Presentamos esta conversación con la escritora Olga Tokarczuk, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2018, y con su traductora del polaco al inglés Jennifer Croft. La entrevista se hizo el año pasado, en el podcast Think Again, a propósito del lanzamiento de la novela Flights en el mercado editorial estadunidense. Traducida como Los errantes, saldrá al mundo hispanohablante en noviembre en el sello Anagrama.


Jason Gots: Hola, soy Jason Gots y están escuchando Think Again, un podcast de Big Think.

¿Alguna vez te ha parecido extraño que logremos habitar dos realidades completamente distintas al mismo tiempo? En un nivel, tenemos a la razón y al sentido común para orientarnos en el mundo. Creamos un sentido narrativo de nuestra propia vida y nuestro ser, y transitamos nuestro día con un sentido provisional pero satisfactorio sobre qué demonios estamos haciendo. Y, en el otro nivel, no sabemos básicamente nada. Olvidémonos de la materia oscura y los multiversos, sólo miremos a los ojos de esa persona desconocida en el tren: hay un mundo entero ahí adentro del que no sabemos absolutamente nada.

Estoy aquí hoy con Olga Tokarczuk, quien ganó el premio Man Booker este año por su libro Flights [Los errantes, en español], y con la traductora del libro, Jennifer Croft. Flights es un ensamblaje de patrones de dibujos, cuentos cortos, ensayos fragmentados sobre viajar, movimiento… Mientras lo leía tenía la sensación de que su escritura es sobre estos dos mundos entre los que nos movemos. Orientación y desorientación, intentar hacer un mapa de la situación y luego perdernos dentro de ese mismo mapa.

Bienvenidas a Think Again, Olga y Jennifer.

Ambas: Hola, qué tal. Gracias.

JG: Me pregunto cuáles son algunas de las grandes diferencias en cómo los estadunidenses te hablamos a ti sobre tu libro respecto a cómo te habla la gente en Polonia…

Olga Tokarczuk: No hay tal diferencia, lo cual siempre me ha demostrado que la traducción es buena. Me hacen las mismas preguntas en mi país y en otros países, lo cual quiere decir que el libro fue traducido de forma excelente.

Jennifer Croft: [Risas] Le pagué mucho dinero para que dijera eso…

JG: No quiero empujar mucho el punto, y quizás no hay necesidad de hacerlo, pero, ¿no ves alguna diferencia cultural en el tipo de cosas que observa la gente o ante qué reaccionan, qué les causa shock o qué les sorprende?

OT: Claro que hay pequeñas diferencias en la reacción, en la manera de hablar, pero no en el interés sustantivo alrededor de este libro. Por ejemplo, estoy muy feliz de que los lectores estadunidenses se den cuenta de mi humor negro en este libro, porque esto no es tan obvio para todos, y aquí sí funciona. Y sí hubo preguntas sobre este tema del humor negro y el sentido del humor en general. Pero la pregunta es distinta porque el libro es viejo: se publicó hace 10 años en Polonia. Esto significa que yo estaba en el proceso de escribirlo incluso antes, 12, 13 años atrás, así que muchas cosas cambiaron de manera muy fuerte. Por ejemplo, la forma de viajar, la presencia de los teléfonos inteligentes en todos lados, cómo desaparece la interacción con los seres humanos en los mostradores del aeropuerto, en las estaciones del tren… Creo que volar, por ejemplo, volar ya no es tan exótico para mí como lo era 13 años, y para muchos tampoco. Pero los estadunidenses son viajeros; es la definición del estadunidense. ¿Moverse?

JG: Estar en movimiento hacia el Oeste hasta que lleguemos al mar. [Risas]

OT: Sí, sí, sí. Ésta es una buena forma de acercarse al libro por parte del lector estadunidense. Si soy franca, no pensé que este libro tuviera éxito aquí en Estados Unidos.

JG: ¿Por qué?

OT: Yo pensaba que los estadunidenses estaban acostumbrados a la novela clásica, realista; ese tipo de novelas son las que viajan de Estados Unidos a Polonia, así que tenía una visión distinta del mercado literario.

JG: Yo también estoy un poco sorprendido, porque siento que los estadunidenses y su cultura, como yo la entiendo, o su cultura popular, como yo la entiendo, es impaciente con lo que no se define de inicio, y tú, a veces, deliberadamente, confundes al lector en este libro. Es muy interesante cómo construiste este libro, porque hay fragmentos, pero esos fragmentos sí se suman, y hay patrones que forman un todo. Las cosas desaparecen y regresan; yo también habría pensado que los estadunidenses se hubieran impacientado con eso. Yo quiero un inicio, una mitad y un final. Quiero saber quiénes son los personajes, y qué sucede, pero, ¿quizás estamos madurando?

