Contiene spoilers.

Tras el impresionante capítulo precedente “Los despojos de la guerra”, para muchos el mejor de toda la saga(no será la primera ni la última vez que esto se afirma), “El guardia del este” funciona como preámbulo en la recta final de la serie, cuyo eje central es la gran batalla mesiánica que enfrentará a vivos y muertos por el control del nuevo mundo. La consolidación de Bran Stark como Señor de los cuervos nos revela, en una visión que concilia lo arcano y lo órfico, el aciago porvenir que se avecina: un ejército de miles de caminantes de la noche anuncia una batalla épica, como lo hemos esperado todos con una ansiosa emotividad.

A pesar de esto, no todo es perfecto en el episodio. Como muchos espectadores se han dado cuenta con otros capítulos de la temporada, en la narración de Game of Thrones hay cada vez más incongruencias de orden espacio-temporal. La separación entre escena y escena falta de transiciones para explicar el rápido y a veces inexplicable desplazamiento de personajes centrales de un lugar a otro.

Sir Bronn es uno de esos (varios) personajes únicos de Game Of Thrones. Su habilidad militar, su astucia, su irreprochable encanto, su discurso —que oscila entre el cinismo y la ironía— y sobre todo su incomparable suerte, le han permitido a este mercenario salvar sus intereses y hacerse rico, pero proteger a Jaime Lannister va a ser una empresa casi suicida. El mortífero combate con Drogon es sólo el abrebocas de lo que tendrá que desafiar.

Por su parte, Danaerys da muestras de un mensaje claro y una voluntad firme; tiene claro que no desea ser como su padre, “el Rey Loco”, pero tampoco piensa ceder terreno en su lucha por el trono que le pertenece por derecho. No obstante, su forma de gobernar podría traerle muchos enemigos, incluso dentro de su propia casa.

Cersey Lannister, la reina malévola e incestuosa, la despiadada asesina que personifica el alcance del odio se ve ahora completamente acorralada. Aparentemente no tiene ninguna oportunidad para ganar esta batalla y no le queda otra ficha por jugar que la diplomacia. Sin embargo, cualquier espectador sabe que Cersey es más peligrosa que los tres Dragones de Danaerys. La vileza de sus métodos no conoce límites y mientras ella viva y tenga nuevas razones para atacar, cualquier cosa puede suceder.

El dragón es el símbolo de Game of Thrones por varias razones: tiene un protagonismo indiscutible en el imaginario mitológico de la cultura germánica medieval en historias como El Hobbit o el Beowulf, influencias innegables de la colección escrita por George R. R. Martin; además, el dragón condensa toda la fantasía, belleza y la muerte que se enuncia en cada episodio de la saga; pero, sobre todo, el dragón es una bella bestia tan fascinante como impredecible. Ese equilibrio de fascinación e imprevisibilidad le ha valido a Game of thrones un lugar esencial en el imaginario de nuestra cultura popular, un lugar análogo al de relatos míticos anclados al interior de ciertas culturas antiguas. Personalmente, creo que las grandes series de televisión concretizan de alguna forma la idea que Friedrich Hölderlin, poeta romántico por excelencia, proclamó cuando afirmaba que cada época tenía su propia Nueva mitología.1

“El guardia del este” nos presenta dos reencuentros emotivos y ambivalentes: los hermanos Lannister, uno parricida y otro incestuoso, se reúnen a pesar de tener tantos motivos para quererse como para matarse; y Sir Jorah Mormont regresa finalmente a las filas de Danaerys, como si el destino lo hubiera recompensado por la soledad y el sufrimiento de su exilio con la maravillosa cura a ese extraño mal draconiano que destroza la piel como si fuera lepra.

Littlefinger es un maestro en el juego de disfraces, complots y traiciones. Su maquiavélica cizaña busca suscitar un fuerte conflicto entre las hermanas Stark con la finalidad de retomar protagonismo y control de la situación. Arya, que lo conoció cuando servía en la corte de los Lannister, buscará la forma de hacerlo caer. Sin embargo, las tretas de Littlefinger son misteriosas y letales. Así como su presencia fue decisiva para el regreso de la casa Stark al poder en Winterfell, su ausencia podría serlo para su declive.

Eastwatch, punto límite entre los dominios ocupados por los caminantes blancos y el norte, es el lugar en donde se forja un escuadrón especial liderado por Jon Snow con el fin de hallar pruebas definitivas sobre esta gran amenaza y alcanzar una unión humana in extremis.

Así pues, todas las cartas están puestas (bocabajo) sobre la mesa. Las semanas corren y sólo quedan dos capítulos para el final de esta memorable temporada.


1 El programa del idealismo romántico alemán, conocido como Systemprogramm, fue ideado en conjunto por Hegel, Höilderlin y Schlegel. Uno de sus postulados declaraba la exigencia de una “Nueva mitología” cuya finalidad radica en hallar el equilibrio entre estética y filosofía, entre belleza e ideas. Una edición bilingüe alemán/español puede descargarse en formato PDF aquí.

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El Instituto Francés de América Latina (Ciudad de México) abre sus puertas a los seguidores de Remedios Varo en lo que al principio iba a ser una función única y se convirtió en seis proyecciones repartidas a lo largo de dos semanas del documental Remedios Varo tan imprevisible como invisible.

La cinta, dirigida por el español Toni Espinosa, realiza un recorrido bastante panorámico, en poco más de una hora, de la vida y obra de Remedios Varo, la “Bruja, pintora y escritora”1 nacida en el pequeño pueblo catalán de Anglès. Desde el principio, se pone sobre la mesa el tema de la nacionalidad de la pintora surrealista, que nació española pero en su madurez artística fue adoptada por la surrealista Ciudad de México: “los mexicanos nacemos donde nos da la chingada gana”, diría alguna vez Chavela Vargas.

El documental se compone de una polifonía de testimonios de allegados a la pintora, imágenes de archivo histórico y pinturas acompañadas por la voz poética de un narrador que repasa los capítulos más importantes y desconocidos en la existencia de la celebrada artista: su interés por lo psíquico y lo científico, su reveladora estancia parisina, su larga y peculiar relación con el poeta francés Benjamin Péret, su corto pero potente florecimiento artístico en México, su repentina muerte a tan solo 54 años de edad e incluso los pormenores de su enigmático carácter.

De hecho, más que supersticiosa, muchos le atribuyen a Remedios Varo una personalidad bastante proclive a la teatralidad y lo performativo. Cuentan por ejemplo, que cada vez que oía la palabra “culebra” o “serpiente”, tocaba algún objeto de madera inmediatamente y versaba una pequeña contra. Sin embargo, su sobrina Beatriz Varo declara que sus constantes conjuros, manías y cambios de humor formaban parte del personaje como tal, de esa máscara que quiso modelarse de sí y para sí misma.

En cuanto a su trabajo plástico, la película menciona sus principales influencias pictóricas: El Bosco, Goya y los surrealistas que frecuentó durante su paso por la Escuela de Bellas Artes San Fernando (Dalí, Picasso y compañía). Dato curioso: nos enteramos de que Remedios también copió obras maestras para venderlas como originales cuando su bolsillo así lo demandaba.

Asimismo, uno de los ángulos abordados por el realizador es el de la marginalidad. En efecto, el hecho de ser mujer, extranjera y artista exiliada le trajo muchos inconvenientes a Remedios durante toda su vida: sus nupcias obligadas con Gerardo Lizarraga para salir del yugo protector de su familia, su encarcelamiento entre 1939 y 1940 por el régimen franquista, y la hostil recepción que le dieron Diego Rivera y el círculo de pintores mexicanos al huir de la guerra en Europa y exiliarse en la capital. Pese a todos los inconvenientes, la historia de superación y lucha de Remedios es hábilmente trazada por Espinosa: la artista supo ganarse rápidamente el saludo de la crítica, convirtiéndose en una figura inevitable y su obra se difundió en seguida por el único país que actualmente cuenta con una colección exclusiva de la pintora.

Así pues, al final del documental el espectador se queda con la misma sensación que procura el ver sus obras: esa impresión de que al observar atentamente siempre se puede encontrar un nuevo detalle, un nuevo rostro o un espejo que será la llave que abre la puerta de la “cuarta dimensión”, esa que tanto obsesionó a Remedios Varo hasta el final de sus días.

Camilo Rodríguez
Twitter: @Cajme


1 Así se autodenominaba ella, según cuenta Beatriz Varo, su sobrina.

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Directores: David Lynch & Mark Frost
Género: Thriller psicológico, soap opera.
Formato: Serie
Año: 1991, 1992 y 2017
País: Estados Unidos

David Lynch es uno de esos genios incomparables en el mundo del cine y la televisión. Sus métodos, sus temas y sus ideas han probado que es un artista visionario y polifacético. Conocido por explorar el lado oscuro del mundo onírico en sus cortometrajes de juventud, y por dominar como pocos el thriller psicológico (Blue Velvet, Lost Highway, Mullholland Drive), Lynch también es célebre por sus extravagantes publicidades (que van desde perfumes, hasta pruebas de embarazo), de manera que el adjetivo “lyncheano” se aplica a aquello que guarda un aire de misterio o extrañeza. Pues bien, desde hace un mes el realizador atrae las miradas del público televisivo con la tercera parte de la mítica serie Twin Peaks, cuyas dos primeras temporadas vieron la luz en 1991 y 1992 (¡Sí, hace más de 25 años!). Músico, fotógrafo y cineasta originario de Missoula (Montana, EEUU, 1946), Lynch marca otro precedente en su larga trayectoria pues ha logrado mantener a la mayor parte del elenco original sin que la trama de la serie se vea seriamente afectada pese al paso del tiempo. Por el contrario, la tercera temporada de Twin Peaks cumple la promesa de Laura Palmer (Sheryl Lee), personaje nuclear de la serie, que anunciaba en el último episodio de la segunda temporada: “I’ll see you again in 25 years”, le diría al agente especial del FBI Dale Cooper, el protagonista.

