Para cerrar con el episodio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2017, hacemos hincapié sobre algunos números curiosos que son el diagnóstico de su gigantismo; proponemos algunas soluciones a mediano plazo para remediar el problema de la oferta inabarcable de sus actividades; y seguimos alimentando el debate sobre el lenguaje incluyente que encontró argumentos mayores durante la Feria.


Breve numeralia (comentada) de la FIL

Los números que arroja la FIL solo pueden mostrar algo pantagruélico. Son las dimensiones cada vez mayores de una feria que lo centraliza todo, a pesar de tener ya bastante competencia a nivel nacional:

817 mil personas asistieron este año (supuestamente 17 mil más que el anterior, aunque nadie nos ha aclarado cómo las contabilizan).

119 mil metros cuadrados de instalaciones tiene disponibles la empresa encargada del evento, Expo Guadalajara (este espacio exorbitante no cambia hasta el límite de sobrepoblación).

20 mil 748 fueron los profesionales del libro que asistieron al Salón de Derechos y a otras actividades (seguimos sin saber cómo los cuentan).

2 mil 187 editoriales se dieron cita en la Expo, provenientes de 47 países (muchas comparten stand y otras solo aguantan media semana por razones de agotamiento, engentamiento masivo, estreñimiento presupuestario y saturación del intelecto).

620 libros de todos los géneros se presentaron en apenas nueve días (20 más que el año anterior; a este ritmo hasta el presidente acabará leyendo).

572 medios de comunicación se registraron para dar cobertura (o más bien repetir, como hacemos aquí, la misma cantaleta de números y glorias).

334 páginas tiene el catálogo completo de actividades y contenidos (donde pueden ustedes perderse o marearse si quieren, dando clic aquí).

67 foros académicos se organizaron, repartidos entre coloquios, ponencias y conferencias (reunidos bajo el exclusivo rubro de “FIL pensamiento”; hace mucho que sabemos que los presentadores de libros no tienen tiempo para pensar).

Estas cifras serían una barrabasada estadística si no habláramos de dinero (¿o acaso les interesa la FIL en números así nomás?). Según el Presupuesto de Ingresos y Egresos 2017 de la Universidad de Guadalajara, se destinan 4 millones de pesos al Programa cultural de la Feria, y otros 2 millones más que se encauzan como Fortalecimiento y mejora de programas y proyectos (FIL 2017): suman 6 millones que no rozan siquiera los 8 que cuesta el Festival de Cine de Guadalajara. Todo esto suena a poco frente a los 800 millones de pesos en ventas y los cerca de 300 millones, esta vez de dólares, que “derrama” (feliz vocablo de una nación petrolera) la Feria en su ciudad sede por la economía generada con semejante afluencia de extranjeros, nacionales o hasta locales, así como lo señala el presidente de tan ilustrada república, Raúl Padilla (no los mares, pero sí los pasillos de estantes se abren a su paso). Benditas geometrías de los negocios redondos. Hemos olvidado citar aquí el precio que pagan los expositores por metro cuadrado o los miles de voluntarios que son los que verdaderamente hacen posible un encuentro que se jacta de gigantismo. Pero no queremos que lo malo siga contando…


La ubicuidad en la mira

Nutrir al monstruo de la FIL para que siga engordando parece responder a un síndrome de competencia obesa por un ranking mundial orgullosamente inútil. (Ojo, nadie ha dicho aquí que los récord Guinness sean pruebas de la estupidez universal: basta ojear sus catálogos para celebrar notables despliegues de heroísmo y perseverancia humana de quienes cocinan, por ejemplo, una hamburguesa de una tonelada). Pero los fenómenos de masas siempre fascinan y el hormiguero atrae, atrapa y engancha con su magnética ley de mayorías: vamos a donde vayan todos; por algo esos todos van ahí. Y, claro, la “derrama” económica inunda de bienestar las calles y la muchedumbre se zangolotea en carnaval. Hay muchas ferias del libro de sudor, claustrofobia y egolatría —los tres suelen ser medidores inapelables del éxito— que han crecido paralelamente a la FIL (basta pensar en Minería), pero ninguna se le acerca ni lo pretende. Así que como Padilla and Co. tienen planes para seguir engordando a la bestia, no nos quedará más que esperar a que llegue la actualización tecnológica de la ubicuidad.

