Con pretexto del que sería su cumpleaños noventa, recordamos a Cy Twombly (1928-2011), uno de los pintores más importantes del periodo de la posguerra, en una de sus caras menos exploradas, la de escultor. Lo hacemos, además, de la mano de quien mejor ha estudiado esta faceta del artista.

Cuando pensamos en Cy Twombly lo primero que nos viene a la cabeza son sus distintivos garabatos. Muy diferentes entre sí, unas veces son francamente violentos, mientras que otras tienen transparencias suaves y absorbentes. Sobre todo en su producción de la década de los sesenta, los lienzos se distinguen por tachones de colores que recuerdan a esos dibujos infantiles que resultan de probar todo el arcoíris de lápices de nuestro estuche.

La obra de Twombly cambió mucho a lo largo de su carrera; se alejó del expresionismo abstracto que parecía ser regla en los años cincuenta para internarse en la mitología y la historia clásica, un desplazamiento que se relaciona directamente con su establecimiento en Roma a finales de los cincuenta y prácticamente hasta el resto de su vida. Si bien se le reconoce sobre todo por su pintura, que lo hace uno de los artistas más importantes del periodo de la posguerra, su faceta como escultor ha sido históricamente menos reconocida. Con pretexto del que sería su cumpleaños noventa, recordamos a Twombly el escultor, de la mano de quien ha estudiado mejor esta faceta del artista: la curadora Kate Nesin.

Cy Twombly, Leda and the Swan, 1962.

A partir de 1946 y cuando todavía estudiaba, el artista nacido en Virginia incursionó en la creación de obras tridimensionales con montajes de objetos cotidianos que casi siempre cubría con distintas capas de pintura blanca. Son piezas únicas que muestran cierta continuidad con su obra pictórica, pero que se han mantenido en un segundo plano en la valoración del artista. Kate Nesin, curadora asociada de arte moderno del Art Institute of Chicago, dedicó casi una década al estudio de la obra escultórica de Twombly: en su libro Cy Twombly’s Things (Yale University Press, 2014), hace el primer estudio a profundidad de las prácticas del artista con objetos apilados.

En una conferencia, Nesin habla de lo que la atrajo a estas esculturas y el lugar a donde llegó después de años de investigación. Familiarizada con la obra de Twombly, vio una escultura suya por primera vez en el Tate Modern en Londres. Cuenta que le pareció una “escultura prosaica”, en alguna medida indescriptible. A partir de entonces decidió referirse al conjunto de estas piezas —que superan el centenar— simplemente como “cosas”. Cuenta que el término le ha sido útil en sus análisis de las obras de Twombly por ser maleable, porque permite la heterogeneidad al tiempo que funciona como pretexto para describir específicamente cada una de las obras del artista. Y ella las ha estudiado todas.

Además de hablar de algunas piezas y describir las características comunes del conjunto de la obra, esta conferencia da pistas fundamentales para entender el lugar al que quedó relegada esta faceta del artista. Para empezar, explica que Twombly tenía casi todas las esculturas que hizo a lo largo de su carrera bajo su posesión, por lo que al momento de morir se habían expuesto solo en contadas ocasiones. Y en efecto, en marzo de 2011, poco antes de la muerte de Twombly, el Moma anunció con bombo y platillo la adquisición de obras de la colección personal del artista, entre las cuales se encontraban justamente siete esculturas, las primeras en sumarse al acervo del museo.

Jonathan Muzikar, Foto de la instalación de Cy Twombly: Sculpture en el MoMA, 2011. Tomada de la página del Moma.

Por otro lado, Nesin explica que el escultor dentro de Twombly era en realidad un personaje intermitente. En los años que van de 1959 a 1976 no creó ni una sola escultura, y este tiempo coincide con ser una época estelar para la escultura minimalista y postminimalista que vio nacer a Donal Judd y a Robert Morris, entre otros. La curadora dice que a finales de los sesenta la escultura como medio se “había disuelto o colapsado a favor de materialidades sin límites” como el performance.

