Existe ya un inmenso archivo no reunido de películas sobre el futbol. Después de haber reunido las ficciones más recientes, quisimos mostrar, en el marco del Mundial de Rusia 2018, una serie de documentales que nos muestran el futbol de otro modo, algunos son raros y otros francamente rústicos, por fuera de las grandes canchas, los clubes multimillonarios y los astros que pululan en periódicos, revistas y canales de televisión. El común denominador en estos cinco documentales sigue siendo la fiebre que despierta este deporte y que alcanza hasta los lugares más inesperados de cualquier geografía. La grandeza y los aires épicos permanecen en cualquier cancha y en cualquier partido.

Extraño sabor a cal

La cancha más cara del mundo (dir: Juan Felipe y Samuel Guzmán Cuevas, México, 2013)

No estamos hablando ni del Estadio Azteca ni del Maracaná en la época de su construcción monumental. Tampoco de ninguno de los estadios que se levantaron o renovaron para los mundiales recientes. El hallazgo en este caso es absolutamente inesperado: un diamante en bruto de esos que sólo encuentran antropólogos, viajeros, periodistas, fotógrafos o documentalistas a su paso por las regiones recónditas de algún país. Cuando se trata una vez más de México, no es extraño que volvamos a caer en el cliché que maravilló a los surrealistas en los años 1930.

Barra de Teconoapa, Costa Chica de Guerrero, a unos 150 km al sur de Acapulco. Unos pescadores locales encuentran extraños paquetes negros flotando en el mar. Entre toda la basura que se cruzan en sus salidas en una modesta lancha, desconocen por completo el contenido blanco de los paquetes. Prueban con los animales del pueblo costero: gallinas, perros, puercos. Algunos mueren al probar el misterioso polvo. Para sacarle otro tipo de provecho los habitantes deciden usarlo para marcar las líneas del polvoriento campo de futbol local. Ignoran que su hogareño litoral es puerta de entrada de la cocaína al país. ¿Hace falta recordar que es una historia real? Los realizadores de este documental amateur convierten así una pieza anecdótica en un excelente retrato etnográfico de un rincón de Guerrero y crean un documental digno de cualquier maestro del género.


Más realismo mágico o el “Prometeo caribeño”

Nueva Venecia (dir: Emiliano Mazza de Lucca, Uruguay/Colombia/México, 2016)

En la veta del surrealismo, no podía faltar Colombia y su realismo mágico, esta vez estrechamente ligado a la pasión futbolera. No muy lejos de Barranquilla ni de Aracataca, en la región cenagosa de Santa Marta, una isla de casas de palo elevadas sobre pilotes enfrenta la hostilidad de la laguna. Ahí viven fundamentalmente de la pesca unos 2000 habitantes. Sobreviven también gracias a su deporte predilecto y no precisamente acuático: el futbol, al que dedicaron una cancha flotante, que sobresale apenas 40 cm de la superficie. Las constantes inundaciones no evitan que uno de los sueños del pueblo sea exportar alguna estrella mundialera. Y no menos cargado de ensoñaciones es el nombre del poblado: Nueva Venecia, ni más ni menos.

Para este documental, el uruguayo Emiliano Mazza filmó desde una canoa y consignó, además de la omnipresente pasión futbolera, la historia del pueblo víctima de una masacre, la cotidianidad de los pescadores, la vida en torno a único punto de reunión y convivencia, que es evidentemente la cancha. El éxito del filme (premiado en Biarritz) permitió además una campaña de ONGs organizadas en torno a la educación, el deporte y el medio ambiente (la ciénaga de Santa Martha es un desastre ecológico). Mientras tanto, la cancha sobre el agua prevalece y quién sabe, tal vez algún día la selección de Colombia tenga a un anfibio lateral al que apoden “El veneciano”. Y así se puedan hacer realidad los sueños de algún “Prometeo Caribeño”, como afirma el director.


Todas las camisetas de Argentina

El otro futbol (dir: Federico Peretti, Argentina, 2014)

Se sabe que en las tierras de Maradonna hay grandes equipos. También grandes aficiones. El reportero argentino Federico Peretti decidió primero escribir un libro sobre los eventos deportivos que cubría. Luego, recorrer su país durante tres años en busca de un punto ciego, para filmar la cara oculta del mundo futbolero nacional. Los equipos de segunda, tercera o cuarta categoría, los estadios y canchas locales, pueblerinos, cuya vida depende tanto de la hinchada como de los mismos jugadores. Recorriendo el país en todas sus latitudes —unos 50 mil km— conviviendo con cerca de 140 equipos oficiales que le permitieron retratar el arduo camino a la gloria por el que avanzan o tropiezan los integrantes de ese territorio que solemos llamar, con cierta soberbia, amateur.

Así, las historias se acumulan. Un equipo de presos al que debe escoltar un policía por jugador se vuelve bicampeón en la división C y evidentemente cae al plato una declaración: “somos libres por 90 minutos”. Así, el realizador quiere sacar del olvido todos esos paisajes, personajes y momentos cruciales en las vidas de otros, alumbrados por reflectores de baja intensidad, modestos contribuidores al alumbrado de su club o engorrosos hinchas que se reúnen antes, después y durante el partido, porque no existe nada más que el amor por los colores de la camiseta.


Jugadores en tierra santa (y hostil)

Forever Pure (dir: Maya Zinshtein, Israel, 2016)

Más accesible (porque está en Netflix) aunque no menos insólito, este documental muestra una de las caras más duras del futbol: el racismo, la intolerancia y el odio masificados. Sabemos que esto ocurre a menudo, que hay sanciones, que hay “valores” como el fair play para contener la ira y la catarsis violenta de las aficiones. Pero el caso de Forever Pure es determinante: nos encontramos en el corazón del Beitar de Jerusalén, el equipo más cercano a la extrema derecha de Israel, apoyado entre por Benjamin Netanyahou. Entre sus logros, los hinchas se jactan de una cierta “pureza” con enormes pancartas: nunca haber aceptado un jugador árabe o musulmán.

Las circunstancias cambian en la temporada 2012-13, cuando un estrafalario empresario ruso, Arcadi Gaydamak, acusado de malversación en Francia, invierte en el equipo y decide fichar, casi a ciegas, a dos jugadores chechenos que romperán con la tradición racial y ortodoxa del equipo. El dueño tiene claras intenciones políticas. Todo el equipo deberá enfrentarse al abierto rechazo de su motor vital: los aficionados. Como pocos, este documental es una excelente reflexión sobre los linderos entre lo político y lo estrictamente deportivo.


Atrapado en Cachemira

Inshallah football (dir: Ashvin Kumar, Pakistán, 2010)

En la complejidad política de la región de Cachemira, enclave entre Pakistán y la India siempre en pugna por la división territorial, el joven Basharat, de 18 años, se apasiona por el futbol. Sus aspiraciones tienen razón de ser, no sólo por su talento sino por el apoyo de su familia y de un entrenador que lo quiere exportar a la liga brasileña. Pero a Basharat lo oprime el pasado inmediato, las milicias y la guerra pakistaní. Su padre, Bashir, fue líder en los años 80 de la guerrilla local de los Muyaidines de Hizbul. Torturado, secuestrado y rendido al fin, su padre intenta conciliar una vida ordinaria. Pero la sombra de la guerra acecha y le pondrá incontables trabas a Basharat, entre ellas la de obtener el pasaporte que el gobierno de la Indio le niega por la militancia de su padre.

Además de una historia local minuciosa, este documental actualiza en el siglo XXI los vestigios de un conflicto que asola la región desde tiempos coloniales. Las rebeliones contra las fuerzas de ocupación de la India, en un territorio mayoritariamente musulmán y apegado a Pakistán, sigue siendo motivo de tensión. Esta tensión se hizo manifiesta con la censura parcial del filme por parte del gobierno indio, para el que los testimonios de tortura de Bashir eran falsos y difamatorios. Todo esto pesa sobre el sueño de un adolescente que ha preferido abstraerse de la política corriendo atrás del balón.

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Al dar inicio el Mundial de Rusia 2018, reunimos aquí una lista variada de novedades editoriales que llegaron como pan caliente para acompañar la contienda más esperada del planeta. Cinco libros que se suman a la ya considerable biblioteca futbolera, en cuyas repisas abundan y sobresalen autores de habla hispana.

