Conocí a un hombre que tras leer la historia del naufragio de un barco ballenero deseó haber sido grumete. Desde niño nunca coincidió con las costumbres de su época y siempre caminó con la espalda encorvada. Por ese amor a los muelles, las bodegas y los lastres, resultó ser bastante hábil para las tareas propias de los marineros. Más notable aún fue que su deseo incluía un segundo elemento, no menos radical: el joven quería ser un grumete de raza negra. ¿Por qué? Los caucásicos se mueven distinto, gesticulan diferente y hasta las huellas que deja el tiempo en su rostro no son iguales. La complexión, la estatura, el esqueleto y la postura de los negros son otras; sus dientes y otras partes del cuerpo, el cabello y las uñas de los dedos. Aquel hombre tenía la mirada fija en los poros de la piel oscura que cubren las venas realzadas.

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Los balleneros llevan a la práctica el secreto de un equilibrista: pasan sin ver las dos pendientes del abismo. El camino no se inventa, se gana. Dios es el eterno bromista que decide cuando alguien de la tripulación queda mutilado de un brazo o de una pierna. La meta no tiene mesura: resopla en el horizonte. Antes de la publicación de Moby Dick1 en 1850, no se había escrito mucho sobre cetáceos; aunque existen narraciones de los vikingos, celtas y japoneses de cómo se llevaban a cabo la cacería de ballenas y, por supuesto, están las referencias bíblicas en el antiguo testamento. En la Biblia nunca se menciona a la palabra ballena, de origen francés, sino pez gigante.

“Call me Ishmael”, me dijo el hombre de la espalda curva, una noche de plenilunio. Se había puesto una gorra de lana que le cubría hasta las orejas y su barba, crecida de muchos meses, le perdía los ojos. Sabía que Ishmael no era exactamente un grumete, aunque sí un sujeto caucásico. Pero lo suyo —como la novela— eran cuestiones de tono, de sonidos. Me miró como suelen hacerlo los hombres a punto de hacerse a la mar. Los balleneros llevan en la frente enigmas de un guerrero que tal vez nunca volverá. A quien viene de lejos sólo le queda atrapar el instante, recorrer con la mirada el horizonte que lo enfrenta a un incierto paraíso, al cielo provisional que se antoja protector, como dice una novela de Paul Bowles.

Como un cordero

En el mar se tiene la impresión de que los relojes dan la hora a destiempo. Y que nuestro tiempo, si es que nos pertenece, está en otra parte. Quizá por ello Herman Melville sintió atracción por el mar, y su vida estuvo llena de aventuras que difícilmente otro muchacho de su edad hubiera experimentado. Fue marinero en un barco que se dirigía a Londres, se enroló en varios balleneros: fue testigo de la azarosa vida de los marineros en barcos muy similares al Pequod. Después de recorrer los mares se dedicó a escribir. Y, por supuesto, no toda su prosa fue notable, entre uno y otro borrador alumbró irregulares novelas, otras muy logradas como Benito Cereno y Billy Budd, el marinero, en la cual rindió un homenaje al gaviero Jack Chase. En 1850, cuando estaba terminando de escribir la novela de su vida, Moby Dick, conoció al narrador Nathaniel Hawthorne y a él le dedicó ese impresionante fresco de la literatura del mar que retrata la lucha del capitán Ahab contra el cetáceo. En una carta dirigida a Hawthorne, en junio de 1851, Melville confiesa: “He escrito un libro perverso, y me siento tan puro como un cordero”.

Melville aspiraba a reducir el universo a una novela. Para lograr su propósito se nutrió de diversas fuentes que van desde la Biblia, las teorías de Darwin —muy en boga en aquel tiempo—, la filosofía greco-latina, el Leviatán de Hobbes, los Viajes del capitán Cook, los Ensayos de Montaigne, el Paraíso perdido de Milton, además de tratados naturalistas sobre las comunidades pequeñas de Nantucket, ubicada en la costa de Massachusetts. El libro es, en realidad, el resultado de un titánico rapto de inspiración —lo escribió de un tirón entre el invierno de 1850 y la primavera de 1851— que lo llevaría a exclamar: “Denme una pluma de cóndor y el cráter del Vesubio como tintero”.

Nantucket es una isla considerada la capital norteamericana de los balleneros, un extraño rincón del mundo y de los sueños. Sus antiguos habitantes escuchaban el paso de las ballenas como algo cotidiano. Un codo de arena, sólo playa, una loma; lejos de la tierra, separada del mar: un paso, un suspiro. Eso es Nantucket. Polvo y arena. “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Desde un mapa, Nantucket se puede ver como si fuera la cabeza de una ballena. En el muelle, en una línea apenas dibujada, zarpan los barcos en pos de su enorme presa. Allí se preparaba a los catchers para que surcaran los mares, eran pequeñas embarcaciones que aguardaban lo insólito: clavar un arpón en el lomo de una ballena y ser arrastrados por el animal mítico, mitad cachalote mitad isla.

