26 febrero, 2017

Clicadero 6

Ernesto Cardenal como perseguido político en su país natal, un video inédito de Marcel Proust y el ensayo póstumo de Todorov, entre otros clics recogidos en esta entrega.

Persecución contra Cardenal

El gobierno del reelegido Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, ahora nombrada vicepresidenta, ha decidido retirar la demanda por 800 mil dólares contra el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal (Granada, 1925). Es alarmante que el poeta del exteriorismo y de la revolución sandinista de 1979 sea percibido, a sus 92 años, como una amenaza para un régimen que se desliza velozmente a la autocracia. La persecución contra Cardenal se debe a los litigios por las tierras comunales del archipiélago de Solentiname, de los que ya había sido absuelto en 2010. La crueldad contradictoria de las revoluciones traicionadas ha hecho que el mismo gobierno esté reprimiendo a la comunidad de pintores y poetas que otrora fue su bastión simbólico en la lucha contra Somoza. Cardenal no sólo fue Ministro de la Cultura de la primera presidencia de Ortega tras la victoria sandinista, perpetuó además esa comunidad de campesinos y agricultores, basada en la teología de la liberación y en la enseñanza de la pintura y la poesía para todos, este último arte capaz de redimir a los oprimidos y aun a los antiguos guardias somocistas arrepentidos. El autor de Los ovnis de oro estuvo considerando pedir asilo político en México. 

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“Ernesto Cardenal en Managua”, fotografía de Eduardo Montes-Bradley, noviembre del 2001

Tiempo recobrado: dos segundos

Un profesor de Quebec ha puesto en marcha una investigación digna de llamarse En busca del Proust perdido. En los archivos del Centre National de la Cinématographie halló una insólita grabación en la que aparece el escritor francés. Es la escena de una boda aristocrática del barrio de Saint-Germain. Tras  los novios, los invitados desfilan por las escaleras de la iglesia de la Madeleine. Entre ellos está Marcel Proust, con su eterno bigote y sombrero de bombín. Su vestimenta contrasta con la elegancia del resto de los presentes en las nupcias de Armand de Guiche y Elaine Greffulhe. La condesa de Greffulhe, madre de la novia, habría sido el modelo de inspiración del personaje de la condesa Oriane de Guermantes en Du côté de chez Swann. Se trata del único documento fílmico que se conserva del escritor francés. El tiempo recobrado de su paso por la escalera es de unos dos segundos, aparición tan fantasmal como la memoria misma.

Video puede verse aquí o http://bit.ly/2lTPux0.

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Es el número de palabras récord leídas durante una investidura presidencial estadounidense. Según The Independent, el presidente William Harry Harrison, elegido en 1841, pudo haber contraído una neumonía letal mientras leía este largo discurso en las gélidas temperaturas de Washington. Otros estudios indican que enfermó de tifoidea con el agua contaminada de la misma Casa Blanca. Ninguna de estas enfermedades le ha pegado a Trump, justo cuando recibimos la triste noticia de que el magante ha sobrepasado otro récord de William Harry Harrison: el haber estado al frente del ejecutivo durante nada más 31 días. El primer mes del republicanopodrá ser recordado gracias a la brillante portada del New Yorker, en la edición de su aniversario 92 (del 13 al 20 de febrero),que sigue honrando su tradición de ilustradores genios. John W. Tomac, el autor de esta “Liberty’s Flameout”, explica que “solía ser esa misma Estatua de la Libertad, con su antorcha brillante, la visión que acogía a los nuevos inmigrantes. Y, al mismo tiempo, era el símbolo de los valores Americanos. Ahora parece que estamos apagando la luz”. 

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John W. Tomac, Liberty’s Flameout, portada del New Yorker, 13-20 de febrero 2017