 

Videoconferencia con Cornelia Funke dentro de la XXXI Feria Internacional del libro en Guadalajara, México, Jueves 30 de Noviembre 2017. (Cortesía © FIL/Nabil Quintero Milián)

 

Muy pronto, gracias a una simple app usted podrá mandar a sus avatars a todos los eventos y que luego se lo cuenten en breves mensajes, diapositivas, GIFFs o entretenidos emoticonos. “¿A que mola?”, dijeron dos desarrolladores al pie del Oso y el Madroño. De manera que usted no tendrá que escoger nunca jamás si asistir a las 600 presentaciones de libros; lecturas de poesía; performance; diálogos sobre las mujeres en la narrativa; conferencias sobre la censura en Irán o el sexismo de la lengua española; encuentros entre escritores de 30 lenguas indígenas; ponencias de editores cascarrabias o frescos booktubers; debates políticos de Woldenberg con Marichuy-con Anaya-con Ocha Reza-con Barrales-con todo Dios; foros sobre el arte y el oficio de escribir; torneos de dramaturgia; entrega de premios, honoris causa y homenajes a EINs (Escritores e Intelectuales Notables) o a EVNs (Escritores en Vías de ser Notables); celebraciones; brindis; conciertos; entrevistas y un muy pero muy largo etc. Pues bien, no más indecisiones, no más saturación: su app de serviciales avatars será descargable junto con el programa de alguna FIL venidera. Es más, ellos escogerán el programa por usted y le indicarán a qué actividad le apetece más ir en la hora señalada.


Sexismo de la lengua

Como la ubicuidad no llega todavía a nuestros teléfonos idiotizantes, perdón, inteligentes, escogimos aquí una de las miles de actividades que nos hacían ruido por el seguimiento de un candente debate. En plenas discusiones sobre la inequidad de género en el Colegio Nacional, una de sus 4 mujeres —en toda la historia de la institución— hiló fino y aclaró posturas en torno a la pregunta: ¿es sexista la lengua española? La conferencia de Concepción Company recordó, entre otras cosas, la arbitrariedad fundamental de la lengua y de la gramática que responden a convenciones muchas veces ajenas al problema de los géneros. Su ejemplo satírico no deja de ser magistral para los puristas que abogan por una absoluta corrección política en la lengua: el sustantivo “problema” tiene terminación “femenina” y, sin embargo, es masculino. Claro, los hombres siempre dan la guerra. En cambio, las “soluciones”, esas sí son femeninas. Como ya se ha señalado hasta el cansancio, sexo y género no se corresponden en la lengua y, de cualquier manera, el lenguaje incluyente no soluciona el problema de un mundo binario de hombres y mujeres y paren de contar.

 

Entrada de “sexo” del Diccionario de la Lengua Española en línea

 

La conferencia de Company coincidió con una campaña exitosa para enmendar el diccionario de la RAE: una joven de Huelva juntó más de 160 mil firmas en una petición por acabar con el término “sexo débil” que en la RAE se refiere a “conjunto de las mujeres”. Para la Academia, la decisión de retirar este término machista se había tomado desde 2015, así que en las actualizaciones de su diccionario se referirá como expresión peyorativa. En este caso, está clarísimo que “sexo débil” sí implica un sexismo brutal de la lengua. No está nada mal que lingüistas como Concepción Company nos recuerden estos asuntos y matices cuando el debate se sale de sus goznes y el odio enajenado de Twitter nos nubla el juicio.

Fuentes: Expo Guadalajara, FIL Prensa, Concepción Company, El País; y Diccionario de la Real Academia Española.

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Como cada año, la FIL nos deja un torrente de libros que por momentos puede abrumar al lector más experimentado. Navegar entre decenas de editoriales y cientos de novedades no resulta tarea fácil. Por eso, a manera de cartografía, presentamos a continuación cinco joyas de esta trigésima primera edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Muerte y genealogía

Paul Auster
4 3 2 1
Traducción de Benito Gómez Ibáñez
Seix Barral
Barcelona, 2017
960 páginas.