Como este suceso, muchas otras circunstancias que colindan con lo poético envuelven la serie: varios de sus actores han fallecido ya, pero las escenas que los solicitaban fueron realizadas antes de su deceso y luego editadas para ser añadidas a los episodios. El guión parece construir así su propia cosmología y no teme mezclar las enseñanzas budistas con el ocultismo de las culturas amerindias, el folklore popular de la mitología nórdica y el humor negro norteamericano. Asimismo, un conjunto de objetos-fetiche para los seguidores de la serie componen su flora y fauna: los registros sonoros guardados por el protagonista en donde describe el pueblo de Twin Peaks y da un reporte de su investigación al FBI; o el diario de la hermosa y joven víctima en el cual da cuenta de esa aterradora aparición que irrumpe en su habitación todas las noches y la lleva finalmente a una terrible muerte; o todo un repertorio de personajes que componen este encantador lugar y parecen salidos de la Antología de Spoon River (1915) de Edgar Lee Masters.


Las chicas del One eye’s Jack, burdel fascinante y sombrío de Twin Peaks.

Sin embargo, estamos en 2017 y hemos visto pasar series tan aclamadas como Breaking bad, Los Sopranos o Game of thrones que han transformado no solamente el formato y las estrategias de la narración audiovisual, sino también el modelo ético y estético del héroe y los personajes secundarios. Las preguntas que surgen entonces son las siguientes: ¿Qué tiene que decirnos una serie como Twin Peaks al día de hoy? Teniendo en cuenta la inagotable oferta audiovisual de las plataformas televisivas (Netflix, Blim, etc.) ¿Vale la pena regresar a Twin Peaks?

Una serie visionaria que no se repite

Muchos televidentes saben que la aclamada serie Stranger Things (Netflix, 2016) tuvo un origen bastante inusitado: un estudio de marketing digital determinó las tendencias del público de series en varios lugares del mundo.1 Gracias a los algoritmos de búsqueda2 y al estudio de los analistas de Netflix, se llegó a la conclusión de que la fórmula exitosa era un thriller psicológico con elementos de misterio paranormal, personajes juveniles y ambientación al final de los años 80 en pueblo rural recóndito de los Estados Unidos. No obstante, David Lynch & Mark Frost construyeron Twin Peaks con dichos elementos muchos años antes.


El agente especial Dale Cooper (Kyle MacLachlan) y el Sheriff Harry Truman (Michael Ontkean) investigan el asesinato de Laura Palmer (Sheryl Lee).

Por otro lado, podría esperarse que la continuación de Twin Peaks fuera tan sólo la repetición de los momentos y los personajes excepcionales de sus temporadas anteriores. Nada más lejos de la realidad. La tercera temporada rompe con el ritmo detectivesco y pintoresco de la primera temporada, pero también va más allá del universo fantástico y próximo de la Soap opera3 que propone la segunda temporada. Los personajes no tienen giros engañosos destinados a atrapar a la teleaudiencia ni mucho menos aluden a situaciones del pasado con fines informativos. Siguen siendo ellos mismos, hacen lo mismo que tendrían que hacer 25 años de vida (cinematográfica) más tarde.

Por esto, los primeros episodios de esta nueva temporada no tienen piedad con el espectador nuevo, no le hacen ningún regalo y retoman el curso de la trama y los cabos justo en donde quedaron sueltos.  Así pues, se recomienda a los interesados ver las respectivas temporadas antes de lanzarse a los episodios disponibles en Netflix. ¿Por qué? Estas son algunas de las razones.

La primera temporada (1991): un éxito sin par


El funeral de Laura Palmer reunió a la singular comunidad de Twin Peaks.

Al final de 1991, la cadena televisiva ABC puso al aire la primera temporada de Twin Peaks, eran 8 capítulos de 45 minutos. La serie se convirtió en un éxito inmediato y ABCduplicó su teleaudiencia: la serie de Lynch y Frost se situó en el top 5 de la televisión al reunir a más de 30 millones de espectadores en promedio.4

La trama detectivesca se inscribe en la dicotomía de un pueblo norteamericano con una vida apacible, inocente y hermosa en el día, pero de noche llena de perversiones y extrañezas escondidas que despiertan. La llegada del agente especial del FBI Dale Cooper a Twin Peaks por el asesinato de Laura Palmer, la joven más amable y hermosa del pueblo, comienza a desvelar todos los misterios y a sacar a flote los conflictos de sus habitantes.

La segunda temporada (1992): el protagonismo de lo sobrenatural


El subjefe amerindio de la policía local Hawk (Michael Horse) —a la derecha— siguió al agente Cooper en una investigación que supuso pistas como sueños, visiones y mensajes cifrados del servicio espacial norteamericano.

En busca de un éxito todavía mayor, la cadena ABC cambió de franja a la serie, y sus ejecutivos pidieron a David Lynch que ajustara los episodios para conocer la identidad del asesino en mitad de la segunda temporada. Lamentablemente, los creadores no tuvieron otra opción más que ceder a la voluntad de la cadena, y la estructura de la temporada, planeada para 18 episodios, se vio seriamente afectada. Así, esta entrega fue difundida como una continuación de la anterior, con su mismo ritmo narrativo, una temática y dicotomía similares, lo cual supuso un gran error, pues lo fantástico y paranormal irrumpe desde el episodio piloto (que comienza con la visión de un gigante que da pistas al agente Cooper). Todo esto derivó en una disminución considerable de la teleaudiencia, los aullidos de la crítica5 y en todas las razones esenciales por las cuales David Lynch declaró que, aparte del capítulo piloto y un par de episodios, no se siente orgulloso de la temporada.6 Sin embargo, a pesar de las urgencias de producción y reescritura, Lynch logró entregar un producto de gran calidad que sigue fascinando a miles de adeptos.

Así pues, en la segunda temporada el agente Cooper y la policía local descubren al asesino de Laura Palmer y se dedican a investigar varios crímenes vinculados a este —raptos, complots y agresiones. Todo esto conduce a Cooper y al Mayor de la Fuerza Aérea norteamericana Garland Briggs (Don S. Davis) a la búsqueda de la Logia Negra, un extraño lugar de actividad paranormal escondido en el corazón del bosque que rodea el pueblo de Twin Peaksy cuya entrada comunica con una dimensión desconocida.

La tercera temporada (2017): una promesa es una promesa


Tammy Preatson (Chrystia Bell), agente encubierto del FBI, investiga el extraño misterio que envuelve al ex-agente Cooper y a su extraño doble (doppelgänger), habitado por Bob (Frank Silva).

En la tercera entrega se retoma el desarrollo del universo paranormal, espiritual y alegórico que culminaba con la desaparición del agente especial Dale Cooper en el episodio final de la segunda temporada. Con un ritmo narrativo lento, los planos son largos, abiertos y muy teatrales. La trama empieza con el misterio de la Logia Negra, ese espacio simbólico del inframundo que está representado en la mitología de Lynch por las cortinas rojas y habitado por personajes bizarres como el Gigante (Carel Struyken), el Hombre de otro lugar (Michael J. Anderson), Mike (Al Strobel) o Bob (Frank Silva), encarnación última del mal. Producto de este espacio, el doble malvado o doppelgänger7 del agente Cooper queda libre para actuar en la tierra.

Al mismo tiempo, dos extraños homicidios ocurren en lugares diferentes de Estados Unidos pero están relacionados con el pueblo de Twin Peaks, y el “verdadero” agente Cooper logra salir de la Logia Negra pero encarna (o vuelve a nacer) en el cuerpo de un vendedor de seguros y por supuesto ya no sabe quién es ni qué hace allí. Así pues, las escenas simbólicas y densas, tan habituales en películas como Mullholand Drive o Lost Highway son mucho más frecuentes en estos nuevos episodios, que además culminan con una escena en The Roadhouse, el bar habitual de Twin Peaks en donde vemos tocar a grupos como Nine Inch Nails o Au revoir Simone.

En resumen, si pudiéramos asociar las temporadas de Twin Peaks a las películas de David Lynch, diríamos entonces que las primeras dos temporadas son a Blue Velvet lo mismo que la tercera temporada es a Lost Highway.


Los extraños habitantes de la Logia Negra retienen al agente Cooper.

Por esto, todo aficionado a las series que se considere como tal debería confiar en la nueva entrega de Twin Peaks y darle la oportunidad a Lynch, Frost y su gran equipo que vuelve después de tanto tiempo. Es lo mínimo que se merecen.

 

Camilo Rodríguez
Escritor y consejero editorial.


1 Para más información: ‘Zapping de medios: “Stranger Things”, la obra maestra del algoritmo de Netflix’, en La voz.

2 Algoritmos  diseñados para encontrar los patrones de búsqueda repetidos en una o varias bases de datos y así determinar las tendencias en un marco estadístico.