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Ilustración: Gabriel Pacheco

Avistamiento

En el mar se vislumbra un pedazo de tierra sobre el horizonte. Los navegantes creen ver una isla, imaginan olerla; el manto salado y los intensos rayos del sol los hacen ver cosas que en realidad no existen. Pero la visión reaparece, clara, nítida; es un fragmento de tierra firme que muchos de ellos anhelan pisar y explorar. ¿Alguna vez alguien imaginó a San Brandán —santo o aventurero y sin devotos— posado en la giba de una ballena? Tanto los marineros como los balleneros saben que el mundo está compuesto de instantes privilegiados: momentos de plenitud, de asombro, de sorpresa. Lo que ocurre en medio del mar podría compararse con “El Aleph”, ¿acaso los hombres de mar no creen ver un punto desde el cual se pude contemplar literalmente todo el mundo?

Las rutas para llegar a Moby Dick están poseídas por la pasión del orfebre que pule de mil maneras su pieza hasta lograr la forma depurada. “¿Hay ballena que nade más/ por los siete mares del tiempo,/ por los otros siete del idioma,/ que la ballena blanca de Melville?”, escribe Antonio Deltoro.

La ballena blanca es un cuerpo extendido, un desierto poblado de alucinaciones. A la propia creación de Melville se le mira como un espejismo, un reflejo de partes luminosas. Melville le otorga señas de identidad que van desde la  fortaleza, la invisibilidad hasta la ubicuidad y la inmortalidad.

Ismael está frente a una hoja en blanco. Tal vez tiene la irrefrenable necesidad de querer contarlo todo; al mismo tiempo, no desea quedarse vacío como si se tratara de la primera vez en muchos meses que acude a confesarse. Hace trazos con el lenguaje, trastoca el tiempo y el espacio. El blanco está entre nosotros y de nosotros depende que permanezca en el mismo sitio. ¿Alguien ama signos que cambian siempre, que se disuelven de pronto, inadvertidos? El blanco es el color de la verdad, sólo el blanco refleja los rayos luminosos, es la unidad de la que emanan los diversos tonos de la naturaleza. Si realmente Moby Dick es el símbolo del mal, ¿por qué Ahab no la llamó ballena negra, si la oscuridad es algo que en última instancia nadie puede poseer y es el tono de lo maligno? El blanco es la saturación de la nada, el miedo a los espacios, al vacío. Melville enfatiza que no hay seres más temibles que aquellos de color blanco: los elefantes blancos de los reyes de Siam, los caballos de batalla que simbolizan el estandarte de Hannover, los osos polares del Ártico, el tiburón blanco que circunda los océanos. La luminosidad domina el paisaje. La palidez marmórea de una figura, la pureza conferida a los dioses: Zeus representado como un toro blanco, el Espíritu Santo convertido en paloma de la paz, la túnica blanca de Cristo que lo acompaña hasta la muerte. Blanco sobre blanco como un cuadro de Malévich que quiere romper con lo establecido, con el color: “es la nada, es el silencio”, comenta el pintor. ¿Quién puede decirnos que tal vez las últimas palabras de Goethe, “luz, más luz”, no fueron sino una exclamación de horror ante el resplandor del vacío? En el prólogo a las Enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castaneda, señala Octavio Paz: “La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver”.

La ballena albina se sumerge en el horizonte, desaparece. De pronto nadie puede verla ni adivinar su paradero. Es imposible abarcar el mar con la mirada y también es difícil fijar a Moby Dick: aparece y desaparece, sólo el mar puede ocultar aquel voluminoso vientre. Una peculiaridad del ciclo de buceo en los cachalotes es que con frecuencia vuelven a la superficie, a un punto situado a pocos metros del lugar donde comenzó su inmersión. Esto no quiere decir que su actividad en el agua se limite a ascender y descender, esta clase de mamíferos marinos puede bajar a unos cuatro nudos —ciento veinte por minuto— y ascienden a una velocidad de cinco nudos; de modo que el viaje de ida y vuelta, a una profundidad de mil metros, no dura más de quince minutos. Como apunta Melville, lo invisible confunde, desconcierta y, por lo tanto, genera más temor.

Por sus dimensiones, Noé no pudo albergar a la ballena. Y Job tuvo tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientos asnos, siete mil ovejas y ninguna ballena. Sin embargo, su carne se aprovecha como la grasa de carnero: Dios dispuso castigar a la ballena llenándola de esperma, depositó el líquido en una mina para que la codicia de los marineros los condujera a enfrentarse con ella. Gracias a los estudios marinos que Malcom R. Clake y otros científicos han emprendido, es posible saber que la función principal del órgano productor de esperma consiste en que el cachalote conserve una flotabilidad neutra cuando está sumergido, como si trajera puesto un traje de buzo a su medida.

Otra característica que acompaña a Moby Dick es la ubicuidad. Tomando en cuenta la capacidad que tienen los cachalotes para desplazarse de un lugar a otro, no pocos marineros han imaginado ver a la ballena albina en distintas partes a la vez. En este punto interviene el lado mítico, la leyenda, lo rumores de que alguien creyó divisarla en los mares del norte y del sur.

La inmortalidad se distingue como otra cualidad del Leviatán. Ningún marinero ha podido matar a la ballena blanca y los innumerables intentos de cazarla han derivado en múltiples accidentes. Todos aseguran haberla visto con varios arpones clavados en su lomo, pero nadie ha podido acabar con ella ni siquiera el colérico capitán Ahab. ¿Es lícito mirar el mar desde las orillas de un libro?, como se cuestiona Margo Glantz en Doscientas ballenas azules.

