Como cada año, Cultura y vida cotidiana presenta sus 10 textos más leídos y les desea unas felices fiestas.


1. El mejor poema del mundo

David Huerta

El mejor poema del mundo es el que se instala para siempre en nuestra mente con la fuerza no de uno sino de varios poemas que resuenan los unos en los otros y que forman con el tiempo una red infinita de imágenes, sensaciones y significados.

 

2. Lo barato sale caro: Taibo II en el FCE

Emiliano Álvarez

El siguiente texto revisa las dudas e inquietudes que ha dejado el nombramiento de Paco Ignacio Taibo II para una editorial como el Fondo de Cultura Económica. Doce puntos que abonan al debate en torno a otra polémica más del nuevo gobierno.

 

3. Alabado sea el trote de “La Chona” y su glorioso ritmo acentual

Luis Flores Romero

¿Cuál es el secreto del éxito pegajoso y bailador de una canción como “La Chona”? Sólo un experto puede revelarlo. La creación de los Tucanes de Tijuana es única en su especie.

 

4. Los libros mexicanos más recomendados de la década (2009-2019)

La redacción

Treinta y cinco autores y editores nos recomendaron sus libros mexicanos predilectos de los últimos diez años. Aquí el resultado; únicamente un consenso en una lista que busca compartir lecturas.

 

5. Entre blancos y güeros.
Desigualdad y privilegio en el discurso popular

Alfonso Forssell Méndez

Entre los ataques racistas a Evo Morales y la discusión reciente sobre el supuesto “racismo a la inversa” retomamos algunos puntos clave para repensar el debate desde la sociología, el lenguaje y los estudios del discurso.

 

6. Maestros amigos. ¿Dónde empieza el acoso?

Jazmina Barrera

Definir una condición como enfermedad considera mucho más que criterios médicos. Como lo demuestra este texto, los prejuicios tienen un rol fundamental en lo que queremos “curar”, a veces con consecuencias fatales.

 

7. La horrible proliferación de los cafés productivos

Guillermo Núñez Jáuregui

Las cafeterías, paraísos del ocio y hasta de la ensoñación moderna, se han convertido en espantosas oficinas donde los productivos no quieren perder su tiempo. Un espacio para misántropos que quieren que los dejen en paz, pero acompañados. Como siempre, esto nos hace felices, felices, felices.

 

8. Todos los cuentos de Philip K. Dick

Rémy Bastien van der Meer

Habiendo recorrido sumariamente las 36 novelas de Philip K. Dick, ofrecemos ahora un repaso de todos y cada uno de los cuentos de este autor que revolucionó un género y, de paso, transformó en buena medida nuestra forma de entender el tiempo, el espacio, el mundo.

 

9. De México al mundo: la cultura en las relaciones internacionales

Viridiana Zavala Rivera

Históricamente, la diplomacia cultural mexicana ha ayudado a desatascar situaciones en las que las relaciones políticas y económicas entre dos países llegan a un punto muerto. Además, este ejercicio cumple con el papel fundamental de proyectar una imagen determinada de nuestra cultura hacia el resto del mundo. Ante los nuevos retos que se vislumbran en esta materia, ofrecemos un repaso de sus logros y una serie de pistas a seguir.

 

10. Cuando Chicuarotes me arruinó una cita

Roberto Galván

En este departamento de quejas le dimos espacio al miserable caso de un pobre hombre que quiso empezar una cita romántica con la nueva película de Gael García Bernal. Triste historia.

 

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¡Ah, las fiestas navideñas, esa época maravillosa en la que uno se ve en la incómoda situación de tener que encontrarle regalos a tres docenas de “conocidos” de quienes uno ignora los gustos y preferiría no conocer ni las caras! Pues bien, lector querido, andas con suerte. La redacción de nexos, comprometida siempre con los ideales del periodismo de servicio y el espíritu materialista de las fiestas decembrinas, ha preparado una pequeña lista de libros que a nuestro juicio profesional serían perfectos regalos para esa sobrina que hasta la fecha sigue obsesionada con Twilight o ese tío abuelo que gusta de ponerse a recitar a Amado Nervo después de dos dedales de rompope. Sin más, porque el tiempo apremia y las vacaciones aguardan, helos aquí:

Ilustración: Ricardo Figueroa


1. Cuando Moctezuma conoció a Cortés, de Matthew Restall (Taurus, 2019). Rara ave es esta historia revisionista de la Conquista, pues sería el regalo perfecto tanto para la activista poscolonial que te invita a todas las marchas como para el patriarca señorial que no pierde oportunidad para recordarle a todos los presentes que Cortés fue el Verdadero Padre de la Patria. Se lee como una novela pero nutre como el aceite de bacalao. Podría incluso pasar por lectura playera, si el lector en cuestión es de aquellos que prefieren quedarse en la palapa por eso de que la arena se mete en todos lados.
La redacción


2. Memorias de España, de Elena Garro (Paralelo XXI, 2019). Este ha sido un año de creciente conciencia de género — ¿y qué mejor regalo para la feminista de la familia que esta agudísima y recién rescatada crónica de las aventuras y desventuras de una escritora a quien patriarcado literario insistía con confundir con un florero? Alternativamente, este sería un gran regalo para tu primo el macho progre, ese que te regaló un libro de Octavio Paz el año pasado. Digo, pa’ que expanda sus horizontes.
La redacción


3. El fraude del siglo, de Tom Wright y Bradley Hope (Conecta, 2019). No, no es un panfleto de esos que regresan por enésima vez a la elección de 2006. El fraude del siglo es la historia de Jho Low, un joven malasio que buscó hacerse rico a toda costa y lo logró. De paso engañó a medio mundo, incluido a Martin Scorsese; salió con Paris Hilton y defraudó tanto dinero que el gobierno de su país por poco y cae en bancarrota. El fraude del siglo se lee como thriller a pesar de ser historia verdadera, y no sorprendería que en unos años se volviera película de Hollywood producida, irónicamente, por uno de sus principales defraudados: Leonardo DiCaprio.
Esteban Illades


4. La biblia vaquera, de Carlos Velázquez (Sexto Piso, 2011). Esta colección de cuentos cómicos y arrabaleros salió hace casi 10 años, pero la Redacción garantiza que será un éxito entre esos sobrinos adolescentes que acaban de descubrir a los Beats o a Nirvana o a cualquiera de las manifestaciones contraculturales del capitalismo tardío. También sería buen regalo para un exnovio, aunque en ese caso la Redacción se siente obligada a preguntarle a la apreciada lectora por qué demonios le sigue regalando libros a ese patán.
Nicolás Medina Mora


5. Ciento cincuenta cuentos cortos, de Lydia Davis (Almadía, 2019). Esta antología de la decana de la narrativa corta norteamericana sería un regalo perfecto para la amiga brillante, la tía melancólica, o la hermana escritora. La prosa de Davis, considerada por muchos una de las mejores en la literatura anglófona contemporánea, sobrevive en la traducción, por no decir nada de sus finas observaciones psicológicas. Créenos, lectora incrédula: este regalo demostrará que tu gusto literario es absolutamente impecable
La redacción


6. Dicen las jacarandas, de Alberto Ruy Sánchez (Era, 2019). Este es el regalo perfecto para tu compañera de cubículo, esa que siempre se las arregla para tener flores frescas en el florero que separa el caos que es tu mitad del escritorio del pequeño oasis de paz que es la suya — en especial si la colega en cuestión, como suele suceder con semejante tipo de colegas, dedica la hora de la comida a escribir sonetos perfectos en honor a la primavera. Hablando más en serio, el libro de Ruy Sánchez le arrancará una sonrisa a cualquier amante de la poesía.
La redacción


7. Beloved de Toni Morrison (Debosillo, 2014). ¿Quieres ver a ese tío que jamás ha derramado una sola lágrima, ni el funeral de su propia madre, llorar? Este premio Nobel es el regalo perfecto para esta navidad. No importa a quién le regales esta obra maestra de Toni Morrison (1931-2019) está garantizado que va a dejar marcadas las páginas con múltiples gotas espesas por el dolor que Sethe, la protagonista de la novela, te provoca con el recuento de su vida 18 años después de haber escapado de la esclavitud del Sur de Estados Unidos, mientras es atormentada por el fantasma de su bebé. Beloved se cuestiona el significado de la libertad con una historia desgarradora que toma un hecho histórico como punto de partida y lo transforma en el recuento de la vida de una mujer que tomó una decisión tan compleja como la vida misma.
Melissa Cassab


8. The Age of the Homespun, de Laurel Thatcher Ulrich (Penguin, 2001). No hay mejor época para regalar un libro sobre la historia de los objetos que en navidad. Y todavía mejor, uno de objetos hechos a mano para que la recomendación sea, de paso, moralizante. The age of the homespun de Laurel Thatcher Ulrich reconstruye los contextos de producción y consumo de catorce objetos domésticos en Norteamérica entre los siglos XVII-XIX y así descubre las relaciones de género, la vida en la frontera, las interacciones con las culturas indígenas, las guerras y hasta los límites de la conciencia del puritanismo en una sociedad que apenas formaba au rostro. Es una historia de cruces y conexiones, fantásticamente escrita que se acerca más a la historia social que a la de la vida cotidiana. Para repensar el consumismo de estas épocas y acordarnos de que el gusto y la necesidad todos se moldean con el tiempo.
Ana Sofía Rodríguez.