3 Este término se refiere a los programas televisivos norteamericanas de los años cincuenta, difundidas en horario vespertino para captar a las amas de casa. Su nombre obedece al constante patrocinio de marcas de jabón en estos programas.

4 Para más información, consultar: “Twin Peaks. El destino azaroso de una serie ‘modelo’”, en La fuga.

5 Entre estos aullidos vale citar, por ejemplo, esta crítica destructiva y poco argumentativa de Ángel Fernández Santos: “David Lynch cierra de forma mediocre su serie ‘Twin Peaks’”, en El País.

6 Tomado de: “Twin Peaks: ¿Por qué odia David Lynch la segunda temporada?”, en OK Diario.

7 En el folklore germano, el doppelgänger es la aparición de un doble que representa la dualidad, dicotomía y bipolaridad que habita en el ser humano.

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Director: Lana, Lili Wachowski & Joseph Michael Straczynski
Género: Ciencia-ficción
País: Varios países (México, E.E.U.U., India, U.K, Islandia, Alemania, Korea del Sur, etc.)
Aparición: Octubre de 2015 (2 temporadas)

Para quienes la desconocen, Sense8 es una serie de Netflix que no deja de suscitar controversias en redes sociales, foros web y todo tipo de cafeterías y bares en las grandes ciudades del mundo. ¿Por qué se habla tanto de Sense8? Razones no faltan. En primer lugar, el proyecto fue escrito y dirigido por Lana y Lili Wachowski, conocidas como Larry y Andrew Wachowski antes de declarar su cambio de género en 2012 y 2016 respectivamente.1 Quizás puede refutarse que este es un hecho banal, pero esa indefinición genérica constituye justamente su segunda fuente de controversia, pues el principio argumental de la producción es ambicioso y bastante original.

En pocas palabras, la trama puede resumirse así: a raíz del suicidio de una mujer, ocho desconocidos provenientes de distintos lugares de todo el mundo desarrollan una conexión mental, emocional y virtual que les permite interactuar a pesar de la distancia. Con el transcurrir de la historia, los integrantes del  grupo de “Sensates” se van conociendo mejor hasta poder ayudarse a resolver sus problemas personales, y en particular para enfrentar al Doctor Whispers —conocido también como “El cazador”—, un extraño científico perteneciente a la compañía BPO (Biologic Preservation Organisation), un organismo dedicado a erradicar a todos todos los Sensates del mundo con miras a preservar la “pureza biológica” del ser humano ordinario.

Desde Bombay hasta Pekin, pasando por Berlín, Ciudad de México y desde luego Los Ángeles, el espectador visita los lugares más emblemáticos de cada ciudad y asiste a las escenas más rocambolescas. Como si de un grupo de superhéroes se tratara, cada “sensate” se va caracterizando por una habilidad y una debilidad especial, de manera que, por ejemplo, hay un hacker especializado en infiltrar sistemas y recuperar cualquier tipo de información de la web, pero también sufre el rechazo y la persecución social por el hecho de ser un transexual militante y ahora reconvertido en mujer —evidente guiño de las Wachowski a su propia existencia. Otro de los personajes emblemáticos de Sense8 es Lito Rodríguez, un reconocido actor mexicano, viril y guapo, que protagoniza películas y series de acción pero cuyo secreto mejor guardado es su homosexualidad y su profundo miedo a perder su vocación a causa de ello. Así pues, estos personajes no solamente provienen de diversos continentes y representan a dichas sociedades, sino que además encarnan problemáticas actuales que imperan en nuestra época y se hacen cada vez más visibles como la lucha de la comunidad LGBT o el hacktivismo. Esto permite que un sinnúmero de fanáticos de la serie admiren y/o se reconozcan en ellos.

El desfile del orgullo gay de 2016 es representado por Lito Rodríguez, un actor mexicano que decide confesar su homosexualidad y arriesga su carrera artística.

Sense8 tiene dos temporadas que no disminuyen en calidad, aunque ambas tienen picos y baches. Es de notar que, para la segunda temporada, Andrew Wachowski no está presente en la realización ––según algunos2 debido al proceso psicológico y físico que supuso su cambio de género que hizo oficial en marzo de 2016. Los primeros tres capítulos pueden resultar confusos para el espectador, pues en ellos el principio dramático de la serie aún no es claro para los propios personajes, que apenas van descubriendo su interconexión. De hecho, las historias que se entremezclan contienen características de géneros cinematográficos distintos como lo son, por ejemplo, el melodrama de tintes cómicos, el thriller policíaco o la historia sangrienta de una venganza. Las secuencias de erotismo y acción están particularmente bien logradas, pues los largos planos sensuales y los movimientos acrobáticos responden a una estética que las Wachowski conocen bien y que han desarrollado en sus anteriores realizaciones (The Matrix, Ninja Assasin o V for vendetta). Destacan particularmente las orgías sugeridas en la primera temporada con el capítulo “Demons” y en la segunda con el episodio piloto “Happy Fucking New Year”, que dura dos horas. Asimismo se disfruta mucho con la línea dramática de Sun, una luchadora de Judo de origen chino que proviene de una familia acomodada y libra una historia de revancha contra miembros de su propia familia, al mejor estilo de Kill Bill.

Sin embargo, de la segunda temporada se lamentan sobre todo dos hechos: por un lado el cambio del actor Aml Emeen por Toby Onwemeer en la interpretación de Capheus, el conductor de camión originario de Kenia. Aparentemente, el actor de la primera temporada se mostró en desacuerdo con algunos lineamientos que Lana Wachowski impuso al personaje.3 Y por otro lado, se nota una constante inclusión de secuencias musicales en cámara lenta en donde los personajes bailan y cantan en grupo, lo cual llega a ser tedioso porque no avanza en nada la trama (solo reafirma el principio dramático de la serie), además se siente un poco falso en los personajes de carácter más duro y recio (Will Gorski, el policía norteamericano, y Wolfgang, el mafioso alemán) y busca conmover sin sutileza alguna al público.

Una de las escenas apoteósicas de la serie (Demons) expone una orgía virtual entre heterosexuales, homosexuales y un transexual .

La cancelación del proyecto: una estrategia de marketing

Pese a sus pequeños desperfectos e inconsistencias, Sense8 ha causado furor desde su aparición en 2015 y sus fanáticos en las cuatro esquinas del mundo esperaban con ansiedad los adelantos de la tercera temporada para este año. Lamentablemente, el pasado 1º de junio Netflix anunció que la serie fue cancelada por razones financieras. Desde luego, el coste de una producción de tales magnitudes (ocho locaciones en ocho países distintos y un sinnúmero de escenas de acción desbordantes con persecuciones en coches, helicópteros y aviones incluidos) derivó en 9 millones de dólares por capítulo —aun así 2 millones menos que la también aclamada y cancelada The Get Down. A parte de un pequeño anuncio en redes sociales que menciona el problema económico de la producción, la cadena televisivano se ha pronunciado más. Hace dos semanas Ted Sarandos, jefe de contenido oficial de la serie, rompió su silencio respecto a las cancelaciones de The Get Down, Sense8 y otras cuatro producciones anuladas por Netflix. El productor confesó que “el gran coste” puede “estar bien para una audiencia enorme” pero “un show de gran coste para una pequeña audiencia es demasiado duro incluso para un modelo como el nuestro”. ¿Pequeña audiencia? Eso parece. Aunque cuenta con más de 98 millones de usuarios en todo el mundo, Netflix esperaba llegar a los 100 millones con este tipo de producciones, lo cual destrozó la rentabilidad del producto. A pesar de las apariencias el presupuesto de esta plataforma funciona igual que el de una cadena televisiva tradicional, que avanza siempre y cuando la producción responda con buenos números.4 Desde esa óptica, para Netflix es más rentable comenzar nuevos proyectos a un costo menor y así conquistar una nueva audiencia de suscriptores que continuar con las series que siguen los viejos abonados.

El personaje de Caphius fue interpretado por dos actores diferentes en cada temporada: Aml Emeen (izq.) y Toby Onwemeer (der.)

Ahora bien, la pregunta que se plantea en este punto es si los seguidores pueden conservar la esperanza de que la productora termine la serie en un futuro quizás lejano. Por lo pronto, es difícil especular frente al silencio general de la cadena. Pese a esto, no es imposible imaginar una película que se filme en Londres para darle (aunque sea) un final a la saga. De hecho, la inclusión de una película para completar la historia de una serie no sería una novedad, pues ya se ha visto con la mítica serie de culto Twin Peaks (1990-1991 // 2017) de David Lynch. En un principio, Lynch se planteó cerrar el ciclo de la historia con Fire walk with me (1992), una cinta no muy aclamada por los seguidores. Quizás a raíz de ese sinsabor, el director decidió retomar la serie con el elenco original y lanzarla al aire 26 años después precisamente en Netflix.

Aunque no se puede anticipar un final para Sense8, sí se puede pensar que esta no será la última serie que se cancele antes de tiempo.

Camilo Rodríguez
Escritor y consejero editorial.


1 Tomado de: http://www.semana.com/gente/articulo/hermanos-wachowski-cambian-de-sexo/468673

2 Tomado de: http://www.sensacine.com/noticias/series/noticia-18542432/

3 Tomado de: http://mouse.latercera.com/por-que-cambio-el-actor-que-interpretaba-capheus-en-sense8/)

4 “Sarandos also spoke about the recent cancellations of original Netflix series The Get Down and Sense8, explaining, that ‘big expensive’ shows ‘for a huge audience is great’ but ‘a big, expensive show for a tiny audience is hard even in our model’.”  Tomado de: http://deadline.com/2017/06/jerry-seinfeld-ted-sarandos-netflix-produced-by-1202111017/

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En este documental nominado al oscar, el realizador haitiano Raul Peck construye un panorama histórico de la segregación racial en Estados Unidos.