Epílogo literario de Todorov

Una semana después de la muerte del filósofo y lingüista francés de origen búlgaro sale a la luz su último ensayo Le triomphe de l’artiste. La révolution et les artistes. Russie: 1917-1941 (Flammarion, 2017, 336 pp). Centrado en la represión y persecución de pintores y escritores bajo el régimen soviético, es un díptico que se ocupa, primero, de una docena de escritores rusos —Mandelstam, Bulgakov, Pasternak, Maïakovski— y, en una segunda parte, del pintor Kazimir Malevitch. Los personajes —así los trata el autor a pesar de ser un ensayo— intentan resistir su obligada conversión en esos “ingenieros del alma” según las premisas estalinistas. El libro hace eco a las primeras investigaciones del estructuralista franco-búlgaro, en particular a Théorie de la littérature (1966) en donde compiló y tradujo los textos más emblemáticos de los formalistas rusos. Cuando los restos de los totalitarismos parecen haberse extinguido por completo, Todorov renueva la pregunta de su vigencia en la expresión artística: “Si me comprometí en esta evocación, no es nada más porque me parece que el destino de mis personajes es conmovedor o porque forma historias dramáticas, no es nada más por el interés de mi propia historia como antiguo sujeto de un país totalitario, o por el pasado de algunos amigos cercanos más grandes que yo; es también porque pienso que ese viejo pasado de hace casi un siglo que tuvo lugar en un país desaparecido (la Unión Soviética) tiene alguna lección que darnos a nosotros, ciudadanos del mundo occidental del siglo XXI. Sin embargo, afirmar esta posibilidad de lectura es admitir al mismo tiempo cierta continuidad o semejanza entre esos dos tipos de Estado tan diferentes, los regímenes comunistas del pasado y las democracias liberales del presente”.

Walt Whitman novelista

Desde los ochenta hemos descubierto nuevas facetas de Walt Whitman (1819-1892): del poeta popular que celebraba la hermandad universal pasamos al imperialista e incluso antimexicano alineado a la doctrina Monroe. La historia cambia radicalmente el significado de los mismos textos. Ahora sabemos que también escribió al menos dos novelas. Como reporta El País, Zachary Turpin, un estudiante de doctorado de la Universidad de Houston, inmerso en las hemerotecas, acaba de dar con Vida y aventuras de Jack EngleAn autobiography, novela por entregas y además anónima que debía aparecer en The Sunday Dispatch. Estaba enterrada en los archivos desde 1852, tres años antes de la publicación de ese hito de la poesía moderna, Leaves of grass (Hojas de hierba). La única novela del autor conocida era, hasta ahora, Franklin Evans de 1852. El joven Turpin, un verdadero arqueólogo whitmaniano, ya había rescatado una serie de artículos periodísticos de 1858 titulados Manly Health and Training. La revista Walt Whitman Quarterly Review de la Universidad de Iowa, de libre acceso —como debería de serlo cualquier revista académica producto de la investigación pública—, ha publicado la novela completa como un auténtico don primaveral. “Honestamente lector te vamos a contar una historia real. El relato está escrito en primera persona pues fue garabateada por su actor principal, para entretener a un apreciado amigo”, aclara Whitman en la introducción.

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“Notas de Whitman para Jack Engle”, Library of Congress.

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12 febrero, 2017

Clicadero 5

Los dibujos de Rimbaud, más Neruda en francés y la guerra de Kipling en esta entrega

Rimbaud dibujante

La casa de subastas Sotheby’s nunca deja de provocar nuestros sustantivos ahorros: el 8 de febrero se puso en venta un cuaderno de 1865 titulado Les plaisirs du jeune âge (Los placeres de la infancia) con siete dibujos originales de, bombos y platillos, Arthur Rimbaud. Hagan sus cuentas, Rimbaud tenía diez años cuando garabateó estas figuritas y autografió el contenido con su temprana visión profética. Se trata, más bien, de un nuevo género velado al público: la caricatura. Sus personajes, ondulantes y parlanchines, aparecen en distintas escenas cotidianas: el trineo, el columpio, ir a misa, labores de jardinería y un extraño asedio en el que los de arriba arrojan piedras, pan o papas a los de abajo. Para algunos comentaristas franceses “aquí aparece ya el universo psíquico de un joven poeta que observa de manera crítica el mundo a su alrededor”. Claro. El monto ganador fue de 118 mil euros. Ya lo saben, pongan a sus niños a dibujar… uno nunca sabe.

Inéditos de Neruda en francés

El poeta Jacques Ancet (Lyon, 1942) acaba de ganar el premio Roger Caillois por su traducción de Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos (Tes pieds je les touche dans l’ombre, ed. bilingüe, Seghers, Paris, 2016, 168 pp.): una serie de poemas que la Fundación Neruda exhumó en 2014 (publicados por Seix Barral) y que habían escapado al trabajo de revisión de Matilde Urrutia. Por mera casualidad o atino comercial son, de nuevo, veintiún poemas escritos entre 1956 y 1973. Si volviéramos al debate sobre la imposibilidad de traducir poesía, debemos reconocer que no hay nadie mejor que otro poeta para crear versiones y traslaciones en su propia lengua. La labor de Ancet para difundir la poesía en lengua española en Francia es una de la más generosas y completas de nuestros tiempos: ha traducido, entre otros, a Vicente Aleixandre, Borges, Cernuda, Quevedo, Gamoneda, Gelman, Pizarnik y Villaurutia. Ver “Contra el teléfono”, poema diario del 17 de febrero 2017.

