Fotografía: Helen Sloan/HBO

*Este texto contiene spoilers


Como en una buena partida de ajedrez, las piezas de Game of Thrones han empezado a acomodarse de manera estratégica.

A diferencia de lo que ocurría en otras temporadas, en las que los primeros capítulos solían plantear la trama, el segundo episodio de esta corta temporada, titulado Stormborn, ya nos sorprendió con eventos críticos: alianzas estratégicas, reencuentros, muertes violentas y con una épica batalla final que bien podría estar al nivel de la saga de Piratas del Caribe (o mejor).

Este capítulo, que incluyó varias escenas que tendrán un impacto en la trama y en los personajes, inició donde nos dejaron en Dragonstone, con Daenerys frente a su equipo, que ahora incluye nuevas aliadas: Ellaria Sand, de Dorne, las Sand Snakes y Olenna Tyrell, quienes junto a Yara y Theon sumarán fuerzas a la heredera de los Targeryan para que pueda obtener el trono de los Siete Reinos.

Melisandre aparece e informa a Daenerys que Jon Snow es ahora el Rey del Norte. Tyrion, ahora la mano de la reina, la convence de extenderle una invitación, por lo que sin duda se avecina uno de los mejores momentos de la serie: el encuentro entre Jon y Daenerys, quienes, de acuerdo con la teoría R + L (Jon es hijo de Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark), son tía y sobrino.

A la par, otros personajes secundarios empiezan a cobrar cada vez más importancia, como Sam, quien se encuentra aprendiendo las artes de los ‘Maesters’ y ya descubrió el poder del dragonglass, la potencial ‘criptonita’ contra los White Walkers. Sam también queda a cargo de salvar a Jorah Mormont, quien fue afectado por la enfermedad de psoriagrís, condición que aparentemente le quitará la cordura en menos de seis meses. Pero habrá que confiar en Sam, quien está determinado a curarlo ¡y sin anestesia!

En King’s Landing, Cersei sigue intentando encontrar nuevos aliados, por lo que habla con Randyll y Dickon Tarly para intentar convencerlos de pelear a su lado. Sin embargo, su argumento: “la hija del Rey loco muy probablemente también está loca y los matará a todos”, suena poco convincente dado que la única reina que aniquiló a todos con fuego verde fue ella… No obstante, puede que los Tarly hayan sido convencidos.

Otro de los momentos más emotivos de este episodio fue la consumación del amor entre Missandei, la intérprete de Daenerys, y Gusano Gris, el guerrero Inmaculado, comprado y liberado por Daenerys, quien ahora comanda su ejército. A pesar de que sabemos que éste personaje fue castrado, su encuentro sexual fue un momento sumamente sensual. Previamente él le dijo unas palabras muy melosas (todas suspiraríamos por una declaración así) y antes de embarcarse a la guerra dieron rienda suelta a su pasión con todo y las obvias limitaciones.

Y cuando creíamos que no podíamos conmovernos más, Arya tuvo un reencuentro que habíamos esperado siete temporadas: con su lobo, Nymeria, a quien no veíamos desde el segundo episodio de la serie. Nymeria creció y encontró una nueva familia y aunque la joven le pide que la acompañe, su lobo ya tiene otra vida, ha trazado su propio camino y le corresponde seguirlo como lobo solitario. Sin duda es una analogía de la propia Arya. Nada será como antes, para ninguna de las dos.

Finalmente, el capítulo culminó con una gran batalla en altamar en la que Euron Greyjoy (un potencial psicópata al estilo de Ramsey) aborda los barcos de sus sobrinos para masacrarlos a todos. Fueron secuencias con efectos especiales bien logrados y que concluyeron con Euron capturando a Yara. En ese instante, su hermano Theon, lejos de intentar luchar por ella y fungir como su “protector”, nos dejó en shock al convertirse nuevamente en “Reek” (esa alma creada y torturada por Ramsey) al por vencido y saltar por la borda. Verdaderamente descorazonador.

Ahora, Euron tiene el regalo que le prometió a Cersei: capturó a Ellaria, la responsable del asesinato de su hija Myrcella.

Todo lo que se plantea para el siguiente capítulo: Jon dejó Winterfell en manos de Sansa, quien podría ser malaconsejada por Little Finger; Arya cambió de rumbo y se dirige a Winterfell para reencontrarse con su familia, Yara y Ellaria fueron capturadas por Euron, y el encuentro de los protagonistas de la saga porque Jon se dirige a Dragonstone para encontrarse con Daenerys. Épicos eventos se avecinan en el horizonte.

 

Mariana Mijares

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Luego del estreno de La Bella Durmiente (Sleeping Beauty) en 1959, tuvieron que pasar 30 años para que Walt Disney Animation Studios volviera a tener como figura central de una de sus historias a una princesa. En 1989 el relato de Ariel en La Sirenita (The Little Mermaid) revolucionaría para siempre el quehacer de los estudios, además del inconciente de muchas niñas.

Años después, La Bella y la Bestia (1991) fue la primera cinta animada en ser nominada al Oscar como Mejor Película, además de convertirse en un éxito en taquilla; lo mismo ocurrió con Aladdin (1992).


Fotografías: Cortesía de  Disney

Esta “Era de renacimiento” (“Disney Renaissance”) le trajo al estudio no sólo importantes ingresos de taquilla, sino miles de dólares en mercancía. Y es que Disney, cuyas películas representan menos de 20% de sus ingresos totales, ha sabido comercializar con sus personajes, y, sobre todo, con sus princesas, que se convirtieron en un negocio en sí mismo; pero también en la aspiración de millones de niñas que crecerían bajo estas influencias.

En lo personal, si hasta el día de hoy sigo creyendo en los príncipes azules, en que los grandes amores superan las adversidades y en los finales felices, no es culpa de Jane Austen, sino de Disney. Fue Disney quien nos hizo creer que un día —de repente y sin mucho esfuerzo— un hombre ideal aparecería en nuestra vida para borrar todo lo malo (los príncipes salvaron a Cenicienta de la malvada madrastra y de sus hermanastras, a Aurora del hechizo maligno que la tenía dormida, a Ariel de la crueldad de Úrsula, y un largo etcétera) y dejar sólo cosas buenas.

