Según datos de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, alrededor de 500 mil indígenas viven en la capital del país, de los cuales más de 120 mil hablan su lengua materna: 33 mil hablan náhuatl; 13 mil mixteco; 12 mil otomí; 11 mil mazateco, y el resto totonaca, mazahua, maya, purépecha y tlapaneco, entre otras casi 50 lenguas.1 Es decir que el manto de concreto que cubre y supera el Valle de México hoy cuenta con una diversidad lingüística casi tan amplia como la de todo el país: 50 lenguas que transportan en la oralidad una riquísima diversidad de miradas que observan el mundo y se relacionan con él de maneras diferentes. ¿Dónde encontrar la voz de tantas personas indígenas que habitan la ciudad? ¿Dónde están esas lenguas en los medios de comunicación escritos, en la televisión y en la radio?

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Con estas preguntas me encuentro con Apolinar y Pedro González Gómez, miembros de la Asamblea de Indígenas Migrantes de la Ciudad de México (AMICDMX) ubicada en un pequeño departamento sobre Calzada de Tlalpan. Dos hermanos ayuujk (mixes, en español) originarios del rancho Flores, en Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca, que migraron a la capital del país hace más de 25 años cuando aún cursaban la educación básica. La AMI se formó en 2001 cuando diferentes organizaciones indígenas en la Ciudad de México (zapotecas, mixes, mixtecas, nahuas, triquis, entre otras) se juntaron para crear un espacio propio en donde pudieran dialogar, intercambiar saberes y llevar a cabo las reuniones que ya realizaban en espacios públicos como parques y plazas, así como construir un espacio comunitario que diera lugar a aquellos elementos que comparten algunos pueblos indígenas como la colectividad, las asambleas, la ritualidad y el tequio (el trabajo obligatorio y gratuito de todo comunero conocido también como manovuelta, tequil o faena). “La Asamblea está sobre Tlalpan, entras y te encuentras con un espacio así: diferente, con otra concepción. Sales y ves el Metro como una expresión de la modernidad, de la metrópoli. La AMI refleja la posibilidad de comunidad en el espacio metropolizado”, me comenta Pedro quince años después de haber comenzado a imaginar la posibilidad de un espacio comunitario de este tipo en la Ciudad de México.

Frente a la puerta de entrada se encuentran repisas de zapatos y prendas realizadas con telar de cintura por la organización “Zapaz Telar”, así como artesanías de distintas organizaciones indígenas que en la AMI encuentran un espacio para su venta. A un lado, hay una mesa cubierta por pilas de libros que se venden como parte de los ingresos que la Asamblea se esfuerza por sumar para pagar la renta del lugar.  La terraza continua está iluminada por un mural de un corazón rojo protegido por una enredadera. “Ha de ser de alguien que comió mucho frijol y se le quedó uno atorado en el corazón”, me dice sonriente Pïïëjy (“flor” en mixe), la hija pequeña de Apolinar.

Desde que la AMI obtuvo el espacio para el desarrollo de diversas actividades: asambleas, rituales, la formación de la banda filarmónica infantil indígena Frida Sabina, cursos de computación con software libre, talleres de radio comunitaria, presentaciones de libros, diplomados multidisciplinarios, talleres de son jarocho y telar de cintura, entre otros, uno de los pequeños cuartos dentro del departamento fue reservado para convertirse en una cabina de radio. Mide 2×4 metros aproximadamente, las paredes forradas con hule espuma para mejorar la acústica rodean la mesa de madera cubierta por un mantel tejido. Un largo micrófono se extiende desde una de las esquinas apuntando al centro de la mesa, para capturar las diversas voces de los participantes. Separada por una ventana está la cabina de controles, donde Apolinar comparte la producción radiofónica a la inmensa posibilidad de radioescuchas en Internet, a través de una computadora y una consola. Desde ahí se difunden los programas que se llevan a cabo de manera itinerante, invitando a personas que tengan alguna relación o experiencia con población indígena en la ciudad. El micrófono está abierto para todas las lenguas, así como para las voces de académicos, profesionistas, estudiantes y en general quien esté interesado de ser parte del espacio radiofónico de la Asamblea.

Antes de instalar la cabina, algunos de los integrantes de la Asamblea ya contaban con experiencia en radio (habían participado previamente en Radio Educación con el productor Sergio Canales y en el espacio de Perfiles Indígenas en Radio Ciudadana). Esta experiencia, cuenta Pedro, quien también coordinó el libro Gobernabilidad desde los pueblos indígenas en las ciudades (2015)  “nos empoderó no solamente al hablar en español, sino también en nuestra lengua, y así fuimos llegando a las estaciones y hablábamos en nuestro idioma. Ahí aprendí cómo reaccionaba la gente sorprendida, yo creo que hasta se preguntaban si era una lengua. Eran programas delineados, hablábamos sobre los pueblos indígenas, los indígenas en la ciudad, sobre los niños y la lengua, la discriminación y muchos otros temas”.