9. Todos Nosotros, de Raymond Carver (Anagrama, 2019). Hay una acción infalible para encontrarse a uno mismo: leer poesía. Entre mis recurrentes están los versos de Raymond Carver (1939-1988). Su sencillez me atrapa. Carver sabe de qué se habla cuando se habla de amor, soledad, tristeza, alegría, desencanto, muerte. Entre 1962 y 1988 escribió 305 poemas, reunidos ahora en la edición bilingüe Todos nosotros (Anagrama). El poeta confiesa su sequía de lecturas en medio del torrente de alcohol. Se sorprende cuando la muerte del perro de su pequeña hija lo hace escribir. Una venta de objetos le revela el naufragio de un matrimonio. La fotografía vieja de su padre con veinte años le obliga a preguntarse qué puede agradecerle. Comparte la lección de amor que Bukowski —escucha de Brahms, Rajmáninov, Bartók, Telemann— dio una tarde lejana. Se ocupa de los vecinos en otoño y del insomnio de invierno. Piensa en los viejos tiempos con sus amigos. Lamenta que el ruido de las gotas de lluvia pegando en la ventana lo haya distraído de un sueño. Explica lecciones de pesca y la rutina de los salmones. Habla de su lugar favorito junto al río donde podía ver las montañas. Abre su corazón a Tess Gallagher, su esposa. En estos días de luces y esferas, los poemas de Raymond Carver son buena compañía. Una voz melancólica que dice: “Felicidad. Llega/ de forma inesperada. Y sigue su camino, realmente,/ cualquier mañana te lo dice por sí misma”.
Kathya Millares


10. Our Man: Richard Holbrooke and the End of the American Century, de George Packer (Penguin Random House, 2019). Cualquier lector de biografías o memorias políticas conoce bien la paradoja: entre más interesante es el personaje, más aburrido suele ser el libro. Lo anterior es aún más cierto con las memorias de diplomáticos y estadistas, a quienes les preocupa más asegurar un lugar en la historia que dar una versión franca de los hechos que vivieron. Naturalmente hay excepciones: es en esa categoría en la que cae Our Man: Richard Holbrooke and the End of the American Century de George Packer. Es muy probable que el lector no especializado ignore la existencia de Holbrooke. En gran medida eso define el éxito de este libro. En términos históricos, Holbrooke fue un personaje menor; nunca alcanzó la ambición de su vida: ser secretario de Estado. Y sin embargo, su vida es un recorrido fascinante por segunda mitad del siglo XX y el inicio del XXI: de Vietnam a Afganistán, pasando por la guerra de los Balcanes, Holbrooke estuvo ahí, no sólo como participante sino, más importantemente, como un obsesivo cronista de todo lo que veía. Tras la prematura muerte de Holbrooke, Packer tuvo acceso total al archivo personal del diplomático y logró plasmar todas las contradicciones del personaje. Una persona brillante y al mismo tiempo conflictiva cuya claridad estratégica fue opacada por la desbordada imagen que tenía de sí mismo, que vio su habilidad diplomática disminuida por su arrogancia, y su talento anulado por su oportunismo. Our Man es, además de un retrato fascinante, un libro fundamental para entender la pérdida de influencia de Estados Unidos y su nuevo rol en el mundo.
Juan Pablo García Moreno


11. Deaf Republic, de Ilya Kaminsky (Graywolf Press, 2019). No quisiera arruinarles nada pero sepan que Kaminsky es sordo, y también son sordos los habitantes de la república que inventa en este poemario/novela breve/drama en dos actos con dibujos de manitas. En su brevedad y aparente sencillez, es un buen libro para regalar si quieren encontrar o reencontrar a alguien con la poesía. La historia corre en un país agitado donde un chico sordo es asesinado por la policía durante una manifestación de protesta, el ruido de la escopeta es el último sonido que los habitantes escucharán. Un poco de eso va el libro, la sordera como acto de resistencia en lo público y en lo privado, y una sacudida a lo que nosotros, en nuestra pasiva contemplación cotidiana, hemos aceptado como normal. “El nuestro es un país en que un chico / baleado por la policía yace en el / pavimento / por horas. // Vemos en su boca abierta / la desnudez / de toda la nación.” —hay que advertirlo, el libro está en inglés—. No se preocupen, no saldrán ilesos de este libro, hay una revolución aquí adentro.
Jorge Landa


12. Hacia una economía moral, de Andrés Manuel López Obrador (Planeta, 2019). Siendo francos, esta lista debería de haber consistido de un sólo libro: éste. Todo mexicano tiene la obligación moral —¿qué digo? ¡el privilegio!— de estudiar atentamente los postulados filosóficos de este escueto pero sustancioso volumen que ha de encaminar los destinos nacionales por las próximas décadas, si no es que por los siglos de los siglos.
La redacción


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Treinta y cinco autores y editores nos recomendaron sus libros mexicanos predilectos de los últimos diez años. Aquí el resultado; únicamente un consenso en una lista que busca compartir lecturas.

Como tradición anual, la revista nexos le pide a un nutrido grupo de escritores, editores y promotores del libro que escojan la que para ellos sería la lectura indispensable del año. Este 2019 preferimos extender la selección a toda la década que en este mes se acaba y restringirnos a una mirada nacional.

De modo que en la siguiente lista encontrarán los libros más votados, en las categorías de poesía, cuento y novela, escritos por autores mexicanos. No se trata de entresacar “el mejor” de cada género, sino simplemente de mostrar una valoración consensuada, sin ánimos estadísticos, competitivos y mucho menos canónicos. Por más controvertida que sea, esta lista no pretende más que ser un servicio a los lectores, una vía para compartir impresiones de lectura y ponerlas en común.

Ilustración: David Peón


Poesía

Más votados en empate

• Sara Uribe, Antígona González, México, Sur+ Ediciones, 2012, 112 p.

Creo que es el libro de poesía más importante de la década, porque inaugura un modo de escribir las violencias alejado de las convenciones de lo tradicionalmente concebido como poético.
—Yolanda Segura

• Tedi López Mills, Muerte en la Rúa Augusta, México, Almadía, 2009, 148 p.

Poema que investiga el imperio de la voz poética, que se sirve de la narración, de un monólogo interior y del diálogo dramático para descubrir al autor intelectual de una voz.
—Hernán Bravo Varela

 

2.º más votado

• Francisco Hernández, En grado de tentativa. Poesía reunida, México, FCE / Almadía, 2016, vol 1. 568 p., vol 2. 576 p.

Poemas que uno puede repetir como mantras.
—Christian Peña

 

3.º más votado

• Luis Felipe Fabre, La sodomía en la Nueva España, Valencia, Pre-textos, 2010, 92 p.

En la raíz de este auto sacramental de Fabre está un ensayo de Novo, “Las locas y la Inquisición” (1972). El poema de Fabre es solemne, enfático y se antoja verlo representado, así sea fantasmalmente: es un coro de maldecidos y torturados a través del cual se escucha, a ratos y adrede, a Quevedo.
—Christopher Domínguez Michael


Novela

Más votada

• Fernanda Melchor, Temporada de huracanes, México, Literatura Random House, 2017, 224 p.

Las preocupaciones de Temporada son esencialmente políticas —sus “temas” incluyen la sociología del aborto, la violencia de género, la homofobia internalizada, los efectos afectivos del desarrollo económico, la normalización del crimen organizado— pero la novela no tiene nada de panfleto didáctico. Esto se debe, creo yo, a la capacidad irónica de Melchor.
—Nicolás Medina Mora Pérez (en nexos, “Las comas del huracán”)

 

2.ª más votada

• Enrique Serna, El vendedor de silencio, México, Alfaguara, 2019, 488 p.