De generación en generación

Son muchos los lugares comunes del futbol y la literatura futbolística, todo un género en expansión, funciona como su cámara de ecos. Los conocemos: el futbol como escuela moral, como reflejo del mundo, como épica moderna, como lo más importante dentro de las cosas menos importantes (esto, en palabras de Arrigo Sacchi, repetidas hasta la saciedad). Para el escritor español Ignacio Martínez de Pisón esto tiene una explicación: “De todos los tópicos generados por la literatura futbolística, el más cierto es que resulta muy difícil escribir sobre fútbol sin caer precisamente en tópicos”. Pocos libros consiguen no caer en clichés. Los Hijos del fútbol de Galder Reguera es uno de ellos, como lo afirma Martínez de Pisón en el prólogo.

Hijos del fútbol está compuesto de una serie de piezas sin mayor conexión que el hilo de una memoria introspectiva que teje su autor, a partir de la relación futbolera con su hijo. Relato íntimo y confesional, autobiografía fragmentada y obsesionada con el balón y las porterías de la infancia, la juventud y el porvenir, a ratos vertida en el ensayo personal, cautiva con un ritmo narrativo absorbente, diáfano y sincero. El autor, nieto de un directivo del Athletic de Bilbao, se pregunta constantemente por esa herencia irracional de padres a hijos que es el futbol, por su grado de realidad y su naturaleza que continuamente se desliza hacia lo primigenio, hacia lo atávico, hacia ese resquicio donde la “pasión futbolera” se despierta a veces como pulsión, como sombra incognoscible.

• Galder Reguera, Hijos del fútbol, Barcelona, Lince, 2017, 209 p.


De futbol, ferrocarriles, obreros y migrantes históricos

Los equipos que han encubado grandes leyendas y dejado goles indelebles han sido a menudo latinoamericanos: un antiguo Uruguay campeón del mundo, la Argentina de Maradona, el Brasil de Pelé y Garrincha, la Colombia de Valderrama y hasta el México de Hugo Sánchez. Dicho esto, existen versiones encontradas de cómo el juego del balompié llegó a nuestro lado del charco. Por eso, el escritor argentino Pablo Alabarces, especialista en temas futboleros, se enfrentó al reto de escribir la primera historia del futbol en América latina, es decir una visión abarcadora que hiciera frente a las historias nacionales o regionales. La investigación acaba de publicarse —tan oportunamente— en la clásica colección de “Historias mínimas”, compendios muy pedagógicos y condensados imprescindibles, del COLMEX.

A partir de la premisa de “una historia de algo que no existe”, la heterogeneidad absoluta y falsa unificación del futbol latinoamericano —a diferencia, por ejemplo, de la UEFA que sí reúne a unas 55 asociaciones de futbol en toda Europa y más allá (incluyendo a Turquía o a Chipre)—, el autor baraja varias hipótesis de cómo surgió, creció y se desarrolló el futbol en este subcontinente. En una indagación comparativa, se detiene en cada país, y matiza la idea de que lo habrían traído mayoritariamente los ingleses. De ahí, las vías de popularización masiva del deporte rey son complejas y dispares. Esta popularidad tiene que ver, en muchos casos, con la integración de ciertos países en la esfera del mercado capitalista global después de la segunda revolución industrial. Los procesos que acompañan al futbol y sus correlaciones económicas y políticas nos permitirán entender ahora otra cara del deporte, aunada a la identidad popular, a sus ritos y a sus himnos de redención.

• Pablo Alabarces, Historia mínima del futbol en América latina, México, Colegio de México, 2018, 269 p.


Otra forma de hacer historia

Para seguir con la alineación anterior, Breve historia del ya merito es una suerte de antología de autores nacionales aferrados al futbol y a la vez un recorrido subjetivo por la historia mundialera mexicana. Reúne textos de Luigi Amara, Claudina Domingo, Pablo Duarte, Guillermo Fadanelli, Julián Herbert, Rodrigo Márquez Tizano, Antonio Ortuño, Daniela Tarazona, Carlos Velázquez, Raúl Vilchis, Juan Pablo Villalobos, Juan Villoro, Gabriel Wolfson y un texto ilustrado de Bef. Desde Chile 1962 hasta la última Copa del Mundo en Brasil, cada autor tiñe a su modo su experiencia con la selección mexicana, sus ilusiones y sus afrentas, a través del género que mejor le cuadre: el ensayo personal, la confesión, la crónica, el cuento, la autobiografía, el collage o la entrevista.

Al margen del oportunismo del mes de junio, este libro no es ni una oda a la dignidad de la derrota ni una manera de recalar simbólicamente en “el Quinto Partido, mito fundacional de nuestro credo”, como apunta su editor. Es más bien una propuesta combinada para entender el tiempo en ciclos de cuatro años, apuntalados por la esperanza y únicamente revividos en la memoria escrita. Tal vez su punto de partida sea ese cruce entre la espera y la nostalgia, puesto que “cada campeonato arranca de vuelta en la infancia y nos recuerda que a veces es mejor envejecer en mundiales que en sexenios”, según indica Márquez Tizano en el prólogo.

• Rodrigo Márquez Tizano (ed.), Breve historia del ya merito, México, Sexto Piso, 2018, 216 p.


Nuestro escritor del futbol

Luego del éxito de sus crónicas y del libro Dios es redondo, el mexicano Juan Villoro vuelve con una reedición de Balón dividido, que dialoga con su libro anterior y a la vez con el hábil ejercicio narrativo de Galder Reguera: el futbol es una forma de volver a la infancia, aun cuando uno ya sea el padre jugando con el hijo en el que inevitablemente se refleja el hijo que ese padre fue.

El conjunto de ensayos de Balón dividido tiene el peculiar tono desenfadado y la inteligencia irónica veloz propia de Villoro. Aunque estén actualizados en tiempos del mundial anterior, vale la pena volver a ellos, detenerse en cómo el futbol mexicano puede ser leído como una filosofía de la derrota, en algunas entrevistas con futbolistas o entrenadores, en la manera en que la erudición literaria y la cultura popular pueden ponerse al servicio de lo que ocurre en la cancha. O mejor dicho, lo que ocurre cuando nuestros pensamientos se trasladan a la cancha imaginaria, escrita y por tanto obligatoriamente mejorada.

• Juan Villoro, Balón dividido, México, Planeta/Booket, 2018, 264 p. (1ª ed. en Planeta, 2014).


Novela en clave futbolera

En un registro mucho más experimental aparece Poeta que no entiende de futbol, la pretendida primera novela latinoamericana sobre futbol escrita por una mujer. Todo sucede en la cancha y en relación a algún partido. Aparecen tres personajes principales: un jugador llamado “El Chilaquil” Bolaños que ha sufrido una lesión de rodilla y desconfía de su rendimiento; Bulmaro Sotres, un aferrado apostador de quinielas; y Arnulfo Córdova, el intelectual, joven antropólogo para quien el futbol es objeto y tiempo detenido de estudio, nunca pasión de hincha, ni festejo ni gloria.

Las tres historias, que habrán de entrecruzarse, se entregan aquí en un estilo literario accidentado, de frases cortas y nominales, veloces y frenéticas, acaso para imitar el nerviosismo pre-partido o el juego de pases, tiros y rebotes. Al gusto de cada quien. Una cosa es segura: hay que reconocer la apuesta lúdica de Adriana Bernal, galardonada con el Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo en 2003, que ahora se adentra en el campo de la novela breve. También es osada la apuesta de la editorial et.al, pionera en México al especializarse en libro electrónico y en la revelación de voces nuevas.

• Adriana Bernal, Poeta que no entiende futbol, México, ediciones et.al, e-book, 2018.

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El presidente francés Emmanuel Macron anunció a finales del año pasado que les devolvería a distintos países africanos el patrimonio que les pertenece y que Francia alberga desde hace siglos en sus museos. Hace unos días, Benín les tomó la palabra con respecto a una serie de estatuillas que están en el Musée du Quai-Branly en París. Es cierto que las colecciones de arte africano, prehispánico y de la antigüedad que están en los museos más importantes del mundo no se construyeron pidiendo permiso y que la historia de los saqueos y abusos merece ser contada y reflexionada. Esta lista de libros evalúa el fenómeno del patrimonio de la humanidad y su sospechosa ubicación actual desde distintas aristas.

