Caníbales, asesinos en masa, terroristas. El mundo contemporáneo está plagado de seres cuyos crímenes van más allá de nuestras peores pesadillas. En este gabinete ofrecemos un puñado de libros para adentrarnos en la vida y obra de estos monstruos de carne y hueso.

El padre de todos los monstruos

Durante más de veinte años, Robert K. Ressler trabajó en el FBI realizando perfiles sicológicos de criminales como Ted Bundy, Ed Kemper y David Berkowitz, mejor conocido como “el Hijo de Sam” (ese que mataba por órdenes del perro del vecino). A partir de sus experiencias, Ressler acuñó el término “asesino en serie” cuando nadie entendía por qué estos individuos eran capaces de cometer crímenes tan atroces. La mayoría de sus experiencias están vertidas en Asesinos en serie y En la mente del monstruo. La primera obra es uno de los trabajos seminales sobre el campo al que pueden acceder los lectores de a pie.

No apto para corazones débiles, este libro Ressler, quien se convertiría en afamado conferencista y asesor cinematográfico —le debemos, entre otras cosas, al Hannibal Lecter de Hopkins— comparte sus experiencias cercanas con asesinos consumados. En sus páginas explica, por ejemplo, la diferencia entre un asesino organizado y desorganizado; abunda en la forma de trazar un perfil sicológico, disecciona la mente de sus entrevistados, y narra los encuentros que sostuvo con ellos en la cárcel, algunos francamente aterradores. Como la vez que, entrevistando a Ed Kemper, un tipo de dos metros y 136 kilos que había matado a más de diez personas (incluyendo a sus abuelos y a su madre) se dio cuenta que el guardia que tenía que responder al llamado de fin de entrevista no estaba. Cuando Kemper —que purgaba siete cadenas perpetuas con cargos de asesinato, canibalismo y necrofilia— percibió el nerviosismo del investigador, le dijo, “Si ahora se me cruzaran los cables, ¿no te parece que lo pasarías mal? Te podría arrancar la cabeza y ponerla sobre la mesa para que el guardia la viera al entrar”. Un libro donde la palabra perturbador se aplica con toda justicia.

Robert K. Ressler, Asesinos en serie, Ariel, 2005, 382 p.


Diccionario del horror

Desde que el término “asesino serial” fue acuñado a finales de los setenta, esta tribu de engendros ha poblado nuestros rincones más oscuros. Su mundo, de tan abyecto —lleno de trofeos, rituales y motivaciones—, proyecta sobre nosotros un poder magnético que no podemos rechazar. Por eso seres como Charles Manson recibían cientos de cartas de admiradoras que hasta le proponían matrimonio; por algo existe memorabilia (camisetas, posters y tarjetas coleccionables —sí, como las del beisbol—) con la imagen y el currículum vitae de individuos como Ed Gein y Jeffrey Dahmer. Caminar por el lado oscuro, aunque sea como simples mirones, siempre nos ha seducido.

Eso es lo que ofrece The A to Z Encyclopedia of Serial Killers, un diccionario del horror que, más que dedicarle entradas a estos monstruos (aunque por supuesto habla de ellos extensamente), se concentra en trabajar sobre palabras y conceptos asociados con este mundo insano. Así por ejemplo, en la entrada de “cartas” se reproducen algunas de las misivas que criminales como Zodiac (que nunca fue descubierto)  o Albert Fish (que canibalizaba niños) escribieron a la prensa o a los familiares de sus víctimas. Hay una entrada sobre impotencia, otra sobre necrofilia, una más sobre venenos, una sobre asesinos en masa (muy distintos a los seriales) o sobre satanismo; y claro, todas ellas están desarrolladas y orientadas para entender mejor (si es que eso es posible) el mundo de estas criaturas.

Harold Schechter, David Everitt, The A to Z Encyclopedia of Serial Killers, Pocket Books, 1997, 357 p.