Atento observador de las pulsiones ocasionadas por el poder, Enrique Serna (Ciudad de México, 1959) encontró en “el gato de angora del periodismo nacional”, al personaje idóneo para hablar de la corrupción en un régimen que construyó su legitimidad gracias a la complicidad de los medios de comunicación.
—Héctor González (en nexos, “La soberbia de Carlos Denegri”)

 

3.ª más votada

• Julián Herbert, Canción de tumba, México, Debolsillo, 2014, 208 p.

Herbert (Acapulco, 1971) logra aquí al menos media docena de aportaciones a nuestras letras contemporáneas. 1) El retrato grave y pleno de una figura materna excepcional, cargada de humanidad y fuerza, y el registro literario del avasallador proceso de su enfermedad, deterioro y muerte. 2) El extraordinario relato de una infancia dolida e itinerante, despojado recuento de una niñez pobre, aventurera y difícil. 3) Una indagación veraz en la contradicción odio-amor en lo profundo del corazón humano. 4) La descripción nítida de una adicción radical y destructiva, más allá de las alegorías tan de moda. 5) Una pertinente exploración metaliteraria sobre los límites de la autobiografía y la ficción. 6) El testimonio novelesco de una desdicha.
—Alejandro de la Garza (en nexos, “Gabinete de lectura”)


Cuento

Más votado

• Antonio Ortuño, La vaga ambición, Madrid, Páginas de espuma, 120 p.

¿Por qué hay que asomarse a las páginas de Ortuño? Encuentra el punto exacto para deslizar frases transgresoras. En ningún momento intenta dar golpes por doquier o caer en remedos de otros autores que emplean a la escatología como una forma de respiración en sus relatos. Sabe el instante en que debe soltar la frase contundente, el punch para que la historia adquiera otros vuelos o, bien, decante el exceso de realidad.
—Mary Carmen Sánchez Ambriz (en nexos, “Guía de lectura 2017”)

 

2.º más votado

• Carlos Velázquez, La biblia vaquera, México, Sexto Piso, 2011, 101 p.

El hilo conductor de este libro es la Biblia Vaquera, un objeto proteico que puede ser un personaje masculino, otras veces femenino —en el relato “Ellos las prefieren gordas” la personaje se llama The Western Bible, y más tarde aparece otra bajo el nombre The Cowgirl Bible—, pero también unas botas y hasta una entelequia. La pieza maestra de este libro —y uno de los relatos más conseguidos que he leído en años— es precisamente “La condición postnorteña”, en el que la idiosincrasia, la visión del mundo y la épica del corrido verdaderamente triunfan sobre la lógica.
—Noé Cárdenas (en nexos, “Niñas Montessori; autores multitask”)

 

Agradecemos a todos los que atendieron la encuesta y, en particular, a las siguientes personas, que aceptaron enviar sus votos: Adriana Malvido, Alberto Chimal, Alberto Ruy Sánchez, Alejandro Toledo, Álvaro Uribe, Ana García Bergua, Antonio Ortuño, Armando González Torres, Aurelia Cortés Peyron, Balam Rodrigo, Cecilia Eudave, César Tejeda, Daniel Saldaña París, Fernanda Melchor, Francisco Hinojosa, Francisco Magaña, Hernán Bravo Varela, Jazmina Barrera, José Ramón Ruisánchez, Juan Pablo Villalobos, Juan Villoro, Julia Santibáñez, Karen Villeda, Lorea Canales, Marco Antonio Campos, Martín Solares, Mary Carmen Sánchez Ambriz, Mónica Lavín, Myriam Moscona, Rafael Pérez Gay, Rosa Beltrán, Sandra Lorenzano, Valeria List, Valeria Villalobos, Yolanda Segura.

 

[Nota editorial: el conteo sólo incluye aquellos libros que alcanzaron más de un voto, de ahí que la categoría de cuento no tenga tercer lugar.]

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Los lectores apasionados que asistieron al salón Juan Rulfo para escuchar la conferencia magistral que la narradora y ensayista Siri Hustvedt estaba a punto de presentar en la FIL de Guadalajara 2019, recibieron una edición no venal de El poder de la literatura (traducción de Aurora Echevarría, Seix Barral). De ahí provienen estos subrayados.

“Puedo decir que no profetizo su desaparición [de la literatura], aunque sólo sea porque los seres humanos somos criaturas que nos valemos de los símbolos y parecemos ávidos de historias de una u otra índole e integramos rápidamente los acontecimientos de nuestra vida en narraciones más o menos coherentes”.

“La narrativa es una de las maneras con que organizamos nuestra vida y la de los demás. Nos contamos historias sobre nosotros mismos para entendernos”.

“Contar historias es una manera de dar sentido a los acontecimientos temporales, comprender por qué ocurrieron los hechos de ese modo”.

“¿Para qué sirve la ficción? ¿Por qué nos gusta leer historias que nunca han ocurrido con personajes que nunca conoceremos fuera de las páginas? Somos los únicos animales sobre la Tierra que han construido bibliotecas, que estudian literatura y proclaman que los libros son buenos, malos o regulares”.

Conferencia magistral de la escritora Siri Hustvedt en la XXXIII Feria Internacional del Libro en Guadalajara, domingo 1º de diciembre del 2019. (© FIL/PAULA ISLAS)

“¿Por qué los escritores deciden escribir lo que escriben? ¿Cómo sabe un escritor cómo debe desarrollarse el argumento de una novela? ¿De dónde salen los personajes ficticios? Deben de surgir de la vida”.

“Olvidamos lo rutinario y recordamos lo novedoso (de ahí viene la palabra novela, del latín novellus, ‘novedoso’”.

“Escribir literatura de ficción es como recordar cosas que nunca han pasado”.

“La verdad que busco como escritora de ficción no es un registro documental del pasado. Estoy buscando una verdad emocional”.

 “Sólo sé que las novelas que amo, los libros que siempre me acompañan, son todos verdaderos. Son libros que me han hecho ver a la gente y el mundo desde una perspectiva nueva. Han cambiado la comprensión de mi propia vida. Las novelas que he olvidado son las que no tuvieron ningún impacto emocional en mí”.

“Cuando escribo, lo hago para un otro imaginario, un lector imaginario […] Y cuando leo novelas soy ese otro, el que acepta el regalo que me hace el escritor”.

“Todos los libros son inventados, no sólo por su autor sino también por quien los lee. Llevamos al texto nuestro pasado, nuestras expectativas, nuestros intereses, gustos, prejuicios y limitaciones”.

“La lectura es una forma de diálogo, una interacción con un otro, el otro textual, palabras sobre la página que evocan un mundo paralelo que imagino activamente, y mientras dura el libro, yo, la lectora, me veo invadida por otra conciencia, un narrador con quien interactúa o no, cuyos ritmos se transforman en mis ritmos, cuyas palabras son mis palabras”.

“La lectura es una forma de posesión por parte de otro, y eso no debe subestimarse”.

“Los libros poderosos toman el control de nuestra mente. No son la vida real externa sino parte de la vida”.

“Los libros pueden ser peligrosos. Pueden amenazar el statu quo, sacudirnos y trastornarnos”.

“¿El futuro de la ficción estará habitado entonces por adictos a internet robotizados y enganchados a máquinas de realidad virtual que los alimentan de los mismos tópicos sobre la mente masculina y el cuerpo femenino que llevan aquí desde los griegos? El futuro siempre aplazado de la literatura no está en manos de máquinas. Está en manos de quienes escriben y de quienes leen”.

“No, leer novelas no solucionará las calamidades políticas. Para ello se necesita organización, resistencia pasiva y una retórica más fuerte”.

“Siempre ha habido, hay y habrá personas que se descubren encantadas y transformadas por una verdad que han hallado en un libro de ficción, uno que no miente”. 

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Tan arbitrario como una ofrenda de párrafos y versos, compartimos con nuestros lectores esta selección colorida de lo que se ha escrito en México sobre la muerte y sus dominios. Con una calavera inicial para solaz del internauta.

Ilustración: Gonzalo Tassier


Calavera de invitación

Lector desocupado y fino
Que buscas aquí con tino
Un literario esparcimiento
Para distraer un momento
A Doña Parca en sus humores,
Admira frente a ti las flores
Varias de nuestra literatura
Y síguenos en la travesura
De adivinar la identidad
De estos muertos escritores
Que están muertos sin piedad.

