Una de nuestras poetas más exuberantes y controversiales nació un día como hoy de 1918. La joven que inició precozmente entre el revuelo y el asombro de su primer poemario, Yo soy mi casa (1946), se convertiría en discípula de Alfonso Reyes y se abriría un espacio primordial como mujer en la literatura del país, entonces dominada por el influjo de los Contemporáneos. Justamente a ella la bautizaría Salvador Novo como “La undécima musa”. Su personalidad y su talante lírico dejarían una huella indeleble, aunque hoy poco recordada, a su paso por las letras mexicanas. En palabras de Juan José Arreola: “era un ciclón, un meteoro, una fuerza de la naturaleza. Llegaba Pita y era como si empezara un aguacero resplandeciente con rayos y centellas y todo”. Para completar este retrato en su centenario, ofrecemos una galería de fotografías y pinturas que también evocan la fascinación que causó Pita entre nuestros más grandes exponentes en las artes plásticas. Todo el material pertenece al archivo personal de su primer biógrafo, Michael K. Schuessler, autor de Pita Amor. La undécima musa (Aguilar, 2018, versión extendida y revisada), quien quedó prendido de su obra y la conoció y siguió en vida durante casi una década de extravagancias y experiencias que bien podríamos calificar de barrocas.


Obra pictórica en torno a Guadalupe “Pita” Amor

Portadas de sus obras

Fotografía

 

 

 

 

 

 

 

 


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Un magnífico relato de la neuropsicología, la reflexión sobre los escrupulosos mecanismos de la memoria, 21 charlas con escritoras y escritores, una novela sobre la actualidad de Estados Unidos y el resultado de una cátedra en la Universidad de Berna conforman esta mesa de novedades.

Ciencia
Los intrincados mecanismos de la memoria

Alexander R. Luria, fundador de la neuropsicología, escribió un seductor relato sobre esfuerzo de un hombre por recuperar sus facultades psíquicas. En 1943, a sus 23 años, el soldado ruso Zasetski recibió un disparo en la cabeza en la batalla de Smolensk. Tras la lesión cerebral recordaba su infancia, pero no su pasado reciente; la mitad de su campo de visión había desaparecido; no podía hablar, leer ni escribir. Solo era capaz de anotar, con inmensa dificultad, recuerdos y pensamientos azarosos. Tenaz, el soldado llenó 3 mil páginas a lo largo de 20 años. Luria entremezcló las notas autobiográficas de Zasetski con sus propios comentarios sobre la estructura y las funciones del cerebro. “Cuando uno lee a Luria inmediatamente le vienen a la mente las magníficas historias de los casos de Freud”, escribió Oliver Sacks en el prólogo.

Alexander R. Luria, El hombre con su mundo destrozado. Historia de una lesión cerebral, prólogo de Oliver Sacks, traducción de Joaquín Fernández-Valdés Roig-Gironella, Ciudad de México, Paidós, 2018, 196 pp.


Ensayo
La influencia de la literatura en la vida

La vida de las imágenes es una antología personal de 41 ensayos en la que Charles Simic va de la crítica literaria a la filosofía, de la fotografía y el cine a su infancia en un país devastado por la guerra. Confirma la influencia de la literatura en su vida y recapitula el regreso a un país natal que ya no existe. El libro resulta una ventana que permite asomarnos a la mente del escritor. La vida de las imágenes contiene una selección de la prosa autobiográfica de Simic y sus textos críticos. El conjunto resume 25 años de escritura. El título proviene del ensayo homónimo en el que Simic reflexiona sobre los escrupulosos mecanismos de la memoria a partir de las fotografías de Nueva York que capturó Berenice Abbot.

Charles Simic, La vida de las imágenes. Prosa selecta, traducción de Luis Ingelmo, Madrid, Vaso Roto, 2018, 411 pp.


Entrevista
21 escritores y sus fantasmas personales

Mariana H conversó con 21 escritoras y escritores —que crecieron en los 80 y los 90— sobre la creación literaria, los cenáculos, el mundo editorial, las listas, los premios, el amor, el placer, los fantasmas personales, la dificultad del quehacer artístico. Abordó con ellos el consumo de ansiolíticos y estimulantes, cuestionó sobre el proceso de publicar en México, habló de la importancia de los lectores. Los entrevistados son Jazmina Barrera, Luis Jorge Boone, Hernán Bravo Varela, Jorge Comensal, Guillermo Espinosa Estrada, Verónica Gerber Bicecci, Laia Jufresa, Rodrigo Márquez Tizano, Fernanda Melchor, Jaime Mesa, Emiliano Monge, Luis Muñoz Oliveira, Antonio Ortuño, Diego Enrique Osorno, Pergentino José, Eduardo Rabasa, Antonio Ramos Revillas, Daniel Saldaña París, César Tejeda, Sara Uribe y Carlos Velázquez.

Mariana H, Neurosis, sustancias y literatura. 21 conversaciones con escritoras y escritores más o menos jóvenes, Ciudad de México, Reservoir Books, 2018, 280 pp.


Novela
Un villano pedestre e insaciable

“¿Qué es una buena vida? ¿Y cuál es su contrario? Son preguntas a las que cada persona da una respuesta distinta”, se pregunta y responde el narrador de La decadencia de Nerón Golden, la más reciente novela de Salman Rushdie. En ella narra la caída de los Golden. Éstas son las causas de su derrumbe: una disputa entre hermanos, una metamorfosis inesperada, la llegada a la vida del viejo de una hermosa y decidida joven, y más de un asesinato. Muy lejos se desarrolla una labor de espionaje. De esta manera Rushdie desarrolla una trama enmarcada en el contexto social, cultural y político reinante en Estados Unidos. En La decadencia de Nerón Golden surge un villano inculto e insaciable, absolutamente narcisista, un manipulador experto de cabello oxigenado: Donald Trump.

Salman Rushdie, La decadencia de Nerón Golden, traducción de Javier Calvo, Barcelona, Seix Barral, 2017, 528 pp.


Ensayo
Escribir porque no queda más remedio

En marzo de 2016 Juan Gabriel Vásquez fue invitado a ocupar una cátedra en la Universidad de Berna para conversar, durante 14 semanas, del arte de la novela. A sus alumnos les habló de La señora Dalloway, de Don Quijote, de En busca del tiempo perdido, de sus maestros latinoamericanos, de Madame Bovary, de Hamlet, entre múltiples obras maestras. Y convirtió la cátedra en la colección de ensayos Viajes con un mapa en blanco. Berna era para Vásquez la ciudad del gran novelista Robert Walser: la había recorrido por completo y había escrito en ella una parte de su obra. Fascinado por el vínculo entre el autor de Los hermanos Tanner y la ciudad, el escritor colombiano arroja una tesis walseriana contundente: la obra del genio suizo es una puesta en escena de las preguntas que nos planteamos los lectores de novelas y quienes las escriben: ¿para qué hacemos lo que hacemos? ¿De qué sirve esta compulsión, la de sumergirnos en los destinos de seres hechos de palabras, la de entregarnos de manera voluntaria, durante horas y horas, a estos artificios?, se cuestiona el ganador del Premio Alfaguara de Novela. Dice que los microgramas de Walser son una respuesta indirecta: escribimos porque no nos queda más remedio.