Apocalipsis en el metro

El 20 de marzo de 1995, miembros de la secta japonesa Aum Shinrikyō llevaron a cabo cinco ataques coordinados en el metro de Tokio. Los fanáticos de este culto apocalíptico liberaron gas sarín en distintos puntos del sistema de transporte a la hora pico. El saldo fue de trece muertos, cincuenta personas gravemente heridas y otras mil que sufrieron problemas temporales de visión. Al parecer, Aum Shinrikyō pretendía acelerar el fin del mundo y, de paso, declarar a Shoko Asahara, su mesías, como nuevo emperador de Japón. Un año después, el escritor Haruki Murakami comenzó a entrevistar a sesenta víctimas del ataque, así como a ocho miembros del culto religioso. El resultado de este trabajo fue Underground, libro en el que el best seller japonés trata de comprender el por qué de la tragedia pero, sobre todo, la mentalidad de su pueblo.

En un implacable ejercicio periodístico, Murakami nos entrega la crónica coral de una sociedad, el retrato sicológico de un pueblo cuyas tradiciones están tan arraigadas que pueden sorprender al lector occidental. En el libro, temas como el trabajo, el aislamiento y el individualismo extremos de la sociedad nipona salen a relucir; también el materialismo que ha enajenado a esa cultura milenaria. El volumen incluye un ensayo de Murakami en donde el escritor critica duramente al gobierno de su país por tratar de desestimar los ataques como la obra de un puñado de fanáticos en lugar de intentar comprender las causas que llevan a ciertos grupos sociales a cometer semejantes actos. El libro fue publicado originalmente en japonés, versión en la que no aparecen las conversaciones con los terroristas, incluidas posteriormente en las ediciones internacionales.

Haruki Murakami, Underground, Tusquets, 2014, 560 p.


Confesiones de la madre de un asesino

El 20 de abril de 1999, Eric Harris y Dylan Klebold, dos estudiantes de Columbine, acabaron con la vida de doce compañeros y un profesor antes de encerrarse en la biblioteca de la escuela y suicidarse. Durante semanas, los chicos planearon meticulosamente su ataque. En su momento, subieron varios videos donde se les ve practicando en el bosque, explicando la adquisición de su arsenal y la manera en que aprendieron a fabricar bombas; incluso dejaron uno donde se despedían del mundo. Desgraciadamente, la masacre de Columbine no ha sido de las perores en la historia de Estados Unidos (ni siquiera llega al top ten), pero sí una de las más impactantes a nivel social y mediático. Parte de su fama vino gracias al documental Bowling for Columbine (2002), del director Michael Moore, que obtuvo el Óscar, y a la cinta Elephant (2003) de Gus Van Sant. Desde entonces, este es uno de los casos de asesinatos en masa más célebres de la historia de Estados Unidos; de él se han escrito ciento de páginas: perfiles sicológicos, debates sobre la tenencia de armas, ensayos antropológicos y un largo etcétera.

En 2016, diecisiete años después de la masacre, apareció una obra que aborda el tema desde una perspectiva muy distinta. A mother’s reckoning: Living in the aftermath of tragedy es el libro con el que Susan Klebold, nada menos que la madre de Dylan, trata de expiar sentimientos tan dolorosos como la culpa de no haber previsto el desenlace de su hijo, la cruz que supone lidiar con el rechazo permanente de la comunidad, o el inevitable divorcio de su marido, Tom, tras 43 años de matrimonio. Sin exculpar los crímenes cometidos por su hijo, el libro ofrece una perspectiva distinta sobre los asesinos en masa: finalmente, son hijos de alguien; muchos, más de los que uno creería, provienen de entornos comunes y corrientes, incluso de familias amorosas. ¿Qué los lleva, entonces, a despertar un día y sellar su destino de esa manera?

Susan Klebold, A mother’s reckoning: Living in the aftermath of tragedy,Penguin Random House, 2016, 336 p.


