El mexicano Ernesto Contreras es director y showrunner de Falco, la nueva serie de Amazon Prime Video que se estrena este 18 de julio. La historia arranca 1994 y es protagonizada por Alex Falco, un policía que despierta en 2018 tras recibir un balazo que lo deja en coma, y que debe habitar una Ciudad de México que ya no es la misma. En entrevista, Contreras conversa sobre la serie y su quehacer.

Ernesto Contreras (Veracruz, 1969) ha tenido un crecimiento exponencial. Después de ganarse el aplauso de la crítica por películas como Párpados azules y Las oscuras primaveras, el año pasado presentó en el Festival de Sundance Sueño en otro idioma, la película que en la más reciente entrega de los Arieles acumuló seis preseas; entre ellas Mejor actor, Mejor guion, Mejor fotografía y Mejor película.

Pero al realizador originario de Veracruz no le gusta quedarse en su zona de confort. Por ello —tras tener un primer acercamiento a la televisión como director de series como Héroes cotidianos y El Chapo— ahora tiene la responsabilidad de ser el showrunner de la serie Falco (Amazon Exclusive), adaptación del exitoso programa alemán Der letzte Bulle (El último policía), y que se ha adaptado ya en países como Francia, Estados Unidos y Rusia.

Falco —interpretado por Michel Brown— es un policía que, tras sufrir un disparo, queda en coma durante 23 años para despertar en otro siglo, en una realidad completamente diferente en la que deberá aprender a reconocer al mundo y a sí mismo. Contreras —presidente de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas— charló en exclusiva sobre la serie que estrena el 18 de julio por Amazon Prime Video.

Mariana Mijares: ¿Cómo llegó el ofrecimiento para hacer Falco?

Ernesto Contreras: Estuve trabajando en Colombia, con Dynamo, haciendo El Chapo, y cuando estábamos terminando la tercera temporada me comentaron que iban a producir este proyecto en México, y que me invitaban como showrunner y como director. De inmediato me entusiasmó la idea y cuando conocí el proyecto, me pareció que tenía que hacerlo —era algo que no había hecho antes—: una serie de género policiaco, detectivesco, y me gustó mucho la premisa.

MM: ¿Qué te atrapó de la premisa de Falco?

EC: El conflicto. Pienso que es una premisa poderosa: un joven, un policía promesa, casado y con una hija pequeña, que en una misión recibe un disparo y cuando despierta han pasado más de veinte años y está en el México hoy. Me atraía mucho, además, la parte del conflicto personal: un hombre intentando reconstruir su vida y por otro lado adaptándose a este planeta, a un mundo en el que ahora hay celulares, internet, Skype, muchas cosas.

MM: En ese sentido incluyes en el piloto un montaje fuerte sobre todo lo que ha sucedido en estos últimos 20 años.

EC: Fue también un ejercicio de memoria, porque finalmente Falco y yo somos contemporáneos, así que cuestioné: ¿cómo ha cambiado México desde el 94? Eso fue lo que me atrajo.

MM: ¿Tuviste la oportunidad de ver la serie original?

EC: Sí, la alemana y la francesa. Revisé algunos capítulos, aunque honestamente traté de ver lo menos posible porque no quería que fuera una influencia para lo que estábamos preparando; lo hice para entender cómo lo habían manejado allá. Siempre tuvimos la idea de que esta versión fuera muy nuestra. Queríamos apropiarnos de la historia, del personaje y hacerla muy mexicana, pensada para Latinoamérica.

MM: ¿Cuáles fueron tus referentes para construir esta serie?

EC: Revisamos mucho cine de la época, varias series también. Queríamos que Falco tuviera ese sabor. Hay algo de nostalgia ahí, que tiene que ver con que este hombre sigue siendo el joven de hace veintitantos años —pero en el cuerpo de uno de cuarenta y tantos—, y que sigue aferrado a sus jeans, a sus tenis, su chamarra, su coche, su música. Entonces ese fue el ancla a los noventa para que hubiera un contraste.

MM: Además, Falco debe aprender a relacionarse nuevamente y a reconocer a sus seres queridos.

EC: Sí. Por un lado me llamaba mucho la atención que tiene que relacionarse con su hija que ahora es una chica de veintitantos años y también con su dupla en la policía, Tenoch Caballero (interpretado por Hoze Meléndez), un joven que resulta más maduro que Falco. Ese tipo de contrastes y detalles enriquecen la serie.

MM: Habías trabajado previamente con Natalia Beristáin, una de las mejores directoras de casting y ahora una exitosa directora. ¿Cómo colaboraste con ella para llegar a una selección que incluye a Michel Brown, Hoze Meléndez, Karina Gidi y Marina de Tavira?

EC: Natalia sabe muchísimo, es inteligentísima, con mucha experiencia. Pero además ella solamente propone tres opciones —y no me había pasado con otros directores de casting—. Mi experiencia anterior era ver a muchos.

MM: ¿Podrías hablar sobre las locaciones y las secuencias más difíciles de Falco?

EC: Una intención era que la Ciudad de México estuviera muy presente, que se convirtiera prácticamente en un personaje más de la serie, y que cada espacio en que filmáramos tuviera un porqué. Hubo todo un trabajo de investigación, muchas fotografías, muchos scoutings para decidir, logísticamente, qué nos convenía. Yo tenía muchas ganas de ver así la ciudad, casi casi de lucirla; no en el sentido turístico sino de lo fascinante que resulta, con esos contrastes, esos puentes, esos edificios, el tráfico. Falco me dio todo eso. Era una oportunidad para que de alguna manera, cuando Falco sale del hospital, fuera como Blade Runner: ver una ciudad futurista que él jamás se hubiera imaginado, pero que es nuestra realidad.

MM: Se te consideraba ya un verdadero autor en el cine. ¿Qué te ha dado ser showrunner en la televisión?

EC: Ha sido un viaje distinto, una oportunidad de crecimiento y experimentación. Tengo que decir que ser showrunner resulta para mí como ser el director de mis películas. Finalmente es como tener toda la serie en la cabeza, todos los capítulos y esa posibilidad de comentar con los productores las decisiones creativas, decir: “hablemos de este músico, pensemos en este fotógrafo, qué tal quedaría con estos actores”, y darle forma. Un showrunner está a cargo de una película de quince horas.

MM: ¿Por qué te gustaría que la gente le diera una oportunidad a Falco?

EC: Una no, ¡toda la temporada! (ríe). Porque creo que es una propuesta distinta; una que puede resultar refrescante, y al decir refrescante hablo de un protagonista noble, entrañable; también rudo, fuerte, un hombre hecho y derecho, pero al final un ser humano enfrentado a un conflicto muy fuerte, que es lo que va a generar una conexión con el espectador. En la oferta de contenidos que tenemos en este momento, de pronto hace falta un poco de plus. Falco es un policía, y sí anda ahí tras los malos, pero no en el sentido explícito o de apología de la violencia, sino más bien tiene una verdadera vocación: es un tipo recto.

MM: Estás viviendo un muy buen momento de tu carrera a partir de la respuesta que tuvo Sueño en otro idioma, y que culminó con los Arieles. ¿Qué te ha dado esta película? ¿Qué ha significado para ti la retroalimentación continua y positiva del público?

EC: Estoy muy conmovido. Ha sido tremendo. Se dio la triangulación entre director, película y espectador —que es la aspiración máxima del director—. Comenzó una ola de recomendaciones de boca a boca que generó que estuviéramos en la novena semana en cartelera, y que después de los Arieles la película regresara a más salas. No me había pasado con mis anteriores películas, aunque también habían sido muy premiadas y reconocidas. En Sundance, por ejemplo, obtuvimos el premio del público (Audience Award World Cinema-Dramatic) y la gente me detenía para decirme que le había gustado mucho; estoy desbordado de agradecimiento.

MM: ¿Cuáles son tus próximos proyectos? ¿Considerarías hacer una segunda temporada de Falco?