Juan Gabriel Vásquez, Viajes con un mapa en blanco, Ciudad de México, Alfaguara, 2018, 216 pp.

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Estamos en pleno mes de conmemoraciones del famoso mayo francés. Por todo el orbe, este año han aparecido y seguirán apareciendo nuevos libros que revisan no solo las huelgas generales de Francia sino las distintas manifestaciones en Europa y América y el rastro que dejó, entre nosotros, el 68. La siguiente lista propone atender toda esa década casi mítica y consignar publicaciones recientes y antiguas para darle al lector algunas pistas para entrar en ese periodo de la historia contemporánea.

Desmitificar la cultura de toda una década

Es fácil centralizar todos los sucesos y reducir las convulsiones de una época a una fecha más memorable: eso sucede con 1968, considerado un año axial que opaca todo a su alrededor. Por eso, el trabajo del historiador social Arthur Marwick (1936-2006) abre la perspectiva y ofrece no solo una vista panorámica en el tiempo sino en la geografía occidental. Su libro The Sixties es una ambiciosa revisión de los principales cambios culturales que nacieron en esa década tan problemática como única.

La ambición de Marwick es grande: establecer un análisis comparatista en el que enmarca a Gran Bretaña, Francia, Italia y Estados Unidos por haber sido el epicentro de una presunta “revolución cultural”. Para empezar, el enfoque historiográfico, que retoma las formas de periodizar de Hobsbawm, considera un periodo largo de 1958 a 1974 que encuadra épocas cortas de conmociones, revuelos y transformaciones. Luego, el historiador define la cultura en un sentido amplio: “la red o la totalidad de actitudes, valores y prácticas de un grupo humano en particular”. Por supuesto, emerge la cuestión de la “contra-cultura”, a su vez definida como “la variedad de actividades y valores que contrastan o critican los valores y modos convencionales de la sociedad establecida”. En este sentido, el historiador busca analizar esa imagen tan acuciante de que los años sesenta significan una suerte de micro-renacimiento cultural velozmente esparcido por el mundo (al menos en el hemisferio occidental): una revolución sexual, la retirada progresiva de la censura literaria, el fenómeno de los Beatlesy del rock, los cambios en la moda y en las formas de representarse en sociedad, el rechazo al racismo sistémico, la importancia capital de la adolescencia y la juventud como categorías para entender el mundo y posicionarse en él, etcétera. Con todo el peso de sus 800 páginas y aunque abarque demasiados países, el libro de Marwick logra mantener el interés lector: seguimos su pista por deconstruir y desmitificar una revolución cultural a la que absorbió sin problemas el mercado.

• Arthur Marwick, The Sixties: Cultural Revolution in Britain, France, Italy, and the United States c. 1958-1978, Oxford University Press, 1998, 903 p.


“Nos vamos a vivir a un mundo nuevo”

Entre las publicaciones recientes sobre el 68 ha figurado el estudio de Ramón González Ferriz, 1968. El nacimiento de un mundo nuevo. Es un intento por comprender la naturaleza de las protestas juveniles que fueron repitiéndose y expandiéndose a varios países del mundo como un reguero de pólvora. Aunque se trate de un trabajo más generalista, explora —con una pluma fluida y muy informada— por ejemplo el carácter minoritario, elitista y clasemediero de las revueltas, “aunque extraordinariamente ruidoso”.

En el mundo de posguerra todavía se mantenía una percepción de autoritarismo y costumbres rígidas no muy alejada de la realidad. Esa decepción, la sensación de que los jóvenes vivían en una sociedad cuyas libertades eran falsas y sobre las que pesaba aún el fantasma de los fascismos europeos, el racismo colonial y la arbitrariedad de la guerra (detener Vietnam siempre fue una consigna clara en muchos movimientos) los condujo a imaginar nuevas posibilidades. Sin dejar de señalar las especificidades de los levantamientos y sus contextos en cada país —Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Japón, Checoslovaquia, Polonia, España o México— uno de los rasgos en común que guían esta obra es “el cuestionamiento, radical y a veces juguetón, de los regímenes establecidos. […] la certidumbre de que el statu quo era un gran error, una espantosa injusticia”. Toda esta orquesta aparentemente organizada de movimientos contestatarios creció en el asombro del azar, “de la absoluta improvisación”. Para quien entre por primera vez en las aguas del 68, aquí tiene una excelente reconstrucción cronológica de los sucesos, sin medias tintas ni barnices ideológicos y mitificados.

• Ramón González Ferriz, 1968. El nacimiento de un mundo nuevo, Madrid, Debate, 2018, 272 p.


Nuevos testimonios

En la línea de varios libros de historia oral sobre el 68 —como Mayo del 68. La palabra anónima de Nicolas Daum—, el editor y traductor estadunidense Mitchell Abidor publicó en abril pasado una serie de entrevistas con los grandes participantes del mayo francés: estudiantes, obreros de París y de provincia, activistas, cineastas líderes estudiantiles y sindicales. Aunque a su parecer el 68 falló en muchos sentidos, significó un parteaguas al que hay que volver y volver, para recordar cómo “la imaginación estuvo a punto de hacerse del poder”. Las entrevistas, según el autor, mantienen hoy su frescura, su aura de esperanzas y conmociones alimentadas durante los meses de mayo y junio.

El relato de Alain Krivine, líder del partido Trotskysta JCR (Jeunesse Communiste Révolutionnaire), es una de tantas perlas que reunió Abidor: “Vi gente hablándose en la calle, gente que uno cruza diario y nunca saluda, y entonces todo el mundo hablando con todo mundo. También en el metro todo el mundo platicaba. Era fantástico. Nunca manejabas solo, recogías gente y la llevabas, era absurdo estar solo. La gente estaba irreconocible. Nunca había visto algo así y nunca volví a verlo”. Que la gente haya descubierto su propia voz en las calles, durante esos meses agitados, y que la vida nunca haya vuelto a ser la misma nos lleva a un túnel de profundas nostalgias. En su fondo asoma esa “gran comunidad lírica”, en palabras de Jean-Michel Rabaté, otro entrevistado. Sin duda, ese dejo nostálgico es el pecado de un simpatizante marxista como Abidor. También es la virtud de sus entrevistas, altamente empáticas y con una calidad afectiva de las que tantos intelectuales carecen por completo. Para Abidor, la gran pregunta que dejó Mayo del 68 en el aire es la de la posibilidad de una revolución en Occidente.