La vida íntima del terrorista

Como pocos escritores norteamericanos, John Updike dedicó su obra a reflexionar sobre los procesos de construcción de ese país que absorbió el nombre de todo un continente: los Estados Unidos de América. Por sus libros han transitado los problemas y obsesiones de la potencia, tratados desde los más diversos puntos de vista. Si a lo largo de más de una veintena de novelas Updike intentó cubrir todos los ámbitos posibles de la sociedad americana, los sucesos del 11-S no podían ser la excepción.

En 2006 el autor publicó Terrorista, la historia ficticia de Ahmad Ashmawy Mulloy, un joven musulmán americano que es absorbido por el fundamentalismo religioso y que poco a poco se ve envuelto en un atentado para volar el túnel Lincoln y arrasar con los infieles. “Mi profesor en la mezquita dice que todos los infieles son nuestros enemigos”, dice Ahmad. “El Profeta advirtió que llegará el día en que todos los que no creen serán destruidos”.

 Si bien la tragedia del 11-S no aparece de forma directa, la novela explora los alicientes disparadores del fundamentalismo religioso y el odio que este ha implantado en los jóvenes. Una novela escrita sin duda desde el dolor y la perplejidad de uno de los grandes novelistas americanos del siglo XX.

John Updike, Terrorista, Tusquets, 2007, 336 p.

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Mark Zuckerberg dio la nota de la semana al pasearse de manera virtual por un Puerto rico devastado. Las editoriales, siempre tratando de rizar el rizo para hacer caja, hablan de un nuevo subgénero de la ciencia ficción: la climate fiction.


Realidad virtual: el mundo feliz

El afamado Mark Zuckerberg sigue construyendo, desde sus humildes 33 años, su muy feliz mundo feliz. Este año, Huxley y Nostradamus se pitorrean de los de abajo y descorchan costosas champañas celestiales al coro de “se los dije”. Además de entregarnos un millón de amigos en Facebook (bueno, 5000, límite de cada perfil) como en una canción de Roberto Carlos, Mark está ahora asomado a los dulces abismos de la realidad virtual. Sobra decir que es un adulto risueño y entusiasta. El lanzamiento de dos nuevas versiones de los lentes Oculus (hombre que sabe latín) asienta el camino para la startup del mismo nombre, cuyo propósito es democratizar (sin comillas) este tipo de tecnologías. “Democratizar”, en la lengua vernácula de Silicon Valley, significa alcanzar los mil millones de usuarios.

Uno se pone los lentes, ahora ligeros como un celular, y en ellos podrá conducir su próximo Audi, o bien tener videoconferencias íntimas con sus colegas. Ante todo, el feliz Zuckerberg constata que “la realidad virtual pone al ser humano en el centro de todo” (gracias Mark, esto del heliocentrismo ya se estaba volviendo soporífero), y se defiende contra los estudios de sociólogos, psicólogos y neurólogos,1 no tan felices como él, que han señalado los comportamientos adictivos, el aislamiento y la depresión de los adolescentes que viven pegados a su smartphone: “Pensamos que el mundo puede ser mejor. Esto no reemplaza estar juntos pero podemos paliar algunas carencias” (ay, mis hijos, esas carencias como tener que soportarnos, mirarnos a los ojos, jugar canicas o hacer el esfuerzo de levantarnos del sillón).

El miércoles supimos que Mark, luciendo larga sonrisa, dio un tour muy atinado por las zonas devastadas de Puerto Rico. Bueno, no fue él, sino su avatar, su otro él, pero eso es lo de menos. El objetivo era mostrar que todo es casi tan real como la realidad misma. De paso, el avatar de Mark aprovechó para promover su plataforma de realidad virtual, Facebook Spaces, mientras su él-él, de carne y hueso, usaba unas Oculus VR desde el sillón de casa (por cierto, de una piel curtida muy esponjosa, según fuentes fidedignas consultadas por todos los redactores de esta columna).

