V.S. Naipaul (1932-2018) fue uno de los escritores más incómodos y desconcertantes del siglo XX. Nacido en Trinidad y Tobago, en el seno de una familia de inmigrantes indios, Naipul tuvo una infancia conflictiva, una formación precaria pero empeñosa y a los dieciocho años prácticamente huyó de su país natal con una beca para estudiar en Oxford. “Éramos una colonia pequeña, fundamentalmente agrícola, y siempre decíamos, pero sin tristeza, que éramos un puntito en el mapamundi. Resultaba liberador, y éramos realmente pequeños, poco más de medio millón. Estábamos muy divididos racialmente. En la isla, a pesar de su pequeñez, las medias culturas o cuartos de cultura vivas de la Europa colonial y el Asia inmigrante no sabían casi nada las unas de las otras; una África trasladada era la presencia que nos rodeaba, como el mar. Solo ciertos segmentos de nuestra variada población tenían estudios, y al restringido modo local, que en sexto curso ya comprendíamos muy bien: veíamos los callejones sin salida profesional a los que nos llevaría nuestra educación.”

Pronto, el joven proveniente de la pequeña colonia descubrió en el cultivo del idioma inglés una forma de trascender y comenzó, con El curandero místico (1957), una meteórica y prolífica carrera literaria, que abarcaría decenas de libros. En una época en la que los experimentalismos o las retóricas progresistas eran muy bien recompensadas, Naipaul cultivó un pertinaz realismo literario, basado en la precisión de su prosa, así como en la profundidad de sus personajes y situaciones. Pese a que era un conocedor de la tradición de la literatura moderna, Naipaul se negó a patentar sus técnicas más convencionales y, en su lugar, desplegó una lograda mezcla de crudeza, inteligencia y ternura para dotar de carne y sangre a sus personajes y para infundir verosimilitud a sus tramas.  Una casa para el señor Biswas (1961), esa sentida novela sobre la dignidad de un hombre mediocre y de mal fario (su propio padre), es un dechado de observación y muestra esa facultad dickensiana para hacer aflorar los aspectos más luminosos, sombríos o ridículos de lo humano. En un virtuoso tono menor, muchas de sus historias y novelas más memorables narraban las peripecias y empeños de personajes humildes, con talentos limitados y logros y penalidades ordinarias que simplemente luchaban por sobrevivir.

La figura de Naipaul no solo fue rebelde a las modas y grandilocuencias literarias, sino que con demasiada frecuencia incurrió en desplantes pedantes, misóginos y políticamente incorrectos, o bien en sonadas indiscreciones (sobre sus amantes o su gusto por las prostitutas). Quizá el rasgo que más condenaron sus desafectos es que, siendo uno de los paradigmas de la raigambre multicultural de la creación literaria contemporánea, no quiso aprovechar políticamente esa condición. Las alusiones de Naipaul a su país natal y a sus orígenes culturales nunca tienen un propósito pintoresco y, como ensayista, lejos de “denunciar” los imperialismos, esgrime una de las visiones más acerbas hacia algunos de los rasgos de victimización y resentimiento de los discursos poscoloniales. En efecto, Naipaul fue un trotamundos que a lo largo de sus múltiples viajes por países de la llamada periferia en América Latina, Asia y África, escribió reportajes y ensayos claridosos, tan llenos de exabruptos y prejuicios como de intuiciones reveladoras. En particular, sin negar las secuelas y daños del colonialismo, Naipaul observó la terca incapacidad de muchas antiguas colonias para dotarse de instituciones modernas, sus involuciones políticas y económicas y sus peligrosas caídas en los autoritarismos y fanatismos de toda laya.

Si la obra narrativa de Naipul muestra a un hombre asqueado y fascinado por lo humano y su mirada de viajero revela una rabiosa inteligencia que se empeña en nadar a contracorriente, otra vertiente fundamental de su obra fue la reflexión sobre su carrera y su vocación literaria y sobre la naturaleza del acto creativo. Naipaul hace un recuento de su tradición y sus lecturas dilectas, desmenuza las distintas fases y procesos de la escritura y deja testimonios sobrios y certeros sobre el prodigio de la creación.