• Mitchell Abidor, May Made Me. An Oral History of the 1968 Uprising in France, London, Pluto Press, 2018, e-book. (Hay versión impresa en AK Press, 253 p.)


El medio siglo del descontento

Otra obra reciente que busca aglutinar la herencia del 68 y ponerla en perspectiva con el presente es Revoluciones del historiador Joaquín Estefanía. En su trazo histórico, desde el mayo francés hasta la actualidad, Estefanía establece una dialéctica de “confrontación sistemática”, de avances y retrocesos sociales —o revoluciones y contrarrevoluciones, siguiendo la tercera ley de Newton. Aunque esta lógica mecanicista (resumida como “a cada acción siempre se opone una reacción igual”), aplicada a la historia social pueda ser cuestionable, parece una balanza justa para sopesar la herencia positiva del 68: el Estado de bienestar, una de las mayores conquistas del último medio siglo, aunque constantemente fragilizada y atacada por políticos reformistas conservadores, desde Thatcher, Reagan y los neoconservadores, hasta Donald Trump.

Por otro lado, es cierto que aplicar el término de “revolución” a las protestas del mayo francés, Praga o Tlatelolco es de por sí polémico; ya no se diga si empleamos, como hace Estefanía, la misma etiqueta para calificar el movimiento antiglobalización de 1999, el de los indignados en 2011 o el de Occupy Wall Street. Sin embargo, Estefanía opta por una definición menos estricta: no la toma del poder político por medio de acciones violentas que tumban el orden establecido, sino “una acepción más genérica […] que contempla a las revoluciones como explosiones colectivas de protesta con aspectos trágicos pero también festivos”. El simple hecho de partir de una definición más cultural y menos rígida de la revolución le da un valor inicial de interés mayor a esta travesía por los últimos cincuenta años de capitalismo y sus corrientes ideológicas favorables o adversas (trotskismo, espartaquismo, maoísmo, guevarismo, comunismo…).

 • Joaquín Estefanía, Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018), Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, 336 p.


La búsqueda polisémica

En una línea similar a la de Joaquín Estefanía, el editor y periodista alemán Gero von Randow publica un libro homónimo para establecer ciertos puntos de reflexión a cincuenta años del 68 y pasado el centenario de la revolución de 1917. Lo que destaca de este libro es su análisis panorámico de las grandes protestas a la luz de la historia: la Revolución francesa, la Revolución de octubre, el 68 y las primaveras árabes, que el mismo von Randow cubrió como corresponsal del diario Die Zeit.

Como antiguo militante de la izquierda alemana y marxista, el autor maneja con claro conocimiento epistemológico el concepto de “revolución”. Non sin cierta distancia irónica, liberada de cualquier fetichismo, se acerca al término para descubrir todas las implicaciones morales y condenatorias que se le han adjudicado a lo largo del tiempo: por ejemplo, ¿cómo es que siempre los revolucionarios justifican la violencia con criterios políticos? O bien ¿por qué se excluye con más facilidad de la categoría de “violencia” todo el terror psicológico, la “violencia sistémica”, las condiciones humillantes o indignas de trabajo y existencia? Con una mirada nada autocomplaciente sobre sus propios actos cínicamente subversivos en los sesenta, von Randow critica la inconsciencia de cierta capacidad de indignación, la cual “es un movimiento noble, pero también puede embrutecer” (como explica en este adelanto de El País). Para descubrir más del gran interés que tiene esta nueva aportación a la historia moderna y contemporánea, esta entrevista con el autor aclara, en parte, su manera de problematizar la revolución, el pacifismo y la violencia.

• Gero von Randow, Revoluciones. Cuando el pueblo se levanta, Madrid, Turner, 2018, 280 p.

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Las recientes acusaciones en contra del autor de La maravillosa vida breve de Óscar Wao se han sumado a la ya más que larga lista de escándalos que han afectado gravemente el mundo de la cultura.

Todo empezó en Hollywood. Desde finales de 2017, la mecha que encendió el movimiento de denuncias #MeToo ha cruzado los mares ramificándose bajo el suelo de grandes instituciones para sacudir sus cimientos, creando una explosión cuya onda expansiva apenas comenzamos a medir. Nadie imaginaba a qué punto llegarían las denuncias de mujeres replicadas en cualquier esquina del mundo. Desde el colapso de la productora de Harvey Weinstein hasta la cancelación del Premio Nobel de Literatura 2018, las consecuencias de los escándalos sexuales siguen cercenando cabezas influyentes en el mundo cultural. A tan solo 10 días de que la Academia Sueca anunciara que pospondría el Nobel de Literatura por un escándalo sexual interno, una nueva denuncia pone en la cuerda floja al mundo de la literatura. En el siguiente recorrido reunimos textos y reflexiones para entender este nuevo caso, parte del largo proceso de denuncias por acoso y agresión sexual que están cimbrando distintas jerarquías y acaso modificándolas para siempre.

1. Acoso a una alumna

El escritor de origen puertorriqueño, Junot Díaz —ganador del Premio Pulitzer por La maravillosa vida breve de Óscar Wao (2007)— fue acusado públicamente de agresión sexual por Zinzi Clemmons, una periodista y exalumna suya, durante el Festival de Escritores de Sydney (al que ambos acudían) y luego en declaraciones en Twitter. Como detalla este artículo, Clemmons sufrió el acoso siendo alumna de Díaz en la Universidad de Columbia en 2012 y esta acusación llevó al escritor a dimitir de su cargo, el 9 de mayo, como presidente del Premio Pulitzer, que ocupaba apenas desde abril.

2. De víctima a victimario

El alegato de Clemmons y la sospecha de que existan más víctimas no pudieron haber llegado en un momento más delicado para Díaz. En una carta abierta publicada en The New Yorker el pasado 16 de abril, el escritor confesaba haber sido víctima de una violación a los 8 años, luego de haber emigrado con sus padres a un cinturón industrial de Nueva Jersey. En menos de un mes, Díaz ha pasado de ser víctima a victimario. Su confesión de abril ha quedado en entredicho, percibida como una capa protectora ante una posible avalancha de críticas desde el hashtag #MeToo.

3. Las consecuencias del pasado

Ante la mirada de una sociedad cada vez más consciente y manifiestamente harta de los acosos, Díaz podría quedar parcialmente absuelto. Sus traumas podrían significar una cierta explicación de sus actos. Sin embargo, el peso de la ley prescindiría de su pasado. Según esta nota de Diario Libre (un portal dominicano),el intelectual puertorriqueño podría incluso ser despojado de su propio Premio Pulitzer en caso de ser hallado culpable de “conducta sexual inapropiada”. Por lo pronto, el más famoso escritor latinoamericano de los Estados Unidos ha tenido que abandonar, el pasado 5 de mayo, el Festival de Escritores de Sydney. Sus participaciones en conferencias y charlas fueron canceladas. El MIT, donde enseña escritura creativa, abrirá una investigación sobre la conducta del escritor. Su renuncia a la presidencia del Pulitzer, la cancelación de estos eventos y su posible expulsión del MIT no son más que las primeras consecuencias de cómo cambia para siempre nuestra percepción de aquellos artistas cuya genialidad nos abruma, y a los que poco a poco hunde el peso de su pasado.