El Partenón en Londres

Una de las obras “descolocadas” más famosas del mundo es la Cariátide que se encuentra en una sala del British Museum en Londres desde 1801, no sin malestar y enojo por parte de Grecia. La imponente estatua que detenía el arquitrabe en la cara sur del Partenón fue separada de las otras cinco del grupo cuando Lord Elgin la embarcó entre múltiples joyas provenientes del templo a principios del siglo XIX, con las que llenó decenas de cajas. Además de la estatua de más de dos metros, la colección de quien fuera el embajador de Inglaterra en el Imperio otomano llegó a la costa inglesa con una buena parte del friso original de la fachada del templo, entre otras piezas.

En su libro, Los mármoles del Partenón, el conservador de arte antiguo B.F. Cook relata la historia de la colección de Elgin —representativa mas no la única con piezas del edificio ateniense en el British Museum. El trabajador de este recinto cuenta  sucintamente el devenir de las piezas de Elgin, desde su inclusión en el Partenón en el 438 a.C., deteniéndose en los detalles sobre la función que cada una tenía en el rito griego, hasta que fueron a parar en las discusiones del parlamento británico que finalmente decidió expropiarlas en 1816 a un precio considerablemente modesto. A pesar de que el autor detalla los pormenores de la adquisición de Elgin, sin ocultar que se trató poco menos que de un robo, la historia que cuenta Cook no escapa del paternalismo que en su momento le sugirió al diplomático que las piezas estarían mejor cuidadas en Europa. Frente a esta idea generalizada, el equipo de conservación del museo de la Acrópolis se ha dedicado los últimos siete años a probar que puede cuidar de las piezas restaurando incansablemente las Cariátides que aún mantiene.

B.F. Cook, Los mármoles del Partenón, Madrid, Akal, 2000.


La historia no oficial

En el afán de desenmascarar la historia detrás de esas salas repletas de esculturas, sarcófagos, figuras rituales y hasta templos, Sharon Waxman rastreó las anécdotas de robos, sobornos, mentiras y una que otra buena intención que acompañan al British Museum, pero también al Museo Metroplitano de Nueva York, al Louvre y al Getty en Los Ángeles. Revisa las adquisiciones más polémicas de estos gigantes culturales e indaga desde el periodismo cómo es que semejantes traslados fueron posibles. Con esta perspectiva recuerda la polémica del llamado “tesoro lidio” que el Met adquirió a finales de la década de los sesenta y no devolvió sino hasta 1993, o la colección egipcia del British Museum que alberga injustamente a la piedra Rosetta.

La obra de Waxman se sitúa en el contexto de las legislaciones de la UNESCO que a partir de 1970 prohibieron la exportación del patrimonio cultural. Por eso, la autora también se preocupa por considerar los argumentos que tienen los museos occidentales para no devolver las obras, sin importar las sospechosas condiciones de su obtención. Las respuestas que van desde las condiciones para la conservación, hasta la concepción que tienen de sí mismos de ser espacios “universales” hace de la investigación de Waxman un texto que es al mismo tiempo divertido y preocupante.

Sharon Waxman, Saqueo. El arte de robar arte, Madrid, Turner, 2011.


El favorito Egipto

A pesar de lo escandalosos que nos resulten los saqueos a manos de los imperios del siglo XVIII y XIX, Napoleón y sus secuaces no inventaron nada: saqueos ha habido siempre y sus resultados a veces fueron determinantes para la historia.  La obra clásica de Brian M. Fagan El saqueo del Nilo: ladrones de tumbas, turistas y arqueólogos relata el halo de misterio que cubría a  Egipto desde que Herodoto escribió la primera narración histórica del mundo. La fascinación que esa antigua civilización suscitó desde entonces estuvo acompañada del afán de poseer aunque fuera una muestra minúscula de sus tesoros.

A partir de distintas fuentes, este arqueólogo nos habla de los buscadores de tesoros islámicos, del mercado de momias, de las expediciones napoleónicas, del primer hombre en entrar a la pirámide de Quefén en Guiza: un ladrón que indirectamente fomentó las bases de la egiptología actual, así como del feliz desenlace logrado por quienes llegaron a copiar los jeroglíficos en los templos para tratar de descifrar algo de ese mundo que les fascinaba. Lleno de situaciones improbables, el libro traza el camino que acabó con el descubrimiento de la tumba de Tutankamón y, de algún modo, con la desidealización de un misterio envolvente.

Brian Fagan, El saqueo del Nilo: ladrones de tumbas, turistas y arqueólogos, Barcelona, Crítica, 2007.


¿Y los países colonizados?

La ola de interés por la antigüedad y los pasados de otras culturas que vemos en los siglos XVIII y XIX en Europa no pasó desapercibida en lugares como México. Como es el caso de otras naciones que suelen ser las víctimas de estas historias, México también participó  de los intereses y necesidades culturales instauradas por el estado-nación. Las formas que tomó esto en el caso mexicano son revisadas por Miruna Achim en su libro recién publicado: From Idols to Antiquity. Forging the National Museum of México.

Como indica el título, la autora se centra en el Museo Nacional creado en 1825, cuando México cumplía apenas unos años de ser una nación independiente y estaba buscando resolver su crisis identitaria. Para ello, la interpretación y narración del pasado precolombino y su lugar en la historia del mundo eran fundamentales. Con la perspectiva de una historia de la ciencia más que del arte, Achim hace el retrato epistemológico del recinto: su manera de conjugar historia, arte, ciencia y otras curiosidades en un discurso unificador y explicativo de la nación. Ciertamente, éste fue un proyecto que necesito de personajes específicos y el libro los recuerda también con detalle. Como la autora misma lo ha explicado, esta investigación cubre un vacío historiográfico importante que seguramente motivará nuevas preguntas.

Miruna Achim, From idols to antiquity. The forging of the National Museum of Mexico, Nebraska, Nebraska University Press, 2017.


Políticas de estado

Finalmente y para regresar al caso de Francia, el libro de Sally Price Paris Primitive. Jcques Chirac’s Museum on the Quai Branly es una revisión del polémico museo concebido por el presidente Jacques Chirac e inaugurado apenas en 2006 junto al Sena. Aunque la acumulación y exhibición de piezas de otras partes del mundo tienen una larga historia en Francia, el expresidente francés siempre había mostrado un interés particular en las expresiones artísticas y culturales de otras civilizaciones. Por eso, la pregunta que motiva la investigación de Price busca conjuntar ambos temas: ¿qué nos dice el pensamiento y el proyecto de Chirac sobre los museos a principios del siglo XXI en general y, sobre todo, de los museos occidentales que exponen obra de culturas ajenas?

La pregunta se resuelve desde varios ángulos. El libro de la autora de Arte primitivo en tierra civilizada (Siglo XXI, 1993) es al mismo tiempo biografía, historia intelectual y una disquisición sobre el lugar que tienen estos ejercicios etnográficos en una Francia cada vez más plural. Uno de los ejes articuladores del libro —y más interesantes al momento de pensar en cómo se forman estas instituciones— es la descripción de la amistad entre Chirac y el antropólogo Jacques Kerchache quien logró, según Sally, “que el amor [del presidente] por las culturas se canalizara políticamente”. Además revisa las políticas culturales de Francia en las últimas décadas  e incluye entrevistas y correspondencia para empezar a discernir qué es lo que a esta sociedad le ha atraído tanto de aquello que no dudó en llamar “arte primitivo”.

Sally Price, Paris Primitive. Jcques Chirac’s Museum on the Quai Branly, Chicago, The University of Chicago Press, 2007.

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Una de nuestras poetas más exuberantes y controversiales nació un día como hoy de 1918. La joven que inició precozmente entre el revuelo y el asombro de su primer poemario, Yo soy mi casa (1946), se convertiría en discípula de Alfonso Reyes y se abriría un espacio primordial como mujer en la literatura del país, entonces dominada por el influjo de los Contemporáneos. Justamente a ella la bautizaría Salvador Novo como “La undécima musa”. Su personalidad y su talante lírico dejarían una huella indeleble, aunque hoy poco recordada, a su paso por las letras mexicanas. En palabras de Juan José Arreola: “era un ciclón, un meteoro, una fuerza de la naturaleza. Llegaba Pita y era como si empezara un aguacero resplandeciente con rayos y centellas y todo”. Para completar este retrato en su centenario, ofrecemos una galería de fotografías y pinturas que también evocan la fascinación que causó Pita entre nuestros más grandes exponentes en las artes plásticas. Todo el material pertenece al archivo personal de su primer biógrafo, Michael K. Schuessler, autor de Pita Amor. La undécima musa (Aguilar, 2018, versión extendida y revisada), quien quedó prendido de su obra y la conoció y siguió en vida durante casi una década de extravagancias y experiencias que bien podríamos calificar de barrocas.


