latina. A Carpentier y Cortázar, a Fuentes, a Uslar Pietri y Roa Bastos, a Asturias, a Sabato, y más adelante a García Márquez y Vargas Llosa, a Lezama Lima, y también a los poetas: César Vallejo, Pablo Neruda, Marco Antonio Montes de Oca. Y fue con ellos, con los autores latinoamericanos, con los que aprendí a escribir.

Locutor. A la gente le llama mucho la atención que haya sido locutor en Londres, pero ése no era mi trabajo principal. Era productor de programas, guionista y traductor; era locutor en el turno de la noche, y me acostumbré a trabajar mucho con mi voz. Extraño no estar ante un micrófono. Me hubiera gustado grabar algunas cosas.

Max Aub. Él publicó decenas de libros y ninguno se puede decir que es malo, simplemente fue un autor prolífico. Yo no puedo ser así, pasa casi una década para que se edite otra de mis novelas. Se contaba que Max Aub le dictaba sus libros directamente al linotipista.

Noticias del Imperio. El último año que trabajé la novela, recuerdo que estaba desesperado, saturado y quizá perdí la perspectiva. Por supuesto que un autor nunca tiene una perspectiva clara de su propia obra; a veces es más confusa, otras menos, y en ocasiones puede ser un poco más lúcida. Por ejemplo, cuando se deja dormir un manuscrito varios meses en el cajón y luego se retoma, uno descubre que cosas que pensaba malas ahora son buenas y viceversa. Si a lo largo de algunos años la vida de uno gira en entorno a una obra, sí se presenta el peligro de caer en el aburrimiento. Pero, bueno, finalmente se publicó Noticias del Imperio.

Orizaba. Mis primeros años de infancia los pasé en una casa de la colonia Roma, ubicada en la calle de Orizaba.

Platillo. Uno de mis platillos favoritos es el mole (poblano y verde). No sólo es un platillo sino un milagro, y como tal fenómeno aislado, poco común, irrepetible, inimitable. El mole simboliza un gran mestizaje, pero no nada más con la incorporación de ingredientes de América y Europa sino también de Asia. Pensemos en el comino de Libia; la pimienta negra, el clavo y el azúcar de la India; las almendras de Persia; el anís de Egipto; el ajo de Kirquistán; el sésamo o ajonjolí de África del norte; el cilantro de Babilonia; y la canela de Ceilán. Hay que recordar que el viaje de Cristóbal Colón fue inspirado en la necesidad de conseguir especias ya que con la caída de Constantinopla en manos de los turcos (en 1453) se interrumpió el comercio con Asia. Europa necesitaba encontrar urgentemente otra ruta para las Indias y China.

Quería yo ser tan grande o más que Babe Ruth o Joe di Maggio. La tragedia fue que, en realidad, yo como beisbolista era muy malo pero no lo quería reconocer.

Religión. Coincido con Talleyrand cuando observa que Francia tiene una sola religión y centenares de salsas; mientras que Inglaterra cuenta con centenares de religiones y una sola salsa. Ante un menú poco variado de lo que se acostumbra comer en Inglaterra (pastel de carne y riñón, pastel de papa y carne o sopa de cola de buey), cuando vivimos en Londres mi esposa tuvo que ingeniárselas para preparar otra variedad de platillos.

Socorro Gordillo. Mi compañera de vida, la madre de mis hijos, cómplice de innovaciones gastronómicas. 

Trenes. Los trenes tienen algo espacial para mí, desde el punto de vista romántico. Mi abuelo fue ferrocarrilero autodidacta y líder sindical. En la política se desempeñó como presidente de la Cámara de Senadores y como gobernador interino de Tamaulipas. Para no haber contado con una sólida educación (estudió hasta tercer año de primaria), desarrolló una notable carrera política. Por otra parte, los trenes me recuerdan lo fascinante que era Tlatelolco antes que construyeran los multifamiliares; era tal como lo describo en José Trigo: un inmenso llano donde había furgones y vagones que estaban habitados. Había pobreza y, al mismo tiempo, una riqueza plástica muy hermosa. Aún recuerdo las macetas, las flores y los tendederos llenos de colores.

