El presidente francés Emmanuel Macron anunció a finales del año pasado que les devolvería a distintos países africanos el patrimonio que les pertenece y que Francia alberga desde hace siglos en sus museos. Hace unos días, Benín les tomó la palabra con respecto a una serie de estatuillas que están en el Musée du Quai-Branly en París. Es cierto que las colecciones de arte africano, prehispánico y de la antigüedad que están en los museos más importantes del mundo no se construyeron pidiendo permiso y que la historia de los saqueos y abusos merece ser contada y reflexionada. Esta lista de libros evalúa el fenómeno del patrimonio de la humanidad y su sospechosa ubicación actual desde distintas aristas.

El Partenón en Londres

Una de las obras “descolocadas” más famosas del mundo es la Cariátide que se encuentra en una sala del British Museum en Londres desde 1801, no sin malestar y enojo por parte de Grecia. La imponente estatua que detenía el arquitrabe en la cara sur del Partenón fue separada de las otras cinco del grupo cuando Lord Elgin la embarcó entre múltiples joyas provenientes del templo a principios del siglo XIX, con las que llenó decenas de cajas. Además de la estatua de más de dos metros, la colección de quien fuera el embajador de Inglaterra en el Imperio otomano llegó a la costa inglesa con una buena parte del friso original de la fachada del templo, entre otras piezas.

En su libro, Los mármoles del Partenón, el conservador de arte antiguo B.F. Cook relata la historia de la colección de Elgin —representativa mas no la única con piezas del edificio ateniense en el British Museum. El trabajador de este recinto cuenta  sucintamente el devenir de las piezas de Elgin, desde su inclusión en el Partenón en el 438 a.C., deteniéndose en los detalles sobre la función que cada una tenía en el rito griego, hasta que fueron a parar en las discusiones del parlamento británico que finalmente decidió expropiarlas en 1816 a un precio considerablemente modesto. A pesar de que el autor detalla los pormenores de la adquisición de Elgin, sin ocultar que se trató poco menos que de un robo, la historia que cuenta Cook no escapa del paternalismo que en su momento le sugirió al diplomático que las piezas estarían mejor cuidadas en Europa. Frente a esta idea generalizada, el equipo de conservación del museo de la Acrópolis se ha dedicado los últimos siete años a probar que puede cuidar de las piezas restaurando incansablemente las Cariátides que aún mantiene.

B.F. Cook, Los mármoles del Partenón, Madrid, Akal, 2000.


La historia no oficial

En el afán de desenmascarar la historia detrás de esas salas repletas de esculturas, sarcófagos, figuras rituales y hasta templos, Sharon Waxman rastreó las anécdotas de robos, sobornos, mentiras y una que otra buena intención que acompañan al British Museum, pero también al Museo Metroplitano de Nueva York, al Louvre y al Getty en Los Ángeles. Revisa las adquisiciones más polémicas de estos gigantes culturales e indaga desde el periodismo cómo es que semejantes traslados fueron posibles. Con esta perspectiva recuerda la polémica del llamado “tesoro lidio” que el Met adquirió a finales de la década de los sesenta y no devolvió sino hasta 1993, o la colección egipcia del British Museum que alberga injustamente a la piedra Rosetta.

La obra de Waxman se sitúa en el contexto de las legislaciones de la UNESCO que a partir de 1970 prohibieron la exportación del patrimonio cultural. Por eso, la autora también se preocupa por considerar los argumentos que tienen los museos occidentales para no devolver las obras, sin importar las sospechosas condiciones de su obtención. Las respuestas que van desde las condiciones para la conservación, hasta la concepción que tienen de sí mismos de ser espacios “universales” hace de la investigación de Waxman un texto que es al mismo tiempo divertido y preocupante.

Sharon Waxman, Saqueo. El arte de robar arte, Madrid, Turner, 2011.


El favorito Egipto

A pesar de lo escandalosos que nos resulten los saqueos a manos de los imperios del siglo XVIII y XIX, Napoleón y sus secuaces no inventaron nada: saqueos ha habido siempre y sus resultados a veces fueron determinantes para la historia.  La obra clásica de Brian M. Fagan El saqueo del Nilo: ladrones de tumbas, turistas y arqueólogos relata el halo de misterio que cubría a  Egipto desde que Herodoto escribió la primera narración histórica del mundo. La fascinación que esa antigua civilización suscitó desde entonces estuvo acompañada del afán de poseer aunque fuera una muestra minúscula de sus tesoros.

A partir de distintas fuentes, este arqueólogo nos habla de los buscadores de tesoros islámicos, del mercado de momias, de las expediciones napoleónicas, del primer hombre en entrar a la pirámide de Quefén en Guiza: un ladrón que indirectamente fomentó las bases de la egiptología actual, así como del feliz desenlace logrado por quienes llegaron a copiar los jeroglíficos en los templos para tratar de descifrar algo de ese mundo que les fascinaba. Lleno de situaciones improbables, el libro traza el camino que acabó con el descubrimiento de la tumba de Tutankamón y, de algún modo, con la desidealización de un misterio envolvente.

Brian Fagan, El saqueo del Nilo: ladrones de tumbas, turistas y arqueólogos, Barcelona, Crítica, 2007.


¿Y los países colonizados?

La ola de interés por la antigüedad y los pasados de otras culturas que vemos en los siglos XVIII y XIX en Europa no pasó desapercibida en lugares como México. Como es el caso de otras naciones que suelen ser las víctimas de estas historias, México también participó  de los intereses y necesidades culturales instauradas por el estado-nación. Las formas que tomó esto en el caso mexicano son revisadas por Miruna Achim en su libro recién publicado: From Idols to Antiquity. Forging the National Museum of México.

Como indica el título, la autora se centra en el Museo Nacional creado en 1825, cuando México cumplía apenas unos años de ser una nación independiente y estaba buscando resolver su crisis identitaria. Para ello, la interpretación y narración del pasado precolombino y su lugar en la historia del mundo eran fundamentales. Con la perspectiva de una historia de la ciencia más que del arte, Achim hace el retrato epistemológico del recinto: su manera de conjugar historia, arte, ciencia y otras curiosidades en un discurso unificador y explicativo de la nación. Ciertamente, éste fue un proyecto que necesito de personajes específicos y el libro los recuerda también con detalle. Como la autora misma lo ha explicado, esta investigación cubre un vacío historiográfico importante que seguramente motivará nuevas preguntas.

Miruna Achim, From idols to antiquity. The forging of the National Museum of Mexico, Nebraska, Nebraska University Press, 2017.


Políticas de estado

Finalmente y para regresar al caso de Francia, el libro de Sally Price Paris Primitive. Jcques Chirac’s Museum on the Quai Branly es una revisión del polémico museo concebido por el presidente Jacques Chirac e inaugurado apenas en 2006 junto al Sena. Aunque la acumulación y exhibición de piezas de otras partes del mundo tienen una larga historia en Francia, el expresidente francés siempre había mostrado un interés particular en las expresiones artísticas y culturales de otras civilizaciones. Por eso, la pregunta que motiva la investigación de Price busca conjuntar ambos temas: ¿qué nos dice el pensamiento y el proyecto de Chirac sobre los museos a principios del siglo XXI en general y, sobre todo, de los museos occidentales que exponen obra de culturas ajenas?

La pregunta se resuelve desde varios ángulos. El libro de la autora de Arte primitivo en tierra civilizada (Siglo XXI, 1993) es al mismo tiempo biografía, historia intelectual y una disquisición sobre el lugar que tienen estos ejercicios etnográficos en una Francia cada vez más plural. Uno de los ejes articuladores del libro —y más interesantes al momento de pensar en cómo se forman estas instituciones— es la descripción de la amistad entre Chirac y el antropólogo Jacques Kerchache quien logró, según Sally, “que el amor [del presidente] por las culturas se canalizara políticamente”. Además revisa las políticas culturales de Francia en las últimas décadas  e incluye entrevistas y correspondencia para empezar a discernir qué es lo que a esta sociedad le ha atraído tanto de aquello que no dudó en llamar “arte primitivo”.