§

1.

Hidalgo es de los [héroes] que salen más perjudicados. Hasta físicamente. Es de los pocos casos conocidos de personas que han seguido envejeciendo después de muertas. Fue fusilado a los cincuenta y ochos años, pero no ha faltado quien, arrastrado por la elocuencia, diga: “Quisiera besar los cabellos plateados de este anciano venerable”.

[…]
Entre nosotros los mexicanos, en un velorio es de rigor que las mujeres hablen de muertos y enfermedades, y los hombres de las parrandas que hicieron antaño, en compañía del difunto.

[…]
Yo he escuchado a tres hermanas, hablando de su padre, no en plan de confesión, pero sí de ratificación, diciendo:
—¡Tan bueno que era mi papá!
—¡Siempre con la sonrisa en los labios!
—¡Y tanto que le gustaba el chicharrón!
Son tres virtudes del difunto que ya las tres hermanas conocían, pero no están ‘intercambiando impresiones’, sino repitiendo tres características para conservar una imagen. Este ejemplo entra dentro del género de lo que se podría llamar conversación ritual.

[…]
El miércoles pasado, 29 de agosto de 1973, a las 7 de la noche, murió Luz Antillón, que fue mi madre.
Cuando yo estaba en la agencia, escogiendo la caja, oí su voz que me decía:
—¡La más barata, la más barata!
[…]
Los empleados de la agencia, que la cargaron y la bajaron a la tumba, le hubieran causado muy buena impresión.
—Muy limpios, muy bien rasurados, dos de ellos bastante guapos. ¡Pobres muchachos, qué oficio tan horrible el de andar cargando muertos! —probablemente para resaltar los adelantos modernos, hubiera recurrido a una comparación con los cargadores borrachos de Guanajuato.

[…]
—Me estoy quebrando como un charal— fue su última opinión de sí misma.”

§

2.

¿Morir? No. Es demasiado bello para ser cierto.
Ya vas a comprobar cómo, después del tránsito
(que no es, a fin de cuentas,
más que uno que otro espasmo muscular, "amor grande",
si al sexo te permites llamar "muerte chiquita")
la cosa sigue igual en algún otro lado.

Con más o menos frío, quizá; con hígado,
con pulmones, con pies, con narices, con hambre,
con años, con fatiga,
con olvidos, con ese tábano memorioso
que alrededor te zumba.

Lo continuo no cesa, así que cálmate.
Deja ya de sentarte al borde de las sillas,
de mirar el reloj
y de hojear las revistas de la sala de espera.

§

3.

La contemplación del horror, y aun la familiaridad y la complacencia en su trato, constituyen contrariamente uno de los rasgos más notables del carácter mexicano. Los Cristos ensangrentados de las iglesias pueblerinas, el humor macabro de ciertos encabezados de los diarios, los “velorios”, la costumbre de comer el 2 de noviembre panes y dulces que fingen huesos y calaveras, son hábitos, heredados de indios y españoles, inseparables de nuestro ser. Nuestro culto a la muerte es culto a la vida, del mismo modo que el amor, que es hambre de vida, es anhelo de muerte. El gusto por la autodestrucción no se deriva nada más de tendencias masoquistas, sino también de una cierta religiosidad.

§

4.

En el fondo de la tarde está mi madre muerta.
La lluvia canta en la ventana como una extranjera que piensa con tristeza
en su país lejano.
En el fondo de mi cuarto, en el sabor de mi comida,
en el ruido lejano de la calle, tengo a mi muerta.
Miro por la ventana;
unas cuantas palabras vacilan en el aire
como hojas de un árbol que se han movido al olfatear el otoño.

Unos pájaros grises picotean los restos de la tarde,
y ahora la lluvia se acerca a mi pecho como si no conociera otro camino
para entrar en la noche.

Y allá, abajo, más abajo,
allá donde mi mirada se vuelve un niño oscuro,
abajo de mi nombre, está ella sin levantar la cara para verme.
Ella que se ha quedado como una ventana
que nadie se acordó de cerrar esta tarde;
una ventana por donde la noche, el viento y la lluvia
entran apagando sus luces
y golpeándolo todo.

§

5.

Hay una elegía de Propercio que inaugura un modo poético destinado a tener continuadores ilustres. Me refiero a la elegía séptima del cuarto libro. […] El poema comienza con la declaración de un hecho insólito y que el poeta enuncia como si fuese algo natural y en el orden de las cosas: “No es una fábula, los manes existen; el fantasma de los muertos se escapa de la pira y vuelve entre nosotros”. Cintia ha muerto y fue incinerada apenas ayer. […] Precisamente a la hora en que su amante la recuerda, el fantasma se presenta en su lecho solitario. Es la misma de siempre, hermosa, aunque un poco más pálida. Hay detalles atroces: una parte de su túnica está chamuscada y ha desaparecido la sortija de berilo que llevaba en el anular, devorada por el fuego. Cintia ha vuelto para reprocharle sus infidelidades —olvida, como siempre, las suyas—, recordarle sus traiciones y repetirle su amor. El espectro termina con estas palabras: “Puedes ahora andar con otras pero pronto serás mío, únicamente mío.”

§

6.

No
Me tardo
Voy a dar
Una vuelta
Alrededor
De
Mi
Muerte.

§

7.

El pueblo mexicano tiene dos obsesiones:
el gusto por la muerte y el amor a las flores.
Antes de que nosotros “habláramos castilla”
hubo un día del mes consagrado a la muerte;
había extraña guerra que llamaron florida
y en sangre los altares chorreaban buena suerte.

§

8.

—Mi madre —dije—, mi madre ya murió.
—Entonces ésa fue la causa de que su voz se oyera tan débil, como si hubiera tenido que atravesar una distancia muy larga para llegar hasta aquí. Ahora lo entiendo. ¿Y cuánto hace que murió?
—Hace ya siete días.
—Pobre de ella. Se ha de haber sentido abandonada. Nos hicimos la promesa de morir juntas. De irnos las dos para darnos ánimo una a la otra en el otro viaje, por si se necesitara, por si acaso encontráramos alguna dificultad. Éramos muy amigas. ¿Nunca le habló de mí?
—No, nunca.

§

9.

Sólo el cielo, envidioso,
mi esposo me quitó; la Parca dura,
con ceño riguroso,
fue sólo autor de tanta desventura.
¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte,
que tantas muertes das con una muerte!

¡Ay dulce esposo amado!
¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise,
y por qué tu cuidado
me hizo, con las venturas, infelice?
¡Oh dicha, fementida y lisonjera,
quién tus amargos fines conociera!

¿Qué vida es esta mía,
que rebelde resiste a dolor tanto?
¿Por qué, necia, porfía,
y en las amargas fuentes de mi llanto
atenuada, no acaba de extinguirse,
si no puede en mi fuego consumirse?

§

10.

Después me fui rehaciendo como pude, como se rehacen para andar y correr esos pobres perros de la calle a quienes un vehículo destroza una pata; como aprenden a trinchar con una sola mano los mancos; como aprenden los monjes a vivir sin el mundo, a comer sin sal los enfermos. Y entonces de mi mutilación saqué fuerzas. Mis hábitos de imaginación acudieron en mi auxilio. Discurrí que estaba ausente mi padre —situación ya familiar para mí—  y, de lejos, me puse a hojearlo como solía… Estando en París hace poco más de dos años me atreví a escribirle a un amigo estas palabras más o menos: “Los salvajes creían ganar las virtudes de los enemigos que mataban. Con más razón imagino que ganamos las virtudes de los muertos que sabemos amar”. Yo siento que, desde el día de su partida, el alma de mi padre ha empezado a entrar en mi alma y a hospedarse en ella a sus anchas… Y véase aquí por donde, sin tener en cuenta el camino hecho de las religiones, mi experiencia personal me conduce a la noción de la supervivencia del alma y aun a la noción del sufragio de las almas —puente único por donde se puede ir y venir entre los vivos y los muertos sin más aduana ni peaje que el adoptar esa actitud del ánimo que, para abreviar, llamamos plegaria.

§

11.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

§

12.

En los ojos abiertos de los muertos
¡qué fulgor extraño, qué humedad ligera!
Tapiz de aire en la pupila inmóvil,
velo de sombra, luz tierna.
En los ojos de los amantes muertos
el amor vela.