Supe de aquel hombre, Ismael, que tras leer el relato de Jack Chase, tuvo el extraño deseo de haber sido grumete. El joven de piel blanca puso fin a toda esa monotonía que llevaba a cuestas, vendió todas sus pertenencias y se embarcó en una fragata: se quiso llenar los ojos de mar. El relator de Moby Dick, acaso al igual que Paul Valéry en su Cementerio marino, espera al final de la travesía ser recompensado y mirar por fin la calma de los dioses.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Periodista cultural, ensayista y editora freelance.


1 Una de las mejores ediciones de Moby Dick  que se pueden conseguir actualmente, es la de Sexto piso, la traducción es de Andrés Barba y las ilustraciones de Gabriel Pacheco.

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Sobre los derechos sexuales, la diversidad sexual y el VIH, la voz de Carlos Monsiváis se dejó escuchar en reiteradas ocasiones. El combate a los prejuicios homofóbicos fue una de las múltiples causas que abrazó con ímpetu. Su mirada siempre estuvo abierta a cuestionar la moral sexual mexicana en general.

Como registra Marta Lamas, “los libros de Carlos Monsiváis, llenos de ideas y argumentaciones, enriquecen una perspectiva histórica de las conductas sexuales de los mexicanos. Además de describir y analizar las distintas respuestas sociales ante la diversidad sexual y la magnitud del conservadurismo y la homofobia, sus textos apuntan a un objetivo central en la lucha: diferenciar entre la sexualidad y los contenidos simbólicos que les adjudican personas históricamente situadas".

Para Monsiváis, acérrimo crítico y estudioso de la realidad mexicana, las causas perdidas eran aquellas de las que nunca se aceptan ventajas, de tal modo que veía como héroes y heroínas a quienes se integraban en unidades y plantones de apoyo a grupos ecologistas, etnias y colectivos en favor de los derechos de los homosexuales y publicaciones de toda índole, a quienes denominó contracultura pero que en realidad debían ser reconocidos como resistencia cultural.

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Se ha puesto a circular El clóset de cristal (Ediciones B), un libro sobre una faceta poco conocida del ensayista y cronista: su vida sexual. Braulio Peralta eligió un tema álgido que ha suscitado críticas a favor y en contra. Gays, lesbianas, bisexuales, travestis, transexuales, intersexuales, todavía hay quienes quieren emprender una cacería de brujas hacia ese sector de la sociedad.

Para abrir este clóset, Peralta no contó con la aprobación de la familia de Monsiváis; eso lo aclara en el prefacio. A estas alturas, si la familia acepta o no la preferencia sexual de Monsiváis es tierra infértil. Lo importante es que el autor logró recuperar pasajes sobre la historia del activismo en favor de los derechos de la comunidad homosexual y elaborar una detallada cronología sobre cómo empezó a abordar un tema tan temido como el VIH.

Peralta recuerda que Horacio Franco, en Bellas Artes, colocó sobre el ataúd de Monsiváis la bandera del arcoíris que simboliza la diversidad sexual, como un acto de reconocimiento y solidaridad por haber sido cómplice de batallas en diversas trincheras.

Aunque Carlos Monsiváis nunca dijo abiertamente que era homosexual, se propuso luchar contra la eliminación de estereotipos y prejuicios sociales. Aquí se lee que “Monsiváis decía que si él se asumía como gay, lo iban a reducir a la lucha de la comunidad (p. 107)” y se comenta que no todos respetaban su decisión. “No quería ser calificado como el intelectual gay”, le confiesa Monsiváis a Sabina Berman (p. 195).

El libro es un prisma con múltiples rostros: es la vida sexual (no abordada antes) de Carlos Monsiváis, es la vida sexual de Braulio Peralta, la génesis de grupos en favor de la igualdad y respeto a la preferencia sexual, es el punto de partida de una sociedad que ha logrado avances de forman gradual en lo que se refiere a igualdad y no discriminación.

La agenda impulsada por la sociedad civil ha derivado en un mayor compromiso de las instituciones públicas, en el respeto y promoción de los derechos de las personas, tomando como eje rector la Reforma Constitucional del 10 de junio de 2011. Monsiváis luchó contra el clasismo, racismo, sexismo, intolerancia religiosa, machismo, homofobia, transfobia y cuantas determinaciones registrara. Insistía en las causas que conjuntaban la libertad y dignidad de las personas

Valentía psicológica

La cascada de escenas en pos de la libertad sexual que emprende Peralta queda salpicada de una que otra que otra canción de Juan Gabriel, figura de la comunidad LGBTTTI que, acaso como Monsiváis, nunca se asumió como tal. El autor elige una voz directa para desentrañar un tema polémico, es la voz de una conciencia que refiere sucesos y hechos de forma puntual al usar la segunda persona, el tú. Es un tuteo sin rodeos ni engolosinamientos que, lejos de actitudes moralizantes, capta pasajes reveladores gestados en la lucha por los derechos humanos.

En el prólogo a La estatua de sal, memorias sexuales de Salvador Novo, Monsiváis advierte que Novo actúa con enorme valentía psicológica. Quizá con el mismo ímpetu con que Peralta escarba en estos encuentros, punta del iceberg que décadas después sirvió para tender puentes y ganar espacio en favor de los derechos de la diversidad sexual. Así como Monsiváis en su momento indagó en la vida sexual de Novo, Braulio Peralta hace lo propio con el autor de Días de guardar y Amor perdido.