Un momento esencial en Una casa para señor Biswas ocurre cuando el tímido protagonista se atreve a enviar a su jefe una carta para reclamarle una alusión injusta y desdeñosa. Este hecho parece cambiar la percepción de la vida del apocado Biswas, acostumbrado a ser manipulado por los otros (su mujer, su familia política, sus jefes) y brindarle un renovado sentido de autodeterminación y autoestima. Naipaul fue un consumado artífice del reclamo: hizo de la franqueza y el reproche un motor de su literatura y de su pensamiento y tuvo una visión ácida tanto de sus orígenes trinitarios como de sus raíces indias o de su siempre conflictivo estatuto como ciudadano inglés. Naipaul fue un auténtico desarraigado e inconformista. Si bien la espontaneidad y honesta intransigencia de esta actitud no lo salvó de equivocarse, si lo volvió absolutamente original, indescifrable e imprevisible.

Armando González Torres
Poeta y ensayista. Entre sus libros: Es el decir el que decide, Salvar al buitre Las guerras culturales de Octavio Paz.

Leer completo
Tres libros fueron suficientes para que Alí Chumacero se convirtiera en una leyenda de la poesía mexicana. Tres obras breves que rozan la perfección, una gigantesca vocación editorial y una personalidad volcánica que animó durante décadas la vida cultural. Hoy centenario, Alí Chumacero ocupa sin duda un lugar privilegiado en nuestras letras.

Alí Chumacero (1918-2010) fue un hombre de letras que marcó la poesía y animó, con regocijo y humor, la vida literaria mexicana por muchas décadas. Si bien sus mayores logros consisten en un cuerpo breve pero impecable e imprescindible de creación poética, fue también crítico notable, respetado editor, bibliófilo, antologador, promotor, formador de escritores y legendario miembro de la fauna bohemia. Su historia de vida es ampliamente conocida: nacido en Acaponeta, Nayarit, muy joven emigra a la ciudad, se forma admirable y principalmente como autodidacta, y se integra precozmente a la vida cultural y editorial, a la que consagrará todo su tiempo y talento. Con discreción y entusiasmo, Chumacero participó en revistas, suplementos, empresas editoriales o proyectos de formación y fue un auténtico forjador de instituciones modernizadoras de la cultura. Como poeta, Chumacero esgrimió un anacronismo poético plenamente consciente y retador, pues ignoró deliberadamente muchas novedades poéticas de su tiempo y se erigió como defensor y recreador de la tradición, buscando su originalidad precisamente en la fidelidad a una herencia. Su poesía abreva en sustentos canónicos poderosos, desde la recreación poética de ciertos tonos bíblicos hasta la poesía pura de Mallarmé y Valéry. En especial lo marcan sus filiaciones poéticas domésticas con el modernismo y con la generación de Contemporáneos (Owen, Cuesta, Villaurrutia y Gorostiza).

La obra poética de Chumacero consta de solo tres libros (Páramo de sueños, de 1944, Imágenes desterradas, de 1946 y Palabras en reposo de 1956), que escribió en poco más de diez años, y cuyo volumen en conjunto no rebasa las doscientas páginas. Esa obra parca y concentrada, así como su pertinaz silencio ulterior, le dieron un aura de  prestigio y misterio. Los libros de Chumacero se caracterizan por su perfección formal y por su ánimo especulativo. Los temas persistentes de Chumacero son la muerte, el sueño, el tiempo, la identidad y el erotismo. Se trata de una poesía hermética, que elude lo confesional y lo anecdótico, y adquiere un grado de abstracción singular en la poesía mexicana. En su poesía, más que experiencias y personajes concretos, se acude a símbolos y situaciones hipotéticas. Sin embargo, el esmero en la factura o el pudor y reticencia a involucrarse como personaje en el poema, no implican frialdad formalista o alejamiento del lector. Más allá de su gravedad y rigor conceptual, la cadencia de la poesía de Chumacero brinda una peculiar delectación musical. Por lo demás, aunque elude la confidencia, hay momentos de deleite contagioso cuando describe las luminosidades del amor o el goce de los sentidos. ”Tu cabellera insostenible enredada al mar./El sol volando en tu fragancia./El mar al pie de mi deseo./Un inútil cangrejo quiere ser mi disfraz./La voz late en tu pecho/y se entierra en tus manos/para que yo la tenga cerca.” Son estos momentos de comunión y exaltación amorosa los que, para el poeta, iluminan un mundo oscuro y consuelan del absurdo cruel de la historia. Igualmente, hay momentos de intenso dramatismo y tormento, en los que abundan atmósferas cargadas de sordidez y presagio. “Sobre el piso, en los muros, en la mesa/perdura la ansiedad del asesino: relámpagos que vuelven, armonías/ajenas al retorno, formas/en yeso consumidas, narcóticos sedientos/y nauseabundo olor de ardientes madrugadas”. Además, hay, de manera muy sutil, otro ingrediente moderno, el humor y la ironía, que, como en Gorostiza, aparece en el momento menos esperado y constituye un contrapunto a su rigor.

