Para acercarnos al Mar de la Tranquilidad del alunizaje de hace 50 años ofrecemos esta memoria visual y auditiva.

El 20 de julio se cumple medio siglo del primer alunizaje, que en plena Guerra Fría simbolizó el triunfo de la hegemonía espacial estadunidense. En torno al evento orbitan teorías conspiranoicas, abundantes documentales y ficciones, poemas, fotografías y anécdotas que hoy pierden su pátina de polvo blanco para refrescar la memoria de aquel hito masivamente mediatizado (unos 300 millones de telespectadores vieron en directo los famosos pasitos de Neil Armstrong al bajar de la escalerilla del módulo lunar del Apollo 11). Han pasado 50 años y “desde entonces muchas y muchas lunas / tranquilamente se han ido alejando”, como dice ese poema de Bertolt Brecht.

“La luna es la aspiración suprema de los ojos en blanco”

Para conmemorar el aniversario, el “Project Apollo Archive” ha abierto al público unas 15 mil fotografías, no sólo de la misión que alunizó por primera vez, sino de las anteriores que sólo se acercaron a su órbita y de las posteriores que, menos conocidas, volvieron a bajar humanos y tiliches a la superficie. Los últimos en caminar por aquellos parajes que fascinaron a Meliès fueron Schmitt —el primer científico en alunizar—, Evans y Cernan, el 11 de diciembre de 1972, a bordo del Apollo 17.  Deben de haber pensado algo similar a lo que ya había imaginado un poeta: “la luna está llena de objetos perdidos” (como escribió en su Lunario de greguerías Ramón Gómez de la Serna).

Cápsula de entrenamiento y simulación del Apollo 11, s69-31039. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Neil Armstrong, astronauta del Apollo 11, en la mañana del despegue —el 16 de julio de 1969— durante la última prueba del traje espacial, KSC-69PC-376. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Despegue del Apollo 11, el 16 de julio de 1969, a las 9:32 AM, S69-40640. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Imagen desde el Apollo 11 con cámara translunar Hasselbad, AS11-36-5293, film magazine 36/N. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Buzz Aldrin en la cabina del Apollo 11, imagen de cámara Hasselbad, AS11-36-5390, film magazine 36/N. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Bajada del módulo lunar del segundo astronauta, Buzz Aldrin, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5868, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Módulo lunar del Apollo 11 alunizado, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5858, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Buzz Aldrin frente a la bandera, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5874, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5880.jpg, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Módulo lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5929, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5948, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Inspección de la superficie lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-44-6549, film magazine 44/V- LM. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Superficie lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-44-6608, film magazine 44/V- LM. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Inspección de la superficie con el módulo lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-44-6643, film magazine 44/V- LM. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Momentos del despegue de la superficie lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-39-5835, film magazine 39/Q. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Órbita lunar luego del despegue, imagen de cámara Hasselbad, AS11-37-5446, film magazine 37/R. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Neil Armstrong de vuelta en el módulo lunar emprendiendo el regreso, imagen de cámara Hasselbad, AS11-37-5528, film magazine 37/R. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

 

La Luna en el oído

Por su parte el proyecto “Space is the place” de la plataforma Cities and Memory ha lanzado al espacio público un banco de sonidos no menos interesante, pero posiblemente más perturbador. Así encontrarán desde la famosa grabación de Armstrong al tocar el suelo lunar hasta ruidos espaciales francamente alienígenas. Además, un grupo de artistas ha tomado cada pista original para proponer una “creación sonora” (lo que sea que esto último quiera decir).

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Luego del “debate del siglo”, del que apenas hablaremos aquí, volvemos sobre ciertos juicios recientes contra una pretendida “cultura” millennial; además, una enorme lista de libros sobre el cambio climático que sentó precedente.

La furia insignificante

“Nada, nada me interesa de la cultura millennial […] Me perturba. No hay escritura. No les importa la literatura. Ninguno de ellos lee libros. ¿Dónde está la gran novela millennial? No la hay.” Vamos ahí: son las palabras del escritor Bret Easton Ellis (en entrevista con Deka Aitkenheaud para The Times), quien considera que el nuevo “culto a los likes [likeability]” o “el culto millennial a la victimización” son verdaderos cánceres de la sociedad moderna.

Odio a los millennials o Decadentes jóvenes del mal o, aún, En mis tiempos todo era decente hubiera podido perfectamente ser el título del último libro de “no-ficción” de Easton Ellis, el precoz escritor de Hollywood que saltó a la fama, y por lo tanto a la droga, con tan sólo 21 años y luego se coronó con American Psycho, esa novela sobre la que Norman Mailer escribió: “¡Qué obra tan desquiciante! Escrita por una pluma joven narcisista y apenas medio competente”. Pero de los títulos que especulamos, Ellis (y sus socarrones editores) prefirió White y eso sólo porque no le dejaron el título original que propuso: White Privileged Male (Macho Blanco Privilegiado). Todo podría resumirse en un alegato contra las élites progres estadunidenses y su “cacería de brujas”, la reacción histérica contra Trump de los liberales, la corrección política, la expresión en redes sociales, en suma: todo es culpa de los millennials (y un poco, también, de Michelle Obama), generación a la que pertenece su novio, un cantante pop de 32 años, que aparece en el libro y que Ellis define como un “demócrata, millennial socialista-que-raya-en-lo-comunista”.

El mes de abril, cruel como siempre, nos saturó de Ellis tras el ruidero que provocó la publicación de White en los principales medios de habla inglesa, incluyendo la tunda magistral que recibió el autor en The New Yorker en una entrevista —con Isaac Chotiner— que tuvo cúspides de sabor como ésta:

ELLIS: Creo que soy un adepto del absurdo. Me parece que la política es ridícula.

CHOTINER: Tal vez evitar escribir un libro sobre el tema. ¿Eso hubiera sido una solución?

La crítica ha sido implacable ante las contradicciones flagrantes de Ellis en una declaración tras otra. “En la última década, Ellis, de 55 años, ha llegado más a los titulares por sus francas opiniones que por cualquier producto creativo”, escribe Lauren Christensen en The New York Times y añade que la clave de la carrera del escritor reside en la pregunta “¿tiene talento o sólo es provocador?”. Lo cierto es que la provocación vende y Ellis redobla entrevistas y reseñas aunque gustosamente lo despedacen.

Los libros del calentamiento global

El 22 de abril de 1970 se conmemora el día de la Tierra con miras pedagógicas: la devastación ecológica acabará por asfixiarnos y destruirnos por completo (y no a la Tierra, que nos sobrevivirá). Para acentuar la emergencia humana más allá de esta efeméride, Lithub propone una lista de 365 libros ecologistas, so pretexto de la cursilería de que “todos los días son días de la Tierra”. Qué lindos. Este amplio canon ecologista empieza en 1789 (por mera coincidencia: los franceses no inventaron la ecología, faltaba más) y sigue una clasificación en cuatro rubros muy eficaz: Los clásicos, La ciencia, Ficción y poesía, Las ideas. Tan sólo en el estante de “clásicos” entran joyas desde Darwin y Thoreau hasta Bruce Chatwin, Upton Sinclair, Carl Sagan o Gary Snyder, sin olvidar a marxistas redomados como el gran historiador urbano Mike Davis o un escritor noir neo-lacandón nacido en Tamaulipas, que ahora se rebautizó Galeano.

La parte científica, que incluye la biografía de Andrea Wulf sobre Humboldt, no es pura catástrofe ni pasto de pesimistas que se regodean en el complot de las malignas petroleras contra la humanidad (sí hay un par de títulos en este sentido), sino un interesante abanico de temas y propuestas.

Veamos ahora la parte literaria: poemas de Mary Oliver, Ferlinghetti y W.S Merwin, novelas inolvidables como El barón rampante de Calvino, más algunas obras de ciencia-ficción como la ópera espacial Dune de Frank Herbert son parte del agasajo. (Algunos títulos ya aparecen en otro cánones recientes que reúne la categoría “cli-fi”, ficción climática, como secuela moderna de la ficción especulativa o la ciencia-ficción.) No cabe duda de que la lista de Lithub es una imponderable investigación bibliográfica abierta al público como rara vez lo logran los trabajos académicos. Esperar algo similar en el mundo de habla hispana es más que deseable.