En contraste, en la vida real, ese primer amor; quien por primera vez nos hizo sentir emoción, y mariposas, sí nos deja ese “primer beso”, pero también el corazón roto.

Las cosas cambiaron un poco a partir de Mulán, en 1998, pues las heroínas empezaron a mostrar cambios evidentes y ya no ser sólo jóvenes pasivas que esperaban sentadas por su príncipe. Mulán, lejos de ser una damisela en peligro, toma la iniciativa de hacerse pasar por un guerrero para salvar su reino de una invasión; Rapunzel, de Tangled, continuamente arregla los problemas y no se fija en un príncipe, sino en un ladrón: Flynn; y no se diga de las hermanas de Frozen:Elsa y Ana, quienes se convirtieron en una sensación mundial con su ejemplo de coraje, determinación y amor fraternal, lo que llevó a Frozen a convertirse en la cinta animada más taquillera de la historia (con más de 1.3 billones de dólares de taquilla) además del Blu-Ray más vendido de Estados Unidos.

Esta temporada (13 de julio al 15 de octubre), como aquella hermosísima película de Alfonso Cuarón: La Princesita, Disney nos recuerda que en todas las niñas hay una princesa. Las princesas vuelven a la pantalla grande para motivar así a las pequeñas —y no tan pequeñas— a que, sin necesidad de habitar en un reino lejano, de tener animales que hablan o un príncipe azul, sean mujeres más curiosas, independientes, determinadas y aguerridas, a “ser princesas siendo ellas mismas”.

Como adultos entendimos ya que el amor perfecto no existe, pero como ocurre en los relatos de Disney, vivimos el amor con altas y bajas; aprendemos que vale la pena luchar por alguien especial, y no sabemos si “para siempre”, pero por lo menos en ese momento. ¿Qué sería de todas estas películas si nuestras heroínas se hubieran dado por vencidas?

Las princesas de Disney fueron quienes nos hicieron creer en los príncipes, sí; pero también nos siguen inspirando —con historias nuevas y antiguas—a creer en nosotros mismos, a pelear por los sueños o las causas justas, a tomar la iniciativa y, ¿por qué no?, de vez en vez, entonar alguna canción feliz para acompañar nuestro día a día…

Las películas que podrán verse como parte de este ciclo son:

  • Blanca Nieves y los Siete Enanos
  • La Cenicienta
  • La Bella Durmiente
  • La Sirenita
  • La Bella y la Bestia
  • Aladdín
  • Pocahontas
  • Mulán
  • La Princesa y el Sapo
  • Enredados
  • Valiente
  • Frozen: Una aventura congelada
  • Moana: Un mar de aventuras

La colección de películas de Disney Princesa se exhibirá en 42 complejos Cinépolis en 25 ciudades del país.

Consulta la programación aquí:

http://cinepolis.com/princesas-disney.

Paralelamente, en Oasis Coyoacán, hay una exhibición de diseñadores mexicanos como Macario Jiménez y Pineda Covalin que vistieron a algunas princesas y de cuadros de Georgina Gutiérrez.

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Velvet
(España, 2014-2016)
Directores: David Pinillos, Carlos Sedes, Manuel Gómez Pereira, entre otros.
Género: Serie
Creada por: Ramón Campos y Gema R. Neira
Elenco: Paula Echevarría, Miguel Ángel Silvestre, José Sacristán, Natalia Millán, Ángela Molina, Aitana Sánchez Gijón, Amaia Salamanca, Miriam Giovanelli, Marta Hazas, Llorenç González, Sara Rivero, entre otros.

Por años, las telenovelas mexicanas siguieron una fórmula clásica: una joven muy humilde se fijaba en un hombre rico y guapo que generalmente era su patrón, o cabeza de una prominente empresa, y aunque todo —y todos— se opusiera a este amor, éste se acababa logrando.

Si les dijera que esa es precisamente la premisa de Velvet probablemente no tendrían las suficientes ganas para verla, pero si a esta serie producida por Bambú Producciones para Antena 3 le agregamos cuidados valores de producción (está situada en Madrid entre la década de los cincuenta y setenta), personajes secundarios realmente entrañables, diálogos ágiles y conflictos que cambian cada temporada, se reúnen entonces los elementos suficientes para lograr una de las mejores series españolas de los últimos años, que batió todos los récords de audiencia.

La historia se centra en dos personajes: Ana Ribera (Paula Echevarría) y Alberto Márquez (Miguel Ángel Silvestre), hijo del dueño de las Galerías Velvet —algo así como un equivalente a Liverpool—, quienes se conocen desde niños y desde entonces se enamoran. Al crecer, los padres de Alberto se oponen a este amor y lo mandan a estudiar fuera; tiempo en el que Ana se vuelve una de las mejores costureras de las galerías junto a sus dos entrañables amigas: Rita (Cecilia Freire) y Luisa (Manuela Vellés). Pero años después Alberto vuelve a Velvet, y su interés por Ana no ha disminuido; al contrario, ahora le propone fugarse con ella. Pero un incidente los obliga a permanecer en Madrid, para que posteriormente él tome el mandato de las galerías. (No crean que les estoy spoileando la trama, esto ocurre en el capítulo 1; hay 54).

La primera temporada gira entonces en torno al amor frustrado entre Ana y Alberto; la llegada de Cristina Otegui a sus vidas (Manuela Velasco en uno de los mejores personajes de la temporada); a la incipiente relación entre Mateo (Javier Rey), mejor amigo de Alberto, y su secretaria Clara (Marta Hazas) y al amor no correspondido de Rita (Freire) hacia Pedro (Adrián Lastra), el novio de su hermana.

Este planteamiento resultaría ya lo suficientemente interesante para llevar la primera temporada, pero luego se adiciona otro de los mejores giros: la llegada del afamado modisto Raúl de la Riva (Asier Etxeandía) a las Galerías. Sin duda uno de los favoritos del programa.

La vida en las Galerías podría resultar similar a la de la clásica telenovela mexicana que catapultó a Mariana Levy a la fama: La Pícara Soñadora, esa joven que pasaba días y noches viviendo en Sares Rochild (en realidad Sears). Sin embargo, lo que diferencia —y eleva— a Velvet es que se trata no sólo de una telenovela de época, sino que cuenta con un ensamble de gran carisma. De hecho, resulta tan fascinante la relación entre Mateo y “Clarita”; o Rita y su idealización por Pedro, que por momentos hasta nos olvidamos de Ana y Alberto. Y eso no es malo, al contrario, las mejores series deben tener no sólo protagonistas entrañables, sino personajes secundarios relevantes y con subtramas lo suficientemente interesantes como para cautivarnos a lo largo de varias temporadas.