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Kipling en las trincheras

Como Yeats, Salomón de la Selva, Céline o Apollinaire, Rudyard Kipling (1865-1936) también presenció la guerra que llevó la muerte y la destrucción tecnificadas a la cúspide de la barbarie humana. Acaban de aparecer, en España, sus Crónicas de la primera guerra mundial (con prólogo de Ignacio Peyró y traducción de Amelia Sánchez de Villar, Fórcola, 2016). En 1915, su hijo John desaparece en el frente occidental. Rudyard sigue escribiendo los horrores de la guerra en artículos periodísticos (incluidos en The new army in training, France at War, Sea Warfare o The War in the Mountains), cuentos (“Tales of ‘15”) y poemas (“Epitaphs of War”). El epitafio en la tumba de su hijo resume así la guerra: “Porque nuestros padres mintieron”.

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Retrato de Kipling por Eliot and Fry

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5 febrero, 2017

Clicadero 4

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Cantinflas en el muro fronterizo

Nada parece más elocuente para nuestros tiempos que los batiburrillos cómicos de Cantinflas. El diccionario de la Real Academia ha dejado atrás las época del nihilismo lingüístico y ha introducido grandes tesoros coloquiales de América. Entre ellos, cantinflear aparece como “Hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia.” En este diálogo memorable con las autoridades aduanales, cantinflear —por medio del personaje de Fidencio Barrenillo, de la película Por mis pistolas (1968)— parece más un acto de lucidez que otra cosa. Fidencio intentará cruzar el “muro” con un impecable sentido de lo ridículo.

Volver a Orwell

Fue noticia unánime en los grandes periódicos del mundo: 1984 de George Orwell se convirtió en bestseller instantáneo tras la ascensión de Trump. Según El País, un portavoz de la editorial Signet Classics estima que “las ventas se habrían incrementado un 10.000%”. Es preocupante que una distopía sobre la autocracia y el control de las conciencias se asemeje tanto a los planes del macabro Bannon y sus secuaces quienes han demostrado su pericia en manipular la información, generando fricciones y tensiones, “hechos alternativos”, al punto de negar hasta el más elevado cinismo los datos empíricos.

Los marginados del Nobel

Es una queja común la de que Borges murió sin haber recibido el Nobel de Literatura. La polémica politización del premio no habría permitido que el premio se otorgara a un autor que acaba de estrecharle la mano a Videla y Pinochet. La Academia sueca, en un desplante snowdeniano, acaba de hacer públicos los archivos de sus candidatos y procesos de nominación, en las entregas de 1962 a 1966. En 1965, se quiso retomar la propuesta de dividir el galardón en dos (sólo sucedió en 1904 y 1917), respectivamente para: Miguel Ángel Asturias y Borges (en lengua española), Anna Akhmatova y Michael Solokhov (en lengua rusa) y Shmuel Joseph Agnon y Nelly Sachs (representando la escritura judía). Al año siguiente el premio fue entregado dividido entre estos dos autores. Entre los nominados del año 66 figuraba el poeta Paul Celan, según Steiner el mayor poeta en lengua alemana de la segunda mitad de siglo XX. Judío azkenazi, Celan fue recluido a los campos de trabajo en 1942, al ser capturado por las tropas de Hitler que ocupaban Francia. Sus padres murieron en campos de exterminio. Al no fallar ese Nobel, el premio lo marginó para siempre. Celan se suicidó en París en 1970.

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22 enero, 2017

Clicadero 3

clicadero

Esta sección le facilitará al lector de hoy, nervioso de clics, algunas noticias y curiosidades literarias a manera de canasta quincenal. Aun en desacuerdo con el frenesí de la lectura electrónica, actualizamos el nombre de una sección similar de nexos llamada “Picadero” que alimentaban Luis Miguel Aguilar y Rafael Pérez Gay en los no tan lejanos noventa.