4. Los libros son inocentes

El repudio en redes contra el escritor no ha dejado de crecer. Varias mujeres han ventilado anécdotas que ponen de manifiesto su misoginia y su conducta agresiva. Sin embargo, también han aparecido dos matices importantísimos en estos casos. El primero: que deberíamos esperar las sentencias de algún tribunal antes de iniciar la cacería de brujas en redes. El segundo, más interesante aún, aportado entre otros por dos periodistas de la revista colombiana Arcadia: dejar de leer a Díaz por estas acusaciones es un error. Juzgar la literatura por el comportamiento de un autor es buscar imponerle una función restrictiva al arte, una corrección política que lo aprisiona y lo acerca al totalitarismo y sus imposiciones estéticas. “Desde el posmodernismo filosófico, es decir desde el siglo pasado, es claro que lo más intrascendente de una obra artística, en términos de significado e interpretación, es la biografía de quien la produce”, afirman los autores del artículo, en reacción a una crítica de la escritora Carmen María Machado, para quien las novelas y cuentos de Junot Díaz son absolutamente despreciables y misóginos y son un claro reflejo de su persona.

5. Himpathy y el fin del silencio

Mientras en el Festival de Cannes, casi un centenar de actrices y directoras —guiadas por Cate Blanchett— hicieron un acto simbólico y leyeron un discurso contra el acoso sexual, del otro lado del mundo, el fiscal general de Nueva York, Eric Schneiderman, ha tenido que dimitir por razones similares a las de Junot Díaz. Como detalla este artículo, la figura de Schneiderman había crecido en los últimos meses por su abierto apoyo al #MeToo y sus acciones legales contra Weinstein. Además, en Nueva York su legislación había criminalizado cualquier intento de estrangulación o incluso de cachetada (slapping) como seña de violencia y grave peligro doméstico. Cuatro mujeres, con las que ha tenido relaciones sentimentales, ahora lo acusan de haber cometido “violencia física no consensuada” en la intimidad, en ningún caso parte de algún “juego sexual”. Sus pruebas son fotografías de heridas o moretones enviadas a amigas. Todo nos indica que el fiscal más importante contra Weinstein es en sí mismo un sádico acosador que ha actuado bajo los efectos de grandes cantidades de alcohol. Está claro que la fuerza de las denuncias del #MeToo pueden poner el mundo de cabeza, y en un santiamén.

El concepto de himpathy afloró durante el Festival de Escritores de Sydney para intentar entender la situación actual. Acuñado por la filósofa Kate Manne y empleado por una afamada periodista feminista del Washington Post, Irin Carmon, se refiere a “esa empatía desproporcionada hacia los hombres”. Suele ocurrir puntualmente en el caso de hombres que admiramos o con los que estamos involucrados en una relación emocional, directa o indirecta, tras haberlos leído, visto en cine y televisión o bien, como en el caso de Schneiderman, tenerlos en alta estima por su activismo feminista. Por su parte, Helen Pitt, una periodista de The Sydney Morning Herald, anotó que el precio del silencio era demasiado alto y ya le había arruinado las carreras de muchas mujeres. “Quiero animar a cualquier mujer de cualquier edad a dejar la himapthy. Las invito a confrontar a estos hombres, a decirles las cosas en la cara, aunque sea de manera privada […]. Háblenlo. Escríbanlo en una carta para ellos”. De Australia a Estados Unidos, hemos llegado a un punto de no retorno y al fin del silencio. Las cabezas seguirán rodando y, a veces, en los lugares y puestos menos esperados.

 

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El año sin Nobel

Murakami está repantingado en su sillón, mirando con aires sombríos el cielo de Tokio. Esta vez no hay esperanza que albergar: es seguro que este año no le tocará el Nobel. Simplemente porque no habrá Nobel para nadie. Luego de los escándalos sexuales que han cimbrado la cúpula de la Academia (Jean-Claude Arnault, esposo de una de las partes del jurado, fue acusado por 18 mujeres, como lo consignamos aquí) sumado al de tráfico de influencias y filtraciones, no hay quórum necesario para hacer la votación. Sobre todo, hay una grave crisis de confianza. Como ha señalado la Fundación Nobel en un comunicado (del 4 de mayo), el premio será pospuesto a 2019 porque la situación lo haría poco creíble. Esto no significa que el galardón haya quedado desierto: la cancelación definitiva solo ha ocurrido en ciertos años marcados a sangre y fuego por la Primera y la Segunda Guerra Mundial (1914, 1918, 1935, 1940-1943). Sin embargo, como apunta El País, es la primera vez que un escándalo de esta magnitud se interpone en las decisiones de la Academia sueca.

La renuncia de Sara Danius, la secretaria perpetua de la Academia, había cosechado en las últimas semanas un gran apoyo de la opinión pública: en redes, el #knytblusförsara (que significa “moño de mariposa para Sara”) se tradujo en una manifestación de mujeres portando el mismo moño en las (otrora) tranquilísimas calles de Estocolmo. El movimiento global por la defensa de los derechos de las mujeres acaba de sellar, de otra manera, la historia reciente. Aun así, quedan voces con buenos augurios, ya que la última vez que el máximo galardón literario se pospuso, en 1949 —porque no había candidato digno—, William Faulkner acabó por recibirlo al año siguiente durante la misma ceremonia entrega del premio correspondiente a 1950. El próximo año, eso sí, se entregarán dos premios. Pobre Murakami, ahora mismo debe estar degustando con sabor agridulce su mejor escocés, imaginándose como quién sabe cuántas veces junto a la realeza sueca… y acaso compartiendo con (ponga aquí su quiniela, querido lector), maldita sea, el estrado y la gloria.

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Sobran referentes para analizar el trabajo y las relaciones sociales que de él se desprenden. El papel tan fundamental que tiene la actividad productiva en nuestras vidas ha inspirado ensayos, manifiestos y hasta poesía a lo largo de la historia de la humanidad. Este 1 de mayo recomendamos algunas de las publicaciones más recientes sobre el trabajo en tiempos presuntamente postindustriales.

Un clásico reciente

Este libro escrito por Bob Black en 1985 y traducido a más de diez idiomas, se ha vuelto ya una obra de referencia para pensar en el trabajo actualmente. Influido por corrientes del anarquismo y el socialismo utópico, Black aboga por el fin de la vida humana articulada alrededor del trabajo, una actividad que nos domina y consume, para sustituirla nada menos que por el juego. Black construye su caso describiendo de manera concisa “las miserias” que nos ha traído el trabajo, en particular el trabajo moderno. Para ello, retoma a estudiosos clásicos del problema laboral y hace un auténtico manifiesto para la época neoliberal y sus propias formas de trabajo.