Obra pictórica en torno a Guadalupe “Pita” Amor

Portadas de sus obras

Fotografía

 

 

 

 

 

 

 

 


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Un magnífico relato de la neuropsicología, la reflexión sobre los escrupulosos mecanismos de la memoria, 21 charlas con escritoras y escritores, una novela sobre la actualidad de Estados Unidos y el resultado de una cátedra en la Universidad de Berna conforman esta mesa de novedades.

Ciencia
Los intrincados mecanismos de la memoria

Alexander R. Luria, fundador de la neuropsicología, escribió un seductor relato sobre esfuerzo de un hombre por recuperar sus facultades psíquicas. En 1943, a sus 23 años, el soldado ruso Zasetski recibió un disparo en la cabeza en la batalla de Smolensk. Tras la lesión cerebral recordaba su infancia, pero no su pasado reciente; la mitad de su campo de visión había desaparecido; no podía hablar, leer ni escribir. Solo era capaz de anotar, con inmensa dificultad, recuerdos y pensamientos azarosos. Tenaz, el soldado llenó 3 mil páginas a lo largo de 20 años. Luria entremezcló las notas autobiográficas de Zasetski con sus propios comentarios sobre la estructura y las funciones del cerebro. “Cuando uno lee a Luria inmediatamente le vienen a la mente las magníficas historias de los casos de Freud”, escribió Oliver Sacks en el prólogo.

Alexander R. Luria, El hombre con su mundo destrozado. Historia de una lesión cerebral, prólogo de Oliver Sacks, traducción de Joaquín Fernández-Valdés Roig-Gironella, Ciudad de México, Paidós, 2018, 196 pp.


Ensayo
La influencia de la literatura en la vida

La vida de las imágenes es una antología personal de 41 ensayos en la que Charles Simic va de la crítica literaria a la filosofía, de la fotografía y el cine a su infancia en un país devastado por la guerra. Confirma la influencia de la literatura en su vida y recapitula el regreso a un país natal que ya no existe. El libro resulta una ventana que permite asomarnos a la mente del escritor. La vida de las imágenes contiene una selección de la prosa autobiográfica de Simic y sus textos críticos. El conjunto resume 25 años de escritura. El título proviene del ensayo homónimo en el que Simic reflexiona sobre los escrupulosos mecanismos de la memoria a partir de las fotografías de Nueva York que capturó Berenice Abbot.

Charles Simic, La vida de las imágenes. Prosa selecta, traducción de Luis Ingelmo, Madrid, Vaso Roto, 2018, 411 pp.


Entrevista
21 escritores y sus fantasmas personales

Mariana H conversó con 21 escritoras y escritores —que crecieron en los 80 y los 90— sobre la creación literaria, los cenáculos, el mundo editorial, las listas, los premios, el amor, el placer, los fantasmas personales, la dificultad del quehacer artístico. Abordó con ellos el consumo de ansiolíticos y estimulantes, cuestionó sobre el proceso de publicar en México, habló de la importancia de los lectores. Los entrevistados son Jazmina Barrera, Luis Jorge Boone, Hernán Bravo Varela, Jorge Comensal, Guillermo Espinosa Estrada, Verónica Gerber Bicecci, Laia Jufresa, Rodrigo Márquez Tizano, Fernanda Melchor, Jaime Mesa, Emiliano Monge, Luis Muñoz Oliveira, Antonio Ortuño, Diego Enrique Osorno, Pergentino José, Eduardo Rabasa, Antonio Ramos Revillas, Daniel Saldaña París, César Tejeda, Sara Uribe y Carlos Velázquez.

Mariana H, Neurosis, sustancias y literatura. 21 conversaciones con escritoras y escritores más o menos jóvenes, Ciudad de México, Reservoir Books, 2018, 280 pp.


Novela
Un villano pedestre e insaciable

“¿Qué es una buena vida? ¿Y cuál es su contrario? Son preguntas a las que cada persona da una respuesta distinta”, se pregunta y responde el narrador de La decadencia de Nerón Golden, la más reciente novela de Salman Rushdie. En ella narra la caída de los Golden. Éstas son las causas de su derrumbe: una disputa entre hermanos, una metamorfosis inesperada, la llegada a la vida del viejo de una hermosa y decidida joven, y más de un asesinato. Muy lejos se desarrolla una labor de espionaje. De esta manera Rushdie desarrolla una trama enmarcada en el contexto social, cultural y político reinante en Estados Unidos. En La decadencia de Nerón Golden surge un villano inculto e insaciable, absolutamente narcisista, un manipulador experto de cabello oxigenado: Donald Trump.

Salman Rushdie, La decadencia de Nerón Golden, traducción de Javier Calvo, Barcelona, Seix Barral, 2017, 528 pp.


Ensayo
Escribir porque no queda más remedio

En marzo de 2016 Juan Gabriel Vásquez fue invitado a ocupar una cátedra en la Universidad de Berna para conversar, durante 14 semanas, del arte de la novela. A sus alumnos les habló de La señora Dalloway, de Don Quijote, de En busca del tiempo perdido, de sus maestros latinoamericanos, de Madame Bovary, de Hamlet, entre múltiples obras maestras. Y convirtió la cátedra en la colección de ensayos Viajes con un mapa en blanco. Berna era para Vásquez la ciudad del gran novelista Robert Walser: la había recorrido por completo y había escrito en ella una parte de su obra. Fascinado por el vínculo entre el autor de Los hermanos Tanner y la ciudad, el escritor colombiano arroja una tesis walseriana contundente: la obra del genio suizo es una puesta en escena de las preguntas que nos planteamos los lectores de novelas y quienes las escriben: ¿para qué hacemos lo que hacemos? ¿De qué sirve esta compulsión, la de sumergirnos en los destinos de seres hechos de palabras, la de entregarnos de manera voluntaria, durante horas y horas, a estos artificios?, se cuestiona el ganador del Premio Alfaguara de Novela. Dice que los microgramas de Walser son una respuesta indirecta: escribimos porque no nos queda más remedio.

Juan Gabriel Vásquez, Viajes con un mapa en blanco, Ciudad de México, Alfaguara, 2018, 216 pp.

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La muerte del gran escritor estadunidense Philip Roth nos obliga a revisitar una buena cantidad de materiales audiovisuales en torno a su vida y su obra. Incluyendo adaptaciones —no siempre bien logradas— de sus novelas al cine, documentales y entrevistas reveladoras, la siguiente lista es un mínimo repaso para acercarse, fuera de sus libros, a uno de los mejores escritores del siglo XX.


Dos horas con Philip Roth

Philip Roth Unleashed (Sarah Aspinall, 2014)

La BBC británica es uno de los mejores ejemplos de que la inversión pública en cultura puede dar frutos sustanciosos. Este documental de la serie “Imagine”, dividido en dos partes y transmitido en 2014, lo confirma, aunque su título sea un poco tramposo: unleashed (“desatado”) como si Philip Roth fuera alguien a quien se debe dar “rienda suelta” para dejarlo hablar con absoluta comodidad. Pero aquí el asunto se debe a más a la disponibilidad del afamado escritor, quien antes no hubiera dedicado tanto tiempo a una larga entrevista, por estar sumido en sus ocupaciones creativas. Por eso el documental es un retrato fidedigno, conversado y bien punteado por el autor, apoyado en materiales de archivo y con la participación, entre otros, de Edna O’Brien y de Salman Rushdie. A ratos el protagonismo de su entrevistador, Alan Yentob, es excesiva. Divierte de cualquier manera ver la habilidad de Roth para contestar o voltear las preguntas sin perder la sinceridad. Para Roth, la libertad verbal y la honestidad expresiva de su escritura recuperan su infancia en Newark. A partir de ahí, la experiencia vivida se convierte en la forma más provocadoramente bella y descarnada del arte.