Piglia en otras latitudes

La muerte del escritor argentino sacudió el mundo de las letras hispanoamericanas. Se suma a una larga lista de defunciones famosas que nos dejan en total orfandad frente a los tiempos venideros: Tournier, Butor, Eco, Berger, etc. En Francia, se lamentó la llegada tardía de la obra traducida del argentino, con unos 20 años de retraso. Respiración artificial (1980) se tradujo al francés en el 2000. Hasta hoy toda su obra ha sido vertida a dicho idioma con excepción de Los diarios de Emilio Renzi (Anagrama, 2015). A diferencia de Europa, en Estados Unidos ni el New York Times ni el Washington Post, ni siquiera el New Yorker, dedicaron una sola línea al escritor más importante después de Borges. Únicamente aparecieron notas en las versiones en español de esos periódicos. ¿Porqué vetarle al público estadounidense no hispanohablante la obra de un autor que, además, enseñó en sus universidades prestigiosas? Misterios de la traducción y sus mercados.

Falsas esperanzas

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En el último libro de Michel Serres (Agen, 1930), Darwin, Bonaparte et le Samaritain. Une philosophie de l’histoire (Éditions Le Pommier, 2016), estos tres personajes corresponden a tres casillas para concebir la historia. La figura de Darwin equivale al estudio de la flora y fauna, al relato científico del Big-Bang y al detalle de nuestras condiciones naturales que nos ocupan desde hace milenios. El segundo corresponde al imperio de la guerra contra nosotros mismos, en la imagen de un Bonaparte que no acaba de claudicar. La última etapa, del Samaritano, es el reino de médicos, enfermeros, botánicos, mediadores de paz, informáticos y altruistas que han aminorado la curva de mortalidad y sufrimiento. Según las estadísticas del filósofo, la humanidad no podría estar mejor: la mayoría preferimos la ayuda mutua y la solidaridad en lugar de competir y asesinarnos. En un año tan fatal como el que llegó a su fin, el análisis de Serres no podría ser más difícil de creer.

Contra su optimismo, podemos sumar a la causa de los desencantados el apocalipsis trumpiano quien se opone a toda noción de calentamiento global. Según el NSIDC (National Snow and Ice Data Center), el  2016 habrá sido nuevamente el más caluroso desde que se tiene registro. Además, los bancos de hielo en el mundo han perdido, en los últimos meses del año, más de 3 millones de km² de su corteza, una superficie equivalente al tamaño de la India. Con estas dramáticas cifras la sentencia de Naomi Klein cobra sentido: “Hay un choque frontal entre la urgencia climática y la ideología de nuestras élites”.

Libros para 2017

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Cuando todos se reponen no de la cruda navideña sino de la doble resaca del gasolinazo y las calamidades del peso cada vez que alguien abre su trumpota, aparecen las listas de novedades por llegar, a ver si alguien recupera los ánimos. El periódico El País nos aconseja volver a la gesta bolchevique, que cumple cien años, con la reedición de La revolución rusa (Debate) del historiador polaco Richard Pipes, la publicación de La venganza de los siervos (Galaxia Gutenberg) de Julián Casanova o bien El siglo de la revolución. Una historia del mundo de 1917 a 2014 (Crítica) de Joseph Fontana. De autores en lengua española vendrán, en materia de narrativa: El monarca de las sombras (Literatura Random House) de Javier Cercas, nueva indagación en torno a la memoria histórica de la Guerra Civil; Coincidencias (Anagrama) de Luis Goytisolo; Marc y su contratiempo (Seix Barral) de Enrique Vila-Matas; Los pacientes del doctor García (Tusquets) de Almudena Grandes. Entre los ensayos que circularán en español hay que destacar Parar en seco (Debate) del colombiano William Ospina, enfocado en la urgencia medio-ambiental a través de la historia de las ideas, las letras y las artes. En lengua extranjera traducida llegarán nuevos títulos de los siempre bien vendidos: Nabokov con una antología de ensayos reeditada, Opiniones contundentes (Anagrama); otro ensayo de D.H Lawrence, El amor es la felicidad del mundo (Siruela), para abordar temas filosóficos universales; Ian McEwan con Cáscara de nuez (Anagrama); el regreso a la novela de Paul Auster con 4, 3, 2, 1 (Seix Barral); Enviada especial (Anagrama) de Jean Echenoz; la novela de la ganadora del Premio Goncourt 2016, Leila Slimani con Canción dulce (Cabaret Voltaire). Al nunca bien ponderado género de la novela negra se sumará Benjamin Black (pseudónimo de John Banville), Las sombras de Quirke (Anagrama) y, para acabar, contaremos con un nuevo volumen de cuentos de la estadunidense Joyce Carol Oates, Dame tu corazón (Gatopardo ediciones), y A propósito de las mujeres (Lumen) de Natalia Ginzburg. En poesía no olvidemos a dos gigantes que regresarán: una reedición con textos inéditos de Tentativa del hombre infinito (Cátedra) de Neruda y la Poesía reunida de William Carlos Williams (Lumen), un volumen de 560 páginas en el que Edgardo Dobry y Juan Antonio Montiel han vertido, por primera vez en español, todas las obras del poeta médico, clásico imprescindible del siglo XX al que también tradujeron Octavio Paz y José Emilio Pacheco.