Esto, sin embargo, “no hace que la escultura de Twombly sea retrógrada”, aclara. Al contrario, ella ve en estas piezas un enorme potencial de significados, viables como medio artístico de posguerra y directamente asociadas con una ordinariez que contrasta con otras interpretaciones de la obra de Twombly. Concretamente, podemos apelar a la de otro de sus más comprometidos estudiosos: el curador de arte moderno del Metropolitan Museum de Nueva York, Nicholas Cullinan quien, en una entrevista publicada en este mismo espacio a propósito de la primera exposición latinoamericana de Twombly en el Museo Jumex, decía que “hay una cierta belleza y literalidad en su obra con la que cualquiera puede relacionarse fácilmente”.

Para que el lector juzgue libremente, reproducimos aquí un video que reúne muchas de las esculturas de Twombly en una secuencia libre y sin pretensiones curatoriales.

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En mitad de los miasmas electorales no hemos prestado mucha atención a un nuevo escándalo sexual que ahora arrasa la cúpula de la Academia Sueca. Entre otros premios, se anunció la lista de nominados a la mejor traducción en lengua inglesa.

Hasta en las (mejores) familias suecas

El pasado jueves 12, la secretaria perpetua de la Academia Sueca, Sara Darius, tuvo que renunciar a su puesto, dejando libre el asiento 7. Darius, la primera mujer en recibir semejante responsabilidad, es el daño colateral de un escándalo mayor que ha cimbrado a la institución del Nobel.

Perfil de la periodista cultural Matilda Gustavsson, que reveló el escándalo en las páginas del diario sueco Dagens Nyheter

En octubre, una periodista sueca, inspirada por el ahora Pulitzer Ronan Farrow y su trabajo sobre el caso Weinstein, reúne una veintena de testimonios desgarradores: varias académicas e intelectuales del entorno del Nobel denuncian casos de acoso sexual, intento de abuso y hasta violaciones. En noviembre, el Weinstein sueco cae: su nombre se hace público. Es Jean-Claude Arnault, un marsellés de 71 años radicado en Suecia, esposo de la poeta Katarina Frostenson, que ocupaba uno de los 18 asientos de la Academia y que ha tenido también que renunciar. Para muchos, la influencia de Arnault era tal que ocupaba de manera extraoficial el imaginario asiento 19. Su poder había ido creciendo desde los años noventa. Entre otras cosas, era el encargado del club cultural Fórum, un antro de eventos literarios, performance y música, auspiciado por la Academia sueca, que era la antesala del Nobel y los bastidores de la élite intelectual que otorga el mayor galardón literario del mundo. Además, también se sospecha que Arnault filtró el nombre de muchos premiados (Elfriede Jelinek en 2004, Harold Pinter en 2005, J.M.G. Le Clézio en 2008 y Patrick Modiano en 2014) para impresionar y seducir a sus víctimas, cuyos testimonios se remontan a hechos ocurridos entre 1996 y 2017.

Por falta de pruebas, las acusaciones contra Arnault habían quedado en simple rumor. Pero el daño ya estaba hecho y las investigaciones siguen. Los partidarios de la esposa de Arnault la defendieron y ganaron por un estrecho margen hasta provocar la renuncia de otros tres académicos: Klas Östergren, Peter Englund y Kjell Espmark. Según El País, este último, autor de una historia canónica del Nobel de Literatura, y veterano de la institución, acusó a sus compañeros de “anteponer la amistad a la responsabilidad y la integridad”. Ahora, según lo anunciado este miércoles, el rey de Suecia reformará la normativa obsoleta de la institución para que sea realmente posible renunciar por voluntad propia a asientos vitalicios irremplazables. El tsunami de denuncias sexuales sigue arrasando todo a su paso y transforma el vergonzoso silencio en un reajuste completo de poderes y funciones. Y en la Academia, el premio Nobel de Literatura que se empieza a decidir en abril está en juego si no se reúnen al menos 11 de los 18 miembros votantes.