En este clóset transparente se describe a Monsiváis de una forma poco usual, con sus defectos y virtudes. Está la visión del intelectual preocupado por lo que sucede con la comunidad gay y también la faceta del hombre que cuando puede hacer uso de sus influencias no mide las derivaciones que vendrán. No obstante, la balanza se inclina más del lado del escritor comprometido que supo tomarle el pulso a los movimientos sociales y culturales orquestados en México.

VIH, ¿castigo divino?

Una historia importante es cómo se vivió en la prensa mexicana, en los grupos de la diversidad sexual, la aparición del VIH. “En los ochenta, con la aparición del sida, los gays —el sector más afectado— éramos la encarnación del mal a decir de la jerarquía católica, las familias tradicionales, los gobiernos conservadores de izquierda y derecha” (p. 169). Por ese entonces, Girolamo Prigione, nuncio papal, exclamó: “Castigo de Dios”. Y es que, como anota Peralta, “la demonización no conocía tregua” (p. 169).

En el proceso de construcción de estigmas, los medios de comunicación tuvieron un papel fundamental. Lejos de adoptar un papel formativo y corrector de las falacias que difundieron tanto en radio, medios impresos y electrónicos, frecuentaron palabras que se consolidaron en torno a la infección viral: muerte, contagio, promiscuidad, castigo y vergüenza. “No coma cerca de un homosexual. Puede contagiarse”, es una frase que Braulio Peralta leyó en la calle y la incorporó a su libro.

Al revisarse por qué se estigmatizó en México el VIH, los medios de comunicación tienen que ver en esto así como las instituciones públicas. En ese sentido, el Estado dejó pasar oportunidades para informar a la población, hablarles del uso del condón y de la salud reproductiva tanto en hombres, mujeres y personas de la diversidad sexual. Hay que recordar que las campañas contra la estigmatización del sida comenzaron tarde, aunque eso no quiere decir que no hayan servido.

El libro incluye un dossier fotográfico de Yolanda Andrade que presenta escenas de las primeras marchas gay que hubo en México. Para el autor, el trabajo de Andrade “da la oportunidad de la diferencia, de la presencia, de la no ausencia, de recordarnos el sabor de lo real: que todos somos iguales porque ¡no hay libertad política si no hay libertad sexual!”.

Y, a propósito de libertades, de este clóset también se saca una historia conocida: la renuncia de Carlos Monsiváis a La Jornada. Se debió a que Monsiváis criticó la visión del periódico respecto a los sidatarios, “los intentos en Cuba de controlar el problema del sida que incluyen la reclusión de los enfermos y de sus familias”. El diario siguió con su postura a favor de Fidel Castro y Monsiváis, con “una lección de periodismo” de alto nivel y en un acto de solidaridad con la comunidad LGBTTTI, “su comunidad”, diría Peralta, decidió retirarse del medio de comunicación.

Frases de Monsiváis sobre la homosexualidad

“El gay está al tanto de lo que es porque le gusta lo prohibido. Al inscribir su impulso en la esfera de la fatalidad, no lo que es sino lo que debió ser, el gay pobre o de provincia ignora sus derechos básicos, y se considera inmerso en una pesadilla. ¿Qué aniquilamiento de las pretensiones más adecuado que el hacinamiento en baños de vapor, en cines de segunda o tercera, en las calles y avenidas que son ghettos ambulantes? La sordidez es el más vindicativo de los clósets, y son precisamente la pena y el gozo que de allí se desprenden los que evitan la observación racional del deseo”.

(Debate feminista, octubre 2000)

 “Los crímenes de odio más conocidos solos enderezados contra los gays, y este agravio histórico cobra cada año en México decenas de víctimas. Pero nada supera en número y en continuidad a los asesinatos de mujeres solas, en especial jóvenes, lo que se llama justamente feminicidios, un término que corrige el patriarcal de homicidios, pero insuficiente para describir el fenómeno.”

(Los mil y un velorios)

“Por homofobia no se entiende las antipatías o las desconfianzas o los recelos morales que los gays suscitan, algo inevitable por enraizado y de muy difícil eliminación incluso entre los propios gays, sino la movilización activa del prejuicio, la beligerancia que cancela derechos y procede a partir de la negación radical de la humanidad de los disidentes sexuales”.

(Los mil y un velorios)

“El ghetto gay, tan útil para el enaltecimiento de la norma, ve en el desprecio el primer reconocimiento público de existencia. Y también, para que el cielo de la heterosexualidad exista, se requiere fijar, con saña minuciosa, el infierno de los homosexuales, consistente en lo básico en búsquedas, desprecios y acoso social.”

(Salvador Novo. Lo marginal en el centro)

“El gay que se urbaniza atraviesa el espacio secreto y público a la vez, donde la ‘raza maldita’ se reconoce gracias a la mirada posesiva y la mirada braguetera, y a partir de allí se palpa febrilmente, sitúa su identidad con el apoyo inevitable de la burla y el choteo, se asegura de su lugar en la sociedad atendiendo a los atropellos policiacos, usa del melodrama como intermediación literaria, y si no va al límite es porque, en los convenios de su cultura formativa, el límite ha sido su punto de partida”.

(Debate feminista, octubre 2000)

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Periodista cultural, ensayista y editora freelance.