El documental más valioso: Philip Roth a sus sesenta años

Philip Roth (Arena) (1993)

Tal vez antes de ver el documental anterior, los lectores de Roth deberían interesarse en este episodio de la serie “Arena”, filmado con motivo de sus sesenta años y de la publicación de Operation Shylock. Es un encuentro mucho más sucinto con el autor y una abierta discusión sobre sus aspectos más controversiales, como las acusaciones de antisemita que recibió por parte de la comunidad judía estadunidense. Además de las declaraciones de Roth, aparecen académicos, críticos, las opiniones negativas de Gershom Sholem y la defensa de Saul Bellow, amigos y familiares del escritor, entre otros. Dentro de las series de la BBC y entre las muchas entrevistas con Roth, el diálogo del 2003 con David Remnick, editor desde hace años de The New Yorker, también es muy recomendable.


Cinco adaptaciones

Son muchas las adaptaciones de obras de Philip Roth al cine. Muy pocas se le acercan a la calidad de sus novelas, a pesar de sus esfuerzos actorales y del reto que representan para directores y guionistas. Las siguientes son algunas de las más recientes.


La mancha humana

(The Human Stain, dir: Robert Benton, 2003)

Anthony Hopkins, Nicole Kidman y Ed Harris protagonizan este thriller, adaptado de la novella homónima de Roth, publicada en el 2000. El pasado del profesor Coleman Silk (Hopkins) y su verdadera identidad racial afloran poco a poco luego de conocer al escritor Nathan Zuckerman (Gary Sinise) y a una mujer que ama, Faunia Farley (Kidman), que también tiene un pasado opaco. La película no sube de 6,3 sobre 10 en Imdb y 57 puntos en el promedio de Metacritic (entre reseñas positivas y negativas).


La elegida

(Elegy, dir: Isabel Coixet, 2008)

Basada en la novela corta The Dying Animal (El animal moribundo) de 2001, esta película también pertenece a lo que algunos han llamado la “ficción académica”. David Kepesh (Ben Kingsley) es un carismático profesor de Literatura en Columbia, paradigma del hombre liberado y bien asentado en su masculinidad. La trama está basada en la historia de su seducción a una estudiante irresistible de 24 años, Consuela (Penélope Cruz). Rating: 66 en Metacritic y 6,8 en Imdb.


The Last Act

(dir: Barry Levinson, 2014)

Esta comedia pone literalmente en escena a Simon Axler (Al Pacino), un actor de teatro veterano de Broadway, entrado en su séptima década, al que rapta un día la quijotesca locura: esa dificultad para pisar los límites del escenario y distinguir con claridad entre la realidad y la ficción. Se trata de una adaptación de la novela The Humbling (La humillación) de 2009. Tiene un rating bajísimo a pesar de la envolvente figura de Al Pacino: 59 en Metacritic y 5,6 en Imdb.


El fin del sueño americano

(American pastoral, dir: Ewan McGregor, 2016)

Ewan McGregor, Jennyfer Connoly y Dakota Fanning integran un elenco prometedor para esta adaptación de una de las novelas más exitosas y conocidas de Roth, merecedora del Pulitzer en 1997: Pastoral americana. El debut de McGregor como director es en este rubro un estrepitoso fracaso. Tiene el rating más bajo entre todos los intentos de adaptación que hemos recabado: 43 en Metacritic, 6,1 en Imdb y 4,8/10 en Rotten tomatoes.


Indignación

(Indignation, dir: James Schamus, 2016)

Para muchos, esta es de las pocas adaptaciones de Philip Roth más o menos bien logradas (adaptación de una novela homónima publicada en 2009). Logra transmitir ese vértigo polémico de la identidad judía estadunidense, la imbatible ironía ante la realidad y las relaciones sexuales, la impudicia a toda máquina, la neurosis sin fracturas de sus protagonistas, tan características de Roth. Ambientada en 1951, un adolescente judío de Newark, Marcus Messner (Logan Lerman), alter-ego de Roth, es recompensado por sus aptitudes literarias con una beca para estudiar en la escuela cristina de Winsburg College. En ese momento, descubrirá el mundo, la sexualidad y los conflictivos confines de sus orígenes identitarios. Con un reparto menos conocido y brilloso, tiene el rating más alto de toda esta lista:78 en Metacritic y 6,8 en Imdb.

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Estamos en pleno mes de conmemoraciones del famoso mayo francés. Por todo el orbe, este año han aparecido y seguirán apareciendo nuevos libros que revisan no solo las huelgas generales de Francia sino las distintas manifestaciones en Europa y América y el rastro que dejó, entre nosotros, el 68. La siguiente lista propone atender toda esa década casi mítica y consignar publicaciones recientes y antiguas para darle al lector algunas pistas para entrar en ese periodo de la historia contemporánea.

Desmitificar la cultura de toda una década

Es fácil centralizar todos los sucesos y reducir las convulsiones de una época a una fecha más memorable: eso sucede con 1968, considerado un año axial que opaca todo a su alrededor. Por eso, el trabajo del historiador social Arthur Marwick (1936-2006) abre la perspectiva y ofrece no solo una vista panorámica en el tiempo sino en la geografía occidental. Su libro The Sixties es una ambiciosa revisión de los principales cambios culturales que nacieron en esa década tan problemática como única.

La ambición de Marwick es grande: establecer un análisis comparatista en el que enmarca a Gran Bretaña, Francia, Italia y Estados Unidos por haber sido el epicentro de una presunta “revolución cultural”. Para empezar, el enfoque historiográfico, que retoma las formas de periodizar de Hobsbawm, considera un periodo largo de 1958 a 1974 que encuadra épocas cortas de conmociones, revuelos y transformaciones. Luego, el historiador define la cultura en un sentido amplio: “la red o la totalidad de actitudes, valores y prácticas de un grupo humano en particular”. Por supuesto, emerge la cuestión de la “contra-cultura”, a su vez definida como “la variedad de actividades y valores que contrastan o critican los valores y modos convencionales de la sociedad establecida”. En este sentido, el historiador busca analizar esa imagen tan acuciante de que los años sesenta significan una suerte de micro-renacimiento cultural velozmente esparcido por el mundo (al menos en el hemisferio occidental): una revolución sexual, la retirada progresiva de la censura literaria, el fenómeno de los Beatlesy del rock, los cambios en la moda y en las formas de representarse en sociedad, el rechazo al racismo sistémico, la importancia capital de la adolescencia y la juventud como categorías para entender el mundo y posicionarse en él, etcétera. Con todo el peso de sus 800 páginas y aunque abarque demasiados países, el libro de Marwick logra mantener el interés lector: seguimos su pista por deconstruir y desmitificar una revolución cultural a la que absorbió sin problemas el mercado.

• Arthur Marwick, The Sixties: Cultural Revolution in Britain, France, Italy, and the United States c. 1958-1978, Oxford University Press, 1998, 903 p.


“Nos vamos a vivir a un mundo nuevo”

Entre las publicaciones recientes sobre el 68 ha figurado el estudio de Ramón González Ferriz, 1968. El nacimiento de un mundo nuevo. Es un intento por comprender la naturaleza de las protestas juveniles que fueron repitiéndose y expandiéndose a varios países del mundo como un reguero de pólvora. Aunque se trate de un trabajo más generalista, explora —con una pluma fluida y muy informada— por ejemplo el carácter minoritario, elitista y clasemediero de las revueltas, “aunque extraordinariamente ruidoso”.

En el mundo de posguerra todavía se mantenía una percepción de autoritarismo y costumbres rígidas no muy alejada de la realidad. Esa decepción, la sensación de que los jóvenes vivían en una sociedad cuyas libertades eran falsas y sobre las que pesaba aún el fantasma de los fascismos europeos, el racismo colonial y la arbitrariedad de la guerra (detener Vietnam siempre fue una consigna clara en muchos movimientos) los condujo a imaginar nuevas posibilidades. Sin dejar de señalar las especificidades de los levantamientos y sus contextos en cada país —Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Japón, Checoslovaquia, Polonia, España o México— uno de los rasgos en común que guían esta obra es “el cuestionamiento, radical y a veces juguetón, de los regímenes establecidos. […] la certidumbre de que el statu quo era un gran error, una espantosa injusticia”. Toda esta orquesta aparentemente organizada de movimientos contestatarios creció en el asombro del azar, “de la absoluta improvisación”. Para quien entre por primera vez en las aguas del 68, aquí tiene una excelente reconstrucción cronológica de los sucesos, sin medias tintas ni barnices ideológicos y mitificados.