Hispanoamérica en inglés

Junto con los ganadores al Pulitzer, también se publicó esta semana una lista de los nominados a los premios a mejor libro traducido en Estados Unidos, los Best Translated Book Award 2018. La lista incluye ficción y poesía y, aunque involucre una gran cantidad de países y lenguas, es un buen indicador de la presencia que tiene la literatura extranjera en lengua inglesa. Los autores que creemos decisivos en nuestra lengua no tienen forzosamente una repercusión similar cuando salen de las aguas del español. Por eso, los premios a la mejor traducción —que otorgan dos jugosos cheques de 5 mil dólares, uno al autor y otro a su traductor— dan señales claras de si la literatura hispanoamericana irradia de alguna manera al norte del río Bravo. El año pasado, por ejemplo, los premios se los llevó el cono Sur, con Extracting the Stone of Madness,una colección de poemas de Alejandra Pizarnik, y Chronicle of the Murdered House, la obra maestra del brasileño Lúcio Cardoso publicada en 1959. En 2015 y 2016, habían ganado consecutivamente Rocío Cerón con Diorama y Yuri Herrera con Signs Preceding the End of the World.

Para este año están nominados, en lengua española: Rodrigo Fresán, con The Invented Part; el colombiano Santiago Gamboa con Return to the Dark Valley; Affections de Rodrigo Hasbún; August de la argentina Romina Paula; The Iliac Crest de Cristina Rivera Garza; Fever Dream de Samantha Schweblin; y finalmente The Magician of Vienna de nuestro recién fallecido Sergio Pitol. De 25 nominaciones, la lengua española aventaja con 7 candidatos, seguida por 6 franceses. En la categoría de poesía, con más variedad de lenguas y en la que ninguna acumula más de una nominación, tenemos a la argentina Marosa di Giorgio con I Remember Nightfall. Fundados por la Universidad de Rochester en 2008, los BTBA viven en parte gracias al auspicio del Amazon Literary Partnership: así contribuye a la traducción el consorcio que ha modificado para siempre la economía del libro. Aunque la circulación de este objeto ya no dependa de libreros e importadores, el traductor sigue siendo el eje que asegura el paso real de una frontera a otra.

 

Fuentes: L’express, Bibliobs, El País, The Millions.

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Teatro físico. Cuatro intérpretes dirigidos por Nicolás Poggi representan sucesivos intentos por recordar y reinterpretar una obra. Están en un gimnasio, con atuendos brillantes que decoran las torpezas y errores que les impiden recordar las secuencias que quieren. Afuera es una puesta en escena divertida y original. Esta es su cuarta temporada en la Ciudad de México. Para dejarse convencer, aquí una breve reseña.

Hasta el 12 de junio.
Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque.
Paseo de la Reforma y Campo Marte, Col. Polanco.


Mujeres inventoras. Es el último fin de semana para ver propuestas de objetos y servicios que inventaron mujeres en muchas comunidades del mundo y en distintas épocas. El visitante de esta exposición verá desfilar a Ann Makosinski y su linterna sin baterías; a Marion Donovan, quien inventó el primer pañal resistente al agua; a Mary Anderson y su limpiaparabrisas, o las escaleras para incendios que propuso Ann Connely. De paso, la exposición lleva a que nos preguntemos por las condiciones estructurales que permiten la creatividad y el triunfo de las ideas, y las desventajas a las que se enfrentan las mujeres.

Hasta el 15 de abril.
Museo Interactivo de Economía.
Tacuba 17, Centro Histórico.


