Tan arbitrario como una ofrenda de párrafos y versos, compartimos con nuestros lectores esta selección colorida de lo que se ha escrito en México sobre la muerte y sus dominios. Con una calavera inicial para solaz del internauta.

Ilustración: Gonzalo Tassier


Calavera de invitación

Lector desocupado y fino
Que buscas aquí con tino
Un literario esparcimiento
Para distraer un momento
A Doña Parca en sus humores,
Admira frente a ti las flores
Varias de nuestra literatura
Y síguenos en la travesura
De adivinar la identidad
De estos muertos escritores
Que están muertos sin piedad.

§

1.

Hidalgo es de los [héroes] que salen más perjudicados. Hasta físicamente. Es de los pocos casos conocidos de personas que han seguido envejeciendo después de muertas. Fue fusilado a los cincuenta y ochos años, pero no ha faltado quien, arrastrado por la elocuencia, diga: “Quisiera besar los cabellos plateados de este anciano venerable”.

[…]
Entre nosotros los mexicanos, en un velorio es de rigor que las mujeres hablen de muertos y enfermedades, y los hombres de las parrandas que hicieron antaño, en compañía del difunto.

[…]
Yo he escuchado a tres hermanas, hablando de su padre, no en plan de confesión, pero sí de ratificación, diciendo:
—¡Tan bueno que era mi papá!
—¡Siempre con la sonrisa en los labios!
—¡Y tanto que le gustaba el chicharrón!
Son tres virtudes del difunto que ya las tres hermanas conocían, pero no están ‘intercambiando impresiones’, sino repitiendo tres características para conservar una imagen. Este ejemplo entra dentro del género de lo que se podría llamar conversación ritual.

[…]
El miércoles pasado, 29 de agosto de 1973, a las 7 de la noche, murió Luz Antillón, que fue mi madre.
Cuando yo estaba en la agencia, escogiendo la caja, oí su voz que me decía:
—¡La más barata, la más barata!
[…]
Los empleados de la agencia, que la cargaron y la bajaron a la tumba, le hubieran causado muy buena impresión.
—Muy limpios, muy bien rasurados, dos de ellos bastante guapos. ¡Pobres muchachos, qué oficio tan horrible el de andar cargando muertos! —probablemente para resaltar los adelantos modernos, hubiera recurrido a una comparación con los cargadores borrachos de Guanajuato.

[…]
—Me estoy quebrando como un charal— fue su última opinión de sí misma.”

§

2.

¿Morir? No. Es demasiado bello para ser cierto.
Ya vas a comprobar cómo, después del tránsito
(que no es, a fin de cuentas,
más que uno que otro espasmo muscular, "amor grande",
si al sexo te permites llamar "muerte chiquita")
la cosa sigue igual en algún otro lado.

Con más o menos frío, quizá; con hígado,
con pulmones, con pies, con narices, con hambre,
con años, con fatiga,
con olvidos, con ese tábano memorioso
que alrededor te zumba.

Lo continuo no cesa, así que cálmate.
Deja ya de sentarte al borde de las sillas,
de mirar el reloj
y de hojear las revistas de la sala de espera.

§

3.

La contemplación del horror, y aun la familiaridad y la complacencia en su trato, constituyen contrariamente uno de los rasgos más notables del carácter mexicano. Los Cristos ensangrentados de las iglesias pueblerinas, el humor macabro de ciertos encabezados de los diarios, los “velorios”, la costumbre de comer el 2 de noviembre panes y dulces que fingen huesos y calaveras, son hábitos, heredados de indios y españoles, inseparables de nuestro ser. Nuestro culto a la muerte es culto a la vida, del mismo modo que el amor, que es hambre de vida, es anhelo de muerte. El gusto por la autodestrucción no se deriva nada más de tendencias masoquistas, sino también de una cierta religiosidad.

§

4.

En el fondo de la tarde está mi madre muerta.
La lluvia canta en la ventana como una extranjera que piensa con tristeza
en su país lejano.
En el fondo de mi cuarto, en el sabor de mi comida,
en el ruido lejano de la calle, tengo a mi muerta.
Miro por la ventana;
unas cuantas palabras vacilan en el aire
como hojas de un árbol que se han movido al olfatear el otoño.

Unos pájaros grises picotean los restos de la tarde,
y ahora la lluvia se acerca a mi pecho como si no conociera otro camino
para entrar en la noche.

Y allá, abajo, más abajo,
allá donde mi mirada se vuelve un niño oscuro,
abajo de mi nombre, está ella sin levantar la cara para verme.
Ella que se ha quedado como una ventana
que nadie se acordó de cerrar esta tarde;
una ventana por donde la noche, el viento y la lluvia
entran apagando sus luces
y golpeándolo todo.

§

5.

Hay una elegía de Propercio que inaugura un modo poético destinado a tener continuadores ilustres. Me refiero a la elegía séptima del cuarto libro. […] El poema comienza con la declaración de un hecho insólito y que el poeta enuncia como si fuese algo natural y en el orden de las cosas: “No es una fábula, los manes existen; el fantasma de los muertos se escapa de la pira y vuelve entre nosotros”. Cintia ha muerto y fue incinerada apenas ayer. […] Precisamente a la hora en que su amante la recuerda, el fantasma se presenta en su lecho solitario. Es la misma de siempre, hermosa, aunque un poco más pálida. Hay detalles atroces: una parte de su túnica está chamuscada y ha desaparecido la sortija de berilo que llevaba en el anular, devorada por el fuego. Cintia ha vuelto para reprocharle sus infidelidades —olvida, como siempre, las suyas—, recordarle sus traiciones y repetirle su amor. El espectro termina con estas palabras: “Puedes ahora andar con otras pero pronto serás mío, únicamente mío.”

§

6.

No
Me tardo
Voy a dar
Una vuelta
Alrededor
De
Mi
Muerte.

§

7.

El pueblo mexicano tiene dos obsesiones:
el gusto por la muerte y el amor a las flores.
Antes de que nosotros “habláramos castilla”
hubo un día del mes consagrado a la muerte;
había extraña guerra que llamaron florida
y en sangre los altares chorreaban buena suerte.

§

8.

—Mi madre —dije—, mi madre ya murió.
—Entonces ésa fue la causa de que su voz se oyera tan débil, como si hubiera tenido que atravesar una distancia muy larga para llegar hasta aquí. Ahora lo entiendo. ¿Y cuánto hace que murió?
—Hace ya siete días.
—Pobre de ella. Se ha de haber sentido abandonada. Nos hicimos la promesa de morir juntas. De irnos las dos para darnos ánimo una a la otra en el otro viaje, por si se necesitara, por si acaso encontráramos alguna dificultad. Éramos muy amigas. ¿Nunca le habló de mí?
—No, nunca.

§

9.

Sólo el cielo, envidioso,
mi esposo me quitó; la Parca dura,
con ceño riguroso,
fue sólo autor de tanta desventura.
¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte,
que tantas muertes das con una muerte!

¡Ay dulce esposo amado!
¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise,
y por qué tu cuidado
me hizo, con las venturas, infelice?
¡Oh dicha, fementida y lisonjera,
quién tus amargos fines conociera!

¿Qué vida es esta mía,
que rebelde resiste a dolor tanto?
¿Por qué, necia, porfía,
y en las amargas fuentes de mi llanto
atenuada, no acaba de extinguirse,
si no puede en mi fuego consumirse?

§

10.

Después me fui rehaciendo como pude, como se rehacen para andar y correr esos pobres perros de la calle a quienes un vehículo destroza una pata; como aprenden a trinchar con una sola mano los mancos; como aprenden los monjes a vivir sin el mundo, a comer sin sal los enfermos. Y entonces de mi mutilación saqué fuerzas. Mis hábitos de imaginación acudieron en mi auxilio. Discurrí que estaba ausente mi padre —situación ya familiar para mí—  y, de lejos, me puse a hojearlo como solía… Estando en París hace poco más de dos años me atreví a escribirle a un amigo estas palabras más o menos: “Los salvajes creían ganar las virtudes de los enemigos que mataban. Con más razón imagino que ganamos las virtudes de los muertos que sabemos amar”. Yo siento que, desde el día de su partida, el alma de mi padre ha empezado a entrar en mi alma y a hospedarse en ella a sus anchas… Y véase aquí por donde, sin tener en cuenta el camino hecho de las religiones, mi experiencia personal me conduce a la noción de la supervivencia del alma y aun a la noción del sufragio de las almas —puente único por donde se puede ir y venir entre los vivos y los muertos sin más aduana ni peaje que el adoptar esa actitud del ánimo que, para abreviar, llamamos plegaria.

§

11.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

§

12.

En los ojos abiertos de los muertos
¡qué fulgor extraño, qué humedad ligera!
Tapiz de aire en la pupila inmóvil,
velo de sombra, luz tierna.
En los ojos de los amantes muertos
el amor vela.

§

13.