 


Ciencia-ficción climática

A finales de septiembre, el New York Times publicó una lista de novelas en las que las catástrofes climáticas son el corazón de la trama. La lista empata con el título de una antología de cuentos que se publicó en mayo: Cli-Fi. Canadian Tales of Climate Change (ed. Bruce Meyer, Exile, 2017). Acorde a los tiempos que vivimos y las distopías que acechan, parece que la cli-fi (climate fiction en la lengua de los vecinos) será un nuevo género vendedor: una literatura de jeremiadas que incluyen huracanes categoría 6, sequías, desertificación, extinciones masivas, inundaciones colosales y otros eventos no muy deseables en el horizonte del futuro (que por fortuna no nos toca a nosotros sino a nuestros hijos y nietos). “Las imaginaciones de hoy pueden convertirse en los datos duros del mañana”, apunta Bruce Meyer en su prólogo. Nada nuevo bajo el sol congelado; más que una nueva forma de ciencia ficción, estos subgéneros son una derivación algo retorcida de la literatura ecologista que empezó a prosperar en los años setenta y que ha dado, también en castellano, obras tan variadas como las de Luis Sepúlveda, Óscar Hahn o José Emilio Pacheco.

Fuentes: El País, Hipertextual, The New York Times, Publisher’s Weekly.


1 Ver, por ejemplo, el reportaje de Jean M. Twenge, “Have smartphones destroyed a generation?”, en The Atlantic, 3 de agosto 2017.

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Para pensar a la Revolución rusa, su relevancia histórica, sus protagonistas, sus aciertos y errores, sobran los libros. A cien años de la toma del Palacio de Invierno, sugerimos algunos títulos para todo aquel que quiera adentrarse a uno de los  acontecimientos más relevantes del siglo XX.

Unos meses para cambiar al mundo

La Revolución rusa solo necesitó de unos cuantos meses para cambiar la historia del mundo. En Octubre. La historia de la Revolución rusa, publicado este año por Verso Books en inglés, y en español por la editorial Akal, China Miéville hace el recuento de la serie de acontecimientos vertiginosos que tuvieron lugar de febrero a octubre de 1917 en distintas partes del enorme territorio Ruso. Con una prosa vívida y pausas en detalles que son poco conocidos, lo que leemos es una historia llena de atropellos, de cambios de ideas, de personajes menores que entran y salen, de aldeas remotas en condiciones muy precarias; un remolino que aun así se as arregla para desembocar en el primer gobierno proletario del mundo.

Miéville es un escritor de ficción, y con esta obra emprendió la tarea de contar una historia en todo el sentido de la palabra. Para hacerlo, revisó archivos documentales y mucha historiografía relacionada con el tema, pero lo que narra finalmente es una serie de eventualidades y sus respectivos protagonistas con la suficiente soltura para hacer sentir al  lector que está en presencia del cambio: ese que no es evidente hasta que sucede. Para muchos, este es un libro comparable a Diez días que estremecieron al mundo de John Reed, que relata lo que el periodista estadounidense vivió en carne propia hace cien años en la revolución que polarizó al planeta. El libro de Miéville recupera la crónica y es una gran forma de acercarse por primera vez a la historia de ese otoño soviético.

Miéville, China, Octubre. La historia de la Revolución rusa, Madrid, Akal,  2017, 360 p.


Vanguardias rusas

Una vez establecido el régimen soviético, uno de los elementos más poderosos en el proceso de su supervivencia y reproducción fue el arte. Metido hasta en la cocina con platos que recuperaban diseños suprematistas de Malévich, el arte pretendía homogeneizar a las masas en una misma experiencia estético-filosófica. La búsqueda de la revolución por un nuevo orden también anidó en los lienzos, la fotografía, los escenarios, la música y el cine soviéticos, dando resultados que por mucho trascendieron los retos de la vida común bajo el socialismo.

Todo esto lo vimos hace un par de años en la exposición de Bellas Artes, “Vanguardia rusa: el vértigo del futuro”, que trajo a sus salas obras de Ródchenko, Popova, Einsenstein, Tatlin, Stepánova y Malévich, entre otros de los exponentes más importantes de las vanguardias rusas, y de las más diversas colecciones nacionales. El catálogo publicado funge como memoria de esa exposición única y creada solo para México, pero también contiene una serie de ensayos que le explican al lector el desarrollo de los distintos movimientos creativos en Rusia, su búsqueda por la libertad del hombre, sus manifestaciones en nuevos materiales y tecnologías, la ruptura con el arte que les antecedía y, también, los problemas políticos y las persecusiones que enfrentaron los artistas cuando sus creaciones dejaron de ser discernibles para los líderes del Kremlin.