Ulises. La experimentación con el lenguaje, y con ella la pluralidad de estilos y técnicas, han sido vinculados también con el Ulises. Sin embargo, creo necesario señalar que, cuando se imita a Joyce en este sentido, no se está copiando una historia, sino que se copia (o mejor, se utiliza) una forma de contar una historia.

Valle Arizpe. En la Ciudad de México me gustaba visitar el café Napolitano, donde coincidía con don Artemio de Valle Arizpe. A León Felipe lo veía en el Trevi.

Walter Scott. La novela histórica, en sus mejores manifestaciones, no inventa: interpreta y clarifica. Lukács dice que el “anacronismo necesario de Walter Scott consiste expresamente en dejar que sus personajes expresen sentimientos y juicios sobre relaciones históricas reales, en una forma mucho más clara de la que pudieron haberla hecho los hombres y las mujeres de la época”.

Yucateca. Para tener en Londres cebollas moradas, propias de la comida yucateca, una amiga de Socorro le recomendó poner a hervir betabel y con el jugo de éste logró teñir las cebollas de morado.

Zapata. Siempre me he cuestionado el significado de la palabra patria. Acaso los héroes, al igual que la patria, sobrevivían como ángeles en conserva: impecables y diamantinos: Hidalgo, Aldama, Morelos, Juárez, Zapata.

 

Textos tomados de entrevistas que sostuve con Fernando del Paso (1993 y 2003) y algunos fragmentos de sus artículos y discursos publicados en Amo y señor de mis palabras.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz.
Ensayista y periodista cultural.

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El 14 de abril de 1986, en París, falleció Simone de Beauvoir, hoy hace 30 años. En su testamento especificó su deseo de ser cremada y que en el dedo anular de la mano derecha llevara el anillo que le obsequió Nelson Algren, con quien vivió uno de los mejores momentos de su vida cuando estuvo en México.

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Hizo de la libertad su atuendo. En la primavera 1948, Simone de Beauvoir decidió visitar México en compañía del escritor estadunidense Nelson Algren, cronista de los bajos fondos de Chicago. De Beauvoir conoció al narrador por sugerencia de un amigo en común, Richard Wright, novelista afroamericano con quien ella y Jean Paul Sartre habían coincidido durante un viaje a Nueva York: “Cuando vayas a Chicago, no dejes de buscar a Nelson Algren”. Y así lo hizo. La amistad entre De Beauvoir y Algren surgió en 1947 y derivó en una intensa relación amorosa que duró aproximadamente 14 años. Acaso es pertinente recordar el pacto que De Beauvoir estableció con Sartre: mantener una fidelidad en la que cabían otras relaciones amorosas.

De Beauvoir y Algren querían realizar una larga travesía por Estados Unidos, México y Guatemala. Su periplo inició de Chicago a Cincinnati, luego navegaron por el Misisipi hasta Nueva Orleans y de allí partieron hacia el sur. Finalmente llegaron a México. La primera ciudad que visitaron fue Mérida. El 27 de mayo le envía una extensa carta a Sartre en donde proporciona detalles de su recorrido. De nuestro país le agrada que no cede a la influencia estadunidense y que se aferra en conservar su cultura. Se maravilla con la variedad de frutas, la multiplicidad de colores en tejidos, los camarones, las frituras, los huaraches, la brisa de las palmeras y la brevedad de las lluvias.

La pareja pasea por Uxmal, Chichén Itzá, Chichicastenango, entre otros lugares prehispánicos. Se desplazan a Taxco, Cuernavaca, Cholula, Puebla, Teotihuacán y arriban al Distrito Federal. En la capital pasean por la Alameda, Xochimilco, Chapultepec, van al cine, al teatro, a ver bailar danzón y recorren los murales de Diego Rivera en el Palacio Nacional. “Esperaba poco de México”, le escribe a Sartre, “es mejor de lo que creía”.