A nada puede compararse un cementerio en la nieve.
¿Qué nombre dar a la blancura sobre lo blanco?
El cielo ha dejado caer insensibles piedras de nieve
sobre las tumbas,
y ya no queda sino la nieve sobre la nieve
como la mano sobre sí misma eternamente posada.

Los pájaros prefieren atravesar el cielo,
herir los invisibles corredores del aire
para dejar sola a la nieve,
que es como dejarla intacta,
que es como dejarla nieve.

Porque no basta decir que un cementerio en la nieve
es como un sueño sin sueños
ni como unos ojos en blanco.
Si algo tiene de un cuerpo insensible y dormido,
de la caída de un silencio sobre otro
y de la blanca persistencia del olvido,
¡a nada puede compararse un cementerio en la nieve!

Porque la nieve es sobre todo silenciosa,
más silenciosa aún sobre las losas exangües:
labios que ya no pueden decir una palabra.

§

14.

¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo,
es una muerte de hormigas
incansables, que pululan
¡oh Dios! sobre tus astillas,
que acaso te han muerto allá,
siglos de edades arriba,
sin advertirlo nosotros,
migajas, borra, cenizas
de ti, que sigues presente
como una estrella mentida
por su sola luz, por una
luz sin estrella, vacía,
que llega al mundo escondiendo
su catástrofe infinita.

[BAILE]

Desde mis ojos insomnes
mi muerte me está acechando,
me acecha, sí, me enamora
con su ojo lánguido.
¡Anda putilla del rubor helado,
anda, vámonos al diablo!

 

 

¿no has adivinado?
Bueno…

 

1. Jorge Ibargüengoitia, Instrucciones para vivir en México [fragmentos]
2. Rosario Castellanos, “Asentamiento de un hecho”
3. Octavio Paz, El laberinto de la soledad [fragmento]
4. José Carlos Becerra, Oscura palabra [fragmento, poema 3]
5. Octavio Paz, La llama doble [fragmento]
6. Efraín Huerta, “Paseo II”
7. Carlos Pellicer, “Discurso por las flores” [fragmento]
8. Juan Rulfo, Pedro Páramo [fragmento]
9. Sor Juana Inés de la Cruz, “Liras que expresan el sentimiento que padece una mujer amante, de su marido muerto”
10. Alfonso Reyes, “Oración del 9 de febrero”
11. Octavio Paz, “Elegía interrumpida” [fragmento]
12. Jaime Sabines, “En los ojos abiertos de los muertos” [fragmento]
13. Xavier Villaurrutia, “Cementerio en la nieve”
14. José Gorostiza, Muerte sin fin [fragmentos]

 

 

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Presentamos unos fragmentos del crítico y ensayista Harold Bloom (1930-2019) en las primeras traducciones al español de dos de sus libros.

Sobre dos estrofas de la Oda a un ruiseñor, de John Keats

La Oda a un ruiseñor de John Keats se abre con los golpes de martillo de tres sílabas fuertemente acentuadas —“Me duele el corazón” (My heart aches, en inglés)— que señalan el repentino advenimiento de un estado de la conciencia diferente al estado de “indolencia”… que marca el tono habitual de Keats de intensificar la percepción y la creatividad. Como Shelley en La alondra, Keats escucha a un invisible pájaro cuya localización no puede especificar: “En algún melodioso terreno / De hayas verdes e innúmeras sombras”. Pero la penetrante inmediatez de su canto resulta, no obstante, acentuada, porque canta “al verano con la máxima potencia, sin esfuerzo”. El efecto del canto sobre Keats es doble y ciertamente físico, en realidad casi mortal. Le duele el corazón y sus sentidos sufren al parecer una rigidez somnolienta que sugiere, primero, que ha sido envenenado; a continuación, que ha tomado un narcótico. No es sólo el canto el que ha producido estos efectos, sino la empatía de Keats con el pájaro. No está envidioso del pájaro, sino que es “demasiado feliz” en la felicidad de éste. No puede oponer su propia “capacidad negativa” en este caso; ha rendido su ser demasiado rápidamente al del ruiseñor. [Keats llamaba “capacidad negativa” a tener ideas contrarias y sostenerlas sin tomar partido por alguna de ellas. N. de la R.]

Ilustración: Oldemar González

Y sin embargo da la bienvenida a este milagroso vértigo, porque la estrofa siguiente del poema busca prolongar su condición por su deseo de embriaguez, por “una taza llena de cálido Sur”. La disminución de la intensidad que va desde el veneno al narcótico y de éste al vino es en sí misma una vuelta a la conciencia despierta ordinaria, un sentido de la realidad habitual desde la que Keats aquí “se desvanecería en el oscuro bosque”, para unirse al ruiseñor en su invisibilidad y encerrada alegría; dejar atrás el mundo de la mutabilidad, en donde cada expansión de la conciencia es un aumento de la tristeza. Pero la despedida es lo contrario de la expectación de Keats; el vuelo no es una evasión, sino una elaboración de la realidad despierta:

¡Lejos! ¡Lejos! Porque volaré hacia ti
Llevado en carroza no por Baco y sus leopardos,
Sino con las invisibles alas de la poesía,
Aunque el torpe cerebro se quede perplejo y se atrase:
¡Ya estoy contigo!

De pronto, luego de rechazar la última ayuda de la invocación, únicamente por el acto de escribir su poema, está donde desea estar, con el ruiseñor. Las alas de la Poesía son “invisibles”, no sólo porque son inmateriales, sino porque el vuelo es tan alto que no es posible la visión desde la tierra. Y el estado que ahora comienza es un rompecabezas para el lento “torpe cerebro”. El movimiento vertiginoso de la imaginación es aquí más que racional en su energía. Entre el estático grito de “¡Ya estoy contigo!” y el tañido de campana de la palabra “abandonado” (“forlorn” en inglés) en el clímax del poema, Keats penetra en el mundo interior de su poema, ese estado de la imaginación, el más elevado, que Blake llama Edén. El misterio de los contrarios no resueltos de Keats reside en su asociación completamente antiblakeana de ese estado de vida más abundante con lo que parece ser el impulso hacia la muerte. Lo que para Blake es un estado de visión más grande para Keats es el reino de lo invisible:

¡Ya estoy contigo! Suave es la noche,
Y quizá la Reina-Luna esté en su trono,
Rodeada de todassus estelares Hadas
Pero aquí no hay luz,
Salvo la que del cielo es con las brisas llevada
A través de las tortuosas oscuridades y los tortuosos y musgosos caminos.

Es la noche lo que es suave, constituyendo la huella de esa suavidad la paradójica oscuridad de la visión keatseana. La naturaleza no es borrada; la luna y las estrellas pueden estar presentes, pero su luz debe someterse primero al menguante laberinto a través del cual soplan los vientos de la noche.

• Fuente: Harold Bloom, Los poetas visionarios del romanticismo inglés,traducción de M. Antolín, Barcelona, Barral Editores, 1974. Más ruiseñores aquí.

El pequeño desvío brusco

Shelley pensó que los poetas de todas las épocas contribuían a la creación de un Gran Poema perpetuamente en formación. Borges observa que los poetas se crean sus propios precursores. Si lo poetas muertos, como insistió Eliot, constituyen el progreso en conocimientos de sus sucesores, esos conocimientos sin embargo son la creación de sus sucesores, hecha por los vivos para salir al encuentro de las necesidades de los vivos.
Pero los poetas, o al menos los más fuertes de ellos, no leen necesariamente como leen los críticos más fuertes. Los poetas no son ni lectores ideales ni lectores comunes, ni arnoldianos ni johnsonianos. No tienden a pensar, cuando leen: “Esto está muerto, esto está vivo, en la poesía de X.” Los poetas, cuando ya se han vuelto fuertes, no leen la poesía de X, ya que los poetas verdaderamente fuertes sólo se leen a sí mismos. Para ellos, ser sensato equivale a ser débil, y comparar, de manera exacta y justa, equivale a no ser uno de los elegidos. El Satanás de Milton, arquetipo del poeta moderno en su más fuerte momento, se vuelve débil cuando razona y compara, en el monte Nifates, y de ese modo inicia el proceso de decadencia que culmina en el Paraíso recobrado, terminando como el arquetipo del crítico moderno en su momento más débil.

*

El poeta que existe en cada lector no experimenta la misma disyunción hacia lo que lee que siente por necesidad el crítico que existe en cada lector. Lo que le da placer al crítico que hay en un lector puede causarle angustia al poeta que hay en él, una angustia que, como lectores, hemos aprendido a desatender bajo nuestra propia cuenta y riesgo. Esta angustia, este modo de melancolía, es la angustia de la influencia.

*

El poeta está condenado a aprender sus más íntimos anhelos mediante una constatación de los demás seres. El poema está dentro de él, y sin embargo él siente la vergüenza y el esplendor de ser encontrado por poemas —por grandes poemas— que están fuera de él.