Sally Price, Paris Primitive. Jcques Chirac’s Museum on the Quai Branly, Chicago, The University of Chicago Press, 2007.

Leer completo

Una de nuestras poetas más exuberantes y controversiales nació un día como hoy de 1918. La joven que inició precozmente entre el revuelo y el asombro de su primer poemario, Yo soy mi casa (1946), se convertiría en discípula de Alfonso Reyes y se abriría un espacio primordial como mujer en la literatura del país, entonces dominada por el influjo de los Contemporáneos. Justamente a ella la bautizaría Salvador Novo como “La undécima musa”. Su personalidad y su talante lírico dejarían una huella indeleble, aunque hoy poco recordada, a su paso por las letras mexicanas. En palabras de Juan José Arreola: “era un ciclón, un meteoro, una fuerza de la naturaleza. Llegaba Pita y era como si empezara un aguacero resplandeciente con rayos y centellas y todo”. Para completar este retrato en su centenario, ofrecemos una galería de fotografías y pinturas que también evocan la fascinación que causó Pita entre nuestros más grandes exponentes en las artes plásticas. Todo el material pertenece al archivo personal de su primer biógrafo, Michael K. Schuessler, autor de Pita Amor. La undécima musa (Aguilar, 2018, versión extendida y revisada), quien quedó prendido de su obra y la conoció y siguió en vida durante casi una década de extravagancias y experiencias que bien podríamos calificar de barrocas.


Obra pictórica en torno a Guadalupe “Pita” Amor

Portadas de sus obras

Fotografía

 

 

 

 

 

 

 

 


Leer completo
Un magnífico relato de la neuropsicología, la reflexión sobre los escrupulosos mecanismos de la memoria, 21 charlas con escritoras y escritores, una novela sobre la actualidad de Estados Unidos y el resultado de una cátedra en la Universidad de Berna conforman esta mesa de novedades.

Ciencia
Los intrincados mecanismos de la memoria

Alexander R. Luria, fundador de la neuropsicología, escribió un seductor relato sobre esfuerzo de un hombre por recuperar sus facultades psíquicas. En 1943, a sus 23 años, el soldado ruso Zasetski recibió un disparo en la cabeza en la batalla de Smolensk. Tras la lesión cerebral recordaba su infancia, pero no su pasado reciente; la mitad de su campo de visión había desaparecido; no podía hablar, leer ni escribir. Solo era capaz de anotar, con inmensa dificultad, recuerdos y pensamientos azarosos. Tenaz, el soldado llenó 3 mil páginas a lo largo de 20 años. Luria entremezcló las notas autobiográficas de Zasetski con sus propios comentarios sobre la estructura y las funciones del cerebro. “Cuando uno lee a Luria inmediatamente le vienen a la mente las magníficas historias de los casos de Freud”, escribió Oliver Sacks en el prólogo.

Alexander R. Luria, El hombre con su mundo destrozado. Historia de una lesión cerebral, prólogo de Oliver Sacks, traducción de Joaquín Fernández-Valdés Roig-Gironella, Ciudad de México, Paidós, 2018, 196 pp.


Ensayo
La influencia de la literatura en la vida

La vida de las imágenes es una antología personal de 41 ensayos en la que Charles Simic va de la crítica literaria a la filosofía, de la fotografía y el cine a su infancia en un país devastado por la guerra. Confirma la influencia de la literatura en su vida y recapitula el regreso a un país natal que ya no existe. El libro resulta una ventana que permite asomarnos a la mente del escritor. La vida de las imágenes contiene una selección de la prosa autobiográfica de Simic y sus textos críticos. El conjunto resume 25 años de escritura. El título proviene del ensayo homónimo en el que Simic reflexiona sobre los escrupulosos mecanismos de la memoria a partir de las fotografías de Nueva York que capturó Berenice Abbot.

Charles Simic, La vida de las imágenes. Prosa selecta, traducción de Luis Ingelmo, Madrid, Vaso Roto, 2018, 411 pp.


Entrevista
21 escritores y sus fantasmas personales

Mariana H conversó con 21 escritoras y escritores —que crecieron en los 80 y los 90— sobre la creación literaria, los cenáculos, el mundo editorial, las listas, los premios, el amor, el placer, los fantasmas personales, la dificultad del quehacer artístico. Abordó con ellos el consumo de ansiolíticos y estimulantes, cuestionó sobre el proceso de publicar en México, habló de la importancia de los lectores. Los entrevistados son Jazmina Barrera, Luis Jorge Boone, Hernán Bravo Varela, Jorge Comensal, Guillermo Espinosa Estrada, Verónica Gerber Bicecci, Laia Jufresa, Rodrigo Márquez Tizano, Fernanda Melchor, Jaime Mesa, Emiliano Monge, Luis Muñoz Oliveira, Antonio Ortuño, Diego Enrique Osorno, Pergentino José, Eduardo Rabasa, Antonio Ramos Revillas, Daniel Saldaña París, César Tejeda, Sara Uribe y Carlos Velázquez.

Mariana H, Neurosis, sustancias y literatura. 21 conversaciones con escritoras y escritores más o menos jóvenes, Ciudad de México, Reservoir Books, 2018, 280 pp.


Novela
Un villano pedestre e insaciable

“¿Qué es una buena vida? ¿Y cuál es su contrario? Son preguntas a las que cada persona da una respuesta distinta”, se pregunta y responde el narrador de La decadencia de Nerón Golden, la más reciente novela de Salman Rushdie. En ella narra la caída de los Golden. Éstas son las causas de su derrumbe: una disputa entre hermanos, una metamorfosis inesperada, la llegada a la vida del viejo de una hermosa y decidida joven, y más de un asesinato. Muy lejos se desarrolla una labor de espionaje. De esta manera Rushdie desarrolla una trama enmarcada en el contexto social, cultural y político reinante en Estados Unidos. En La decadencia de Nerón Golden surge un villano inculto e insaciable, absolutamente narcisista, un manipulador experto de cabello oxigenado: Donald Trump.

Salman Rushdie, La decadencia de Nerón Golden, traducción de Javier Calvo, Barcelona, Seix Barral, 2017, 528 pp.


Ensayo
Escribir porque no queda más remedio

En marzo de 2016 Juan Gabriel Vásquez fue invitado a ocupar una cátedra en la Universidad de Berna para conversar, durante 14 semanas, del arte de la novela. A sus alumnos les habló de La señora Dalloway, de Don Quijote, de En busca del tiempo perdido, de sus maestros latinoamericanos, de Madame Bovary, de Hamlet, entre múltiples obras maestras. Y convirtió la cátedra en la colección de ensayos Viajes con un mapa en blanco. Berna era para Vásquez la ciudad del gran novelista Robert Walser: la había recorrido por completo y había escrito en ella una parte de su obra. Fascinado por el vínculo entre el autor de Los hermanos Tanner y la ciudad, el escritor colombiano arroja una tesis walseriana contundente: la obra del genio suizo es una puesta en escena de las preguntas que nos planteamos los lectores de novelas y quienes las escriben: ¿para qué hacemos lo que hacemos? ¿De qué sirve esta compulsión, la de sumergirnos en los destinos de seres hechos de palabras, la de entregarnos de manera voluntaria, durante horas y horas, a estos artificios?, se cuestiona el ganador del Premio Alfaguara de Novela. Dice que los microgramas de Walser son una respuesta indirecta: escribimos porque no nos queda más remedio.