Otra comparativa que podría hacer de Velvet es su cercanía con Downton Abbey, maravillosa serie inglesa que mostraba por un lado la vida de la aristocracia, y por el otro, la cotidianidad de los empleados. Velvet incluye también ese contraste de clases sociales. Como en Downton, los diálogos de Velvet son igualmente brillantes, y los actores tienen tal agilidad que a veces cuesta seguirles el ritmo a quienes no estamos acostumbrados a los modismos de España. Pero gracias a plataformas como Netflix, podemos regresarle, o incluso, subtitular los episodios para no perder palabra de estos carismáticos españoles.

A diferencia de los triángulos amorosos de las telenovelas mexicanas, el que se da aquí entre Ana-Alberto-Cristina resulta distinto, pues Cristina no es la típica antagonista; al contrario, es una mujer adorable y resulta difícil no estar de su lado. Desafortunadamente, conforme evolucionan las temporadas la trasladan al típico arquetipo de villana loca que finge estar embarazada (nunca hemos visto eso antes…).

Confieso que pese a este, y algunos otros tropiezos (como la salida de Silvestre por varios capítulos para cuadrar su agenda con Sense8) me resultó difícil despegarme de la TV, y aunque inicialmente sólo pretendía ver la primera temporada en menos de dos semanas había acabado ya todos los capítulos (y aprendido de memoria el tema de los protagonistas: “You are the one”, de The Ronettes).

En España, Velvet concluyó en diciembre del año pasado, pero Netfllix subió recientemente la cuarta y última temporada. En esta hay un lapso de casi una década, tiempo en el que no sólo cambia la moda, las relaciones o los personajes, sino sobre todo, en el que se resolverá la mayor incógnita del programa: ¿lograrán Ana y Alberto ser felices para siempre?

Si disfrutaron series como El Gran Hotel, El Tiempo entre Costuras, Downton Abbey o incluso La pícara Soñadora, hágase un favor y dénle una oportunidad a Velvet; les aseguro que quedarán tan enganchados como los más de 3 millones de televidentes que hicieron de esta una de las series más famosas, y comentadas, en España.

Y si al terminar las cuatro temporadas queda usted tan triste como yo, que no cunda el pánico, entérese que se prepara ya un spin-off centrado en el personaje de Clara (que al momento se llama Velvet: Colección y que estará situado en Barcelona). Les aseguro que si la serie conserva el humor y el carisma de la original será un éxito seguro.

Productores y creativos en México: favor de poner atención a este tipo de producciones y dejar un atrás, aunque sea un ratito, las temáticas de violencia y narcotráfico. El mundo siempre necesitará de ropa a la moda, de risas continuas, y sobre todo, de un amor que nos haga suspirar.

Mariana Mijares

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La tortuga roja
(La tortue rouge)
Director: Michael Dudok de Wit
Género: Animación
Guionistas: Pascale Ferran & Michael Dudok de Wit

Este año, la categoría de Animación en los premios Óscar recibió más postulaciones que nunca con un total de 27 y más allá de Disney y Pixar, varios estudios presentaron cosas realmente interesantes, tal fue el caso de Ma vie de Courgette, de Francia, Kubo and the Two Strings, de los estudios Laika y La tortue rouge, coproducción de Francia, Bélgica y Japón, quedando las tres en la terna de nominadas por la Academia.

Aunque no obtuvo el Óscar (se lo llevó Zootopia), La Tortuga Roja acumuló otros reconocimientos: el Annie Award a Mejor Cinta Independiente; el Magritte Award de Bélgica como Mejor Coproducción y el más prestigioso: Un Certain Regard, premio especial del jurado, en Cannes.

El director y guionista, Michael Dudok de Wit, conocido por cortos como The Monk and the Fish (1994) y Father and Daughter (2000), tuvo con esta película, coproducida por Studio Ghibli, su debut en largometraje para mostrarnos la odisea de supervivencia de un hombre en una isla desierta.

Platicamos con el realizador holandés durante el pasado Toronto International Film Festival (TIFF).

Mariana Mijares: ¿Qué te inspiró a convertirte en un director de animación?
Dudok de Wit: Crecí en Holanda con una buena dosis de Los Picapiedra, además de otras caricaturas americanas y aunque no las considero mis inspiraciones, eran una forma de entretenimiento. Luego descubrí películas del este de Europa, que eran obscuras, individuales y políticas, pero yo pensaba, muy poderosas. En ese momento aún no decidía ser director, pero fui a la escuela de arte donde descubrí que me encantaban los cómics, que luego ligué a la animación. En retrospectiva, las películas del centro y este de Europa fueron las que más me influenciaron.

MM: ¿Cómo se dio tu relación con el famoso Studio Ghibli (Porco Rosso, ¿El viaje de Chihiro, La Princesa Mononoke) para la realización de Tortuga Roja?
DW: La verdad fue muy muy inesperado. Tuve la fortuna de conocer a Hayao Miyazaki, pero fue un encuentro cordial y breve. Toshio Suzuki también conocía mis filmes, pues en alguna ocasión lo conocí en una charla que di en Corea y él estaba ahí. Me sorprendió el hecho de que tuviera interés en mi arte. Después recibí un correo de Studio Ghibli, del propio Suzuki, en el que decía que les gustó mi película Father and Daughter y que consideraban que era algo japonesa —cosa que  los japoneses no dicen fácilmente—. Me preguntaron entonces si había considerado hacer un largometraje con ese mismo estilo, y que si sí, les interesaría producirla.

MM: ¿De alguna manera ellos te impulsaron entonces a hacer esta película?
DW: Sí, definitivamente fueron catalizadores. Sin ellos probablemente nunca me hubiera animado a hacer un largo porque es muy difícil, no sólo financiarlo, sino despertar el interés de la gente. Nunca pensé que sucedería.