EC: Sí lo consideraría, por supuesto. Estamos concluyendo justamente los últimos procesos de postproducción de los últimos capítulos de la serie; además estamos trabajando en otra película para el próximo año. También viene una tercera temporada de El Chapo. Eso y mi compromiso con la Academia, que es un trabajal también. Ahí tendremos un taller de escritura de guiones infantiles, un taller de introducción al cine sonoro y vamos a hacer un ciclo de las películas restauradas por la Filmoteca y la Academia.

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.

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Título original: How to Talk to Girls at Parties
Género: Ciencia ficción
Director: John Cameron Mitchell
Guionistas: Philippa Goslett & John Cameron Mitchell basados en la historia corta de Neil Gaiman
Elenco: Elle Fanning, Alex Sharp, Nicole Kidman, Ruth Wilson

Aunque el título en español no sea muy acertado, Cómo enamorar a una chica punk seguramente remonta a una comedia romántica, a una típica historia en la que un joven ingenuo no sabe cómo aproximarse a una chica. Y se podría decir que eso sí pasa en esta película, sólo que la chica en cuestión no pertenece a este planeta.

Con esta premisa John Cameron Mitchell, director de Hedwig y la pulgada furiosa (2001), Shortbus: tu última parada (2006) y Al otro lado del corazón (2010), tiene en sus manos una historia originalmente concebida por el prolífico escritor inglés Neil Gaiman, responsable de Stardust, American Gods y Coraline, y cuyo relato es tomado por Goslett y Cameron Mitchell para crear un filme de jóvenes, música punk e inconformidades con el sistema.

La historia tiene lugar en 1977 en Croydon, cuando Enn (Sharp) —quien aún no entiende mucho del amor pero sí de música—, buscando una fiesta junto a sus amigos —el nerd y regordete John (Ethan Lawrence) y el alto conquistador Vic (Abraham Lewis)—, llegan por accidente a una casa con sonidos muy extraños. Es ahí, en los primeros 15 minutos de película, cuando todo se convierte en un extraño viaje tecnicolor que incluye a seis diferentes clanes alienígenas (cada uno con distintos atributos y colores) que están en la Tierra para absorber algo de experiencia y luego regresar a sus hogares y comerse a sus hijos.

Fotografías: Cortesía Corazón Films

En una puntada divertida, estos seres —que tuvieron que dejar sus planetas por sobrepoblación y mal uso de recursos naturales (ahí te hablan, Thanos)— eligieron Croydon, porque el centro de Londres estaba ocupado para el jubileo de la reina.

De este modo, si se entra en convención, la película resultará un viaje entretenido y singular. Pero advertencia: si hay reticencia —o reservas— para ver a sexys alienígenas en trajes de lycra, con algunas deformaciones y con particular gusto por el sexo anal, sería mejor abstenerse.

En la fiesta, Enn conoce a Zan (Fanning), una joven que aunque pertenece a otro planeta, tiene un problema “muy humano”: siente que no encaja y quisiera probar y conocer muchas más experiencias de lo que su clan le ha permitido.

El protagonista le asegura que en el punk podría encontrar lo que busca (la sola manera en que ella conjuga la palabra “punk” bien hace que valga la pena la película), y luego de que Zan consigue un “permiso especial”, él tendrá 48 horas para mostrarle lo que hace especial a la Tierra (hot-cakes incluidos).

Además del humor, otro de los aspectos que más destaca de esta cinta es el elenco, liderado por Sharp y Fanning, pero que se complementa con inusuales actuaciones como la de Nicole Kidman como Queen Boadicea, una promotora de un antro y del punk (y que está convencida de que Zan podría ser cantante) y Ruth Wilson (conocida y premiada por la serie The Affair) y que aquí da vida a la líder de uno de los clanes más kinkys.

Por supuesto la película incluye un soundtrack que complacerá a los amantes del punk, aunque podría resultar estridente para alguien que no está en el mood.

Pero la verdadera valía del cuarto trabajo del también actor de series como Girls y Mozart in the Jungle está en la sensibilidad de mostrar a una joven cansada de sólo observar, de sólo consumir lo que le han dicho que debe consumir, y que ahora quiere tener una participación activa. Una joven con una enorme curiosidad y capacidad de asombro y que, a través de sus ojos, nos permite ver las cosas de otra manera. Además, tanto Enn como Zan están en contra de pensar igual y aceptar lo que les han decretado sus respectivas sociedades, algo con lo que casi cualquier joven podría identificarse.

Y aunque halla fallas —sobre todo en el asunto del canibalismo—, en el filme de Cameron Mitchell aplica bien una de las frases que le dice Zan a Enn: “Hay contradicciones en tu metáfora, pero me conmueve”. Resulta inspirador querer generar un cambio, recuperar la curiosidad por el mundo, y a la vez recordar que podemos encontrar gente con intereses similares para acompañarnos en el viaje, aunque sea dentro de este planeta.

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.

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El futbol remueve nuestras fibras más profundas y viscerales. Y lo comprobaremos una vez más el 17 de junio. Su espectáculo planetario ha llenado ya cuentos, poemas, ensayos, guiones, libretos y horas-persona de contemplación televisiva. Los amantes del futbol ya pueden prepararse para la inminente Copa del Mundo en Rusia con las siguientes obras de ficción sobre la pasión que inspira el deporte más grande del mundo, incluyendo los dos estrenos mexicanos, que han llegado —relojes del marketting— en el momento más oportuno.

La enfermedad del futbol

Eres mi pasión (dir: Anwar Safa, México, 2018)

¿Cómo saber si un gusto se ha convertido en una adicción? Ese es justamente el dilema de Pedro (Mauricio Isaac), quien se da cuenta de que en su vida nada le da más placer, satisfacción y emociones que el futbol. El inconveniente es que su afición se ha convertido en algo negativo, pues Pedro ha descuidado a su familia y su economía, pues gasta más de 300 mil pesos con tal de poder vivir el mundial de Rusia.

La película mexicana, estrenada el primero de junio, se bada en la cinta argentina El fútbol y yo (Carnevale, 2017) y cuenta con una buena producción que incluye varias secuencias en estadios llenos y varias tomas que harán felices a los fanáticos del Cruz Azul. Actúan también Mariana Treviño (conocida por Club de Cuervos), que interpreta a la esposa incomprendida de Pedro, y en papeles secundarios Silverio Palacios, Norma Angélica y Patricia Reyes Spíndola.


Nostalgia de la sub-17

Campeones (dir: Javier Fresser, México, 2018)

Otro de los estrenos mexicanos más recientes tenía que ser futbolero. Campeones narra la odisea de la selección sub-17 en el Mundial de 2005, y fue precisamente dirigida por Lourdes Deschamps, la esposa del director técnico Jesús Chucho Ramírez, el entrenador que le dio a México una de las mayores satisfacciones futbolísticas de su historia: ganar la copa del mundo.

Protagonizada por Arturo Carmona, Fernando Becerril, Julieta Egurrola y Claudia Lizaldi, la cinta se enfoca en los sacrificios de jugadores y entrenadores, los problemas que se daban al interior, las pláticas motivacionales de Chucho Ramírez  y, sobre todo, qué sucedió antes de salir a la cancha para enfrentar a Brasil, el favorito para la Copa del Mundo que se jugó en Perú.


Una serie ya clásica

Club de Cuervos (creada por: Gary Alazraki y Michael Lam, México, desde 2015)

(Estrena el 17 de junio)

Siguiendo con los productos mexicanos, esta serie de los creadores de Nosotros los Nobles, ha consolidado a Luis Gerardo Méndez como uno de nuestros talentos cómicos de la pantalla nacional, y sigue la odisea de los Iglesias, una familia de dos hermanos que, después de perder al patriarca, se quedan peleando por el control del equipo: los Cuervos de Nuevo Toledo. La serie de Netflix tiene ya tres temporadas, una cuarta en proceso y un spin-off: La Balada de Hugo Sánchez (interpretado por Jesús Zavala) quien se dio a conocer como el asistente de Chava (Méndez) y ahora deberá llevar a los Cuervos a triunfar en Nicaragua.