Juan Gabriel Vásquez, Viajes con un mapa en blanco, Ciudad de México, Alfaguara, 2018, 216 pp.

Leer completo
La muerte del gran escritor estadunidense Philip Roth nos obliga a revisitar una buena cantidad de materiales audiovisuales en torno a su vida y su obra. Incluyendo adaptaciones —no siempre bien logradas— de sus novelas al cine, documentales y entrevistas reveladoras, la siguiente lista es un mínimo repaso para acercarse, fuera de sus libros, a uno de los mejores escritores del siglo XX.


Dos horas con Philip Roth

Philip Roth Unleashed (Sarah Aspinall, 2014)

La BBC británica es uno de los mejores ejemplos de que la inversión pública en cultura puede dar frutos sustanciosos. Este documental de la serie “Imagine”, dividido en dos partes y transmitido en 2014, lo confirma, aunque su título sea un poco tramposo: unleashed (“desatado”) como si Philip Roth fuera alguien a quien se debe dar “rienda suelta” para dejarlo hablar con absoluta comodidad. Pero aquí el asunto se debe a más a la disponibilidad del afamado escritor, quien antes no hubiera dedicado tanto tiempo a una larga entrevista, por estar sumido en sus ocupaciones creativas. Por eso el documental es un retrato fidedigno, conversado y bien punteado por el autor, apoyado en materiales de archivo y con la participación, entre otros, de Edna O’Brien y de Salman Rushdie. A ratos el protagonismo de su entrevistador, Alan Yentob, es excesiva. Divierte de cualquier manera ver la habilidad de Roth para contestar o voltear las preguntas sin perder la sinceridad. Para Roth, la libertad verbal y la honestidad expresiva de su escritura recuperan su infancia en Newark. A partir de ahí, la experiencia vivida se convierte en la forma más provocadoramente bella y descarnada del arte.


El documental más valioso: Philip Roth a sus sesenta años

Philip Roth (Arena) (1993)

Tal vez antes de ver el documental anterior, los lectores de Roth deberían interesarse en este episodio de la serie “Arena”, filmado con motivo de sus sesenta años y de la publicación de Operation Shylock. Es un encuentro mucho más sucinto con el autor y una abierta discusión sobre sus aspectos más controversiales, como las acusaciones de antisemita que recibió por parte de la comunidad judía estadunidense. Además de las declaraciones de Roth, aparecen académicos, críticos, las opiniones negativas de Gershom Sholem y la defensa de Saul Bellow, amigos y familiares del escritor, entre otros. Dentro de las series de la BBC y entre las muchas entrevistas con Roth, el diálogo del 2003 con David Remnick, editor desde hace años de The New Yorker, también es muy recomendable.


Cinco adaptaciones

Son muchas las adaptaciones de obras de Philip Roth al cine. Muy pocas se le acercan a la calidad de sus novelas, a pesar de sus esfuerzos actorales y del reto que representan para directores y guionistas. Las siguientes son algunas de las más recientes.


La mancha humana

(The Human Stain, dir: Robert Benton, 2003)

Anthony Hopkins, Nicole Kidman y Ed Harris protagonizan este thriller, adaptado de la novella homónima de Roth, publicada en el 2000. El pasado del profesor Coleman Silk (Hopkins) y su verdadera identidad racial afloran poco a poco luego de conocer al escritor Nathan Zuckerman (Gary Sinise) y a una mujer que ama, Faunia Farley (Kidman), que también tiene un pasado opaco. La película no sube de 6,3 sobre 10 en Imdb y 57 puntos en el promedio de Metacritic (entre reseñas positivas y negativas).


La elegida

(Elegy, dir: Isabel Coixet, 2008)

Basada en la novela corta The Dying Animal (El animal moribundo) de 2001, esta película también pertenece a lo que algunos han llamado la “ficción académica”. David Kepesh (Ben Kingsley) es un carismático profesor de Literatura en Columbia, paradigma del hombre liberado y bien asentado en su masculinidad. La trama está basada en la historia de su seducción a una estudiante irresistible de 24 años, Consuela (Penélope Cruz). Rating: 66 en Metacritic y 6,8 en Imdb.


The Last Act

(dir: Barry Levinson, 2014)

Esta comedia pone literalmente en escena a Simon Axler (Al Pacino), un actor de teatro veterano de Broadway, entrado en su séptima década, al que rapta un día la quijotesca locura: esa dificultad para pisar los límites del escenario y distinguir con claridad entre la realidad y la ficción. Se trata de una adaptación de la novela The Humbling (La humillación) de 2009. Tiene un rating bajísimo a pesar de la envolvente figura de Al Pacino: 59 en Metacritic y 5,6 en Imdb.


El fin del sueño americano

(American pastoral, dir: Ewan McGregor, 2016)

Ewan McGregor, Jennyfer Connoly y Dakota Fanning integran un elenco prometedor para esta adaptación de una de las novelas más exitosas y conocidas de Roth, merecedora del Pulitzer en 1997: Pastoral americana. El debut de McGregor como director es en este rubro un estrepitoso fracaso. Tiene el rating más bajo entre todos los intentos de adaptación que hemos recabado: 43 en Metacritic, 6,1 en Imdb y 4,8/10 en Rotten tomatoes.


Indignación

(Indignation, dir: James Schamus, 2016)

Para muchos, esta es de las pocas adaptaciones de Philip Roth más o menos bien logradas (adaptación de una novela homónima publicada en 2009). Logra transmitir ese vértigo polémico de la identidad judía estadunidense, la imbatible ironía ante la realidad y las relaciones sexuales, la impudicia a toda máquina, la neurosis sin fracturas de sus protagonistas, tan características de Roth. Ambientada en 1951, un adolescente judío de Newark, Marcus Messner (Logan Lerman), alter-ego de Roth, es recompensado por sus aptitudes literarias con una beca para estudiar en la escuela cristina de Winsburg College. En ese momento, descubrirá el mundo, la sexualidad y los conflictivos confines de sus orígenes identitarios. Con un reparto menos conocido y brilloso, tiene el rating más alto de toda esta lista:78 en Metacritic y 6,8 en Imdb.

Leer completo
Estamos en pleno mes de conmemoraciones del famoso mayo francés. Por todo el orbe, este año han aparecido y seguirán apareciendo nuevos libros que revisan no solo las huelgas generales de Francia sino las distintas manifestaciones en Europa y América y el rastro que dejó, entre nosotros, el 68. La siguiente lista propone atender toda esa década casi mítica y consignar publicaciones recientes y antiguas para darle al lector algunas pistas para entrar en ese periodo de la historia contemporánea.

Desmitificar la cultura de toda una década

Es fácil centralizar todos los sucesos y reducir las convulsiones de una época a una fecha más memorable: eso sucede con 1968, considerado un año axial que opaca todo a su alrededor. Por eso, el trabajo del historiador social Arthur Marwick (1936-2006) abre la perspectiva y ofrece no solo una vista panorámica en el tiempo sino en la geografía occidental. Su libro The Sixties es una ambiciosa revisión de los principales cambios culturales que nacieron en esa década tan problemática como única.