Arte Huichol. Con el fin de reconocer la importancia histórica y artística del arte de las comunidades de la Sierra Madre Occidental, diversos esfuerzos han organizado la Primera Bienal de Arte Huichol. Además de la exposición de obras, habrá venta de artesanías y un concierto al aire libre con invitados como Sonido San Francisco o la Agrupación Cariño. Este evento de 12 horas sin parar se enmarca en el Segundo Festival Xaveri en apoyo a las comunidades de las comunidades Huichol. Todo lo recaudado se destinará a éstas.

14 de abril a las 12 hrs.
Explanada detrás de Au Pied de Cochon.
Campos Elíseos 218, Col. Polanco.


Conferencias. La UNAM y la Provincia del Santo Evangelio de México presentan un ciclo de conferencias en honor al doctor fray Francisco Morales Valerio, historiador y director de la Biblioteca Franciscana en la Universidad de Puebla. Las charlas se centrarán en el proceso de evangelización de la Nueva España y el protagonismo de la orden franciscana en el mismo. La primera exposición, de Miguel Pastrana, será sobre la religión indígena en el momento del contacto. El calendario de conferencias está disponible aquí.

Hasta el 24 de mayo.
Capilla Nuestra Señora de Guadalupe, San Francisco el Grande.
Madero 7, Centro Histórico.

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El fantasma del comunismo sigue recorriendo Europa, pero esta vez se dedica a sacar los archivos de sus cajas: así que ahora aparece que, después de tanta teoría, la Kristeva fue una espía al servicio del régimen de su originaria Bulgaria. Entre otros clics, hallamos la nueva novela del recién estrenado escritor Sean Penn y el curioso artilugio de las feministas chinas para evadir la censura.

Una estructuralista en la KGB

Desde el 28 de marzo estalló la bomba de los rumores con un cañonazo de Reuters. Por ley, una comisión del Estado búlgaro tuvo que revelar documentos clasificados anteriores a 1989. Varios fólderes atestiguan la presunta colaboración de Julia Kristeva con los servicios secretos, la “Darjavna Sigurnost” del entonces régimen comunista. Kristeva habría sido parte de un equipo (pequeño) de unos 100 mil agentes que cooperaba estrechamente con la KGB soviética. La psicoanalista y teórica de la literatura, para algunos la madre de la semiótica y parte de la escuela estructuralista, habría trabajado en secreto bajo el pseudónimo de “Sabina”. Según un estudio de Le Nouvel Observateur, que buceó en los archivos desclasificados, el agente “Pétrov” la habría entrevistado y establecido el primer deal con ella incluso antes de su viaje a París en 1965: “Entre más se convierta en una científica reconocida, más útil será para nosotros”, relata “Pétrov”. Al cabo de cinco años de observación, “Sabina” queda contratada. Los servicios de espionaje esperan que les sirva para recolectar datos —seguramente muy valiosos— sobre los miembros del PCF (Partido Comunista de Francia), el medio intelectual y disidente y las actividades de los búlgaros residentes en Francia. Al poco tiempo, Sabina-Kristeva hace un primer parte: “El gobierno [francés] les da puestos importantes a intelectuales reaccionarios en los institutos culturales y científicos del Estado”. O bien: “La radio y la televisión francesas rebosan de sionistas”. O aún: “El miembro del PCF Louis Aragon ha mantenido firme su línea de discrepancia contra el Partido por los acontecimientos de Praga”. La colaboración no durará mucho: Sabina quedará excluida del aparato de inteligencia hacia 1973 por “haber adoptado posturas pro-maoístas”.

En su defensa, Kristeva desmiente todo y denuncia un acto de difamación: “una información que no es solo grotesca y falsa. Atenta contra mi honor […] y perjudica mi trabajo”. En un comunicado más reciente, agregó que ese tipo de archivos falsos “ilustran a la perfección los métodos de una policía al servicio del totalitarismo, que yo denuncié en varias publicaciones con tal de dar a entender sus mecanismos”. Kristeva ya anunció que pasará a la acción legal. Mientras tanto, en el horno se está cocinando una preciosa novelita para el octogenario John le Carré.