MM: ¿Cómo creaste la historia que cuentas en Tortuga Roja?
DW: Después de ese correo, de inmediato me puse a pensar ideas. No me considero un gran escritor en el sentido de que no tengo en la mente muchas historias distintas, sino que solo tengo una historia para un tiempo preciso y eso funciona para mis cortos. Me puse a pensar en qué temáticas podía utilizar y pensé en la de un náufrago varado en una isla tropical, un tema que he tenido presente desde mi infancia. Es muy arquetípico, pero te obliga a cuestionarte qué harías tú para sobrevivir y sobre todo, qué harías después. Eso es lo que me pareció interesante.

MM: ¿Cómo llegaste a la figura central, a la tortuga roja que se vuelve mujer?
DW: Pensé que sería muy lindo que este hombre conociera en la isla a una mujer y contarlo de manera muy natural. Al mismo tiempo, me pregunté qué sentimiento quería provocar: entretenimiento, drama, u otra cosa. El sentimiento que se me vino a la mente fue un gran respeto y admiración por la naturaleza y no me refiero a la naturaleza en abstracto como el bosque verde o el mar azul, sino a las emociones que te despierta:  la vida, la muerte, la luz, la sombra. Ese tipo de naturaleza.

MM: En ese sentido creo que la película retrata no solo el arco de un hombre que intenta sobrevivir, sino su relación con la propia naturaleza y eso no siempre le es fácil.
DW: Sí, me fui más allá, él está en conflicto con la naturaleza porque no quiere estar ahí. Al mismo tiempo debe aprender a sobrevivir, pero luego acepta su destino y entiende lo integrado que está con todo, no se puede estar en conflicto con el mundo natural. La mujer representa esa naturaleza.

MM: ¿Qué te gustaría que experimentaran los espectadores con esta película?
DW: No es una película con un mensaje grande, tipo: la naturaleza es importante, no, es más una película para contemplar y que haya empatía con lo que ves en pantalla.

MM: Sin embargo, creo que sí hay varios mensajes: uno de ellos, la perseverancia y la importancia de superar los obstáculos.
DW: Sí, el tsunami nos muestra que la naturaleza no siempre es bonita, a veces es devastadora, pero ese tsunami marca la madurez del hijo que justo después, crece y está listo para irse porque su momento ha llegado. Yo quería establecer suspensos, la muerte siempre está presente, no es una película ‘bonita’, es una película dura.

MM: Nos podrías hablar de la paleta de colores, porque tienes un estilo muy particular.
DW: Mi ambición más grande para Tortuga Roja era que se viera simple, dicho de manera positiva. Quería mucho detalle para las cosas: la arena, las piedras, los bambúes, las hojas, pero manteniéndolos simples. Lo mismo para la paleta de colores, porque creo que muchas películas tienen sobresaturación de colores. Jugamos mucho con eso y como inspiración vimos muchos ejemplos de arte japonés. Además, tenemos escenas en escala de grises, que tienen un fundamento biológico, porque en animación la noche siempre suele ser azul, pero en la vida real la noche no tiene color, simplemente no podemos verlos y por eso quise usar eso en la película: la falta de color.

MM: Creo que la película resulta muy universal también por el hecho de que no tiene diálogos, gente en todo el mundo puede experimentar la misma sensación.
DW: Sí, es una película muy universal en muchos sentidos: el personaje no tiene nacionalidad, no tiene pasado y no sabemos qué le pasó. Sólo sabemos que quiere sobrevivir. Y eso funciona porque construyes empatía en otros niveles. Incluso en su relación con la mujer no hay diálogos. Intentamos ponérselos en algún momento, pero se sentía muy artificial. Lo discutimos mucho y al final decidimos quitarlos. Sabíamos que era un riesgo, a mucha gente no le gusta que no haya diálogos, pero era un reto que queríamos tomar y que afortunadamente ha funcionado. Incluso en algunas proyecciones hubo gente que no notó que no hubiera diálogos, por eso creímos que funcionaba perfecto.

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Guardianes de la bahía
(Baywatch)
Director: Seth Gordon
Elenco: Dwayne Johnson, Zac Efron, Alexandra Daddario, Kelly Rohrbach
Género: Acción
Guionistas: Damian Shannon y Mark Swift

Más de un billón de personas vieron Baywatch en la década de los noventas. Es imposible olvidar los cuerpazos de Pamela Anderson, Yasmine Bleeth o Carmen Electra corriendo por la arena en cámara lenta y, por supuesto, las audacias de David Hasselhoff como Mitch Buchannon. Resultaría difícil no entretenerse con las aventuras de un montón de gente guapa en traje de baño, ¿no?

Al decidir hacer una película basada en la famosa serie, había varios caminos a elegir: invitar a parte del elenco original para tener un papel importante en esta versión, retomar el concepto y mostrar a un grupo de salvavidas vigilando la bahía o incluso burlarse de todos los clichés del programa (al estilo de la hilarante 21 Jump Street). El problema de esta película es que intenta un poco de todo lo anterior sin nunca definirse por un tono, convirtiéndose en una serie de malos chistes y bromas repetidas que, en su mayoría, giran en torno a penes (incluyendo el de un muerto).

Al frente del elenco está Dwayne Johnson, quien interpreta a Buchannon, aunque aquí se parece más a otro personaje de Hasselhoff:  Michael Knight de Kitt, el auto increíble, aquel agente encubierto que buscaba justicia. En Baywatch, aunque Mitch defiende en un inicio la labor e importancia de los salvavidas con frases como “Our team is the heart and soul of this very beach”, su concentración parece estar en intentar resolver crímenes y pelearse con la policía. Su jefe evidentemente se molesta pues esto no está en la descripción de su puesto, pero aun así la trama se desvía.

Y es que después de la primera parte, todo gira en torno al descubrimiento de drogas en la playa. Mitch reúne a su equipo: Stephanie Holden (Ilfenesh Hadera), CJ Parker (Kelly Rohrbach), Summer Quinn (Alexandra Daddario) y el novato Matt Brody (Zac Efron con un cuerpo sobre trabajado) para intentar descubrir el complot orquestado en el club de playa que administra el personaje de Victoria Leeds (Priyanka Chopra).

Este conflicto trillado es justo el principal problema de la película, pues se aleja de la posibilidad de hacer un homenaje al programa original para volverse una historia de salvavidas wannabe detectives, exponiéndose innecesariamente y haciendo varios ridículos en el proceso (como esconderse en cajones con muertos en una morgue).