A su manera, Chumacero replicó el laconismo y contención ante la escritura de su célebre contemporáneo y amigo, Juan Rulfo, y después de la hechura de estos tres libros casi perfectos, se mantuvo en un obstinado silencio editorial, que no inactividad literaria. Porque si bien es un hombre de letras que ejerce su influencia fundamental como poeta, también merece ser recordado personaje generoso, pintoresco y picaresco de la vida literaria. De hecho, como lo ha dicho José Emilio Pacheco, no hay crítico que no se asombre del contraste entre la imagen de poeta exigente, riguroso guardián de la pureza y corrección de las palabras y su personalidad chispeante, llena de humor, antisolemnidad y avidez vital, pronta al gracejo y la carcajada. Así pues, uno de los modelos más acabados de la poesía exigente y abstracta del siglo XX encarna, a la vez, una de las sabidurías literarias y vitales más risueñas y joviales. 

 

Armando González Torres
Poeta y ensayista. Entre sus libros: Es el decir el que decideSalvar al buitre y Las guerras culturales de Octavio Paz.

Leer completo
A veinte años de la muerte del Nobel mexicano, Armando González Torres nos ofrece un espléndido paseo por la bibliografía producida en torno a la vida y obra de nuestro autor mayor durante las últimas dos décadas.  Como se desprende de este recuento, la obra y la persona de Paz siguen convocando a una constelación de interlocutores provenientes de los más distintos campos, que dialogan con una herencia intelectual rica, claridosa y visionaria.


En el horizonte intelectual del siglo XX, Octavio Paz fue una figura deslumbrante, que tuvo la suerte de convertirse en un clásico en vida. Difícilmente puede pensarse en otro autor contemporáneo que haya ejercido tal influencia simultánea en el arte, el pensamiento y la vida pública de su época. Paz quiso ser caracterizado fundamentalmente como poeta; sin embargo, el impacto de su obra va desde la crítica literaria hasta la historia, la antropología y la política pasando por las artes plásticas. La curiosidad todo terreno de Paz y su capacidad de intelección y síntesis le permitieron incursionar e influir en los más diversos campos de conocimiento. Si bien hay algo de protagonismo en este apetito desbordado de conocimiento, y a la distancia, algunas de sus expediciones en terrenos poco conocidos parecen rebasadas, lo cierto es que Paz encarna de manera genuina un afán casi renacentista por descubrir analogías y armonías secretas entre las distintas expresiones artísticas y disciplinas de conocimiento.

Paz no solo fue un espíritu de prodigiosa curiosidad, sino un intelectual público con una fuerte personalidad y una gran capacidad de trabajo y proyección. Su desaparición física no ha conllevado el desvanecimiento de su obra. Existen varias razones para esta supervivencia: por un lado, en un país escaso de logros y talentos, el capital cultural de Paz tiende, por suerte, a ser aprovechado y respaldado institucionalmente; por otro lado, y lo más importante, la obra de Paz, a medida que pasa el tiempo, ratifica su asombrosa vitalidad, mantiene prácticamente intactos sus reflejos y sigue funcionando como un catalizador de la creación y de la conversación no solo en México, sino en el mundo. Paz murió hace 20 años; sin embargo, continua inspirando centenas de libros (véase el continuo crecimiento de la indispensable Bibliografía crítica… de Hugo Verani) y sigue siendo objeto de interés en las más diversas disciplinas, al tiempo que su nombre sigue suscitando sensaciones agridulces y generando tormentas. Si la industria académica o la presencia editorial son símbolo de salud, la cantidad de trabajos sobre Paz en distintos idiomas, así como las numerosas ediciones de, o sobre, su obra, demuestran una indudable lozanía. 