El año de los diarios

Al fin aparecen en español los Diarios Completos (Alba) de Sylvia Plath, editados de Karen V. Kukil y J. A. Montiel en traducción de E. Julibert. Compilan la vida de la poeta desde julio de 1950 a julio de 1962, combinando lujosamente géneros y soportes desde el álbum fotográfico, sueños, proyectos y poemas hasta extractos de cartas. Todo viene orientado por un bendito índice onomástico que nunca está de más en obras voluminosas. Adentrarse en la tragedia de Plath, poeta que se suicidó en 1963 y que pertenece a la rama de la poesía “confesional” o “extremista” por su experiencia de la muerte y la violencia, contribuirá a esa fuerte exploración de la psique, los abismos interiores y los derrumbes de la personalidad que asoman también en sus versos.

En el mismo registro, se publicarán en los próximos días los Apuntes de un viaje por Francia, Italia y Suiza (Oportet Editores) de Miguel de Unamuno. Es inaudita a estas alturas la aparición de un libro del padre de la generación del 98. El manuscrito no aparecía en el inventario de su obra que los herederos levantaron hace medio siglo y aún es una incógnita saber como cayó en manos de su editor salmantino, Pollux Hernúñez. Se trata de un relato fresco y ágil ilustrado con dibujos a lápiz en el que Unamuno, a sus 25 años, se regocija a su paso por Barcelona, Marseille, Arles, Génova, Florencia, Roma, Nápoles, Lucerna, Ginebra y París, entre otras, en el verano de 1889.

Para acabar esta fiebre de diarios, la Biblioteca Estatal de Berlín puso en línea los diarios completos de Humboldt. Resguardados por el Ejército Rojo durante la segunda guerra mundial y trasladados a Moscú —no regresaron a Alemania hasta 1958—, estarán disponibles las casi cuatro mil páginas donde el científico humanista de América dejaba sus notas, observaciones, registros, apuntes: una documentación omnicomprensiva de la fauna, la flora, la biología, el clima, la geología, las costumbres, etc, resultado de las expediciones del alemán entre 1799 a 1804, que se convertiría en una de las más valiosas aportaciones a la historia de la ciencia y la literatura de viajes. Se puede consultar aquí, en inglés o alemán, esa obra monumental del más grande viajero de la Ilustración.

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Humboldt y Aimé Bonpland al pie del volcán Chimborazo, Friedrich Georg Weitsch, 1806.

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20 diciembre, 2016

Libros para regalar

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Hay pocos libros a los que les guardo tanto cariño como a This Is Water, de David Foster Wallace (Little, Brown and Company, 2009) Y quizá por eso suelo regalarlo con frecuencia. La sabiduría detrás de este ensayito —que oscila entre el lugar común y la revelación paralizante, al mismo tiempo que combina un lenguaje sencillísimo con una fineza de pensamiento y lucidez envidiables— es de ésas que con mucha frecuencia soslayamos. Lo único que propone Wallace es mantenernos alerta. No permitirnos olvidar que todo, TODO, a nuestro alrededor es monumental, bellísimo, interesante; mejor aún, presente. Si soy honesto, no hay mejor consejo que pueda imaginar, ni mejor libro para compartirlo.

Raúl Bravo, editor del blog Economía y Sociedad

 