Director: Raoul Peck (Puerto Príncipe, Haití. 1953)
Género: Documental
Guión: Raoul Peck & James Baldwin
Narración: Samuel Jackson (en inglés), Joey Star (en francés)
País: Haití-Francia-Estados Unidos
Año: 2017

Para hacer un retrato de esta gran pieza del cine documental militante es indispensable hablar de su director, Raoul Peck. Peck proviene de Haití, el primer país de Latinoamérica en conseguir su independencia, el país donde la rebelión esclava logró expulsar al invasor francés del ejército napoleónico, un invasor que durante años omitió esa parte de la historia en su versión “oficial”. No obstante, Raoul Peck sabe que la versión oficial siempre es engañosa, pues —como bien escribió George Orwell en 1984—  la historia está escrita por el vencedor, que no es más que la parte que controla el ejército más poderoso.

Para muchos, la presidencia de Barack Obama simboliza la reivindicación de los afroamericanos en Estados Unidos, pero el director de I am not your negro cree que este hecho representa un avance bastante tímido si se le confronta con la evidencia de más de cuatro siglos de humillación y oprobio. Según él: “un solo presidente no basta para cambiar la mentalidad de un país”1 y, de hecho, muchas de las medidas tomadas bajo el gobierno de Obama al final sólo favorecieron al establishment de Estados Unidos, el mismo país que eligió a Donald Trump como presidente.

El realizador haitiano Raoul Peck durante la grabación de su tercer largometraje Sometimes in april dedicado al exterminio de 1994 en Rwanda.

Además de periodista y fotógrafo en los inicios de su carrera, Raoul Peck fue ministro de cultura de Haití por casi dos años, experiencia que relata en su libro Señor Ministro… Hasta el borde de la paciencia (2016). Durante ese tiempo, Peck logró comprender que “todo cambio real en la sociedad toma tiempo, toda iniciativa individual está destinada al fracaso a largo plazo, y el verdadero cambio se hace con el pasar de los días, a partir de una consciencia colectiva”.2 Desde entonces, el militantismo estuvo presente en cada una de sus creaciones. Por supuesto, todas sus películas abordan el problema del racismo en diferentes lugares del mundo y especialmente en África, su segunda patria. Lumumba, la muerte de un profeta (1990) es un documental biográfico sobre la muerte de Patrice Lumumba, líder independentista y primer ministro del Congo, asesinado en 1961 por soldados congoleses bajo órdenes expresas del ejército de ocupación Belga. El hombre en los muelles (1993) es la evocación del régimen del terror instaurado por la casta política de los Duvalier —mandatarios de Haití durante la mayor parte del siglo XX y hasta el 2014— a través del relato de una niña de 8 años. Asimismo, Sometimes in April (2005) aborda el terrible genocidio de más de un millón de personas en Rwanda, con la particularidad de haber sido  la primera producción filmada en el lugar de los hechos y bajo la perspectiva de las víctimas del conflicto, cosa impensable para la época a causa de la amenazante tensión política. De la misma manera, I am not your negro tiene una historia muy especial, pues parte de la admiración de Raoul Peck por el escritor afroamericano y abiertamente homosexual James Baldwin (1924-1987). Baldwin cuenta que, a sus 24 años, quedó bastante afectado a raíz de un incidente que sufrió en un restaurante en donde se negaron a servirle de comer y lo expulsaron por el color de su piel. Consciente de la amplitud del problema, Baldwin decidió emigrar a Francia, país en el que pasó la mayor parte de su vida y escribió el diario y la novela inconclusa que Peck usaría como hilo conductor de su película.

El escritor norteamericano James Baldwin vivió expatriado en París desde 1948.

Los pasajes del texto están habitados por una triste amargura, porque a pesar de su trágica situación, Baldwin se sentía conflictuado por su condición privilegiada con respecto a la mayoría de afroamericanos y por su ausencia física en la batalla política que libraban sus amigos más queridos. De hecho, la película reconstruye el panorama de esta lucha bajo el retrato de tres activistas políticos esenciales en la novela de Baldwin y en la historia norteamericana, quienes, por azares de la desgracia, fueron asesinados antes de cumplir los 40 años: Medgar Evers (1924-1963), primer activista en lograr la aceptación de los estudiantes afroamericanos en la universidad pública de Misisipi; Martin Luther King (1929-1968), pastor bautista y militante pacífico que se opuso a la Guerra de Vietnam, a la segregación racial en todas sus formas y que soñó con el derecho al voto para la población negra en Estados Unidos; y Malcolm X (1925-1965), ministro religioso musulmán y orador que se declaraba “otro más de los 22 millones de negros víctimas del norteamericanismo”,3 pregonó el nacionalismo negro y murió de doce balazos antes de dar un discurso en la ciudad de Nueva York.

Entre impecables fotografías de archivo, videos de la represión policíaca de los años 50, 60, y 70, y fragmentos de los textos de Baldwin narrados con gran intensidad por el cautivador Samuel L. Jackson, el espectador va descubriendo la estrecha relación que unió a James Baldwin con estos tres personajes y sobre todo la congruencia en su denuncia de las tendencias destructivas y los profundos problemas de ética que padece la sociedad norteamericana. Al estrenar esta obra, Peck trata de llamar la atención sobre la vigencia y actualidad del conflicto racial en el mundo, pues hay un sinnúmero de manifestaciones racistas que han sido toleradas, normalizadas y ridiculizadas por la industria televisiva, publicitaria y cinematográfica de Occidente desde hace varias décadas y continúan viviendo en nuestros días.4

Malcolm X, Martin Luther King & James Baldwin.

Con un estilo particular que se mueve entre lo personal y lo histórico, entre lo político y lo poético, Raoul Peck logra efectuar una crítica mordaz de lo norteamericano pero también explota la eficacia en la transmisión del mensaje, propia del lenguaje cinematográfico de Hollywood, sin reducirse a este, por supuesto. Dando muestras de una exhaustiva investigación, Peck saca a la luz y reitera pasajes no oficiales u “oscuros” —una expresión que sin duda hubiera molestado a Malcolm X por la carga peyorativa que rodea el lenguaje alusivo a lo negro—5 de la celebrada y “heroica” historia. La coherente y equilibrada disposición de estos recursos le valió al director Raul Peck varios reconocimientos tales como el Premio del Público en el Festival de Berlín y en el de Toronto, el premio al mejor documental en el Festival de Filadelfia y la nominación a “Mejor documental” en los premios Oscar.

Camilo Rodríguez
Escritor y editor en Éditions Maison des Langues


1 Entrevista traducida y tomada de: http://www.lesinrocks.com/inrocks.tv/raoul-peck-le-racisme-est-devenu-quotidien-et-ne-sarrete-jamais/

2 Entrevista traducida y tomada de: http://www.rfo.fr/infos/culture/cinema-raoul-peck-le-rebelle_208.html

3 En su célebre discurso “La bala o el boletín” (“The ballot or the bullet”), Malcolm X problematiza sobre la urgencia de crear una consciencia unificada en las votaciones y, de no ser tenida en cuenta la participación política de su comunidad, advertir sobre el inicio de una guerra civil armada. Disponible en línea: http://faculty.atu.edu/cbrucker/Amst2003/Texts/Ballot%20or%20the%20Bullet.pdf

4 De acuerdo con el testimonio del propio realizador haitiano: “El racismo se volvió cotidiano y no se detiene nunca”, entrevista de http://www.lesinrocks.com/inrocks.tv/raoul-peck-le-racisme-est-devenu-quotidien-et-ne-sarrete-jamais/

5 Malcolm X popularizó la sentencia “Lo negro es bello” (“Black is beautiful”), que inspiró al movimiento cultural reivindicativo afroamericano que la adoptó como su nombre y lema.

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Neruda
Director: Pablo Larraín
Género: Romance
Guionista: Guillermo Calderón
Elenco: Gael García Bernal, Luis Gnecco, Mercedes Morán, Emilio Gutiérrez Caba.




Luis Gnecco interpreta al emblemático poeta Pablo Neruda, cuyo nombre real era Neftalí Reyes.

La cinematografía de Pablo Larraín se concentra en las secuelas históricas y sociales que trajo la tiranía de la derecha en Chile. Aunque Neruda (2016) no escapa de este marco, la atmósfera y el tratamiento de la amenaza política es completamente diferente al que se percibe en películas suyas anteriores, como Tony Manero (2008), Santiago 73: post mortem y No (2014)en las cuales el suspenso domina y los traumas de la violencia política emergen en cada escena. Con una perspectiva más bien alegre, Neruda aborda los años de 1947 y 1948, años críticos en la vida de Chile y del poeta chileno que murió tan solo diez días después del golpe de estado que mató a Salvador Allende y puso a Augusto Pinochet en el poder.

Apoyado por la mayoría del congreso —incluyendo la facción comunista encabezada por Neruda—, Gabriel González Videla tomó la presidencia y declaró la funesta Ley maldita1en 1948. Esto dio lugar a una masiva y sistemática persecución de todo aquel que estuviera afiliado o conectado de alguna forma con el Partido Comunista Chileno.Numerosos simpatizantes, hombres de letras y militantes del comunismo tuvieron que partir al exilio.