Tras siete años de silencio novelístico, Paul Auster publicó 4 3 2 1, libro en el que explora de nuevo el azar y las consecuencias de las acciones de los individuos. El autor, que recibió la Medalla Carlos Fuentes de manos de Silvia Lemus e inauguró el Salón Literario de la FIL con una ponencia magistral sobre Edgar Allan Poe, usa en 4 3 2 1 elementos autobiográficos de su juventud e invoca una genealogía. Archie Ferguson, el protagonista, nació en Newark, Nueva Jersey, en 1947, en el seno de una familia de descendientes de inmigrantes judíos. Auster narra cuatro trayectorias diferentes con sus innegables diversificaciones sobre un trasfondo habitual. Siempre impera la muerte: “aprendí que la muerte acecha entre nosotros y puede golpear en cualquier momento. Esa idea está en la base de todo lo que escribo”, dijo en una entrevista. Y 4 3 2 1 parte de la muerte del abuelo de Ferguson: “la vida en Norteamérica siguió siendo una lucha para el abuelo de Ferguson desde el día que desembarcó hasta la noche del 7 de marzo de 1923, cuando encontró una temprana e inesperada muerte a los cuarenta y dos años de edad: a tiros en un atraco al almacén de artículos de piel de Chicago en donde estaba empleado como vigilante nocturno”. 4 3 2 1 es la obra más ambiciosa de Auster. Tras su publicación declaró: “No estoy seguro de tener la fuerza necesaria para escribir otra novela”.


Ira y melancolía tras sobrevivir al exterminio

Radka Denemarková
El dinero de Hitler
Traducción de Elena Buixaderas
Galaxia Gutenberg
Barcelona, 2015
220 páginas.

La protagonista de El dinero de Hitler, Gita Lauschmannová, es una joven judía de 16 años que vuelve a su casa en la región checoslovaca de los Sudetes después de sobrevivir al exterminio en Auschwitz, donde han muerto sus padres y su hermana mayor. Al abrir la puerta del que había sido su hogar se encuentra con una familia que le dice que esa es su casa y que Gita tiene que partir. Ella percibe que la opresión y la barbarie no terminarán. Por ello Gita escribe lo sucedido en cuadernos. Expone su propia vida. Radka Denemarková, invitada de honor en la trigésima primera edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, vincula memoria y literatura en la voz de su personaje: “Ya solo me quedan mis recuerdos. […] Sí. Me agarro a ellos como una lapa. Es una tristeza terrible. Levantar los ojos hacia el techo y proyectar ahí el pasado”. Y continúa la voz de la protagonista en un pasaje lleno de ira y melancolía: “Me han mandado una compensación económica por los años pasados en el campo de concentración. […] Mi vida es como un viaje demencial en el mismo tiovivo. En realidad […] es dinero de Hitler”.


Pacheco y su “aproximación” a Eliot

T. S. Eliot
Cuatro cuartetos
Aproximación, edición y notas de José Emilio Pacheco
Edición bilingüe
El Colegio Nacional / Ediciones Era
Ciudad de México, 2017
198 páginas.

Las cuatro partes de la obra maestra de T. S. Eliot (1888-1965) se publicaron sueltas entre 1936 y 1942 y reunidas en 1943. Poema mayor sobre el tiempo, la experiencia y el lenguaje, Cuatro cuartetos requería una versión al español de un poeta de la talla de José Emilio Pacheco (1939-2014). Desde 1989, año en el que apareció su primera “versión”, Pacheco nunca dejó de corregir y anotar su “aproximación” al portentoso texto de Eliot. Su trabajo exhaustivo resulta una virtuosa lectura plasmada en múltiples notas, que a su vez son ensayos magistrales que nos acercan al hermético poema. Para muestra, un botón. Pacheco escribe: “Como el mes de abril en La tierra baldía (1922), el jardín de ‘Burnt Norton’ mezcla ‘memoria y deseo’. Es un jardín secreto lleno de ecos y espectros, flores vivas y pétalos muertos sobre los que se acumula el polvo. Allí el pasado se hace presente y el presente lleva consigo el recuerdo futuro de lo que está sucediendo”.


Las emociones de toda una nación

Nona Fernández
La dimensión desconocida
Literatura Random House
Santiago de Chile, 2017
238 páginas.