El “debate del siglo”

Como en cada round de box, nos gusta la grandilocuencia televisada. La sensación de trascendencia como una inyección de entusiasmo y vanagloria intelectual en mitad de nuestra nada. Cuántos depositaron todas sus esperanzas del año en el debate entre Zizek y Peterson titulado “Felicidad: capitalismo vs. Marxismo”. Pues bien, véanlo ustedes mismos.

Como escribió Nathan Robinson en Current Affairs: “Cada quien puede tener su propia idea del infierno. La mía es pasar la eternidad encerrado en un cuarto con Jordan Peterson y Slavoj Zizek”. Parece que Robinson vivió horas horrendas. Acaso porque muchos esperaban un combate encarnizado, un duelo a la altura de ese famoso Chomsky-Foucault, con el cual nos quedamos nosotros, viejos rancios conservadores. Pues bien, los dejamos en manos del profesor que ostenta ese nombre que no atrevió ni Verne para sus capitanes, el dr. L. W. Nauta, como introducción al debate:

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En una semana delirante de nervios, indignación, asco y polémica los redactores de esta sección casi se enferman. No les quedó más que recoger la evidencia de lo más visible y entregar estos restos.

El #MeToo desde los ojos extranjeros

El sábado pasado la marea del #MeToo rompió todos los diques mediáticos en nuestro país, empezando por denuncias a escritores que luego se extendieron a periodistas, cineastas, agencias, políticos, abogados y activistas. Por primera vez presenciamos una catarsis colectiva en tiempo real en que las fronteras entre lo público y lo privado quedaron anegadas por la indignación. Como escribió la poeta Mónica Nepote: “Solo vengo a recordar que Joana Hevda apuntaló aquello de lo personal y lo precisó diciendo: ‘lo íntimo es político’ y en la intimidad sí, hay opresores y oprimidos y hay que que hablar de quién está en dónde”. En clara reacción institucional, el pasado miércoles la Secretaría de Cultura anunció que tomaría medidas para revisar su funcionamiento interno:

A diferencia del arranque estadounidense del #MeToo que tocó a Hollywood, la ola mexicana tuvo poco impacto más allá de nuestras fronteras, aunque no fue obviado por los principales periódicos del mundo. The Guardian fue de los primeros diarios en reportar la noticia, haciendo hincapié en la manera en que la violencia sistémica contra la mujer en México (9 mujeres asesinadas al día y 5 que sufren violencia sexual, según datos de la ONU) se ve reflejada en el acoso sexual en los medios de comunicación; reportó las cifras que Periodistas Unidas Mexicanas ha compartido: 73% de las reporteras, editoras, fotógrafas, ilustradoras y administradoras de medios han sido violentadas. Otros diarios de habla inglesa, como The Washington Post, retomaron un trascendido de AP que detalla la concentración de denuncias de acosos contra periodistas en Michoacán.

En Francia, Le Monde publicó una nota escueta y poco investigada. En ella relata el inicio de la denuncia contra un tal “Herson Borona”. El resto de la nota utiliza los mismos datos que The Guardian. Otro medio internacional de peso como Al Jazeera no aportó información nueva o distinta a los anteriores.

El reportaje más completo y preciso es el de The New York Times que, sin omitir  los datos de los medios ya citados, detalla el contexto y el origen de esta ola de denuncias, completándolo con declaraciones de Sabina Berman y de la activista Ana G. González, que lanzó el primer tweet contra Herson Barona.

Su Presidente vs. Su Majestad en el ring de la Historia

Cuando los reflectores alumbraban hasta la ceguera el creciente fenómeno del #MeToo, nuestro presidente volvió a acaparar la agenda con esa soporífera verborrea matutina, tan espesa y grumosa como doce litros de chocolate de Comalcalco. Así, su tino diplomático relegó el problema de los abusos a segundo plano. Éstas fueron algunas de las reacciones, positivas, negativas, matizadas o virulentas, de políticos, escritores y académicos, ante la carta del presidente al rey de España pidiendo que “el Estado español admita su responsabilidad histórica por esas ofensas [las de la conquista] y ofrezca las disculpas o resarcimientos políticos que convengan” para abrir una fase de reconciliación:

Presidente, ayúdenos a sanar nuestro enfermo Estado-nación
“Me parece bien la petición de disculpas, no al entonces inexistente México, sino a los pueblos originarios. Nos ayudaría a sanar, y abriría el paso a disculparnos entre nosotros mismos por querer imponer una idea de Estado-nación sobre un país pluriétnico y multinacional. […] Y no, la ‘conquista’ no fue en términos europeos ni la hicieron 400 valientes: se libró una típica guerra mesoamericana que enfrentó dos grandes coaliciones, que terminó con una coalición aceptando el cambio de tributarios… como cuando los mexicas vencieron a los tepanecas…”
Pedro Salmerón (en Twitter, 26 y 28 de marzo)

Carta a sí mismo por los “miles de indios”
“Tengo la impresión de que [AMLO] se equivocó de destinatarios, debió enviarse la carta a él mismo y responder a la pregunta de por qué México, que hace cinco siglos se incorporó al mundo occidental gracias a España, tiene todavía tantos miles de indios marginados, pobres, ignorantes, explotados.”
Mario Vargas Llosa (durante la ceremonia inaugural del VIII Congreso de la Lengua Española)

Con cariño desde Café Madrid
“México y España comparten un corazón sangrante, un idioma que se multiplica en todas las lenguas indígenas de siglos, un mestizaje de sabores y palabras, párrafos y pensadores; España y México se miran sin necesidad de traducción ni subtítulos… y así pasen otros cinco siglos, nos amanecemos a diario con verdaderas ganas de conocernos.”
Jorge F. Hernández (en Milenio, con motivo de su nombramiento como Agregado Cultural de México en Madrid)

Vocera del Consejo Nacional Indígena con jarabe de su propia medicina
“Es una simulación. Lo que tiene que hacer [AMLO] es dejar de despojar de la tierra a las comunidades. […] Todos esos proyectos [como el Tren Maya] son la continuación, el despojo, están pensados para fortalecer al gran capital y no pensados para beneficio de los pueblos. […] Yo digo que las consultas están amañadas, la gente de las comunidades a veces ni sabe qué les están preguntando, las amañan de tal manera que solamente es una respuesta […], no les dicen que ya no van a tener agua, bosques, animales.”
Marichuy Patricio (en entrevista con Sin embargo)

Oh suave patria forjada por curas y no por marakames
“Ningún presidente de México tiene autoridad moral para erigirse en sujeto de los agravios de los indios, porque el Estado nacional es heredero tanto de los conquistadores como de los conquistados. José María Morelos emancipó a los esclavos y acabó con el tributo indígena, cierto, pero la nación que quizo forjar también hizo suya la misión ‘civilizatoria’ del imperio, con todo y su ideología de ‘salvación del indio’. No es casualidad que Hidalgo y Morelos hayan sido curas, y no marakames. […] No es sólo cuestión de que conquista y colonización hayan sido realizados con aliados indígenas (que es, también, un hecho importante), sino que el liderazgo político, económico, y cultural del país se construyó en una relación dialéctica con el orden de dominación del régimen colonial, y es por eso también su extensión. Imaginar al colonizador como un extraño no lleva a ninguna parte, porque la colonización está en el cuerpo mismo del Estado y la sociedad.”
Claudio Lomnitz (en La Jornada)

Necios párvulos que acusáis a la historia sin saber qué es la memoria
“Por lo visto han sido insuficientes los cientos de coloquios y los miles de libros escritos desde el Quinto Centenario de la llegada de Cristóbal Colón en 1992. Todo lo que hemos aprendido con Pablo Escalante y Bernardo García, con Grant D. Jones y Ross Hassig, cuenta poco a la hora de instrumentar la historia desde el Estado. En esa instrumentación se parte del error más común, que es el de confundir historia con memoria. […] Una política de la memoria se basa, justamente, en la aplicación al pasado de ‘consideraciones contemporáneas’.”
Rafael Rojas (en La Razón)