Trilogía de un jugador migrante

Gol (dir: Danny Canon, 2005)

Si uno busca un drama con contenido social es imposible no mencionar Gol, cinta que se volvió trilogía (con Goal II. Living the Dream de 2007 y Goal III. Taking on the World de 2009) y que sigue la trayectoria profesional de Santiago Muñez (Kuno Becker), el hijo de un humilde jardinero mexicano ilegal que vive en Los Ángeles, California, y que sueña con dedicarse al futbol de manera profesional. La saga sigue su ascenso al éxito. A su paso por el Newcastle United, el Real Madrid y el Tottenham Hotspur, además de su casi ingreso a la Selección Mexicana (que no se concreta por un accidente). Algunos de los mejores jugadores profesionales del mundo, como David Beckham, Rafael Márquez, Iker Casillas, Lionel Messi, Zinedine Zidane, Cristiano Ronaldo y hasta Chicharito Hernández, tuvieron cameos en la trilogía.


El futbol hacia Bollywood

Quiero ser como Beckham (dir: Gurinder Chadha, 2002)

Como el título señala, obviamente Beckham tenía que hacer otro cameo en esta cinta  protagonizada por Keira Knightley y Parminder Nagra, quien da vida a Jesminder Jess, una joven india Sikh que se rebela contra su conservadora y tradicionalista familia para poder jugar en un equipo de futbol femenil en Inglaterra. La película fue un éxito comercial, nominada para el Globo de Oro como Mejor Comedia o Musical, y al BAFTA como la mejor cinta inglesa. Además, fue llevada al teatro como musical en el West End neoyorquino.


El futbol y la Segunda Guerra

Escape a la victoria (dir: John Huston, Estados Unidos, 1981)

En un contexto muy distinto al de cualquier otra película sobre futbol, esta historia se enfoca en un grupo de prisioneros aliados en un campo nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque algunos hechos cambian, está basada en el famoso “El partido de la Muerte”, un hito histórico en el que un conjunto de prisioneros de guerra ucranianos derrotaron al equipo alemán, a pesar de las consecuencias que esto traería. La película fue dirigida por el icónico John Huston y protagonizada por Michael Caine y Sylvester Stallone. Fueron acompañados de varias estrellas del futbol como Bobby Moore, Paul van Himst, Osvaldo Ardiles, Kazimierz Deyna y Pelé, entre otros.

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Gracias a una protagonista fuerte, a un elenco que la complementa bien y a un altísimo nivel de producción, Diablo Guardián —la primera producción de Amazon para México—, se configura como un serie que atrapa desde el primer momento.

Dirección: Batan Silva, Hiromi Kamata, Marc Vigil
Adaptadoras: Catalina Aguilar Mastretta y María López Castaño
País: México
Elenco: Paulina Gaitán, Adrián Ladrón, Andrés Almeida, Pedro Alonso, Leonardo Ortizgris, Rodrigo Murray
Productora: TAO
Distribuidora: Amazon Studios
Año: 2018
La primera temporada de Diablo Guardián están disponible en Amazon Prime Video.

Si hay algo que los lectores de Diablo Guardián (Premio Alfaguara de Novela 2003) de Xavier Velasco recuerdan, es el carácter de Violetta, esa joven que nació llamándose Rosa del Alba en una familia de clase de media, y que después de robarles a sus padres más de 100 mil dólares, se fuga para construir una nueva vida en Nueva York.

Imágenes: Cortesía Amazon.

Esa misma esencia está contenida en la nueva serie original de Amazon Prime Video, en la que Paulina Gaitán da vida a una Violetta segura, fuerte, irreverente y sexy, que, mediante una grabación, le cuenta su vida y cómo fue sometida por Nefastófeles (Andrés Almeida) a Diablo Guardián, mejor conocido como Pig, (Adrián Ladrón), un aspirante a novelista.

La serie adaptada por Catalina Aguilar Mastretta y María López Castaño nos presenta a la protagonista como una joven que vive limitada por sus padres, y no solo en lo económico, hasta en lo básico, pues la bañan con agua fría para ahorrar gas. Ella, frustrada con su limitada situación, y siendo alguien que anhela vivir más allá de sus posibilidades, descubre que su cuerpo es un arma que puede utilizar para conseguir lo que quiere, y lo hace. A partir de entonces, nada volverá a ser lo mismo.

La madre de Violetta, interpretada por Mónica Dionne, resulta también fiel a la esencia del personaje de la novela: una mujer chocante que en su pretensión de ser rica y gringa, le tiñe el cabello de rubio a sus hijos.

Cuando Violetta logra dejar su casa, con 200 mil dólares en mano, comienza la verdadera aventura: se vuelve ese tipo de mujer que muchas nunca se atreverían a ser y que aprende a obtener dinero con su cuerpo, pues, citándola: “ser puta es como bailar: cuestión de agarrarle el ritmo”. Esta característica se mantiene fiel en la serie, e incluso se explota en pantalla, pues vemos a Violetta con una gran variedad de hombres que pretenden someterla. Pero nadie somete a Violetta.

A medida que avanzan los capítulos, la serie se va alejando del libro, pues para poder crear dos temporadas se decidieron cambiar o añadir subtramas y se agregan personajes que no existían originalmente, como el narcotraficante llamado Gallego (Pedro Alonso), su proveedor Kobi (Jean Bernard Tenaille), o el mirrey interpretado por Pablo Cruz, un junior mexicano que reta a Violetta a vender su cuerpo por primera vez: la escena resulta memorable y muy sexy (mientras él está sobre ella, Violetta se dedica a contemplar los billetes que ha conseguido en este intercambio).

En la serie, Violetta se involucra mucho más en el mundo de las drogas, elemento que, aunque es congruente con la trama, la acerca peligrosamente al terreno de las narcoseries.

Como personajes recurrentes, Diablo Guardián cuenta con Mitchell Slaggert, quien da vida a Eric —el primer amor de Violetta y quien la ayuda a ingresar a Estados Unidos— que aquí resulta más relevante que en la novela, y Henry (Leonardo Ortizgris), quien se vuelve una especie de cómplice y que la ayuda a librarse de Nefastófeles.

Paulina Gaitán, quien para obtener el protagónico fue aprobada por el propio Velasco, definitivamente brilla como la protagonista y convence desde el primer momento. Sin embargo, contrario a lo que podría pensarse, la actriz prefirió no releer la novela hasta que terminó de grabar.

“Estaba leyendo el libro mientras grababa los capítulos y me estaba confundiendo mucho, así que decidí enfocarme solo en los guiones”, compartió Gaitán en entrevista para nexos. “Yo tengo una historia con este libro, uno de mis mejores amigos estudiaba cine y me regaló el libro hace seis años con una dedicatoria especial: ‘Para Paulina, una gran actriz, del papel a la pantalla’. Él me decía que quería llevar ese libro a la pantalla y que yo era su Violetta. Así que cuando me eligieron para el papel le mostré el libro a Xavier Velasco y le dije: ‘Estaba escrito, era mi destino estar aquí’.”

Violetta le va contando toda su vida al Diablo Guardián, lo que en la serie se hace con voice over y que funciona muy bien para conocerla. Su biógrafo, Pig, está muy bien interpretado por Adrián Ladrón, el actor que obtuvo el año pasado el Ariel como Mejor Actor por su destacado trabajo en La cuarta compañía.

“Me encanta que Pig sea un loco, un tipo muy intenso, muy romántico. Me atrae mucho su nivel de cinismo, y me dio esa oportunidad de explorar un rasgo que es muy distinto a mí”, platicó Ladrón en exclusiva. “Es un proyecto diferente y hace falta apostar por este tipo de contenidos. No solo pueden ser exitosos los refritos o las narcoseries. Aquí tenemos como base una novela que se ha vuelto un ícono, y con ese respaldo esperemos que esta serie tenga mucho éxito.”

Otro de los mayores atributos de Diablo Guardián es la producción a cargo de TAO (el estudio de contenido premium de Televisa); gran parte de la historia ocurre en Nueva York, así que la serie se filmó en icónicos lugares como Central Park, Times Square o las vitrinas de Fifth Avenue.