“Era un viaje de placer y prefirieron mantenerse al margen de círculos intelectuales y estudiantiles. Nadie se enteró de la presencia de Beauvoir en el país, ni siquiera los jóvenes universitarios del grupo Hiperión (integrado por Emilio Uranga, Jorge Portilla, Luis Villoro, Ricardo Guerra, Joaquín Sánchez McGregor, Salvador Reyes Nevarez, Fausto Vega y Gómez, y Leopoldo Zea) que pasaban largas horas en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras, en Mascarones, enfrascados en conversaciones en torno a las ideas de Jean-Paul Sartre y Albert Camus”, comenta Gabriela Cano, en el prólogo a Sobre cultura femenina de Rosario Castellanos (Fondo de Cultura Económica. México, 2005).

La escritora francesa y el narrador estadunidense tuvieron en México uno de sus mejores momentos. Ella bromea y se refiere a él como “mi marido mexicano”. Sin embargo, él está tan enamorado de ella que no tolera la idea de ser parte de un triángulo amoroso. Sabe que Simone no dejará a Sartre y eso le parte el corazón.

En 1949, De Beauvoir publicó El segundo sexo, ensayo filosófico que defiende, puntualiza y enaltece los derechos de las mujeres. Pensaba que para rescatar a la mujer era necesario devolverle su libertad, pero una libertad total porque “una condicionada dejaba de serlo”. Su postura fue clara: “El hombre es el que ha errado el camino. Él se ha equivocado al convertir a la mujer en su esclava”.

Tuvo en Rosario Castellanos a una atenta lectora y admiradora: “No se nace mujer: llega una a serlo, piedra de toque de las teorías de género, recorre toda la obra de madurez de Castellanos”, advierte Gabriela Cano.

En aquella visita a México, Rosario Castellanos no tuvo oportunidad de conocer a De Beauvoir. No obstante, sí lo hizo en París, en la época en que Castellanos contaba con una beca del Instituto de Cultura Hispánica (Madrid). Por esos años, Castellanos y Dolores Castro eran becarias y decidieron viajar a París un fin de semana. Octavio Paz, entonces diplomático de la embajada de México en París y que tenía amistad con no pocos escritores francófonos, les presentó al matrimonio formado por Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Ese encuentro fue fundamental para Rosario Castellanos, quien el resto de su vida se dedicó a hacer eco de los postulados filosóficos vertidos en El segundo sexo.

De Beauvoir siempre fue un espíritu libre, inquieto, sin ataduras ni temores. Acaso el único miedo que se le conoce es a la muerte, como lo escribe en Una muerte muy dulce: “No existe muerte natural: nada de lo que le sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia cuestiona al mundo. Todos los hombres son mortales, pero para todos los hombres la muerte es un accidente y, aún si la conoce y la acepta, es una violencia indebida”.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz.
Ensayista y periodista cultural.

 

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Apenas dos semanas después de que el Ejército mexicano se rindiera ante los franceses invasores, el 30 de mayo de 1863, en una segunda batalla en Puebla donde se enfrentaron 35 mil franceses contra 29 mil mexicanos (motivo por el cual lograron avanzar hasta la capital del país y establecer el segundo Imperio mexicano encabezado por Maximiliano), Benito Juárez abandonó la Ciudad de México. Fue el último día que la familia Juárez Maza estuvo en el Palacio Nacional.

Por temor a ser secuestrados por el ejército de ocupación, él y su mujer decidieron emigrar, cada uno por su parte, rumbo al norte. Mientras que Juárez recorrió varios estados para finalmente establecer su residencia en Paso del Norte, Margarita Maza en compañía de su larga prole (Manuela, Margarita, Felícitas, Guadalupe, Soledad, Amada, Benito, las gemelas María de Jesús y Josefa, José, Francisca y Antonio) se refugiaron en Nueva York (1864) y más tarde en Washington.

En esos años, Juárez luchaba por mantener la legitimidad de su gobierno a bordo de una carroza ambulante convertida en una sucursal del palacio presidencial. “La nación se reduce a las proporciones del coche en que Juárez peregrinaba salvando las formas del Estado. Juárez-Eneas”, refiere Alfonso Reyes.