Por su novela La dimensión desconocida, la escritora chilena Nona Fernández recibió el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En el volumen, un hombre llega a las oficinas de una revista de oposición en plena dictadura chilena. Se trata de un agente de la policía secreta que quiere hablar. Entonces una periodista prende su grabadora y escucha un testimonio. Fernández parte de un hecho real que estremeció a la opinión pública chilena durante la dictadura para actualizar la memoria histórica de su país durante las décadas recientes. “A medio camino entre el periodismo, la literatura y el diario personal”, La dimensión desconocida “consigue mostrar las emociones de toda una nación con respecto a un pasado negro y acaso vergonzoso”, destacó el jurado del premio. Entre las historias que entrelaza están la de un padre detenido mientras lleva a sus hijos a la escuela y la de un niño que cambia de nombres y de vidas hasta atestiguar una masacre.


Tres escritoras que fallecieron en Auschwitz

Mercedes Monmany
Ya sabes que volveré. Tres grandes escritoras en Auschwitz: Irène Némirovsky, Gertrud Kolmar y Etty Hillesum
Galaxia Gutenberg
Barcelona, 2017
180 páginas.

En Ya sabes que volveré, presentado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la ensayista y crítica barcelonesa Mercedes Monmany —miembro del jurado internacional que designó a Emmanuel Carrère ganador del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2017— se centra en la literatura del Holocausto y aborda a tres grandes autoras que murieron en Auschwitz: Irène Némirovsky, Gertrud Kolmar y Etty Hillesum. Monmany piensa en la posteridad literaria de la tríada: “Sabían que lo que estaban viviendo no era normal y quisieron dejarlo por escrito. A pesar de su juventud se impusieron un deber: hablarle al futuro. Aunque ellas ya no estuvieran”. Indaga en la búsqueda de la verdad en los diarios de Hélène Berr y Ana Frank: los textos se convertirían en armas de vida, en vez de muerte y destrucción, que proclamaban la verdad inapelable de lo sucedido. También percibe esperanza: Etty Hillesum afirmó que esta vida es bella y está llena de sentido. “A cada instante.” Hillesum aseveró ante la crisis: “Uno tiene que ser su propia patria”; Gertrud Kolmar fue prima hermana de Walter Benjamin, quien la percibió como “un alma gemela”; e Irène Némirovsky habla del miedo que devora.

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En cada edición, la FIL de Guadalajara se convierte en punto de convergencia de nuevas o jóvenes editoriales, pequeñas o independientes, que intentan encontrar un lugar en el complejo —y en ocasiones voraz— panorama editorial en español. Durante estos días ofreceremos breves perfiles de estos sellos, muchos de los cuales desembarcan por primera vez en nuestras costas. Como último desembarco para cerrar la cobertura de las editoriales independientes en la FIL, presentamos a la editorial argentina Godot y a uno de sus dos fundadores, Hernán López Winne, quien contestó a nuestras preguntas durante su estancia en México.

¿Podrías relatarnos la génesis del proyecto (cómo nació, de dónde viene el nombre, qué necesidad —personal y editorial—intentaron cubrir, a qué se han enfrentado)?

Ediciones Godot nace de un proyecto anterior, la revista Esperando a Godot, una revista cultural de corte académico que funcionó desde 2005 hasta 2008. La necesidad que intentamos cubrir fue dar a conocer ciertos textos que no estaban circulando. La editorial, luego, fue tomando crecimiento y empezamos a publicar autores de renombre como Slavoj Zizek, Walter Benjamin, Virginia Woolf, Herbert Marcuse, Samuel Beckett, entre tantos otros.

Díganos cuáles serían sus cinco libros clave, sobre qué versan, por qué los eligieron y cuál es la pertinencia de publicarlos.  

Una vida sin principios, de Henry David Thoreau (trad. de Macarena Solís, 2017, 104 p.), es un pequeño tratado sobre la relación entre el hombre, la naturaleza y la explotación capitalista.

Estrés y libertad, de Peter Sloterdijk (trad. de Paula Kuffer, 2017, 80 p.), un ensayo breve donde el punto central es la visión del autor de las sociedades posmodernas: el aglutinamiento de los individuos se produce por la cantidad de estrés acumulado entre ellos.

Cuentos completos, de Virginia Woolf (trad. de Micaela Ortelli y Carolina Orloff, 2015, 392 p.), reúne todos los cuentos publicados por la autora inglesa en su vida.

La permanencia en lo negativo, Slavoj Zizek (trad. de Ana Bello, 2016, 392 p.), donde se analiza el capitalismo como un sistema económico global motorizado por la histeria.

¿Cuál ha sido su historia dentro de su mercado editorial de origen y por qué les interesa distribuir en México y Latinoamérica?