Las feministas y la censura en China

Luego del 8 de marzo, uno de los grupos en redes sociales más grandes de China, Feminist Voices, desapareció súbitamente de la plataforma Sina Weibo (una suerte de versión china de Facebook, porque allá no entran los tentáculos del Sr. Zuckerberg). Las razones de la suspensión de la cuenta se parecen a las que nos dan en el internet occidental: contenido inapropiado. El temor del gobierno chino es ver crecer una oleada de denuncias, entre otras cosas, que se emparejen con el ya globalizado #MeToo. Una estudiante de doctorado, que ahora reside en Estados Unidos, denunció a su tutor, inspirada por una avalancha de testimonios. La historia se hizo viral rápidamente bajo el hashtag #MeToo. La Universidad de Beihang, Beijing, pidió dos semanas después la renuncia del profesor. Aun así, el hashtag quedó bloqueado.

Las feministas chinas han encontrado varias maneras de saltarse las barreras que les ponen por el bien del pueblo bueno: inventaron, por ejemplo, #RiceBunny usando a veces los iconos correspondientes a un tazón de arroz y un conejo. Las dos palabras en chino tienen una pronunciación idéntica a “mi tu”. Es conocido también el meme en que el dirigente sempiterno Xi Jinping era comparado a Winnie Pooh y se utilizaba para criticarlo. La figura del osito mielero (que no aguamielero) ha sido igualmente bloqueada en las redes de la República Popular China. Siempre supimos que las caricaturas podían ser extremadamente subversivas. No queda más que estar muy atentos a los nuevos ingenios de los que burlan la censura. Es absurdo juzgar que todo esto es muy absurdo, como diría Beckett.


Sean Penn, que nada más hace cosas

Él es actor, “periodista”, visitante aventurero de narcotraficantes en fuga y, por si todo esto fuera poco, exesposo de Madonna. Pues ahora es novelista y poeta, siguiendo los pasos de David Duchovny, pero con menos verbigracia y bebida que Hank Moody. La novela Bob Honey Who Just Do Stuff de Sean Penn acaba de ser publicada. Y adivinen qué: pertenece al género de la novela “distópica”. Esa palabrita que, desde la llegada de Trump al poder, resuena en los tímpanos de George Orwell y de Ray Bradbury y les provoca tremendos revolcones en sus respectivas tumbas, y que corre en boca de pesimistas, escépticos y lectores ávidos de apocalipsis.

El personaje de Bob es la caricatura de un resentido, racista y misógino asesino a sueldo del gobierno —solo se despacha a ancianitos-sanguijuela que desangran al Estado—. Además, es empresario de fosas sépticas. Qué chistoso. Una de sus tareas en la vida es odiar a los demás y a las mujeres que se le cruzan. La trama se reparte entre Bagdad, California y una lancha en mitad del Pacífico. Ocurren muchas cosas, excesivamente violentas y excesivamente sin sentido. Según Claire Fallon, toda la novela es altamente ofensiva y “oscuramente cómica”. Por si los lectores pedían más, tenemos un epílogo… en verso, sí, y que cierra con una visión “crítica” sobre el movimiento #MeToo. Dejaremos a otros talentosos traductores la tarea. Mientras tanto, los pocos que hablen la lengua de Shakespeare podrán regodearse aquí.

 

Fuentes: The Huffington Post, Vice, Wired, The New Yorker, Bibliobs.

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El gran biógrafo es, al mismo tiempo, un novelista de circunstancias individuales y un investigador sagaz. Recrea desde las huellas y los testimonios, reconstruye el pensamiento y la vida a partir de archivos y nos acerca al personaje de la biografía gracias a la investigación más rigurosa. Recomendamos cinco biografías de artistas plásticos de diversas latitudes y épocas para dar cuenta de la gran eficacia con que se ha practicado el género.