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Cuando obsequio un libro espero que sea leído, no como una retribución por la acción de hacerlo, sino por un deseo auténtico de compartir un hallazgo. Así que regalo libros más bien delgados, con una selección breve de relatos o ensayos, y en el atrevimiento superlativo, acaso una novela corta. Más allá de eso, el libro con seguridad irá directo a dormir a dar a la estantería de quien recibe el obsequio. Por eso no dudaría en obsequiar El público, ese desconocido de Wilkie Colllins (Siruela, 2012), porque apenas nadie reparó en su publicación y porque busca responder a uno de los cuestionamientos que más interesan a los creadores con independencia de la disciplina que practiquen: ¿a quiénes están dirigidos los esfuerzos en la literatura, la plástica, la música, la danza? El autor inglés no descarta que pueda orientarse el criterio del público, aunque es realista al considerar la parte que juega el azar en el camino hacia la consolidación de un artista. El “público” es multiforme y cambia entre generaciones, clases sociales, género o lugar de nacimiento. ¿Cuántas veces no ha pasado que un autor es apreciado en el extranjero con mayor interés antes que en la nación que cobijó sus primeros años?
La historia de la literatura hispanoamericana se confirma como una sucesión de lecturas en el exterior. Ahora bien, no deja de ser conmovedor que poco haya cambiado desde los años de Collins, con la excepción de que su ensayo está escrito por un autor inglés, durante los años en que la Revolución industrial en Inglaterra daba el paso del progreso a las demás naciones del mundo. Collins fue célebre en vida por sus novelas policiales y de enredo y auxilió a Dickens en la difusión del valor de su obra. Esto lo señalo porque el rostro caprichoso del público no sólo se voltea ante quienes crean desde los márgenes, fuera del circuito reconocido de la producción. Se muestra apático por igual ante quien dispone de espacio en los medios de comunicación a gran escala.
Lo que confirma que el público, como lo anota Collins, es un gran desconocido.

Luis Bugarini, editor del blog Asidero. Escritor y crítico literario. Es autor de Estación Varsovia.

 

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Para cumplir su función, toda recomendación debe ser recomendación-para-alguien: se debe tomar en cuenta el contexto de recepción. Y por eso al recomendar algo por escrito, públicamente, queda una sensación de insatisfacción, de impotencia: porque se sabe que el contexto de recepción es inaprensible, incontrolable. Esta vez, la única pista que tengo sobre el contexto es que estamos en Navidad. Es, decir, que es una recomendación-para-Navidad.
Por eso el libro Menos es suficiente, de Pier Vittorio Aureli (Gustavo Gili, 2016). Porque en él encontramos un brillante combate en contra del ascetismo capitalista del “menos es más”. Aquel de la limpidez minimalista. El de Mies van der Rohe. El de los celulares y computadoras Apple. El que obliga a los ya hambrientos y endeudados a apretarse aún más el cinturón. Pero, sobre todo, porque en la obra de Pier Vittorio Aureli se entrevé la posibilidad de una vida distinta. Una especie de vida monacal secular basada en el “menos es suficiente”. No una vida en un minúsculo departamento prefabricado repleto de objetos, sino en una vivienda mínima. Una vida al margen de la propiedad privada, en la cual simplemente exista el valor de uso. Una vida regida por el “ama y haz lo que quieras” agustiniano.

Luciano Concheiro, colaborador

 

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Obsequiar o recomendar libros me resulta una tarea muy difícil —por razones que no enumeraré aquí—. Sin embargo este ejercicio se trata de invitar a la lectura en fechas que suponen regocijo y alegría. Me atrevo a recomendar un libro que aún no he leído, que espera paciente en un anaquel de mi biblioteca y ansío leer próximamente, cuando las presencias espectrales se disipen de mi sistema límbico: El emperador de todos los males. Una biografía del cáncer (Debate, 2014) de Siddhartha Mukherjee. La razón es muy sencilla y personal: para mí la Navidad y el Año Nuevo son sinónimos de Cáncer y Desaparición.

Alejandro García Abreu, editor de Cultura en línea

 