*

Escribe Malraux: “El corazón de cada joven es un cementerio en el que están inscritos los nombres de miles de artistas muertos, pero cuyos verdaderos habitantes son unos cuantos fantasmas poderosos y con frecuencia antagonistas”. Y añade: “El poeta está obsesionado por una voz con la que las palabras tienen que armonizarse”.

*

Borges, al comentar los sublimes y aterradores sentimientos de Pascal ante su Pavorosa Esfera, compara a Pascal con Bruno, quien en 1584 todavía podía reaccionar exultante frente a la revolución copernicana. En setenta años, llega la senescencia: Donne, Milton y Glanvill ven algo que decae donde Giordano Bruno sólo encontraba alegría en los procesos del pensamiento. Como lo resume Borges, “en aquel siglo desanimado, el espacio absoluto que inspiró los hexámetros de Lucrecio, el espacio absoluto que había sido una liberación para Bruno, fue un laberinto y un abismo para Pascal”. Borges no se lamenta del cambio, ya que también Pascal logra lo Sublime. Pero los poetas fuertes, a diferencia de Pascal, no existen para aceptar aflicciones; no pueden estar contentos con el hecho de adquirir lo Sublime a un precio tan elevado. Como el mismo Lucrecio, optan por el clinamen como libertad. [Clinamen: la desviación ligera pero brusca de los átomos para evitar el choque entre ellos. N. de la R.] Esto es lo que dice Lucrecio:

Cuando los átomos caen directamente hacia abajo por su propio peso a través del espacio vacío, en ciertos momentos y lugares indeterminados se desvían bruscamente una nada con respecto a su curso, pero lo suficiente para poder llamar a esto un cambio de dirección. Si no fuera por este brusco desvío, todo caería hacia abajo como gotas de lluvia a través del abismo del espacio. No ocurriría ningún choque y no se crearía ningún impacto de átomo sobre átomo. La naturaleza, por lo tanto, no habría creado nada…

Pero el hecho de que la mente misma no sienta ninguna necesidad interna de establecer cada acto suyo y obligarlo a sufrir en una desamparada pasividad, se debe al pequeño desvío brusco de los átomos en cierto momento o lugar no determinados.

*

El estudioso de las Influencias Poéticas […] ha de entender que el clinamen debe considerarse siempre como si fuera intencional e involuntario al mismo tiempo: la Forma Espiritual de cada poeta y el gesto gratuito que hace cada poeta cuando su cuerpo al caer choca contra el fondo del abismo. Las Influencias Poéticas son el pasaje de los Individuos a través de los Estados, según el lenguaje de Blake, pero el pasaje se hace malamente cuando no es un desvío brusco. El poeta fuerte dice en realidad: “Parece que he dejado de caer; ahora estoy caído y, por tanto, yazgo aquí en el Infierno”; pero, mientras dice esto, piensa: “Mientras me caía, me desvié, de modo que yazgo aquí en un Infierno mejorado por mis propias condiciones”.

• Fuente: Harold Bloom, La angustia de las influencias, traducción de Francisco Rivera, Caracas, Monte Ávila Editores, 1977.

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De los dos premios Nobel anunciados este año, Tokarczuk es la autora menos conocida y popular. Gracias a las siguientes líneas podemos discernir su escritura, sus aportes a la literatura y sus intereses contemporáneos.


Olga Tokarczuk, recién galardonada Premio Nobel de Literatura 2018, se definió alguna vez como “psicoterapeuta del pasado”. Con esto en mente, los lectores podrán comprender el camino literario que la ha llevado a explorar personajes y sucesos —históricos y de la vida cotidiana— de su natal Polonia.

Un poco de su biografía: nació el 29 de enero de 1962, en Sulechów. Es la mayor de dos hijas. Sus padres enseñaron en escuelas rurales. El trabajo de bibliotecario de su padre la moldeó como lectora voraz. En 1980 ingresó a la Universidad de Varsovia donde estudió psicología. Cinco años después se graduó y se casó. Se especializó en psicología clínica; con los años abandonó el consultorio porque “soy demasiado neurótica para ser terapeuta”. Tomó su pasaporte y se fue a Londres, ahí estudió inglés y trabajó en una fábrica armadora de antenas y en un hotel limpiando habitaciones. A su regreso a Polonia tuvo un hijo y comenzó a escribir. Primero versos y luego prosa.

Olga Tokarczuk en el Festiwalu Góry Literatury, 2017.
Fotografía de Tomasz Leśniowski, bajo licencia de Creative Commons CC BY-SA 4.0

Hace treinta años que Tokarczuk publicó por primera vez: una compilación de poemas (Miasta w lustrach). En 1993 ya se le conocía como novelista (Podróż ludzi księgi). Su presencia en la mesa de novedades en Polonia ha sido así: E.E. (1995), Prawiek i inne czasy (1996), Szafa (, 1997), Dom dzienny, dom nocny (1998), Gra na wielu bębenkach (2001), Ostatnie historie (2004), Bieguni (2007) y Prowadź swój pług przez kości umarłych (2009). Las traducciones al inglés disponibles: House of Day, House of Night (2003), Primeval and Other Times (2010), Flights (2018) y Drive Your Plow Over the Bones of the Dead (2019). En español: Un lugar llamado antaño (2003), Sobre los huesos de los muertos (2015), Los errantes (2019).

Sobre premios: el primero que recibió fue el Nike Award en 2008 (también en 2015), Vilenica Prize (2013), Brückepreis (2015), The Man Booker International Prize (2018), Prix Laure Bataillon (2019), y desde luego el Premio Nobel de Literatura 2018. Es la primera polaca a la que se le entrega el Man Booker; la presidenta del jurado Lisa Appignanesi la reconoció así: “Olga Tokarczuk es una escritora de maravillosa agudeza, imaginación y estilo literario”. Algo muy similar a las cualidades que ha considerado la Academia Sueca: “una imaginación narrativa que representa con pasión enciclopédica el cruce de fronteras como una forma de vida”. En la lista del periódico The Guardian sobre los 100 mejores libros publicados en lo que va del siglo XXI, Sobre los huesos de los muertos (Siruela, 2016) ocupa el sitio 75.

De las cosas que tiene claras en la vida: prefiere ser vegetariana, está en contra de las propuestas políticas y de la versión histórica que difunde el partido Ley y Justicia en su país, disfruta el festival literario que organiza desde hace cinco veranos, ante las amenazas de muerte que ha recibido prefiere ser precavida y olvidarse de los guardaespaldas.

Como escritora tiene los siguientes apuntes:

“Escribir es buscar puntos de vista muy particulares y específicos sobre la realidad”.

“No creo en las literaturas nacionales. Creo que la literatura es como un ser vivo, una criatura que aflora en un lenguaje y después en otro. Así que este es otro milagro, la literatura”.

“Soy una escritora, no una historiadora; por lo tanto, tengo que tocar todo yo misma: oler, tocar, ver”.

“Al vivir aquí, en el centro de Europa donde los ejércitos van y vienen y destruyen todo, la cultura se convierte en una especie de pegamento”.

“No tengo una biografía clara que pueda contar de una manera interesante. Estoy moldeada por los personajes que salen de mi cabeza, que inventé”.

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Los escándalos y las denuncias por acoso sexual cancelaron la entrega oficial del Nobel de Literatura del 2018, reemplazándolo por un Nobel alternativo. Por lo cual, este año la Academia sueca ha entregado dos galardones: el Nobel del 2018 para la polaca Olga Tokarczuk y el del 2019 para el austriaco Peter Handke, “por un trabajo influyente que con ingenio lingüístico ha explorado la periferia y la especificidad de la experiencia humana”, según el fallo del jurado. La esperada connotación política de un premio que en esta ocasión destrozó las quinielas mediáticas es clara: ambos son autores combativos y opuestos al auge de la extrema derecha, que hoy campea en Europa.


Peter Handke, nacido en Griffen, Austria, en 1942, estudió Derecho. Autor de novela, ensayo, poesía, teatro experimental y exitosos guiones cinematográficos —muchos de ellos de sus propias novelas y llevados al cine en colaboración con Wim Wenders, como El miedo del portero al penalty—, su carrera como escritor se perfiló a partir de la novela Los avispones (1966). Fragmentaria, autobiográfica y descreída, muestra el proceso de escritura de la novela misma y la búsqueda de las voces de varios “relatores” entre los recuerdos de infancia, llegando a aclarar al inicio de un capítulo “Yo relato”.

Su obra narrativa a lo largo de 50 años de producción incesante se concentra en una subjetividad extrema, por lo que en los años setenta se le consideró representante de la Nueva Escuela de la Subjetividad. Es un escritor que muestra en una tela transparente la profunda autoconsciencia de su propio oficio. Si empezó inspeccionando en el tema de la ansiedad, el miedo, el desasosiego y la alienación sus libros han transitado hacia lo que ciertos críticos llaman una “tranquila objetividad”. Pero explorar los abismos de la soledad humana es una de sus brújulas literarias permanentes, no por una introspección excesiva sino por las plurales formas de relación, entre el mundo interior y el entorno, que habitan en sus personajes.