“Estuvimos diez semanas en los Estudios Churubusco, ahí se recreó el hotel. Estaba tan bien hecho que sentimos que siempre estuvimos en Nueva York. Cuando filmamos allá aprovechamos el tiempo y las locaciones al máximo”, agregó Gaitán.

Velasco, quien realiza un breve cameo en la serie, no tuvo ningún otro involucramiento en la producción, pues consideraba que el material de la novela podía defenderse sin su ayuda:

“No metí una sola coma en el guion, la primera y única vez que tuve acceso a él fue cuando me dieron a leer mis escenas como actor. Solo me dieron unas cuantas hojas, pero desde ahí se veía que estaba, literariamente, impecable. Fui como esa clase de padre que crio a un hijo para que él se defienda solo y no tuviera que ir yo a rescatarlo. Eso es lo que hice con Diablo Guardián. Violetta tiene mucho más fuerza que yo.”

El escritor fue uno de los primeros en ver el piloto, que, añadió, le pareció muy bien hecho.

“Cuando vi el piloto me gustó mucho, fui el primero. Por supuesto, siempre es desconcertante, porque lo que escribiste, al verlo en imágenes y con música, te deja un poco impresionado, pero muy positivamente. Está muy bien hecha”, contó Velasco.

Gracias a una protagonista fuerte, a un elenco que la complementa bien y al nivel de producción, bien vale la pena darle una oportunidad a Diablo Guardián, que además resulta la primera producción de Amazon para México, lo que abre las puertas para que se hagan muchas más historias locales y con talento y equipo de producción mexicanos.

Por la manera en que termina está más que claro que habrá una segunda temporada. Ojalá se produzca: hay muchas preguntas que Violetta aún puede contestar.

 

Mariana Mijares
Crítica de cine y televisión.

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El 10 de mayo se estrenó Hombre al agua, la nueva película dirigida y protagonizada por Eugenio Derbez. En la siguiente entrevista, el actor —que recientemente se ha visto envuelto en la polémica por partida doble— relata el periplo que lo llevó de ser un comediante amado y cuestionado a partes iguales, a convertirse en el director más taquillero de nuestro país.


Fotos: Cortesía Videocine


El cómico que lo dejó todo

Desde pequeño, Eugenio Derbez (Ciudad de México, 1961) mostró gusto por la actuación y se inició como extra en telenovelas. Su éxito llegaría hasta finales de los noventa con programas como Al derecho y al Derbez, Derbez en cuando y La familia P. Luche, que lo convirtieron en un referente de la comedia nacional. En medio de esos éxitos, el actor tuvo un sueño: llevar a la pantalla la historia No se aceptan devoluciones escrita por él; sin embargo, a pesar de que tanta gente lo apoyaba como actor, nadie creía en él como director.

“De entrada yo nunca pensé en dirigirla, sentía que era demasiado. Me acerqué a varios directores: Rodrigo García, Gustavo Loza, Luis Mandoki —que estuvo a nada de dirigirla y participó en todo el proceso—, y así te podría dar varios nombres, pero como no se conseguía el dinero, no pasaba nada. Un día Mandoki se sale del proyecto —no podía seguir esperando más—, y me dice Mónica Lozano (la productora): ‘Dirígela tú; nadie la conoce mejor y llevas tantos años trabajando en ella que no hay nadie mejor’. Yo me moría de miedo, pero acepté el reto ¡y entonces las cosas se pusieron peor!, porque la gente quiso invertir menos en la película, decían que cómo podía haber una cinta protagonizada y dirigida por Derbez, ¡por Ludovico Peluche!”

A pesar del rechazo, después de batallar 12 años, Derbez sacó a flote ese barco. “Había mucha gente que me decía: ‘Claudica ya. Suelta. Ya no fue’. Pero yo me negaba a dejarla, es una historia que quería contar, aunque me muriera, y estuve decidido a contarla bajo cualquier circunstancia. Hubo momentos donde sentimos que no podíamos más, porque pasó por mucha gente de la industria y todo mundo me daba notas, aunque creo que gracias a eso el guion es sólido, porque pasó por muchas manos. Al final se conjugaron la determinación, las ganas de hacerla y de no traicionar a la idea original; llegó un momento, cuando llevábamos 6 años de proceso, que 20th Century Fox Estados Unidos decide financiarla pero con la condición de que le cambiara el final; decían que no había modo de que en una película, por lo menos en Hollywood, se muriera la protagonista, una niña de seis años. Yo les dije: ‘Pero la película se trata de eso’, e insistieron: si le cambias el final, producimos la película. Entonces imagínate la decisión para mí, a nada de conseguir un gran estudio en Estados Unidos; pero lo valoré y lo puse en una balanza: ‘¿Qué quiero, hacer una película con la visión de alguien más, o hacer la película en la que yo creo?’. Decliné la oferta, y fue muy difícil, pero creo que tomé la decisión adecuada”.

Una vez conseguido el financiamiento, durante el rodaje, Derbez tuvo incontables momentos complicados, pues al inicio ni su propio equipo creía en él como cabeza de proyecto. “El simple hecho de llegar al set, el primer día, fue dificilísimo. Como era la primera vez que dirigía una película, sentí, desde ese primer momento, que no había ningún tipo de respeto; fue muy duro darme cuenta que la gente de la producción, quienes estaban trabajando conmigo, ni siquiera habían leído el guion. Me daban ganas de tirar la toalla, pero en la noche llegaba a mi cama y decía: ‘No me van a ganar; les voy a demostrar que sí puedo’; me deprimía, pero al ratito agarraba fuerzas otra vez. Fue un proceso muy lindo irme ganando el respeto de la gente día a día, porque empecé a darme cuenta cómo el staff se iba enamorando de la película, en gran parte, por el amor y la pasión que veían que yo le ponía a cada toma, a cada escena, por cómo conectaba yo con la niña… Fue muy lindo ver esa transición.

Un éxito sin precedentes… y un enorme peso sobre los hombros

No se aceptan devoluciones se convirtió en la película mexicana con la mejor taquilla de la historia (600 millones de pesos), y su éxito se replicó en el extranjero, pues en Estados Unidos superó a El laberinto del fauno como la película en español más taquillera de la historia (44,467,206 millones de dólares). Los resultados de esta película cambiarían, para siempre, la vida de Derbez. “Nisiquiera tengo las palabras para describirte lo que significó en mi vida… fue un parte aguas, como si me hubiera muerto el día que se estrenó y hubiera vuelto a nacer en el cuerpo de otra persona. Cambió todo y en todos los ámbitos de mi vida: gracias a esa película me animé a ser papá otra vez; gracias a ella me salí de mi zona de confort y me fui a Estados Unidos a intentar la carrera que estoy haciendo hoy; gracias a esa película amanezco cada día en un país ajeno, lejos de todo; porque yo estaba acostumbrado a tener mi casa en México, mi equipo, mi oficina con gente con la que había trabajado 20 años haciendo programas en Televisa, cerca de mis hijos, y dejé todo por esa película. Ahora amanezco en una casa nueva, en un país nuevo, con una oficina nueva, con un idioma nuevo, y con una familia nueva (se convirtió en padre por cuarta ocasión). De verdad sentía que estaba en otro cuerpo, como si estuviera viviendo la vida de otra persona de lo diferente que era todo. Le debo mi vida entera a esa película.”

Ser el mexicano con la cinta más taquillera de la historia por supuesto que ha sido un privilegio, pero también una responsabilidad que por momentos se ha vuelto compleja. “Es una losa que no es fácil de cargar, por un lado obviamente es una bendición, pero por otro dices ‘¡pérame!’. Porque todo el mundo está siempre a la espera de ‘a ver, rompe tu récord, a ver si tu siguiente película es tan buena, a ver si la supera’. Las comparaciones son inevitables y siempre tengo el peso de la taquilla encima, y eso no me gusta, a mí me gusta hacer películas porque la historia está padre, porque quiero contar esa trama; pero desgraciadamente la taquilla para la industria es importantísima, todo se convierte en dinero.