Conveniencias históricas de ayer y hoy
“España pide el reconocimiento [de todo lo que ha aportado a Latinoamérica] pero no está dispuesta a aceptar el lado oscuro de todo lo que hizo. La corona española sí marca una continuación desde ese periodo [el de la Conquista]. La casa de Borbón actual se reconoce como heredera de los Austrias y, por otro lado, el Estado español contemporáneo hace celebraciones. Ahora están celebrando a Magallanes. El ABC preguntó a la Academia de la Historia si las celebraciones de Magallanes debían ser españolas o portuguesas y la Academia dijo que debían ser españolas. Marcan la continuidad cuando les conviene, es decir cuando le pueden sacar réditos ideológicos. […] Lo que me queda claro es que los españoles son incapaces de reflexionar autocríticamente sobre este pasado”.
Federico Navarrete (en Es la hora de opinar)

Se lo merecían esos temibles caníbales
“Tampoco afirma [AMLO] que el extremeño [Cortés] intentó por todos los medios que los lugareños abandonaran prácticas tan extendidas en la zona como el canibalismo y los sacrificios rituales. Eventos documentados (a pesar de que a muchos les duela reconocerlo) y que los mexicas practicaban mucho antes de que aparecieran por allí los súbditos de la corona. […] Como señala la historiadora australiana Inga Clendinnen, lamentar la caída del Imperio azteca es como sentir pesar por la derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial.”
Manuel P. Villatoro y César Cervera (periodistas para el ABC)

Pues ustedes, salvajes por igual, inventaron el “unto de indio”
“Tras la victoria española en Centla, Tabasco, el 25 de marzo de 1519, Bernal Díaz del Castillo relata lo siguiente: ‘y luego enterramos dos soldados […] y quemamos las heridas a los demás y a los caballos con el unto del indio.’ ¿Qué sustancia era ese unto? […] En septiembre de 1519, tras una batalla contra las tlaxcaltecas, Bernal explica: ‘y con el unto de un indio gordo que allí matamos, que se abrió, se curaron los heridos; que aceite no lo había.’ Se trataba pues de la grasa de enemigos muertos y destazados.”
Noticonquista (cuenta de Twitter dirigida por Federico Navarrete)

Retiro lo dicho, su Majestad
“Su majestad Felipe VI: La exigencia del presidente López Obrador para que España se disculpe por la Conquista, no me representa. Así como el estado moderno español no es continuación del reino de Castilla, el México contemporáneo no lo es solo de los pueblos originarios.”
Diputada Cecilia Soto (Tweet borrado después de las críticas)

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Las últimas declaraciones del Papa abren un mar de polémicas históricas. Los escritores europeos se preguntan qué significa ser un escritor europeo. ¿Cuáles son los nominados latinoamericanos al prestigioso Booker? Aquí tres de los clics más calientes de la semana.

Los archivos desclasificados del Vaticano

“La Iglesia no le teme a la Historia”, afirmó a principios de mes el Papa Francisco, después de anunciar la apertura, para marzo de 2020, de los archivos más polémicos del Vaticano. Se trata de la etapa que corresponde al pontificado de Pío XII (1939-1958) y a la Segunda Guerra Mundial. Mientras que Juan XXIII (1958-1963), Pablo VI (1963-1978) y Juan Pablo II (1978-2005) ya fueron canonizados, el proceso para beatificar a Pío XII está en suspenso desde 2009, obstaculizado por una terrible controversia histórica.

Por un lado, la idea del silencio de la Iglesia ante la Shoah se ha difundido desde los años sesenta hasta convertirse en acusación por complicidad pasiva. La película Amén (2002) de Costa Gavras, basada en la obra de teatro El vicario (1963) de Rolf Hochhuth, contribuyó a  prolongar esta leyenda negra hasta el siglo XXI. Por otra parte, distintos historiadores afirman que Pío XII ayudó a cientos de judíos italianos a huir de los horrores del nazismo. El encargado de los archivos secretos del Vaticano, Monseñor Sergio Pagano, insiste en que los documentos revelarán que el entonces Papa abrió iglesias y conventos para convertirlos en refugios. El Papa Francisco va más allá: Pío XII habría ofrecido incluso sus propios aposentos, en los que nacieron “42 bebés, hijos de judíos y otros perseguidos”. Las investigaciones del próximo año sopesarán la eficacia de este nuevo intento del Vaticano por lavarse los pecados, luego de las decenas de casos de curas pederastas que han salido a la luz en el mundo entero.

Ilustración: Fabricio Vanden Broeck


¿Qué es ser un escritor europeo?

Con esta pregunta Le Monde des livres (suplemento semanal de Le Monde) levantó una encuesta con autores en el contexto del Brexit y de las próximas elecciones europeas (26 de mayo). Aquí algo de lo que contestaron:

“Soy una escritora europea”, ¿qué significa esto para mí? “Escritora”, entonces, para empezar, para que suenen las a tantas veces mudas, y saludar a las hermanas de Shakespeare, a las sobrinas nietas de Virginia Woolf, las hijas de Beauvoir, de Jorge, de Jelinek o de Olafsdottir. […] Pero, ¿por qué europea? ¿Ese límite, aun extensivo, obedece todavía a alguna necesidad? Europa tiene obvias afinidades electivas con la literatura; es su semillero. Pero esas afinidades las tengo también con Henry James y Edith Wharton, Philip Roth y Vivian Gornick, Toni Morrison y Paul Auster. Y más en general, ¿la literatura estadounidense no acabó de vencer al “escritor europeo”, que le despierta escaso interés? Y si seguimos reivindicándonos como tales, ¿no será por miedo a un asidero definitivo, cuando detrás de nuestros viejos parapetos hay tanta diversidad y originalidad formal?
Camille Laurens (Francia)

§

Cuando había que encontrarle un nombre a la moneda única europea empezó un debate en los periódicos, al menos en Italia: ¿Cómo llamarla? ¿Qué nombre escoger para el símbolo de esa unidad que convertiría al fin a Europa en un sujeto sólido y compacto, fuerte en los mercados económicos, pero pacífico entre sus pueblos? Recuerdo la propuesta del historiador Lucio Villari de llamarla “besant”. Era el nombre que se le daba, en la alta Edad Media, a las raras y preciosas monedas de oro bizantinas: retomar ese nombre hubiera remitido a aquella Europa que depuso al último emperador de Occidente y donde la civilización romana, en vez de desaparecer para siempre, se fundió con otras poblaciones, dando a luz una nueva civilización latino-germánica. […] Las palabras nunca son neutras: son memoria, anhelo, destino o todas a la vez —o bien, como en el caso de “euro”, no son más que una simple consequentia rerum.
Sandro Veronesi (Italia)

Ilustración: Belén García Monroy

Cada vez que oigo esta pregunta tengo ganas de parafrasear a San Agustín: “Si me preguntan qué es Europa, no lo sé; pero si no me lo preguntan, lo sé”. En realidad, la identidad europea no existe, o si se prefiere es una contradicción en los términos, un oxímoron: su identidad es su diversidad. […] La Unión Europea no es solo el proyecto político más ambicioso del siglo XXI, sino la única utopía razonable que los europeos han inventado, suponiendo que la expresión “utopía razonable” no sea un oxímoron, porque utopías atroces —paraísos teóricos convertidos en infiernos reales— hemos inventado muchas; pero utopías razonables solo conozco ésta. […] El escritor europeo es aquel capaz de asumir la identidad europea en toda su diversidad y recrearla en su obra de manera personal.
Javier Cercas (España)

§

En su libro La República mundial de las letras (2008), la investigadora Pascale Casanova aboga con pasión por la autonomía de la literatura y la lucha contra su instrumentalización, a menudo con fines de construcción de la identidad nacional. El cumplimiento pleno de la autonomía de la literatura —si es que esta categoría ha encarnado en algo alguna vez, o más bien si es que no proviene de las fantasías literarias románticas— presupone hoy la destrucción de fronteras y barreras, la des-mercantilización, las des-nacionalización, la des-burocratización, una larga y dolorosa desintoxicación del mercado, una reeducación de los escritores y lectores y de todos los que participan en la creación del campo literario.
Dubravka Ugresic (Croacia)


Los hispanohablantes del Booker Prize

El pasado 13 de marzo el Man Booker International Prize anunció su lista larga de nominados a mejor novela o colección de cuentos extranjeros traducidos al inglés y publicados en Irlanda o Reino Unido. Es de los pocos premios prestigiosos en el mundo que trata por igual a autores y traductores: ambos se llevan 50 mil libras. Una suma jugosa si se compara con su versión estadounidense, los BTBA (Best Translated Book Awards), que consisten en un cheque de 5 mil dólares para autor y traductor (en poesía y ficción).