En lengua española encontrarán sus obras publicadas por Alfaguara, Alianza, Círculo de lectores, Eterna Cadencia o Nórdica, entre otras.

Como simple muestrario, ofrecemos a los lectores este breve recorrido por siete libros representativos de Handke, escritos desde los años sesenta hasta nuestros días y que abarcan tres de sus principales registros: la novela, el ensayo y el teatro.


“En noviembre, frecuentemente nieva por la mañana.

Ese suceso se describe más o menos de esta manera: ‘Al despertar, quien se despierta mira afuera para calcular la hora de acuerdo con la claridad. Ve afuera la nieve, que reemplaza a la lluvia. El cartón embreado que cubría la pila, y que, poco a poco ha ido resbalando hacia abajo, porque algo se le ha como desprendido de un golpe, está enteramente cubierto por algodonosa nieve; en los lugares que todavía están algo calientes, porque quizás un ser con sangre cálida se arrodilló encima, continúan deshaciéndose los copos.”

Los avispones (1966)

§

“Casi a la par con el pitido final —tres largos pitidos—, los conductores y cobradores se subieron en los autobuses y en los tranvías y la gente empezó a salir del estadio. Bloch se imaginó que escuchaba el ruido de las botellas de cerveza al caer en el campo; al mismo tiempo escuchaba el sonido del polvo que chocaba contra los cristales.”

El miedo del portero al penalty (1970: Josef Bloch, un mecánico venido a menos y exportero de futbol, transforma su aislamiento y su hostilidad en crimen). Sobre esta novela el escritor alemán W.G. Sebald afirma que se trata de un clásico por varias razones. Entre ellas, le interesa que promueva una colaboración benéfica entre la ciencia médica psiquiátrica y la literatura: “en contraposición a una práctica literaria que, por razones justificadas, puede parecer sospechosa a la psiquiatría, el texto de Peter Handke [sobre los estados de angustia del ex portero de futbol Bloch] no lleva al callejón sin salida de una identificación patética, sino a un aprovechamiento sobrio y realmente congelado de las formas específicas de la huida esquizofrénica de la realidad. Handke que, como pocos autores, está dispuesto a movilizar la inteligencia más allá de la muy nombrada sensibilidad, ha producido con el relato de que se trata una obra que no debe menos ni hace menos justicia a los principios de la ciencia que a los del arte”, en “Bajo el espejo del agua”, Patria pútrida, Anagrama, 2005 (trad. de Miguel Sáenz).

§

“El espacio de trabajo del escritor, ‘su casa en la casa’, se hallaba en el primer piso. Con la taza de té vacía en la mano, bajó a la cocina obnubilado, y vio en el reloj del horno que faltaba poco para el anochecer. Era a principios de diciembre y las aristas de las cosas tenían el brillo que adquieren a la caída de la tarde. Además, la atmósfera de fuera y la del interior de la casa desprovista de cortinas parecían haberse unido en una sola claridad.”

La tarde de un escritor (1987: indagación narrativa del paseo de un escritor por el mundo en la misma tarde y con la atención puesta en el asombro de todo lo que se ve por primera vez y en su propia conciencia)

§

“EL QUE MIRA DESDE EL MURO
¿Crees que los dos viejos van a ser capaces de ir al mismo paso que nosotros?

AGUAFIESTAS
¿Y si se nos desploman, y tenemos que dar media vuelta a mitad del camino?

EL QUE MIRA DESDE EL MURO
¿Y crees que nos daría tiempo a encontrar a alguien para sustituirlos?

AGUAFIESTAS
¿Y no crees que los dos jóvenes llevan ya tiempo anhelando salir de aquí, del interior del país, tan silencioso, para estar donde en este momento —el silencio precisamente acentúa ese tipo de sensaciones— habrá seguramente mucho jaleo, en las plazas de grandes ciudades, donde ellos puedan mostrar a los demás lo bien que están juntos?

El juego de las preguntas (1989: en esta obra de teatro siete extraños peregrinos emprenden una búsqueda filosófica a través de diferentes culturas de la humanidad.)

§

“Pero tú, que eres un insomne crónico, ¿piensas hablar ahora de la imagen del mundo del insomnio o de la del cansancio?

El camino natural es ir de la del cansancio a la del insomnio, o, mejor dicho, en plural: voy a hablar de las diversas imágenes del mundo de los distintos cansancios.

Como para tener miedo fue, por ejemplo, en cierta ocasión, la forma de cansancio que pudo producirse junto a una mujer. No, este cansancio no se produjo, ocurrió, como un acontecimiento físico, como escisión. Y además nunca me alcanzaba a mí sólo, sino que al mismo tiempo alcanzaba siempre a la mujer, como si, al igual que ocurre con los cambios de tiempo, viniera de fuera, de la atmósfera, del espacio.”

Ensayo sobre el cansancio (1989: parte de una serie de cinco ensayos muy personales sobre distintos aspectos de la vida cotidiana y la forma en la que la subjetividad puede construirlos, darles formas innovadoras.)

§

“Sobre la mujer de Holanda, él, como persona, tenía aún menos cosas que contar, lo que a mis oídos de oyente no suponía desengaño ni aburrimiento alguno: al revés, día tras día Don Juan contaba las cosas cada vez con más entusiasmo, con unos ojos que le brillaban y que, sin mirarme, miraban al vacío […]”

Don Juan (contado por él mismo) (2004: una reinterpretación del clásico mediante las confesiones de Don Juan a un personaje que conoce en un albergue, un cocinero solitario y ávido lector que escuchará sus aventuras libertinas y descarnadas.)

§

“Si el Ensayo sobre el Lugar Silencioso, la narración de este lugar, fuera una película, la secuencia de aquellas décadas sin los auténticos Lugares Silenciosos estaría marcada por este ritmo: yo mirando una y otra vez, por agujeros de servicios de trenes, viendo más y más líneas de vías que se cruzaban unas con otras; en váteres de avión, mirando allí las vaharadas aguamarinas, o como fueran, más bien hacia ninguna parte.”

Ensayo sobre el lugar silencioso (2012: ese lugar es un eufemismo alemán para referirse al baño, del que el autor va desvelando su función como refugio, espacio de libertad, reflexión y soledad.)

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Para acercarnos al Mar de la Tranquilidad del alunizaje de hace 50 años ofrecemos esta memoria visual y auditiva.

El 20 de julio se cumple medio siglo del primer alunizaje, que en plena Guerra Fría simbolizó el triunfo de la hegemonía espacial estadunidense. En torno al evento orbitan teorías conspiranoicas, abundantes documentales y ficciones, poemas, fotografías y anécdotas que hoy pierden su pátina de polvo blanco para refrescar la memoria de aquel hito masivamente mediatizado (unos 300 millones de telespectadores vieron en directo los famosos pasitos de Neil Armstrong al bajar de la escalerilla del módulo lunar del Apollo 11). Han pasado 50 años y “desde entonces muchas y muchas lunas / tranquilamente se han ido alejando”, como dice ese poema de Bertolt Brecht.

“La luna es la aspiración suprema de los ojos en blanco”

Para conmemorar el aniversario, el “Project Apollo Archive” ha abierto al público unas 15 mil fotografías, no sólo de la misión que alunizó por primera vez, sino de las anteriores que sólo se acercaron a su órbita y de las posteriores que, menos conocidas, volvieron a bajar humanos y tiliches a la superficie. Los últimos en caminar por aquellos parajes que fascinaron a Meliès fueron Schmitt —el primer científico en alunizar—, Evans y Cernan, el 11 de diciembre de 1972, a bordo del Apollo 17.  Deben de haber pensado algo similar a lo que ya había imaginado un poeta: “la luna está llena de objetos perdidos” (como escribió en su Lunario de greguerías Ramón Gómez de la Serna).

Cápsula de entrenamiento y simulación del Apollo 11, s69-31039. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Neil Armstrong, astronauta del Apollo 11, en la mañana del despegue —el 16 de julio de 1969— durante la última prueba del traje espacial, KSC-69PC-376. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Despegue del Apollo 11, el 16 de julio de 1969, a las 9:32 AM, S69-40640. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Imagen desde el Apollo 11 con cámara translunar Hasselbad, AS11-36-5293, film magazine 36/N. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Buzz Aldrin en la cabina del Apollo 11, imagen de cámara Hasselbad, AS11-36-5390, film magazine 36/N. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Bajada del módulo lunar del segundo astronauta, Buzz Aldrin, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5868, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Módulo lunar del Apollo 11 alunizado, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5858, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Buzz Aldrin frente a la bandera, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5874, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5880.jpg, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Módulo lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5929, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5948, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Inspección de la superficie lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-44-6549, film magazine 44/V- LM. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Superficie lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-44-6608, film magazine 44/V- LM. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Inspección de la superficie con el módulo lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-44-6643, film magazine 44/V- LM. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Momentos del despegue de la superficie lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-39-5835, film magazine 39/Q. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Órbita lunar luego del despegue, imagen de cámara Hasselbad, AS11-37-5446, film magazine 37/R. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Neil Armstrong de vuelta en el módulo lunar emprendiendo el regreso, imagen de cámara Hasselbad, AS11-37-5528, film magazine 37/R. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

 

La Luna en el oído

Por su parte el proyecto “Space is the place” de la plataforma Cities and Memory ha lanzado al espacio público un banco de sonidos no menos interesante, pero posiblemente más perturbador. Así encontrarán desde la famosa grabación de Armstrong al tocar el suelo lunar hasta ruidos espaciales francamente alienígenas. Además, un grupo de artistas ha tomado cada pista original para proponer una “creación sonora” (lo que sea que esto último quiera decir).