Al contrario de otras visiones de un mundo en el que no exista trabajo, como la de Nick Srnicek y Alex Williams comentada en este mismo espacio, Black no deposita nuestra liberación en la tecnología. Por el contrario, cree que ésta debería tener un lugar modesto en nuestras sociedades y dejar espacio para la actividad humana productiva. La diferencia es que Black no quiere imposiciones, piensa que es posible ver el trabajo convertido en juego (que no ocio, porque, como nos recuerda, éste existe solo gracias al trabajo y en función del mismo). ¿Cómo hacer que todos juguemos perpetuamente? Haciendo eco de Marx, Black sugiere sencillamente dar paso a las propias diferencias de las personas, pues nadie puede negar que todos disfrutamos de hacer distintas cosas y con fines muy variados. En este sentido, las probabilidades de que todas las actividades estén cubiertas según el autor serían muy altas. Es un texto breve, que además de sacudirnos, es un buen punto de entrada a la obra de este polémico autor.

Bob Black, La abolición del trabajo, Logroño, Pepitas de calabaza, 2013.


Nostalgia postindustrial

A pesar de su lucidez y de sus intentos por explicar algunas de las problemáticas más complejas de la vida en comunidad, entre ellas la del trabajo, Richard Sennett es un sociólogo poco estudiado en México. Eso motivó a la doctora Maribel Núñez Cruz, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, a organizar un seminario para pensar en las aportaciones y relevancia del trabajo de Sennett en México. El libro Richard Sennett. Cuerpo, trabajo artesanal y crítica del nuevo capitalismo es el resultado de esas charlas e investigaciones. Los autores que participaron en el seminario comentan la obra de Sennett de formas muy variadas e informativas. Hablan de sus premisas con respecto a las consecuencias personales que tiene el trabajo en el nuevo capitalismo y sus propuestas de un retorno al trabajo artesanal, además de comentar su trabajo en relación a la ciudad, el servicio de salud en Gran Bretaña y hasta sus inquietudes con respecto al lenguaje. Finalmente, hablan de sus métodos de investigación y, como le gustaría al autor, estudian particularidades de la sociedad mexicana a la luz de sus teorías y conceptos.

Sennett estudia los procesos de producción desde una óptica que considera las relaciones entre individuos, y no en su dimensión meramente económica. En uno de los capítulos del libro, Víctor Payá se concentra en aquello que dice el sociólogo sobre los procesos de socialización y de transmisión del conocimiento que acompañan al trabajo, y lo ve en el estudio de la vida en el taller y siguiendo de cerca la profesión médica. Algunas premisas de este texto se complementan más adelante con el artículo de Israel Robles, quien recuerda el análisis de Sennett sobre los males del trabajo contemporáneo: la destreza, la creatividad y el orgullo vernáculo se han vuelto secundarios en la búsqueda por la eficiencia. Por su parte, Rodrigo Díaz y Citlali Hernández hablan de las investigaciones de Sennett sobre los efectos que “el capitalismo flexible ha tenido en los individuos y su entorno”. Revisan las ideas del autor sobre el tipo de organización social que el trabajo en tiempos del estado benefactor creaba, las críticas a su burocratización y el problema actual con lo que el sociólogo estadounidense caracteriza como “el trabajo flexible”: sus afrentas contra la rutina y la convivencia con la tecnología. Erika Honorat revisa algunos conceptos clave para hacer una crítica a la gestión laboral por competencias, y María José Romero aplica el concepto de flexibilidad laboral en las maquilladoras de Tehuacán, Puebla.

Siguiendo a Sennett, Payá resume: “el trabajo como fuente de dignidad, derechos y de un relato de vida se ha transformado para dar cabida a un individuo que se encuentra a la deriva”. ¿Cómo no acercarse a las ideas de este sociólogo?

Richard Sennett. Cuerpo, trabajo artesanal y crítica del nuevo capitalismo, Maribel Núñez Cruz (coord..), México, Juan Pablos Editor/UNAM-FES Acatlán, 2016.


Eterna clase obrera

La editorial Akal acaba de traducir al español uno de los estudios más reveladores de las dinámicas laborales en Inglaterra, el país de la clase obrera por excelencia. El año pasado, el libro de Paul Willis cumplió cuarenta años de haber sido publicado, pero sus preguntas, método y conclusiones se mantienen vigentes incluso en un contexto como el nuestro. ¿Cómo es que, pese a los esfuerzos por la movilidad social, y sobre todo la “libertad” propia del capitalismo, los jóvenes de clase obrera terminan trabajando en lo mismo que sus padres y abuelos?

Cómo los chicos de la clase obrera consiguen trabajos de clase obrera es el resultado de observar de cerca a una docena de jóvenes durante sus últimos años de educación media y sus inicios en la vida laboral. Los lads de la secundaria de una ciudad en el centro de Inglaterra que Willis bautizó como Hammertown (“pueblo martillo” o “villa martillo”), se caracterizaban por ser un grupo de amigos muy unido, que desafiaba constantemente a la autoridad escolar y no participaba de las actividades que les proponía la institución. A la etnografía de la primera parte del libro, le sigue un análisis de los procesos sociales y culturales que, según el sociólogo, llevaron a los chicos a emplearse más tarde en las fábricas de la ciudad. Willis identifica una identidad de clase articulada por procesos sociales complejos que nada tienen que ver con la libertad de elegir a pesar de que aparenten una “afirmación y apropiación e incluso […] una forma de resistencia”. Vale la pena acercarse a esta obra, pues a pesar de los cambios en las estructuras económicas, aquello que el autor describe como la “autocondena […] de asumir los roles subordinados en el capitalismo occidental” suena tan acertado hoy como hace cuarenta años.

Paul Willis, Cómo los chicos de la clase obrera consiguen trabajos de clase obrera, (Rafael Feito, traducción),


Trabajo nocturno

En el tema de grupos de trabajadores que son particularmente vulnerables, es fundamental considerar a las mujeres: el trabajo doméstico, el cuidado no remunerado, la diferencia salarial, entre otros, son temas importantes tanto para los estudiosos del género como para los economistas. En su libro más reciente, Marta Lamas ahonda en uno de los temas más polémicos del feminismo, pero que rara vez es pensado desde un punto de vista primordialmente laboral: el trabajo sexual femenino. La autora explica que, a diferencia de quienes consideran que el comercio sexual es prácticamente un secuestro, ella se ha manifestado a favor de entenderlo como una elección que hacen las mujeres frente al un panorama laboral poco prometedor pero que paga bien por ese servicio. El libro Fulgor de la noche: el comercio sexual en la Ciudad de México explica esto mediante una investigación de casi treinta años sobre el comercio sexual callejero en la capital del país.