Hombre al agua: un remake y un salto a lo incierto

Hombre al agua, la película que Derbez estrena esta semana, es el remake de Overboard, la famosa comedia de 1987 protagonizada por Goldie Hawn y Kurt Russell. Y es que después del éxito de No se aceptan devoluciones a Derbez le dieron carta abierta en diferentes estudios para realizar un remake; y eligió esta, pero con un twist: invertir los roles para que el millonario fuera el hombre y la humilde empleada la mujer. “Decidí cambiar los papeles porque siempre he luchado por romper los estereotipos de los latinos; cuando te ven latino siempre te ‘castean’ como el criminal, el narcotraficante, el jardinero… entonces cuando en MGM me dieron la oportunidad de coproducir con ellos, y de adaptar el guion, invertimos los papeles para que el mexicano no fuera el pobre y el fregado, sino el multimillonario. Creo que quedó muy bien y así hay menos comparaciones con Goldie y Kurt.

Hombre al agua representa la segunda incursión de Derbez como productor en Estados Unidos luego de Cómo ser un Latin Lover, retos que ha tomado con calma y con la satisfacción de haber logrado otro sueño: conquistar Hollywood. “Continuamente estoy buscando el tiempo para todo, además de ser más selectivo y no aceptar todo lo que me llega para poder estar más tiempo con mi familia. Porque sí me preocupa, siento que de repente estoy metido en demasiadas cosas, pero a la vez, ¡nunca en mi vida se me habían abierto tantas posibilidades! y menos en el mercado americano. Nunca me imaginé que, a estas alturas de mi vida y de mi carrera, se me fueran abrir tantas puertas”.

Desde que trabajaba en televisión, Derbez hizo la veces de guionista, productor y director, pues para él, de ser posible, es importante involucrarse en todos los aspectos de un proyecto. “Creo que es la única manera de realmente cumplir la visión de una película, porque como actor a veces te pasa que te enamoras de un guion, pero de repente cuando la película ya está terminada no es lo que esperabas; en ocasiones la película está bien escrita pero a la hora de filmarla no le entendieron al corazón del guion, o el mensaje puede perderse en la filmación, en producción, o durante la edición… Me gusta hacer mis guiones, producir mis proyectos, y cuando puedo, trato de dirigirlos; es la única manera de poder llevar un proceso desde su creación hasta el final, sin que se pierda la esencia y sin que se convierta en algo que no era lo que querías.”.

No obstante, ni teniendo las riendas del proyecto el actor puede separarse de los intereses de la industria. “Hollywood es una industria que está llena de tiburones y es una industria que se rige por el dinero. Yo quería tomarme mi tiempo para hacer otro tipo de cine, un poco más profundo. A veces me siento como los cantantes que quieren cantar cierto género, pero la disquera los lanza al pop aunque no quieran. Ha sido muy difícil, como productor, desarrollar proyectos que me llenen, pero también sé que de repente tengo que ceder un poco para continuar en esta industria.

Cómo ser tu mayor juez

Desde joven, y pese a la renuencia de su padre, antes de cumplir 15 años Derbez ya había tomado clases de piano, acordeón, órgano, guitarra, batería, canto y ballet para después estudiar actuación y empezar como extra en telenovelas y luego protagonizar programas unitarios en los ochenta. Hoy, casi 40 años después, es uno de los rostros más conocidos y queridos de México, aunque él mismo siga siendo su mayor juez, y a veces, detractor. “Soy un juez muy duro, si yo me sentara a decirte lo que pienso de mí mismo ufff, te mueres, porque me destrozo… No estoy a gusto nunca con nada; no es que no me guste, pero siempre me digo: ‘Pudiste haberlo hecho mejor, pudiste haberlo hecho diferente, eso se parece a…’, me noto mil cosas”.

Derbez reconoce que ser exigente siempre ha sido parte de su forma de ser, aunque ahora que está incursionando en un país (y un idioma) diferente, ha tenido que relajarse. “Siempre he sido muy duro, pero siento que tampoco debo ser tan exigente conmigo en este momento porque estoy incursionando en un idioma diferente, tratando de competir con grandes figuras. Al hacer comedia en Estados Unidos estoy compitiendo directamente con Adam Sandler, Ben Stiller, Will Ferrell, quien quieras… y pienso que no tengo la capacidad que ellos tienen, así que lo primero que tengo que hacer es tratar de ser yo mismo antes de experimentar. De repente tengo ganas de hacer algo diferente y me digo: ‘Espera, primero pronuncia bien el inglés, memoriza, ve poco a poco; luego empiezas a elaborar’. Si ahorita cambio mi estilo, igual y no funciona… entonces se trata de hacer la versión más chistosa de mí mismo porque estoy incursionando en un nuevo mercado y en un idioma con el que no me siento tan cómodo como en español”.

Hasta ahora Derbez ha podido superar todos sus retos. Falta ver los resultados de Hombre al agua, aunque nada indica que no pueda volver a lograrlo.

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.

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Existen películas icónicas de amor gay entre adultos como Mi hermosa lavandería, Luz de luna y Secreto en la montaña, pero desde hace años también han surgido historias de amor protagonizadas por adolescentes entrañables que muestran lo complejo y hermoso que puede ser manifestar su amor a una persona del mismo sexo. A propósito del estreno de Yo soy Simon, y del reciente éxito que supuso Llámame por tu nombre, presentamos algunas de las películas que mejor abordan esta temática.

Cine gay por la puerta grande

Yo soy Simon (dir: Greg Berlanti, 2018)

En la primera película sobre un joven gay producida por un gran estudio, Simon (Nick Robinson) tiene una vida casi perfecta, una familia modelo; es hijo de la psicóloga Emily (Jennifer Garner) y el ex quarterback Jack (Josh Duhamel), tiene una hermana que lo adora y un grupo de amigos con el cual siente que puede ser quien es. ¿Pero realmente ha mostrado su verdadera personalidad?

A partir de la confesión anónima de un adolescente de su escuela que se hace llamar Blue, Simon empieza a intercambiar correos con él que terminan siendo un desahogo, un flirteo y que lo motivan a asumirse como gay. La película podría equivalerse a una comedia romántica de John Hughes, combinando amor y profundidad emocional, pero con el agregado de un suspenso añadido: el público, de la mano de Simon, debe descubrir la verdadera identidad de Blue


Nuevo verano italiano

Llámame por tu nombre (dir: Luca Guadagnino, 2017)

Los veranos y el primer amor no serán iguales después de ver esta cinta de Luca Guadagnino basada en la novela de André Aciman que muestra el despertar de Elio (el nominado al Oscar Timothée Chalamet), quien se enamora del alumno de su padre, Oliver (Armie Hammer), en medio de un cálido verano en la campiña italiana.

Gracias a su historia, actuaciones y a la hermosa banda sonora que incluye “Mystery of Love” y “Visions of Gideon” de Sufjan Stevens, la película logró más de 80 premios internacionales, entre ellos el Oscar como mejor guión adaptado. Colocó en el mapa a Chalamet, quien muy seguramente tendrá una prolífica carrera.


Amores de barrio

Dulce amistad (dir: Hettie Macdonald, 1996)

Ubicada en un suburbio de Londres de hace veinte años, esta película muestra al adolescente Jamie (Glen Berry), quien a partir de la visita de su vecino Ste descubre nuevos sentimientos al compartir la misma cama.

La cinta tiene entrañables personajes secundarios, como la madre soltera de Jamie, Sandra, y una banda sonora que incluye varios temas de The Mamas & the Papas y “Mama” Cass Elliot, incluida la icónica “Dream a Little Dream of Me”, que enmarca el momento en el que los dos jóvenes deciden bailar juntos frente a todo Thamesmead, donde tiene lugar y fue filmada.


Saliendo a la vida

Di la verdad (dir: Simon Shore, 1998)

Otra película inglesa ahora basada en la obra de teatro What’s Wrong with Angry? y que muestra el despertar sexual del adolescente de 16 años Steven Carter (Ben Silverstone) en un contexto en donde la sociedad campirana de Inglaterra consideraba la homosexualidad un verdadero tabú.