La ambición de Marwick es grande: establecer un análisis comparatista en el que enmarca a Gran Bretaña, Francia, Italia y Estados Unidos por haber sido el epicentro de una presunta “revolución cultural”. Para empezar, el enfoque historiográfico, que retoma las formas de periodizar de Hobsbawm, considera un periodo largo de 1958 a 1974 que encuadra épocas cortas de conmociones, revuelos y transformaciones. Luego, el historiador define la cultura en un sentido amplio: “la red o la totalidad de actitudes, valores y prácticas de un grupo humano en particular”. Por supuesto, emerge la cuestión de la “contra-cultura”, a su vez definida como “la variedad de actividades y valores que contrastan o critican los valores y modos convencionales de la sociedad establecida”. En este sentido, el historiador busca analizar esa imagen tan acuciante de que los años sesenta significan una suerte de micro-renacimiento cultural velozmente esparcido por el mundo (al menos en el hemisferio occidental): una revolución sexual, la retirada progresiva de la censura literaria, el fenómeno de los Beatlesy del rock, los cambios en la moda y en las formas de representarse en sociedad, el rechazo al racismo sistémico, la importancia capital de la adolescencia y la juventud como categorías para entender el mundo y posicionarse en él, etcétera. Con todo el peso de sus 800 páginas y aunque abarque demasiados países, el libro de Marwick logra mantener el interés lector: seguimos su pista por deconstruir y desmitificar una revolución cultural a la que absorbió sin problemas el mercado.

• Arthur Marwick, The Sixties: Cultural Revolution in Britain, France, Italy, and the United States c. 1958-1978, Oxford University Press, 1998, 903 p.


“Nos vamos a vivir a un mundo nuevo”

Entre las publicaciones recientes sobre el 68 ha figurado el estudio de Ramón González Ferriz, 1968. El nacimiento de un mundo nuevo. Es un intento por comprender la naturaleza de las protestas juveniles que fueron repitiéndose y expandiéndose a varios países del mundo como un reguero de pólvora. Aunque se trate de un trabajo más generalista, explora —con una pluma fluida y muy informada— por ejemplo el carácter minoritario, elitista y clasemediero de las revueltas, “aunque extraordinariamente ruidoso”.

En el mundo de posguerra todavía se mantenía una percepción de autoritarismo y costumbres rígidas no muy alejada de la realidad. Esa decepción, la sensación de que los jóvenes vivían en una sociedad cuyas libertades eran falsas y sobre las que pesaba aún el fantasma de los fascismos europeos, el racismo colonial y la arbitrariedad de la guerra (detener Vietnam siempre fue una consigna clara en muchos movimientos) los condujo a imaginar nuevas posibilidades. Sin dejar de señalar las especificidades de los levantamientos y sus contextos en cada país —Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Japón, Checoslovaquia, Polonia, España o México— uno de los rasgos en común que guían esta obra es “el cuestionamiento, radical y a veces juguetón, de los regímenes establecidos. […] la certidumbre de que el statu quo era un gran error, una espantosa injusticia”. Toda esta orquesta aparentemente organizada de movimientos contestatarios creció en el asombro del azar, “de la absoluta improvisación”. Para quien entre por primera vez en las aguas del 68, aquí tiene una excelente reconstrucción cronológica de los sucesos, sin medias tintas ni barnices ideológicos y mitificados.

• Ramón González Ferriz, 1968. El nacimiento de un mundo nuevo, Madrid, Debate, 2018, 272 p.


Nuevos testimonios

En la línea de varios libros de historia oral sobre el 68 —como Mayo del 68. La palabra anónima de Nicolas Daum—, el editor y traductor estadunidense Mitchell Abidor publicó en abril pasado una serie de entrevistas con los grandes participantes del mayo francés: estudiantes, obreros de París y de provincia, activistas, cineastas líderes estudiantiles y sindicales. Aunque a su parecer el 68 falló en muchos sentidos, significó un parteaguas al que hay que volver y volver, para recordar cómo “la imaginación estuvo a punto de hacerse del poder”. Las entrevistas, según el autor, mantienen hoy su frescura, su aura de esperanzas y conmociones alimentadas durante los meses de mayo y junio.

El relato de Alain Krivine, líder del partido Trotskysta JCR (Jeunesse Communiste Révolutionnaire), es una de tantas perlas que reunió Abidor: “Vi gente hablándose en la calle, gente que uno cruza diario y nunca saluda, y entonces todo el mundo hablando con todo mundo. También en el metro todo el mundo platicaba. Era fantástico. Nunca manejabas solo, recogías gente y la llevabas, era absurdo estar solo. La gente estaba irreconocible. Nunca había visto algo así y nunca volví a verlo”. Que la gente haya descubierto su propia voz en las calles, durante esos meses agitados, y que la vida nunca haya vuelto a ser la misma nos lleva a un túnel de profundas nostalgias. En su fondo asoma esa “gran comunidad lírica”, en palabras de Jean-Michel Rabaté, otro entrevistado. Sin duda, ese dejo nostálgico es el pecado de un simpatizante marxista como Abidor. También es la virtud de sus entrevistas, altamente empáticas y con una calidad afectiva de las que tantos intelectuales carecen por completo. Para Abidor, la gran pregunta que dejó Mayo del 68 en el aire es la de la posibilidad de una revolución en Occidente.

• Mitchell Abidor, May Made Me. An Oral History of the 1968 Uprising in France, London, Pluto Press, 2018, e-book. (Hay versión impresa en AK Press, 253 p.)


El medio siglo del descontento

Otra obra reciente que busca aglutinar la herencia del 68 y ponerla en perspectiva con el presente es Revoluciones del historiador Joaquín Estefanía. En su trazo histórico, desde el mayo francés hasta la actualidad, Estefanía establece una dialéctica de “confrontación sistemática”, de avances y retrocesos sociales —o revoluciones y contrarrevoluciones, siguiendo la tercera ley de Newton. Aunque esta lógica mecanicista (resumida como “a cada acción siempre se opone una reacción igual”), aplicada a la historia social pueda ser cuestionable, parece una balanza justa para sopesar la herencia positiva del 68: el Estado de bienestar, una de las mayores conquistas del último medio siglo, aunque constantemente fragilizada y atacada por políticos reformistas conservadores, desde Thatcher, Reagan y los neoconservadores, hasta Donald Trump.

Por otro lado, es cierto que aplicar el término de “revolución” a las protestas del mayo francés, Praga o Tlatelolco es de por sí polémico; ya no se diga si empleamos, como hace Estefanía, la misma etiqueta para calificar el movimiento antiglobalización de 1999, el de los indignados en 2011 o el de Occupy Wall Street. Sin embargo, Estefanía opta por una definición menos estricta: no la toma del poder político por medio de acciones violentas que tumban el orden establecido, sino “una acepción más genérica […] que contempla a las revoluciones como explosiones colectivas de protesta con aspectos trágicos pero también festivos”. El simple hecho de partir de una definición más cultural y menos rígida de la revolución le da un valor inicial de interés mayor a esta travesía por los últimos cincuenta años de capitalismo y sus corrientes ideológicas favorables o adversas (trotskismo, espartaquismo, maoísmo, guevarismo, comunismo…).

 • Joaquín Estefanía, Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018), Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, 336 p.


La búsqueda polisémica

En una línea similar a la de Joaquín Estefanía, el editor y periodista alemán Gero von Randow publica un libro homónimo para establecer ciertos puntos de reflexión a cincuenta años del 68 y pasado el centenario de la revolución de 1917. Lo que destaca de este libro es su análisis panorámico de las grandes protestas a la luz de la historia: la Revolución francesa, la Revolución de octubre, el 68 y las primaveras árabes, que el mismo von Randow cubrió como corresponsal del diario Die Zeit.

Como antiguo militante de la izquierda alemana y marxista, el autor maneja con claro conocimiento epistemológico el concepto de “revolución”. Non sin cierta distancia irónica, liberada de cualquier fetichismo, se acerca al término para descubrir todas las implicaciones morales y condenatorias que se le han adjudicado a lo largo del tiempo: por ejemplo, ¿cómo es que siempre los revolucionarios justifican la violencia con criterios políticos? O bien ¿por qué se excluye con más facilidad de la categoría de “violencia” todo el terror psicológico, la “violencia sistémica”, las condiciones humillantes o indignas de trabajo y existencia? Con una mirada nada autocomplaciente sobre sus propios actos cínicamente subversivos en los sesenta, von Randow critica la inconsciencia de cierta capacidad de indignación, la cual “es un movimiento noble, pero también puede embrutecer” (como explica en este adelanto de El País). Para descubrir más del gran interés que tiene esta nueva aportación a la historia moderna y contemporánea, esta entrevista con el autor aclara, en parte, su manera de problematizar la revolución, el pacifismo y la violencia.