México y Latinoamérica, naturalmente, son importantes porque comparten nuestro idioma, al mismo tiempo que en cada país hay culturas y mercados diferentes.

¿Mantienen algún tipo de relación con el libro digital? ¿Qué ventajas y desventajas creen que tiene este formato —como editores y lectores— con respecto al tradicional?

El libro digital es un soporte más para el contenido. Más allá de pensar en ventajas y desventajas, hay que mirarlo como un modo más de hacer circular contenido.

 

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En cada edición, la FIL de Guadalajara se convierte en punto de convergencia de nuevas o jóvenes editoriales, pequeñas o independientes, que intentan encontrar un lugar en el complejo —y en ocasiones voraz— panorama editorial en español. Durante estos días ofreceremos breves perfiles de estos sellos, muchos de los cuales desembarcan por primera vez en nuestras costas. Nuestro quinto desembarco es la editorial La Uña Rota, que existe desde 1996 y acaba de ser noticia por su libro más reciente, la correspondencia entre Marcel Proust y Jacques Rivière. En esta ocasión, conversamos con Carlos Rod, uno de sus editores y fundadores.

¿Podrías contarnos cómo nació la editorial y si buscaban cubrir alguna necesidad específica, editorial o personal?

Empezamos en 1996. En ese entonces somos estudiantes, vivimos en una ciudad pequeña, Segovia, de cincuenta mil habitantes, que tiende a despoblarse. En esa época, yo estaba estudiando publicidad y conocí a Miguel Díaz. Juntos empezamos a hacer un fanzine gratuito, que se hacía a mano y que tenía nombres muy distintos; en lugar de poner números decidimos poner nombres: el primero era “Fiasco”, el segundo “Pingajo”, el tercero era “Gazapo”, etc. Tenía siempre el mismo formato: 15 x 10 apaisado. Cuando estábamos a punto de sacar el último fanzine, decidimos no sacarlo: iba a ser el quinto, llamado “Galleta”. Anunciamos que sí había salido y que estaba disponible en bares y la gente empezó a decir que le había gustado.

Con ese bulo nos despedimos del fanzine y nos juntamos para hacer la editorial con otros amigos. Es decir, hacer libritos con los textos de los autores del fanzine. No teníamos objetivos, solamente hacer un librito y venderlo para hacer el siguiente. Éramos inconscientes de cómo funcionaba el mundo editorial. Aprendimos al tiempo de hacer los libros. La editorial ha tenido un proceso muy lento. En un primer momento, éramos amateurs, amantes del hecho de editar. Empezamos con la colección “Libros inútiles” que se vendían en los bares a cien pesetas. Eran libros híbridos. Hacíamos 500 de cada uno. Publicábamos tres o cuatro al año. En un punto o crecíamos o no íbamos a ningún sitio. Nos dimos cuenta que lo importante es aprender todas las fases del oficio: qué significa distribuir, qué significa ser librero, ponerte en el lugar del autor. En 2009 ya habíamos publicado a Becket, nuestros libros aparecían en la prensa, y decidimos dar un paso adelante: sacar Cenizas escogidas de Rodrigo García. Después de Becket, un clásico, venía García, un contemporáneo, y fue como dar un golpe en la mesa: vamos a publicar un libro de teatro, de 500p., de un autor que nos encanta, que está casi sin publicar en castellano siendo argentino-español, y ese libro funcionó muy bien, va para cuarta edición.

Rodrigo García, Cenizas escogidas. Obra 1986-2009, Segovia, La uÑa RoTa, 2013 (4ª ed.), 512 p.

¿Cómo surgió el nombre?

Bueno, en esa época empezó a haber un movimiento cultural en Segovia y nos empezamos a relacionar unos con otros. Fuimos a vivir a una casa donde había mucha gente que trabajaba en estas cosas. No me acuerdo bien, pero creo que fue un día hablando y nos gustó el nombre. Es cierto que en la casa había una gata que se llama Vespa, una gatita recién nacida, era fácilmente acariciable y hubo una época en que se rompió la uña: era común oír en la casa “cuidado, que tiene la uña rota”. Pero no lo puedo asegurar, casi diría que puede ser una historia inventada. En todo caso, ahora decimos que La uÑa RoTa es una editorial dependiente de lectores independientes, es más como una editorial de autor.

¿Cuáles serían los cinco libros clave de su catálogo?