OT: No creo que esta sea una discusión sobre ser adulto como lector… [JG se carcajea]. Pero creo que la realidad hoy en día es muy demandante, y la realidad no es como era hace 15 años en la que todo era lineal y entendías qué representaba el Partido Republicano por sí mismo; había blanco, negro, había mucho orden en el pasado. Y ahora tenemos que vivir en una realidad que es completamente enmarañada, caótica, y tenemos que utilizar nuestras antenas para navegar en este nuevo mundo. Así que quizás nos tenemos que acostumbrar a este tipo de novelas, a este tipo de narrativa.

JG: Hay algo que me tranquiliza en la manera en que escribes, en la manera en que hablas de encontrar mapas y patrones y encontrar sentido, pero también en la manera en la que dejas que esas cosas se disuelvan. Me recuerda a un sueño, y tú escribes muy seguido sobre sueños. Todo tiene tanto significado y hay muchos detalles extremadamente importantes, pero al mismo tiempo se pueden disolver en un instante y entonces tenemos que… seguir.

OT: Este es el núcleo de la realidad, que es mucho más como un sueño que lo que quisiéramos admitir, porque, ¿qué significa la sociedad? ¿Qué significa la filosofía? ¿Qué significa la religión? Todo lo acomoda y lo arregla nuestra mente. Los medios ahora hacen un gran trabajo de “arreglar” todo, de ordenarlo, de mostrarnos qué es lo que ocurre y así… Pero como escritora me interesa un nivel mucho más profundo. Porque creo que estamos hartos de estos patrones que conocemos desde los medios y eso ya no funciona. Vemos algo falso en ello. Tenemos que enfrentarnos a las nuevas maneras en que se nos muestra la información, y tenemos la intuición de que hay algo más profundo, porque si vamos a ese nivel más profundo podemos organizar la información de una manera más inteligente. Así que también es atrayente para el lector tener que organizar y ordenar de una manera distinta.

JG: Para describirle el libro un poco a los lectores: hay ficción, hay no-ficción… dímelo tú. Pero hay partes que parecen estar ancladas a la realidad y que también se convierten en ficción…

OT: Usar términos como “ficción” o “no-ficción” es anticuado. Ya no funcionan. Tenemos noticias falsas que nos muestran que ya no hay frontera entre lo verdadero y lo falso. Yo insistiría en que esta es una novela muy realista del siglo XXI. Está fragmentada porque nuestro mundo está fragmentado. Esta novela refleja la realidad en la que vivimos. Percibimos cómo zumba la realidad en la televisión, así que tenemos que recolectar todo y hacer una sola cosa como representación. Así que esto es realista, estamos viajando en fragmentos, saltando del aeropuerto JFK en Nueva York a Washington, por ejemplo. En el viaje tenemos teléfonos inteligentes todo el tiempo en nuestras manos. Nos hundimos en otro mundo, viendo películas al mismo tiempo que viajamos, comemos, o lo que sea, así que vivimos en múltiples realidades al mismo tiempo. Las así llamadas “novelas realistas” de antes ya no son realistas ahora, porque son anacrónicas, porque la realidad ya no se ve como se veía hace tres siglos.

Olga Tokarczuk en la Berlinale de 2017, fotografía de Martin Kraft
con licencia de Creative Commons CC BY-SA 3.0.

JC: Yo no creo que el trabajo de Olga sugiera que no hay frontera entre lo que es lo falso y lo verdadero, al menos en un sentido ético. Me parece interesante que Olga esté tomando en cuenta que hay muchas ideas nuevas sobre el ser, ahora que ya no estamos en los tiempos en los que escribía Tolstoi o Flaubert, y sabemos que somos criaturas múltiples al mismo tiempo que, potencialmente, somos sólo un individuo, probablemente más que criaturas múltiples. Ella lo que dice es que la realidad es una cosa fragmentada. No que no exista, pero que vivimos en estas esferas dispersas como antes no hubiéramos podido hacerlo porque la tecnología no estaba ahí. El tiempo ha cambiado de cierta forma porque la tecnología ha evolucionado.