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En La isla tiene forma de ballena (Seix Barral. México, 2015) Vicente Quirarte narra lo que le sucedió a la familia Juárez Maza y lo que se fraguaba en el Club de Liberales en Nueva York, quienes desde Estados Unidos defendían la causa juarista.

Los Juárez Maza permanecieron tres años en los Estados Unidos, acaso los más difíciles de su historia. En un principio llegaron a Nueva York, al número 26 de la calle 13 este. Arribaron durante el último tramo de la guerra civil estadunidense, en donde los unionistas vencieron a los confederados.

En su novela, Quirarte incluye una serie de cartas apócrifas firmadas por Margarita Maza. Se trata de confesiones emotivas, solidarias y, al mismo tiempo, dolorosas. El 31 de diciembre de 1864, dice: “No he tenido dolor tan grande como haber perdido para siempre a Pepe, el hijo en quien tantas esperanzas tenías. No dejo de mirar su fotografía, su manita apoyada en el mueble, como si él lo estuviera sosteniendo y no al contrario, tan serio y formal como debes haber sido tú a esa edad, aunque él ya no vista el calzón de manta que tú a esa edad llevabas”.

Pepe no fue el único hijo que murió en Nueva York durante el crudo invierno, también falleció Antonio. La familia no volvió a ser la misma. Margarita tuvo que salir adelante en un país que le era completamente ajeno, en una lengua desconocida, en donde era un tanto complicado conseguir los ingredientes necesarios para preparar comida oaxaqueña como le gustaba a su familia. No obstante, fue adaptándose a su entorno. Gracias a su hija Felícitas, quien hablaba y leía en inglés, pudo comprender más cosas de esa lengua.

Revés al estado laico

El estado laico promulgado por Juárez recibió un revés. El 26 de febrero de 1865, Maximiliano lanzó una Ley de Tolerancia de Cultos, donde se establece: “Artículo 1°. El Imperio protege la religión católica, apostólica, romana, como religión del Estado. Artículo 2°. Tendrán amplia y franca tolerancia en el territorio del Imperio todos los cultos que no se opongan a la moral, a la civilización o a las buenas costumbres. Para el establecimiento de un culto se recabará previamente la autorización del gobierno”.

Con motivo de su cumpleaños, Margarita le escribió a Juárez una carta fechada el 21 de marzo de 1865: “El día de ayer, Matías Romero nos dijo que aumentan los rumores sobre el regreso a México de la totalidad de los soldados y oficiales expatriados a Francia luego de la caída de Puebla. Hoy esperaba la confirmación del general Gregorio Méndez desde Tabasco. Si es verdad la noticia, como espero, será el mejor regalo de cumpleaños que puedan hacerte”.

Los dos Benitos

En esa misiva, Quirarte hace que Margarita casualmente encuentre un libro que la sorprende, Benito Cereno, de Melville. “Comprenderás que el nombre me llamó inmediatamente la atención. Me gustó, además, que fuera como una definición tuya, escrita con falta de ortografía: Benito sereno, Juárez el imperturbable, el único con quien me volvería a casar aunque a veces me pregunten si no es muy sufrido ser esposa de alguien como tú en circunstancias como estas por las cuales atraviesan nuestras dos casas, la grande que es México y la pequeña que es nuestra domesticidad en Oaxaca o en la capital”.

Una amiga de Margarita, Ana Saldamando le cuenta que Benito Cereno es una novela escrita por Herman Melville, quien publicó un libro sobre la caza de la ballena. “Pude comprobar que los Benitos parecen ser iguales: misteriosos, dignos, de pocas palabras”.

El acercamiento a Melville fue más allá de lo esperado. Una tarde Margarita acompañó a Ana a la biblioteca pública de Nueva York, y vio a un hombre de barba que consultaba muy serio documentos en la sala de mapas. “…era nada menos que el señor Melville. Me gustó cómo se le quedaron suspensas las lágrimas en los ojotes a doña Anita y cómo le pudo causar tantas emoción conocer a un hombre que no conoce”.