En la lista larga del Booker International 2019 hay tres hispanohablantes: el colombiano Juan Gabriel Vázquez con La forma de las ruinas (The Shape of the Ruins), la chilena Alia Trabucco con La resta (The Remainder) y la argentina Samanta Schweblin con el libro de cuentos Pájaros en la boca (Mouthful of Birds). Todo indica que, entre los hispanos, es Schweblin la que está en el ojo de los traductores ingleses; quedó en la lista corta Booker International en 2017 con Distancia de rescate (Fever Dream) y ahora vuelve. Sobre el libro nominado este año The Guardian apunta que “su disciplinada economía para crear atmósferas y efectos se alía con su rechazo a explicar de más. Esa obstinada e imperturbable resistencia a la revelación es una de las cosas que hace que Pájaros en la boca sea todo un éxito”.

 

Fuentes: L’Obs, Le Monde des livres, The Man Booker International Prize, The Guardian.

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Al alcance de un simple clic los neurasténicos redactores de esta sección hallaron un archivo prohibido durante siglos, recién digitalizado; también algunas obras feministas que reconstruyen la figura de la bruja; y finalmente una curiosa lista.

Un archivo liberado

A principios de mes, la empresa editora Gale (rama de Cengage), que ofrece todo tipo de soporte a bibliotecas, completó la tercera parte de su acervo “Archives of Sexuality and Gender”, con ayuda de la British Library, el Kinsey Institute y la Academia de Medicina de Nueva York. El proyecto de acervo digital agrega ahora cerca de un millón de páginas y cinco mil monografías de contenido de las salas reservadas y de acceso restringido, que se expande del siglo XVI al XX. Abarca puntos de vista como la construcción médica y legal de las sexualidades y el advenimiento de la sexología; la moral y la religión frente al sexo y la prostitución; la censura, el papel que sexo y género jugaron en su respectiva sociedad y cómo fueron evolucionando a lo largo de los siglos; o la forma en que la noción de obscenidad fue cambiando. Un recorrido por algunos de esos materiales aquí.

Frontispicio que ilustra la Lista de mujeres de Covent Garden de Harris, 1793. Imagen: cortesía de la British Library.

La “caja privada” que ofrece la British Library contiene frutos prohibidos, encerrados bajo llave desde 1850 con la etiqueta de “obscenos”, que van desde un directorio de trabajadoras sexuales del siglo XVIII en el área de Covent Garden —que incluye notas sobre la práctica y las preferencias de cada mujer— hasta manuscritos del Marqués de Sade o los ingenios literarios de los autores con pseudónimo —como Roger Pheuquewell— que participaban en los libros de Merryland (publicados por primera vez en 1740). El primer libro de la colección Raras verdades: el gabinete de Venus abierto, y sus secretos revelados es una reliquia de 1658. También aparecen otras joyitas primerizas como Fanny Hill o de una mujer de placer, la primera novela pornográfica en inglés, del siglo XVIII; o Tenely o El otro lado de la muralla atribuida a Oscar Wilde y a sus allegados, que constituye una de las primeras novelas homosexuales. Hay mucho por explorar en este archivo de libre acceso, pero eso sí, limitado a investigadores, profesores y bibliotecarios a los que Gale permita la entrada.

Historia de las brujas

En la hora del #MeToo y de la tercera ola feminista, la figura de la bruja está en plena reivindicación. Desde los años 70, el eslogan de las feministas italianas “¡Tiemblen, tiemblen, las brujas están de vuelta!” ya había recuperado ese estigma de la Edad Media, esa persecución que ahora se está tipificando como un feminicidio masivo al buen estilo leguleyo y atroz de la Santa Inquisición. Según Le Monde, al menos en Francia el fenómeno de asimilación entre brujas y feministas tiene un síntoma clarísimo: el libro de la ensayista y periodista Mona Chollet Sorcières. La puissance invaincue des femmes [Brujas. El poder invencible de las mujeres] que apareció el pasado invierno ha vendido ya más de 75 mil ejemplares, en una editorial, Zones, acostumbrada al ensayo filosófico a y a la Teoría Crítica. Para Chollet la imagen de la bruja es la de la víctima absoluta, la que suscita los mayores reclamos de justicia en su sociedad, la rebelde que se obstina, que subvierte el orden político y religioso con prácticas paganas y desarrolla otras formas de espiritualidad. Su estudio se centra en definir no solo el uso peyorativo de la imagen sino la verdadera identidad de las mujeres perseguidas en la Edad Media. Varios colectivos, grupos de teatro y de performance retoman ahora la figura de la mujer maléfica, se la apropian y la adaptan a los nuevos tiempos (entre ellos, como símbolo queer).

El bestseller de Chollet ha provocado que se vuelva a leer la reedición de Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación (1ª ed. 2004, traducida al español en Traficantes de Sueños, 2010) de la académica italiana Silvia Federici. Es un análisis histórico sobre cómo los estados modernos, durante el final de la Edad Media y el Renacimiento, se apoyaron en la cacería de brujas para controlar el cuerpo femenino y someterlo al orden de la producción; una tesis, en suma, sobre las causas históricas de esa forma de opresión femenina en los cimientos del capitalismo moderno.

El placer de los libros usados

A continuación las cosas que la escritora Jane Stern encontró en libros de segunda mano (que compra con absoluta e irresponsable voracidad) o en libros que debía “limpiar” cuando de estudiante trabajaba en el sótano de la biblioteca de Yale:

• una multa de tránsito de Seattle por cruzar la calle imprudentemente.
• el comprobante de equipaje de un vuelo a París.
• una lista de quehaceres que incluía “recoger el látigo” y “explicar la cremación”.
• boletos de entrada al musical de Broadway Hamilton.
• un cheque al portador de 375,15 dólares (que nunca quise ir a cobrar).
• 12 sobrecitos de Kool-Aid en un libro de Oliver Sacks sobre la migraña.
• copias de recetas de embutidos.
• una lista de asistentes a reuniones de Alcohólicos Anónimos.
• la letra del himno (“The Star Spangled Banner”) garabateado por la mano arácnida de alguien muy viejo o demasiado joven.
• un pedazo de papel donde estaba escrito “Stop me” entre las páginas de The camera That My Mother Gave Me de Susanna Kaysen (un lamento literario por los problemas vaginales crónicos de la autora misma).
• listones de participación para un evento deportivo de sexto grado, y un listón de tercer lugar de una exposición canina de un pueblo pequeño.
• rastros de mucosidades y fluidos humanos (de todo tipo, con la precisión de que los libros más secos que un hueso eran los de teoría económica o los de crítica literaria del siglo XVIII).
• en raras ocasiones hay fotos: suelen ser Polaroids de vistas borrosas o retratos de la era pre-selfie. Los retratos son poco halagadores.

Definitivamente, dice la autora, hay veces en que estas curiosidades insertas en los libros son mucho mejores que los libros en sí.

 

Fuentes: Clarín, El Mundo, British Library, Gale, The Paris Review.

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La manía de estos redactores nos conduce hoy a un hallazgo literario de manos de Orwell; también al encuentro con un “salvador” de las letras y frente al paredón donde la literatura de redes e influencers es condenada.