Además de el de Rodrigo García, estaría por ejemplo lo que hemos editado de Beckett: A vueltas quietas, que es el último libro que escribió en vida. Y Deseos del hombre, Carta alemana, que lo escribió en el 37, una época de crisis absoluta, y dejó inacabado. Son dos libros importantes porque generan una poética de la editorial. A partir de ahí nos movemos. Beckett es un faro. Su forma de entender la literatura impregna un poco nuestro catálogo. Encontrábamos muchos textos suyos importantes sin publicar. Ahí también empezamos a publicar teatro.

Samuel Beckett, Deseos del hombre, Carta alemana, Segovia, La uÑa RoTa, 2004, 72 p.

Borges de Rodrigo García también es muy importante en nuestra editorial.

Rodrigo García, Borges, Segovia, La uÑa RoTa, 2002, 36 p.

También tenemos a Ángelica Liddell, La casa de la fuerza, directora dramática que tiene un premio nacional por ese libro: ése fue un espaldarazo para seguir trabajando en esa línea.

Está el libro de Juan Mayorga, Teatro 1989-2014, que nos situó de forma más definitiva en el mapa; se vendió muy bien, estaba en todas las librerías, uno de los libros del año según El País. Recoge una de las veinte obras de uno de los autores más querido del mundo teatral y que trasciende el teatro: no sólo se dirige a gente que va al teatro, sino hasta a gente que le interese poco. Es el libro de un intelectual que la gente sigue. Mucha gente nos conoce por ese autor y ese libro.

Juan Mayorga, Teatro 1989-2014, prólogo de Claire Spooner, Segovia, La uÑa RoTa, 2014 (3ª ed.), 770 p.

Tenemos justamente esas dos vertientes: contemporánea y clásica. Tenemos a Melville, Conrad, Boswell o Robert Walser. Le tengo mucho cariño también a ese libro: Diario de 1926. Creo que son autores que nos han educado como lectores, con ellos hemos ido aprendiendo. Intentamos relacionar esa educación en nuestro catálogo. Un editor al final dice lo que entiende por literatura a través de los libros que publica. Nosotros habitamos el borde del mercado y si hay que morir, hay que hacerlo nutriendo al lector que es afín a este catálogo.

Robert Walser, Diario de 1926, traducción de Juan de Sola, Segovia, La uÑa RoTa, 2013 (2ª edición), 80 p.

¿Les interesa el mercado latinoamericano, y mexicano?

No me gusta mucho pensar en fronteras, aunque las fronteras están. Yo entiendo que hay lectores y lectoras, y obviamente los lectores con más acceso a nuestros libros viven en nuestro país [España] y un libro es difícil de transportar. Cuando hablo con un lector de Buenos Aires o de México, ahora en la FIL, no estoy viendo un argentino o un mexicano que me quiere comprar un libro: estoy viendo alguien que quiere leer ese libro. La realidad, sin embargo, te hace ver que no es tan fácil introducir ese libro en una ciudad como México. Entonces hay que pasar por muchos protocolos, mucha burocracia, encontrar distribuidor que te entienda y conozca tu catálogo. Sí creo que aquí en México hay lectores afines a este catálogo y me gustaría que pudieran llegar a estos libros de la forma más económicamente asequible.

¿Qué opinas del libro digital? ¿Qué relación tienen con ese formato?

El libro digital está ahí. Nunca ha sido lo que se ha dicho de él. Hay intereses muy grandes para que sea la opción más hegemónica, pero son intereses de empresas más preocupadas por vender ebooks que por ofrecer buenos textos. Son dos formatos que van a ir paralelamente de la mano. Desde el mundo tecnológico se augura que va a desaparecer el libro en papel y, del otro lado, desde el mundo del papel nadie ha dicho que puede desaparecer lo tecnológico. Aunque se podría decir igualmente. Por ejemplo, si se va la luz lo tecnológico desaparece. Nosotros consideramos que el ebook es un formato interesante, yo no desecho ese tema. Es una forma de distribución. Pero no hemos encontrado la forma de hacer un ebook con nuestros libros. Cuidamos mucho el papel, la portada, los diseños y, de momento, eso no sabemos traducirlo a un ebook. A lo mejor estamos esperando a que el ebook progrese, evolucione. Por ejemplo, un libro de poesía de Luis Pichel, cuadrado, ¿cómo haces eso en ebook? Se pierde la identidad del libro: es como si me quedara solamente con tu cerebro, pero no te veo ni las gafas, ni el color de la piel, ni el color de tus ojos.

