De la creatividad en el hacer reír: “La Visita de la Banda” de Eran Kolirin.

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Buscando en la cartelera alguna alternativa no tan obscura y clavada, pero tampoco tan palomera, decidí ver “La Visita de la Banda”, pues usualmente disfruto las películas relacionadas con música. Para mi sorpresa, la susodicha banda no nos deleitó con tanta música, pero sí con una película bordada a partir de detalles y elementos sencillos.

La película constituye una oda a lo patético, con un abanico de personajes que puedes relacionar seguramente con gente dentro de tus círculos sociales, en un ánimo de humor negro. La situación es trágicamente absurda desde el argumento principal: una banda de música típica de la policía egipcia llega a Israel a dar un concierto, pero se equivocan en la pronunciación de su lugar de destino y van a dar a un pueblo casi desierto. Ahí, perdidos en la inmensidad de un paisaje árido, deben pasar la noche pues sólo hay un autobús que los pueda llevar de regreso.

La trama se desarrolla entre pocos personajes, poco espacio y tiempo, contrastada por una profundidad de matices, situaciones banales y caracteres en situaciones que devienen cómicas, como la del galán del grupo, intentando adiestrar a un inexperto joven sobre los pormenores de la seducción… delante de la chica, en una atmósfera decadente de patines, disco-ball y rock & roll setentero.

“La Visita de la Banda”, reconocida por los festivales de Cannes, Tokio, Jerusalem, Varsovia, Zurich y el European Film Festival, destaca en el difícil género de la comedia, a través de recursos complejos como la sátira, la ironía y el humro negro dentro de un ambiente de patetismo y pocos elementos, lo cual resalta la inteligencia y oficio del director Eran Kolirin. Definitivamente, hay que ir a buscarla antes de que salga de cartelera presionada por los intereses económicos de los blockbusters veraniegos, pues “La Visita de la Banda” te arrancará una carcajada a través de historias sencillas construidas con acierto en un filme de tono gris luminoso.

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“Las Cenizas de la Luz” (2005)

Dir. Majid Majidi. Irán.

“Las Cenizas de la Luz” (2005) del director Majid Majidi atrapa al espectador a través de cuestionar los prejuicios del difícil tema de la ceguera, que tan de moda estuvo en Hollywood. Sin sensiblerías, narraciones grandilocuentes ni alegorías mesiánicas, el cineasta logra construir una cruda metáfora de lo que puede ser una visión de la historia personal de cada espectador.

Un profesor iraní de literatura, privado de la vista desde los ocho años, con una vida intelectual y personal aparentemente plena, constituye el centro de la historia. El protagonista vive en una comunidad familiar que lo arropa y lo impulsa constantemente. Sin embargo, la noticia de una operación que le permitirá recuperar la vista, articula la odisea de su regreso al mundo visible. Dicha etapa comienza con una entrañable secuencia, donde presa de su impaciencia, decide comprobar si la intervención fue un éxito aún antes de la fecha señalada por los médicos. Yousseff se quita las vendas de los ojos, todavía mal heridos y eufórico comienza una vida nueva, que arranca en una celebración de alegría por los pasillos del hospital.

Y es aquí donde el director  ajusta con precisión y acierto el tono de la cinta: evita las tentaciones de los sentimentalismos baratos del descubrimiento extático de un mundo nuevo, donde subyaciera la moraleja de “la belleza de cada cosa simple, que damos por sentada los que gozamos del privilegio de la vista”. Majidi nos transporta a descubrimientos más vastos y profundos de la ambivalencia humana.

El regreso de Yousseff a su país marca el interés del ojo cinematográfico: en el aeropuerto, en un escandalosa recepción por parte de su familia y amigos detrás del vidrio de llegada, el personaje principal en estado de shock intenta ubicar los rostros de sus relaciones, en una metáfora del encuentro y desencuentro con su mundo afectivo.

Ver a otros ciegos desata en al protagonista hacia un episodio prácticamente de locura y furia, y atestiguamos su proceso de reconfiguración de su identidad ante esta nueva condición. Lejos quedan las frases simplistas que podrían dar un sentido a esta etapa de la narración, como sería “Yousseff recibe el regalo de la vista”.

Aunque aparentemente el personaje se transforma en un ser iracundo y mal agradecido, el filme pone en cuestionamiento si se puede vivir dentro de la conmiseración de los integrantes de su entorno, y lo lleva a tal punto, que este hombre prácticamente vomita la piadosa actitud en la que se ha visto envuelto durante años, incluso si fue por necesidad. Cualquiera que sea el partido que tome el espectador, su mente quedará nublada por la vorágine de cuestionamientos que “Las Cenizas de la Luz” dejan entrever, al grado que retomará la polémica y el inesperado final del filme varios días después, en una suerte de ecos del propio pasado…

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