En efecto, desde 1998, han aparecido innumerables antologías, ediciones conmemorativas de sus libros, exhumaciones de textos juveniles u olvidados (como el rescate de sus crónicas periodísticas sobre la fundación de la ONU que realizó Antonio Saborit), epistolarios con contemporáneos célebres (Alfonso Reyes, José Luis Martínez, Pere Gimferrer, Arnaldo Orfila, Tomás Segovia, Jaime García Terrés, entre otros); recopilaciones de entrevistas, libros sobre la relación de Paz con diversas culturas y numerosos volúmenes sobre aspectos particulares de su obra (su pensamiento político, su poética, algunos grandes poemas, etc). Incluso, el mismo año de su muerte, Paz había debutado como personaje de novela en la legendaria Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Aunque su centenario, en 2014, fue pretexto para la eclosión de homenajes y títulos, el interés no se limita a la efeméride. Esta nota sigue la presencia póstuma del poeta y se ocupa de algunos (desgraciadamente muy pocos) de los libros sobre Paz que se han publicado en México después de su muerte y que me resultan representativos de los variadísimos tipos de atracción que suscitan su obra y su figura.

***

Biografía

–Sheridan; Guillermo, Poeta con paisaje, México, Era, 2004 y Los idilios salvajes México, Era, 2016.
Estos tomos son un proyecto monumental y ejemplar por el celo, meticulosidad y distancia con que se observa al escritor. Poeta con paisaje contiene capítulos conmovedores y llenos de aportaciones y conjeturas originales principalmente sobre su infancia y juventud (por ejemplo, la probable fabricación del recuerdo paziano de su periodo escolar en Estados Unidos o las vívidas evocaciones de su etapa iniciática en la preparatoria de San Ildefonso). Por su parte, Los idilios salvajes hurga con erudición y sobriedad, pero sin censuras, en la vida sentimental del poeta, alumbra la figura borrosa y hechizante de Bona Tibertelli de Pisis  (donde puede verse al intelectual olímpico como un amante vulnerable y furioso) y, al revelar la parte más íntima y entrañable de Paz, le restituye su humanidad y su grandeza.

–Krauze, Enrique, Octavio Paz. El poeta y la revolución, México, Random House, 2014.
Escritas por uno de sus interlocutores más cercanos, en estas páginas se desarrolla, como en una novela de formación, la historia del joven poeta que, poco a poco, venciendo todos los obstáculos existenciales y las tentaciones ideológicas, despliega una obra imponente en el pensamiento y la creación. Más que indagar en nuevos datos, Krauze pone énfasis en los numerosos dilemas (entre el nacionalismo y el cosmopolitismo, entre el arte puro y comprometido, entre la transformación romántica y el instinto liberal) que enfrentó Paz y en su peculiar manera de buscar equilibrio entre aspiraciones y valores aparentemente irreconciliables.

Recopilaciones críticas
–Aguilar Rivera, José Antonio (Coord.), Aire en libertad, Octavio Paz y la crítica, México, Fondo de Cultura Económica-Centro de Educación y Docencia Económica, 2015.
A partir de un seminario realizado en 2014, se reúne un amplio y plural mosaico de voces de la academia y la vida literaria (Adolfo Gilly, Xavier Rodríguez Ledezma, Rafael Rojas). Este libro acoge tanto visiones admirativas como textos críticos que con rigor analítico y franqueza se refieren al legado intelectual y a su relación con el poeta (contiene, por ejemplo, el texto más hondo, extenso y personal que ha escrito Héctor Aguilar Camín sobre Paz, un recuerdo lúcido y acerbo de Jorge Aguilar Mora y una controvertida revisión de la orientación editorial de Vuelta de Rafael Lemus). 

–Peralta, Braulio, Los rostros de Octavio Paz. Una antología crítica, México, El tapiz del Unicornio, 2017.
Se trata de una antología de textos sobre Octavio Paz que lo mismo convoca a algunos de sus seguidores más fervientes que a algunos de sus adversarios más lúcidos. En especial las entrevistas a figuras como Héctor Aguilar Camín, Jorge Aguilar Mora y Roger Bartra dan vivacidad y vigencia al libro e iluminan uno de las facetas de Paz más lastradas por la mitología, que es la de polemista. Estas entrevistas, permiten, a la distancia, precisar y actualizar argumentos y demostrar que, pese a su frecuente visceralidad, la liza intelectual que generó Paz y, que estos autores afrontaron con agudeza, fue fecunda y permitió establecer agendas y discernir valores fundamentales.