“Ahí conjuntamos un equipo con zapotecos y mixes para abrir nuestra cabina y contar con un equipo básico para hacer nuestros programas. Lo nuevo era que antes participábamos como invitados en distintas estaciones externas, mientras que aquí el reto fue tener que asumir todo: la conducción con preguntas y diálogos, –no esperar a que alguien te preguntara algo sino generar una dinámica–. Además, creo que es valioso comentar que técnicamente nunca dependimos de alguien de forma externa: Polo [Apolinar] se ponía a investigar cómo se transmitía, lo hicimos desde un principio por Internet porque era el canal que se podía sacar; no tenía sentido hacer programas que no tenían salida. La página que teníamos nos ayudó a producir radio, de lo contrario no podíamos hacerlo”.

Desde entonces existe un centro de producción radiofónica al oriente de la Ciudad de México: la AMI encontró en el Internet la posibilidad de generar contenido y transmitirlo a través de los canales de comunicación que ofrece la inmensidad del ciberespacio.  Una pequeña cabina que enciende sus micrófonos algunos viernes por la tarde y siempre que sea solicitada para hacer uso de este espacio comunitario. Un lugar que hace de la radio un medio de expresión y una posibilidad de comunicar desde la experiencia ciudadana, sin títulos en periodismo ni currículums de por medio. Los micrófonos de la AMI transmiten noticias sobre los pueblos indígenas y diálogos con distintas voces que habitan la ciudad. Se escucha la voz de un joven de padres mixes que nació en Ciudad Nezahualcóyotl y el proceso identitario de una joven triqui que creció en Iztapalapa, dialogan estudiantes del curso de náhuatl de la UNAM, una estudiante de antropología social de origen otomí comparte su compromiso con la enseñanza de lenguas indígenas, se escucha la voz de músicos purépechas, y conversaciones entre jóvenes del Observatorio de Inclusión Indígena, miembros de la CDI y docentes de la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad Autónoma Metropolitana, entre otros.

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Después de la transmisión del programa en vivo, Apolinar sube el contenido a la página web de la Asamblea en formato de podcast, donde puede ser escuchado en cualquier momento posterior a la transmisión. Esta herramienta es uno de los factores que transforma la radio a través de Internet, pues no solo cambia las prácticas de los radioescuchas, sino que también transforma su carácter efímero para permanecer en la nube de Internet y reproducirse cuando el radioescucha lo desee. Como menciona el antropólogo Néstor García Canclini (2012): “la jerarquización la pone el usuario, con la sola limitación de los repertorios disponibles”.

La radio, inmersa en la nueva “cultura visual” en que las pantallas cada vez más portátiles y accesibles privilegian a la imagen, ha permanecido en el escenario mediático como el medio electrónico con mayor alcance en el mundo: un aparato doméstico, accesible y sencillo que se ha ganado un lugar en los hogares y en la vida de las personas en todo el mundo. Sin embargo, el espectro radioeléctrico que nos permite elegir entre una estación y otra es considerado un espacio finito y su administración (en México y en el mundo) se encuentra en manos del Estado como el órgano regulador de este “bien nacional”. En la Ciudad de México el espectro radioeléctrico está saturado, acaparado por estaciones comerciales y Estatales.

Radio AMI, al igual que otros proyectos radiofónicos en Internet (como el Laboratorio Popular de Medios Libres, NoFM-Radio, Radio77, Neza Radio, entre otros) responde como una alternativa colectiva al espectro hegemónico y comercial que acapara el aire urbano. Si bien el acceso a Internet es más limitado que el de la radio análoga y requiere de una alfabetización digital, las voces encuentran en la web el espacio que resulta inaccesible en el espectro radioeléctrico.

“Si el ejército va a las comunidades y se llevan todos los equipos [decomisándolos] para que no haya frecuencias que no estén concesionadas , en esta ciudad es mucho más difícil, no hay frecuencia ni espacios para las organizaciones. Algunos grupos sociales que han tenido posibilidad como la Radio K-Huelga (en la UNAM) o la Radio Zapote (en la ENAH) han sido por las condiciones que tienen como instituciones, pero como organización inmediatamente nos cierran. En algún momento solicitamos tener una frecuencia pero nos dijeron que no es posible tener un espacio”, cuenta Apolinar quien, además de ser miembro activo de la AMI, es profesor de Informática en la Universidad Iberoamericana.  “Por la convergencia de tantas personas que vienen de muchas comunidades indígenas, debería de haber posibilidades de hacer o de utilizar espacios de los medios –como de radio y de televisión–, pero en realidad no hay nada de eso, tal vez solo el programa de Mardonio Carballo en el Canal 22, que habla en náhuatl”.