§

13.

A nada puede compararse un cementerio en la nieve.
¿Qué nombre dar a la blancura sobre lo blanco?
El cielo ha dejado caer insensibles piedras de nieve
sobre las tumbas,
y ya no queda sino la nieve sobre la nieve
como la mano sobre sí misma eternamente posada.

Los pájaros prefieren atravesar el cielo,
herir los invisibles corredores del aire
para dejar sola a la nieve,
que es como dejarla intacta,
que es como dejarla nieve.

Porque no basta decir que un cementerio en la nieve
es como un sueño sin sueños
ni como unos ojos en blanco.
Si algo tiene de un cuerpo insensible y dormido,
de la caída de un silencio sobre otro
y de la blanca persistencia del olvido,
¡a nada puede compararse un cementerio en la nieve!

Porque la nieve es sobre todo silenciosa,
más silenciosa aún sobre las losas exangües:
labios que ya no pueden decir una palabra.

§

14.

¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo,
es una muerte de hormigas
incansables, que pululan
¡oh Dios! sobre tus astillas,
que acaso te han muerto allá,
siglos de edades arriba,
sin advertirlo nosotros,
migajas, borra, cenizas
de ti, que sigues presente
como una estrella mentida
por su sola luz, por una
luz sin estrella, vacía,
que llega al mundo escondiendo
su catástrofe infinita.

[BAILE]

Desde mis ojos insomnes
mi muerte me está acechando,
me acecha, sí, me enamora
con su ojo lánguido.
¡Anda putilla del rubor helado,
anda, vámonos al diablo!

 

 

¿no has adivinado?
Bueno…

 

1. Jorge Ibargüengoitia, Instrucciones para vivir en México [fragmentos]
2. Rosario Castellanos, “Asentamiento de un hecho”
3. Octavio Paz, El laberinto de la soledad [fragmento]
4. José Carlos Becerra, Oscura palabra [fragmento, poema 3]
5. Octavio Paz, La llama doble [fragmento]
6. Efraín Huerta, “Paseo II”
7. Carlos Pellicer, “Discurso por las flores” [fragmento]
8. Juan Rulfo, Pedro Páramo [fragmento]
9. Sor Juana Inés de la Cruz, “Liras que expresan el sentimiento que padece una mujer amante, de su marido muerto”
10. Alfonso Reyes, “Oración del 9 de febrero”
11. Octavio Paz, “Elegía interrumpida” [fragmento]
12. Jaime Sabines, “En los ojos abiertos de los muertos” [fragmento]
13. Xavier Villaurrutia, “Cementerio en la nieve”
14. José Gorostiza, Muerte sin fin [fragmentos]

 

 

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Presentamos unos fragmentos del crítico y ensayista Harold Bloom (1930-2019) en las primeras traducciones al español de dos de sus libros.

Sobre dos estrofas de la Oda a un ruiseñor, de John Keats

La Oda a un ruiseñor de John Keats se abre con los golpes de martillo de tres sílabas fuertemente acentuadas —“Me duele el corazón” (My heart aches, en inglés)— que señalan el repentino advenimiento de un estado de la conciencia diferente al estado de “indolencia”… que marca el tono habitual de Keats de intensificar la percepción y la creatividad. Como Shelley en La alondra, Keats escucha a un invisible pájaro cuya localización no puede especificar: “En algún melodioso terreno / De hayas verdes e innúmeras sombras”. Pero la penetrante inmediatez de su canto resulta, no obstante, acentuada, porque canta “al verano con la máxima potencia, sin esfuerzo”. El efecto del canto sobre Keats es doble y ciertamente físico, en realidad casi mortal. Le duele el corazón y sus sentidos sufren al parecer una rigidez somnolienta que sugiere, primero, que ha sido envenenado; a continuación, que ha tomado un narcótico. No es sólo el canto el que ha producido estos efectos, sino la empatía de Keats con el pájaro. No está envidioso del pájaro, sino que es “demasiado feliz” en la felicidad de éste. No puede oponer su propia “capacidad negativa” en este caso; ha rendido su ser demasiado rápidamente al del ruiseñor. [Keats llamaba “capacidad negativa” a tener ideas contrarias y sostenerlas sin tomar partido por alguna de ellas. N. de la R.]

Ilustración: Oldemar González

Y sin embargo da la bienvenida a este milagroso vértigo, porque la estrofa siguiente del poema busca prolongar su condición por su deseo de embriaguez, por “una taza llena de cálido Sur”. La disminución de la intensidad que va desde el veneno al narcótico y de éste al vino es en sí misma una vuelta a la conciencia despierta ordinaria, un sentido de la realidad habitual desde la que Keats aquí “se desvanecería en el oscuro bosque”, para unirse al ruiseñor en su invisibilidad y encerrada alegría; dejar atrás el mundo de la mutabilidad, en donde cada expansión de la conciencia es un aumento de la tristeza. Pero la despedida es lo contrario de la expectación de Keats; el vuelo no es una evasión, sino una elaboración de la realidad despierta:

¡Lejos! ¡Lejos! Porque volaré hacia ti
Llevado en carroza no por Baco y sus leopardos,
Sino con las invisibles alas de la poesía,
Aunque el torpe cerebro se quede perplejo y se atrase:
¡Ya estoy contigo!

De pronto, luego de rechazar la última ayuda de la invocación, únicamente por el acto de escribir su poema, está donde desea estar, con el ruiseñor. Las alas de la Poesía son “invisibles”, no sólo porque son inmateriales, sino porque el vuelo es tan alto que no es posible la visión desde la tierra. Y el estado que ahora comienza es un rompecabezas para el lento “torpe cerebro”. El movimiento vertiginoso de la imaginación es aquí más que racional en su energía. Entre el estático grito de “¡Ya estoy contigo!” y el tañido de campana de la palabra “abandonado” (“forlorn” en inglés) en el clímax del poema, Keats penetra en el mundo interior de su poema, ese estado de la imaginación, el más elevado, que Blake llama Edén. El misterio de los contrarios no resueltos de Keats reside en su asociación completamente antiblakeana de ese estado de vida más abundante con lo que parece ser el impulso hacia la muerte. Lo que para Blake es un estado de visión más grande para Keats es el reino de lo invisible:

¡Ya estoy contigo! Suave es la noche,
Y quizá la Reina-Luna esté en su trono,
Rodeada de todassus estelares Hadas
Pero aquí no hay luz,
Salvo la que del cielo es con las brisas llevada
A través de las tortuosas oscuridades y los tortuosos y musgosos caminos.

Es la noche lo que es suave, constituyendo la huella de esa suavidad la paradójica oscuridad de la visión keatseana. La naturaleza no es borrada; la luna y las estrellas pueden estar presentes, pero su luz debe someterse primero al menguante laberinto a través del cual soplan los vientos de la noche.

• Fuente: Harold Bloom, Los poetas visionarios del romanticismo inglés,traducción de M. Antolín, Barcelona, Barral Editores, 1974. Más ruiseñores aquí.

El pequeño desvío brusco

Shelley pensó que los poetas de todas las épocas contribuían a la creación de un Gran Poema perpetuamente en formación. Borges observa que los poetas se crean sus propios precursores. Si lo poetas muertos, como insistió Eliot, constituyen el progreso en conocimientos de sus sucesores, esos conocimientos sin embargo son la creación de sus sucesores, hecha por los vivos para salir al encuentro de las necesidades de los vivos.
Pero los poetas, o al menos los más fuertes de ellos, no leen necesariamente como leen los críticos más fuertes. Los poetas no son ni lectores ideales ni lectores comunes, ni arnoldianos ni johnsonianos. No tienden a pensar, cuando leen: “Esto está muerto, esto está vivo, en la poesía de X.” Los poetas, cuando ya se han vuelto fuertes, no leen la poesía de X, ya que los poetas verdaderamente fuertes sólo se leen a sí mismos. Para ellos, ser sensato equivale a ser débil, y comparar, de manera exacta y justa, equivale a no ser uno de los elegidos. El Satanás de Milton, arquetipo del poeta moderno en su más fuerte momento, se vuelve débil cuando razona y compara, en el monte Nifates, y de ese modo inicia el proceso de decadencia que culmina en el Paraíso recobrado, terminando como el arquetipo del crítico moderno en su momento más débil.