Orwell hasta en la cocina

En 1946 la Gran Bretaña no estaba pasando por su mejor momento. A pesar de la victoria de los aliados, el único resquicio de la fe se agazapaba en la ronca y espontánea voz de sir Winston Churchill. Apenas comenzaba la posguerra, y al British Council se le ocurrió un encargo literario de primera: comisionar a George Orwell para escribir un texto de tinte “gastronómico” que promocionara la cultura británica en ultramar. Orwell aceptó y cumplió su deber, hasta que recibió una carta del Departamento de Publicaciones. Le notificaban que no había sido la mejor idea pedirle un texto de esa naturaleza en semejante etapa de austeridad forzada (no franciscana ni pejiana). “Siento mucho que haya surgido una situación tan aparentemente estúpida con su manuscrito”. La publicación del ensayo, aunque fuera “excelente”, podría resultar “desafortunada e imprudente […] para el lector continental”. Era el 3 de mayo de 1946. El mismo Orwell, consciente del contexto, señalaba el “estricto racionamiento que lleva seis años operando”. El horno, pues, literalmente, no estaba para bollos, ni tartas, ni pudines de Yorkshire.

Después de haberlo reencontrado en los archivos, el British Council acaba de pedir perdón por este desaguisado y ha publicado íntegro el texto (en el momento del rechazo Orwell publicó algunos extractos en el Evening Standard). No cabe duda de que es una excelente inmersión en los hábitos, las costumbres de clase y los rasgos de la cocina británica, aquella a la que acusó Voltaire de tener “cien religiones y una sola salsa”; “la dieta de un país norteño húmedo en la que la mantequilla es abundante y los aceites vegetales escasos”. Lean hasta al final y encontrarán, para regusto de chefs y aficionados, cinco recetas puramente british. Cabe preguntarse, de aquí en adelante, si algún vivales incluirá en su menú estos platillos que por traer la etiqueta à la Orwell eleven sus precios fuera de órbita.

Por quién casi doblan las campanas (de Venecia)

Julio de 1918. Ha llegado el verano al norte de Italia y las trincheras se han vuelto más hediondas. Llueven obuses a orillas del río Piave. Un joven estadounidense de 18 años ingresa al país como voluntario de la Cruz Roja y conductor de sus ambulancias. Esa tarde parte en motocicleta al frente para llevar chocolates y cigarrillos. Otro joven, un soldado italiano algo mayor que él, se le acerca para pedirle tabaco. En ese preciso instante, tan cinematográfico ahora que lo reconstruimos, un mortero hace volar al combatiente por los aires. El estadounidense acaba herido de gravedad, pero se salva. En su cartilla de voluntario se lee un nombre: Ernest Hemingway.

Gracias al trabajo conjunto del biógrafo James McGrath Morris y el historiador Marino Perissinotto, ahora sabemos la identidad de ese “soldado desconocido”: su nombre es Fedele Temperini, y efectivamente debe ser recordado, a partir de ahora, como el “salvador” de Hemingway, el involuntario escudo humano que protegió de las ondas expansivas de la muerte a una de las grandes plumas del siglo.

Literatura por Whatsapp y versos de influencers

Nuestra adicción colectiva a las redes ya parió dos hijos literatos para la lengua española. Los engendros no son gemelos pero sí bastardos.

El primero nació como tantos de sus semejantes: con forma de app. Para los que frecuentan el “academiqués” vernáculo hay aquí posibles estudios de “intermedialidad”; si acaso, el nacimiento de un nuevo género. Se llaman chat stories y asemejan una de esas ventanitas de Whatsapp que ustedes, lectores, deben conocer porque o las están mirando mientras leen esta nota o acaban de cerrar una. Pues bien, para fomentar la lectura en los más jóvenes —cuánto proyectamos en estas estrategias— se están creando cuentos y novelas que “fluyen” y “atrapan” a los recién iniciados en los misterios de la literatura. Hay novelas de este tipo que ya tienen tres mil descargas. ¿Dónde encontrar estos juguetitos para celular? La editorial Planeta España cuenta, por ejemplo, con la app Leemur. También existe Readit, donde influencers y youtubers como Germán Garmendia, han publicado sus novelas. El promedio de lectura en estas apps es, evidentemente, como las palomitas y el Nescafé, instantáneo: un máximo de 3 horas por libro. Baste ver el gancho publicitario.

Entretanto, el periódico El Español se quejó amargamente del Premio Seix Barral 2019, otorgado a “la poeta de Instagram Elvira Sastre”. ¡Qué I-N-J-U-S-T-I-C-I-A para el decoroso mundo de las letras! Como pocas, amables lectores. Resulta que esta poeta de versos edulcorados, sentimentalosos y como sacados de un manual de autoayuda, ha agradecido a las benditas redes, dentro de las que ella nació y se crio como modernísima rapsoda. En México ha sido publicada por nuestros discretos y pacifistas amigos de Valparaíso —aquellos que controlan el ¡oh, diáfano! ¡oh, blanquecino! “Círculo de Poesía” (sí, sí, todo en altas, porque fuera de aquel recinto de fuego azul todo es mala poesía, minúscula). Algunos de esos versos pueden leerse en @ESSpoesia.

Para el periódico El Español la novela premiada de Sastre es “un desgarro emocional que invita a la superación, de corte Paulocoelhiano”, y es aberrante que la prestigiosa Seix Barral le dé semejante galardón. Un espanto que reconozcan así a la llamada “literatura follow”. Como si los premios, el reconocimiento y los cheques que bien los acompañan no fueran, desde épocas prerrománticas, un semillero de estulticias, intereses y cinismo. Era evidente que a las editoriales, tarde o temprano, les convendría entrar en el jueguito ególatra de las redes y sus absurdos medidores. Nada brilla como brilla el oro. Hay una decadencia ostensible entre el premio a Elvira Sastre de este año y el que le dieron en 2018 a un narrador y poeta de culto como Agustín Fernández Mallo por Trilogía de la guerra. ¿Significa que el Premio Biblioteca Breve ha caído de una vez por todas en el drenaje profundo de la literatura? No. ¿Habrá siempre poetas rosas, cremas, merengues, al rescate de gente que ve la literatura como un manual de superación personal? Ténganlo por seguro, y seguirán ganando premios que ustedes, urdiendo versitos en su caverna, no tendrán. Lo cierto es que Sastre es una poeta popular, en el aire las compone y los euros no dejan de llover. Definitivamente, el reino de los influencers no es de este mundo.

 

Fuentes: The Guardian, Clarín, El Español, ABC, El Universal.

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La siguiente lista destaca a los pensadores y teóricos vivos con mayor influencia en lo que va de siglo XXI.

Los pensadores fundamentales de nuestro tiempo

Si hubiera que tomarles una foto de grupo a los más importantes pensadores del mundo, ¿quiénes aparecerían? Con la idea de encontrar los flamantes dueños de la materia gris más versátil, por no decir aventajada, Le Nouveau Magazine Littéraire —una de las revistas culturales con mayor tiraje en Francia— publicó una lista de 35 pensadores, divididos en seis categorías: Fundamentales (que aportan conceptos novedosos y subvierten los valores); Críticos (de alguna disciplina o de algún aspecto de la sociedad); Futurólogos (descifran eventos, tendencias o innovaciones próximas); Alarmistas; Influencers; y por último Activistas, ideólogos y publicistas.

Con el ánimo de ofrecer una lista más concisa, sólo les presentamos aquí a los primeros diez, que corresponden a los rubros de Fundamentales y Críticos. Son diez personas cuyos conceptos teóricos han cambiado el curso de nuestro entendimiento y con él, del mundo. Fuera del eurocentrismo complaciente, estirando las fronteras hasta China, la India o África, el peso de ciertas ideas, para bien o para mal, modela la faz del presente y delinea los campos de probabilidad del porvenir. A continuación los perfiles, ordenados por edad, que figuran, al comenzar 2019, como los críticos y teóricos fundamentales de nuestro tiempo:

• Kwasi Wiredu (Ghana, 1931)
Filósofo formado en Oxford que aboga por las “descolonización conceptual”. Sin anclarse en valores tribales ni someterse per se a Occidente, ha buscado separar los instrumentos analíticos importados para rehacer la epistemología africana, distinguiendo a la vez lo universal de lo particular. Su idea de “multilateralismo del pensamiento” sugiere que los excolonizados puedan seguir accediendo a técnicas y conceptos con la llave occidental sin dejar de permearse por las particularidades culturales de cada nación africana. Autor de Cultural Universals and Particulars (Indiana University Press, 1996).