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Dentro de los libros que uno puede empezar a leer prácticamente de cero, las biografías tienen un lugar principal. Es una realidad que si nos acercamos a la biografía de un escritor, de un político o de una celebridad es porque tenemos algunos indicios, un cúmulo nebuloso que queremos disipar. Las dos biografías más sobresalientes que leí este año fueron Miguel de Cervantes. La conquista de la ironía, de Jordi Gracia (Taurus, 2016) y Rodolfo Walsh. Periodista, escritor y revolucionario. 1927-1977, de Michael McCaughan (LOM, 2015). En el caso de Jordi Gracia se trata de un autor que se ha dedicado a seguir las huellas de Miguel de Cervantes (1605-1616). Al explorar en su vida, podemos ver que fue un autor tardío, cuya primera publicación fuera hasta después de cumplir los 38 años, asimismo se muestra la ética y entereza moral que lo caracterizó durante su cautiverio. Pero sobre todo, nos entrega a don Miguel con una incapacidad para granjearse la suerte de la corte, al contrario de Lope de Vega y otros muchos, pues a nuestro autor no se le daba la hipocresía. Miguel de Cervantes… es un libro que está respaldado en una investigación seria, al punto de entregar un soneto inédito de Cervantes, a decir de Gracia. Más allá de las efemérides, la vida del creador de la novela moderna bien vale una misa y esta biografía da numerosas escenas y anécdotas de un excelente calado. Sobre Rodolfo Walsh. Periodista, escritor y revolucionario. 1927-1977 no se puede decir menos, ya que se trata de un trabajo monumental donde la investigación y la erudición van de la mano. La figura de Walsh, autor del célebre documento Operación masacre (1957), poco a poco va ganando interés a casi cuarenta años de su muerte. Ya que, como lo demuestra McCaughan, no sólo se trató de un periodista, sino de un activista, un escritor y un estratega que dejará a muchos boquiabiertos. El padre del periodismo de investigación, o periodismo de riesgo, es puesto en relieve en toda su dimensión. McCaughan probablemente ha hecho la biografía más importante que se haya hecho en el continente, al grado que contagia una sensación de omnisciencia deslumbrante. El siglo XX argentino, el peronismo, el fenómeno Evita Perón (y el secuestro de su cuerpo), las dictaduras militares y sus brutalidades, los movimientos de resistencia, la literatura y las estratagemas que se efectuaron están perfectamente condensadas en esta extraordinaria biografía. A un año del 2017, año fundamental para la numerología de Rodolfo Walsh, este libro es imprescindible para entender el tamaño de la obra de este escritor fundamental.

Héctor Iván González, colaborador

 

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Hay un libro que me duele en todo el cuerpo. Se llama El guardián entre el centeno (Little, Brown and Company, 1951) y su autor —tal vez ya lo sepan— es J.D. Salinger. A él me unen historias melancólicas. La primera surgió cuando por fin supe quién era Holden Caulfield y qué había sido de su vida. Las siguientes son retazos de despedidas y de complicidad. Cuando la vida ha obligado a mis amigos a poner tierra de por medio, nunca he dicho nada acertado. He preguntado por la hora en la que sale el vuelo o el día en que tomarán la carretera. He querido conocer con exceso de detalles los planes para el futuro; sobretodo, me ha interesado saber cuándo volverán a mí. Casi todos han coincidido: “tal vez en diciembre”. Su falta de precisión me ha hecho entornar los ojos y cruzar los dedos mentalmente para que así sea. El gesto de los ojos no refleja suspicacia, me ha servido para contener la tristeza. Sé, sin titubeos de memoria, cómo empezó la tradición de que mis ausentes llevaran en la maleta algo que los ayudara a evocarme. Tenía un detalle a mi favor: en algún momento de nuestra amistad habían confesado no saber quién era Jerome David Salinger y mi entusiasmo al hablar de su legendario libro no los había hecho salir corriendo a comprarlo. Aunque una parte de mí amonestaba su desinterés, la otra se los agradecía. Antes del abrazo de despedida, he estirado la mano y les he entregado un ejemplar. Nunca he presenciado cómo quitan la envoltura de celofán. Cuando las ausencias pesan, recupero el ánimo al pensar que palpito en varios libreros regados por distintos puntos del planeta. La historia de complicidad pertenece a mi hermano, quien me ha rebasado en la veneración a Salinger. No sólo hemos conversado sobre el desencanto del joven Caulfield. Juntos lanzamos maldiciones el 27 de enero de 2010, al saber que el escritor estadunidense sería protagonista de un obituario. Hemos compartido el ejemplar de la biografía escrita por David Shields y Shane Salerno, en la cual cada quien inventó un sistema de marginalia que no interfiriera con el del otro. Lo bueno con cada una de estas personas es que siempre nos quedará Holden Caulfield.
Los hechos que Holden Caulfield narra suceden en el último mes del año: “Bueno, pues era diciembre y todo eso y hacía un frío que pelaba”. En ese mes aprendió a distinguir palabras que dan ganas de vomitar, tuvo conciencia de los lugares que se colaban al pasado, supo que la alegría de su hermana Phoebe le brindaba un poco de claridad, temió a la muerte, empezó a echar de menos a todo el mundo y estipuló que lo que más valoraba de un libro era que lo dejara sin fuerzas. No puedo asegurar que uno se reponga por completo del agotamiento producido por El guardián entre el centeno, pero es una de las mejores formas en las que uno aprende a decir adiós.