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Luego del “debate del siglo”, del que apenas hablaremos aquí, volvemos sobre ciertos juicios recientes contra una pretendida “cultura” millennial; además, una enorme lista de libros sobre el cambio climático que sentó precedente.

La furia insignificante

“Nada, nada me interesa de la cultura millennial […] Me perturba. No hay escritura. No les importa la literatura. Ninguno de ellos lee libros. ¿Dónde está la gran novela millennial? No la hay.” Vamos ahí: son las palabras del escritor Bret Easton Ellis (en entrevista con Deka Aitkenheaud para The Times), quien considera que el nuevo “culto a los likes [likeability]” o “el culto millennial a la victimización” son verdaderos cánceres de la sociedad moderna.

Odio a los millennials o Decadentes jóvenes del mal o, aún, En mis tiempos todo era decente hubiera podido perfectamente ser el título del último libro de “no-ficción” de Easton Ellis, el precoz escritor de Hollywood que saltó a la fama, y por lo tanto a la droga, con tan sólo 21 años y luego se coronó con American Psycho, esa novela sobre la que Norman Mailer escribió: “¡Qué obra tan desquiciante! Escrita por una pluma joven narcisista y apenas medio competente”. Pero de los títulos que especulamos, Ellis (y sus socarrones editores) prefirió White y eso sólo porque no le dejaron el título original que propuso: White Privileged Male (Macho Blanco Privilegiado). Todo podría resumirse en un alegato contra las élites progres estadunidenses y su “cacería de brujas”, la reacción histérica contra Trump de los liberales, la corrección política, la expresión en redes sociales, en suma: todo es culpa de los millennials (y un poco, también, de Michelle Obama), generación a la que pertenece su novio, un cantante pop de 32 años, que aparece en el libro y que Ellis define como un “demócrata, millennial socialista-que-raya-en-lo-comunista”.

El mes de abril, cruel como siempre, nos saturó de Ellis tras el ruidero que provocó la publicación de White en los principales medios de habla inglesa, incluyendo la tunda magistral que recibió el autor en The New Yorker en una entrevista —con Isaac Chotiner— que tuvo cúspides de sabor como ésta:

ELLIS: Creo que soy un adepto del absurdo. Me parece que la política es ridícula.

CHOTINER: Tal vez evitar escribir un libro sobre el tema. ¿Eso hubiera sido una solución?

La crítica ha sido implacable ante las contradicciones flagrantes de Ellis en una declaración tras otra. “En la última década, Ellis, de 55 años, ha llegado más a los titulares por sus francas opiniones que por cualquier producto creativo”, escribe Lauren Christensen en The New York Times y añade que la clave de la carrera del escritor reside en la pregunta “¿tiene talento o sólo es provocador?”. Lo cierto es que la provocación vende y Ellis redobla entrevistas y reseñas aunque gustosamente lo despedacen.

Los libros del calentamiento global

El 22 de abril de 1970 se conmemora el día de la Tierra con miras pedagógicas: la devastación ecológica acabará por asfixiarnos y destruirnos por completo (y no a la Tierra, que nos sobrevivirá). Para acentuar la emergencia humana más allá de esta efeméride, Lithub propone una lista de 365 libros ecologistas, so pretexto de la cursilería de que “todos los días son días de la Tierra”. Qué lindos. Este amplio canon ecologista empieza en 1789 (por mera coincidencia: los franceses no inventaron la ecología, faltaba más) y sigue una clasificación en cuatro rubros muy eficaz: Los clásicos, La ciencia, Ficción y poesía, Las ideas. Tan sólo en el estante de “clásicos” entran joyas desde Darwin y Thoreau hasta Bruce Chatwin, Upton Sinclair, Carl Sagan o Gary Snyder, sin olvidar a marxistas redomados como el gran historiador urbano Mike Davis o un escritor noir neo-lacandón nacido en Tamaulipas, que ahora se rebautizó Galeano.

La parte científica, que incluye la biografía de Andrea Wulf sobre Humboldt, no es pura catástrofe ni pasto de pesimistas que se regodean en el complot de las malignas petroleras contra la humanidad (sí hay un par de títulos en este sentido), sino un interesante abanico de temas y propuestas.

Veamos ahora la parte literaria: poemas de Mary Oliver, Ferlinghetti y W.S Merwin, novelas inolvidables como El barón rampante de Calvino, más algunas obras de ciencia-ficción como la ópera espacial Dune de Frank Herbert son parte del agasajo. (Algunos títulos ya aparecen en otro cánones recientes que reúne la categoría “cli-fi”, ficción climática, como secuela moderna de la ficción especulativa o la ciencia-ficción.) No cabe duda de que la lista de Lithub es una imponderable investigación bibliográfica abierta al público como rara vez lo logran los trabajos académicos. Esperar algo similar en el mundo de habla hispana es más que deseable.

El “debate del siglo”

Como en cada round de box, nos gusta la grandilocuencia televisada. La sensación de trascendencia como una inyección de entusiasmo y vanagloria intelectual en mitad de nuestra nada. Cuántos depositaron todas sus esperanzas del año en el debate entre Zizek y Peterson titulado “Felicidad: capitalismo vs. Marxismo”. Pues bien, véanlo ustedes mismos.

Como escribió Nathan Robinson en Current Affairs: “Cada quien puede tener su propia idea del infierno. La mía es pasar la eternidad encerrado en un cuarto con Jordan Peterson y Slavoj Zizek”. Parece que Robinson vivió horas horrendas. Acaso porque muchos esperaban un combate encarnizado, un duelo a la altura de ese famoso Chomsky-Foucault, con el cual nos quedamos nosotros, viejos rancios conservadores. Pues bien, los dejamos en manos del profesor que ostenta ese nombre que no atrevió ni Verne para sus capitanes, el dr. L. W. Nauta, como introducción al debate:

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En una semana delirante de nervios, indignación, asco y polémica los redactores de esta sección casi se enferman. No les quedó más que recoger la evidencia de lo más visible y entregar estos restos.

El #MeToo desde los ojos extranjeros

El sábado pasado la marea del #MeToo rompió todos los diques mediáticos en nuestro país, empezando por denuncias a escritores que luego se extendieron a periodistas, cineastas, agencias, políticos, abogados y activistas. Por primera vez presenciamos una catarsis colectiva en tiempo real en que las fronteras entre lo público y lo privado quedaron anegadas por la indignación. Como escribió la poeta Mónica Nepote: “Solo vengo a recordar que Joana Hevda apuntaló aquello de lo personal y lo precisó diciendo: ‘lo íntimo es político’ y en la intimidad sí, hay opresores y oprimidos y hay que que hablar de quién está en dónde”. En clara reacción institucional, el pasado miércoles la Secretaría de Cultura anunció que tomaría medidas para revisar su funcionamiento interno:

A diferencia del arranque estadounidense del #MeToo que tocó a Hollywood, la ola mexicana tuvo poco impacto más allá de nuestras fronteras, aunque no fue obviado por los principales periódicos del mundo. The Guardian fue de los primeros diarios en reportar la noticia, haciendo hincapié en la manera en que la violencia sistémica contra la mujer en México (9 mujeres asesinadas al día y 5 que sufren violencia sexual, según datos de la ONU) se ve reflejada en el acoso sexual en los medios de comunicación; reportó las cifras que Periodistas Unidas Mexicanas ha compartido: 73% de las reporteras, editoras, fotógrafas, ilustradoras y administradoras de medios han sido violentadas. Otros diarios de habla inglesa, como The Washington Post, retomaron un trascendido de AP que detalla la concentración de denuncias de acosos contra periodistas en Michoacán.

En Francia, Le Monde publicó una nota escueta y poco investigada. En ella relata el inicio de la denuncia contra un tal “Herson Borona”. El resto de la nota utiliza los mismos datos que The Guardian. Otro medio internacional de peso como Al Jazeera no aportó información nueva o distinta a los anteriores.

El reportaje más completo y preciso es el de The New York Times que, sin omitir  los datos de los medios ya citados, detalla el contexto y el origen de esta ola de denuncias, completándolo con declaraciones de Sabina Berman y de la activista Ana G. González, que lanzó el primer tweet contra Herson Barona.