Steven empieza a buscar entonces el amor en los baños públicos, donde conoce a John Dixon (Brad Gorton), un joven promesa que no está del todo listo para salir del closet. La película estuvo nominada a varios premios y obtuvo el British Independent Film Award, además de ser considerada en varias listas como una de las mejores cintas sobre la prepa y el amor adolescente.


Amigos, amores

El club de los corazones rotos (dir: Greg Berlanti, 2000)

Un grupo de amigos gay de West Hollywood se reúne con frecuencia en un restaurante (donde algunos trabajan) y son parte de un equipo de softball. Ellos se confían sus secretos y se apoyan, mientras intentan buscar el amor, lidian con la pérdida y se descubren a sí mismos.

La película, que muestra a este grupo de gays como jóvenes adaptados pero con distintos problemas, logró más de 2 millones de dólares en taquilla y estuvo inspirada en las vivencias del director Greg Berlanti, un prolífico productor de televisión, responsable de series como Dawson’s Creek, Everwood, Brothers & Sisters, Political Animals y Riverdale. Berlanti es además el director detrás de Love, Simon.


Las chicas también quieren

The Miseducation of Cameron Post (dir: Desiree Akhavan, 2018)

En 1993, Cameron Post (Chloë Grace Moretz) es descubierta en un auto con su pareja, otra chica; como consecuencia, su hermana la manda internar a una especie de campamento de verano religioso en donde se intenta que los jóvenes “distorsionados” cambien sus preferencias sexuales.

Con la extraordinaria actuación de Grace Moretz, situaciones impactantes y muchos toques de comedia, la película fue un éxito en el pasado Festival de Cine de Sundance, donde obtuvo el reconocimiento U.S. Grand Jury Prize: Dramatic, gracias a que sus entrañables personajes nos recuerdan algo tan necesario en estos tiempos: está bien ser quien eres.

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.

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Carlos Saura ha sido determinante para el cine iberoamericano: es responsable de más de cuarenta títulos con los que ha conquistado Cannes, Berlín, Venecia, San Sebastián y, ahora, el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), donde fue el protagonista del documental Saura (s) y condecorado en la edición número 33 con el Mayahuel Internacionalcomo reconocimiento a su trayectoria artística.

Fotografías: Cortesía del FICG.

Saura, una mirada personal

Cuando el director Félix Viscarret decidió hacer un documental sobre Carlos Saura, no quería rodar algo tradicional. Para Saura (s), un filme sincero y personal, decidió pedirle a los siete hijos del director español que fueran ellos quienes contaran la historia del reconocido realizador de películas como La caza (1966), Cría cuervos (1976), Bodas de sangre (1981), Carmen (1983) y Fados (2007).

“Para mí es un honor participar en este festival. Suelen decir que para una gran película se necesita de un gran personaje central, de un conflicto y un misterio; creo que las tres están presentes en Saura (s)”, compartió Viscarret durante la presentación del filme.

Al inicio del documental, Saura y Viscarret se encuentran en el estudio del cineasta: por todas partes hay carteles de películas, una foto con Buñuel, decenas de libros, cámaras fotográficas y varios dibujos realizados por él.

Su hija Anna Saura, productora cinematográfica que le ayuda a organizar su agenda, es la primera en introducir a su padre, quien le cuenta que en su niñez quedó marcado por la guerra civil española, por los muertos y los bombardeos.

Su hijo Manuel, quien se dedica a la postproducción, habla de cómo su padre trabajaba mucho y casi no lo veían: “es un hombre que prefiere el silencio y la soledad”, explica en el documental.

Charlando con su hijo Antonio, productor e hijo de Adela Medrano, el reconocido director le cuenta cómo sus mujeres tuvieron una clara influencia sobre su trabajo. Saura se casó con Adela, Geraldine, Mercedes y actualmente está con Eulalia (Laly). “Mis mujeres siempre han sido importantes en mi vida, yo siempre lo digo”, confiesa.

Sobre su gusto por la música, Saura relata que empezó cuando le hicieron la petición de realizar algo para la Feria de Sevilla, entonces decidió coordinar algo modesto, enfocado en los bailarines. Bodas de sangre (1981) fue la primera parte de la trilogía de Saura sobre el flamenco, una adaptación del ballet Crónica del suceso de bodas de sangre (1974) de Antonio Gades, basada a su vez en la obra de Federico García Lorca.

Esta primera incursión de Saura en el musical terminó siendo un gran éxito. Luego su experiencia y presupuesto para el género fue creciendo. Logró a continuación Carmen (la ópera de Bizet que fue premiada en Cannes y seleccionada para el Oscar) y El amor brujo (inspirada en la obra homónima de Falla, su musical más ambicioso hasta aquel momento): dos de los musicales más emblemáticos del cine español.

Otro de los hijos de Saura recuerda que fue precisamente Carmen la cinta que puso al flamenco en el mapa, al grado de que después de la película empezaron a abrirse escuelas de flamenco en Japón. Saura relaciona su gusto por la música a que su madre tocaba el piano y por tanto creció con una educación musical.

Para el realizador, los trabajos que el público considera “películas de culto” han ido cambiando con el tiempo y no necesariamente entiende las razones; por ejemplo, nunca coincidió con la opinión de que La caza (1965)—por la que obtuvo en Berlín el Oso de Plata como mejor director—fuera su cinta más emblemática.

Sus hijos coinciden en que Saura no es un hombre muy expresivo en su vida personal, pues proviene de una generación en la que los hombres no dicen lo que sienten; sin embargo, es a través del cine donde siempre ha expresado sus sentimientos. “Tenemos que tener en cuenta que para él el cine no es un trabajo, es una forma de vida.”

Honrado en el FICG

Saura, un constante viajero, acudió al Festival Internacional de Cine en Guadalajara para encontrarse con el público y la prensa, y para ser honrado con el Mayahuel Internacional en reconocimiento a su trayectoria artística.

En la Cátedra Julio Cortázar, el público presenció un recorrido por la carrera del director, fotógrafo y escritor nacido en Huesca el 4 de enero de 1932, quien compartió su experiencia a lo largo de más de sesenta años dedicados al cine.

El martes pasado asistió a la charla titulada Carlos Saura: versátil director de cine español, que se llevó a cabo a manera de diálogo entre Carlos y su hijo, el productor Antonio Saura. El director, de 86 años, relató cómo llegó al cine a través de la fotografía y su primera experiencia con este arte, cuando de niño se enamoró de una muchacha y le envió una foto con un mensaje de amor.

“Aprendí dos cosas: que la fotografía es una cosa maravillosa y que las mujeres… hay que tener mucho cuidado con ellas”, bromeó.

También recordó sus inicios como fotógrafo de Paris-Match y de festivales musicales en España.

Saura habló sobre su relación con Luis Buñuel, a quien conoció cuando su ópera prima, Los golfos, fue elegida para el Festival de Cannes en 1960. “Tenía una gran imaginación española basada mucho en Bergman. Buñuel era además una maravillosa persona”, dijo.

Su hijo destacó el papel decisivo que la dictadura franquista tuvo en el cine y el arte de Saura, primero como tema y luego por la censura en tiempos de la posguerra. Su padre añadió que hoy en día esta censura se sigue manifestando, pero ahora en forma de censura económica.

Saura contó también que elige las temáticas de sus películas porque le interesan a él, esperando que eso tenga resonancia con el público. “Pienso que he trabajado mucho con el mundo de la imaginación, pero no de las hadas o los monstruos, sino la que está basada en los pensamientos, el pasado y los recuerdos del ser humano, con esos recuerdos que son volátiles y que uno puede manipular como quiera”, agregó.

Filmará en México

Antes de concluir su participación en el FICG, Saura reiteró su fascinación con la cultura mexicana (tras recordar que en 1982 realizó Antonieta en México) y compartió que espera volver a filmar en el país posiblemente en este año.