Aunque el físico de las nuevas actrices, particularmente el de Kelly Rohrbach, es envidiable, sus personajes son tan insulsos e inverosímiles, que se vuelve muy difícil olvidarse de los personajes originales. En el caso de CJ, Pamela Anderson hizo suspirar a miles en sus pantallas y es un ícono de la televisión en los 90s (tiene un breve cameo).

Otro papel que fue un fiasco es el que tomó Belinda, que aceptó un papel chiquitito como una latina boba atorada en un yate en llamas. Su participación no dura ni 5 minutos cuando ella misma lo había anunciado con bombo y platillo.

Para hacer felices a muchos, la película sí ofrece las recurrentes tomas de mujeres corriendo en cámara lenta, además de personajes nuevos como el de Jon Bass, que reemplaza al personaje de Ronnie Greenbaum y aporta el relief cómico de la historia. Sin embargo, los guionistas y actores se toman tan en serio su trama que Baywatch nunca termina convencer, ni divertir.

Es una lástima que, aunque nadie esperaba un guión digno de Óscar, no lograron ni siquiera recordarnos por qué era tan popular un show de TV lleno de salvavidas corriendo por la playa en ajustados trajes de baño y salvando gente de ahogarse en 10 cm de agua.  Al final de la cinta vale cabe mencionar una falla imperdonable: dado que a la mitad de la cinta los salvavidas abandonan la playa, no nos queda más que preguntar ¿quién está ahí para vigilar la bahía?

Por pura nostalgia, si quieren recordar la esencia del programa les dejo una liga a los créditos iniciales:

Y parte de la letra del tema, que prometía lo siguiente:

Some people stand in the darkness
Afraid to step into the light,
Some people need to have somebody
With the edge of surrender insight,

Don’t you worry, it’s gonna be alright
‘Cause I’m always ready,
I wont let you out of my sight

I’ll be there,
I’ll be ready,
Never your fear,
Now don’t you fear,
I’ll be there,
Forever and always, I’m always here!

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Netflix ha revolucionado la industria televisiva, sí; pero también ha afectado al universo cinematográfico. ¿Por qué? Porque luego de algunos intentos fallidos no ha logrado un buen acuerdo con los exhibidores y actualmente la mayoría de sus películas no son estrenadas en la pantalla grande, negándole así al espectador la oportunidad de vivir al 100% la experiencia de internarse en una sala a obscuras, con sonido surround y sin distractores, como la llegada de la comida a domicilio, que el vecino tenga música o que haya que contestar el teléfono.

Pedro Almodóvar, presidente este año del jurado de Cannes, lo sabe, y por ello al ser cuestionado en la conferencia inaugural sobre la polémica de incluir Okja, de Bong Joon-ho, y The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach, producidas por Netflix, habló sobre la importancia de vivir el cine en la pantalla grande.

“Esta nueva forma de consumo no puede tratar de sustituir las ya existentes, como ir al cine; no puede alterar el hábito de los espectadores, y creo que ese el debate ahora mismo. Me parece una enorme paradoja dar una Palma de Oro, y cualquier otro premio, a una película que no pueda verse en gran pantalla. Respeto las nuevas tecnologías, pero mientras siga vivo defenderé algo que las nuevas generaciones parecen no conocer: la capacidad de hipnosis de una pantalla. Creo que la pantalla en la que vemos una película por primera vez no puede ser parte de nuestro mobiliario, sino que nosotros tenemos que ser diminutos para estar dentro de la película que te captura”, declaró Almodóvar.

En Sundance se vivió un panorama muy distinto, y en la edición de este año, a la que tuve la oportunidad de asistir, fue muy celebrado que Netflix opacara a los demás, comprando más de 10 títulos —más que ningún otro estudio—, pero sin destacar que en este proceso se perdía la oportunidad de que esas cintas logran ganancias de taquilla, y coartando además a la mayoría de estas producciones de la posibilidad de competir en premios como el Oscar (cuyas reglas indican que las cintas deben haberse exhibido en cines comerciales).

La mayor compra de Netflix en Sundance 2017 fue Mudbound (adquirida por 12.5 millones de dólares), protagonizada por Carey Mulligan, Garrett Hedlund y Jason Clarke, que según lo estipulado tiene pensado estrenarse al mismo tiempo en cines y en la plataforma; sin embargo, luego del fracaso de esta estrategia con Beasts of No Nation (que recaudó únicamente 90 mil dólares en salas) muchos cines se han negado a exhibir estas películas, pues saben que llevan las de perder (por lógica, la mayoría de la gente preferirá no gastar y ver la cinta gratis en casa).

El resultado de Mudbound queda por verse, pues Netflix aún podría copiar la estrategia de plataformas como Amazon, quien compró en Sundance Manchester by the Sea por 10 millones para luego estrenarla en cines; generando casi 40 millones de dólares en taquilla y logrando 6 nominaciones al Óscar —de las que obtuvo Mejor Actor y Mejor Guión Original. 

Por lo pronto, con el nuevo ajuste al reglamento de Cannes (en la que se obliga a las cintas en competencia a tener comprometida su distribución en salas francesas), el certamen ha dejado fuera de la jugada el modelo tradicional de Netflix; queda por ver qué hace este servicio de streaming para evitar que otros festivales repliquen las medidas tomadas por el festival de cine más importante del mundo.

Anexo. Títulos que Netflix compró en Sundance 2017:
Berlin Syndrome.
Casting JonBenet.
Chasing Coral.
Fun Mom Dinner.
Icarus.
The Incredible Jessica James.
Joshua: Teenager vs. Superpower.
Nobody Speak: Hulk Hogan, Gawker and the Trials of a Free Press.
The Mars Generation.
To the Bone.
Mudbound.

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Rey Arturo: La Leyenda de la Espada
(King Arthur: Legend of the Sword)
Director: Guy Ritchie
Género: Aventura
Guionistas: Joby Harold, Guy Ritchie & Lionel Wigram
Elenco: Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey, Jude Law, Djimon Hounsou

Si al entrar a ver El Rey Arturo esperas encontrar una película con batallas épicas, muchos efectos especiales y un soundtrack a todo volumen, no saldrás decepcionado. Si por el contrario, buscas encontrar una historia apegada a la leyenda de Arturo, su relación con Merlín o algo sobre Lancelot y Gueniver, será mejor que te abstengas.