Arroyo, Sergio Raúl et al, Vanguardia Rusa. El Vértigo del futuro, México, INBA, 500 p.


Poesía revolucionaria

Entre los poetas del movimiento artístico soviético, Vladimir Mayakovsky quizás sea el que mejor transmite las imágenes de las ciudades que empezaban a industrializarse en los albores del siglo XX ruso, de los hombres y mujeres ataviados para el trabajo fabril y del sentimiento colectivo que lo llevó a él mismo a asegurar:  “Yo también soy una fábrica”. Sin embargo, el poeta, dramaturgo y comprometido revolucionario también escribió sobre el amor, la religión y las estrellas, siempre con la fuerza  arrasadora del futurismo ruso. La antología que publicó Akal hace ya varias décadas es una ventana ideal para asomarse a su obra.

Mayakovsky, Vladimir, Poesía, Madrid, Akal, 2012.


Los orígenes

El aniversario de la Revolución soviética coincide con otro aniversario que le atañe directamente. De hecho, causalmente: el de los 150 años de la publicación de El Capital, de Karl Marx. En este libro de economía política, el historiador y teórico alemán estudia el modo de producción capitalista con la intención de que los obreros alemanes, franceses e ingleses de la segunda mitad del siglo XIX entendieran el funcionamiento del sistema que ordenaba sus vidas, que los explotaba y del cual tenían que liberarse. Marx no creía que las ideas de la revolución obrera pudieran retomarse en un país que dependía de la explotación agrícola. Sin embargo, fue justamente en un país de este tipo, Rusia, en donde El Capital alcanzó la suficiente popularidad para establecer efectivamente el régimen del proletariado.

Se ha escrito bastante sobre las interpretaciones que hicieron los bolcheviques, y sobre todo Lenin, de la extensa obra de Marx; muchas veces incluso sugiriendo que el líder soviético leyó al economista erráticamente. Sea como sea, las ideas que contiene El Capital —en particular su primer volumen—, son el antecedente más relevante en el sistema político y económico que quiso implementar Rusia después de acabar con el régimen zarista. La convergencia de aniversarios, y el hecho de que el Fondo de Cultura Económica estrena edición de El Capital con la nueva traducción revisada de Wenceslao Roces, nos incita a darle oportunidad a este libro de una vez por todas.

Marx, Carlos, El Capital Vol. I, México, FCE, 2014, 1016 p. y Marx, Carlos, El Capital Vol. II, México, FCE, 2017, P.


Grandes hombres

Al volver la mirada hacia el pasado, existe la tentación de explicarlo todo como una sucesión de hechos definidos por las actuaciones de unos cuantos hombres. Por fortuna, esa manera de hacer historia es cada vez más cuestionada y en el centro de las narraciones aparecen con más definición los hombres y mujeres comunes, esos a los que la Historia parecía pasarles por encima. En determinados momentos, empero, los hombres que tuvieron el poder lo ejercieron de tal forma, que su actuación resulta indispensable para explicar el mundo. Ese es el caso de Lenin, Trotski, Stalin y el régimen soviético que duró más de setenta años. El historiador Robert Service publicó, en menos de una década, las biografías de cada uno de estos líderes rusos, no sin causar revuelo y críticas por parte de sus colegas. Vale la pena acercarse a esta serie si se quieren conocer los detalles del carácter, las ideas y alianzas políticas que pueden volver realidad las necedades de unos cuantos.

Service, Robert, Stalin, Siglo XXI, 2006, 708 p.

—–, Lenin: una biografía, Madrid, Siglo XXI, 2010, 678 p.

—–, Trotski, Barcelona, Ediciones B. Barcelona, 2010, 528 p.