• Ramón González Ferriz, 1968. El nacimiento de un mundo nuevo, Madrid, Debate, 2018, 272 p.


Nuevos testimonios

En la línea de varios libros de historia oral sobre el 68 —como Mayo del 68. La palabra anónima de Nicolas Daum—, el editor y traductor estadunidense Mitchell Abidor publicó en abril pasado una serie de entrevistas con los grandes participantes del mayo francés: estudiantes, obreros de París y de provincia, activistas, cineastas líderes estudiantiles y sindicales. Aunque a su parecer el 68 falló en muchos sentidos, significó un parteaguas al que hay que volver y volver, para recordar cómo “la imaginación estuvo a punto de hacerse del poder”. Las entrevistas, según el autor, mantienen hoy su frescura, su aura de esperanzas y conmociones alimentadas durante los meses de mayo y junio.

El relato de Alain Krivine, líder del partido Trotskysta JCR (Jeunesse Communiste Révolutionnaire), es una de tantas perlas que reunió Abidor: “Vi gente hablándose en la calle, gente que uno cruza diario y nunca saluda, y entonces todo el mundo hablando con todo mundo. También en el metro todo el mundo platicaba. Era fantástico. Nunca manejabas solo, recogías gente y la llevabas, era absurdo estar solo. La gente estaba irreconocible. Nunca había visto algo así y nunca volví a verlo”. Que la gente haya descubierto su propia voz en las calles, durante esos meses agitados, y que la vida nunca haya vuelto a ser la misma nos lleva a un túnel de profundas nostalgias. En su fondo asoma esa “gran comunidad lírica”, en palabras de Jean-Michel Rabaté, otro entrevistado. Sin duda, ese dejo nostálgico es el pecado de un simpatizante marxista como Abidor. También es la virtud de sus entrevistas, altamente empáticas y con una calidad afectiva de las que tantos intelectuales carecen por completo. Para Abidor, la gran pregunta que dejó Mayo del 68 en el aire es la de la posibilidad de una revolución en Occidente.

• Mitchell Abidor, May Made Me. An Oral History of the 1968 Uprising in France, London, Pluto Press, 2018, e-book. (Hay versión impresa en AK Press, 253 p.)


El medio siglo del descontento

Otra obra reciente que busca aglutinar la herencia del 68 y ponerla en perspectiva con el presente es Revoluciones del historiador Joaquín Estefanía. En su trazo histórico, desde el mayo francés hasta la actualidad, Estefanía establece una dialéctica de “confrontación sistemática”, de avances y retrocesos sociales —o revoluciones y contrarrevoluciones, siguiendo la tercera ley de Newton. Aunque esta lógica mecanicista (resumida como “a cada acción siempre se opone una reacción igual”), aplicada a la historia social pueda ser cuestionable, parece una balanza justa para sopesar la herencia positiva del 68: el Estado de bienestar, una de las mayores conquistas del último medio siglo, aunque constantemente fragilizada y atacada por políticos reformistas conservadores, desde Thatcher, Reagan y los neoconservadores, hasta Donald Trump.

Por otro lado, es cierto que aplicar el término de “revolución” a las protestas del mayo francés, Praga o Tlatelolco es de por sí polémico; ya no se diga si empleamos, como hace Estefanía, la misma etiqueta para calificar el movimiento antiglobalización de 1999, el de los indignados en 2011 o el de Occupy Wall Street. Sin embargo, Estefanía opta por una definición menos estricta: no la toma del poder político por medio de acciones violentas que tumban el orden establecido, sino “una acepción más genérica […] que contempla a las revoluciones como explosiones colectivas de protesta con aspectos trágicos pero también festivos”. El simple hecho de partir de una definición más cultural y menos rígida de la revolución le da un valor inicial de interés mayor a esta travesía por los últimos cincuenta años de capitalismo y sus corrientes ideológicas favorables o adversas (trotskismo, espartaquismo, maoísmo, guevarismo, comunismo…).

 • Joaquín Estefanía, Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018), Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, 336 p.


La búsqueda polisémica

En una línea similar a la de Joaquín Estefanía, el editor y periodista alemán Gero von Randow publica un libro homónimo para establecer ciertos puntos de reflexión a cincuenta años del 68 y pasado el centenario de la revolución de 1917. Lo que destaca de este libro es su análisis panorámico de las grandes protestas a la luz de la historia: la Revolución francesa, la Revolución de octubre, el 68 y las primaveras árabes, que el mismo von Randow cubrió como corresponsal del diario Die Zeit.

Como antiguo militante de la izquierda alemana y marxista, el autor maneja con claro conocimiento epistemológico el concepto de “revolución”. Non sin cierta distancia irónica, liberada de cualquier fetichismo, se acerca al término para descubrir todas las implicaciones morales y condenatorias que se le han adjudicado a lo largo del tiempo: por ejemplo, ¿cómo es que siempre los revolucionarios justifican la violencia con criterios políticos? O bien ¿por qué se excluye con más facilidad de la categoría de “violencia” todo el terror psicológico, la “violencia sistémica”, las condiciones humillantes o indignas de trabajo y existencia? Con una mirada nada autocomplaciente sobre sus propios actos cínicamente subversivos en los sesenta, von Randow critica la inconsciencia de cierta capacidad de indignación, la cual “es un movimiento noble, pero también puede embrutecer” (como explica en este adelanto de El País). Para descubrir más del gran interés que tiene esta nueva aportación a la historia moderna y contemporánea, esta entrevista con el autor aclara, en parte, su manera de problematizar la revolución, el pacifismo y la violencia.

• Gero von Randow, Revoluciones. Cuando el pueblo se levanta, Madrid, Turner, 2018, 280 p.

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Esta semana murió Tom Wolfe, uno de los padres fundadores del nuevo periodismo, esa forma de escritura que renovó la manera de contar historias en el siglo XX. Miembros de esa estirpe son otras figuras totémicas como Gay Talese, Truman Capote y Norman Mailer, auténticos monstruos de su oficio. Muchas de las historias contadas por estos hombres han sido llevadas a la pantalla con desigual fortuna. Aquí, cinco de ellas, que dan muestra de la dificultad de adaptar grandes piezas literarias y periodísticas.

La obra maestra

A sangre fría (dir: Richard Brooks, 1969)

Quizá la mejor adaptación de una obra del nuevo periodismo, y vaya cuál. La pieza maestra de Truman Capote transformó para siempre la forma de entender y de escribir literatura. La novela de no ficción toma elementos literarios para contar una historia real, y lo hace, en manos de alguien como Capote, de manera estremecedora. El libro de Capote recrea el brutal asesinato de una familia en Kansas a manos de dos ex convictos en libertad provisional. Cuando Capote se enteró de la noticia en Nueva York, decidió viajar hasta el lugar de los hechos. La historia lo capturó de tal forma que se convirtió en una obsesión hoy más que conocida.

A sangre fría es, sin duda alguna, una de las obras más poderosas de la literatura del siglo XX. Su adaptación a la pantalla vino tan solo un par de años años después, de la mano de Richard Brooks, adepto a llevar a la pantalla obras literarias de cierta envergadura —Los hermanos Karamazov, Lord Jim y La gata sobre el tejado caliente, por si alguien se pregunta. Ejecutada con formato de docudrama, la película recrea el crimen en la misma casa donde ocurrieron los asesinatos y algunos de los miembros del jurado que aparece son los mismos que dictaron sentencia en la vida real.


Y Wolfe salió quemado

La hoguera de las vanidades (dir: Brian de Palma, 1990)

A decir verdad, esta cinta es un completo fiasco. Para empezar, el casting fue un desastre mayúsculo. Pensemos solo esto: Brian de Palma quería a Jack Nicholson pero los estudios le impusieron nada menos que a Bruce Willis, que estaba muy de moda por la icónica Duro de matar. También quería a Uma Thurman, pero a Tom Hanks, el protagonista, le parecía mejor Melanie Griffith, así que el sazonado director tuvo que jugar su mano con las cartas marcadas.