• Gayatri Spivak (India, 1942)
Una de las referencias del pensamiento poscolonial en universidades del mundo entero. Después de estudiar literatura inglesa en Calcuta, emigra definitivamente a los Estados Unidos en 1950 para convertirse, veinte años después, en la talentosa traductora al inglés de Derrida. No será sino hasta 1983 que ingrese en incontables tesis, bibliografías, debates y cursos que extienden su influencia al grado de clásico, con el ensayo ¿Puede hablar el subalterno? (la traducción que Spivak ha preferido opta por el femenino), de génesis gramsciana. Sus instrumentos deconstructivos de análisis no buscan restituir la palabra de los que “no tienen voz”, como pretende una rama de los postcolonial studies, sino observar los procesos de hibridación cultural que los han silenciado. También ha sido notable la circulación de una obra que recusa la herencia de la filosofía marxista o kantiana al señalar sus estructuras de exclusión: Crítica de la razón poscolonial. Hacia una crítica del presente evanescente (Akal, 2010).

• Bruno Latour (Francia, 1947)
Considerado el pensador francés vivo más leído en el mundo. De todos los hilos conductores de su obra se distinguen su reflexión sobre nuestra “constitución moderna”, el relato ideológico que allana nuestra ruta a la modernidad y al progreso, en realidad opuesto a nuestras acciones guiadas, a menudo, por una especialización excesiva y arbitraria. Ante la industrialización ilimitada y la destrucción despiadada de la naturaleza, estamos en un punto de no retorno: hemos entrado en el antropoceno, una era geológica de híbridos, humanos y no humanos. En este escenario, su propuesta es clarificar las fronteras entre disciplinas para delimitarlas de otra manera (entre otras cosas, mediante una “antropología simétrica”, aplicada a nosotros mismos como la aplicamos a las sociedades primitivas). Una de sus ideas más audaces y desconcertantes es dar un nuevo rumbo a la filosofía ecológica mediante un “parlamento de las cosas” en el que humanos, fauna y flora, minerales y artefactos, tengan defensa y representación. Sus libros más difundidos son Nunca fuimos modernos (Siglo XXI, 1991) e Investigación sobre los modos de existencia (Paidós, 2013).

• Philippe Descola (Francia, 1949)
Heredero directo de Lévi-Strauss, fundó como él sus reflexiones en el estudio de un pueblo amazónico, los Achuar, habitantes de las lindes fluviales entre Ecuador y Perú. Para Descola, las sociedades pueden estudiarse y clasificarse a partir de la relación entre lo humano y lo no-humano. De ahí la posibilidad de que exista una pluralidad de ontologías (animista, totemista, analógica o naturalista, como en Occidente). De modo que nuestro concepto de “naturaleza” vs. “cultura” no es más que un modo entre muchos otros de entender la forma en que los seres humanos se relacionan con su entorno. Su libro más destacado es Más allá de naturaleza y cultura (Amorrortu editores, 2012, edición original de 2005).

• Joan Tronto (Estados Unidos, 1952)
La madre teórica que llevó el concepto de care al terreno ético y político: el cuidado, la solicitud, la atención o, en sus palabras, “la actividad genérica que reúne todo lo que hacemos para mantener, perpetuar y ‘reparar’ nuestro mundo, para vivir de la mejor manera posible”. Contra la moral ahistórica kantiana y la ideología del self-made man, su filosofía exhorta a reconfigurar las instituciones en torno a todas las actividades que dependen necesariamente del otro (desde la protección policial hasta el cuidado ambiental). Autora de Moral Boundaries. A Political Argument for an Ethic of Care (Routledge, 1993).

• Judith Butler (Estados Unidos, 1956)
¿Quién no ha oído de ella o leído su obra? Semejante difusión mediática y académica le merece el sobrenombre de rockstar del pensamiento posmoderno. Es, nada más y nada menos, que la matriarca de los estudios queer, que aplican una diferencia tajante entre sexo y género, a los que asumen como meras construcciones sociales, y que al hacerlo se desmarcan de la idea binaria del sexo (masculino y femenino) como un elemento determinado biológicamente. Aunque Gender Trouble (traducido al español como El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad), el libro revolucionario, iniciático, de Butler, se publicó en 1990 —alcanzó rápidamente los cien mil ejemplares— no ha perdido importancia: el género, para Butler, no es ni una esencia ni una naturaleza sino una performatividad cuya expresión teatralizada se transmite de generación en generación. Esta idea y el desarrollo de ella hasta la fecha en torno a temas de ética, política y cultura le han valido una fama mundial.

• David Graeber (Estados Unidos, 1961)
A este antropólogo de la economía de la London School of Economics se le atribuye la expression “Somos el 99%” del movimiento Occupy Wall Street de 2011. Desde el año 2000 se ha dedicado a desmistificar el capitalismo racional o, mejor dicho, a mostrar la potente carga simbólica de téminos científicos como deuda, ley de mercado o asalariado. No sorprende entonces que su tesis, dirigida por Marshall Sahlins, abunde en las relaciones entre magia, esclavitud y política en Madagascar. Tampoco, que haya buscado las alternativas al capitalismo contemporáneo, pero también a los imperios económicos —siempre con seria carga simbólica— que regían en la antigua Grecia, en la Edad Media europea e incluso en la prehistoria. También ha incluido en ciertos libros un lenguaje popular que rompe tabús, fundando, entre otras, la idea tan vigente de shit jobs que lleva de la mano a la de nini en varios países del mundo. Paradójicamente, su militancia en círculos y organizaciones anarquistas lo equipara más con un pragmático amante de las ciencias sociales, que con un utopista rebelde. Entre sus libros traducidos destaca En deuda. Una historia alternativa de la economía (Ariel, 2014).

• Sanjay Subrahmanyam (India, 1961)
Uno de los pioneros de la llamada “historia global” o, como él mismo defiende, la “historia conectada”. Renuente a los grandes relatos europeos de los “descubrimientos”, su aproximación a la historia descentra los puntos de vista hegemónicos, busca reunir las tradiciones historiográficas asiáticas, europeas y americanas, promoviendo a la vez un enfoque material, político e intelectual. Mediante el prisma de las áreas culturales interconectadas, se ha dado a la tarea de relatar la historia desde la mirada poscolonial de los olvidados y subalternos, tomando en cuenta los procesos de hibridación y mestizaje local o regional. Dirige la cátedra “Primera modernidad” en el Collège de France. La proyección internacional de su obra se debe a Vasco de Gama (Crítica, 1998) en el que narra las exploraciones del portugués poniéndose en la piel tanto de los sultanes africanos como de mamelucos e indios.

Steve Keen (Australia, 1963)
Economista, su fama empezó con un best-seller que no para de venderse y traducirse desde 2001: Debunking Economics: The Naked Emperor of the Social Sciences, traducido como La economía desenmascarada (Capitán Swing, 2015). Heterodoxo, opositor de la dominación económica neoclásica, se considera un poskeynesiano. Su alegato es por un modelo alternativo, y no por eso poco realista, capaz de predecir, como él lo hizo, debacles como la crisis de 2008, para la que no estaban preparados los neoclásicos y que no han querido asimilar desde entonces dentro de sus modelos.

• Hartmut Rosa (Alemania, 1965)
El mundo actual se despeña por su velocidad excesiva. Todos sufrimos la angustia por falta de tiempo. Hartmut Rosa, heredero de la Escuela de Francfor, propone ponerle freno a la modernidad, que concibe siguiendo una dialéctica entre las crecientes fuerzas de aceleración y las cada vez más débiles fuerzas de frenado. Ni la autonomía ni el libre albedrío del individuo moderno hallan salida por sí mismos a una espiral de deseos, tareas y objetivos en incesante flujo y ajenos a la voluntad. Pero la desaceleración no basta. La solución filosófica de Rosa es volver a un estado contemplativo, de asombro perpetuo, que aspire a una “resonancia relacional”, contraria a la lógica de aumento del tiempo en la sociedad, que reconcilie cuerpos, almas y entornos para abrir una vía de escape a la alienación. Su libro más conocido se tradujo como Alienación y aceleración. Hacia una teoría de la temporalidad en la modernidad tardía (katz editores, 2016).