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México ha vivido un proceso gradual en materia de reconocimiento de derechos humanos. La agenda impulsada por la sociedad civil ha derivado en un mayor compromiso de las instituciones públicas en el respeto y promoción de los derechos de las personas, tomando como eje rector la Reforma Constitucional del 10 de junio de 2011.

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El 17 de mayo de 2010 fue decretado el Día de la Tolerancia y el Respeto a las Preferencias. Así aceptó firmarlo el entonces presidente, Felipe Calderón, y no como se había acordado con funcionarios federales y activistas. Calderón tuvo temor de pronunciar la palabra homofobia y nunca logró referirse a los derechos de la población LGBTTTI (Lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual).

Como refiere el activista y periodista, Antonio Medina, el decreto estaba en los términos propuestos por la Organización de las Naciones Unidas y la Organización Panamericana de la Salud: sería el Día Nacional contra la Homofobia. Ya había sido revisado por asesores de Secretaría de Gobernación y de la Presidencia de la República. Calderón estuvo de acuerdo con los términos de la redacción del decreto en su totalidad, pero de último momento cambió el título. De este modo, el Día de la Tolerancia y el Respeto a las Preferencias quedó tan general y ambiguo como la postura del gobierno panista.

El 21 de marzo de 2014, el presidente Enrique Peña Nieto derogó el Día de la Tolerancia y el Respeto a las Preferencias, y en su lugar estableció el 17 de mayo como el Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia. Cabe recordar que el 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales.

En su momento, se declaró que el Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia es la expresión de respeto de una sociedad que acepta la diversidad y reconoce los derechos de las personas, independientemente de su orientación sexual e identidad de género.

En nuestro país todas las personas gozan de todos los derechos humanos, sin importar su orientación o preferencia sexual y su identidad de género. Independientemente que la Constitución garantiza el ejercicio de esos derechos, el propio Estado Mexicano se obliga con los diversos tratados internacionales como, por ejemplo, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

México ha apoyado las resoluciones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos sobre Derechos Humanos, Orientación Sexual e Identidad de Género, en las que se condena expresamente todos los actos de violencia y las violaciones de derechos contra personas a causa de su orientación o preferencia sexual e identidad de género.

Sin precedentes

El pasado 17 de mayo, en la conmemoración del Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia, el presidente Enrique Peña Nieto firmó iniciativas de reforma, tendientes a establecer como derecho humano el matrimonio igualitario y a modificar el Código Civil Federal para que dicha unión se pueda realizar sin discriminación alguna y modernizar el lenguaje del ordenamiento legal.

Nunca antes en Los Pinos se había visto un diálogo en favor de construir una sociedad de derechos para todas y todos, independientemente de la preferencia sexual e identidad de género. Tanto funcionarios del gobierno federal como activistas, estuvieron presentes en la sesión donde el Presidente reiteró su compromiso de abrir espacios de respeto y dignidad.

Por su parte, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, ha expresado que exhorta de manera respetuosa a los integrantes del Congreso de la Unión para que se apruebe la importante iniciativa presidencial de reforma constitucional con el propósito de que se establezca, de manera expresa, como derecho fundamental el matrimonio igualitario y en su momento, de ser el caso, a los legislativos estatales para el mismo efecto.

Acciones como las descritas son el reflejo irreversible y concreto del progreso en el ejercicio de una sociedad de derechos. Esta apertura nos acerca a una democracia sustentada en el reconocimiento de la dignidad humana en favor de la igualdad y la no discriminación.

Contra la homofobia

Los avances alcanzados registran:

1) La prohibición expresa de discriminación por preferencia sexual mediante 30 leyes estatales antidiscriminatorias. (Según informa el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, Conapred, está pendiente la Ley Estatal para Prevenir la Discriminación en Tabasco).

2) La aprobación del matrimonio igualitario en la Ciudad de México, Coahuila, Quintana Roo y Nayarit.

3) La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha emitido jurisprudencia en el sentido de que considerar que el matrimonio debe limitarse a las uniones heterosexuales es discriminatorio; en consecuencia, las leyes que limiten la unión matrimonial a un hombre y una mujer son inconstitucionales.

4) La adopción homoparental es permitida en la Ciudad de México y en Coahuila.

5) El IMSS y el ISSSTE aceptan el registro de personas cónyuges y concubinos del mismo sexo como beneficiarias, tras una resolución emitida por parte de Conapred, en 2011, y un amparo otorgado por la SCJN, en 2014.

6) La creación del Programa Nacional por la Igualdad y No Discriminación (Pronaind) 2014-2018, que integra y organiza la política pública antidiscriminatoria federal, en congruencia con las metas de desarrollo nacional.

7) El Conapred, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y el Instituto Nacional de las Mujeres crearon la Norma en Igualdad Laboral y No Discriminación. Dicha norma reconoce a los centros de trabajo que cuenta con prácticas en materia de igualdad laboral y no discriminación, incluidas aquellas centradas en las personas de la comunidad LGBTTTI.

8) Al igual que ocho naciones, México prohíbe constitucionalmente la discriminación basada en la orientación sexual.

9) México es también uno de los 62 países que prohíben la discriminación en el empleo basada en la orientación sexual.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista y periodista cultural.

Recuadro

Homofobia en cifras

• 3 de cada 10 personas no estaría dispuesta a permitir que en su casa viviera una persona con VIH/Sida.

• 7 de cada 10 personas heterosexuales dicen que están totalmente de acuerdo en que en México no se respetan los derechos de las personas homosexuales.