Kathya Millares, editora de la revista Nexos

 

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Siempre hay una intención algo propagandística detrás del acto de regalar un libro y, asumiéndolo plenamente, el libro que me gustaría obsequiar cada vez sería La invención de América de Edmundo O’Gorman (Fondo de Cultura Económica, 1958), con el empeño de sumar adeptos a la causa historicista.
Este libro es prueba de que debemos dudar incluso de los supuestos más arraigados, revisarlos bajo la luz del contexto que los produjo y, sin mucho más juicio, entenderlos como parte del proceso que crea nuestras identidades y discursos. ¿Qué duda más imprudente que la que pone en entredicho la historia del descubrimiento de América? Así empieza O’Gorman su libro, y aunque sería suficiente con leer la introducción para ver los cimientos de nuestra educación básica sacudirse (y eso es lo de menos), vale la pena leer la historia que también cuenta este libro: aquella de cuando América no existía, aunque existiera ya en el imaginario europeo la tierra a la que había llegado Colón ese 12 de octubre de 1492. Es el relato de una mera creencia, pero con alcances infranqueables, como todos los que establecen las creencias. Es la historia del cambio más radical y abarcador: la historia de la noción de un nuevo mundo en un momento en que la idea del mismo simplemente no admitía esa posibilidad. Todo se puede inventar.

Ana Sofía Rodríguez, editora de Cultura en línea

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Con ánimos de proponer una lectura fluida y amena para los vacacionistas, no ofrezco un libro de cabecera sino uno que, además de accesible, creo nos hace bien leer en México, como reflejo en un espejo necesario: El ruido de las cosas al caer(Alfaguara, 2011) de Juan Gabriel Vázquez. Relato realista, con tintes de novela histórica, su núcleo es el sacudimiento de la vida cotidiana por la arbitrariedad de la violencia. Como tela de fondo que se vuelve omnipresente, corren los años en que Escobar devastó Colombia. Ahí emerge su imperio, sus desvaríos impunes, su prepotencia tan asimilable a la de nuestros políticos de hoy. Es una novela que desgarra y conmueve, atrapa en una de las prosas más límpidas que tiene hoy la patria de García Márquez. Además puede conducir al lector a seguir la estela de Héctor Abad Faciolince, en esa misma línea de ficciones históricas. Llevo una cita de memoria que me ampara ante el desmoronamiento diario de nuestro país, a su desfile de víctimas, a su hechizo de desamparo: “La experiencia, eso que llamamos experiencia, no es el inventario de nuestros dolores sino la simpatía aprendida hacia los dolores ajenos.” El viento de la Historia ha juntado las literaturas de México y Colombia en un diálogo al que debemos atender.

Álvaro Ruiz Rodilla, editor de Cultura en línea

 

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Crecí observando un cuadro, en tonalidades suaves, serenas, como resignadas casi imperturbables, en el que una mujer sentada en una silla observa a un avión y su sombra, convertida en cruz, perderse en el infinito.
Años después, en la portada de un libro, reconocí los mismos trazos y colores característicos de la artista. Se trataba de Joy Laville, quien dedicaba su obra a su esposo Jorge Ibargüengoitia que sucumbió como la pesadilla de muchos: en un accidente aéreo. Entonces llegó a mis manos Los relámpagos de agosto (Casa de las Américas, 1965),primera novela de Ibargüengoitia.
A pocas páginas de haberlo comenzado abordé un vuelo de Bogotá a Cartagena. Pasaría navidad y año nuevo por allá. Siempre me ha gustado hacer anotaciones en los libros, siento que así los pierdo menos, así que en la contraportada escribí una cronología de la Revolución, los sucesivos presidentes de México y más cosillas que se me iban ocurriendo.
En la sala de espera noté que el resto de los pasajeros cuchicheaba sobre la presencia de alguien “famoso” entre nosotros. Un hombre panzón, barbón y canoso. La de junto le pidió un autógrafo y se lo concedió. Era periodista. Escribía en el periódico local y salía en la televisión.
Al llegar a nuestro destino, las maletas tardaron más de lo usual. Durante la espera seguí leyendo hasta que una voz ronca me interrumpió. Era él que encomió mi aspecto y preguntó  ¿cómo era posible que leyera ese libro?. En sus ojos veía las ganas de arrancármelo de las manos y huir con él. Pero se contuvo y explicó que llevaba años buscándolo y por fin lo había encontrado. Después me lo pidió regalado.
“No, señor” le respondí, “no lo he terminado y entre sus hojas también está escrita mi historia”. Sorprendido y enfadado se dio la vuelta y se acercó al carrusel de donde apenas salían los primeros bultos. Jamás supe su nombre pero no olvido la cara. Tampoco entiendo por qué no se lo di. 

Teresa Zerón-Medina Laris, editora del blog Gallo gallina.

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