• Gero von Randow, Revoluciones. Cuando el pueblo se levanta, Madrid, Turner, 2018, 280 p.

Leer completo
Esta semana murió Tom Wolfe, uno de los padres fundadores del nuevo periodismo, esa forma de escritura que renovó la manera de contar historias en el siglo XX. Miembros de esa estirpe son otras figuras totémicas como Gay Talese, Truman Capote y Norman Mailer, auténticos monstruos de su oficio. Muchas de las historias contadas por estos hombres han sido llevadas a la pantalla con desigual fortuna. Aquí, cinco de ellas, que dan muestra de la dificultad de adaptar grandes piezas literarias y periodísticas.

La obra maestra

A sangre fría (dir: Richard Brooks, 1969)

Quizá la mejor adaptación de una obra del nuevo periodismo, y vaya cuál. La pieza maestra de Truman Capote transformó para siempre la forma de entender y de escribir literatura. La novela de no ficción toma elementos literarios para contar una historia real, y lo hace, en manos de alguien como Capote, de manera estremecedora. El libro de Capote recrea el brutal asesinato de una familia en Kansas a manos de dos ex convictos en libertad provisional. Cuando Capote se enteró de la noticia en Nueva York, decidió viajar hasta el lugar de los hechos. La historia lo capturó de tal forma que se convirtió en una obsesión hoy más que conocida.

A sangre fría es, sin duda alguna, una de las obras más poderosas de la literatura del siglo XX. Su adaptación a la pantalla vino tan solo un par de años años después, de la mano de Richard Brooks, adepto a llevar a la pantalla obras literarias de cierta envergadura —Los hermanos Karamazov, Lord Jim y La gata sobre el tejado caliente, por si alguien se pregunta. Ejecutada con formato de docudrama, la película recrea el crimen en la misma casa donde ocurrieron los asesinatos y algunos de los miembros del jurado que aparece son los mismos que dictaron sentencia en la vida real.


Y Wolfe salió quemado

La hoguera de las vanidades (dir: Brian de Palma, 1990)

A decir verdad, esta cinta es un completo fiasco. Para empezar, el casting fue un desastre mayúsculo. Pensemos solo esto: Brian de Palma quería a Jack Nicholson pero los estudios le impusieron nada menos que a Bruce Willis, que estaba muy de moda por la icónica Duro de matar. También quería a Uma Thurman, pero a Tom Hanks, el protagonista, le parecía mejor Melanie Griffith, así que el sazonado director tuvo que jugar su mano con las cartas marcadas.

Basada en el best seller escrito por el recién fallecido padre del nuevo periodismo, Tom Wolfe, la historia versa sobre un tiburón de Wall Street (Hanks) y una trepadora (Griffith) que en una mala noche atropellan a un muchacho negro. Ambos intentan ocultar el hecho, pero un alicaído reportero (Willis) se interesa en la historia y trata de hacer un home run. Una ácida y aguda crítica a la hipocresía estadunidense y sus irresolubles problemas raciales que fracasó en taquilla y ante la crítica en buena medida por los demasiados cambios que sufrió la historia original y el tono francamente caricaturesco que alcanza la cinta en más de una escena. Quizá Wolfe no quedó contento, pero los 750,000 dólares que cobró por los derechos no debieron de sentarle tan mal. En fin, uno de esos casos típicos en los que el libro supera ampliamente a la película.


Un viaje como pocos

Miedo y asco en Las Vegas (dir: Terry Gilliam, 1998)

Otro fracaso en taquilla… que después alcanzó ese controvertido estatus de película de culto. El coctel de entrada es atractivo, bizarro, extravagante, casi sicodélico como la trama misma. Lo primero que hay que decir es que la cinta está basada en el libro homónimo de Hunter S. Thompson, creador de esa salvaje rama del periodismo llamada “gonzo”, extraño descendiente experimental del nuevo periodismo. Luego viene la mano del director, Terry Gilliam, ese genio de los Monty Python, y por si eso no fuera suficiente, la película está protagonizada por Johnny Depp y Benicio del Toro, que encarnan a un periodista y su abogado. Los dos atraviesan el desierto de Nevada para cubrir una carrera a la que nunca llegarán, pues el convertible en el que viajan contiene un auténtico arsenal lisérgico. El viaje se convierte en una temible aventura interior llena de alucinaciones, y la película posee el ritmo intencional del peor de los pasones: euforia, desenfreno, pasmo, depresión, abismo, paranoia…

La filmación de esta road movie histérica e histórica también tuvo sus contratiempos. El más simpático: en las escenas de casino, los propietarios solo dejaban que el equipo grabara unas cuantas mesas entre dos y seis de la mañana, y obligó a la producción a que los extras apostaran de verdad, algo de motivación no les venía mal.


El ojo que todo lo ve

Voyeur (dir: Myles Kane, Josh Koury, 2017)

A principios de los ochenta, el ya por entonces consagrado periodista Gay Talese separó una de las cientos de cartas que le llegaban contándole las historias más rocambolescas. El hombre que la firmaba había comprado un motel y había adaptado su arquitectura para espiar a sus huéspedes en todo tipo de situaciones. Olfateando una de esas historias que sobreviven a la inmediatez periodística, Talese viajó a Colorado y constató lo que el dueño del motel, Gerald Foos, le había contado.

En los techos del hotel, una plataforma de observación le permitía saciar durante horas sus fetiches. Talese y Foos mantuvieron una intensa correspondencia durante décadas. Como un cura o un siquiatra, Foose le contaba todo al reportero a quien además dio acceso a diarios que reflejaban lo más íntimo de sus pensamientos. Un buen día, Foose decidió que su historia debía ver la luz y autorizó a Talese a escribirla: la primera pieza salió en la prestigiosa The New Yorker y fue un escándalo monumental. Luego vino el libro y las preguntas sobre los límites del periodismo se volvieron materia caliente. Foose fue casi crucificado y un vuelco en la historia por poco le cuesta la reputación a Talese. Todo esto y más es retratado en este documental de Netflix. Hay que verlo.


Duro entre los duros

Norman Mailer: The American (dir. Joseph Mategna, 2010)

Provocador nato, rebelde furioso, crítico despiadado. Norman Mailer es uno de esos fenómenos que los gringos llaman larger tan life. Esta especie de Hemingway en esteroides campeó a sus anchas por el mundo de la literatura, el periodismo e incluso la farándula. Fue un auténtico rockstar, más grande que Sinatra, más loco que Jagger y Richards. Hizo de las suyas en la política, estuvo detrás de cámaras, boxeó con Alí, se casó seis veces, y un largo y no menos exótico etcétera.

Pero sobre todo, Mailer fue un profundo y verdadero americano, un escritor y un periodista que no hizo concesiones y que dibujó en su obra acaso el mayor fresco de la cultura norteamericana del siglo XX (baste mencionar La canción del verdugo y Los ejércitos de la noche, ambas ganadoras del Pulitzer). Su vasta trayectoria y su volcánica personalidad fueron retratados con solvencia en este documental que nos permite ver a Mailer en sus horas más altas, y también en algunos de sus momentos más críticos.

Leer completo
Las recientes acusaciones en contra del autor de La maravillosa vida breve de Óscar Wao se han sumado a la ya más que larga lista de escándalos que han afectado gravemente el mundo de la cultura.