• 4 de cada 10 personas no están dispuestas a que en sus casas vivan personas homosexuales.

• 1 de cada 2 personas de la comunidad LGBTTTI considera que el principal problema que enfrenta es la discriminación, seguida de la falta de aceptación y burlas.

Fuente: Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis, 2010).

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Elena Poniatowska nació el 19 de mayo de 1932, hoy hace 84 años. En el 2014 obtuvo el Premio Cervantes de Literatura. Este recorrido por su trabajo literario y periodístico recuerda algunos aportes que ha dado a la narrativa mexicana.

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La violencia del 68 ocurrió de una forma brumosa en la radio, prensa y televisión. Prácticamente todos los medios de comunicación de la época, salvo honrosas excepciones, seguían la línea gubernamental, y la que se escuchaba era una sola voz con ecos múltiples aunque uniformes: el Estado mexicano estaba en riesgo, había una conjura a veces comunista, a veces yanqui (con la intervención malévola de la KGB o la CIA), por desprestigiar a México y al presidente de la República. El 2 de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas, francotiradores de alguna de esas fuerzas oscuras dispararon contra la multitud y contra la tropa.

Ese era el cuento urdido desde el poder y la versión más extendida. ¿Cuántos creían en él? Acaso se cumplía aquello goebbelsiano de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Había pocos espacios para realmente informarse; puede ser que en la calle circularan versiones menos fantásticas y que al fin quienes tenían la inquietud de saber qué había pasado armaran de un modo distinto el rompecabezas.

No obstante, el 2 de octubre sembró el espanto. Ante un gobierno capaz de usar las armas, la primera reacción fue callar. Fuerte es el silencio, titularía luego Elena Poniatowska una de sus recopilaciones de trabajos periodísticos, y lo era: algo se expresaba silenciosamente, al menos sin el ruido de los medios controlados por el Estado, hablaba de una forma distinta. Como la “manifestación silenciosa” del movimiento estudiantil; como si callar fuera una forma distinta del decir. Decir las cosas de otra manera; no repetir como loro el boletín oficial; conversar, a lo Mariano Azuela, con la gente “de abajo”: qué pasó, dónde estabas, qué viste, que sentiste, quiénes eran… Eso: conversar.

En un prólogo a La noche de Tlatelolco (publicado originalmente en 1971, con numerosas reediciones), presenta Elena Poniatowska el siguiente paisaje: “El 3 de octubre, a las siete de la mañana, después de amamantar a Felipe, nacido cuatro meses antes, fui a la Plaza de las Tres Culturas, cubierta por una especie de neblina. ¿O eran cenizas? Dos tanques de guerra hacían guardia frente al edificio Nuevo León. Ni luz, ni agua, sólo vidrios rotos. Vi los zapatos tirados en las zanjas entre los restos prehispánicos, las puertas de los elevadores perforadas por ráfagas de ametralladora, las ventanas estrelladas, todos los comercios cerrados, los aparadores de la tintorería, de la cafetería, de la miscelánea hechos añicos, la papelería destruida, las hojas rotas, las huellas de la sangre en la escalera y la sangre sin lavar, la sangre encharcada y negra en la plaza. […] Nadie barría los escombros, nadie se movía, la desgracia era finalmente una foto fija”.

Empezó entonces a recoger testimonios. Habló primero con las madres de los desaparecidos o detenidos, luego con estos últimos, en Lecumberri, haciéndose pasar como prima o tía. A través de sus abogados o familiares, los presos le hacían llegar algunas notas, apuntes de lo vivido. ¿Cuál sería el destino final de ese río de historias? Tal es el origen de un libro que, como el 68 mismo, define una época. La literatura buscó entonces contar aquello que desde el poder se había silenciado. La saga literaria del 68 es amplia, abarca poesía, cuento y novela; una de las piezas centrales es, sin duda, el libro de Elena Poniatowska.

Entre las muchas palabras que la definen una es coherencia. Desde aquella mañana del 3 de octubre ha seguido recogiendo testimonios de la compleja vida social mexicana, que se convierten en reportajes periodísticos o novelas. Otro collage testimonial suyo, por ejemplo, es Nada, nadie: las voces del temblor (1988), memoria de aquel 19 de septiembre de 1985 en la ciudad de México. Otra forma de retratarla es la de alguien que hace hablar a los otros. Su faceta como entrevistadora es significativa. Se inició en ese oficio en los años cincuenta, en los suplementos literarios dirigidos por Fernando Benítez. Quienes fueron abordados por ella la recordaban como una chica de apariencia inocente y distraída que, sin embargo, les hacía soltar toda la sopa. Todas las definiciones posibles de Elena Poniatowska convergen en su ejercicio dialogante, su capacidad para escuchar y comprender al otro.

Retratos de mujeres insumisas

Como novelista deben citarse sus acercamientos a dos creadoras: primero, Tinísima (1992), sobre la actriz y fotógrafa Tina Modotti; luego Leonora (2011), biografía de la extraordinaria pintora surrealista Leonora Carrington.