Basada en el best seller escrito por el recién fallecido padre del nuevo periodismo, Tom Wolfe, la historia versa sobre un tiburón de Wall Street (Hanks) y una trepadora (Griffith) que en una mala noche atropellan a un muchacho negro. Ambos intentan ocultar el hecho, pero un alicaído reportero (Willis) se interesa en la historia y trata de hacer un home run. Una ácida y aguda crítica a la hipocresía estadunidense y sus irresolubles problemas raciales que fracasó en taquilla y ante la crítica en buena medida por los demasiados cambios que sufrió la historia original y el tono francamente caricaturesco que alcanza la cinta en más de una escena. Quizá Wolfe no quedó contento, pero los 750,000 dólares que cobró por los derechos no debieron de sentarle tan mal. En fin, uno de esos casos típicos en los que el libro supera ampliamente a la película.


Un viaje como pocos

Miedo y asco en Las Vegas (dir: Terry Gilliam, 1998)

Otro fracaso en taquilla… que después alcanzó ese controvertido estatus de película de culto. El coctel de entrada es atractivo, bizarro, extravagante, casi sicodélico como la trama misma. Lo primero que hay que decir es que la cinta está basada en el libro homónimo de Hunter S. Thompson, creador de esa salvaje rama del periodismo llamada “gonzo”, extraño descendiente experimental del nuevo periodismo. Luego viene la mano del director, Terry Gilliam, ese genio de los Monty Python, y por si eso no fuera suficiente, la película está protagonizada por Johnny Depp y Benicio del Toro, que encarnan a un periodista y su abogado. Los dos atraviesan el desierto de Nevada para cubrir una carrera a la que nunca llegarán, pues el convertible en el que viajan contiene un auténtico arsenal lisérgico. El viaje se convierte en una temible aventura interior llena de alucinaciones, y la película posee el ritmo intencional del peor de los pasones: euforia, desenfreno, pasmo, depresión, abismo, paranoia…

La filmación de esta road movie histérica e histórica también tuvo sus contratiempos. El más simpático: en las escenas de casino, los propietarios solo dejaban que el equipo grabara unas cuantas mesas entre dos y seis de la mañana, y obligó a la producción a que los extras apostaran de verdad, algo de motivación no les venía mal.


El ojo que todo lo ve

Voyeur (dir: Myles Kane, Josh Koury, 2017)

A principios de los ochenta, el ya por entonces consagrado periodista Gay Talese separó una de las cientos de cartas que le llegaban contándole las historias más rocambolescas. El hombre que la firmaba había comprado un motel y había adaptado su arquitectura para espiar a sus huéspedes en todo tipo de situaciones. Olfateando una de esas historias que sobreviven a la inmediatez periodística, Talese viajó a Colorado y constató lo que el dueño del motel, Gerald Foos, le había contado.

En los techos del hotel, una plataforma de observación le permitía saciar durante horas sus fetiches. Talese y Foos mantuvieron una intensa correspondencia durante décadas. Como un cura o un siquiatra, Foose le contaba todo al reportero a quien además dio acceso a diarios que reflejaban lo más íntimo de sus pensamientos. Un buen día, Foose decidió que su historia debía ver la luz y autorizó a Talese a escribirla: la primera pieza salió en la prestigiosa The New Yorker y fue un escándalo monumental. Luego vino el libro y las preguntas sobre los límites del periodismo se volvieron materia caliente. Foose fue casi crucificado y un vuelco en la historia por poco le cuesta la reputación a Talese. Todo esto y más es retratado en este documental de Netflix. Hay que verlo.


Duro entre los duros

Norman Mailer: The American (dir. Joseph Mategna, 2010)

Provocador nato, rebelde furioso, crítico despiadado. Norman Mailer es uno de esos fenómenos que los gringos llaman larger tan life. Esta especie de Hemingway en esteroides campeó a sus anchas por el mundo de la literatura, el periodismo e incluso la farándula. Fue un auténtico rockstar, más grande que Sinatra, más loco que Jagger y Richards. Hizo de las suyas en la política, estuvo detrás de cámaras, boxeó con Alí, se casó seis veces, y un largo y no menos exótico etcétera.

Pero sobre todo, Mailer fue un profundo y verdadero americano, un escritor y un periodista que no hizo concesiones y que dibujó en su obra acaso el mayor fresco de la cultura norteamericana del siglo XX (baste mencionar La canción del verdugo y Los ejércitos de la noche, ambas ganadoras del Pulitzer). Su vasta trayectoria y su volcánica personalidad fueron retratados con solvencia en este documental que nos permite ver a Mailer en sus horas más altas, y también en algunos de sus momentos más críticos.

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Las recientes acusaciones en contra del autor de La maravillosa vida breve de Óscar Wao se han sumado a la ya más que larga lista de escándalos que han afectado gravemente el mundo de la cultura.

Todo empezó en Hollywood. Desde finales de 2017, la mecha que encendió el movimiento de denuncias #MeToo ha cruzado los mares ramificándose bajo el suelo de grandes instituciones para sacudir sus cimientos, creando una explosión cuya onda expansiva apenas comenzamos a medir. Nadie imaginaba a qué punto llegarían las denuncias de mujeres replicadas en cualquier esquina del mundo. Desde el colapso de la productora de Harvey Weinstein hasta la cancelación del Premio Nobel de Literatura 2018, las consecuencias de los escándalos sexuales siguen cercenando cabezas influyentes en el mundo cultural. A tan solo 10 días de que la Academia Sueca anunciara que pospondría el Nobel de Literatura por un escándalo sexual interno, una nueva denuncia pone en la cuerda floja al mundo de la literatura. En el siguiente recorrido reunimos textos y reflexiones para entender este nuevo caso, parte del largo proceso de denuncias por acoso y agresión sexual que están cimbrando distintas jerarquías y acaso modificándolas para siempre.

1. Acoso a una alumna

El escritor de origen puertorriqueño, Junot Díaz —ganador del Premio Pulitzer por La maravillosa vida breve de Óscar Wao (2007)— fue acusado públicamente de agresión sexual por Zinzi Clemmons, una periodista y exalumna suya, durante el Festival de Escritores de Sydney (al que ambos acudían) y luego en declaraciones en Twitter. Como detalla este artículo, Clemmons sufrió el acoso siendo alumna de Díaz en la Universidad de Columbia en 2012 y esta acusación llevó al escritor a dimitir de su cargo, el 9 de mayo, como presidente del Premio Pulitzer, que ocupaba apenas desde abril.

2. De víctima a victimario

El alegato de Clemmons y la sospecha de que existan más víctimas no pudieron haber llegado en un momento más delicado para Díaz. En una carta abierta publicada en The New Yorker el pasado 16 de abril, el escritor confesaba haber sido víctima de una violación a los 8 años, luego de haber emigrado con sus padres a un cinturón industrial de Nueva Jersey. En menos de un mes, Díaz ha pasado de ser víctima a victimario. Su confesión de abril ha quedado en entredicho, percibida como una capa protectora ante una posible avalancha de críticas desde el hashtag #MeToo.

3. Las consecuencias del pasado

Ante la mirada de una sociedad cada vez más consciente y manifiestamente harta de los acosos, Díaz podría quedar parcialmente absuelto. Sus traumas podrían significar una cierta explicación de sus actos. Sin embargo, el peso de la ley prescindiría de su pasado. Según esta nota de Diario Libre (un portal dominicano),el intelectual puertorriqueño podría incluso ser despojado de su propio Premio Pulitzer en caso de ser hallado culpable de “conducta sexual inapropiada”. Por lo pronto, el más famoso escritor latinoamericano de los Estados Unidos ha tenido que abandonar, el pasado 5 de mayo, el Festival de Escritores de Sydney. Sus participaciones en conferencias y charlas fueron canceladas. El MIT, donde enseña escritura creativa, abrirá una investigación sobre la conducta del escritor. Su renuncia a la presidencia del Pulitzer, la cancelación de estos eventos y su posible expulsión del MIT no son más que las primeras consecuencias de cómo cambia para siempre nuestra percepción de aquellos artistas cuya genialidad nos abruma, y a los que poco a poco hunde el peso de su pasado.