En las primeras secuencias de la película,Neruda aparece como un orador excepcional, un hombre encantador con fuertes tendencias ególatras, y un comunista burgués que habla de proletariado mientras actúa como aristócrata. No es difícil imaginarse a Neruda con todas esas cualidades y conflictos internos. Sin embargo, seguimos la historia bajo la narración de su perseguidor (con voz en off), el agente federal Oscar Peluchonneau, un tipo reaccionario, calculador y algo tonto a quien Gaël García interpreta atinadamente, como si de un detective caricaturesco se tratara. Al advertir las secuencias en donde se oye la vozen off nos damos cuenta de que ese Neruda se desenvuelve demasiado bien en cada situación; logra burlar a sus perseguidores con gracia, al mejor estilo de Catch me if you can; siempre les deja un libro policíaco diferente como una migaja de pan; termina su velada en compañía de una o varias mujeres hermosas para hacer una bacanal bohemia, como lo haría James Bond. Entonces comprendemos que esa es la imagen “poetizada”y anticomunista que el policía tiene de su presa, un fantasmagórico retrato que no necesariamente se ajusta alNeruda de carne y hueso (si algo así puede existir en un biopic). Esa versión idílica le resta un poco de espontaneidad y verosimilitud a algunas situaciones de la película en virtud de una majestuosidad a veces postiza. No obstante, hay un contrapunto interesante que se teje entre las voces en off (Neruda leyendo sus poemas o el agente Peluchonneau hablándole a su perseguido) y las escenas que transcurren paralelamente en la pantalla. De hecho, conforme va avanzando el filme se va notando que el inminente peligro que acecha a Neruda pierde fuerza y realidad, hasta que las escenas finales confirman una hipótesis borgeana que el espectador se va haciendo poco a poco: Peluchonneau no existe, es la encarnación de un fantasma, la proyección del miedo que va carcomiendo a Neruda con más fuerza cada vez.


Gael García, un habitual en la filmografía de Larraín, personifica al agente Oscar Peluchonneau.

Si pensamos en la importancia del poeta chileno para su pueblo —Neruda es “El” poeta por excelencia, el modelo de intelectual latinoamericano, emblema de la oposición al régimen, además de premio Nobel de literatura— es comprensible que el tono de algunas escenas sea grandilocuente y en ocasiones demasiado preciosista. No obstante, hay que reconocer los riesgos que tomó el director al poner en evidencia ciertas facetas del poeta como alguien rodeado de lujos, de carácter megalómano y muy fascinado por el poder. De cualquier manera, según Larraín, su objetivo en la película es enteramente opuesto al de una cinta histórica, puesto que trata más bien de celebrar el arte y el compromiso (aún inmerso en las paradojas de la realidad) de su protagonista. En varias entrevistas, el propio Larraín ha insistido en su intención de hacer un filme “no realista”.2

En cuanto al aspecto literario de Neruda, la película muestra momentos cumbre de su recorrido como por ejemplo la concepción del Canto General,3 publicado en México en 1950,y las célebres declamaciones del “Poema 20”de Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), acaso el libro de poesía más leído en lengua española: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche / escribir por ejemplo: la noche está estrellada / y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.” Esos instantes están retratados con singular magia en un ambiente solemne en donde todo el pueblo oye y siente las palabras de su bardo.

Por lo demás, Neruda es una realización muy bien lograda —la fotografía es impecable,  sus decorados y la ambientación son finas y precisas— que propone un retrato lírico y a la vez fantasmagórico sobre un hombre a priori intocable, sobre uno de los íconos más relevantes de la poesía latinoamericana del siglo XX.  


Representación de la célebre fotografía de Pablo Neruda y su segunda esposa, Delia Delcarril, pintora y poeta argentino-chilena, cuando el poeta recibió el cargo de cónsul en México.

 

Camilo Rodríguez
Escritor y editor en Éditions Maison des Langues.


1 Llamada “Ley de defensa permanente de la democracia” fue un decreto de 1948 que prohibía la participación política del partido comunista en Chile. Una avalancha de persecuciones y exilios forzados tuvieron lugar en los tres años que le siguieron.

2 Tomado de la entrevista de Pablo Larraín para Telerama Francia.

3 Poemario que Neruda escribió entre 1938 y 1950. Concebido como un canto épico por su larga extensión (231 poemas) y su temática (una nueva épica fundacional de América latina como un mismo pueblo unificado), El canto general es concebido por muchos críticos como la obra más importante y ambiciosa del poeta chileno.

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A continuación se aborda la discusión que provocó un curioso grupo de activistas en los Estados Unidos: su lucha se basa en el rechazo rotundo hacia el pintor francés hasta exigir que se retiren sus pinturas de todas las salas de exhibición.

Este dibujo me tomó cinco minutos,
pero sesenta años para llegar a él.
—Pierre-Auguste Renoir

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¿Qué pasaría si una horda de manifestantes furibundos exigiera retirar todas las obras de Diego Rivera de los museos y salones de arte en México? Pues bien, evidentemente esto generaría una gran controversia. Las figuras emblemáticas del arte siempre tendrán tantos detractores como seguidores. La reciente discusión en torno a la producción de Pierre-Auguste Renoir (Limoges, 1841-1919), célebre pintor francés y tímido representante del impresionismo, comienza a atraer la atención de artistas, críticos y amantes del arte en todo el mundo.

Impulsado por su reprobación y aversión hacia la obra de Renoir, el norteamericano Max Geller, estudiante de derecho, decidió crear una cuenta de instagram alimentada con el hashtag #RenoirSucksAtPainting. Poco a poco, se tejió un movimiento de personas alrededor de este enemigo común, y en el mes de abril de 2015 Max Geller se encargó de enviar una petición al gobierno norteamericano exigiendo retirar todos los cuadros del francés de la National Gallery of Art, en Washington D.C. En octubre del mismo año, se organizó una manifestación de algunas decenas de personas frente al Museo de Bellas-Artes de Boston que clamaba por retirar de la exhibición todas las obras de Renoir. ¿Bajo qué argumentos? El grupo de haters acusa a Renoir de “degradar el buen nombre de las Bellas Artes”, de ser burdo e impreciso al representar los objetos y sobre todo de corromper al público con su “terrorismo estético”. Se critica igualmente su trazo difuso, carente de definición en las siluetas y el “mal uso” que hace de los colores con su luminosa paleta. La protesta tiene algo hilarante y prejuicioso. Hay también un tradicionalismo y un moralismo insospechado detrás de las críticas a su estética: no solamente se acusa a Renoir de pintar tonos mortecinos o manos sin dedos (“Put some fingers on those hands!” se leía en algunas de las pancartas) sino de depravar a los jóvenes y a los artistas de las nuevas generaciones —acaso como Sócrates, acusado y sentenciado a muerte por la mayoría de los miembros de la polis.

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Imágenes tomadas de la cuenta de Instagram Renoir sucks at painting.

Por falta de firmas, la petición de Washington fue dejada de lado por el gobierno, pero el entusiasmo con #RenoirSucksAtPainting aumentó considerablemente. Además del sector tradicionalista norteamericano de Boston, Washington y Nueva York, algunos estudiantes de artes plásticas de Harvard y otros detractores del arte de Renoir en París, comenzaron a sumarse a esta singular causa. En nuestros días las redes sociales permiten vehicular todo tipo de contenidos, pero hay que ser conscientes de que el rechazo o el odio siempre cobran más relevancia que cualquier otra emoción. Gran parte de la fama de sujetos como Donald Trump, Cristiano Ronaldo o Justin Bieber no viene necesariamente de sus acciones en sus respectivos campos de acción, sino del desprecio y la ira que generan per se. El problema en este caso es que, dada la banalidad de los comentarios que circundan en este grupo de indignados (otro de sus lemas: “Dios odia a Renoir”), pone en duda la seriedad de sus propósitos. Lo más irónico del caso es que #RenoirSucksAtPainting ha tenido sobre todo un efecto positivo en la fama del pintor. Justamente a finales de febrero de este año el Museo de Bellas Artes de Bilbao inauguró una exposición cinematográfica dedicada única y exclusivamente al pintor parisino.

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“Desnudo en un paisaje” (« Nu dans un paysage »), 1887, óleo sobre tela, Princeton University Art Museum.

Podríamos admitir que el preciosismo1 de la pintura de Renoir y su voluntario descuido de la composición son cuestionables si se comparan con algunos de sus contemporáneos como Paul Cézanne, quien llevó la presencia de la luz casi hasta la desfiguración (o re-figuración) de los objetos, lo cual fue precisamente uno de sus aportes revolucionarios al arte moderno y fue por ello considerado precursor del cubismo. No obstante, el propio Renoir admitió que su pintura no pretendía alcanzar un ideal de lo bello sino más bien algo agradable y simpático a los ojos (“l’aimable et le jolie”). En sus propias palabras: “para mí un cuadro debe ser una cosa amable, alegre y bonita, ¡sí, bonita! Hay bastantes cosas fastidiosas en la vida para que nosotros fabriquemos todavía otras más”.2 Evidentemente, sus “retratos amables” están enfocados en lo sensual y lo ornamental, lo cual no resta calidad a su arte. Se sabe que ni Renoir ni ningún otro pintor de este movimiento querían plasmar en el lienzo las cosas “tal y como son en realidad”. Es obvio que exigirle verosimilitud o precisión a Renoir en esta etapa de su pintura es completamente obtuso. De hecho, las vanguardias artísticas se fundan, entre otras cosas, en un ataque directo hacia el realismo y el clacisismo, como bien lo advierte Octavio Paz al hablar de “la tradición de la ruptura”.