JG: Hablemos un poco sobre lo que sucede en el libro. Hay muchas historias o momentos sobre anatomistas o gente que conserva tejido humano, embalsamadores antiguos y nuevas técnicas de plastificación. Congelar el cuerpo humano tal y como está es un contraste ante toda esa idea de movimiento que atraviesa el libro, esa idea de que el movimiento es esencial para la vida, de que el movimiento es la vida, de cierta forma, y el intento de congelar el movimiento es un acto de asesinato. Al mismo tiempo sucede algo con esas descripciones; no es sólo una crítica pura de toda esa gente que busca conservar y entender al cuerpo humano. También hay un sentimiento positivo ante el amor por esa atención al detalle.

OT: Para mí, ponerle atención al detalle es lo más importante de mi escritura. Es el núcleo de la literatura. Detalles, una colección de detalles. Usar los detalles de una manera que modifique el sentido y el lenguaje de una experiencia en una cosa que le va a pedir algo a nuestros sentidos. Así que, detalles, detalles, detalles. Ése es el motivo por el cual estoy obsesionada con los detalles. Hice mucha investigación para este libro, y muchos de mis pequeños descubrimientos nunca salieron a la luz en el libro porque serían demasiados; sólo es una novela. Pero pasé uno o dos años estudiando historia de la anatomía en los Países Bajos.

JG: Al mismo tiempo hay una sección en el libro en la que hablas sobre viajar y sobre las guías de viaje y cómo las guías son un intento de conservar o recolectar detalles relevantes sobre un lugar. Hay una crítica sobre la atención al detalle, sobre intentar capturar la vida, ya sea a través de congelar un cuerpo o al escribirla perfectamente en palabras, cuando la vida quiere moverse y no quiere que la detengamos.

OT: Sí, este libro es una discusión infinita entre muchos puntos de vista. Es un libro irónico porque el libro intenta mostrar a la sociedad que siempre está en movimiento, mientras que, por otro lado, esta sociedad busca crear un tipo de filosofía sobre el movimiento. Como novela, este libro no busca la manera clásica, realista, de contar algo, de que el mundo es así y así y así. No. Mi propuesta, hay muchas propuestas y perspectivas, es que debería ser divertido para el lector leer algo desde este punto de vista y cambiar a otro después. Escuchar estos hechizos de una secta en Rusia sobre moverse y trascender, y del otro lado leer algo sobre el tejido del cuerpo humano atrapado en un frasco con formol. No hay explicación simple. No es una conferencia, no es un ensayo, no es una historia de principio a fin. Es un juego de cartas con muchos significados y sentidos.

JG: Quizás podemos hablar un poco sobre psicología del viaje. Aparece esta idea en el libro sobre la psicología del viaje: gente que da conferencias en aeropuertos a los viajeros.

OT: Yo soy psicóloga de profesión. Así que de vez en cuando me regresa este lenguaje psicológico, como pez en el agua. Y me gusta nombrar algo de manera psicológica, porque es un lenguaje muy artificial para las emociones normales de los humanos. Y a veces el lenguaje psicológico es simplemente gracioso. Pero también para decir algo sobre viajar, digamos, desde esta perspectiva cuasi-científica. Es un chiste.

JG: Hablemos un poco sobre la traducción. ¿Es cierto que éste es tu primer libro traducido al inglés? Yo no lo creería. Pero hay algo que leí: “debut en inglés”. ¿Qué significa eso?

JC: Creo que lo único que significa es que es su entrada al mercado anglosajón, pero ya había sido traducida de manera experta en dos libros anteriores en el Reino Unido por Antonia Lloyd-Jones, hace mucho tiempo. House of Day, House of Night y Primeval and Other Times son novelas excelentes y muy bien traducidas, que seguro se volverán a imprimir ahora. Y luego hubo un pequeño período de calma en el que buscábamos editorial para Flights, lo cual nos tomó 10 años. Más que un pequeño período, de hecho.

JG: Quizás la realidad tenía que adaptarse a la estructura fragmentaria de la novela…

JC: Algo así debió suceder. De hecho Antonia acaba de publicar otra traducción de Olga, la novela que publicó justo después de Flights, que se llama Drive Your Plow Over the Bones of the Dead. Esa novela acaba de salir en el Reino Unido y aparecerá el próximo año en Estados Unidos bajo el sello de Riverhead [traducida al español por Abel Murcia como Sobre los huesos de los muertos, en Siruela, 2016].

JG: Para ti como traductora, ¿cuáles fueron las preocupaciones principales y temas que aparecieron?