*

El poeta que existe en cada lector no experimenta la misma disyunción hacia lo que lee que siente por necesidad el crítico que existe en cada lector. Lo que le da placer al crítico que hay en un lector puede causarle angustia al poeta que hay en él, una angustia que, como lectores, hemos aprendido a desatender bajo nuestra propia cuenta y riesgo. Esta angustia, este modo de melancolía, es la angustia de la influencia.

*

El poeta está condenado a aprender sus más íntimos anhelos mediante una constatación de los demás seres. El poema está dentro de él, y sin embargo él siente la vergüenza y el esplendor de ser encontrado por poemas —por grandes poemas— que están fuera de él.

*

Escribe Malraux: “El corazón de cada joven es un cementerio en el que están inscritos los nombres de miles de artistas muertos, pero cuyos verdaderos habitantes son unos cuantos fantasmas poderosos y con frecuencia antagonistas”. Y añade: “El poeta está obsesionado por una voz con la que las palabras tienen que armonizarse”.

*

Borges, al comentar los sublimes y aterradores sentimientos de Pascal ante su Pavorosa Esfera, compara a Pascal con Bruno, quien en 1584 todavía podía reaccionar exultante frente a la revolución copernicana. En setenta años, llega la senescencia: Donne, Milton y Glanvill ven algo que decae donde Giordano Bruno sólo encontraba alegría en los procesos del pensamiento. Como lo resume Borges, “en aquel siglo desanimado, el espacio absoluto que inspiró los hexámetros de Lucrecio, el espacio absoluto que había sido una liberación para Bruno, fue un laberinto y un abismo para Pascal”. Borges no se lamenta del cambio, ya que también Pascal logra lo Sublime. Pero los poetas fuertes, a diferencia de Pascal, no existen para aceptar aflicciones; no pueden estar contentos con el hecho de adquirir lo Sublime a un precio tan elevado. Como el mismo Lucrecio, optan por el clinamen como libertad. [Clinamen: la desviación ligera pero brusca de los átomos para evitar el choque entre ellos. N. de la R.] Esto es lo que dice Lucrecio:

Cuando los átomos caen directamente hacia abajo por su propio peso a través del espacio vacío, en ciertos momentos y lugares indeterminados se desvían bruscamente una nada con respecto a su curso, pero lo suficiente para poder llamar a esto un cambio de dirección. Si no fuera por este brusco desvío, todo caería hacia abajo como gotas de lluvia a través del abismo del espacio. No ocurriría ningún choque y no se crearía ningún impacto de átomo sobre átomo. La naturaleza, por lo tanto, no habría creado nada…

Pero el hecho de que la mente misma no sienta ninguna necesidad interna de establecer cada acto suyo y obligarlo a sufrir en una desamparada pasividad, se debe al pequeño desvío brusco de los átomos en cierto momento o lugar no determinados.

*

El estudioso de las Influencias Poéticas […] ha de entender que el clinamen debe considerarse siempre como si fuera intencional e involuntario al mismo tiempo: la Forma Espiritual de cada poeta y el gesto gratuito que hace cada poeta cuando su cuerpo al caer choca contra el fondo del abismo. Las Influencias Poéticas son el pasaje de los Individuos a través de los Estados, según el lenguaje de Blake, pero el pasaje se hace malamente cuando no es un desvío brusco. El poeta fuerte dice en realidad: “Parece que he dejado de caer; ahora estoy caído y, por tanto, yazgo aquí en el Infierno”; pero, mientras dice esto, piensa: “Mientras me caía, me desvié, de modo que yazgo aquí en un Infierno mejorado por mis propias condiciones”.

• Fuente: Harold Bloom, La angustia de las influencias, traducción de Francisco Rivera, Caracas, Monte Ávila Editores, 1977.

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De los dos premios Nobel anunciados este año, Tokarczuk es la autora menos conocida y popular. Gracias a las siguientes líneas podemos discernir su escritura, sus aportes a la literatura y sus intereses contemporáneos.


Olga Tokarczuk, recién galardonada Premio Nobel de Literatura 2018, se definió alguna vez como “psicoterapeuta del pasado”. Con esto en mente, los lectores podrán comprender el camino literario que la ha llevado a explorar personajes y sucesos —históricos y de la vida cotidiana— de su natal Polonia.

Un poco de su biografía: nació el 29 de enero de 1962, en Sulechów. Es la mayor de dos hijas. Sus padres enseñaron en escuelas rurales. El trabajo de bibliotecario de su padre la moldeó como lectora voraz. En 1980 ingresó a la Universidad de Varsovia donde estudió psicología. Cinco años después se graduó y se casó. Se especializó en psicología clínica; con los años abandonó el consultorio porque “soy demasiado neurótica para ser terapeuta”. Tomó su pasaporte y se fue a Londres, ahí estudió inglés y trabajó en una fábrica armadora de antenas y en un hotel limpiando habitaciones. A su regreso a Polonia tuvo un hijo y comenzó a escribir. Primero versos y luego prosa.

Olga Tokarczuk en el Festiwalu Góry Literatury, 2017.
Fotografía de Tomasz Leśniowski, bajo licencia de Creative Commons CC BY-SA 4.0

Hace treinta años que Tokarczuk publicó por primera vez: una compilación de poemas (Miasta w lustrach). En 1993 ya se le conocía como novelista (Podróż ludzi księgi). Su presencia en la mesa de novedades en Polonia ha sido así: E.E. (1995), Prawiek i inne czasy (1996), Szafa (, 1997), Dom dzienny, dom nocny (1998), Gra na wielu bębenkach (2001), Ostatnie historie (2004), Bieguni (2007) y Prowadź swój pług przez kości umarłych (2009). Las traducciones al inglés disponibles: House of Day, House of Night (2003), Primeval and Other Times (2010), Flights (2018) y Drive Your Plow Over the Bones of the Dead (2019). En español: Un lugar llamado antaño (2003), Sobre los huesos de los muertos (2015), Los errantes (2019).

Sobre premios: el primero que recibió fue el Nike Award en 2008 (también en 2015), Vilenica Prize (2013), Brückepreis (2015), The Man Booker International Prize (2018), Prix Laure Bataillon (2019), y desde luego el Premio Nobel de Literatura 2018. Es la primera polaca a la que se le entrega el Man Booker; la presidenta del jurado Lisa Appignanesi la reconoció así: “Olga Tokarczuk es una escritora de maravillosa agudeza, imaginación y estilo literario”. Algo muy similar a las cualidades que ha considerado la Academia Sueca: “una imaginación narrativa que representa con pasión enciclopédica el cruce de fronteras como una forma de vida”. En la lista del periódico The Guardian sobre los 100 mejores libros publicados en lo que va del siglo XXI, Sobre los huesos de los muertos (Siruela, 2016) ocupa el sitio 75.

De las cosas que tiene claras en la vida: prefiere ser vegetariana, está en contra de las propuestas políticas y de la versión histórica que difunde el partido Ley y Justicia en su país, disfruta el festival literario que organiza desde hace cinco veranos, ante las amenazas de muerte que ha recibido prefiere ser precavida y olvidarse de los guardaespaldas.

Como escritora tiene los siguientes apuntes:

“Escribir es buscar puntos de vista muy particulares y específicos sobre la realidad”.

“No creo en las literaturas nacionales. Creo que la literatura es como un ser vivo, una criatura que aflora en un lenguaje y después en otro. Así que este es otro milagro, la literatura”.

“Soy una escritora, no una historiadora; por lo tanto, tengo que tocar todo yo misma: oler, tocar, ver”.

“Al vivir aquí, en el centro de Europa donde los ejércitos van y vienen y destruyen todo, la cultura se convierte en una especie de pegamento”.

“No tengo una biografía clara que pueda contar de una manera interesante. Estoy moldeada por los personajes que salen de mi cabeza, que inventé”.

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Los escándalos y las denuncias por acoso sexual cancelaron la entrega oficial del Nobel de Literatura del 2018, reemplazándolo por un Nobel alternativo. Por lo cual, este año la Academia sueca ha entregado dos galardones: el Nobel del 2018 para la polaca Olga Tokarczuk y el del 2019 para el austriaco Peter Handke, “por un trabajo influyente que con ingenio lingüístico ha explorado la periferia y la especificidad de la experiencia humana”, según el fallo del jurado. La esperada connotación política de un premio que en esta ocasión destrozó las quinielas mediáticas es clara: ambos son autores combativos y opuestos al auge de la extrema derecha, que hoy campea en Europa.