En la versión de Guy Ritchie de El Rey Arturo, hay un ritmo frenético y una edición trepidante. El rey Uther (Bana) intenta defender su reino de un ataque de magos, liderado por Mordred. En esta batalla, las flechas y el combate tradicional son sustituidos por efectos especiales y animales fantásticos (los elefantes existen, pero aquí son del tamaño de un Transformer).

La batalla da lugar al meollo central de la historia: la separación del pequeño Arturo de sus padres y de su reino; corte A, un montaje de menos de 5 minutos que cuenta toda su infancia —cientos de fotogramas por minuto y con rápidos movimientos de cámara—, hasta llegar al presente.

Regresando al tiempo actual de la historia, nos enteramos que Arturo vive en un burdel y se dedica junto a sus amigos a robarle a los ricos para ayudarles a las prostitutas (¿?). Nunca vemos que tenga ninguna cualidad que lo redima y su verdadera valía inicia en el momento en el que le ayudan sus cuates —una hechicera (Astrid Berges-Frisbey) y su ejército de animales— a escapar del malvado tío Vortigern (Law). Sus méritos nunca provienen de su carácter: es un personaje que no crece y no evoluciona y, por tanto, nunca nos importa.

Además de la clara falta de desarrollo de personajes, el mayor problema de esta cinta es el ritmo pues, en lugar de agradecer que nunca aburra, va tan rápido que es casi imposible seguirle el paso a la edición de James Herbert y, sobre todo, a la historia.

El sello de Guy Ritchie está presente. Además de contribuir al guión, tal y como lo hizo en Sherlock Holmes, dota de vertiginosidad y música trepidante a un relato clásico ofreciendo un cuadro que podría haber resultado fresco, pero que resulta un batidero.

El estilo visual de este filme tiene más en común con cintas como 300 o con videojuegos malos, que con películas basadas en el mismo mito —como Excalibur (1981), First Knight (1995), o más recientemente El rey Arturo (2004). En cuestión de historia, esta cinta parece ser un mash-up mal logrado con elementos de Game of Thrones, Lord of the Rings y sobre todo, El Rey León pero con anfetaminas.

Otro de los grandes problemas es el abuso de tecnología: por ejemplo, vemos elefantes y serpientes gigantes (que no existian en Europa en la Edad Media ni en ninguna otra parte). También hay una especie de pulpo en cuyos tentáculos habitan dos mujeres y un hombre que sirven para recordarle al villano Vortigern que tiene que matar a Arturo. Y sí, los animales generados por computadora tienen mayor relevancia que los actores de carne y hueso.

Uno de los pocos aciertos es la música y, aunque podría culparse al director de valerse demasiado de su soundtrack, resulta uno de los aspectos más memorables de una cinta desastrosa.

Al final del día, cuando pensemos en Arturo, es probable que recordemos más al pequeño güerejo flacucho de Disney que a Charlie Hunnam (aún cuando éste presuma mejor forma). Y hablando en serio, resultará mucho más entretenido repetir por décima vez Monty Python and the Holy Grail que esta película.

Pero quienes quedarán más tristes que los espectadores serán los del estudio, pues de los 175 millones de dólares que costó hacerla, El Rey Arturo recaudó menos de 15 en su primer fin de semana, lo que significa que Ritchie y compañía pueden irse olvidando de la idea de una franquicia… o siquiera de una secuela (nos quedaremos sin conocer a Lancelot o a Merlín).

Pero no hay tiempo para lágrimas, Ritchie puede consolarse con la versión live-action de Aladdin: ojalá logre un mejor resultado y no acabe nuevamente con nuestras imágenes de infancia. El Rey Arturo es un épico desastre medieval.

 

Fernando Bustos Gorozpe
@Ferbustos

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Ingobernable
Director: Pedro Pablo Ibarra
Género: Serie
Creada por: Epigmenio Ibarra, Verónica Velasco y Natasha Ybarra
Elenco: Kate del Castillo, Eréndira Ibarra, Alberto Guerra, Erik Hayser, Aida López, Álvaro Guerrero, María del Carmen Farias, Marina de Tavira, Luis Roberto Guzmán, Marco Treviño, entre otros.

*Contiene algunos spoilers

Hay algo seguro, la seguridad del Estado Mayor Presidencial no es muy eficiente: permiten que el Presidente de México sea asesinado; que la Primera Dama, principal sospechosa del crimen, escape, y días después, que secuestren a la hija de ambos.

Aunque Ingobernable sea una ficción arraigada en la historia, resulta difícil convercerse de la segunda serie producida por Netflix para México. Aunque cuenta con un alto nivel de producción —a diferencia de su antecesora Club de Cuervos—carece de un elenco consistente, y sobre todo, de desarrollo de personajes.El problema es que en Ingobernable se pierde la brújula, la consistencia y la objetividad, logrando solo una serie de viñetas que resultan inconexas, y poco atractivas.

Por un lado se presenta la problemática interna del Presidente y la Primera Dama: Diego Nava (Hayser) y Emilia Urquiza (Del Castrillo), quienes no se llevan bien y ella le pide el divorcio. Después del asesinato, entran a escena el Secretario de Gobernación (Ávaro Guerrero) —luego Presidente— y empleados del Gobierno, entre ellos la Jefa del Gabinete: Ana Vargas-West (Ibarra) la también amante del Presidente. A esto se le suma un complot del ejército encabezado por el General Agustín Aguirre (Treviño) que nunca queda del todo claro; un puertorriqueño (Guzmán) que no habla bien ni inglés ni español y que continuamente extorsiona a Ana, y, para complicar todo aún más, una serie de personajes de Tepito que se relacionan con el caso de los 39 desaparecidos (un claro guiño a los 43): entre ellos el joven Canek Lagos (Guerra) quien ayuda, e intima, con la Primera Dama.

Así de confuso es el embrollo de la serie, que por haber querido abarcar tanto en una temporada termina mostrando todo superficialmente. No se les dedica el tiempo suficiente a los personajes, a sus conflictos y motivaciones, y en consecuencia, no hay una verdadera construcción de personajes. Nunca sabemos bien a bien quién es Emilia, por qué huye si es inocente y cómo, si la gente del gobierno es tan mal intencionada, deja con ellos a sus hijos.