http://www.larota.es

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En cada edición, la FIL de Guadalajara se convierte en punto de convergencia de nuevas o jóvenes editoriales, pequeñas o independientes, que intentan encontrar un lugar en el complejo —y en ocasiones voraz— panorama editorial en español. Durante estos días ofreceremos breves perfiles de estos sellos, muchos de los cuales desembarcan por primera vez en nuestras costas. En esta ocasión, nuestro desembarco se lo dedicamos a Impedimenta, una editorial madrileña cuya editora, Pilar Adón, nos cuenta su historia.

¿Podrías contarnos cómo nació el proyecto en el que se embarcaron Enrique Redel y tú?

Impedimenta fue fundada en el año 2007 en Madrid. Enrique Redel y yo primero fuimos pareja, nos conocimos en la Facultad de Derecho. Siempre hemos estado vinculados al mundo de la literatura. Somos grandes lectores. Hace diez años decidimos fundar la editorial. Imagínate unir la labor editorial con una relación de pareja. Todo el tiempo hablamos de los libros, pensamos en los autores. Es una labor absorbente. Pero esa labor tiene una recompensa inmediata: incorporar a un autor o a un libro a tu catálogo. Esa recompensa inmediata puede ser muy adictiva. Es una labor de generosidad: implica compartir. “El libro de un editor es su catálogo”, como dice Herralde. Es a base de perseverancia. El nombre, Impedimenta, proviene del bagaje que suele llevar la tropa, e impide la celeridad de las marchas y de las operaciones.

¿Cuáles son sus autores clave?

Hablaré de las autoras que yo he elegido:

Iris Murdoch, porque me gustan mucho sus mundos filosóficos y académicos. También por la inteligencia de sus diálogos.

Penelope Fitzgerald es una autora que con muy pocas frases, y muy cortas además, consigue llevar al lector a una riqueza absoluta de escenarios y peculiaridades psicológicas. La librería, novela finalista del Booker Prize,  es una sutil aventura librera.

Penelope Mortimer intentó suicidarse y después empezó a visitar a un psicoanalista freudiano. Cuando eso fracasó, se sometió a un tratamiento electroconvulsivo.

Angela Carter, por sus magníficos relatos. Publicamos la mítica colección de cuentos maravillosos protagonizados por mujeres que Carter recopiló para Virago Press.

Edith Wharton decidió abandonar su apartamento parisino para visitar, en seis distintas expediciones, el frente de batalla en que se decidía el destino de Europa, de Dunkerque a Belfort.

¿Por qué les interesa distribuir en Latinoamérica?

Siempre quisimos llegar aquí. Compartimos una misma lengua y los lectores se interesan en los dos lados del océano.

¿Mantienen algún tipo de relación con el libro digital?

Publicamos libros digitales. Pero somos editores de papel porque somos lectores de papel. Tenemos ventas digitales, pero los lectores buscan más nuestros libros impresos. En España hubo una especie de espejismo con el libro digital: vaticinaban el declive del libro de papel. Pero el libro en papel es un invento perfecto. La experiencia de lectura en un libro de papel no es la misma que se da en la frialdad del dispositivo digital. El papel implica calidez. El objeto físico la proporciona. La realidad tangible no existe en el ámbito digital. Con el libro físico tocas el objeto: pastas, páginas. De otra manera no es palpable. Es un asunto de experiencia lectora.


Iris Murdoch
El libro y la hermandad
Traducción de Jon Bilbao
Postfacio de Rodrigo Fresán
Impedimenta
Madrid, 2015
656 páginas.


Penelope Fitzgerald
La librería
Traducción de Ana Bustelo
Impedimenta
Madrid, 2015
192 páginas.


Penelope Mortimer
El devorador de calabazas
Traducción de Magdalena Palmer
Impedimenta
Madrid, 2014
240 páginas.


Angela Carter
Cuentos de hadas de Angela Carter
Traducción de Consuelo Rubio Alcover
Impedimenta
Madrid, 2017
640 páginas.


Edith Wharton
Francia combatiente. De Dunkerque a Belfort
Traducción de Pilar Adón
Introducción de Yolanda Morató
Impedimenta
Madrid, 2011
224 páginas.

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