Fuente: Le Nouveau Magazine Littéraire, enero 2019.

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En esta ocasión los clics nos llevan a la gran novedad editorial de comienzos de año en Francia. También hacia otras formas de análisis de datos literarios y, finalmente, a la más reciente biografía del icónico poeta chino del siglo VIII Li Po.

El nuevo Houellebecq

A los tres días de su lanzamiento el 4 de enero Sérotonine (Serotonina), la nueva novela de Michel Houellebecq, ya llevaba 90 mil 332 ejemplares vendidos. Una cifra optimista si tomamos en cuenta que Flammarion lanzó un tiraje de 320 mil. Hay que contrastarla también con otra novela del francés, Sumisión (2015), que vendió 800 mil ejemplares tan solo en Francia y poco más de medio millón en Alemania, ahora convertida en serie de televisión. André Malraux tenía razón al decir que “más allá de 20 mil ejemplares empieza el malentendido”.

Malentendido o no, el “efecto Houellebecq” es arrasador. “Desde hace dos décadas leemos a Houellebecq para saber en qué estamos. No hay mejor documento para saber el estado actual de la sociedad, la literatura y la lengua francesas”, comenta el catedrático y ensayista del Collège de France Antoine Compagnon. De ser cierto, Francia, sumida en la crisis de los llamados “chalecos amarillos”, se encamina a una agonía terminal. El antihéroe de Houellebecq, un ingeniero agrónomo de 46 años, encarna al varón mujeriego y homofóbico en vías de extinción, al menos como figura dominante tolerada. Su mundo profesional y sentimental, extremadamente “falocéntrico”, según la crítica francesa, se viene abajo. Él decide desaparecer. Solo lo mantiene con ánimos de vivir el Captorix, un antidepresivo a base de serotonina, cuyo efecto indeseado es la completa eliminación de la libido. A su alrededor, los agricultores de Normandia se empobrecen, Europa es un continente moribundo que simboliza la decadencia ideológica, política y ecológica de Occidente. Al irse despidiendo no se cansa de insultar a las mujeres, de buscar prostitutas menores, y de pensar que “todos los hombres buscan mujeres más jóvenes, ecologistas y que amen los tríos”. Una estética provocadora hasta el suplicio que incluye escenas de gang-bangs caninos. Así es el nuevo Houellebecq.

Lo que para algunos es “una novela de amor de una tristeza infinita”, para otros sectores es una lectura francamente repugnante con un personaje principal que no provoca ni gota de empatía. Ícono de la extrema derecha, de los eurófobos, acariciado por los progres en sus críticas a la modernidad, Houellebecq ya es el Depardieu de la literatura, el excéntrico que un día aparece desnudo en la cama con dos mujeres (la fotografía la tomó su esposa y la subió luego a Instagram) y al otro se funde en elogios a Donald Trump. La inteligencia del pesimista. Tan ambigua y polémica como siempre. (En España ya circula la versión en castellano, traducida, como siempre, por el eterno Jaime Zulaika, para Anagrama).

La extensión de los clásicos

La revista cultural de The Economist publica un estudio cuantitativo sobre la extensión de los clásicos: “¿Qué tan largo es el libro perfecto?”. Para responder, un grupo de expertos en análisis de datos —los mineros del futuro serán insufribles geeks de oficina— estudió 737 libros etiquetados como “clásicos” en la plataforma de reseñas y ratings de lectura Goodreads.com (más de 80 millones de usuarios). Pues bien, todo indica que aquí el tamaño puede importar: los libros de entre 100 y 200 páginas se llevan solo 3.87/5, mientras que los mamotretos de más de mil páginas promedian una calificación de 4.19/5. Es normal que después de leer las casi dos mil páginas de Los miserables nadie quiera disparar un puntaje bajo: sería como reconocer que se han perdido dos meses de vida leyendo basura interminable. Además, la literatura rusa, cuya tradición no se caracteriza por su economía de párrafos, es una de las favoritas en este censo. El gráfico, elaborado por James Tozer, analista de datos de The Economist, apunta sin embargo a una altísima concentración de lectores ávidos de historias cortas —veloces como lo son 250 páginas— y a un lectorado que pone por los cielos a Harry Potter o El Señor de los Anillos, a una distancia considerable de Anna Karenina (4.1) o El Conde de Montecristo (4.2).

Si uno se dejara carcomer por la desconfianza está claro que no hay forma de saber si los usuarios de Goodreads han leído en verdad los libros que califican. Eso confirmaría las reticencias de Mark Twain: “Clásico: un libro que la gente alaba y no lee”.

La vida del Inmortal

Al poeta Li Po (701-762) de la dinastía T’ang la nación china lo ha venerado como el “Poeta Inmortal”. Sobre ese apodo legendario, se publica ahora en inglés la biografía The Banished Inmortal: A Life of Li Bai (Li Po) (Pantheon, 301 pp.) (El inmortal desterrado: la vida de Li Bai) de Ha Jin, un retrato fiel construido a partir de numerosas biografías y material de archivo. Hijo de un mercader chino de la ruta de la seda, Li Po fue producto de la frontera occidental del imperio. Su primera lengua fue literalmente la de su madre, un dialecto del turco.

La mayor parte de su poesía corresponde a sus peregrinajes, a las canciones populares y cuentos que oía en mercados, burdeles, cantinas y teatros al aire libre. Versos que empatan con su dipsomanía —también se le conoce como el “Inmortal del vino”— y su espíritu libre y espontáneo: se formó en el Taoísmo, contrario al confucianismo que reinaba, estudió alquimia y medicina. Su genio poético le permitió romper las barreras de clase que la sociedad china imponía por nacimiento: los hijos de comerciantes eran vistos con recelo y no podían pasar los exámenes imperiales para acceder a un cargo oficial. Se ganó los favores del emperador Xuanzong y, al poco tiempo, envuelto en las intrigas de palacio y en engaños amorosos, los perdió. Al consumarse la rebelión contra el emperador, fue desterrado por el nuevo régimen. Sus versos circulan hoy en todas las escuelas chinas. Conocimos su valor, en lengua española, gracias a las mejores traducciones hasta hoy: las de Marcela de Juan, intelectual radicada en España desde principios del XX, cuyo nombre verdadero era Ma Cé Hwang. Sabemos gracias a Marcela de Juan que la poesía china tocó terrenos expresivos que la poesía occidental tardaría siglos en explorar. Con casi siete siglos de anterioridad, los versos de Li Po resuenan en las Coplas de Manrique: “Los hechos y los hombres viajan hacia el morir, como pasan las aguas del río Azul a perderse en el mar”.

 

Fuentes: Bibliobs, Le Monde, James Tozer en 1843 Magazine (de The Economist), @Antonio_Saborit y The Wall Street Journal.
Marcela de Juan, Segunda antología de la poesía china, Madrid, Alianza, 2007 [esta segunda antología, publicada por la editorial Revista de Occidente en 1962, apareció 14 años que la primera: Breve antología de la poesía china, editorial Revista de Occidente, 1948].

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Arrancamos el año con un buen puñado de obras que se liberan del peso de sus derechos de autor y, como siempre, una mirada a las luces y sombras de las redes sociales en los primeros días del 2019.

Literatura de dominio público en 2019

Según las leyes de cada país, y la batalla leonina de herederos o gestores patrimoniales, ciertas obras entran al dominio público después de un número determinado de años. También lo pueden hacer la totalidad de ellas luego de un lapso establecido a partir de la fecha de muerte del autor (post mortem auctoris). Pierden, por alguna de estas dos vías jurídicas, el famoso copyright que las recluye en trámites, permisos y pagos de reproducción a veces estratosféricos. La variedad que muestra el siguiente mapa mundial sorprende por la cotizada posición de México:

Imagen de Balfour Smith, Canuckguy, Badseed, Martsniez, bajo licencia de Creative Commons. Orignal de Balfour Smith at Duke University at page.