Gabriel Figueroa tenía el proyecto de hacer una película sobre Tina Modotti y le encargó a Poniatowska que realizara el guión. El proyecto cinematográfico nunca se concretó. No obstante, la escritora siguió investigando sobre la vida de la fotógrafa y así transcurrieron diez años. Luego de varias entrevistas con personas que tuvieron contacto con Modotti, Elena pudo estructurar la biografía. Aquí el arte de la fotografía se alterna con lo anecdótico y la manera que la autora elige para contar la historia: desde la visión de otros. El ir en busca del testimonio ha sido fundamental en las biografías noveladas que ha publicado.

Después de Modotti, le interesó abordar la vida de otra artista visual: Leonora Carrington. Tras de años de conocer a Elena Poniatowska, Carrington tuvo la confianza de sentarse a contarle su vida. Fueron horas de conversación que derivaron en una biografía ágil, fresca, interesante, salpicada de anécdotas, luz y oscuridad, alegría y desasosiego.

La pintora disfrutaba decir que de niña había sido un pony, en su juventud una potranca y que en su madurez se había convertido en una yegua. A ella le gustaba identificarse con los caballos, briosa mujer que tuvo que luchar para despojarse de las ataduras de una educación rígida y moralina. Carrington es cada uno de sus personajes: la dama oval, la diosa blanca que permea en sus obras con guiños a Graves, la asidua lectora de leyendas celtas, la creadora que supo asimilar el sincretismo de México y volcarlo en algunos de sus lienzos.

El libro logra su propósito: adentrar al lector en las vicisitudes de esta notable pintora y narradora inglesa, y también llena los huecos informativos sobre la vida de Carrington, quien pocas veces se dejaba entrevistar.

Otra mujer que inspira a Poniatowska es Lupe Marín. Hace 40 años, Elena entrevistó a Lupe Marín en su casa, ubicada en Paseo de la Reforma 137. De ese largo diálogo nació la inquietud de conocer más sobre la vida de ella, quien fue mujer de Diego Rivera y de Jorge Cuesta, alguien que frecuentó a personajes esenciales de la cultura mexicana del siglo XX como los Contemporáneos, Soriano, Lazo, Torri, Ramos, Cardoza y Aragón, Breton, Carpentier, Modotti, Kahlo, Revueltas, Weston y Vasconcelos, entre otros.

En Dos veces única (2014), Poniatowska une testimonios, escucha varias historias de un mismo personaje. A pesar de que parte de un prisma psíquico, histórico-social y literario, opta por decir que ha escrito ficción porque la mayoría de los argumentos con quienes conversó apuntaban hacia un relato fantástico. Lupe Marín es abordada con los claroscuros que tuvo a lo largo de su vida y se le compara con la Coatlicue (diosa de la fertilidad, patrona de la vida y la muerte); su lado carismático se ve empañado por las crueles e intolerantes actitudes que llegó a tener con sus hijos, con Jorge Cuesta y con algunos de sus nietos. Porque Marín, acaso como la Coatlicue, porta una falda de serpientes que realza la maldad que fluye en ella.

Elena Poniatoswka, como lo ha hecho en otros acercamientos a mujeres insumisas, ha forjado una sólida historia. Desde la primera ocasión en que charló con ella, se dio cuenta de que Marín era un personaje interesante, polémico, opacado por la presencia de Frida Kahlo, ideal para desentrañar y precisar en una madeja de historias que se han tejido alrededor de ella.

Una moderna Sherezada

Es una escritora incansable. Su refugio es una casa en el barrio de Chimalistac, uno de los escenarios de Santa, la novela de Federico Gamboa; ese hogar es el surtidor de mil y un historias que han salido de la pluma de Poniatowska, como una moderna Sherezada que cuenta un cuento tras otro no para salvarse ella misma (o también, aunque no sea ese su fin último) sino para salvar a los demás.

Las estaciones principales de su vida son conocidas: es hija de Paulette Amor y Jean Evremont Poniatowsky Sperry, miembro de la casa real polaca. Nació en París el 19 de mayo de 1932. Estudió en un internado en Estados Unidos de 1949 a 1952; y desde 1953 empezó a ejercer el periodismo en México… Ha ganado los más importantes galardones literarios. En 2014 recibió, en España, el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes Saavedra.

En muchos asuntos, la historia le ha dado la razón a Elena Poniatowska. La verdad oficial del 68, por ejemplo (sostenida con el coctel de intimidaciones a los periodistas y pagos generosos), cayó por su propio peso y lo cierto no está hoy sino en aquella literatura que circuló primero de modo alternativo y terminó por convertirse, prácticamente, en libro de texto. Su verdad, en este caso, es ahora la verdad de todos.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista y periodista cultural.

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México vive un grave problema de salud pública, es el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con mayor tasa de natalidad en mujeres adolescentes. Es motivo de preocupación porque se trata de casi 500 mil nacimientos anuales de madres adolescentes.

embarazo

Recientemente Save the Children (ONG presente en 120 países en los que desarrolla programas relacionados con la salud, nutrición, atención en emergencias, violencia, calidad educativa, explotación laboral infantil), dio a conocer el Estado de las madres de México, embarazo y maternidad adolescente. En dicho reporte las cifras son alarmantes: uno de cada cinco nacimientos en México es de una mujer adolescente menor de 20 años; una tercera parte de los embarazos en adolescentes no son planeados; más del 53% de la población adolescente afirma que en la escuela es el lugar donde recauda mayor información sobre sexualidad; el 59% de las adolescentes de 12 a 19 años de edad con antecedente de embarazo sólo cursó hasta la secundaria; el 70% de muertes maternas adolescentes se presentó bajo atención médica.