Todo empezó en Hollywood. Desde finales de 2017, la mecha que encendió el movimiento de denuncias #MeToo ha cruzado los mares ramificándose bajo el suelo de grandes instituciones para sacudir sus cimientos, creando una explosión cuya onda expansiva apenas comenzamos a medir. Nadie imaginaba a qué punto llegarían las denuncias de mujeres replicadas en cualquier esquina del mundo. Desde el colapso de la productora de Harvey Weinstein hasta la cancelación del Premio Nobel de Literatura 2018, las consecuencias de los escándalos sexuales siguen cercenando cabezas influyentes en el mundo cultural. A tan solo 10 días de que la Academia Sueca anunciara que pospondría el Nobel de Literatura por un escándalo sexual interno, una nueva denuncia pone en la cuerda floja al mundo de la literatura. En el siguiente recorrido reunimos textos y reflexiones para entender este nuevo caso, parte del largo proceso de denuncias por acoso y agresión sexual que están cimbrando distintas jerarquías y acaso modificándolas para siempre.

1. Acoso a una alumna

El escritor de origen puertorriqueño, Junot Díaz —ganador del Premio Pulitzer por La maravillosa vida breve de Óscar Wao (2007)— fue acusado públicamente de agresión sexual por Zinzi Clemmons, una periodista y exalumna suya, durante el Festival de Escritores de Sydney (al que ambos acudían) y luego en declaraciones en Twitter. Como detalla este artículo, Clemmons sufrió el acoso siendo alumna de Díaz en la Universidad de Columbia en 2012 y esta acusación llevó al escritor a dimitir de su cargo, el 9 de mayo, como presidente del Premio Pulitzer, que ocupaba apenas desde abril.

2. De víctima a victimario

El alegato de Clemmons y la sospecha de que existan más víctimas no pudieron haber llegado en un momento más delicado para Díaz. En una carta abierta publicada en The New Yorker el pasado 16 de abril, el escritor confesaba haber sido víctima de una violación a los 8 años, luego de haber emigrado con sus padres a un cinturón industrial de Nueva Jersey. En menos de un mes, Díaz ha pasado de ser víctima a victimario. Su confesión de abril ha quedado en entredicho, percibida como una capa protectora ante una posible avalancha de críticas desde el hashtag #MeToo.

3. Las consecuencias del pasado

Ante la mirada de una sociedad cada vez más consciente y manifiestamente harta de los acosos, Díaz podría quedar parcialmente absuelto. Sus traumas podrían significar una cierta explicación de sus actos. Sin embargo, el peso de la ley prescindiría de su pasado. Según esta nota de Diario Libre (un portal dominicano),el intelectual puertorriqueño podría incluso ser despojado de su propio Premio Pulitzer en caso de ser hallado culpable de “conducta sexual inapropiada”. Por lo pronto, el más famoso escritor latinoamericano de los Estados Unidos ha tenido que abandonar, el pasado 5 de mayo, el Festival de Escritores de Sydney. Sus participaciones en conferencias y charlas fueron canceladas. El MIT, donde enseña escritura creativa, abrirá una investigación sobre la conducta del escritor. Su renuncia a la presidencia del Pulitzer, la cancelación de estos eventos y su posible expulsión del MIT no son más que las primeras consecuencias de cómo cambia para siempre nuestra percepción de aquellos artistas cuya genialidad nos abruma, y a los que poco a poco hunde el peso de su pasado.

4. Los libros son inocentes

El repudio en redes contra el escritor no ha dejado de crecer. Varias mujeres han ventilado anécdotas que ponen de manifiesto su misoginia y su conducta agresiva. Sin embargo, también han aparecido dos matices importantísimos en estos casos. El primero: que deberíamos esperar las sentencias de algún tribunal antes de iniciar la cacería de brujas en redes. El segundo, más interesante aún, aportado entre otros por dos periodistas de la revista colombiana Arcadia: dejar de leer a Díaz por estas acusaciones es un error. Juzgar la literatura por el comportamiento de un autor es buscar imponerle una función restrictiva al arte, una corrección política que lo aprisiona y lo acerca al totalitarismo y sus imposiciones estéticas. “Desde el posmodernismo filosófico, es decir desde el siglo pasado, es claro que lo más intrascendente de una obra artística, en términos de significado e interpretación, es la biografía de quien la produce”, afirman los autores del artículo, en reacción a una crítica de la escritora Carmen María Machado, para quien las novelas y cuentos de Junot Díaz son absolutamente despreciables y misóginos y son un claro reflejo de su persona.

5. Himpathy y el fin del silencio

Mientras en el Festival de Cannes, casi un centenar de actrices y directoras —guiadas por Cate Blanchett— hicieron un acto simbólico y leyeron un discurso contra el acoso sexual, del otro lado del mundo, el fiscal general de Nueva York, Eric Schneiderman, ha tenido que dimitir por razones similares a las de Junot Díaz. Como detalla este artículo, la figura de Schneiderman había crecido en los últimos meses por su abierto apoyo al #MeToo y sus acciones legales contra Weinstein. Además, en Nueva York su legislación había criminalizado cualquier intento de estrangulación o incluso de cachetada (slapping) como seña de violencia y grave peligro doméstico. Cuatro mujeres, con las que ha tenido relaciones sentimentales, ahora lo acusan de haber cometido “violencia física no consensuada” en la intimidad, en ningún caso parte de algún “juego sexual”. Sus pruebas son fotografías de heridas o moretones enviadas a amigas. Todo nos indica que el fiscal más importante contra Weinstein es en sí mismo un sádico acosador que ha actuado bajo los efectos de grandes cantidades de alcohol. Está claro que la fuerza de las denuncias del #MeToo pueden poner el mundo de cabeza, y en un santiamén.

El concepto de himpathy afloró durante el Festival de Escritores de Sydney para intentar entender la situación actual. Acuñado por la filósofa Kate Manne y empleado por una afamada periodista feminista del Washington Post, Irin Carmon, se refiere a “esa empatía desproporcionada hacia los hombres”. Suele ocurrir puntualmente en el caso de hombres que admiramos o con los que estamos involucrados en una relación emocional, directa o indirecta, tras haberlos leído, visto en cine y televisión o bien, como en el caso de Schneiderman, tenerlos en alta estima por su activismo feminista. Por su parte, Helen Pitt, una periodista de The Sydney Morning Herald, anotó que el precio del silencio era demasiado alto y ya le había arruinado las carreras de muchas mujeres. “Quiero animar a cualquier mujer de cualquier edad a dejar la himapthy. Las invito a confrontar a estos hombres, a decirles las cosas en la cara, aunque sea de manera privada […]. Háblenlo. Escríbanlo en una carta para ellos”. De Australia a Estados Unidos, hemos llegado a un punto de no retorno y al fin del silencio. Las cabezas seguirán rodando y, a veces, en los lugares y puestos menos esperados.

 

Leer completo
El 10 de mayo, Día de las Madres en México, activa la economía de los festejos de distintas maneras. En materia cinematográfica, hay una premisa comercial según la cual las madres disfrutan sobremanera las películas más románticas, cursis o dramáticas (mientras los padres —santas convenciones tan cómodas y reductoras— solo buscan películas de acción, suspense o persecuciones). La idea de la siguiente selección es contradecir, con cierta extravagancia, esos prejuicios que abundan en el cine y en las imágenes de nuestras madres, que sean de sangre o no.


Instinto maternal

Un sueño posible (dir: John Lee Hancock, 2009)

Sandra Bullock protagoniza el papel de una madre que adopta a un adolescente negro para rescatarlo de la calle. El gigantesco joven, Micheal Oher, se integra en poco tiempo, y con la ayuda de esta típica familia blanca de los suburbios de Estados Unidos sale adelante para llegar a ser un jugador profesional de futbol americano. Todo este drama es demasiado inverosímil para que alguien se haya atrevido a ponerlo en un guion original, pero para nuestra sorpresa está basado en una historia real y en una biografía. El papel de Bullock es posiblemente la prueba de que al dicho “madre solo hay una” lo ponen en duda el coraje y la generosidad de la adopción.