Su Presidente vs. Su Majestad en el ring de la Historia

Cuando los reflectores alumbraban hasta la ceguera el creciente fenómeno del #MeToo, nuestro presidente volvió a acaparar la agenda con esa soporífera verborrea matutina, tan espesa y grumosa como doce litros de chocolate de Comalcalco. Así, su tino diplomático relegó el problema de los abusos a segundo plano. Éstas fueron algunas de las reacciones, positivas, negativas, matizadas o virulentas, de políticos, escritores y académicos, ante la carta del presidente al rey de España pidiendo que “el Estado español admita su responsabilidad histórica por esas ofensas [las de la conquista] y ofrezca las disculpas o resarcimientos políticos que convengan” para abrir una fase de reconciliación:

Presidente, ayúdenos a sanar nuestro enfermo Estado-nación
“Me parece bien la petición de disculpas, no al entonces inexistente México, sino a los pueblos originarios. Nos ayudaría a sanar, y abriría el paso a disculparnos entre nosotros mismos por querer imponer una idea de Estado-nación sobre un país pluriétnico y multinacional. […] Y no, la ‘conquista’ no fue en términos europeos ni la hicieron 400 valientes: se libró una típica guerra mesoamericana que enfrentó dos grandes coaliciones, que terminó con una coalición aceptando el cambio de tributarios… como cuando los mexicas vencieron a los tepanecas…”
Pedro Salmerón (en Twitter, 26 y 28 de marzo)

Carta a sí mismo por los “miles de indios”
“Tengo la impresión de que [AMLO] se equivocó de destinatarios, debió enviarse la carta a él mismo y responder a la pregunta de por qué México, que hace cinco siglos se incorporó al mundo occidental gracias a España, tiene todavía tantos miles de indios marginados, pobres, ignorantes, explotados.”
Mario Vargas Llosa (durante la ceremonia inaugural del VIII Congreso de la Lengua Española)

Con cariño desde Café Madrid
“México y España comparten un corazón sangrante, un idioma que se multiplica en todas las lenguas indígenas de siglos, un mestizaje de sabores y palabras, párrafos y pensadores; España y México se miran sin necesidad de traducción ni subtítulos… y así pasen otros cinco siglos, nos amanecemos a diario con verdaderas ganas de conocernos.”
Jorge F. Hernández (en Milenio, con motivo de su nombramiento como Agregado Cultural de México en Madrid)

Vocera del Consejo Nacional Indígena con jarabe de su propia medicina
“Es una simulación. Lo que tiene que hacer [AMLO] es dejar de despojar de la tierra a las comunidades. […] Todos esos proyectos [como el Tren Maya] son la continuación, el despojo, están pensados para fortalecer al gran capital y no pensados para beneficio de los pueblos. […] Yo digo que las consultas están amañadas, la gente de las comunidades a veces ni sabe qué les están preguntando, las amañan de tal manera que solamente es una respuesta […], no les dicen que ya no van a tener agua, bosques, animales.”
Marichuy Patricio (en entrevista con Sin embargo)

Oh suave patria forjada por curas y no por marakames
“Ningún presidente de México tiene autoridad moral para erigirse en sujeto de los agravios de los indios, porque el Estado nacional es heredero tanto de los conquistadores como de los conquistados. José María Morelos emancipó a los esclavos y acabó con el tributo indígena, cierto, pero la nación que quizo forjar también hizo suya la misión ‘civilizatoria’ del imperio, con todo y su ideología de ‘salvación del indio’. No es casualidad que Hidalgo y Morelos hayan sido curas, y no marakames. […] No es sólo cuestión de que conquista y colonización hayan sido realizados con aliados indígenas (que es, también, un hecho importante), sino que el liderazgo político, económico, y cultural del país se construyó en una relación dialéctica con el orden de dominación del régimen colonial, y es por eso también su extensión. Imaginar al colonizador como un extraño no lleva a ninguna parte, porque la colonización está en el cuerpo mismo del Estado y la sociedad.”
Claudio Lomnitz (en La Jornada)

Necios párvulos que acusáis a la historia sin saber qué es la memoria
“Por lo visto han sido insuficientes los cientos de coloquios y los miles de libros escritos desde el Quinto Centenario de la llegada de Cristóbal Colón en 1992. Todo lo que hemos aprendido con Pablo Escalante y Bernardo García, con Grant D. Jones y Ross Hassig, cuenta poco a la hora de instrumentar la historia desde el Estado. En esa instrumentación se parte del error más común, que es el de confundir historia con memoria. […] Una política de la memoria se basa, justamente, en la aplicación al pasado de ‘consideraciones contemporáneas’.”
Rafael Rojas (en La Razón)

Conveniencias históricas de ayer y hoy
“España pide el reconocimiento [de todo lo que ha aportado a Latinoamérica] pero no está dispuesta a aceptar el lado oscuro de todo lo que hizo. La corona española sí marca una continuación desde ese periodo [el de la Conquista]. La casa de Borbón actual se reconoce como heredera de los Austrias y, por otro lado, el Estado español contemporáneo hace celebraciones. Ahora están celebrando a Magallanes. El ABC preguntó a la Academia de la Historia si las celebraciones de Magallanes debían ser españolas o portuguesas y la Academia dijo que debían ser españolas. Marcan la continuidad cuando les conviene, es decir cuando le pueden sacar réditos ideológicos. […] Lo que me queda claro es que los españoles son incapaces de reflexionar autocríticamente sobre este pasado”.
Federico Navarrete (en Es la hora de opinar)

Se lo merecían esos temibles caníbales
“Tampoco afirma [AMLO] que el extremeño [Cortés] intentó por todos los medios que los lugareños abandonaran prácticas tan extendidas en la zona como el canibalismo y los sacrificios rituales. Eventos documentados (a pesar de que a muchos les duela reconocerlo) y que los mexicas practicaban mucho antes de que aparecieran por allí los súbditos de la corona. […] Como señala la historiadora australiana Inga Clendinnen, lamentar la caída del Imperio azteca es como sentir pesar por la derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial.”
Manuel P. Villatoro y César Cervera (periodistas para el ABC)

Pues ustedes, salvajes por igual, inventaron el “unto de indio”
“Tras la victoria española en Centla, Tabasco, el 25 de marzo de 1519, Bernal Díaz del Castillo relata lo siguiente: ‘y luego enterramos dos soldados […] y quemamos las heridas a los demás y a los caballos con el unto del indio.’ ¿Qué sustancia era ese unto? […] En septiembre de 1519, tras una batalla contra las tlaxcaltecas, Bernal explica: ‘y con el unto de un indio gordo que allí matamos, que se abrió, se curaron los heridos; que aceite no lo había.’ Se trataba pues de la grasa de enemigos muertos y destazados.”
Noticonquista (cuenta de Twitter dirigida por Federico Navarrete)

Retiro lo dicho, su Majestad
“Su majestad Felipe VI: La exigencia del presidente López Obrador para que España se disculpe por la Conquista, no me representa. Así como el estado moderno español no es continuación del reino de Castilla, el México contemporáneo no lo es solo de los pueblos originarios.”
Diputada Cecilia Soto (Tweet borrado después de las críticas)

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Las últimas declaraciones del Papa abren un mar de polémicas históricas. Los escritores europeos se preguntan qué significa ser un escritor europeo. ¿Cuáles son los nominados latinoamericanos al prestigioso Booker? Aquí tres de los clics más calientes de la semana.

Los archivos desclasificados del Vaticano

“La Iglesia no le teme a la Historia”, afirmó a principios de mes el Papa Francisco, después de anunciar la apertura, para marzo de 2020, de los archivos más polémicos del Vaticano. Se trata de la etapa que corresponde al pontificado de Pío XII (1939-1958) y a la Segunda Guerra Mundial. Mientras que Juan XXIII (1958-1963), Pablo VI (1963-1978) y Juan Pablo II (1978-2005) ya fueron canonizados, el proceso para beatificar a Pío XII está en suspenso desde 2009, obstaculizado por una terrible controversia histórica.

Por un lado, la idea del silencio de la Iglesia ante la Shoah se ha difundido desde los años sesenta hasta convertirse en acusación por complicidad pasiva. La película Amén (2002) de Costa Gavras, basada en la obra de teatro El vicario (1963) de Rolf Hochhuth, contribuyó a  prolongar esta leyenda negra hasta el siglo XXI. Por otra parte, distintos historiadores afirman que Pío XII ayudó a cientos de judíos italianos a huir de los horrores del nazismo. El encargado de los archivos secretos del Vaticano, Monseñor Sergio Pagano, insiste en que los documentos revelarán que el entonces Papa abrió iglesias y conventos para convertirlos en refugios. El Papa Francisco va más allá: Pío XII habría ofrecido incluso sus propios aposentos, en los que nacieron “42 bebés, hijos de judíos y otros perseguidos”. Las investigaciones del próximo año sopesarán la eficacia de este nuevo intento del Vaticano por lavarse los pecados, luego de las decenas de casos de curas pederastas que han salido a la luz en el mundo entero.