Miguel Ángel y los ideales renacentistas

Giorgio Vasari (1511-1574), pintor y arquitecto, fue hombre de intereses muy diversos, capaz de poner en pie el palacio de los Uffizi y el arco triunfal para la coronación de Carlos V, o la escenografía de una comedia de Pietro Aretino. Fue uno de los primeros humanistas en tomar conciencia del papel del artista moderno en la sociedad. Esta biografía de Miguel Ángel Buonarroti es parte de un gran proyecto: Las Vidas de los más ilustres arquitectos, pintores y escultores italianos, desde Cimabue hasta nuestros tiempos, la fuente más importante para el arte del renacimiento italiano y el libro que convirtió a Vasari en el padre de la historia del arte. Vasari no oculta la admiración por su biografiado. En Miguel Ángel aborda al artista que para él culminaba los ideales renacentistas. Vasari explora la vida del hombre y la creación de algunas obras maestras del arte occidental. La traducción de Pepa Linares toma como punto de partida la primera redacción del texto, que Vasari publicó en 1550 (la segunda apareció en 1568). Tras la muerte de Miguel Ángel en 1564, Vasari fue uno de los miembros de la Academia de Dibujo de Florencia que organizaron la decoración de la Santa Cruz para las exequias del gran artista.

Giorgio Vasari, Miguel Ángel Buonarroti, florentino (texto de 1550), traducción de Pepa Linares, Acantilado, Barcelona, 2007, 80 p.


Miquel Barceló: desde la intimidad

Michael Damiano (1986) se dedicó al estudio de la vida y la obra de Miquel Barceló. Empezó gracias a una beca de la Universidad de Georgetown, y cuando lo conoció personalmente en la inauguración de la cúpula que pintó en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, lo invitó a residir durante una temporada en un departamento en el edificio donde tenía su taller de París. Eso lo cambió todo. Hasta aquel momento Damiano había tenido ocasión de conocer y entrevistar a varios amigos de Barceló, pero, una vez en París, tuvo acceso a todo su círculo y al propio artista. Comió con él y con sus colaboradores a diario. Lo entrevistó en el oscuro apartamento repleto de obras de arte en la segunda planta de su taller. Con el tiempo se llevaron bien. Viajaron juntos a Ginebra y a Barcelona. Y cuando le dijo que si quería escribir un buen libro debería ir a África —donde Barceló tiene una casa desde hace veinte años—, hicieron juntos el viaje. Cuando no estuvo con el pintor, Damiano viajó siguiendo su itinerario a través de tres continentes y siete países, y entrevistó a quienes mejor lo conocían. A lo largo de esas conversaciones descubrió poco a poco a un personaje complejo, contradictorio, generoso y a la vez egoísta, con una faceta cariñosa y otra peligrosa. Damiano llegó a admirar a Barceló a pesar de que averiguó algunas cosas sobre él que preferiría ignorar, pero aprendió también que no podía dejar nada de lado para escribir sobre el gran pintor neo-expresionista.

Michael Damiano, Porque la vida no basta. Encuentros con Miquel Barceló, Anagrama, Barcelona, 2012, 344 p.


El artista del miedo y del dolor

Robert Hughes (1938) se internó en el estudio de las obras de Francisco de Goya a lo largo de muchas décadas para poder escribir su biografía. “Goya es el artista del miedo y del dolor, y no se puede entender al artista sin haber pasado una experiencia de dolor”, dice el historiador y crítico de arte. Hughes lo asevera porque casi pierde la vida en un accidente automovilístico en 1999 en una carretera del desierto de Australia occidental. Escribió Goya a partir de las reflexiones que realizó durante 45 años como crítico de arte. En el libro, Hughes plantea que Goya es el único artista de su época que contempla escenas de dolor y crueldad. Estudió el cambio radical que llevó a Goya de sus primeros cuadros, entusiastas, luminosos y sensuales, al universo atormentado, oscuro y amenazante de las Pinturas negras o de Los desastres de la guerra. Hughes destaca la modernidad de Goya —que inspiró a Manet, Dalí, Buñuel y Picasso, entre muchos otros— y afirma que en el conflicto bélico el pintor estaba del lado de las víctimas y detestaba la guerra en sí misma. El historiador considera absurda la teoría de que Goya no realizó las Pinturas negras y ofrece interpretaciones al respecto.