Así pues, podría parecer que los miembros del “Renoir sucks at painting” bromean al exponer sus pintorescos propósitos, pero la mayoría de estos detractores —que esgrimen unas débiles razones éticas para denigrar a Renoir— está bastante convencida de lo que quiere. Pese a esto, habrá seguramente algunos estudiantes de arte que se unieron al grupo porque lo encontraron gracioso y original, así como haría el dandy Charles Baudelaire en 1848 cuando encontró, delante de su casa, una turba furibunda que exigía la muerte del General Aupick (su padrastro, con quien se llevaba relativamente bien) ; el poeta resolvió unirse al cántico, riendo desde lo más profundo de sí mismo.

La primera exposición impresionista tuvo lugar en Londres en el año de 1874. Los jóvenes talentos invitaron a varios pintores de renombre a formar parte de la muestra así como al grueso de la crítica de arte más importante de Europa. El resultado fue catastrófico; ninguno de los grandes maestros aceptó participar —Monet, por ejemplo, pretextó que su estilo y la temática de su obra no combinaban con la exposición—, y los críticos londinenses y parisinos se burlaron de los jóvenes pintores calificando su práctica como “una batalla en contra de lo bello”. Pueden ser sorprendentes las vueltas del eterno retorno: el espíritu reaccionario de aquellos años sigue viviendo en el movimiento de Max Geller y la mediatización de los odios tiene, hoy, más caminos que nunca.

 

Camilo Rodríguez
Escritor y consejero editorial en Éditions Maison des Langues Mexique.


1 Aquí no me refiero al preciosismo en tanto que movimiento pictórico sino a la excesiva sutileza, refinamiento y perfección estilísticas.

2 “Pour moi un tableau doit être une chose aimable, joyeuse et jolie, oui jolie ! Il y a assez de choses embêtantes dans la vie pour que nous n’en fabriquions pas encore d’autres.”

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Lo complicado era cómo interpretar a un actor que es mejor que tú.
Andrés Parra, a propósito de la serie El Comandante

En los primeros años del cine se acuñó el término Biopic (Biographical motion picture) para designar una película basada en la vida de un personaje importante o famoso. Con el tiempo, este género cinematográfico —cuyos límites son bastante difusos— ha sido adaptado a la televisión. Así pues, las telenovelas recreaban, durante sus cortos episodios, los momentos más dramáticos en la vida de dichas figuras. Este fenómeno recuerda la literatura por correspondencia del siglo XIX. En la Francia de Balzac, Stendhal y Sade, los lectores (en su mayoría, un público femenino) esperaban con impaciencia las nuevas entregas que llegaban por correo cada semana o cada mes, y luego se dirigían a los gabinetes de lectura para devorarlas con avidez.

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En los últimos años, las telenovelas han perdido terreno con respecto a las series y las grandes cadenas como HBO, Sony o Fox gestaron lo que hoy día se conoce como teleserie. Llama la atención el gran éxito que el biopic ha tenido en el público latinoamericano, cosa que las plataformas audiovisuales Netflix, FX o Amazon entendieron a la perfección, y por ello las han incluido en su amplia oferta.1

¿A qué se debe este interés de los latinoamericanos por el biopic? ¿Reminiscencias del realismo mágico? ¿Morbo explotado por la industria televisiva (una oleada que viene desde los melodramas de los años sesenta y desemboca en las narconovelas)? ¿Interés del televidente por conocer su propia historia e identificarse (o no) con ella? Quizás todas estas razones formen parte de la respuesta.

Recientemente, las vidas de personajes como Juan Gabriel (Hasta que te conocí, Telemundo), Pablo Escobar (Narcos, Netflix y El patrón del mal, Caracol Televisión) y Joan Sebastian (Por siempre, Blim) han ocupado las pantallas de América latina, acumulando una cantidad insospechada de teleaudiencia. A esta larga lista, se agregará la teleserie El Comandante, basada en la vida del expresidente Hugo Chavez Frías. La emisión se estrenará en toda Latinoamérica a partir del mes de febrero de 2017 y podrá verse en México por Televisa, según lo anunció la unidad latinoamericana de Sony Pictures Television (STP), cadenas que trabajan en coproduccion en la serie. No se sabe a ciencia cierta dónde pero se dice que los rodajes ocurren entre Brasil, Colombia y México donde Sony tiene sus oficinas latinoamericanas.

Un hombre como Hugo Chávez, de carácter, elocuencia y carisma incuestionables, es un personaje perfecto para el despliegue de una gran actuación y un gran show. El actor caleño Andrés Parra, de amplia trayectoria en teatro, cine y televisión, encarnará al polémico mandatario venezolano. Curiosamente, Parra se ha hecho bastante famoso por haber personificado a Pablo Escobar en la teleserie colombiana El patrón del mal. De hecho, el actor reconoció que su intención al interpretar a Hugo Chávez era justamente desmarcarse del estigma que le había dejado el personaje de Escobar (en la calle, la gente no lo llamaba “Andrés” sino “Pablo), razón por la cual no accedió a la propuesta de Netflix para interpretarlo en la serie Narcos.

Es interesante constatar el trabajo de preparación de Andrés Parra para meterse en la piel de Chávez: clases con una maestra de entonación y voces para afinar su tono, investigación bibliográfica sobre la historia política de Venezuela, incontables sesiones escuchando y observando las intervenciones del comandante en las cumbres internacionales, en la radio y en su conocido programa “Aló presidente”; todo esto para captar los gestos, el ritmo y la esencia del encanto que suscitaba el hombre.

Ahora bien, vale la pena aclarar que los biopics no son (y quizás no tienen por qué ser) versiones 100% fieles a la historia —o a la versión oficial de la historia. No obstante, la crítica y el periodismo cultural suelen acusar las imprecisiones históricas presentes en películas y series. No hay ningún problema en ello, pero en nuestros días son muy pocos quienes creen ciegamente en la versión televisiva o cinematográfica de los hechos, pues la mayoría es consciente de que el cine y la televisión dan un tratamiento especial a los sucesos históricos, un tratamiento que también se apoya en la ficción. No obstante, la realización de una serie sobre la vida de Hugo Chávez conlleva una polémica en cuanto a la exactitud de los hechos y en cuanto a una toma de posición ideológica.

Antes de su aparición en la pantalla chica, la serie El comandante ha sido objeto de críticas por parte de los representantes del Partido Socialista Unido de Venezuela, al cual pertenecía Chávez. Ellos afirman que la serie busca tergiversar los hechos para retratar al ex mandatario como un monstruo. Por otro lado, la oposición en Venezuela cree por que el programa va a idealizar al ex presidente. En cualquier caso, la última palabra la tiene el público. A ese respecto, el realizador Juan Felipe Cano —uno de los directores de la serie— declaró que es muy difícil que una producción televisiva cambie la visión que las personas tienen sobre Chávez: “(…) Quienes lo admiran lo seguirán haciendo y quienes lo critican, también. (…)”.2 Pese a ello, hay que reconocer que la pregunta no es del todo errática, ya que los medios audiovisuales están estrechamente ligados al mundo de la ficción e igualmente al de la política.

Basta pensar en hombres como Vladimir Putin o Donald Trump para constatar que ciertos elementos de la dramaturgia son determinantes para consolidar un gobierno. El caso de Trump salta a la vista puesto que el actual presidente de los Estados Unidos animó un teleshow entre 2004 y 2015,y ahora resulta amarga la declaración de Barack Obama al decir que “Gobernar un país es un trabajo serio, no es como animar The apprentice”. Por desgracia, Obama estaba equivocado.

En cuanto a Putin, su filiación con las artes escénicas es más compleja, ya que el jefe de estado ruso tuvo que instruirse en la simulación en sus días como espía de la KGB y luego como director del Servicio Federal de Seguridad (SFS). Además, Putin no solamente cuenta con un equipo para la asesoría de su imagen, sino que además es uno de los mejores alumnos del australiano Allan Pease, uno de los mayores especialistas en el lenguaje corporal: "le enseñé cómo parecer más amigable en televisión y cómo evitar los gestos agresivos", afirma Peasson.3 Por cierto, Putin, asistente del alcalde de San Petersburgo en aquel momento, era un estudiante muy inteligente y muy capaz. A juzgar por sus niveles de popularidad y sus triunfos sucesivos en las elecciones, Putin tiene una estrategia gestual y escénica que es todo un éxito. El mandatario no solamente es más reconocido en el mundo que el mismo país que dirige, sino que existe toda una línea de productos moldeados a su imagen y semejanza, como lo son muñecos de juguete, playeras, una línea de perfumes, comics, etc.

Desde luego, el oficio político no puede reducirse a un plan de marketing mediático y un buen manejo actoral, pero son elementos fundamentales y, lo que es ciertamente preocupante, poco a poco están desplazando las otras cualidades gubernamentales de los jefes de estado. No en vano las apariciones mediáticas de Hugo Chávez día a día formaban parte esencial de su proyecto político. Probablemente, muchos venezolanos admiraban la gestión política y los programas de desarrollo social y económico que puso en marcha. Sin embargo, Chávez despertaba virtudes que el latinoamericano reconoce como propias, como lo son la astucia y el vigor. En la figura de Chávez se resumía igualmente la fortaleza de carácter, la simplicidad y el origen humilde que el latinoamericano, por lo general, adopta en su fuero interno. Todas estas cualidades, que el comandante encarnó a la hora de retar a gobernantes del mal llamado “primer mundo” y a hombres poderosos como banqueros o empresarios provocó un deseo de reconocimiento similar al que embarga a un telespectador cuando se refleja en el protagonista de su programa favorito.