Ficción sin serlo

De los tres protagonistas de la Revolución rusa, el más atractivo para nosotros quizás sea León Trotski, que vio el ocaso de su vida en agosto de 1940 en su casa de Coyoacán en la Ciudad de México.  El relato de su tiempo en nuestro país está repleto de intrigas por las que transitan los muralistas mexicanos más representativos del siglo XX (recordemos que Siqueiros incluso fue cómplice de un intento de asesinato al antiguo líder militar por órdenes de Stalin).

En El hombre que amaba a los perros, Leonardo Padura retoma la historia del golpe final a Trotski, atestado por Ramón Mercader, en una novela que mezcla la Cuba de los años setenta, sumergida por completo en el socialismo, el pasado de Mercader en Barcelona y la vida de Trotski en México. Por la combinación entre su contenido histórico, las críticas a la Cuba contemporánea y la relación entre los protagonistas ficticios, es una novela poderosa y cargada de política. El lector siente tener entre sus manos el mismo piolet con el que Trotski fue asesinado.

Padura, Leonardo, El hombre que amaba a los perros, México, Tusquets, 2009, 573 p.

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Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1954) es el demiurgo de un territorio que Boyd Tonkin, el afamado crítico de The Independent,  bautizó con el nombre de Ishiguria: un espacio literario cuya atmósfera suele ser desoladora y cruel; un universo narrativo que se sostiene en medio de un entramado de recuerdos, amenazas, pérdidas, atisbos de esperanza y una constante tensión entre el pasado y el presente. Presentamos un muestrario de cinco novelas —cinco zonas de Ishiguria— del ganador del premio Nobel de Literatura 2017.


Pálida luz en las colinas
Traducción de Ángel Luis Hernández Francés
Anagrama
Barcelona, 2006
204 páginas.

Ishiguro basa la narración en la historia de los estragos que dejó la bomba atómica en Nagasaki, su ciudad natal. Tras el suicidio de su hija mayor, Etsuko, una japonesa de 50 años establecida en Inglaterra, rememora episodios vitales. Etsuko evoca a Sachiko, una amiga que vivía con su hija Mariko, dos enigmas en el corazón del libro, cuyo detonante puede encontrarse en el Japón de los años cincuenta, que apenas sanaba las fracturas de la guerra. La novela, galardonada con el Premio Winifred Holtby, se centra en una pregunta: ¿el escrutinio de la memoria puede liberarnos de la condición del presente?


Nunca me abandones
Traducción de Jesús Zulaika
Anagrama
Barcelona, 2007
360 páginas.

En esta distopía Ishiguro se sirve de un un triángulo amoroso juvenil para indagar un mundo casi inhumano. Los jóvenes que estudian en el internado de Hailsham son —aparentemente— como cualquier grupo de adolescentes. En el recinto las relaciones sexuales están permitidas y los estudiantes saben que son estériles y que no tienen padres. Kathy, Tommy y Ruth fueron alumnos en Hailsham. Y Kathy, a los 31 años, evoca Hailsham y cómo ella y sus amigos encontraron la verdad. La narradora confiesa: “A lo largo de los años ha habido veces en que he tratado de dejar atrás Hailsham, diciéndome que no tenía que mirar tanto hacia el pasado. Pero luego llegué a un punto en el que dejé de resistirme”.


Los restos del día
Traducción de Ángel Luis Hernández Francés
Anagrama
Barcelona, 2015
256 páginas.

La trama, desarrollada en Inglaterra en julio de 1956, gira alrededor del viaje que emprende por primera vez en su vida Stevens, el narrador, antiguo mayordomo de Lord Darlington. La propiedad del hombre fallecido está en manos de un estadounidense y este le ofrece su automóvil al protagonista para que tome unas vacaciones. Stevens cruza Inglaterra hacia Weymouth, donde vive la señora Benn, antigua ama de llaves de Darlington Hall. El protagonista descubre que Lord Darlington formó parte de la clase dirigente inglesa atraída por el fascismo y que conspiró para intentar conseguir una alianza entre Inglaterra y Alemania. “Una brillante subversión de los modelos narrativos de los que, en un principio, parece derivar […]. Una historia hermosa y cruel al mismo tiempo”, afirmó Salman Rushdie sobre la novela, ganadora del Premio Man Booker.