Mardonio Carballo se ha convertido en un referente de la participación indígena en los medios de comunicación a través de su programa de televisión “La Raíz Doble” y su participación en el programa de radio de Carmen Aristegu en MVS durante muchos años. Sin embargo, el poeta y periodista nahua originario de Veracruz tuvo que recurrir a un amparo en relación al Artículo 230 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTR), el cual establece desde la reforma de 2014 que las transmisiones de radio de las emisoras que no cuenten con concesiones de uso social indígena deben hacerse “en lengua nacional”, es decir, en español) Esta Ley, dice Aleida Calleja (ex representante de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias y ahora Coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia) “es una regla totalmente discriminatoria que limita la posibilidad de aquellos que son y hablan un idioma indígena lo puedan hacer en los medios electrónicos. Les impide a medios comerciales, públicos y comunitarios no indígenas, transmitir expresiones en lengua indígena” (Sin Embargo, 2014).

Después de un largo proceso legal, en enero de 2016, la Suprema Corte le concedió el amparo a Mardonio Carballo en el cual el Estado reconoce el derecho de las personas indígenas de acceder a las concesiones comerciales sin que su lengua represente un obstáculo. Habrá que ver si la decisión de la Suprema Corte trasciende del papel a las ondas radiofónicas que viajan en las ciudades y en la diversidad de su contenido

Además de hallar en Internet un espacio ilimitado, la AMI ha encontrado en el Software Libre una herramienta de comunicación comunitaria. En palabras de Pedro: “es un sistema que aprovechamos como una herramienta más adecuada y favorable para el fortalecimiento de los contenidos con las propias características de los pueblos. Creemos que es una herramienta tecnológica que puede adaptarse, no es cerrado como el software privado, es un sistema que podemos adecuar al uso de los medios de comunicación de los pueblos indígenas”. Los principios del Software Libre se han adoptado como una alternativa para el desarrollo de la tecnología y han sido utilizadas por aplicaciones como Libre Office, Inkscape y Mozilla Firefox. Éste último, por ejemplo, cuenta también con una plataforma llamada “Mozilla México” con el slogan “Creemos que Internet debe permanecer público, abierto y accesible”,  cuya finalidad es traducir el buscador a las diversas lenguas del país.

El movimiento del Software Libre comenzó en 1984, con el Proyecto GNU2 al promover una campaña para que los usuarios de las computadoras pudieran controlar sus tareas sin someterse a un software previamente instalado, permitiendo al usuario ejecutarlo, modificarlo y mejorarlo. Desde el primer boletín del sistema operativo GNU, se definieron 4 tipos de libertad: la libertad de ejecutar el programa para cualquier propósito (sin restricciones de tiempo o espacio como “la licencia expira el 1º de enero de 2004»” o “No debe ser usado en el país X”), la libertad de estudiar cómo funciona el programa y de adaptarlo a sus necesidades (no tiene restricciones legales o prácticas sobre la comprensión o modificación de un programa, o la obligación de comprar licencias especiales o la firma de acuerdos de no divulgación), la libertad de redistribuir copias (el software puede ser copiado y distribuido virtualmente sin costo) y por último, la libertad de mejorar el programa y poner las mejoras a disposición del público, para que toda la comunidad se beneficie (permite a aquellos que no tienen el tiempo o las habilidades para resolver un problema, puedan acceder indirectamente a la libertad de modificación).

Para Apolinar, autor de Radio Comunitaria por Internet con Software Libre (2012), la radio a través de Software Libre es una forma de innovar, más allá de resistir. “Falta mucho por hacer, creo que es una tarea de todos ir trabajando y colaborando de esta forma, pero yo creo en ir construyendo juntos. También esperaríamos que haya una construcción por parte del gobierno de la Ciudad de México, que exista el permiso para que podamos tener nuestros propios medios, no que sigamos aceptando que nos den un espacio en Televisa o T.V Azteca, sino que la política corresponda a nuestro derecho de hacer nuestros propios medios, de radio, de televisión y en diferentes plataformas. Sobre todo llegar a un acuerdo de ir construyendo juntos. Si bien es cierto que es parte de una lucha de los pueblos, no lo es necesariamente: también como ciudadanos mexicanos y ciudadanos del mundo se tiene el derecho de hacer uso de las tecnologías. Esto es importante para que no se crea que estas exigencias están en contra del Estado y de los medios de comunicación. No, es una situación que crea el propio Estado y los dueños de los medios. Provocan la necesidad de crear formas alternativas porque no te sientes incluido dentro del modelo que se desarrolla en términos del uso y manejo de los medios”.

