Quienes adoramos a Claribel somos multitud, es cierto. Pero no nos engañemos. En realidad es un ser sumamente peligroso, malvado y sagaz. Sépanlo ya: no es criatura de este mundo. Se le nota en las manos y en los pies, por lo que tienen de árbol y de ave. Hay en ella malicia de bruja: nos tiene a todos hechizados.

¿Piensan ustedes que es débil? ¡Ja! Fíjense bien: Todos hemos visto, casi sin darnos cuenta (eso forma parte de su malicia) cómo logra domar bestias y personas de todo tamaño y condición, sean viles rastreros o personajes de altos vuelos, mujeres y hombres grandes o pequeños, magistrados, obispos, laureados o monarcas, aún los más feroces y los ruines, todos sin falta caen redonditos a sus pies.

¿Y cómo lo logra? Le basta una risa y un ron, y todos nos convertimos en súbditos de ella, ¡y tan contentos de serlo! Si eso no es magia, díganme ustedes qué es. Lo de que es bondadosa, tampoco hay que creérselo mucho. A la vista de todos comete crímenes sin cuento, e incluso los publica. Nos cuenta, tan oronda, cómo asesinó a Holofernes, por ejemplo; y aquella vez que intentó envenenar a toda su familia; y la ocasión en que dejó a sus cuatro hijos atorados en la vía del tren que se acercaba. Está claro que es malvada.

En el colmo del descaro, cuenta sus crímenes riéndose. ¿Y qué pasa? ¿Acaso alguien ha movido un dedo para hacerla comparecer ante la ley, como es debido? Pues no, nadie. ¿Y eso por qué? ¡Porque nos tiene hechizados!

Además de que cuenta y publica sus muertes y daños, encima la premian y la galardonan. Esas son malas artes, no puede ser otra cosa.

A ustedes les consta: dice tener 93 años, pero nadie que esté con ella puede convencerse realmente de que es una anciana. ¿Se han fijado que tiene todas las edades a la vez? Es niña, es muchacha y es vieja, todo al mismo tiempo. Eso no puede ser humano. Más vale cuidarnos de ella.

Puede hacer con cada uno de nosotros todo lo que le venga en gana. ¿Conocen ustedes alguien que tenga tanto poder con tan poco esfuerzo? Yo no. Ni los zares, ni los mandarines, ni los dictadores han podido doblegar a todos a sus pies como ella lo hace, con una risa y un ron.

En resumidas cuentas, no es cierto que sea una anciana, no es cierto que sea frágil e indefensa (todo lo contrario), no es cierto que se pierda en la esquina de su casa (miren nada más a dónde ha ido, y a dónde ha llegado). Ahora va directo a hechizar a la reina de España, ¡y no podemos hacer nada para evitarlo!

¡Por favor, alguien dé el aviso de que se encamina a la Unión Europea, para que se guarden de ella! Es una bruja. Le bastará una risa para apoderarse de toda Europa. Ya van a ver.

Escribo esto ante notario público para que no se diga que soy su cómplice.

Doy fe.

Lillian Levy, en la ciudad de Managua, a 9 de noviembre del 2017.

 

Lillian Levy
Traductora.


La primera apareció en el libro Queremos tanto a Claribel, Valparaíso, 2015, 168 p.

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