Cuando fuimos huérfanos
Traducción de Jesús Zulaika
Anagrama
Barcelona, 2006
408 páginas.

Christopher Banks creció como un huérfano en la Inglaterra de los años treinta. Tiene recuerdos imprecisos, ambiguos, de lo que en verdad sucedió. Cuando era niño y vivía en Shanghái, sus padres desaparecieron, posiblemente a causa de un vínculo con la mafia china. Banks se convierte en el más famoso detective londinense. La ausencia de sus progenitores, de los que no sabe si están vivos o muertos, lo abruma. Se mueve en una Europa agitada en la que surge el fascismo y se acerca al conflicto de un Shanghái en el que se enfrentan los chinos comunistas y el ejército japonés.


El gigante enterrado
Traducción de Mauricio Bach
Anagrama
Barcelona, 2016
368 páginas.

Un personaje afirma: “Porque debemos desvelar lo que ha permanecido oculto y afrontar el pasado”. Esta línea condensa la aspiración de toda la obra de Ishiguro. La novela, ambientada en Inglaterra en la Edad Media, se remite a un pasado legendario en el que una pareja de ancianos —Axl y Beatrice— sale de una aldea en busca de su hijo. Como los otros habitantes de la región, la pareja perdió parte de su memoria. En su viaje, Axl y Beatrice conocen a Wistan, un guerrero sajón que lleva una herida que lo estigmatiza; y a otro anciano, Sir Gawain, el último caballero vivo del rey Arturo. La pregunta en la voz de uno de los personajes se convierte en el eje del periplo: “¿Es la vergüenza lo que les debilita la memoria o sencillamente el miedo?”. Los recuerdos fragmentarios revolotean por los bordes de la memoria.

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Recomendaciones de arte, danza y teatro que el lector no encontrará en ninguna otra parte.


Geometría en el jardín


Ricardo Regazonni en Talleres Luis Barragán. Fotografía de Paulina Morales.

Frente a la Casa Barragán, con la misma parquedad exterior, se encuentra el número 17 de la calle General Francisco Ramírez, la cual alberga un jardín inesperado y una pequeña construcción al fondo. El año pasado, el arquitecto Alberto Kalach remodeló el espacio respetando la estética de Luis Barragán. El recorrido del jardín alargado se ve interrumpido por un espejo de agua a la mitad y los colorines, fresnos, tepozanes, truenos y la higuera entretejen la vegetación exuberante. Las enredaderas cuelgan como cortinas desde las ramas de algunos árboles. Los muros azules complementan la paz y el silencio del espacio. Al final, el taller tiene una puerta rosa mexicano, unas escaleras delicadas y un diestro manejo de la luz en los que se observan los elementos característicos de Barragán.

Actualmente estos talleres son la sede de una exposición del escultor mexicano Ricardo Regazzoni (Ciudad de México, 1942). Regazzoni se formó inicialmente como arquitecto y después se dedicó a las artes plásticas. Estudió en París y también realizó una estancia en el Smithsonian Institute gracias a una beca Fullbright que el propio Barragán le insistió que consiguiera. Al ver las columnas del escultor, Barragán le dijo que le gustaría integrarlas a alguno de sus proyectos. Aunque esta colaboración nunca sucedió, la exposición en este espacio ensaya cómo pudo haber sido. Las piezas geométricas emergen en pequeñas áreas despejadas del jardín. Las esculturas son formas livianas y depuradas; las sombras, elocuentes. La hoja de oro que recubre algunas de ellas evoca algunos cuadros de Mathias Goeritz. La serie se llama Fugas y variaciones. En el jardín, las cadenas y líneas zigzagueantes se comprimen para envolver una de las habitaciones con columnas más sólidas y chaparras. En la otra, los elementos geométricos y los materiales con los que nos habíamos familiarizado en el exterior cambian de escala, se acuestan o se suspenden.