JC: Me gusta que hayamos mencionado el sentido del humor. Eso es algo que intenté… el sentido del humor es una de las cosas más difíciles de conservar… Realmente no estás conservando nada, lo estás desmantelando todo y construyendo algo nuevo con esas piezas. Es difícil transmitirlo. Pero es muy importante porque Olga se está enfrentando a temas tan trascendentales en un libro tan ambicioso. Se está enfrentando no sólo a la modernidad sino a la humanidad. Sin ese tono ligero e intermitente el libro sería un fracaso. Pero también hay algo muy accesibles en su prosa, algo atractivo en la prosa lírica, rítmica, que tiene. Algo en lo que también me enfoqué es en las redes de asociaciones que construye a través de las palabras, que conectan fragmentos que parecen desconectados; por ejemplo, el título original del libro en polaco, Bieguni, es el nombre de la secta ortodoxa que cree que para escapar del Diablo hay que mantenerse en movimiento constante y perpetuo. No es una palabra común en polaco, pero su raíz sugiere la palabra “correr”. De hecho una primera propuesta del título, que no hice yo, fue “Corredores”, y me rebelé porque no quería que se asociara sólo con esa gente que hace jogging, algo tan banal y tan poco representativo del libro.1

JG: Y también ignora el otro significado de la palabra Flight, que significa escape.

JC: Exacto. El punto es que tiene muchos significados: correr, volar, escapar, huir, pero también es simplemente un vuelo en avión, o imaginación y otras asociaciones… Encontré en la traducción que podía utilizar esa palabra con distintos significados a través de las distintas secciones. Era una manera de conectarlas a todas.

JG: Hay diferencias estructurales entre la lengua polaca y la lengua inglesa que son obstáculos constantes con los que tienes que lidiar. En términos generales, ¿hay algunas diferencias características entre ambos idiomas que presenten un problema interesante en la traducción?

JC: Sí. Mi favorito es la sintaxis, que es mucho más sexy de lo que suena.[Risas]

JG: La sintaxis es sexy. Yo te apoyo.

JC: Muchas gracias. Es algo sobre lo que la gente ha pensado mucho. Walter Benjamin escribió ese gran ensayo, The Task of the Translator [La tarea del traductor], que nadie en verdad entiende. Yo tampoco lo entiendo en verdad, pero habla sobre algo que llama the way of meaning, sobre lo que yo empecé a pensar como el orden de las palabras a partir de un ensayo de Samuel Webber, un gran filósofo. Susan Bernofsky, una excelente traductora del alemán, también ha hablado sobre la importancia de mantener intacto el orden exacto de las palabras, y si no, al menos el énfasis de una oración particular. Yo lo pienso como un microsuspenso, así que el orden en el que se te da la información puede ser muy importante, aunque a primera vista parezca que no lo es. Y el polaco tiene una gramática mucho mejor desarrollada, o más bien, en el inglés perdimos nuestra gramática con el paso de los siglos. El inglés germánico tomó los idiomas romances con la invasión francesa, e incorporamos otros elementos también. La gramática se empezó a descomponer, así que tuvimos que crear un léxico impresionante. Tenemos un vocabulario fabuloso que no tiene competencia de ningún otro idioma. Pero el orden de las palabras es esencial porque no tenemos ninguna otra manera de mostrar la relación entre ellas. En cambio en un lenguaje como el polaco el final de las palabras cambia dependiendo de cómo se utilizan en una oración. Así que si yo digo “Jennifer se come un sándwich”, sabes de lo que estoy hablando, pero si digo “Un sándwich se come a Jennifer” te confunde y hasta te alarma. Pero por la terminación de “sándwich” en polaco podría ordenarlo de ambas maneras y cambiaría qué sabes cuándo y qué se enfatiza. A veces siento que el peligro de cambiar el orden de las palabras a lo que resulta más común en inglés puede ser un error. Porque eso cambia la naturaleza del texto.

JG: Entonces hay veces en las que estás buscando conservar el suspenso de la sintaxis original, incluso si la oración en inglés no está configurada de una manera tan familiar.

JC: Exacto. También creo que Lawrence Venuti fue fundamental en la manera en que pensamos sobre los traductores con el libro A Translator’s Invisibility [La invisibilidad del traductor]. Creo que es importante que la gente recuerde que está leyendo un libro que no fue escrito originalmente en inglés, que están leyendo una coproducción. Creo que también sirve para expandir el lenguaje, para hacer el inglés más flexible y juguetón si la gente lee estas estructuras ligeramente modificadas…

JG: Eso debe tener un efecto cognitivo, como abrir la mente, porque estás enfrentándote a un tipo de fricción… tu cerebro tiene que bajar la velocidad un poco.

JC: Exactamente.

 

Jason Gots
Escritor y periodista, creador y conductor de múltiples podcasts como Think Again.

Traducción de Esteban Illades


1 En español el libro fue traducido como Los errantes. [N. del T.]

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