Además de la columna vertebral, es decir la trama, otro de los problemas de Ingobernable es el casting, empezando por la propia familia presidencial: Del Castillo, de 45 años, se ve, por lo menos, 10 años más grande que Hayser (de 36), quien para tener a una hija adolescente la debió tener a los 18. Esta hija, María (Alicia Jaziz), que en la historia se muestra como una lesbiana atrevida y desfachatada, aparenta menos de 18. Resulta extrañísimo que tenga escenas sexuales tan elevadas con la asistente del fiscal, una mujer de más de 30.

La estrella de este show, Del Castillo, se había comprometido ya con Netflix antes de que saliera a la luz todo su asunto con el Chapo. Como consecuencia, lejos de ganar por haberla mantenido en su elenco, la serie sale perdiendo. Al no poder pisar México —país donde se desarrolla la trama—, Kate tuvo que ser sustituida en todas las escenas en exteriores o lugares icónicos. Por ejemplo, en el primer capítulo, cuando Emilia escapa por todo el Centro hasta Tepito (en tacones y sin que nadie la reconozca), lo que vemos es a una doble cubierta. Para poder grabar con Del Castillo se tuvieron que idear locaciones en San Diego, así que además de haber sido una pesadilla de logística, la serie dejó atrás la oportunidad de ser enteramente filmada en México.

Si todo hubiera sido por un personaje que resultara realmente interesante, un papel que superara al trabajo que la actriz hizo en La Reina del Sur, seguramente habría valido la pena tener que trasladar al resto del elenco a Estados Unidos. Pero aquí la Primera Dama es presentada como una mujer abusada física y moralmente por su esposo, que escapa rápida y mágicamente a Tepito, que continuamente se mete en problemas ajenos, y que se la pasa huyendo, al etilo de Harrison Ford en El Fugitivo, en todos los capítulos.

Otro punto delicado es el guiño que se hace a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa que, considero, debió haberse manejado de manera mucho más sensible y cuidadosa. Aquí es sólo un pretexto para que Emilia entienda lo mal que gobernó su marido y que ella no hizo nada al respecto (como si realmente hubiera podido hacer una diferencia). El tema se vuelve entonces un mero marco sin representar, como lo fue en realidad, una verdadera herida para el país (aquí solo parece impactar en Tepito). Fácilmente pudo haberse evitado y crear en su lugar otro contexto.

Finalmente, para el asunto del complot del asesinato del presidente, muy al estilo de otro thriller, 24, la intención era probablemente mostrar cómo al gobierno estadounidense no le están conviniendo las decisiones del mandatario mexicano y actúa en consecuencia. Pero es muy poco realista que, con tan poca gente y de manera tan sencilla, se haya logrado asesinar al hombre más importante de México.

Existen series más eficientes en mostrar los ires y venires de la familia y los asuntos presidenciales. Ahí están Scandal, The West Wing o House of Cards, ejemplos con personajes bien delineados y que van creciendo episodio a episodio. En contraste, cada capítulo de Ingobernable parece solo complicar la trama pero no en beneficio de los personajes o de una macro historia.

El final deja varios cabos sueltos y abierta la posibilidad de una segunda temporada —que ya fue confirmada—, pero con estos personajes y sus conflictos, resulta difícil mantenernos interesados.

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Nacidos en China
(Born in China)
Director:
Chuan Lu
Género:
 Documental
Guionistas: David Fowler, Brian Leith, Phil Chapman y Chuan Lu
Narradores: John Krasinski (inglés), Jorge Poza (español)


Los documentales sobre la naturaleza han tenido que evolucionar. Ya no es suficiente tener a un narrador hablando sobre hermosos paisajes o dando datos duros sobre el comportamiento animal; las audiencias han cambiado, como también el nivel de atención de los espectadores, quienes buscan nuevas formas de ser sorprendidos.

Entendiendo estos cambios, Disney Nature entrega su novena producción: Born in China, un documental enfocado en especies nativas de China, pero realizada casi como película de animación, pues a los animales se les otorga nombre y cualidades antropomorfas que los dotan de personalidad.

Hay pocos lugares en la Tierra que pueden equipararse con los impresionantes paisajes y el patrimonio cultural de China, y tomando esto como punto de partida, el documental muestra cinco diferentes especies —casi como salidas de Kung Fu Panda—: grullas, leopardos de nieve, antílopes tibetanos (chirú), monos (langur chato dorado) y, por supuesto, pandas.

Desde el primer bloque se nos presenta un animal específico de cada especie y se le otorga un nombre, siendo los protagonistas la leopardo Dawa, el joven mono Tao Tao y Ya Ya, la madre panda que cuida de su pequeña Mei Mei. Hay un involucramiento desde el inicio, estos animales se vuelven los protagonistas de su propia historia; tienen motivaciones, objetivos, obstáculos y hasta antagonistas.

Por supuesto, al mostrar especies que para la mayoría son lejanas, cada capítulo o anécdota resulta novedosa: lo que deben hacen para alimentarse, quiénes son sus depredadores o cuál es su dinámica familiar. Vamos conociéndolos más de cerca y en consecuencia involucrándonos con ellos. Deseamos que estén a salvo.

Además de esta peculiar narrativa (muy Disney), el documental tiene otro gran valor, la fotografía realizada por cinco cinematógrafos: Justin Maguire (responsable de los monos), Shane Moore (encargado de los leopardos), Rolf Steinmann (a cargo de los antílopes), Paul Stewart (quien filmó a las grullas y a los pandas) e Irmin Kerck, quien estuvo a cargo de la fotografía área. Cada uno, como se ve en la secuencia de créditos, tuvo que pasar por situaciones muy adversas: frío, calor, viento, nieve o cansancio con tal de lograr las tomas: acercamientos impresionantes a los animales o hermosos time lapses que muestran el cambio de las estaciones.

Coordinando todo estuvo Chuan Lu, director de trabajo como The Missing Gun, presentada en los Festivales de Cine de Cannes, Venecia y Sundance; Mountain Patrol, la historia de los tibetanos que lucharon por proteger el antílope tibetano que obtuvo el premio especial del jurado en el Festival de Cine de Tokio, o City of Life and Death, ganadora de varios reconocimientos en Asia. Además de dirigir, Lu coescribió este guión y comandó a un equipo de cientos de técnicos en varias locaciones a lo largo de tres años.