Quirarte construye una novela histórica y, a la vez, policíaca en donde se muestran una serie de intrigas que tienen lugar mientras un par de mexicanos pretende detener a la resistencia secreta conservadora que, desde Nueva York, hace lo suyo por acabar con los liberales. El Club Liberal de Nueva York estaba integrado por Francisco Zarco (presidente), Cipriano Robert (secretario), Juan José Baz, Francisco Ibarra, Pantaleón Tovar, Jesús Fuentes Muñiz, Francisco Elorriaga, Santiago Vicario, Juan N. Navarro, Felipe B. Berriozábal, Jesús González Ortega, Jacobo Rivera, Epitacio Huerta y Pedro Santacilia, entre otros.

Las casas de la primera dama

El 27 de marzo de 1866, Margarita necesita comentar con Juárez que ella no se vistió elegantemente en una recepción que el presidente Johnson ofreció en su honor. Considera necesario corregir lo publicado en el Herald. “No es verdad, el único lujo que llevaba era el par de aretes que me regalaste un día de mi santo y el vestido que compramos en Monterrey y guardé para ocasiones especiales. No se me olvida, viejo del alma, y trato de inoculárselo a la menor provocación a nuestros hijos, que siempre has hablado de la honrada medianía. […] un señor que se las daba de muy sabio dijo que la palabra mediocre es lo mismo que mediano. No estoy de acuerdo. Sé que ser mediano, en la dimensión que nos enseñas, es ser digno de servir al país y no servirte de él, como lo han hecho tantos anteriores a ti”.

Tras el derrocamiento de Maximiliano ocurrido en Querétaro, el 14 de julio de 1867, en el vapor de guerra Wilderness, Margarita y su familia arribaron al puerto de Veracruz. Al día siguiente, Juárez vino a la Ciudad de México. “Con su discreción proverbial, Margarita Maza llegó a la capital mexicana el 23 de julio de ese año”.

Hay un par de cosas que no dejan en paz a Margarita, que cuando llegue a México la critiquen porque tiene dos casas: una en Oaxaca y otra en San Cosme. “Si supieran las economías que nos ha costado tener esas dos propiedades. Nadie podría imaginar que el presidente de la República dijera, como nos comentó el otro día Romero: ‘Estoy muy arrancado de dinero’”. La “honrada medianía”, eso de lo que no pueden presumir nuestros políticos actuales.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz.
Ensayista y periodista cultural.

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Basado en la versión del pastor estadounidense Henry I Van Dyke y del alemán Edzard Schaper, Michel Tournier (París, 1924-2016) decidió añadir en su novela Gaspar, Melchor y Baltasar (1980) la presencia de un cuarto rey mago, el príncipe Taor de Mangalore.

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Los motivos de impulsar a los magos a emprender su largo recorrido son distintos: Gaspar de Meroe (cuya historia está ubicada en el actual Sudán), enamorado de la piel blanca de una esclava fenicia, sigue a la estrella imponente que semeja el color rubio de la cabellera de la mujer que ama con la idea de que se trata de un anuncio de un nuevo rey; Baltasar de Nippur (en Irak) atiende a su peculiar instinto de cazador de mariposas que lo alienta a perseguir al astro que tal vez lo guíe hacia una pieza de arte nunca antes vista; Melchor de Palmira (en Siria) va en busca de justicia ya que a su padre, el rey Teodemo, le usurparon el poder y su tío Atmar es quien gobierna; y Taor de Mangalore inicia la travesía seducido por su predilección por el azúcar, con la idea de hallar al Divino confitero, quien seguramente sabrá la receta de una exquisita golosina, el rahat-lukum, que en su lengua quiere decir “felicidad de la garganta”.

La vida del cuarto rey mago no ha sido fácil. Treinta y cinco años los pasó en calidad de esclavo en las minas de sal de Sodoma, pasando hambre y desasosiego. Después de esa terrible época que aún lo atormenta en sueños, reinició su vida en libertad. Hay un estigma que lo acompaña a lo largo del tiempo y es que siempre llega tarde a los sitios en donde se le espera. Y el nacimiento del hijo de Dios en Belén, no fue la excepción. No obstante, en cierta forma fue recompensado: nunca pudo conocer al recién nacido, pero fue el primero en probar la eucaristía.