“En este país los medios de comunicación están definidos como empresas privadas. Aunque haya un avance en términos de comunicación y en el hecho de que cada vez llegan a los rincones de los pueblos más alejados, éstos están cubiertos desde la lógica de las empresas. Eso le da una dimensión completamente distinta a lo que demandamos los pueblos, a este tipo de experiencias en el sentido de tener acceso a los medios como un derecho humano que organismos como la ONU incluyen como derechos a las Tecnologías de la Información y el Conocimiento (TICs). Por lo tanto, los medios de comunicación deberían ser usados en donde la sociedad civil también pueda definir sus contenidos: ciudadanos y sectores con particularidades como los pueblos indígenas, que tienen sus lenguas, su cosmovisión y su forma de utilizar los medios para consolidar la vinculación y la comunicación de la gente de la comunidad. Intercomunitario o inclusive “interpueblisindígenas”.

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Después de quince años, este mes de julio la Asamblea de Migrantes Indígenas de la Ciudad de México cierra sus puertas en Tlalpan 498 y termina un ciclo que se renueva en la búsqueda de un nuevo espacio para seguir compartiendo el pensamiento de los pueblos indígenas en el espacio urbano. Una experiencia de 15 años compartida entre pueblos originarios y migrantes de diferentes generaciones;  entre comunidades ayuuk, zapotecas, mixtecas, nahuas y todas las personas que han compartido en ese espacio la posibilidad de hacer de un departamento de concreto en plena ciudad de México, un espacio de colectividad. Un espacio lleno de posibilidades, donde se baila son jarocho, se agradece a la Madre Tierra y se pide por un buena temporada de siembra. Un espacio donde niños indígenas de la Ciudad encontraron la posibilidad de formar una banda filarmónica y donde muchas voces se encontraron en el micrófono de la radio y en el diálogo colectivo. Un espacio dinámico y de contienda, como toda comunidad, inmerso en un mundo globalizado cuyo actor principal es el individuo. “Esta ciudad es un monstruo, y para enfrentarlo, hay que volver a la colectividad”, afirman en 10 años de experiencia comunitaria y SoftwareLibre.

La AMI sienta un precedente importante en el uso y apropiación de las tecnologías por parte de los pueblos indígenas en las ciudades; en el diálogo y consenso sobre las demandas políticas, sociales y culturales de la Ciudad de México y en el debate sobre las políticas públicas del Estado con pertinencia cultural. Un espacio en donde se ve, se escucha y se siente la diversidad cultural de esta urbe que ha invisibilizado a las lenguas que dialogan entre sus calles y edificios. La experiencia de la AMI trasciende también en las publicaciones que editaron con apoyo de la Fundación Rosa Luxemburg Stiftung y en la página de la Asamblea que seguirá haciendo del ciberespacio un medio donde la voz de los pueblos no necesita concesiones. 

El Internet y el Software Libre continúan abriendo espacios que fueron cerrados por el espectro radiofónico saturado de la Ciudad de México. Cada vez es más grande la oferta de proyectos radiofónicos que responden como alternativas a la hegemonía de los medios de comunicación en una ciudad en donde deberíamos tener la posibilidad de escuchar 50 lenguas diferentes, y tantas voces más, que buscan dónde ejercer el derecho a la libertad de expresión y el acceso a las tecnologías de información y comunicación.

 

Bibliografía

Asamblea de Migrantes Indígenas de la Ciudad de México (2011) 10 años de experiencia comunitaria y software libre, Fundación Rosa Luxemburg Stiftung: México.

García Canclini, Néstor (2012) “La radio aclara ciertas dudas” Conferencia Magistral en la 9na Bienal de Radio, Teatro de las Artes, CENART, México, D.F, 2 de octubre.

González Gómez, Apolinar (2012) Radio Comunitaria por Internet con Software Libre, Fundación Rosa Luxemburg Stiftung: México.

González Gómez, Pedro (coord.) (2015) Gobernabilidad desde los pueblos indígenas en las ciudades. Pertinencia Cultural. Asamblea de Migrantes Indígenas/Rosa Luxemburg Stiftung

Cordero, Laura, “Ley Telecom discrimina lenguas indígenas: radios comunitarias interponen amparos” 14 de octubre de 2014, en Sin Embargo en línea http://bit.ly/2am1uzJ, fecha de consulta 21/11/2015.


1 Cifras citadas durante la II Fiesta de Culturas Indígenas, Pueblos y Barrios Originarios de la Ciudad de México celebrada el 27 de agosto de 2015, en el discurso inaugural  del Secretario de Cultura Eduardo Vázquez Ver comunicado de prensa, http://bit.ly/2atUK1V

2 http://bit.ly/2aJtbpW, fecha de consulta 20-octubre-2015.

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