La cinta que prepara, El rey de todo el mundo, será un musical que filmará en México y que podría contar con Karla Souza como protagonista. “Souza va a ser una profesora de baile. Cuándo la hagamos dependerá de los tiempos de Karla, para nosotros no hay problema con esperarla”, dijo el director sobre la actriz, que actualmente está esperando a su primer hijo.

La cinta, que será un homenaje a la música y a los bailes de México, contará también con la participación del bailarín mexicano Isaac Hernández y de músicos como Lila Downs, Armando Manzanero y Jesse & Joy.

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.

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Este año, el FICG tuvo como invitados de honor a Cataluña y a dos importantes realizadores: Guillermo del Toro, quien recientemente obtuvo dos Oscar por La forma del agua, y al legendario Carlos Saura, de quien esta semana presentaremos una entrevista. Mientras tanto, los pormenores del evento.

Fotografía: Cortesía FICG.

Tras ocho intensos días, la edición número 33 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) concluyó el pasado viernes con una participación de casi 150 mil asistentes y 236 filmes en el programa, 102 de los cuales estuvieron en competencia.

Este año, el FICG tuvo como invitados de honor a Cataluña (hubo 40 títulos catalanes y la cinta inaugural fue Tierra Firme, de Carlos Marqués-Marcet) y a dos importantes realizadores: Guillermo del Toro, quien recientemente obtuvo dos Oscar por La forma del agua, y Carlos Saura.

Esta edición marcó también el inicio de las actividades de la Cineteca FICG de la Universidad de Guadalajara, con ciclos de cine como “De vuelta al cabaret” y la exhibición de cintas como El Santo contra el Cerebro del Mal —primera aventura fílmica del enmascarado de plata—, entre otras proyecciones restauradas.

El FICG, uno de los festivales más sólidos de Latinoamérica, ofreció además una atractiva oferta para la industria, consolidándose una vez más como un importante evento en el ámbito cinematográfico internacional.

El FICG estrenó instalaciones

Tras varios cambios de sede, el festival se trasladó al nuevo Conjunto de Artes Escénicas, ubicado en Zapopan, y que forma del Centro Cultural Universitario, que comprende la Cineteca, el Auditorio Telmex, la Biblioteca Pública Juan José Arreola y la Plaza Bicentenario (que incluye el Ágora Jenkins, y el Museo de Ciencias Ambientales, que se concluirá en 2020).

En el CAE se llevaron a cabo la mayoría de las actividades: conferencias, encuentros de cortometrajes, actividades del Talent Campus, presentaciones de expositores y clases magistrales.

Se inauguraron además dos exposiciones durante el festival: El cine es fantástico, para conmemorar los 50 años del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, y una exposición fotográfica sobre María Félix.

Del Toro: poder de convocatoria

Aunque originalmente Guillermo del Toro solo daría una Master Class en esta edición del FICG, luego de que esta se agotara en minutos decidió ofrecer otra, y posteriormente una tercera en uno de los recintos más grandes de Guadalajara, el Auditorio Telmex, donde tuvo una convocatoria de 9,200 personas.

A lo largo de sus charlas, Del Toro respondió preguntas sobre cine, recordó que “los obstáculos son el camino” y que su objetivo no es solo crear cine, sino promoverlo.

Cuando le preguntaron cómo se puede llegar a ser un gran director, él respondió bromista: “no me preguntes cómo, si no cuántos chingadazos me he dado”. Del Toro volvió a recalcar que si se empieza haciendo cine en México, se puede hacer cine en cualquier lado, en alusión al gran ingenio mexicano para resolver cualquier situación.

Paralelamente, el reciente ganador del Oscar inauguró una sala de cine con su nombre (parte de la Cineteca), anunció la Beca Internacional de Cine Jenkins-Del Toro (para formar profesionales del cine en instituciones extranjeras) y compartió que la muestra Guillermo del Toro: en casa con monstruos —que ha recorrido ya Los Ángeles, Minneapolis y Toronto— llegará a Guadalajara en marzo de 2019 (en el marco del FICG) y a CDMX en una fecha por confirmar.

Tiempo compartido debutó en México

La cinta ganadora como mejor guión en el pasado Festival de Sundance se presentó por primera vez en México y contó con la presencia de los protagonistas, Luis Gerardo Méndez y Miguel Rodarte, y del director, Sebastián Hoffman (responsable de Halley).

“En la película hablamos mucho de lo que siento que está mal en la humanidad, en estos tiempos de capitalismo salvaje, desatado, completamente voraz: el consumismo insaciable. Pero no lo planteamos así desde el principio —como una crítica al sistema—, orgánicamente se filtró”, dijo Hoffman.

“Creo que esta película es diferente, es una historia muy original e intentamos hacer un cine alternativo y una comedia sofisticada que dignifique la inteligencia del público”, explicó Hoffman en entrevista.

Los ganadores

Esta edición, el jurado del festival eligió la cinta colombiana-argentina Matar a Jesús, de Laura Mora Ortega, como mejor largometraje iberoamericano de ficción.

De esta misma categoría, Luis Gerardo Méndez obtuvo el premio Mayahuel como mejor actor por Tiempo compartido, ex aequo con Giovanni Rodríguez por Matar a Jesús.

El Mayahuel como mejor actriz fue para Sofia Gala Castiglione por Alanis de Anahí Berneri.

El premio del público fue otorgado a Ayotzinapa, el paso de la tortuga de Enrique García Meza, cinta producida por Bertha Navarro y el propio Del Toro.

El premio Mezcal para mejor película mexicana lo ganó Restos de viento de Jimena Montemayor Loyo.

El premio Maguey como mejor película fue para la cinta brasileña Tinta bruta, de Filipe Matzembacher y Marco Reolon.

Aquí, la lista completa de ganadores:

https://www.ficg.mx/33/index.php/es/noticias/1742-presenta-ficg33-su-palmares-oficial

Un 2019 que promete

El próximo año, el Festival Internacional de Cine en Guadalajara tendrá grandes sorpresas. Entre ellas, Guillermo del Toro inaugurará su exhibición de más de 500 objetos creados o coleccionados por él desde su infancia, en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (MUSA).

Además, se anunció que en la edición 34 del FICG, Chile será el invitado de honor. Fernando Velasco Parada, encargado de negocios de la Embajada de Chile, agradeció y aceptó la invitación al país sudamericano a la próxima emisión del festival. Mencionó que las redes de creatividad que se establecen en eventos como este son importantes para “derribar muros y establecer puentes”.

También hizo hincapié en que, si bien no al mismo nivel que México en cuanto a volumen de producción, el cine chileno se encuentra en un momento excepcional.

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.

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Ofrecemos la segunda parte de la entrevista con Guillermo del Toro. En esta ocasión, el director mexicano abunda en el problema de las etiquetas sociales y nos comparte su mirada sobre México de cara a las próximas elecciones.

En el Festival Internacional de Cine de Toronto, después de la primera función con público de La forma del agua, una señora tomó la palabra para agradecerte, pues la cinta le hizo ver que su hijo, quien padece autismo, podía llegar a ser amado como es. ¿Qué te hizo sentir?

Fue muy conmovedor (hace una pausa); me resulta muy difícil expresarme sin emocionarme con eso. Cuando una película toca a una persona en una parte realmente espiritual, es un milagro, porque para mí lo que diferencia al cine de todos los otros medios es que cuando llega, llega ahí, adentro…

A mí me encanta la televisión, me encantan las series, pero es rara la serie que te va a tocar en un lugar tan personal, tan espiritual, tan íntimo como el cine. A mí no me ha pasado; te pueden emocionar, sí, te pueden retar intelectualmente, pero la intimidad que se da en esta inmersión que ocurre en una sala junto a 500 extraños, y que llega a provocar un tipo de revelación, pasa poco; y cuando pasa, es un milagro, y hay que tomarlo así.

Fotografías: Cortesía FOX

En ese sentido, ¿consideras que deberíamos acabar con las etiquetas sociales?