Otra de las decisiones de Lu fue incorporar conceptos chinos sobre la vida y la muerte; por ejemplo, que en China la muerte no supone el fin de la vida, sino un nuevo comienzo. Así —muy al estilo de El Rey León— la muerte se refuerza como algo natural; unos vivirán, otros no, pero todo sigue adelante.

Se agradece que este sea un documental que nos recuerde la belleza de la naturaleza y la magia de las criaturas que habitan en ella; animales que, aunque habitan en China, gracias a la magia del cine vemos a sólo unos metros de distancia (y sin necesidad de jaulas).

Estrenada cercana al Día de la Tierra, Nacidos en China es definitivamente una muestra más del fascinante mundo animal. Y aunque a diferencia de trabajos como An Incovenient Truth no muestra el impacto que los humanos tienen en el hábitat de estas especies, siempre es bueno tener la oportunidad de reflexionar, de aprender o de enseñarles a los más pequeños la majestuosidad del planeta en el que vivimos.

Datos curiosos sobre los pandas:

  • China es el único lugar en el mundo donde los pandas gigantes viven libres en la naturaleza.
  • Los pandas gigantes viven en el centro de China en las secciones de Sichuan, Shaannxi y Gansu, en elevaciones que van de los 5 mil a los 10 mil pies.
  • China tiene 67 reservas protegidas para ayudar a salvar el hábitat de los pandas.
  • Los machos pesan entre 86 y 125 kilos, las hembras entre 70 y 100 kilos.
  • Al nacer, los bebés panda pesan entre 85-141 gramos; su madre es 900 veces más grande.
  • Los pandas nacen de color rosado, sin pelo y ciegos. No se irán lejos de su mamá hasta que tengan más de seis meses.
  • Comen alrededor de 18 kilos de bambú al día.
  • Los pandas gigantes son osos, pero no hibernan. Sin embargo, pasan mucho tiempo descansando y durmiendo cuando no están comiendo.
  • Recientemente, la especie pasó de la categoría de peligro de extinción a vulnerable, pues de acuerdo con la International Union for Conservation on Nature entre 2004 y 2014 hubo un incremento en la población, encontrando recientemente 1864 pandas viviendo en China en libertad.
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19 abril, 2017

La cabaña

La cabaña
(The Shack)
Director:
Stuart Hazeldine
Elenco: Sam Worthington, Octavia Spencer, Tim McGraw
Género: Drama
Guionistas: John Fusco, Andrew Lanham y Destin Daniel Cretton (guión basado en el libro de William P. Young)


Los libros de autoayuda suelen provocar opiniones muy polares. Hay quienes los agradecen y los disfrutan y hay quienes los evitan como a la plaga. Es cercano decir que La cabaña puede provocar exactamente ese tipo de reacciones por su nada sutil contenido aleccionador.

La película está basada en el exitoso libro de William P. Young que a la fecha ha vendido más de 10 millones de copias alrededor del mundo. La película tenía ya altas expectativas que no ha decepcionado. Sólo en su primer fin de semana en Estados Unidos obtuvo 16 millones de dólares y el número continúa subiendo.

La historia se centra en Mack Phillips (Worthington), que parece tener la vida y la familia perfectas hasta que durante un fin de semana de campamento con sus hijos ocurre una tragedia y como consecuencia pierde la fe y la motivación de vivir.

Tiempo después, Mack recibe una carta que le hace cuestionar su pasado. Para averiguar quién fue el remitente y buscar respuestas emprende un viaje a un bosque junto a un lago en el que se encuentra no sólo con un hermoso paisaje, sino con tres misteriosos personajes: Papa (Spencer), Jesús (Avraham Aviv Alush) y Sarayu (Sumire Matsubara), que en realidad son una representación de la Santísima Trinidad: Dios, Jesús y el Espíritu Santo.

He de confesar que para este punto yo, muy hereje, estaba perdiendo la fe en la película, pues temía que se tornara moralina y sobre aleccionadora como Heaven is for RealLittle Boy90 Minutes in Heaven y similares; sin embargo, lo interesante de La cabaña es que, aunque sí, las lecciones que va aprendiendo Mack están fundamentadas en la Biblia, en realidad pueden funcionarle a cualquiera, sin importar credo o religión. De hecho, creo en verdad que si la mayoría de la gente las siguiera al pie de la letra viviríamos en un mundo mejor (perdonen lo cursi).

Mediante breves lecciones y parábolas, los tres personajes van compartiendo sus conceptos con Mack. Por ejemplo, su idea sobre el perdón: “Forgiveness is first for you, the forgiver… to release you from something that will eat you alive; that will destroy your joy and your ability to love fully and openly” (El perdón es primero para ti, quien perdona… para liberarte de algo que te comerá vivo, que destruirá tu alegría y tu capacidad de amar de manera plena y abierta). Es así que de manera paralela el protagonista y el público van recibiendo diferentes conceptos que podrían, o no, servirles en su vida diaria.

Uno de los grandes problemas de la cinta es que después de Avatar Worthington, que se había dedicado sobre todo a cintas de acción (Clash of the Titans, Everest Hacksaw Ridge), parece aquí estar más preocupado en cuidar el acento australiano que en mostrar emociones verdaderas, así que permanece con la misma cara casi toda la película. A su favor: logra una muy buena química con sus tres “consejeros”, sobre todo con Dios, interpretada de manera carismática y compasiva por Octavia Spencer —sin duda lo mejor de la cinta.

Otro inconveniente es que en éste, su segundo largometraje, el director Stuart Hazeldine (Exam, 2009) mezcla varios tonos: thriller, drama y comedia, logrando un resultado un tanto disparejo y al que definitivamente le hubiera servido una edición más exigente (la cinta tiene más de dos horas de duración).

En conclusión, La cabaña no es una cinta que resultará agradable para todos, especialmente para los cínicos; pero nunca falta alguien que busque conectar, o quizá sanar, en el cine. Ésta es de esas películas que te hacen salir de otra manera.

Definitivamente si existiera un lugar increíble donde Octavia Spencer es Dios, en el que te enseñan pensamientos positivos, a perdonar y a ser compasivo mientras te sanan en el proceso, ¡yo sí me apunto!

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