Crítica literaria
–Mendiola, Victor Manuel, El surrealismo de Piedra de sol, entre peras y manzanas. México, Fondo de Cultura Económica, 2011.
Este libro constituye una biografía de la pieza poética más unánimemente celebrada de Paz. Piedra de sol es el primer gran poema de largo aliento de Paz, expresa su pensamiento artístico y establece un vínculo peculiar entre el poeta y las generaciones que protagonizarán las revueltas vitales de los años sesenta. Mendiola no solo disecciona el poema sino que recrea su génesis, lo liga con el pensamiento y la poética de Paz, documenta su recepción y reconstruye animadamente el paisaje cultural de la época. Se trata no solo de un libro para apreciar este poema de Paz, sino de una muestra de la más rigurosa y empeñosa lectura literaria.

Historia intelectual
–Perales Contreras, Jaime, Octavio Paz y su círculo intelectual, México, Ediciones Coyoacán-ITAM, 2013.
Contra la noción de una trayectoria solitaria y romántica que el propio Paz cultivó, en realidad su capacidad de sociabilidad literaria fue muy amplia y, desde más tempranos años estudiantiles hasta las últimas décadas de su vida, Paz estuvo involucrado en importantes proyectos colectivos.  Aunque a ratos descuidado y de estilo poco elegante, este libro ofrece múltiples datos obtenidos en fuentes primarias y ofrece una muy detallada visión de las distintas personalidades que estuvieron asociadas a Paz y los climas intelectuales que enfrentaron.

Paz y la historia
–Brading, David, Octavio Paz y la poética de la historia mexicana, México, Fondo de Cultura Económica, 2002.
Este libro ofrece una aproximación al método poético que Paz utilizó en su indagación sobre la historia y el ser nacional. Escrito con motivo de la celebración de los 50 años de la publicación de El laberinto de la soledad, el libro de Brading busca escudriñar el sentimiento y el pensamiento sobre la nación de Paz desde sus escritos de juventud hasta Posdata. Para Brading, Paz, inspirado en la tradición del romanticismo alemán, aplica a la historia mexicana una perspectiva poética que observa en el mito un instrumento de conocimiento y que concibe al poeta como una especie de profeta, el cual puede intuir las contradicciones sociales e históricas y ofrecer modelos de reconciliación.

Paz y la política
–Grenier, Ivonne, Del arte a la política, Octavio Paz y la búsqueda de la libertad, México, Fondo de Cultura Económica, 2004.
Se trata de un análisis riguroso y documentado sobre el pensamiento político de Paz y las cosmovisiones que encarna. En particular, Grenier busca analizar la influencia de dos raíces aparentemente antagónicas, el romanticismo y el liberalismo y la forma en que llegan a confluir en el pensamiento y la acción política del poeta. Para Grenier, las tensiones de estas influencias tan heterogéneas fueron benignas y fructíferas y el instinto liberal refrenó al empecinamiento romántico, mientras que, al revés, el romanticismo dotó de amplitud de miras y densidad ética a su liberalismo.

Paz y el arte contemporáneo
–Terrones, Jorge, Tres sardinas en un plato e ideas nómadas, México, Universidad de Aguascalientes, 2015.
Este ensayo hace una caracterización de Paz como intelectual y crítico de arte y, en especial, explora esa faceta que podría denominarse profética de Paz, pues el escritor aborda el arte de su tiempo, pero su mirada va más adelante y vislumbra de alguna manera el fin del arte moderno y los derroteros de lo que se  llama arte contemporáneo. Paz presiente y anuncia muchas de las derivas del arte contemporáneo, como el carácter uniforme y rutinario de la provocación, el desplazamiento del objeto artístico por el gesto y la conversión del artista en una marca registrada.