Camilo Rodríguez
Escritor y consejero editorial en Éditions Maison de Langues.


1 La exitosa serie American crime history (2015) relata la historia del controvertido jugador de fútbol americano y actor O.J. Simpson. En noviembre de 2016, Netflix estrenó The Crown, una teleserie que trata sobre el mandato de la Reina Isabel. El plan de los realizadores es hacer seis temporadas y comprimir 10 años esenciales en la vida de la Reina Isabel en cada una. Por su parte, Amazon destaca con su serie Mozart is in the jungle, basada en la vida del maestro de orquesta venezolano Gustavo Dudamel y ganadora al premio de “mejor serie cómica” en los Golden Globes.

2 Entrevista otorgada por Andrés Parra al diario El Espectador, de Colombia.

3 Tomado del artículo Las claves del lenguaje corporal de Putin, aparecido en el diario Russia Beyond the Headlines.

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Desde hace más de cincuenta años, el conflicto armado en Colombia ha provocado un sinnúmero de situaciones tan dramáticas como excepcionales. Este fenómeno ha dado lugar a una importante producción literaria. La gran mayoría (por no decir todos) de los escritores colombianos de renombre han abordado, aún de manera periférica, algún punto de esta lamentable situación. Cientos de obras se escriben y se seguirán escribiendo al respecto, pues el público lector busca por lo general dos cosas: satisfacer el morbo por la violencia de la actualidad, o bien ahondar en la comprensión de esta compleja y dolorosa realidad. Proponemos a continuación, sin orden particular, una selección de libros recientes, destinados más al segundo que al primer grupo de lectores.

Rebelión de los oficios inútiles (2014, Alfaguara), Daniel Ferreira

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En los años setenta, un grupo de campesinos sin tierra invade un terreno árido ubicado en las cercanías de un pueblo colombiano. Esta lucha de clases por una “tierra de nadie” es el telón de fondo de La Rebelión de los oficios inútiles. La novela es un punto de encuentro entre varias luchas que se manifiestan bajo diferentes puntos de vista y voces narrativas, a la manera de una crónica fragmentada. Encabeza la narración un decaído hacendado llamado Simón Alemán, quien trata de mantener el terreno que su familia ha conservado por generaciones. Asimismo, Ana Larrota lidera un grupo de trabajadores que luchan por recobrar un lote idílico del que fueron expulsados injustamente, y Joaquín Borja, un apasionado periodista, intenta hacer un seguimiento de los hechos, a veces sin mucho éxito. Así pues, los oficios inútiles y las ilusiones infructuosas de cada protagonista se convierten en el reflejo de la realidad social e individual de un país herido por un interminable conflicto.

Dime si en la cordillera sopla el viento (2015, Alfaguara), Santiago Jaramillo

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Esta gran novela parte de un cuadro conmovedor: un hombre observa curiosamente una fotografía en blanco y negro. Las mujeres que se encuentran en ella parecen disfrutar de un excepcional momento de alegría. Por esta razón, el hombre decide lanzarse en busca de ese tiempo perdido y desentraña poco a poco la historia de su propia familia, los Polanía, quienes se instalaron en la región del Huila (al suroccidente colombiano) en la década de los treinta. Todo el relato está estructurado bajo diversos testimonios familiares y cuenta la historia desde su éxodo hasta su  ruina financiera, permeada por sus conflictos cotidianos y, sobre todo, por la violencia causada por el bipartidismo en el país. Como gran parte del pueblo colombiano, los Polanía tardaron mucho en comprender y aceptar sus propios problemas hasta que su victimización ya es inevitable. Entre la narración testimonial y la prosa poética, Santiago Jaramillo da prueba de madurez literaria y de un conocimiento profundo de la realidad que toca su novela.

Abraham entre bandidos (2010, Alfaguara), Tomás González

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Ambientada en los años cincuenta, Abraham entre bandidos ahonda en la compleja temática del secuestro y la formación de las primeras guerrillas en Colombia. Abraham y Saúl son dos amigos secuestrados por un grupo armado liberal que encabeza Enrique, uno de sus antiguos compañeros del colegio. Presa del pánico, Susana, esposa de Abraham, se refugia en los felices recuerdos de su familia y, poco a poco, va reviviendo la historia del conflicto armado en su vida.

Con esta novela, el celebrado escritor Tomás González va más allá de la dicotomía víctima/victimario para mostrar los problemas sociales que yacen al fondo de la violencia que azota al país. Según las propias palabras del autor, más allá de explorar la situación del secuestro o del narcotráfico —ya tantas veces tratado—, el relato reflexiona sobre el interminable tema de “la lucha entre la vida y la muerte”. Una prosa equilibrada entre lo sobrio y lo profundo, rica en  descripciones concisas, complace a las nuevas generaciones de lectores en Colombia.

El olvido que seremos (2006, Seix Barral), Héctor Abad Faciolince

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A pesar de no ser una novedad editorial, este relato testimonial —que se resiste a entrar de lleno en el género novelesco— lleva más de 10 años fascinando a lectores en toda hispanoamérica. Tras su lectura, Mario Vargas Llosa sintió un imperativo deseo de conocer al autor y la consideró su “mayor experiencia como lector en los últimos diez años”.2 El olvido que seremos es un recorrido por la dolorosa experiencia de Abad Faciolince tras el asesinato de su padre a manos de un grupo paramilitar.3 Héctor Abad Gómez fue un gran médico, hombre de vasta cultura y abanderado de la ayuda humanitaria en Colombia. Sus acciones trajeron el agua potable a diferentes lugares de Antioquia, y sus columnas de opinión en diferentes periódicos hicieron reaccionar al país con respecto a las desapariciones forzadas y los secuestros perpetrados por los grupos paramilitares y las FARC. Traducido a más de 4 idiomas y laureado con premios internacionales como EL WOLA-Duke en Derechos Humanos, el Prémio Criacao Literária América Latina de Portugal, El olvido que seremos es un relato fluido, llano y cautivador.

El incendio de abril (2012, Alfaguara), Miguel Torres

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Segunda obra de la trilogía que inicia El crimen del siglo (2006) y aún espera la tercera aparición, El incendio de abril es hasta ahora la más emocionante en términos de acción y drama. La novela, de claro corte teatral se sitúa entre la ficción y la realidad para seguir los eventos acontecidos tras el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán, famoso líder político del partido liberal. La trama se enfoca principalmente en los grupos gaitanistas y las acciones que emprendieron desde el 9 de abril de 1948 en contra del gobierno, los terratenientes más importantes de Bogotá y la Iglesia católica. Miguel Torres sabe retratar el sinnúmero de propósitos y especulaciones que tuvieron lugar después de los embates catastróficos que sufrió la ciudad de Bogotá tanto en sus fachadas y construcciones como en su coyuntura social.

Víctimas pero no siempre (2016, Ícono), Esther Rebollo / Ander Izaguirre

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Gracias a la iniciativa de la ONG Oxfam Intermon, encargada de ayudar a personas que viven en situación de pobreza y exclusión como las víctimas del desplazamiento forzoso, este libro reúne diversos testimonios de personas que sufrieron la violencia del conflicto en diferentes sectores del país: ya sea en la región del atlántico colombiano, en las profundidades del Guaviare o en las inmediaciones de Soacha, municipio próximo a Bogotá. Esta publicación, dirigida por los periodistas Esther Rebollo y Ander Izaguirre, busca servir como lugar de expiación del dolor y depósito de la memoria colectiva. Desde la perspectiva de las personas agredidas o sus familiares y prójimos, somos testigos de las diversas secuelas que deja la guerra en la población y participamos, desde lejos, en sus procesos de duelo.

En el brazo del río (2006, Hombre Nuevo Editores), Marbel Sandoval

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La masacre de Vuelta Acuña, uno de los conflictos más graves que azotaron al Magdalena medio durante la década de los ochenta, es el tema que trata el doble relato de Sierva María y Paulina. Estas dos jóvenes nos cuentan cómo se vivió la guerra desde lejos y desde cerca. Una de ellas habla desde la muerte —su cuerpo fue el único desaparecido luego de la masacre— mientras que la otra nos habla según lo que ha escuchado, visto y leído en los medios, o por boca de terceros, al investigar la misteriosa desaparición de su amiga. La estructura de En el brazo del río permite entonces concebir problemas externos e internos a la guerra, indispensables para entender el trasfondo de la misma. Corrupción, inequidad social, violencia y miseria son abordadas con profundidad y sencillez por la periodista y escritora bogotana Marbel Sandoval Ordoñez, quien ejecuta un contrapunto narrativo equilibrado y de un desarrollo notable.