Peter Handke, nacido en Griffen, Austria, en 1942, estudió Derecho. Autor de novela, ensayo, poesía, teatro experimental y exitosos guiones cinematográficos —muchos de ellos de sus propias novelas y llevados al cine en colaboración con Wim Wenders, como El miedo del portero al penalty—, su carrera como escritor se perfiló a partir de la novela Los avispones (1966). Fragmentaria, autobiográfica y descreída, muestra el proceso de escritura de la novela misma y la búsqueda de las voces de varios “relatores” entre los recuerdos de infancia, llegando a aclarar al inicio de un capítulo “Yo relato”.

Su obra narrativa a lo largo de 50 años de producción incesante se concentra en una subjetividad extrema, por lo que en los años setenta se le consideró representante de la Nueva Escuela de la Subjetividad. Es un escritor que muestra en una tela transparente la profunda autoconsciencia de su propio oficio. Si empezó inspeccionando en el tema de la ansiedad, el miedo, el desasosiego y la alienación sus libros han transitado hacia lo que ciertos críticos llaman una “tranquila objetividad”. Pero explorar los abismos de la soledad humana es una de sus brújulas literarias permanentes, no por una introspección excesiva sino por las plurales formas de relación, entre el mundo interior y el entorno, que habitan en sus personajes.

En lengua española encontrarán sus obras publicadas por Alfaguara, Alianza, Círculo de lectores, Eterna Cadencia o Nórdica, entre otras.

Como simple muestrario, ofrecemos a los lectores este breve recorrido por siete libros representativos de Handke, escritos desde los años sesenta hasta nuestros días y que abarcan tres de sus principales registros: la novela, el ensayo y el teatro.


“En noviembre, frecuentemente nieva por la mañana.

Ese suceso se describe más o menos de esta manera: ‘Al despertar, quien se despierta mira afuera para calcular la hora de acuerdo con la claridad. Ve afuera la nieve, que reemplaza a la lluvia. El cartón embreado que cubría la pila, y que, poco a poco ha ido resbalando hacia abajo, porque algo se le ha como desprendido de un golpe, está enteramente cubierto por algodonosa nieve; en los lugares que todavía están algo calientes, porque quizás un ser con sangre cálida se arrodilló encima, continúan deshaciéndose los copos.”

Los avispones (1966)

§

“Casi a la par con el pitido final —tres largos pitidos—, los conductores y cobradores se subieron en los autobuses y en los tranvías y la gente empezó a salir del estadio. Bloch se imaginó que escuchaba el ruido de las botellas de cerveza al caer en el campo; al mismo tiempo escuchaba el sonido del polvo que chocaba contra los cristales.”

El miedo del portero al penalty (1970: Josef Bloch, un mecánico venido a menos y exportero de futbol, transforma su aislamiento y su hostilidad en crimen). Sobre esta novela el escritor alemán W.G. Sebald afirma que se trata de un clásico por varias razones. Entre ellas, le interesa que promueva una colaboración benéfica entre la ciencia médica psiquiátrica y la literatura: “en contraposición a una práctica literaria que, por razones justificadas, puede parecer sospechosa a la psiquiatría, el texto de Peter Handke [sobre los estados de angustia del ex portero de futbol Bloch] no lleva al callejón sin salida de una identificación patética, sino a un aprovechamiento sobrio y realmente congelado de las formas específicas de la huida esquizofrénica de la realidad. Handke que, como pocos autores, está dispuesto a movilizar la inteligencia más allá de la muy nombrada sensibilidad, ha producido con el relato de que se trata una obra que no debe menos ni hace menos justicia a los principios de la ciencia que a los del arte”, en “Bajo el espejo del agua”, Patria pútrida, Anagrama, 2005 (trad. de Miguel Sáenz).

§

“El espacio de trabajo del escritor, ‘su casa en la casa’, se hallaba en el primer piso. Con la taza de té vacía en la mano, bajó a la cocina obnubilado, y vio en el reloj del horno que faltaba poco para el anochecer. Era a principios de diciembre y las aristas de las cosas tenían el brillo que adquieren a la caída de la tarde. Además, la atmósfera de fuera y la del interior de la casa desprovista de cortinas parecían haberse unido en una sola claridad.”

La tarde de un escritor (1987: indagación narrativa del paseo de un escritor por el mundo en la misma tarde y con la atención puesta en el asombro de todo lo que se ve por primera vez y en su propia conciencia)

§

“EL QUE MIRA DESDE EL MURO
¿Crees que los dos viejos van a ser capaces de ir al mismo paso que nosotros?

AGUAFIESTAS
¿Y si se nos desploman, y tenemos que dar media vuelta a mitad del camino?

EL QUE MIRA DESDE EL MURO
¿Y crees que nos daría tiempo a encontrar a alguien para sustituirlos?

AGUAFIESTAS
¿Y no crees que los dos jóvenes llevan ya tiempo anhelando salir de aquí, del interior del país, tan silencioso, para estar donde en este momento —el silencio precisamente acentúa ese tipo de sensaciones— habrá seguramente mucho jaleo, en las plazas de grandes ciudades, donde ellos puedan mostrar a los demás lo bien que están juntos?

El juego de las preguntas (1989: en esta obra de teatro siete extraños peregrinos emprenden una búsqueda filosófica a través de diferentes culturas de la humanidad.)

§

“Pero tú, que eres un insomne crónico, ¿piensas hablar ahora de la imagen del mundo del insomnio o de la del cansancio?

El camino natural es ir de la del cansancio a la del insomnio, o, mejor dicho, en plural: voy a hablar de las diversas imágenes del mundo de los distintos cansancios.

Como para tener miedo fue, por ejemplo, en cierta ocasión, la forma de cansancio que pudo producirse junto a una mujer. No, este cansancio no se produjo, ocurrió, como un acontecimiento físico, como escisión. Y además nunca me alcanzaba a mí sólo, sino que al mismo tiempo alcanzaba siempre a la mujer, como si, al igual que ocurre con los cambios de tiempo, viniera de fuera, de la atmósfera, del espacio.”

Ensayo sobre el cansancio (1989: parte de una serie de cinco ensayos muy personales sobre distintos aspectos de la vida cotidiana y la forma en la que la subjetividad puede construirlos, darles formas innovadoras.)

§

“Sobre la mujer de Holanda, él, como persona, tenía aún menos cosas que contar, lo que a mis oídos de oyente no suponía desengaño ni aburrimiento alguno: al revés, día tras día Don Juan contaba las cosas cada vez con más entusiasmo, con unos ojos que le brillaban y que, sin mirarme, miraban al vacío […]”

Don Juan (contado por él mismo) (2004: una reinterpretación del clásico mediante las confesiones de Don Juan a un personaje que conoce en un albergue, un cocinero solitario y ávido lector que escuchará sus aventuras libertinas y descarnadas.)

§

“Si el Ensayo sobre el Lugar Silencioso, la narración de este lugar, fuera una película, la secuencia de aquellas décadas sin los auténticos Lugares Silenciosos estaría marcada por este ritmo: yo mirando una y otra vez, por agujeros de servicios de trenes, viendo más y más líneas de vías que se cruzaban unas con otras; en váteres de avión, mirando allí las vaharadas aguamarinas, o como fueran, más bien hacia ninguna parte.”

Ensayo sobre el lugar silencioso (2012: ese lugar es un eufemismo alemán para referirse al baño, del que el autor va desvelando su función como refugio, espacio de libertad, reflexión y soledad.)

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Para acercarnos al Mar de la Tranquilidad del alunizaje de hace 50 años ofrecemos esta memoria visual y auditiva.

El 20 de julio se cumple medio siglo del primer alunizaje, que en plena Guerra Fría simbolizó el triunfo de la hegemonía espacial estadunidense. En torno al evento orbitan teorías conspiranoicas, abundantes documentales y ficciones, poemas, fotografías y anécdotas que hoy pierden su pátina de polvo blanco para refrescar la memoria de aquel hito masivamente mediatizado (unos 300 millones de telespectadores vieron en directo los famosos pasitos de Neil Armstrong al bajar de la escalerilla del módulo lunar del Apollo 11). Han pasado 50 años y “desde entonces muchas y muchas lunas / tranquilamente se han ido alejando”, como dice ese poema de Bertolt Brecht.