Yo creo que sí. Sí no existiera la geografía, bueno, no le conviene a nadie políticamente, porque así nos controlan, pero a nivel humano, si no hubiera geografía,  divisiones —que parece imposible porque el humano a nivel mamífero es territorial, un mamífero avanzado es territorial—¡se armaría un desmadre los primeros diez años! pero después el mundo sería mejor. Lo que pasa es que no aguantamos esos diez años…

Tu trabajo te ha llevado a viajar continuamente por el mundo. Viendo a México desde afuera, ¿qué te gusta y qué no te gusta del país?

Para mí es el país más amado, y lo que es un dolorosísimo acertijo existencial es la clase política. Lo entiendo en repúblicas que son la décima parte del tamaño de México, pero en un país tan enorme, un país con un territorio extensísimo, la uniformidad de esta clase política es dolorosísima de aceptar. Porque en cualquier otro ámbito (artístico, deportivo, científico) ves gente padrísima y dices: “qué padre que existan estas excepciones”. Si hubieran 25 notables excepciones en la clase política, sería otra cosa. Lo único que queda es que, en lo que sea que hagas, intentes hacerlo bien.

Durante el terremoto en México se notó esa disposición, esa voluntad ciudadana.

La única solución a la que le puedo tenerle fe es a la ciudadanía; la neta es una locura hacer lo mismo y esperar un resultado diferente. La reacción en los terremotos fue ejemplar, la que provoca orgullo es la ciudadana. Todo fue por la ciudadanía.

Ese es el principio de fe, como ciudadano, como cineasta: si tú estás en una posición, en la que sea, desde ahí hay que ofrecer lo mejor. Si me preguntas a qué político le vas, a ninguno: es como si me preguntaras quién me va a romper el corazón en dos días. Hay que buscar un nuevo tipo de relación.

¿Cómo ves ahora el panorama político en México?

Bueno, es difícil porque hay una tremenda descomposición social. Se está desencadenando el ADN, la cadena, los eslabones, están rotos en muchísimos niveles.

Yo tengo un plan pequeñito que espero que conecte bonito con la gente joven [ofrecerá becas a jóvenes para estudiar animación en la escuela francesa Les Gobelins], un proyecto personal; no tiene nada que ver con una visión global, es una cosa muy específica que quiero hacer. Y creo que en la medida que pueda incrementar las conexiones…

En mis 25 años de carrera tengo 20 produciendo en México y Latinoamérica con Bertha Navarro de manera continua, y ni una vez, en ninguna de las películas que he producido en español con Bertha, ni una vez he cobrado un dólar de salario. Le digo a Bertha que sería inmoral que yo cobrara por producir en México y Latinoamérica. Siempre le digo: “Toma mi salario y mételo en alguna área de la película, haz lo que quieras, pero no me mandes ni medio dólar”. Son cosas que no comento normalmente, pero cuando me preguntan sobre la clase política, me pregunto: ¿qué clase de sociopatía regimentada puede existir de manera institucional para tener la imposibilidad de conectar con la necesidad urgente que está al lado de tu pinche Mercedes en Insurgentes? Porque basta pararte en una calle para conectarte con el mundo, y me parece incomprensible que no suceda.

¿Qué te gustaría que sucediera en las elecciones?

Para mí, lo que necesitamos, la única salida posible, y no estoy diciendo que sea la salida, pero lo único que se puede hacer, es no repetir. Como dije antes: hacer lo mismo y esperar un resultado diferente es la definición de locura. Lo único que se puede hacer es buscar la diferencia. Necesitamos algo que no sea lo que hemos hecho. Cuando pasamos, en lo que sentimos ya como la prehistoria, de un cambio de partido a otro, se sentía, estuvieras o no con ese partido; decías: “Ah mira, hubo un cambio”. Y eso es la diferencia…

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.

 

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Lady Bird es una película que de manera única nos permite presenciar el crecimiento de una adolescente, una joven que pasará por situaciones con las que cualquiera puede identificarse.

Lady Bird
2017
Directora y guionista: Greta Gerwig.
Elenco: Saoirse Ronan, Laurie Metcalf, Tracy Letts, Lucas Hedges, Timothée Chalamet.
Género: Drama.


Cuando tienes 17 años, cualquier realidad que no sea la tuya resulta más atractiva: la de las actrices en la televisión, las modelos en las revistas, las ejecutivas de una gran ciudad. Este sentimiento experimenta Christine (Saoirse Ronan), quien se ha apodado a sí misma “Lady Bird” en un intento de tener una vida más interesante de la que tiene.

Después de una brillante secuencia inicial, entendemos que Lady Bird vive en Sacramento, California, donde sabe que nada emocionante va a pasarle, y en donde lo mejor que tuvo para ella el 2002 es que fue un palíndromo.

Lady Bird, como su apodo anticipa, sueña con poder irse lejos y volar hacia una ciudad que tenga emociones, movimiento o cultura; por supuesto, aspira a Nueva York. Algunas escenas después, y en el afán de mejorar sus posibilidades para ingresar a la universidad, la joven audiciona para el club de teatro y elige “Everybody Says Don’t”, de Stephen Sondheim, como tema. No es coincidencia. Y es que es difícil aspirar a más cuando continuamente todos le dicen que no puede hacerlo; sobre todo su madre, quien funge como mentora y antagonista al mismo tiempo.

Este personaje, interpretado por la veterana de Broadway Laurie Metcalf, resulta una suma perfecta de la mayoría de las madres: metiches, controladoras, regañonas, realistas e invasivas. Resulta complicado imaginar a una madre que te permita dejar la ropa tirada, el cuarto desordenado y tardarte horas en el baño. Pero el mayor atributo de Metcalf es que vuelve a Marion McPherson una mujer real, alguien que luego de que su esposo perdiera el empleo, tiene los pies muy puestos en la tierra y está consciente de que aun trabajando dos turnos como enfermera todos los días, no tiene manera de que su hija asista a una universidad privada.

Marion resulta la antítesis de Lady Bird: una mujer realista y seca cuando su hija es idealista y sólo busca atención. Al tener dos personalidades que chocan tanto, continuamente esta joven y su madre entran en conflicto, dando lugar a algunos de los mejores momentos de la película; entre ellos, cuando Lady Bird la confronta: “Me gustaría caerte bien”. Pero la joven aprenderá esa lección más adelante: la sobre atención también es una forma de amor.

Lady Bird es una película que de manera única nos permite presenciar el crecimiento de una adolescente, una joven que pasará por situaciones con las que cualquiera puede identificarse: admirar a una compañera más bonita (interpretada por Odeya Rush), sentir mariposas en el estómago cuando la persona que te gusta te saluda por primera vez, dar un primer beso, decir “te amo”, sentir que nunca habrá nadie más perfecto para ti en este mundo.

Los hombres que hacen palpitar a Lady Bird están muy bien interpretados por Lucas Hedges, conocido por Manchester by the Sea y Timothée Chalamet, ahora nominado al Oscar por Call me By Your Name.

El viaje de esta protagonista está además certeramente acompañado con un soundtrack que recuerda lo que fue crecer en esa década: Alanis Morissete, Dave Matthews Band o Justin Timberlake, un cantante que, descorazonado por Britney Spears, escribió “Cry me a River”, plasmando un himno al desamor que queda como anillo al dedo en esta historia (Gerwig le escribió una carta muy personal a Timberlake para poder usar el tema).

Pero el mayor mérito de la primera cinta en solitario de Gerwig es haber logrado capturar y simplificar todas las experiencias juveniles en un personaje extraordinariamente interpretado por Saoirse Ronan. La película es esa suma de momentos que en separado podrían no ser mucho, pero en conjunto conforman un coming-of-age sincero, fresco y único.

Al final de Lady Bird nos queda claro que sólo hemos presenciado una pequeña parte de una vida que tendrá muchas decepciones, pero nos queda también esa bonita sensación de haber visto a una joven convertirse en mujer frente a nuestros ojos.

Al llevar parte de su propia historia a la pantalla (la cinta es parcialmente autobiográfica) Gerwig regala un trabajo que, como la adolescencia, se quedará en la memoria. Y es que todos fuimos, todos somos Lady Bird.

Mariana Mijares
Crítica de cine.

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