Lamas retoma los relatos de mujeres que han participado en “la mal llamada prostitución”, así como de las organizaciones laborales que han formado algunas de ellas. Indaga en la historia de este sector en México, habla de las leyes que rodean al tema y mantiene su característica visión antropológica. Así, la autora construye un argumento a favor de ver esta actividad como un trabajo que necesita de organización, regulación y derechos. Este libro aporta argumentos que ponen en jaque nuestras ideas sobre las relaciones laborales, el orden capitalista y, sobre todo, la problemática del consumo.

Marta Lamas, Fulgor de la noche: el comercio sexual en la Ciudad de México, México, Océano, 2017.


Mil años de historia laboral

A pesar de que el trabajo se sienta como una realidad inminente en nuestras vidas, no siempre ha sido como lo conocemos hoy. Y con esta aseveración no nos referimos a los robots o la falta de organización obrera que caracterizan nuestras relaciones laborales actuales, sino a la idea de trabajo que Occidente sostiene desde la época de la industrialización. En un libro publicado en inglés a principios de año por la editorial Verso, la historiadora Andrea Komlosy revisa casi mil años de historia del trabajo para desmontar y complejizar nuestra noción de lo que esta actividad requiere y significa: desde los jefes hasta el trabajo doméstico históricamente no remunerado.

Komlosy estudia el trabajo desde la perspectiva de los países colonizados y desde la óptica femenina para probar la coexistencia de muchos tipos de trabajo, incluso de aquellos gratuitos, que por lo mismo no han logrado asegurar su lugar en nuestras categorizaciones. Es un libro que promete ser ilustrativo, abarcador y político.

Andrea Komlosy, Work. The last 1,000 years, Londres, Verso, 2018.

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Con pretexto del que sería su cumpleaños noventa, recordamos a Cy Twombly (1928-2011), uno de los pintores más importantes del periodo de la posguerra, en una de sus caras menos exploradas, la de escultor. Lo hacemos, además, de la mano de quien mejor ha estudiado esta faceta del artista.

Cuando pensamos en Cy Twombly lo primero que nos viene a la cabeza son sus distintivos garabatos. Muy diferentes entre sí, unas veces son francamente violentos, mientras que otras tienen transparencias suaves y absorbentes. Sobre todo en su producción de la década de los sesenta, los lienzos se distinguen por tachones de colores que recuerdan a esos dibujos infantiles que resultan de probar todo el arcoíris de lápices de nuestro estuche.

La obra de Twombly cambió mucho a lo largo de su carrera; se alejó del expresionismo abstracto que parecía ser regla en los años cincuenta para internarse en la mitología y la historia clásica, un desplazamiento que se relaciona directamente con su establecimiento en Roma a finales de los cincuenta y prácticamente hasta el resto de su vida. Si bien se le reconoce sobre todo por su pintura, que lo hace uno de los artistas más importantes del periodo de la posguerra, su faceta como escultor ha sido históricamente menos reconocida. Con pretexto del que sería su cumpleaños noventa, recordamos a Twombly el escultor, de la mano de quien ha estudiado mejor esta faceta del artista: la curadora Kate Nesin.

Cy Twombly, Leda and the Swan, 1962.

A partir de 1946 y cuando todavía estudiaba, el artista nacido en Virginia incursionó en la creación de obras tridimensionales con montajes de objetos cotidianos que casi siempre cubría con distintas capas de pintura blanca. Son piezas únicas que muestran cierta continuidad con su obra pictórica, pero que se han mantenido en un segundo plano en la valoración del artista. Kate Nesin, curadora asociada de arte moderno del Art Institute of Chicago, dedicó casi una década al estudio de la obra escultórica de Twombly: en su libro Cy Twombly’s Things (Yale University Press, 2014), hace el primer estudio a profundidad de las prácticas del artista con objetos apilados.

En una conferencia, Nesin habla de lo que la atrajo a estas esculturas y el lugar a donde llegó después de años de investigación. Familiarizada con la obra de Twombly, vio una escultura suya por primera vez en el Tate Modern en Londres. Cuenta que le pareció una “escultura prosaica”, en alguna medida indescriptible. A partir de entonces decidió referirse al conjunto de estas piezas —que superan el centenar— simplemente como “cosas”. Cuenta que el término le ha sido útil en sus análisis de las obras de Twombly por ser maleable, porque permite la heterogeneidad al tiempo que funciona como pretexto para describir específicamente cada una de las obras del artista. Y ella las ha estudiado todas.

Además de hablar de algunas piezas y describir las características comunes del conjunto de la obra, esta conferencia da pistas fundamentales para entender el lugar al que quedó relegada esta faceta del artista. Para empezar, explica que Twombly tenía casi todas las esculturas que hizo a lo largo de su carrera bajo su posesión, por lo que al momento de morir se habían expuesto solo en contadas ocasiones. Y en efecto, en marzo de 2011, poco antes de la muerte de Twombly, el Moma anunció con bombo y platillo la adquisición de obras de la colección personal del artista, entre las cuales se encontraban justamente siete esculturas, las primeras en sumarse al acervo del museo.

Jonathan Muzikar, Foto de la instalación de Cy Twombly: Sculpture en el MoMA, 2011. Tomada de la página del Moma.

Por otro lado, Nesin explica que el escultor dentro de Twombly era en realidad un personaje intermitente. En los años que van de 1959 a 1976 no creó ni una sola escultura, y este tiempo coincide con ser una época estelar para la escultura minimalista y postminimalista que vio nacer a Donal Judd y a Robert Morris, entre otros. La curadora dice que a finales de los sesenta la escultura como medio se “había disuelto o colapsado a favor de materialidades sin límites” como el performance.

Esto, sin embargo, “no hace que la escultura de Twombly sea retrógrada”, aclara. Al contrario, ella ve en estas piezas un enorme potencial de significados, viables como medio artístico de posguerra y directamente asociadas con una ordinariez que contrasta con otras interpretaciones de la obra de Twombly. Concretamente, podemos apelar a la de otro de sus más comprometidos estudiosos: el curador de arte moderno del Metropolitan Museum de Nueva York, Nicholas Cullinan quien, en una entrevista publicada en este mismo espacio a propósito de la primera exposición latinoamericana de Twombly en el Museo Jumex, decía que “hay una cierta belleza y literalidad en su obra con la que cualquiera puede relacionarse fácilmente”.

Para que el lector juzgue libremente, reproducimos aquí un video que reúne muchas de las esculturas de Twombly en una secuencia libre y sin pretensiones curatoriales.

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En mitad de los miasmas electorales no hemos prestado mucha atención a un nuevo escándalo sexual que ahora arrasa la cúpula de la Academia Sueca. Entre otros premios, se anunció la lista de nominados a la mejor traducción en lengua inglesa.