Hasta el 6 de noviembre.
Talleres Luis Barragán.
General Francisco Ramírez 17, Col. Ampliación Daniel Garza.

Paulina Morales. Maestra en Museología por la Universidad de Leicester.


Teatro y derecho: Festejando a la Constitución

Trece actores se reúnen en un teatro para reflexionar y recordar, en compañía del público, la Carta Magna expedida en 1917. Tal y como se discutió y acordó esta constitución, en un teatro, este grupo de actores inaugura Sesión permanente. La puesta en escena se constituye a partir de varios discursos políticos pronunciados alrededor de la constitución en la historia de México, desde su publicación hasta nuestros días. Se ponen en la mesa, por medio de proyecciones y del apoyo coral de los actores, cada uno de los artículos que constituyen la actual Carta Magna, así como sus repercusiones y cuestionamientos. La puesta en escena expone a actores comprometidos y dinámicos, reflexionando en torno a los puntos de vista que deben ser discutidos en la celebración centenaria de nuestra constitución. Este ejercicio escénico se desarrolló gracias a los recién egresados del Centro Universitario de Teatro (generación 2014) con la dirección conjunta de Luis Mario Moncada, Enrique Singer y Teatro OJO, en colaboración con la Facultad de Derecho de la UNAM.

Hasta el 15 de octubre. Jueves, viernes y sábado a las 19:00 y domingo a las 18:00.
Foro del CUT (Centro Universitario de Teatro).
Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000 (Atrás de la Sala Nezahualcóyotl).

Jorge Viñas. Egresado del Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM.


Swing al alcance de todos

El swing es un baile que tiene su origen en el sur de Estados Unidos a inicios del siglo XX. Reflejo de los “felices años veinte”, el glamur, el sonido del jazz, la improvisación de movimientos ágiles y rápidos son sus características. Para no quedarse con las ganas de vivir la experiencia de bailar swing hoy en día, Swing forever! México imparte clases independientes en varios niveles. No es obligatorio inscribirse ni asistir en pareja.

Todos los domingos de 14:00 a 15:30 hrs.
Plaza de la Ciudadela. Explanada de la Biblioteca México, junto al monumento a Morelos.
Balderas esq. José María Morelos, Col. Centro.
Costo de recuperación: 60 pesos.

Berenice Quirarte.  Cursa la maestría en Estudios del Arte en la Universidad Iberoamericana. Es miembro de Giroscopio: Danza + Filosofía.


Dos tribunas, un partido

Un partido de futbol que pretenda mantenernos al filo del asiento durante 90 minutos es una apuesta difícil, y lo mismo sucede con cualquier película o un cortometraje cuya intención sea incendiarnos el corazón con un final inesperado. Sin embargo, cuando asistimos a un juego o al cine, siempre estamos a la expectativa de que suceda algo magnífico e inesperado: sea que el protagonista se decida por salvar a su pueblo o que caiga un gol que marque la diferencia entre mantenerse en segunda división y llegar a primera.

El Festival Futbol Cine explora los nexos que existen entre ambas disciplinas a través de una serie de proyecciones que nos cuentan las historias fundacionales de ciertos equipos de futbol, el detrás de cámara de algunos partidos, un jugador que experimenta dentro y fuera del campo, o la manera en que los aficionados dan sentido a los juegos. Metegol, El otro Maradona y El 5 de Talleres, son algunas de las películas que el Festival FC proyectará del 5 al 9 de octubre en diversas sedes de la Ciudad de México para explorar las emociones que una proyección y un juego pueden provocarnos, lo mismo como aficionados a un club que como amantes de la pantalla grande. Cualquiera de estas funciones nos recordará que el amor al séptimo arte y la pasión hacia el balón se parecen bastante.

Para conocer la cartelera completa y sedes puedes visitar: www.festivalfc.com

Del 5 al 9 de octubre.
Festival Futbol Cine.
Ciudad de México.

María Olivera. Estudiante de Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

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