Así es, el llamado síndrome Kodama no corresponde a la legislación argentina sino a la nuestra. Según las leyes de derechos de autor mexicanas vigentes, la obra de Octavio Paz, por ejemplo, no hará parte del dominio público hasta 2098. Una suerte muy distinta corren los legados que se liberaron a partir del pasado 1º de enero. Significan el agasajo de editores, libreros, museos, exposiciones y otros institutos con menos caché simbólico (hablando de caché, el primero en “exponer” estas obras será el omnividente y omnisapiente Google).

En Estados Unidos, la ley se modificó en 1998 para extender el copyright: de 75 a 95 años por obra y el post mortem auctoris de 50 a 70 años. La modificación permitió, entre otras cosas, alargar el cobijo del patrimonio de Mickey Mouse (1928) entre las manos de Disney hasta 2023. Ahora, después de 20 años de espera una cantidad masiva de obras ingresan al manejo libre y abierto. Entre ellas están Jacob’s room de Virginia Woolf, The World Crisis de Churchill o New Hampshire de Robert Frost. De otros países entran las obras completas de Antonin Artaud, Marcel Duchamp o Sergei Eisenstein. La universidad de Duke y su Centro de Estudios sobre el Dominio Público presenta una lista más nutrida. La invaluable The Public Domain Review publicó también la terna completa de sus graduados en 2019. Todas estas obras gozarán sin duda de una mejor salud, una circulación fluida.

Luces y sombras de Twitter

Los primeros días de enero nos recibieron de brazos abiertos en Twitter con la estupenda barrabasada de Pérez-Reverte: “Rediós. Qué difícil se está poniendo esto de la literatura”. Lo dijo después de haberse mofado de la cantidad de títulos publicados sobre campos de concentración, empezando por Auschwitz, que ya no dejan “personajes libres”. Cualquier reguero de ironía en esa red inflamable se convierte en estallido. Rápidamente el Museo Memorial de Auschwitz ya estaba dentro del polvorín, lamentándose de las incontables faltas de respeto que había desencadenado Reverte, recordando, por si lo olvidábamos, que “la historia de Auschwitz es la historia del sufrimiento de 1,3 millones de personas”. Así se ahogan los debates siempre en una marea moralina dispuesta a arrasar cualquier mínima enramada de humor. De acuerdo.

En realidad, la respuesta defensiva del escritor español fue la cereza de un pastel ya hediondo: “Mis tuits se burlan de lo mucho que, por modas literarias comerciales, se manosea un asunto que debería tratarse con más rigor y respeto”. Enhorabuena. Empezamos el año con el autor de La reina del Sur jocosamente consternado por el imperio vil de las modas literarias comerciales. Reverte dilapidó el asunto con dos veloces estocadas. La primera fue una estadística nada dudosa, por supuesto: siete de cada diez ofendidos eran independentistas catalanes. Solucionado, Arturo. Segundo, con una declaración magistral a la agencia EFE: “[Twitter] es una herramienta bellísima para muchas cosas, puede convertirse también en un bebedero de patos agitado por los manipuladores y los tontos”. (Últimamente, nos tienen un poco hartos con cuentos de patos o gansos. Basta, por favor. Ellos qué culpa tienen.)

Afortunadamente, no todo es una muestra de la podredumbre de la condición humana en la red de las vísceras interconectadas. El 1º de enero también amaneció con la lectura masiva de La Ilíada, al ritmo más reposado de un canto por semana (bajo #Homero2019). La impulsa Pablo Maurette, el profesor de Chicago que nos puso a leer La Divina Comedia en 2018 y que generó un fenómeno único hasta ahora de crítica y lectura compartida de los clásicos: algunos medios estiman que unas 5 millones de personas en el mundo abrieron las páginas de Dante. Por ahora, el diálogo empieza con la interrogación sobre la identidad de Homero, un poeta o muchos, un ghostwriter reanimado y vestigio de la tradición oral o un conglomerado de tradiciones. Todo vendrá, una vez más, acompañado de las ilustraciones de Leo Achilli:

No cabe duda que esta lectura enriquecida será orta vez una experiencia memorable y acaso, desde las lecturas de la Comedia, el Quijote y el Decamerón, un antecedente importante para la crítica literaria, tan acomodada frente al altar canónico, un estante plagado de nombres propios y genios individuales con escasos, nulos esfuerzos reconocidamente colectivos. Por ahora, el proyecto de #Homero2019 ya tiene lecturas en siete lenguas. La radiodifusora nacional de Francia alegó hace unos días la ausencia de lectores francófonos como motivo de vergüenza. Aquí empieza un nuevo capítulo de la historia de la obra más leída en los últimos 2,500 años.

La segunda lengua más hablada

Entre todo lo que nos dio y quitó el 2018, la lengua española salió airosa. El reporte anual del Instituto Cervantes, El español en el mundo, descubre una nueva cifra: 7,6% de la población mundial es hispanohablante, es decir unas 577 millones de personas. Los “usuarios potenciales” del español —es decir nativos, de competencia limitada y estudiantes de lengua extranjera— crecieron casi 5 millones en 2018. Eso nos otorga el segundo lugar frente al chino mandarín, con 950 millones. Los países donde más se habla español son México, Colombia y España. Aunque sea la lengua más empleada en internet, el inglés queda en tercer lugar, seguido por el francés y luego el árabe. En términos de peso económico, los países hispanohablantes contribuyen con 6,9% del PIB mundial, lo cual los sitúa apenas por encima de los francófonos. En lo que a dominación política y económica se refiere el español sigue en cuarto lugar, detrás del francés, el mandarín y por supuesto el inglés. Más sobre demolingüística en este boletín del Instituto Cervantes.

 

Fuentes: Hyperallergic, The Verge, Smithsonian Magazine, @perezreverte, France Inter, Instituto Cervantes.

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Como es costumbre, presentamos nuestro top 10 de los mejores textos del 2018. El año que se acaba vivió conmemoraciones importantes: hace medio siglo, con esperanza, violencia y desencanto, el mundo fue sacudido por los movimientos sociales del 68, que trastornaron para siempre nuestra forma de entender la revolución; hace 200 años, Mary Shelley publicó su legendario Frankenstein. Fue también un año en el que el cambio de gobierno comenzó a detonar importantes discusiones sobre el estado de la cultura en nuestro país, así como sobre el futuro de sus instituciones. Otros temas como el movimiento feminista del #MeToo o el trágico incendio del Museo Nacional de Río de Janeiro acapararon la atención de nuestros lectores; también lo hicieron crónicas de registro personal, viñetas históricas y ensayos de diversa índole. El amplísimo espectro condensa el espíritu de esta sección: convertirse en un lugar de encuentro para todas las manifestaciones de ese fenómeno cada vez más rico y complejo que llamamos cultura.


1. “Las caras del feminismo. 10 textos para seguir el debate desatado por el movimiento #MeToo”, Ana Sofía Rodríguez Everaert

2. “La precariedad laboral en la cultura en México”, Daniel Melchor

3. “Los superpoderes de Frankenstein”, Juan Manuel Gómez

4. “Un museo en llamas visto por una de sus antropólogas”, Aparecida Vilaça

5. “Mi tercer tatuaje”, Jorge Comensal

6. “Yo no llegué al Fondo para maquillarlo. Entrevista con Paco Ignacio Taibo II”, Héctor González

7. “Los Pinos: poéticas y patéticas del poder simbólico”, José Luis Barrios

8. “La Primavera de Praga: socialismo y democracia”, Diego Bautista Paéz

9. “Alfonso Reyes y López Obrador: de la Cartilla Moral a la Constitución Moral”, Carlos Eduardo López Cafaggi

10. “Catalina la Grande: devoradora de hombres y creadora del Hermitage”, Alfredo Peñuelas Rivas

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