Un famoso viaje familiar

Pequeña Miss Sunshine (dir: Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)

En la industria de Hollywood, esta película ya se reconoce como un clásico instantáneo. Se trata de una odisea familiar en una pequeña combi amarilla para llevar a la hija más chica a participar en un concurso de belleza.

Los personajes de esta comedia constituyen un abanico de facetas psicológicas (que observamos a carcajadas), desde el abuelo impulsivo, el adolescente melancólico, el papá obsesivo, el tío deprimido, la niña optimista y, finalmente, la mamá sobreprotectora, que solo trata de transformar el caos en algo parecido al orden, y eso sin que nadie salga lastimado. Claro está que todo le falla a fin de cuentas, pero la cinta hace hincapié en el simple hecho de que , frente a la adversidad, una buena dosis de esfuerzo y entusiasmo es suficiente a veces para unir a una familia.


La abogada ecologista

Erin Brockovich (dir: Steven Soderbergh, 2000)

Todos recordamos este drama, también basado en hechos reales, que sacó a relucir a una extraordinaria y renovada Julia Roberts. Erin Brockovich, la mujer que protagoniza, es una madre poco convencional y de armas tomar. En su búsqueda por proveer a sus hijos, consigue un trabajo en un despacho legal. Desde allí inicia una cruzada personal en contra de una compañía de energía que contamina el agua potable de un pueblo.

La victoria real de Brokovich ha sido ampliamente documentada y se convirtió en una historia inspiracional para la lucha ambientalista. En este caso, en el papel de Julia Roberts, también adquirió tintes de inspiración para muchas madres solteras que sacan adelante a sus hijos con un sentido purísimo e inquebrantable de la determinación.


El trono de la Reina Madre

La reina (dir: Stephen Frears, 2006)

Esta es la recreación dramática de uno de los episodios más conocidos de la casa real de Inglaterra. Después de la muerte de la Princesa Diana de Gales, la Reina Madre de toda Inglaterra, Elizabeth II (Helen Mirren) tuvo que lidiar con el circo mediático, los protocolos centenarios de la realeza y con la opinión pública que la criticaba por no salir de inmediato a conmiserarse con su gente después de la tragedia.

La realidad tras las rejas de palacio era realmente compleja: Elizabeth II, que había dedicado toda su vida a mantener el prestigio de la realeza, no quería romper las tradiciones por una mujer que había degradado los símbolos de la monarquía, sin importar cuanta compasión tuviera por ella después de su muerte. Finalmente, la Reina Madre comparte el luto con su pueblo y restaura el equilibrio de una relación muy particular entre la gente y el símbolo maternal que constituye la figura de una reina. La película es una ventana a un mundo en plena descomposición y al que carcome la modernidad, pero que consigue defender sus méritos con historias como ésta.


La mamá más aguerrida

Terminator 2: juicio final (dir: James Cameron, 1991)

Terminator 2 fue y sigue siendo el pináculo del género de ciencia ficción para muchos cinéfilos atraídos por Hollywood. Entre sus virtudes se cuentan: la dirección del genio cinematográfico, James Cameron; la mejor actuación del icónico Arnold Schwarzenegger; los mejores efectos especiales de la época; y la creación del personaje de la mamá más aguerrida de la historia del cine, protagonizada por Linda Hamilton.

No cualquier guion y no cualquier película pueden justificar una escena en la que una madre se arma de valor y dispara una escopeta de bombeo varias veces para destruir a un cyborg que viajó del futuro para matar a su hijo. Así las cosas. Y Terminator 2 lo hace de forma magistral. Es un homenaje —que por supuesto nadie ha querido ver— a las madres que harían lo que fuera necesario para proteger a sus hijos, mezclado con una buena dosis de ciencia ficción.

Leer completo

El año sin Nobel

Murakami está repantingado en su sillón, mirando con aires sombríos el cielo de Tokio. Esta vez no hay esperanza que albergar: es seguro que este año no le tocará el Nobel. Simplemente porque no habrá Nobel para nadie. Luego de los escándalos sexuales que han cimbrado la cúpula de la Academia (Jean-Claude Arnault, esposo de una de las partes del jurado, fue acusado por 18 mujeres, como lo consignamos aquí) sumado al de tráfico de influencias y filtraciones, no hay quórum necesario para hacer la votación. Sobre todo, hay una grave crisis de confianza. Como ha señalado la Fundación Nobel en un comunicado (del 4 de mayo), el premio será pospuesto a 2019 porque la situación lo haría poco creíble. Esto no significa que el galardón haya quedado desierto: la cancelación definitiva solo ha ocurrido en ciertos años marcados a sangre y fuego por la Primera y la Segunda Guerra Mundial (1914, 1918, 1935, 1940-1943). Sin embargo, como apunta El País, es la primera vez que un escándalo de esta magnitud se interpone en las decisiones de la Academia sueca.

La renuncia de Sara Danius, la secretaria perpetua de la Academia, había cosechado en las últimas semanas un gran apoyo de la opinión pública: en redes, el #knytblusförsara (que significa “moño de mariposa para Sara”) se tradujo en una manifestación de mujeres portando el mismo moño en las (otrora) tranquilísimas calles de Estocolmo. El movimiento global por la defensa de los derechos de las mujeres acaba de sellar, de otra manera, la historia reciente. Aun así, quedan voces con buenos augurios, ya que la última vez que el máximo galardón literario se pospuso, en 1949 —porque no había candidato digno—, William Faulkner acabó por recibirlo al año siguiente durante la misma ceremonia entrega del premio correspondiente a 1950. El próximo año, eso sí, se entregarán dos premios. Pobre Murakami, ahora mismo debe estar degustando con sabor agridulce su mejor escocés, imaginándose como quién sabe cuántas veces junto a la realeza sueca… y acaso compartiendo con (ponga aquí su quiniela, querido lector), maldita sea, el estrado y la gloria.

Leer completo
Sobran referentes para analizar el trabajo y las relaciones sociales que de él se desprenden. El papel tan fundamental que tiene la actividad productiva en nuestras vidas ha inspirado ensayos, manifiestos y hasta poesía a lo largo de la historia de la humanidad. Este 1 de mayo recomendamos algunas de las publicaciones más recientes sobre el trabajo en tiempos presuntamente postindustriales.

Un clásico reciente

Este libro escrito por Bob Black en 1985 y traducido a más de diez idiomas, se ha vuelto ya una obra de referencia para pensar en el trabajo actualmente. Influido por corrientes del anarquismo y el socialismo utópico, Black aboga por el fin de la vida humana articulada alrededor del trabajo, una actividad que nos domina y consume, para sustituirla nada menos que por el juego. Black construye su caso describiendo de manera concisa “las miserias” que nos ha traído el trabajo, en particular el trabajo moderno. Para ello, retoma a estudiosos clásicos del problema laboral y hace un auténtico manifiesto para la época neoliberal y sus propias formas de trabajo.

Al contrario de otras visiones de un mundo en el que no exista trabajo, como la de Nick Srnicek y Alex Williams comentada en este mismo espacio, Black no deposita nuestra liberación en la tecnología. Por el contrario, cree que ésta debería tener un lugar modesto en nuestras sociedades y dejar espacio para la actividad humana productiva. La diferencia es que Black no quiere imposiciones, piensa que es posible ver el trabajo convertido en juego (que no ocio, porque, como nos recuerda, éste existe solo gracias al trabajo y en función del mismo). ¿Cómo hacer que todos juguemos perpetuamente? Haciendo eco de Marx, Black sugiere sencillamente dar paso a las propias diferencias de las personas, pues nadie puede negar que todos disfrutamos de hacer distintas cosas y con fines muy variados. En este sentido, las probabilidades de que todas las actividades estén cubiertas según el autor serían muy altas. Es un texto breve, que además de sacudirnos, es un buen punto de entrada a la obra de este polémico autor.