Robert Hughes, Goya, traducción de Caspar Hodgkinson y Victoria Malet, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2005, 480 p.


Admiración y pasión por la naturaleza: da Vinci

En Leonardo da Vinci. La biografía, Walter Isaacson (1952) afirma que aunque Da Vinci haya realizado dos de las pinturas más célebres de la historia: la Última cena y la Mona Lisa, él mismo se consideraba, por igual, ingeniero y científico. Con una desbordante pasión realizó estudios innovadores de anatomía, de fósiles, de pájaros, del corazón humano, de máquinas voladoras, de óptica, de botánica, de geología, de corrientes de agua y de armamento. Así se convirtió en el arquetipo del hombre del Renacimiento, como lo estipula Isaacson, entre muchos otros estudiosos de su vida y obra. La capacidad de Leonardo da Vinci para combinar arte y ciencia, simbolizada por su dibujo de un hombre completamente proporcionado con los brazos extendidos dentro de un círculo y un cuadrado, conocido como el Hombre de Vitruvio, lo convirtió en el genio más innovador de la historia. En la biografía, Isaacson afirma que las investigaciones científicas de Leonardo da Vinci conformaron su arte. Leonardo arrancó la piel de los rostros de los cadáveres, delineó los músculos que mueven los labios para pintar después la sonrisa más inolvidable del mundo. Estudió cráneos humanos, hizo dibujos en sección de huesos y de dientes para transmitir el sufrimiento de la extrema delgadez de San Jerónimo. Exploró la matemática de la óptica, mostró cómo inciden los rayos de luz en la córnea para conseguir la mágica ilusión del juego de perspectivas de la Última cena. El biógrafo confirma así que Da Vinci sentía un hondo respeto por la naturaleza en su conjunto y sintonizaba con la armonía de sus patrones, que veía reproducidos en toda clase de fenómenos, grandes o pequeños.

Walter Isaacson, Leonardo da Vinci. La biografía, traducción de Jordi Ainaud i Escudero, Debate, Ciudad de México, 2018, 592 pp.


Caravaggio: entre la oscuridad y el peligro

Andrew Graham-Dixon (1960) reunió durante una década las evidencias conservadas sobre la vida de Caravaggio para responder a muchas de las preguntas que durante años han perturbado a los investigadores. Revela las identidades de la gente corriente —prostitutas y mendigos— que el pintor usó como modelos para sus representaciones de escenas religiosas clásicas; describe lo que pasó realmente durante el fatídico y famoso duelo; y ofrece un convincente relato de las asombrosas circunstancias de su muerte. Michelangelo Merisi da Caravaggio vivió la más oscura y peligrosa vida de entre los grandes maestros de la pintura. En una disputa —narra Graham-Dixon—, Caravaggio mató a otro hombre y tuvo que huir a Nápoles y luego a Malta, donde escapó de la cárcel tras verse envuelto en otro episodio violento. Él mismo fue víctima de un intento de asesinato en Nápoles tiempo después. Murió a los 38 años mientras regresaba a Roma en busca del perdón papal por sus crímenes. Los ambientes de Milán, Roma y Nápoles en los que Caravaggio se desenvolvió son abordados con gran soltura por Graham-Dixon en Caravaggio. Una vida sagrada y profana.

Andrew Graham-Dixon, Caravaggio. Una vida sagrada y profana, traducción de Belén Urrutia, Taurus, Ciudad de México, 2012, 584 p.

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