Literatura adversaria
–Anaya, José Vicente, Versus: otras miradas a la obra de Octavio Paz, Zacatecas, Ediciones de Media Noche, 2010. 
Se reúnen textos de literatura adversaria de autores como Jorge Aguilar Mora, Evodio Escalante, Enrique González Rojo, Mónica Mansour y Heriberto Yépez. Aunque hay reclamos previsibles, también se encuentran reflexiones valiosas como los textos de Evodio Escalante sobre la manía depredadora de Paz (su capacidad para apropiarse de temas) o sobre sus errores y complacencias en la caracterización de las generaciones precedentes, particularmente los Contemporáneos. Igualmente, destaca un texto de Heriberto Yépez, que incluye memoria literaria y psicoanálisis, sobre el desencuentro generacional entre Paz y los infrarrealistas.

Novela
–Taravillo, Antonio, Los huesos olvidados, Sevilla, Espuela de Plata, 2014.
José Bosch es una de las figuras más influyentes en la biografía de Paz, catalán avecindado en México, fue amigo de juventud y andanzas radicales del poeta, luego fue expulsado del país y se incorporó al bando republicano en la Guerra Civil española. Por algunas noticias, Paz lo creyó muerto y le escribió una elegía, solo para reencontrarlo, perseguido y fantasmal, durante su viaje a España en 1937, antes de su supuesta desaparición definitiva. La protagonista de esta novela es una hija ficticia de Bosch, Encarnación, quien viaja a México para hacer una pesquisa de su pasado y se entrevista con el viejo Paz. El autor, Antonio Taravillo, es un biógrafo, poeta y novelista español que, combinando dosis exactas de investigación literaria e invención, crea una trama con personajes intensos y verosímiles.
***
Hay muchos otros libros, escritos desde las más variadas trincheras, que animan el diálogo con Paz. Por ejemplo, en el ámbito biográfico, resultan fundamentales Octavio Paz en su siglo de Christopher Domínguez; Octavio Paz, el misterio de la vocación, de Ángel Gilberto Adame; Andar fronteras de Froylan Enciso; el tríptico de Adolfo Castañón Trinidad profana. Octavio Paz, Efraín Huerta, José Revueltas, la reedición de Una introducción a Octavio Paz de Alberto Ruy Sánchez o el de Julio Hubard, Yo también soy escritura, que representa a Paz en sus propias palabras. También destacan los libros que ilustran la relación de Paz con otras culturas como el de Aurelio Asiaín sobre Octavio Paz y Japón o el de Fabienne Bradu y Phillipe Ollé-Laprune sobre la relación del poeta con Francia. En cuanto a su historia como editor, los libros de John King Plural en la cultura literaria y política latinoamericana y de Malva Flores Viaje de Vuelta son cruciales para profundizar en esta faceta de Paz. En crítica literaria destacan libros como el de Hugo Verani El poema como caminata o el de Pedro Serrano La construcción del poeta moderno. T.S. Eliot y Octavio Paz. En entrevistas destacan el conocido libro de Braulio Peralta El profeta en su tierra y La brújula y el laberinto de Miguel Ángel Quemain. La literatura adversaria de altura sigue sumando títulos como Las sendas perdidas de Octavio Paz de Evodio Escalante o La sombra del tiempo de Jorge Aguilar Mora. Como se desprende de este muy breve recuento, la obra y la persona de Paz siguen convocando a una constelación de interlocutores provenientes de los más distintos campos, que dialogan con esta herencia intelectual rica, claridosa y visionaria.

 

Armando González Torres
Poeta y ensayista. Entre sus libros: Es el decir el que decideSalvar al buitre y Las guerras culturales de Octavio Paz.

 

Leer completo
Presentamos una selección de aforismos incluidos en Es el decir el que decide, libro del poeta y ensayista Armando González Torres, que Editorial Cuadrivio pondrá a circular en estos días.

decide


Mundo animal

Los animales parecen seguir su instinto, pero no: andan olfateando cosas sagradas.

Una bestia, exclamó, despechada: “Las obras que llenan de orgullo a una civilización son aullidos robados”.

Nuestras mejores páginas están hechas de restos humanos, instintos animales e ilusiones irreconocibles.

Un pueblo piadoso es aquel donde, antes de sacrificar a un animal, se le emborracha y se le hace firmar un falso consentimiento con su pezuña.

Consejo para vivir en la ciudad: recorrerla como si fuera una isla desierta y buscar frutos comestibles y animales mansos.