Los Ejércitos (2006, Tusquets), Evelio José Rosero

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Publicada en Barcelona, Los Ejércitos es una de las novelas más dicientes y críticas respecto de la versión oficial histórica sobre el conflicto armado. Ganador del premio Tusquets en 2006, el relato se convirtió en una de las referencias obligadas en las investigaciones sobre literatura de la violencia en Colombia: San José es un pueblo idílico en donde Ismael, un profesor jubilado, y Otilia, su bella esposa, viven desde hace casi cuarenta años. Sus vidas transcurren entre las labores bucólicas, los episodios violentos de la guerra, y un erotismo singular que Ismael personifica al practicar voyeurismo hacia su vecina. Entonces una gran oleada de desapariciones y asesinatos provoca un horror inusitado en toda la región. La situación política se va recrudeciendo de manera que, poco a poco, la mayoría de la gente empieza a escapar. La desaparición de sus vecinos hará reaccionar a Ismael y a su esposa. Sin embargo, a pesar de las circunstancias, Ismael decide quedarse en San José.

Desterrados: crónicas del desarraigo (2001, El Áncora editores), Alfredo Molano

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Emblema de una prosa moderada y realista, Alfredo Molano echa mano de sus conocidas habilidades como cronista y sociólogo para descifrar el secreto que esconde el drama del desplazamiento forzado de un grupo de 7 colombianos exiliados paradójicamente en su propia patria. Molano, quien fue amenazado por el enfoque contestatario de sus columnas periodísticas, decidió escribir este libro desde España al enterarse del asesinato del humorista y político Jaime Garzón. La potestad de las tierras y el uso de los recursos naturales han sido un tema muy debatido en Colombia, pues tan solo el 1% de los colombianos posee más de la mitad del territorio. Preocupado particularmente por esta discusión, en las crónicas y testimonios que componen esta obra, el bogotano trata de orientar la discusión hacia un posible camino a la reconciliación.

 

Camilo Rodríguez
Escritor y consejero editorial en Éditions Maison des Langues Mexique. Licenciado en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.


1 El bipartidismo en Colombia fue el sistema de gobierno que privilegió el control político del país bajo la égida de los partidos Conservador y Liberal. Desde 1850, una serie de conflictos bélicos y políticos ha permeado el bipartidismo. La segunda mitad del siglo XX abrió una brecha de asesinatos y desapariciones entre miembros de los dos partidos. El éxodos de los campesinos hacia la ciudad halló en esta configuración política uno de sus factores más determinantes.

2 En “La amistad y los libros”, columna de Mario Vargas Llosa en El País, 7 de febrero de 2010.

3 Grupos armados clandestinos que funcionan como un ejército alterno al ejército oficial de un país, y que pretenden defender la misma. En Colombia, los paramilitares le han declarado la guerra a los grupos de guerrilla y han cometido asimismo crímenes como la desaparición y asesinato de líderes sindicales, campesinos y portavoces de una política ligada a los partidos de izquierda. A ellos se les achaca el genocidio sistemático de los miembros del partido Unión Patriótica durante los años ochenta y noventa.

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Si alguna lección debe quedar después de lo sucedido en el ámbito político durante los últimos meses es que —como bien sugiere Juan Villoro— los medios son fuentes engañosas. Brexit, Trump y el NO al acuerdo de paz en Colombia son dolorosos ejemplos de que la prensa dice una cosa pero la gente hace otra. Quizás la segunda gran lección es que el rencor y la indignación son armas políticas más poderosas que la esperanza y la reconciliación. Esto no quiere decir que el poder mediático deba menospreciarse. Todo lo contrario. Pero en nuestra época digital el mensaje carece, cada vez más, de importancia. Lo que cuenta no es lo que se dice sino lo que se muestra. En otras palabras, el simple hecho de aparecer en una portada, en la TV o por un canal de YouTube ya implica, por sí mismo, un mensaje dirigido al espectador.

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El panorama actual expele una atmósfera de confusión e incertidumbre. Resulta difícil juzgar a aquellos que prefirieron no votar para manifestar su descontento. Alguna vez  Jorge Luis Borges declaró con amargura que “[…] la democracia es un abuso de la estadística. […] ¿Para resolver un problema matemático o estético hay que consultar a la mayoría de la gente? Yo diría que no; entonces ¿por qué suponer que la mayoría de la gente entiende de política?”. Para quienes preferimos participar de la democracia a pesar de todo, nos queda la esperanza desesperada de creer en los cambios a mediano y largo plazo. En Colombia, un país en donde casi todo es provisional, se ha decretado una nueva prórroga hasta final de año para que el gobierno y las FARC lleguen a un acuerdo de paz definitivo.

A Colombia no le queda más que aceptar con calma. El país está lo suficientemente maltrecho y cansado como para “esperar lo menos si ya se esperó lo más”. Después de haber recibido un controvertido Premio Nobel de la Paz, el presidente Juan Manuel Santos pidió paciencia y exaltó el lado positivo del triunfo del NO, asegurando que esto permitirá una paz “completa” y un acuerdo “más legítimo” para Colombia. El cinismo es una cualidad indispensable para gobernar, según Nicolás de Maquiavelo. La célebre amistad entre los Bush y los Bin Laden, entre Nicolas Sarkozy y Muamar el Gadafi, en el fondo, no difieren mucho de la relación amor-odio entre Álvaro Uribe Vélez —expresidente, senador y líder de la oposición de derecha en Colombia—, y Juan Manuel Santos —actual presidente y exministro de defensa del gobierno de Uribe. Una lucha de poder —diría Foucault— cuya causa y consecuencia es siempre una guerra (real o ficticia).

En este ambiente de oportunismo, varios grupos políticos integraron los diálogos con las FARC y han enviado a sus representantes para agregar y corregir ciertos puntos en el acuerdo de paz. Entre ellos, destacan los delegados de la derecha y particularmente la comunidad Cristiana, que se ha convertido en una nueva fuerza política no solo en Colombia sino en gran parte del mundo. Así lo muestra la desatendida importancia de la comunidad evangélica en las elecciones de los Estados unidos. Noam Chomsky confesaba su preocupación respecto al fundamentalismo de gran parte del evangelismo en EEUU:

"Uno de los problemas para concienciar a la gente sobre el riesgo del cambio climático es que el 40% no cree que sea un problema. Y no lo cree porque está convencida de que Jesús va a volver en unos pocos años. También creen que el mundo se creó hace unos pocos miles de años. Y esto son franjas de la población que antes no eran una fuerza política y que ahora sí lo son".

Desde luego, lo que sucede con el cristianismo colombiano dista un poco de la fe realmente exacerbada en esta mitología judeo-cristiana. Sin embargo, la reforma de educación propuesta por la exministra  Gina Parodi despertó mucho recelo. La reforma buscaba sensibilizar a los niños y adolescentes acerca de las familias homoparentales a través de unas cartillas que se impartían en las primarias y secundarias de varias escuelas y colegios. Como era de esperarse, la respuesta por parte de la Iglesia Cristiana fue inmediata y la indignación se hizo sentir. Tras la victoria del NO en el plebiscito, la ministra Parodi —quien ya era fuertemente atacada por su lesbianismo— decidió presentar su renuncia, pues se sentía responsable del resultado. Inmediatamente, el exprocurador Alejandro Ordoñez, uno de los mayores exponentes del conservadurismo ortodoxo y de extrema derecha, aprovechó la discordia para enfatizar el problema del “concepto de género” en los acuerdos con las FARC. A pesar de la insignificancia que dicho punto tenía en el documento, los ejecutores de la campaña contra los acuerdos de paz le hicieron creer a la población que los valores de la familia iban a verse seriamente afectados si estos eran aceptados.

En cualquier caso, el mundo se está transformando y cada vez hay más grupos que toman parte en el juego del poder. Por esta razón, las viejas instituciones políticas, sociales y religiosas se han tenido que adaptar a las nuevas épocas, al mejor estilo del neoliberalismo y su apertura de mercados. Siguiendo este modelo, la cúpula gubernamental colombiana y los altos mandos de las FARC tuvieron que escuchar las peticiones de diversos sectores tanto de derecha como de izquierda para, finalmente, presentar un nuevo acuerdo de 310 páginas el pasado 12 de noviembre. Después de muchos ajustes y precisiones, el nuevo acuerdo queda intacto en varios puntos clave como la posibilidad para las FARC de entrar en la vida política. No obstante, se corrigió el criticado “enfoque de género” y se aceptaron bastantes señalamientos de la oposición.

Lejos de ser perfecto, este acuerdo aún espera la aprobación del pueblo colombiano y de todos sus sectores políticos. En términos jurídicos, el presidente puede jugar varias cartas: en primer lugar, podría imponer el nuevo acuerdo de paz, lo cual no sería muy astuto, pues su autoridad ya está bastante cuestionada como para recurrir a dicha maniobra. En segundo lugar, podría proponer otro plebiscito, resolución que tampoco se perfila como la más indicada, en vista de la gran abstención y del gasto que supone organizarla. La segunda opción sería dictar una asamblea constituyente especial, un proceso democrático en el que aproximadamente 30 líderes del SÍ y del NO decidirían si aprobar (o no) las correcciones a los acuerdos de paz. Esta última sería una solución sana en la medida en que aparecería como un remedio al conflicto sin dictaminar ganadores o perdedores. Además, supondría la inclusión de minorías en el proceso.

De todas formas, la expectativa de los colombianos es que el nuevo acuerdo comience a aplicarse rápidamente sea cual sea la vía decidida por los mandatarios. El país ha vivido un mes y medio de tensión, división y bipolarización. En mitad de este desgaste, la mayor esperanza se centra en que, a pesar de todo, el proceso continúe su rumbo pacíficamente y que los colombianos puedan entrar en una nueva etapa.

 

Camilo Rodríguez
Reportero y editor.

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