Ilustración: Fabricio Vanden Broeck


¿Qué es ser un escritor europeo?

Con esta pregunta Le Monde des livres (suplemento semanal de Le Monde) levantó una encuesta con autores en el contexto del Brexit y de las próximas elecciones europeas (26 de mayo). Aquí algo de lo que contestaron:

“Soy una escritora europea”, ¿qué significa esto para mí? “Escritora”, entonces, para empezar, para que suenen las a tantas veces mudas, y saludar a las hermanas de Shakespeare, a las sobrinas nietas de Virginia Woolf, las hijas de Beauvoir, de Jorge, de Jelinek o de Olafsdottir. […] Pero, ¿por qué europea? ¿Ese límite, aun extensivo, obedece todavía a alguna necesidad? Europa tiene obvias afinidades electivas con la literatura; es su semillero. Pero esas afinidades las tengo también con Henry James y Edith Wharton, Philip Roth y Vivian Gornick, Toni Morrison y Paul Auster. Y más en general, ¿la literatura estadounidense no acabó de vencer al “escritor europeo”, que le despierta escaso interés? Y si seguimos reivindicándonos como tales, ¿no será por miedo a un asidero definitivo, cuando detrás de nuestros viejos parapetos hay tanta diversidad y originalidad formal?
Camille Laurens (Francia)

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Cuando había que encontrarle un nombre a la moneda única europea empezó un debate en los periódicos, al menos en Italia: ¿Cómo llamarla? ¿Qué nombre escoger para el símbolo de esa unidad que convertiría al fin a Europa en un sujeto sólido y compacto, fuerte en los mercados económicos, pero pacífico entre sus pueblos? Recuerdo la propuesta del historiador Lucio Villari de llamarla “besant”. Era el nombre que se le daba, en la alta Edad Media, a las raras y preciosas monedas de oro bizantinas: retomar ese nombre hubiera remitido a aquella Europa que depuso al último emperador de Occidente y donde la civilización romana, en vez de desaparecer para siempre, se fundió con otras poblaciones, dando a luz una nueva civilización latino-germánica. […] Las palabras nunca son neutras: son memoria, anhelo, destino o todas a la vez —o bien, como en el caso de “euro”, no son más que una simple consequentia rerum.
Sandro Veronesi (Italia)

Ilustración: Belén García Monroy

Cada vez que oigo esta pregunta tengo ganas de parafrasear a San Agustín: “Si me preguntan qué es Europa, no lo sé; pero si no me lo preguntan, lo sé”. En realidad, la identidad europea no existe, o si se prefiere es una contradicción en los términos, un oxímoron: su identidad es su diversidad. […] La Unión Europea no es solo el proyecto político más ambicioso del siglo XXI, sino la única utopía razonable que los europeos han inventado, suponiendo que la expresión “utopía razonable” no sea un oxímoron, porque utopías atroces —paraísos teóricos convertidos en infiernos reales— hemos inventado muchas; pero utopías razonables solo conozco ésta. […] El escritor europeo es aquel capaz de asumir la identidad europea en toda su diversidad y recrearla en su obra de manera personal.
Javier Cercas (España)

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En su libro La República mundial de las letras (2008), la investigadora Pascale Casanova aboga con pasión por la autonomía de la literatura y la lucha contra su instrumentalización, a menudo con fines de construcción de la identidad nacional. El cumplimiento pleno de la autonomía de la literatura —si es que esta categoría ha encarnado en algo alguna vez, o más bien si es que no proviene de las fantasías literarias románticas— presupone hoy la destrucción de fronteras y barreras, la des-mercantilización, las des-nacionalización, la des-burocratización, una larga y dolorosa desintoxicación del mercado, una reeducación de los escritores y lectores y de todos los que participan en la creación del campo literario.
Dubravka Ugresic (Croacia)


Los hispanohablantes del Booker Prize

El pasado 13 de marzo el Man Booker International Prize anunció su lista larga de nominados a mejor novela o colección de cuentos extranjeros traducidos al inglés y publicados en Irlanda o Reino Unido. Es de los pocos premios prestigiosos en el mundo que trata por igual a autores y traductores: ambos se llevan 50 mil libras. Una suma jugosa si se compara con su versión estadounidense, los BTBA (Best Translated Book Awards), que consisten en un cheque de 5 mil dólares para autor y traductor (en poesía y ficción).

En la lista larga del Booker International 2019 hay tres hispanohablantes: el colombiano Juan Gabriel Vázquez con La forma de las ruinas (The Shape of the Ruins), la chilena Alia Trabucco con La resta (The Remainder) y la argentina Samanta Schweblin con el libro de cuentos Pájaros en la boca (Mouthful of Birds). Todo indica que, entre los hispanos, es Schweblin la que está en el ojo de los traductores ingleses; quedó en la lista corta Booker International en 2017 con Distancia de rescate (Fever Dream) y ahora vuelve. Sobre el libro nominado este año The Guardian apunta que “su disciplinada economía para crear atmósferas y efectos se alía con su rechazo a explicar de más. Esa obstinada e imperturbable resistencia a la revelación es una de las cosas que hace que Pájaros en la boca sea todo un éxito”.

 

Fuentes: L’Obs, Le Monde des livres, The Man Booker International Prize, The Guardian.

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Al alcance de un simple clic los neurasténicos redactores de esta sección hallaron un archivo prohibido durante siglos, recién digitalizado; también algunas obras feministas que reconstruyen la figura de la bruja; y finalmente una curiosa lista.

Un archivo liberado

A principios de mes, la empresa editora Gale (rama de Cengage), que ofrece todo tipo de soporte a bibliotecas, completó la tercera parte de su acervo “Archives of Sexuality and Gender”, con ayuda de la British Library, el Kinsey Institute y la Academia de Medicina de Nueva York. El proyecto de acervo digital agrega ahora cerca de un millón de páginas y cinco mil monografías de contenido de las salas reservadas y de acceso restringido, que se expande del siglo XVI al XX. Abarca puntos de vista como la construcción médica y legal de las sexualidades y el advenimiento de la sexología; la moral y la religión frente al sexo y la prostitución; la censura, el papel que sexo y género jugaron en su respectiva sociedad y cómo fueron evolucionando a lo largo de los siglos; o la forma en que la noción de obscenidad fue cambiando. Un recorrido por algunos de esos materiales aquí.

Frontispicio que ilustra la Lista de mujeres de Covent Garden de Harris, 1793. Imagen: cortesía de la British Library.

La “caja privada” que ofrece la British Library contiene frutos prohibidos, encerrados bajo llave desde 1850 con la etiqueta de “obscenos”, que van desde un directorio de trabajadoras sexuales del siglo XVIII en el área de Covent Garden —que incluye notas sobre la práctica y las preferencias de cada mujer— hasta manuscritos del Marqués de Sade o los ingenios literarios de los autores con pseudónimo —como Roger Pheuquewell— que participaban en los libros de Merryland (publicados por primera vez en 1740). El primer libro de la colección Raras verdades: el gabinete de Venus abierto, y sus secretos revelados es una reliquia de 1658. También aparecen otras joyitas primerizas como Fanny Hill o de una mujer de placer, la primera novela pornográfica en inglés, del siglo XVIII; o Tenely o El otro lado de la muralla atribuida a Oscar Wilde y a sus allegados, que constituye una de las primeras novelas homosexuales. Hay mucho por explorar en este archivo de libre acceso, pero eso sí, limitado a investigadores, profesores y bibliotecarios a los que Gale permita la entrada.

Historia de las brujas

En la hora del #MeToo y de la tercera ola feminista, la figura de la bruja está en plena reivindicación. Desde los años 70, el eslogan de las feministas italianas “¡Tiemblen, tiemblen, las brujas están de vuelta!” ya había recuperado ese estigma de la Edad Media, esa persecución que ahora se está tipificando como un feminicidio masivo al buen estilo leguleyo y atroz de la Santa Inquisición. Según Le Monde, al menos en Francia el fenómeno de asimilación entre brujas y feministas tiene un síntoma clarísimo: el libro de la ensayista y periodista Mona Chollet Sorcières. La puissance invaincue des femmes [Brujas. El poder invencible de las mujeres] que apareció el pasado invierno ha vendido ya más de 75 mil ejemplares, en una editorial, Zones, acostumbrada al ensayo filosófico a y a la Teoría Crítica. Para Chollet la imagen de la bruja es la de la víctima absoluta, la que suscita los mayores reclamos de justicia en su sociedad, la rebelde que se obstina, que subvierte el orden político y religioso con prácticas paganas y desarrolla otras formas de espiritualidad. Su estudio se centra en definir no solo el uso peyorativo de la imagen sino la verdadera identidad de las mujeres perseguidas en la Edad Media. Varios colectivos, grupos de teatro y de performance retoman ahora la figura de la mujer maléfica, se la apropian y la adaptan a los nuevos tiempos (entre ellos, como símbolo queer).