Tras un periplo agobiante, similar al de los otros tres magos o sacerdotes, Taor comprende que el Salvador que busca no es como supone y ya no podrá verlo. Antes de emprender el regreso de su viaje, decide deshacerse de toda la carga de dulces que lleva y organiza un gran festín para los niños mayores de 2 años en Belén. En el bosque de cedros que domina la ciudad, ordena a sus escoltas levantar un campamento en tanto que sus pasteleros y confiteros preparan una merienda nocturna. El manjar central del convivio es un pastel gigante que transportan cuatro hombres en una camilla, una “obra maestra de la arquitectura repostera”. Estaba “formado por almendrado, mazapán, caramelo y fruta escarchada, una fiel reproducción en miniatura del palacio de Mangalore, con estanques de jarabe, estatuas de membrillo y árboles de angélica. Ni siquiera habían olvidado a los cinco elefantes del viaje, modelados en pasta almendrada con colmillos de azúcar cande”.

Cuando el festín se encuentra en su apogeo y los niños disfrutan de las delicias, entra corriendo el esclavo Siri Akbar y trae malas noticias. Los soldados de Herodes han invadido Belén y acribillan sin compasión a los niños menores de 2 años. Así concluye para Taor, el cuarto rey mago, “el fin de una edad, la del azúcar”.

En la Biblia sólo el apóstol Mateo se ocupa de narrar la llegada de los Reyes Magos a Belén, mientras que los demás evangelistas no lo mencionan. La prosa de Tournier se tiñe de poesía en las descripciones de los lugares y de cada personaje. El novelista hace que el lector se maraville ante su versión de la Epifanía por la forma tan sutil y bien delineada de su construcción narrativa. Aborda este episodio de forma libre, caprichosa, antisolemne, repleta de momentos lúdicos. Su escritura es un palimpsesto, un entramado de costumbres, faunas, geografías, arquitecturas y ruinas; una revisión a los libros sagrados y non santos que refieren este hecho.

Michel Tournier es un novelista intensamente influenciado por las ideas de Rousseau: el hombre nace bueno, la sociedad lo corrompe y el retorno a la naturaleza lo salva. De allí la adhesión del narrador al gastado mito del bon sauvage y su idealización del primitivismo ligada a la democratización de nuestra actual cultura. Con apego a su antropología rousseauniana, escribió un par de novelas inversas y, a la vez, complementarias. En Viernes o los limbos del Pacífico (1967) cuenta la historia del Robinson Crusoe contemporáneo, quien tras naufragar en una isla perdida se regenera de la maldad de Europa, aprende la sabiduría elemental de un indígena y acaba en un feliz éxtasis con la naturaleza: el cielo en la tierra. En La gota de oro (1985) ocurre el proceso contrario pero paralelo: un muchacho bereber del Sahara emigra de su inconsciente paraíso, el desierto, para hundirse en el infierno de París. El hilo conductor de esta odisea es la imagen: la perfección de los benéficos signos árabes versus la contaminación de las maléficas imágenes occidentales.

Para Lukács, la novela debe abordar la vida de un individuo problemático en un mundo contradictorio, contingente. El núcleo de la novela moderna es la búsqueda de valores en una sociedad determinada que los ha perdido, “realizada por el héroe problemático”. Aunque dicha búsqueda corre el peligro de contar con excesos de moralidad, eso no ocurre en el caso de Tournier, quien pone en estado de alerta con su visión crítica y, a la vez, metafórica de lo acontecido, como cuando se refiere la estigmatización racial del rey Gaspar: “Soy negro, pero soy rey. Tal vez un día haré grabar en el tímpano de mi palacio esta paráfrasis del cántico de la Sulamita Nigra sum, sed formosa”.

Quien se adentra en las páginas que el novelista francés le dedicó al cuarteto de reyes magos, será guiado por destellos luminosos, radiantes: el ritmo y el lenguaje de Michel Tournier.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista y periodista cultura. Es antologadora, junto con Alejandro Toledo, de Historias del ring (Cal y Arena, 2012).

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