Hasta en las (mejores) familias suecas

El pasado jueves 12, la secretaria perpetua de la Academia Sueca, Sara Darius, tuvo que renunciar a su puesto, dejando libre el asiento 7. Darius, la primera mujer en recibir semejante responsabilidad, es el daño colateral de un escándalo mayor que ha cimbrado a la institución del Nobel.

Perfil de la periodista cultural Matilda Gustavsson, que reveló el escándalo en las páginas del diario sueco Dagens Nyheter

En octubre, una periodista sueca, inspirada por el ahora Pulitzer Ronan Farrow y su trabajo sobre el caso Weinstein, reúne una veintena de testimonios desgarradores: varias académicas e intelectuales del entorno del Nobel denuncian casos de acoso sexual, intento de abuso y hasta violaciones. En noviembre, el Weinstein sueco cae: su nombre se hace público. Es Jean-Claude Arnault, un marsellés de 71 años radicado en Suecia, esposo de la poeta Katarina Frostenson, que ocupaba uno de los 18 asientos de la Academia y que ha tenido también que renunciar. Para muchos, la influencia de Arnault era tal que ocupaba de manera extraoficial el imaginario asiento 19. Su poder había ido creciendo desde los años noventa. Entre otras cosas, era el encargado del club cultural Fórum, un antro de eventos literarios, performance y música, auspiciado por la Academia sueca, que era la antesala del Nobel y los bastidores de la élite intelectual que otorga el mayor galardón literario del mundo. Además, también se sospecha que Arnault filtró el nombre de muchos premiados (Elfriede Jelinek en 2004, Harold Pinter en 2005, J.M.G. Le Clézio en 2008 y Patrick Modiano en 2014) para impresionar y seducir a sus víctimas, cuyos testimonios se remontan a hechos ocurridos entre 1996 y 2017.

Por falta de pruebas, las acusaciones contra Arnault habían quedado en simple rumor. Pero el daño ya estaba hecho y las investigaciones siguen. Los partidarios de la esposa de Arnault la defendieron y ganaron por un estrecho margen hasta provocar la renuncia de otros tres académicos: Klas Östergren, Peter Englund y Kjell Espmark. Según El País, este último, autor de una historia canónica del Nobel de Literatura, y veterano de la institución, acusó a sus compañeros de “anteponer la amistad a la responsabilidad y la integridad”. Ahora, según lo anunciado este miércoles, el rey de Suecia reformará la normativa obsoleta de la institución para que sea realmente posible renunciar por voluntad propia a asientos vitalicios irremplazables. El tsunami de denuncias sexuales sigue arrasando todo a su paso y transforma el vergonzoso silencio en un reajuste completo de poderes y funciones. Y en la Academia, el premio Nobel de Literatura que se empieza a decidir en abril está en juego si no se reúnen al menos 11 de los 18 miembros votantes.


Hispanoamérica en inglés

Junto con los ganadores al Pulitzer, también se publicó esta semana una lista de los nominados a los premios a mejor libro traducido en Estados Unidos, los Best Translated Book Award 2018. La lista incluye ficción y poesía y, aunque involucre una gran cantidad de países y lenguas, es un buen indicador de la presencia que tiene la literatura extranjera en lengua inglesa. Los autores que creemos decisivos en nuestra lengua no tienen forzosamente una repercusión similar cuando salen de las aguas del español. Por eso, los premios a la mejor traducción —que otorgan dos jugosos cheques de 5 mil dólares, uno al autor y otro a su traductor— dan señales claras de si la literatura hispanoamericana irradia de alguna manera al norte del río Bravo. El año pasado, por ejemplo, los premios se los llevó el cono Sur, con Extracting the Stone of Madness,una colección de poemas de Alejandra Pizarnik, y Chronicle of the Murdered House, la obra maestra del brasileño Lúcio Cardoso publicada en 1959. En 2015 y 2016, habían ganado consecutivamente Rocío Cerón con Diorama y Yuri Herrera con Signs Preceding the End of the World.

Para este año están nominados, en lengua española: Rodrigo Fresán, con The Invented Part; el colombiano Santiago Gamboa con Return to the Dark Valley; Affections de Rodrigo Hasbún; August de la argentina Romina Paula; The Iliac Crest de Cristina Rivera Garza; Fever Dream de Samantha Schweblin; y finalmente The Magician of Vienna de nuestro recién fallecido Sergio Pitol. De 25 nominaciones, la lengua española aventaja con 7 candidatos, seguida por 6 franceses. En la categoría de poesía, con más variedad de lenguas y en la que ninguna acumula más de una nominación, tenemos a la argentina Marosa di Giorgio con I Remember Nightfall. Fundados por la Universidad de Rochester en 2008, los BTBA viven en parte gracias al auspicio del Amazon Literary Partnership: así contribuye a la traducción el consorcio que ha modificado para siempre la economía del libro. Aunque la circulación de este objeto ya no dependa de libreros e importadores, el traductor sigue siendo el eje que asegura el paso real de una frontera a otra.

 

Fuentes: L’express, Bibliobs, El País, The Millions.

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Teatro físico. Cuatro intérpretes dirigidos por Nicolás Poggi representan sucesivos intentos por recordar y reinterpretar una obra. Están en un gimnasio, con atuendos brillantes que decoran las torpezas y errores que les impiden recordar las secuencias que quieren. Afuera es una puesta en escena divertida y original. Esta es su cuarta temporada en la Ciudad de México. Para dejarse convencer, aquí una breve reseña.

Hasta el 12 de junio.
Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque.
Paseo de la Reforma y Campo Marte, Col. Polanco.


Mujeres inventoras. Es el último fin de semana para ver propuestas de objetos y servicios que inventaron mujeres en muchas comunidades del mundo y en distintas épocas. El visitante de esta exposición verá desfilar a Ann Makosinski y su linterna sin baterías; a Marion Donovan, quien inventó el primer pañal resistente al agua; a Mary Anderson y su limpiaparabrisas, o las escaleras para incendios que propuso Ann Connely. De paso, la exposición lleva a que nos preguntemos por las condiciones estructurales que permiten la creatividad y el triunfo de las ideas, y las desventajas a las que se enfrentan las mujeres.

Hasta el 15 de abril.
Museo Interactivo de Economía.
Tacuba 17, Centro Histórico.


Arte Huichol. Con el fin de reconocer la importancia histórica y artística del arte de las comunidades de la Sierra Madre Occidental, diversos esfuerzos han organizado la Primera Bienal de Arte Huichol. Además de la exposición de obras, habrá venta de artesanías y un concierto al aire libre con invitados como Sonido San Francisco o la Agrupación Cariño. Este evento de 12 horas sin parar se enmarca en el Segundo Festival Xaveri en apoyo a las comunidades de las comunidades Huichol. Todo lo recaudado se destinará a éstas.