Más del arte de la escritura

Un maestro me dijo: “la literatura moderna padece un mal, se deja a los autores hablar demasiado de sí mismos”.

Habiendo tantos seres reales, viles, intensos, desvalidos, extraviados ¿no es un pecado inventar más personajes?

Cuando lees de verdad sientes que te has sustraído de una trampa, que has burlado algún poder.

Muchos autores no quieren personajes, quieren ideas, a las cuales someterse.

¿Quién es más libre, el escritor o el personaje? ¿y quién es más poderoso? ¿y quién le debe más a quién?

Dos miedos que limitan al artista (y al hombre): el miedo a desilusionarse y el miedo a hacer el ridículo.

Dos reglas de oro para el joven narrador: evitar la descripción de lugares que no conoce y resistir la simpatía hacia sí mismo. 

Anuncio sentimental: oídos predispuestos a las frases hechas buscan labios rebosantes de lugares comunes.

Teología para principiantes

Nuestras inteligencias son cada vez más pesadas, henchidas de fanatismo y libros sagrados, pero faltas de compasión.

La única religión que le parecía atractiva era ese dogma mareado, vuelto fiesta y vértigo por los místicos.

Una buena religión: aquella en la que no es mal visto ignorar, dudar, pecar y blasfemar.

Tuvimos un santito soberbio, nos hacía menos porque tomábamos sotol. Una tarde de mucho calor, lo volteamos de espaldas, azotamos su efigie y ¡se hizo el milagro!,: sus nalgas de yeso enrojecieron. 

Un murmullo de alivio y alegría entre los hombres al enterarse de que sus dioses existen, sí, pero no se ocupan demasiado de ellos.

Del mí a lo demás

Solo me tengo a mí, que en mí está ausente, pues desde que intento ser “alguien”, tiendo a alejarme de mí.

Aspirar a extinguirse en uno mismo hasta que del “mí” no quede nada.  Ese “mí” que se hace pleno a medida que se preña de paisaje o de vacío.

No pensar en mí, ni referirse al “mí”, solo entender que en ese viejo y anticuado pronombre hay algo en vilo.

A veces, cuando alardeo en la cantina, me quedo afuera de mí mismo, viendo compungido, desde un rincón, mi grotesco festejo.

Y pienso en lo que dije al calor de no sé qué y digo ¿por qué digo lo que digo? ¿por qué no hago lo que digo y me desdigo en la acción? ¿qué me da valor?

La hora  de las noticias

Las noticias son humanas, Dios no tiene opiniones.

Ya es de noche, se aproxima la hora del resumen de noticias: el aire se enrarece, las espinas brotan de los muebles.

Ciertas noches, después de ciertas noticias, la palabra “civilización” se pone pestañas postizas, maquillaje en exceso y vestidos muy cortos.  

Dijo: “una noche de estas te van a quitar una a una tus palabras más queridas, las vestirán de oropel y las consagrarán al entretenimiento masculino”.

Cada noche el mundo es más invivible, la especie involuciona, las noticias son más amargas y uno cena con más apetito.

Dijo: “Con esta noticia espero que te despiertes, aunque ya no tengo la esperanza de que te conmuevas”.

Es el decir el que decide

Uno nunca sabe si tiene algo que decir, es el decir quien lo decide.

No podemos recorrer la distancia que separa el decir de la cosa porque somos esa distancia.

La abstinencia seca los poemas, el alcohol los ensaliva en demasía.

Decía: precisamente porque estás perdido y no eres nada, tienes oportunidad de ser hallado y pronunciado.

No afirmar nada, dejarse llevar por el querer decir de la palabra.

Nada está escrito, aunque todo esté tapizado de ecos.

A la hora de leer rejuvenecen en otros ojos palabras perpetradas en la misma noche.

La poesía y la lucidez a menudo aparecen por distracción o descuido: prendas milagrosas colgadas de un rayo de luz. 

Tengo la cadencia de lo que quiero decirte, pero aún ignoro lo que te voy a decir.

“No sé cómo definir lo que busco”, le dije. “Sólo lo hallado puede darle nombre a lo buscado”, contestó.

 

Armando González Torres
Poeta y ensayista. Autor de Salvar al buitre y Las guerras culturales de Octavio Paz, entre otros libros.

Leer completo