El bestseller de Chollet ha provocado que se vuelva a leer la reedición de Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación (1ª ed. 2004, traducida al español en Traficantes de Sueños, 2010) de la académica italiana Silvia Federici. Es un análisis histórico sobre cómo los estados modernos, durante el final de la Edad Media y el Renacimiento, se apoyaron en la cacería de brujas para controlar el cuerpo femenino y someterlo al orden de la producción; una tesis, en suma, sobre las causas históricas de esa forma de opresión femenina en los cimientos del capitalismo moderno.

El placer de los libros usados

A continuación las cosas que la escritora Jane Stern encontró en libros de segunda mano (que compra con absoluta e irresponsable voracidad) o en libros que debía “limpiar” cuando de estudiante trabajaba en el sótano de la biblioteca de Yale:

• una multa de tránsito de Seattle por cruzar la calle imprudentemente.
• el comprobante de equipaje de un vuelo a París.
• una lista de quehaceres que incluía “recoger el látigo” y “explicar la cremación”.
• boletos de entrada al musical de Broadway Hamilton.
• un cheque al portador de 375,15 dólares (que nunca quise ir a cobrar).
• 12 sobrecitos de Kool-Aid en un libro de Oliver Sacks sobre la migraña.
• copias de recetas de embutidos.
• una lista de asistentes a reuniones de Alcohólicos Anónimos.
• la letra del himno (“The Star Spangled Banner”) garabateado por la mano arácnida de alguien muy viejo o demasiado joven.
• un pedazo de papel donde estaba escrito “Stop me” entre las páginas de The camera That My Mother Gave Me de Susanna Kaysen (un lamento literario por los problemas vaginales crónicos de la autora misma).
• listones de participación para un evento deportivo de sexto grado, y un listón de tercer lugar de una exposición canina de un pueblo pequeño.
• rastros de mucosidades y fluidos humanos (de todo tipo, con la precisión de que los libros más secos que un hueso eran los de teoría económica o los de crítica literaria del siglo XVIII).
• en raras ocasiones hay fotos: suelen ser Polaroids de vistas borrosas o retratos de la era pre-selfie. Los retratos son poco halagadores.

Definitivamente, dice la autora, hay veces en que estas curiosidades insertas en los libros son mucho mejores que los libros en sí.

 

Fuentes: Clarín, El Mundo, British Library, Gale, The Paris Review.

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La manía de estos redactores nos conduce hoy a un hallazgo literario de manos de Orwell; también al encuentro con un “salvador” de las letras y frente al paredón donde la literatura de redes e influencers es condenada.

Orwell hasta en la cocina

En 1946 la Gran Bretaña no estaba pasando por su mejor momento. A pesar de la victoria de los aliados, el único resquicio de la fe se agazapaba en la ronca y espontánea voz de sir Winston Churchill. Apenas comenzaba la posguerra, y al British Council se le ocurrió un encargo literario de primera: comisionar a George Orwell para escribir un texto de tinte “gastronómico” que promocionara la cultura británica en ultramar. Orwell aceptó y cumplió su deber, hasta que recibió una carta del Departamento de Publicaciones. Le notificaban que no había sido la mejor idea pedirle un texto de esa naturaleza en semejante etapa de austeridad forzada (no franciscana ni pejiana). “Siento mucho que haya surgido una situación tan aparentemente estúpida con su manuscrito”. La publicación del ensayo, aunque fuera “excelente”, podría resultar “desafortunada e imprudente […] para el lector continental”. Era el 3 de mayo de 1946. El mismo Orwell, consciente del contexto, señalaba el “estricto racionamiento que lleva seis años operando”. El horno, pues, literalmente, no estaba para bollos, ni tartas, ni pudines de Yorkshire.

Después de haberlo reencontrado en los archivos, el British Council acaba de pedir perdón por este desaguisado y ha publicado íntegro el texto (en el momento del rechazo Orwell publicó algunos extractos en el Evening Standard). No cabe duda de que es una excelente inmersión en los hábitos, las costumbres de clase y los rasgos de la cocina británica, aquella a la que acusó Voltaire de tener “cien religiones y una sola salsa”; “la dieta de un país norteño húmedo en la que la mantequilla es abundante y los aceites vegetales escasos”. Lean hasta al final y encontrarán, para regusto de chefs y aficionados, cinco recetas puramente british. Cabe preguntarse, de aquí en adelante, si algún vivales incluirá en su menú estos platillos que por traer la etiqueta à la Orwell eleven sus precios fuera de órbita.

Por quién casi doblan las campanas (de Venecia)

Julio de 1918. Ha llegado el verano al norte de Italia y las trincheras se han vuelto más hediondas. Llueven obuses a orillas del río Piave. Un joven estadounidense de 18 años ingresa al país como voluntario de la Cruz Roja y conductor de sus ambulancias. Esa tarde parte en motocicleta al frente para llevar chocolates y cigarrillos. Otro joven, un soldado italiano algo mayor que él, se le acerca para pedirle tabaco. En ese preciso instante, tan cinematográfico ahora que lo reconstruimos, un mortero hace volar al combatiente por los aires. El estadounidense acaba herido de gravedad, pero se salva. En su cartilla de voluntario se lee un nombre: Ernest Hemingway.

Gracias al trabajo conjunto del biógrafo James McGrath Morris y el historiador Marino Perissinotto, ahora sabemos la identidad de ese “soldado desconocido”: su nombre es Fedele Temperini, y efectivamente debe ser recordado, a partir de ahora, como el “salvador” de Hemingway, el involuntario escudo humano que protegió de las ondas expansivas de la muerte a una de las grandes plumas del siglo.

Literatura por Whatsapp y versos de influencers

Nuestra adicción colectiva a las redes ya parió dos hijos literatos para la lengua española. Los engendros no son gemelos pero sí bastardos.

El primero nació como tantos de sus semejantes: con forma de app. Para los que frecuentan el “academiqués” vernáculo hay aquí posibles estudios de “intermedialidad”; si acaso, el nacimiento de un nuevo género. Se llaman chat stories y asemejan una de esas ventanitas de Whatsapp que ustedes, lectores, deben conocer porque o las están mirando mientras leen esta nota o acaban de cerrar una. Pues bien, para fomentar la lectura en los más jóvenes —cuánto proyectamos en estas estrategias— se están creando cuentos y novelas que “fluyen” y “atrapan” a los recién iniciados en los misterios de la literatura. Hay novelas de este tipo que ya tienen tres mil descargas. ¿Dónde encontrar estos juguetitos para celular? La editorial Planeta España cuenta, por ejemplo, con la app Leemur. También existe Readit, donde influencers y youtubers como Germán Garmendia, han publicado sus novelas. El promedio de lectura en estas apps es, evidentemente, como las palomitas y el Nescafé, instantáneo: un máximo de 3 horas por libro. Baste ver el gancho publicitario.

Entretanto, el periódico El Español se quejó amargamente del Premio Seix Barral 2019, otorgado a “la poeta de Instagram Elvira Sastre”. ¡Qué I-N-J-U-S-T-I-C-I-A para el decoroso mundo de las letras! Como pocas, amables lectores. Resulta que esta poeta de versos edulcorados, sentimentalosos y como sacados de un manual de autoayuda, ha agradecido a las benditas redes, dentro de las que ella nació y se crio como modernísima rapsoda. En México ha sido publicada por nuestros discretos y pacifistas amigos de Valparaíso —aquellos que controlan el ¡oh, diáfano! ¡oh, blanquecino! “Círculo de Poesía” (sí, sí, todo en altas, porque fuera de aquel recinto de fuego azul todo es mala poesía, minúscula). Algunos de esos versos pueden leerse en @ESSpoesia.

Para el periódico El Español la novela premiada de Sastre es “un desgarro emocional que invita a la superación, de corte Paulocoelhiano”, y es aberrante que la prestigiosa Seix Barral le dé semejante galardón. Un espanto que reconozcan así a la llamada “literatura follow”. Como si los premios, el reconocimiento y los cheques que bien los acompañan no fueran, desde épocas prerrománticas, un semillero de estulticias, intereses y cinismo. Era evidente que a las editoriales, tarde o temprano, les convendría entrar en el jueguito ególatra de las redes y sus absurdos medidores. Nada brilla como brilla el oro. Hay una decadencia ostensible entre el premio a Elvira Sastre de este año y el que le dieron en 2018 a un narrador y poeta de culto como Agustín Fernández Mallo por Trilogía de la guerra. ¿Significa que el Premio Biblioteca Breve ha caído de una vez por todas en el drenaje profundo de la literatura? No. ¿Habrá siempre poetas rosas, cremas, merengues, al rescate de gente que ve la literatura como un manual de superación personal? Ténganlo por seguro, y seguirán ganando premios que ustedes, urdiendo versitos en su caverna, no tendrán. Lo cierto es que Sastre es una poeta popular, en el aire las compone y los euros no dejan de llover. Definitivamente, el reino de los influencers no es de este mundo.

 

Fuentes: The Guardian, Clarín, El Español, ABC, El Universal.

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