14 de abril a las 12 hrs.
Explanada detrás de Au Pied de Cochon.
Campos Elíseos 218, Col. Polanco.


Conferencias. La UNAM y la Provincia del Santo Evangelio de México presentan un ciclo de conferencias en honor al doctor fray Francisco Morales Valerio, historiador y director de la Biblioteca Franciscana en la Universidad de Puebla. Las charlas se centrarán en el proceso de evangelización de la Nueva España y el protagonismo de la orden franciscana en el mismo. La primera exposición, de Miguel Pastrana, será sobre la religión indígena en el momento del contacto. El calendario de conferencias está disponible aquí.

Hasta el 24 de mayo.
Capilla Nuestra Señora de Guadalupe, San Francisco el Grande.
Madero 7, Centro Histórico.

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El fantasma del comunismo sigue recorriendo Europa, pero esta vez se dedica a sacar los archivos de sus cajas: así que ahora aparece que, después de tanta teoría, la Kristeva fue una espía al servicio del régimen de su originaria Bulgaria. Entre otros clics, hallamos la nueva novela del recién estrenado escritor Sean Penn y el curioso artilugio de las feministas chinas para evadir la censura.

Una estructuralista en la KGB

Desde el 28 de marzo estalló la bomba de los rumores con un cañonazo de Reuters. Por ley, una comisión del Estado búlgaro tuvo que revelar documentos clasificados anteriores a 1989. Varios fólderes atestiguan la presunta colaboración de Julia Kristeva con los servicios secretos, la “Darjavna Sigurnost” del entonces régimen comunista. Kristeva habría sido parte de un equipo (pequeño) de unos 100 mil agentes que cooperaba estrechamente con la KGB soviética. La psicoanalista y teórica de la literatura, para algunos la madre de la semiótica y parte de la escuela estructuralista, habría trabajado en secreto bajo el pseudónimo de “Sabina”. Según un estudio de Le Nouvel Observateur, que buceó en los archivos desclasificados, el agente “Pétrov” la habría entrevistado y establecido el primer deal con ella incluso antes de su viaje a París en 1965: “Entre más se convierta en una científica reconocida, más útil será para nosotros”, relata “Pétrov”. Al cabo de cinco años de observación, “Sabina” queda contratada. Los servicios de espionaje esperan que les sirva para recolectar datos —seguramente muy valiosos— sobre los miembros del PCF (Partido Comunista de Francia), el medio intelectual y disidente y las actividades de los búlgaros residentes en Francia. Al poco tiempo, Sabina-Kristeva hace un primer parte: “El gobierno [francés] les da puestos importantes a intelectuales reaccionarios en los institutos culturales y científicos del Estado”. O bien: “La radio y la televisión francesas rebosan de sionistas”. O aún: “El miembro del PCF Louis Aragon ha mantenido firme su línea de discrepancia contra el Partido por los acontecimientos de Praga”. La colaboración no durará mucho: Sabina quedará excluida del aparato de inteligencia hacia 1973 por “haber adoptado posturas pro-maoístas”.

En su defensa, Kristeva desmiente todo y denuncia un acto de difamación: “una información que no es solo grotesca y falsa. Atenta contra mi honor […] y perjudica mi trabajo”. En un comunicado más reciente, agregó que ese tipo de archivos falsos “ilustran a la perfección los métodos de una policía al servicio del totalitarismo, que yo denuncié en varias publicaciones con tal de dar a entender sus mecanismos”. Kristeva ya anunció que pasará a la acción legal. Mientras tanto, en el horno se está cocinando una preciosa novelita para el octogenario John le Carré.


Las feministas y la censura en China

Luego del 8 de marzo, uno de los grupos en redes sociales más grandes de China, Feminist Voices, desapareció súbitamente de la plataforma Sina Weibo (una suerte de versión china de Facebook, porque allá no entran los tentáculos del Sr. Zuckerberg). Las razones de la suspensión de la cuenta se parecen a las que nos dan en el internet occidental: contenido inapropiado. El temor del gobierno chino es ver crecer una oleada de denuncias, entre otras cosas, que se emparejen con el ya globalizado #MeToo. Una estudiante de doctorado, que ahora reside en Estados Unidos, denunció a su tutor, inspirada por una avalancha de testimonios. La historia se hizo viral rápidamente bajo el hashtag #MeToo. La Universidad de Beihang, Beijing, pidió dos semanas después la renuncia del profesor. Aun así, el hashtag quedó bloqueado.

Las feministas chinas han encontrado varias maneras de saltarse las barreras que les ponen por el bien del pueblo bueno: inventaron, por ejemplo, #RiceBunny usando a veces los iconos correspondientes a un tazón de arroz y un conejo. Las dos palabras en chino tienen una pronunciación idéntica a “mi tu”. Es conocido también el meme en que el dirigente sempiterno Xi Jinping era comparado a Winnie Pooh y se utilizaba para criticarlo. La figura del osito mielero (que no aguamielero) ha sido igualmente bloqueada en las redes de la República Popular China. Siempre supimos que las caricaturas podían ser extremadamente subversivas. No queda más que estar muy atentos a los nuevos ingenios de los que burlan la censura. Es absurdo juzgar que todo esto es muy absurdo, como diría Beckett.


Sean Penn, que nada más hace cosas

Él es actor, “periodista”, visitante aventurero de narcotraficantes en fuga y, por si todo esto fuera poco, exesposo de Madonna. Pues ahora es novelista y poeta, siguiendo los pasos de David Duchovny, pero con menos verbigracia y bebida que Hank Moody. La novela Bob Honey Who Just Do Stuff de Sean Penn acaba de ser publicada. Y adivinen qué: pertenece al género de la novela “distópica”. Esa palabrita que, desde la llegada de Trump al poder, resuena en los tímpanos de George Orwell y de Ray Bradbury y les provoca tremendos revolcones en sus respectivas tumbas, y que corre en boca de pesimistas, escépticos y lectores ávidos de apocalipsis.

El personaje de Bob es la caricatura de un resentido, racista y misógino asesino a sueldo del gobierno —solo se despacha a ancianitos-sanguijuela que desangran al Estado—. Además, es empresario de fosas sépticas. Qué chistoso. Una de sus tareas en la vida es odiar a los demás y a las mujeres que se le cruzan. La trama se reparte entre Bagdad, California y una lancha en mitad del Pacífico. Ocurren muchas cosas, excesivamente violentas y excesivamente sin sentido. Según Claire Fallon, toda la novela es altamente ofensiva y “oscuramente cómica”. Por si los lectores pedían más, tenemos un epílogo… en verso, sí, y que cierra con una visión “crítica” sobre el movimiento #MeToo. Dejaremos a otros talentosos traductores la tarea. Mientras tanto, los pocos que hablen la lengua de Shakespeare podrán regodearse aquí.

 

Fuentes: The Huffington Post, Vice, Wired, The New Yorker, Bibliobs.

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