Bob Black, La abolición del trabajo, Logroño, Pepitas de calabaza, 2013.


Nostalgia postindustrial

A pesar de su lucidez y de sus intentos por explicar algunas de las problemáticas más complejas de la vida en comunidad, entre ellas la del trabajo, Richard Sennett es un sociólogo poco estudiado en México. Eso motivó a la doctora Maribel Núñez Cruz, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, a organizar un seminario para pensar en las aportaciones y relevancia del trabajo de Sennett en México. El libro Richard Sennett. Cuerpo, trabajo artesanal y crítica del nuevo capitalismo es el resultado de esas charlas e investigaciones. Los autores que participaron en el seminario comentan la obra de Sennett de formas muy variadas e informativas. Hablan de sus premisas con respecto a las consecuencias personales que tiene el trabajo en el nuevo capitalismo y sus propuestas de un retorno al trabajo artesanal, además de comentar su trabajo en relación a la ciudad, el servicio de salud en Gran Bretaña y hasta sus inquietudes con respecto al lenguaje. Finalmente, hablan de sus métodos de investigación y, como le gustaría al autor, estudian particularidades de la sociedad mexicana a la luz de sus teorías y conceptos.

Sennett estudia los procesos de producción desde una óptica que considera las relaciones entre individuos, y no en su dimensión meramente económica. En uno de los capítulos del libro, Víctor Payá se concentra en aquello que dice el sociólogo sobre los procesos de socialización y de transmisión del conocimiento que acompañan al trabajo, y lo ve en el estudio de la vida en el taller y siguiendo de cerca la profesión médica. Algunas premisas de este texto se complementan más adelante con el artículo de Israel Robles, quien recuerda el análisis de Sennett sobre los males del trabajo contemporáneo: la destreza, la creatividad y el orgullo vernáculo se han vuelto secundarios en la búsqueda por la eficiencia. Por su parte, Rodrigo Díaz y Citlali Hernández hablan de las investigaciones de Sennett sobre los efectos que “el capitalismo flexible ha tenido en los individuos y su entorno”. Revisan las ideas del autor sobre el tipo de organización social que el trabajo en tiempos del estado benefactor creaba, las críticas a su burocratización y el problema actual con lo que el sociólogo estadounidense caracteriza como “el trabajo flexible”: sus afrentas contra la rutina y la convivencia con la tecnología. Erika Honorat revisa algunos conceptos clave para hacer una crítica a la gestión laboral por competencias, y María José Romero aplica el concepto de flexibilidad laboral en las maquilladoras de Tehuacán, Puebla.

Siguiendo a Sennett, Payá resume: “el trabajo como fuente de dignidad, derechos y de un relato de vida se ha transformado para dar cabida a un individuo que se encuentra a la deriva”. ¿Cómo no acercarse a las ideas de este sociólogo?

Richard Sennett. Cuerpo, trabajo artesanal y crítica del nuevo capitalismo, Maribel Núñez Cruz (coord..), México, Juan Pablos Editor/UNAM-FES Acatlán, 2016.


Eterna clase obrera

La editorial Akal acaba de traducir al español uno de los estudios más reveladores de las dinámicas laborales en Inglaterra, el país de la clase obrera por excelencia. El año pasado, el libro de Paul Willis cumplió cuarenta años de haber sido publicado, pero sus preguntas, método y conclusiones se mantienen vigentes incluso en un contexto como el nuestro. ¿Cómo es que, pese a los esfuerzos por la movilidad social, y sobre todo la “libertad” propia del capitalismo, los jóvenes de clase obrera terminan trabajando en lo mismo que sus padres y abuelos?

Cómo los chicos de la clase obrera consiguen trabajos de clase obrera es el resultado de observar de cerca a una docena de jóvenes durante sus últimos años de educación media y sus inicios en la vida laboral. Los lads de la secundaria de una ciudad en el centro de Inglaterra que Willis bautizó como Hammertown (“pueblo martillo” o “villa martillo”), se caracterizaban por ser un grupo de amigos muy unido, que desafiaba constantemente a la autoridad escolar y no participaba de las actividades que les proponía la institución. A la etnografía de la primera parte del libro, le sigue un análisis de los procesos sociales y culturales que, según el sociólogo, llevaron a los chicos a emplearse más tarde en las fábricas de la ciudad. Willis identifica una identidad de clase articulada por procesos sociales complejos que nada tienen que ver con la libertad de elegir a pesar de que aparenten una “afirmación y apropiación e incluso […] una forma de resistencia”. Vale la pena acercarse a esta obra, pues a pesar de los cambios en las estructuras económicas, aquello que el autor describe como la “autocondena […] de asumir los roles subordinados en el capitalismo occidental” suena tan acertado hoy como hace cuarenta años.

Paul Willis, Cómo los chicos de la clase obrera consiguen trabajos de clase obrera, (Rafael Feito, traducción),


Trabajo nocturno

En el tema de grupos de trabajadores que son particularmente vulnerables, es fundamental considerar a las mujeres: el trabajo doméstico, el cuidado no remunerado, la diferencia salarial, entre otros, son temas importantes tanto para los estudiosos del género como para los economistas. En su libro más reciente, Marta Lamas ahonda en uno de los temas más polémicos del feminismo, pero que rara vez es pensado desde un punto de vista primordialmente laboral: el trabajo sexual femenino. La autora explica que, a diferencia de quienes consideran que el comercio sexual es prácticamente un secuestro, ella se ha manifestado a favor de entenderlo como una elección que hacen las mujeres frente al un panorama laboral poco prometedor pero que paga bien por ese servicio. El libro Fulgor de la noche: el comercio sexual en la Ciudad de México explica esto mediante una investigación de casi treinta años sobre el comercio sexual callejero en la capital del país.

Lamas retoma los relatos de mujeres que han participado en “la mal llamada prostitución”, así como de las organizaciones laborales que han formado algunas de ellas. Indaga en la historia de este sector en México, habla de las leyes que rodean al tema y mantiene su característica visión antropológica. Así, la autora construye un argumento a favor de ver esta actividad como un trabajo que necesita de organización, regulación y derechos. Este libro aporta argumentos que ponen en jaque nuestras ideas sobre las relaciones laborales, el orden capitalista y, sobre todo, la problemática del consumo.

Marta Lamas, Fulgor de la noche: el comercio sexual en la Ciudad de México, México, Océano, 2017.


Mil años de historia laboral

A pesar de que el trabajo se sienta como una realidad inminente en nuestras vidas, no siempre ha sido como lo conocemos hoy. Y con esta aseveración no nos referimos a los robots o la falta de organización obrera que caracterizan nuestras relaciones laborales actuales, sino a la idea de trabajo que Occidente sostiene desde la época de la industrialización. En un libro publicado en inglés a principios de año por la editorial Verso, la historiadora Andrea Komlosy revisa casi mil años de historia del trabajo para desmontar y complejizar nuestra noción de lo que esta actividad requiere y significa: desde los jefes hasta el trabajo doméstico históricamente no remunerado.

Komlosy estudia el trabajo desde la perspectiva de los países colonizados y desde la óptica femenina para probar la coexistencia de muchos tipos de trabajo, incluso de aquellos gratuitos, que por lo mismo no han logrado asegurar su lugar en nuestras categorizaciones. Es un libro que promete ser ilustrativo, abarcador y político.

Andrea Komlosy, Work. The last 1,000 years, Londres, Verso, 2018.

Leer completo