4. Los libros son inocentes

El repudio en redes contra el escritor no ha dejado de crecer. Varias mujeres han ventilado anécdotas que ponen de manifiesto su misoginia y su conducta agresiva. Sin embargo, también han aparecido dos matices importantísimos en estos casos. El primero: que deberíamos esperar las sentencias de algún tribunal antes de iniciar la cacería de brujas en redes. El segundo, más interesante aún, aportado entre otros por dos periodistas de la revista colombiana Arcadia: dejar de leer a Díaz por estas acusaciones es un error. Juzgar la literatura por el comportamiento de un autor es buscar imponerle una función restrictiva al arte, una corrección política que lo aprisiona y lo acerca al totalitarismo y sus imposiciones estéticas. “Desde el posmodernismo filosófico, es decir desde el siglo pasado, es claro que lo más intrascendente de una obra artística, en términos de significado e interpretación, es la biografía de quien la produce”, afirman los autores del artículo, en reacción a una crítica de la escritora Carmen María Machado, para quien las novelas y cuentos de Junot Díaz son absolutamente despreciables y misóginos y son un claro reflejo de su persona.

5. Himpathy y el fin del silencio

Mientras en el Festival de Cannes, casi un centenar de actrices y directoras —guiadas por Cate Blanchett— hicieron un acto simbólico y leyeron un discurso contra el acoso sexual, del otro lado del mundo, el fiscal general de Nueva York, Eric Schneiderman, ha tenido que dimitir por razones similares a las de Junot Díaz. Como detalla este artículo, la figura de Schneiderman había crecido en los últimos meses por su abierto apoyo al #MeToo y sus acciones legales contra Weinstein. Además, en Nueva York su legislación había criminalizado cualquier intento de estrangulación o incluso de cachetada (slapping) como seña de violencia y grave peligro doméstico. Cuatro mujeres, con las que ha tenido relaciones sentimentales, ahora lo acusan de haber cometido “violencia física no consensuada” en la intimidad, en ningún caso parte de algún “juego sexual”. Sus pruebas son fotografías de heridas o moretones enviadas a amigas. Todo nos indica que el fiscal más importante contra Weinstein es en sí mismo un sádico acosador que ha actuado bajo los efectos de grandes cantidades de alcohol. Está claro que la fuerza de las denuncias del #MeToo pueden poner el mundo de cabeza, y en un santiamén.

El concepto de himpathy afloró durante el Festival de Escritores de Sydney para intentar entender la situación actual. Acuñado por la filósofa Kate Manne y empleado por una afamada periodista feminista del Washington Post, Irin Carmon, se refiere a “esa empatía desproporcionada hacia los hombres”. Suele ocurrir puntualmente en el caso de hombres que admiramos o con los que estamos involucrados en una relación emocional, directa o indirecta, tras haberlos leído, visto en cine y televisión o bien, como en el caso de Schneiderman, tenerlos en alta estima por su activismo feminista. Por su parte, Helen Pitt, una periodista de The Sydney Morning Herald, anotó que el precio del silencio era demasiado alto y ya le había arruinado las carreras de muchas mujeres. “Quiero animar a cualquier mujer de cualquier edad a dejar la himapthy. Las invito a confrontar a estos hombres, a decirles las cosas en la cara, aunque sea de manera privada […]. Háblenlo. Escríbanlo en una carta para ellos”. De Australia a Estados Unidos, hemos llegado a un punto de no retorno y al fin del silencio. Las cabezas seguirán rodando y, a veces, en los lugares y puestos menos esperados.

 

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El 10 de mayo, Día de las Madres en México, activa la economía de los festejos de distintas maneras. En materia cinematográfica, hay una premisa comercial según la cual las madres disfrutan sobremanera las películas más románticas, cursis o dramáticas (mientras los padres —santas convenciones tan cómodas y reductoras— solo buscan películas de acción, suspense o persecuciones). La idea de la siguiente selección es contradecir, con cierta extravagancia, esos prejuicios que abundan en el cine y en las imágenes de nuestras madres, que sean de sangre o no.


Instinto maternal

Un sueño posible (dir: John Lee Hancock, 2009)

Sandra Bullock protagoniza el papel de una madre que adopta a un adolescente negro para rescatarlo de la calle. El gigantesco joven, Micheal Oher, se integra en poco tiempo, y con la ayuda de esta típica familia blanca de los suburbios de Estados Unidos sale adelante para llegar a ser un jugador profesional de futbol americano. Todo este drama es demasiado inverosímil para que alguien se haya atrevido a ponerlo en un guion original, pero para nuestra sorpresa está basado en una historia real y en una biografía. El papel de Bullock es posiblemente la prueba de que al dicho “madre solo hay una” lo ponen en duda el coraje y la generosidad de la adopción.


Un famoso viaje familiar

Pequeña Miss Sunshine (dir: Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)

En la industria de Hollywood, esta película ya se reconoce como un clásico instantáneo. Se trata de una odisea familiar en una pequeña combi amarilla para llevar a la hija más chica a participar en un concurso de belleza.

Los personajes de esta comedia constituyen un abanico de facetas psicológicas (que observamos a carcajadas), desde el abuelo impulsivo, el adolescente melancólico, el papá obsesivo, el tío deprimido, la niña optimista y, finalmente, la mamá sobreprotectora, que solo trata de transformar el caos en algo parecido al orden, y eso sin que nadie salga lastimado. Claro está que todo le falla a fin de cuentas, pero la cinta hace hincapié en el simple hecho de que , frente a la adversidad, una buena dosis de esfuerzo y entusiasmo es suficiente a veces para unir a una familia.


La abogada ecologista

Erin Brockovich (dir: Steven Soderbergh, 2000)

Todos recordamos este drama, también basado en hechos reales, que sacó a relucir a una extraordinaria y renovada Julia Roberts. Erin Brockovich, la mujer que protagoniza, es una madre poco convencional y de armas tomar. En su búsqueda por proveer a sus hijos, consigue un trabajo en un despacho legal. Desde allí inicia una cruzada personal en contra de una compañía de energía que contamina el agua potable de un pueblo.

La victoria real de Brokovich ha sido ampliamente documentada y se convirtió en una historia inspiracional para la lucha ambientalista. En este caso, en el papel de Julia Roberts, también adquirió tintes de inspiración para muchas madres solteras que sacan adelante a sus hijos con un sentido purísimo e inquebrantable de la determinación.


El trono de la Reina Madre

La reina (dir: Stephen Frears, 2006)

Esta es la recreación dramática de uno de los episodios más conocidos de la casa real de Inglaterra. Después de la muerte de la Princesa Diana de Gales, la Reina Madre de toda Inglaterra, Elizabeth II (Helen Mirren) tuvo que lidiar con el circo mediático, los protocolos centenarios de la realeza y con la opinión pública que la criticaba por no salir de inmediato a conmiserarse con su gente después de la tragedia.

La realidad tras las rejas de palacio era realmente compleja: Elizabeth II, que había dedicado toda su vida a mantener el prestigio de la realeza, no quería romper las tradiciones por una mujer que había degradado los símbolos de la monarquía, sin importar cuanta compasión tuviera por ella después de su muerte. Finalmente, la Reina Madre comparte el luto con su pueblo y restaura el equilibrio de una relación muy particular entre la gente y el símbolo maternal que constituye la figura de una reina. La película es una ventana a un mundo en plena descomposición y al que carcome la modernidad, pero que consigue defender sus méritos con historias como ésta.


La mamá más aguerrida

Terminator 2: juicio final (dir: James Cameron, 1991)

Terminator 2 fue y sigue siendo el pináculo del género de ciencia ficción para muchos cinéfilos atraídos por Hollywood. Entre sus virtudes se cuentan: la dirección del genio cinematográfico, James Cameron; la mejor actuación del icónico Arnold Schwarzenegger; los mejores efectos especiales de la época; y la creación del personaje de la mamá más aguerrida de la historia del cine, protagonizada por Linda Hamilton.

No cualquier guion y no cualquier película pueden justificar una escena en la que una madre se arma de valor y dispara una escopeta de bombeo varias veces para destruir a un cyborg que viajó del futuro para matar a su hijo. Así las cosas. Y Terminator 2 lo hace de forma magistral. Es un homenaje —que por supuesto nadie ha querido ver— a las madres que harían lo que fuera necesario para proteger a sus hijos, mezclado con una buena dosis de ciencia ficción.

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