“La luna es la aspiración suprema de los ojos en blanco”

Para conmemorar el aniversario, el “Project Apollo Archive” ha abierto al público unas 15 mil fotografías, no sólo de la misión que alunizó por primera vez, sino de las anteriores que sólo se acercaron a su órbita y de las posteriores que, menos conocidas, volvieron a bajar humanos y tiliches a la superficie. Los últimos en caminar por aquellos parajes que fascinaron a Meliès fueron Schmitt —el primer científico en alunizar—, Evans y Cernan, el 11 de diciembre de 1972, a bordo del Apollo 17.  Deben de haber pensado algo similar a lo que ya había imaginado un poeta: “la luna está llena de objetos perdidos” (como escribió en su Lunario de greguerías Ramón Gómez de la Serna).

Cápsula de entrenamiento y simulación del Apollo 11, s69-31039. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Neil Armstrong, astronauta del Apollo 11, en la mañana del despegue —el 16 de julio de 1969— durante la última prueba del traje espacial, KSC-69PC-376. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Despegue del Apollo 11, el 16 de julio de 1969, a las 9:32 AM, S69-40640. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Imagen desde el Apollo 11 con cámara translunar Hasselbad, AS11-36-5293, film magazine 36/N. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Buzz Aldrin en la cabina del Apollo 11, imagen de cámara Hasselbad, AS11-36-5390, film magazine 36/N. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Bajada del módulo lunar del segundo astronauta, Buzz Aldrin, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5868, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Módulo lunar del Apollo 11 alunizado, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5858, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Buzz Aldrin frente a la bandera, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5874, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5880.jpg, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Módulo lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5929, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Imagen de cámara Hasselbad, AS11-40-5948, film magazine 40/S – EVA. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Inspección de la superficie lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-44-6549, film magazine 44/V- LM. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Superficie lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-44-6608, film magazine 44/V- LM. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Inspección de la superficie con el módulo lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-44-6643, film magazine 44/V- LM. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Momentos del despegue de la superficie lunar, imagen de cámara Hasselbad, AS11-39-5835, film magazine 39/Q. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Órbita lunar luego del despegue, imagen de cámara Hasselbad, AS11-37-5446, film magazine 37/R. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

Neil Armstrong de vuelta en el módulo lunar emprendiendo el regreso, imagen de cámara Hasselbad, AS11-37-5528, film magazine 37/R. Fuente: Flickr, Project Apollo Archive. Dominio Público Mark 1.0 Creative Commons.

 

La Luna en el oído

Por su parte el proyecto “Space is the place” de la plataforma Cities and Memory ha lanzado al espacio público un banco de sonidos no menos interesante, pero posiblemente más perturbador. Así encontrarán desde la famosa grabación de Armstrong al tocar el suelo lunar hasta ruidos espaciales francamente alienígenas. Además, un grupo de artistas ha tomado cada pista original para proponer una “creación sonora” (lo que sea que esto último quiera decir).

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Luego del “debate del siglo”, del que apenas hablaremos aquí, volvemos sobre ciertos juicios recientes contra una pretendida “cultura” millennial; además, una enorme lista de libros sobre el cambio climático que sentó precedente.

La furia insignificante

“Nada, nada me interesa de la cultura millennial […] Me perturba. No hay escritura. No les importa la literatura. Ninguno de ellos lee libros. ¿Dónde está la gran novela millennial? No la hay.” Vamos ahí: son las palabras del escritor Bret Easton Ellis (en entrevista con Deka Aitkenheaud para The Times), quien considera que el nuevo “culto a los likes [likeability]” o “el culto millennial a la victimización” son verdaderos cánceres de la sociedad moderna.

Odio a los millennials o Decadentes jóvenes del mal o, aún, En mis tiempos todo era decente hubiera podido perfectamente ser el título del último libro de “no-ficción” de Easton Ellis, el precoz escritor de Hollywood que saltó a la fama, y por lo tanto a la droga, con tan sólo 21 años y luego se coronó con American Psycho, esa novela sobre la que Norman Mailer escribió: “¡Qué obra tan desquiciante! Escrita por una pluma joven narcisista y apenas medio competente”. Pero de los títulos que especulamos, Ellis (y sus socarrones editores) prefirió White y eso sólo porque no le dejaron el título original que propuso: White Privileged Male (Macho Blanco Privilegiado). Todo podría resumirse en un alegato contra las élites progres estadunidenses y su “cacería de brujas”, la reacción histérica contra Trump de los liberales, la corrección política, la expresión en redes sociales, en suma: todo es culpa de los millennials (y un poco, también, de Michelle Obama), generación a la que pertenece su novio, un cantante pop de 32 años, que aparece en el libro y que Ellis define como un “demócrata, millennial socialista-que-raya-en-lo-comunista”.

El mes de abril, cruel como siempre, nos saturó de Ellis tras el ruidero que provocó la publicación de White en los principales medios de habla inglesa, incluyendo la tunda magistral que recibió el autor en The New Yorker en una entrevista —con Isaac Chotiner— que tuvo cúspides de sabor como ésta:

ELLIS: Creo que soy un adepto del absurdo. Me parece que la política es ridícula.

CHOTINER: Tal vez evitar escribir un libro sobre el tema. ¿Eso hubiera sido una solución?

La crítica ha sido implacable ante las contradicciones flagrantes de Ellis en una declaración tras otra. “En la última década, Ellis, de 55 años, ha llegado más a los titulares por sus francas opiniones que por cualquier producto creativo”, escribe Lauren Christensen en The New York Times y añade que la clave de la carrera del escritor reside en la pregunta “¿tiene talento o sólo es provocador?”. Lo cierto es que la provocación vende y Ellis redobla entrevistas y reseñas aunque gustosamente lo despedacen.

Los libros del calentamiento global

El 22 de abril de 1970 se conmemora el día de la Tierra con miras pedagógicas: la devastación ecológica acabará por asfixiarnos y destruirnos por completo (y no a la Tierra, que nos sobrevivirá). Para acentuar la emergencia humana más allá de esta efeméride, Lithub propone una lista de 365 libros ecologistas, so pretexto de la cursilería de que “todos los días son días de la Tierra”. Qué lindos. Este amplio canon ecologista empieza en 1789 (por mera coincidencia: los franceses no inventaron la ecología, faltaba más) y sigue una clasificación en cuatro rubros muy eficaz: Los clásicos, La ciencia, Ficción y poesía, Las ideas. Tan sólo en el estante de “clásicos” entran joyas desde Darwin y Thoreau hasta Bruce Chatwin, Upton Sinclair, Carl Sagan o Gary Snyder, sin olvidar a marxistas redomados como el gran historiador urbano Mike Davis o un escritor noir neo-lacandón nacido en Tamaulipas, que ahora se rebautizó Galeano.

La parte científica, que incluye la biografía de Andrea Wulf sobre Humboldt, no es pura catástrofe ni pasto de pesimistas que se regodean en el complot de las malignas petroleras contra la humanidad (sí hay un par de títulos en este sentido), sino un interesante abanico de temas y propuestas.

Veamos ahora la parte literaria: poemas de Mary Oliver, Ferlinghetti y W.S Merwin, novelas inolvidables como El barón rampante de Calvino, más algunas obras de ciencia-ficción como la ópera espacial Dune de Frank Herbert son parte del agasajo. (Algunos títulos ya aparecen en otro cánones recientes que reúne la categoría “cli-fi”, ficción climática, como secuela moderna de la ficción especulativa o la ciencia-ficción.) No cabe duda de que la lista de Lithub es una imponderable investigación bibliográfica abierta al público como rara vez lo logran los trabajos académicos. Esperar algo similar en el mundo de habla hispana es más que deseable.

El “debate del siglo”

Como en cada round de box, nos gusta la grandilocuencia televisada. La sensación de trascendencia como una inyección de entusiasmo y vanagloria intelectual en mitad de nuestra nada. Cuántos depositaron todas sus esperanzas del año en el debate entre Zizek y Peterson titulado “Felicidad: capitalismo vs. Marxismo”. Pues bien, véanlo ustedes mismos.

Como escribió Nathan Robinson en Current Affairs: “Cada quien puede tener su propia idea del infierno. La mía es pasar la eternidad encerrado en un cuarto con Jordan Peterson y Slavoj Zizek”. Parece que Robinson vivió horas horrendas. Acaso porque muchos esperaban un combate encarnizado, un duelo a la altura de ese famoso Chomsky-Foucault, con el cual nos quedamos nosotros, viejos rancios conservadores. Pues bien, los dejamos en manos del profesor que ostenta ese nombre que no atrevió ni Verne para sus capitanes, el dr. L. W. Nauta, como introducción al debate:

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