El embarazo y la maternidad adolescentes, sobre todo cuando no son deseados (una tercera parte de ellos), conllevan riesgos y costos elevados tanto para la madre como para sus hijos. Factores como la pobreza, la malnutrición, la inmadurez reproductiva y la desigualdad de género comprometen la salud de ambos.

Cuando las adolescentes deciden ser madres a una edad temprana la mayoría de las ocasiones son por causas relacionadas a la falta de oportunidades de desarrollo y de contextos en donde la maternidad es el único rol valorado de las mujeres en sus comunidades.

A partir del análisis de cinco variables: 1) el riesgo de muerte materna; 2) la tasa de mortalidad de menores de 5 años; 3) el ingreso nacional bruto per cápita; 4) el nivel educativo materno; y 5) el índice de participación de las mujeres en el gobierno nacional, se elaboró un ranking del Estado de las madres en México. Las cinco peores entidades para ser madre son: Chiapas, Guerrero, Durango, Hidalgo y Puebla.

El mayor porcentaje de embarazo adolescente se concentra en grupos con condiciones inadecuadas de salud y vivienda en situación de vulnerabilidad, por lo que las madres en este grupo de edad no cuentan con el apoyo y los servicios necesarios. Por otra parte, el embarazo adolescente también está asociado con la deserción escolar.

Los hijos de madres adolescentes enfrentan mayores riesgos de enfermedad, muerte, abandono, accidentes y maltrato que los hijos de madres adultas. Numerosos estudios reportan que las madres adolescentes tienen menores competencias parentales, incluyendo mayor dificultad para interpretar las necesidades de sus bebés (como sus comportamientos de exploración o su deseo de recibir atención y cuidados). Esto trae como consecuencia interacciones con menor sensibilidad y afecto, un ambiente menos sano y estimulante para el bebé, y niveles inadecuados de nutrición, de cuidados de salud, de estimulación cognitiva y social. Estas vulnerabilidades se traducen en resultados infantiles desventajosos, incluyendo problemas en el desarrollo físico, cognitivo y socio-emocional. Cuando no son atendidas, estas dificultades se perpetúan en desventajas durante toda la vida; es frecuente que los hijos de madres adolescentes presenten con mayor incidencia atraso académico y mayor riesgo de deserción escolar.

Save the Children refiere que una de cada dos adolescentes entre 12 y 19 años que inicia su vida sexual, se embaraza por causas relacionadas con la violencia sexual, el matrimonio a una edad temprana, el no uso o el uso incorrecto de anticonceptivos y, en general, por la escasa educación sexual integral que tiene la población adolescente en nuestro país.

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Infografía cortesía de Save the Children.

En todo el mundo millones de mujeres adolescentes son excluidas de sistemas educativos de calidad, y no cuentan con acceso a medios y a tecnologías de información.

¿Cómo podremos revertir esta situación que nos afecta a todas y a todos? ¿Qué se tiene que hacer para trabajar en favor de los derechos de niñas, niños y adolescentes? Bajo el esquema de empoderamiento a las adolescentes, la ONU ha hecho un llamado para:

a) Trabajar en favor de una educación de calidad, formación, capacitación, acceso a la tecnología y otras iniciativas educativas que preparen a las niñas para la vida, el trabajo y el liderazgo.

b) Invertir en salud y en una nutrición adecuada durante los años de adolescencia.

c) Promover la no aceptación de la violencia física, mental o sexual bajo ningún concepto.

d) Promover legislaciones y políticas de género en todas las áreas, especialmente para las adolescentes con discapacidad, en situación de vulnerabilidad y víctimas de tráfico y la trata.

Políticas públicas en favor de las adolescentes

Ante este panorama desolador, Save the Children convoca a que el Estado y la sociedad mexicana trabajen en función de las siguientes garantías en favor de los derechos de las mujeres adolescentes:

1) Eliminar barreras de discriminación que afectan a la población adolescente conforme a la Ley General de los Derechos Niñas, Niños y Adolescentes.

2) Homologar en todos los códigos civiles la edad mínima para contraer matrimonio, ya que hasta la fecha existen 25 entidades que no lo han hecho, tal como lo estipula la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

3) Poner en marcha programas que incrementen la participación económica, social y política de las mujeres adolescentes.

4) Contar con un financiamiento justo. Que se asigne a la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo Adolescente (ENAPEA) un presupuesto progresivo y transparente al igual que al Sistema Nacional de Protección Integral para Niñas, Niños y Adolescentes, mismo que depende de la Secretaría de Gobernación.

Las instituciones públicas hoy están obligadas a transversalizar las políticas de igualdad, procurando que existan políticas integrales en la materia. Garantizar el cumplimiento de los derechos humanos de las niñas y las adolescentes debería ser uno de los compromisos prioritarios del gobierno federal; sólo con su pleno cumplimiento será posible alcanzar las potencialidades que tenemos y se logrará el crecimiento y el bienestar al que aspiramos.

Las mujeres adolescentes no son apéndices de los adultos, no son personas incompletas, ellas requieren todos los derechos. No sólo necesitan los derechos que los padres y madres creemos que precisan: educación, salud, protección; tienen otra enorme cantidad de derechos y libertades, y el sistema social, el sistema político como tal debe ser el primer detonador para ello.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista y periodista cultural.

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