En 1940, la conjunción de un espejo y una enciclopedia condujo a Borges al descubrimiento de la vaga Uqbar —y éste, al de un planeta ilusorio y ordenado, y éste, a la Obra Mayor de los Hombres—. Hoy en día, ese descubrimiento sería imposible. No existe ya, o está en irrevocable peligro de extinción, una de las especies de ese mínimo mapa. Las enciclopedias son reliquias del pasado. Hablo, desde luego, de las enciclopedias de papel y tinta, de esas murallas semimóviles destinadas a anular los libreros. Aunque sus tomos perviven en estanterías de todo el mundo, son como vértebras fósiles de una criatura recientemente prehistórica, columnas de un anfiteatro embrujado y en ruinas adonde nadie quiere entrar. “El 13 de marzo de 2012 se anunció que dejaría de imprimirse [la Enciclopedia Británica] y se conservaría únicamente la versión en línea, que debutó en 1994.”1

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¿Quién se acongoja demasiado? Habremos olvidado el hábito de la enciclopedia, pero tenemos las palabras y las cosas y el internet de las cosas e incesantes pantallas que simulan el universo bajo el dictado de nuestro deslizante deseo. Y tenemos infinitas aplicaciones e infinitos gestos de diseño y tenemos Twitter y Wikipedia. ¿Quién se queja demasiado?

Yo no. Yo me quejo poco. En el caso concreto de Wikipedia, es difícil censurar un proyecto de construcción y difusión masiva del conocimiento, rechazar la idea de un compendio colaborativo y gratuito del cosmos. La Wikipedia es tan vasta como útil, tan accesible como inevitable. (No sé cuántas veces la habré consultado durante la redacción de estas líneas escasas.) Poco, pero me quejo, pues no me quito tan fácilmente la sensación de que entre tanta abundancia hemos perdido algo importante: la capacidad de perdernos, quizás. O una postal, acaso.

 

La noción de hipertexto es anterior a internet, pero en este ámbito encontró su ecosistema de confort. El principio es sencillo e inmediatamente atractivo: un texto que contiene frases y palabras que funcionan como puertas a otros textos, un texto que acentúa su condición de textura. Wikipedia es el hipertexto por excelencia, pues cada una de sus entradas está salpicada de llaves azules que remiten a otras entradas. Y si la inteligencia consiste en la capacidad de ligar y relacionar fragmentos de información, la porosa estructura de Wikipedia podría parecer algo bueno o muy bueno. Sin embargo, los usuarios de la enciclopedia virtual pocas veces estamos dispuestos a internarnos en la selva de referencias. Lo que queremos es saciar el dato: buscamos una fecha, un nombre, a lo mucho, una descripción. Wikipedia es una criatura de internet, y en este reino la virtud más cardinal es la velocidad.2 La consigna es pasar lo más rápido posible de una microexperiencia a otra —de una noticia condensada en un tuit, a la fotografía de la boda de un familiar en Facebook, a un video de David Letterman o George Steiner o Miley Cyrus en YouTube, a hojear un libro en Amazon, a comprar joyería o vitaminas en eBay—. Saltar de una estación a otra sin crear cadenas de sentido. No hay tiempo de tejer la red. Por otro lado, uno podría pensar que los rígidos tomos de la enciclopedia física son poco propicios para la excursión o el azar. Sin embargo, tengo la impresión de que es precisamente esa rigidez como de laberinto de piedra la que propicia el paseo y el extravío. Además, al dificultar o desalentar la escapatoria, suscita alianzas fuertes y fortuitas: la del tigre con el tártaro, la del decibel con el desierto, la del tomo XLVI con el atlas.

La enciclopedia de mi infancia fue el Diccionario Enciclopédico Espasa Calpe: veinticuatro volúmenes de pastas cafés, impresos a tres columnas y con ilustraciones a colores y en blanco y negro. Era una octava edición, de 1979, que mis padres habían comprado paulatinamente en el supermercado. A pesar de que me fue repetidamente útil, siempre la vi como una obra de otra época. Hace años que no regreso a ella; su erosionada vigencia debe conservar múltiples islas de información valiosa y práctica, pero hoy la consultaría como se consulta un viejo álbum de fotos.

A diferencia de las enciclopedias impresas —a diferencia de los objetos del mundo, que pueden caerse, extraviarse o cubrirse de polvo—, Wikipedia no tiene problemas de caducidad. Su vocación es la actualidad exhaustiva y permanente: registrar el cambio, el suceso notable, la defunción célebre tan pronto como sea posible. (Llega a tal extremo este compromiso con el último instante, que sus editores no han podido evitar la tentación de inventariar el futuro: existen entradas de la Wikipedia, por ejemplo, sobre el cine de 2018.) Sin embargo, esta obsesiva propensión a registrar el cambio parece más bien anularlo. Wikipedia es una numerosa nube que avanza sin dejar rastro o borrando sus huellas. Por supuesto, esto se debe a que no es una cosa, sino el minucioso reflejo de una cosa. Caducar, envejecer, enmohecerse son formas de la memoria que no ofrece Wikipedia.

Las enciclopedias impresas son vanos proyectos de totalidad y sistema. También son modestas cajas de postales, que valen tanto por la imagen o el momento que documentan como por la historia que sugieren. Wikipedia, en cambio, quiere ser una fotografía del presente y acaba siendo una selfie un poco tramposa, que se esmera demasiado por evitar que aparezca el brazo que sostiene la cámara.
En 1940, un escritor sudamericano imaginó un libro, una enciclopedia capaz de fundar el mundo cotidiano y reemplazarlo. Su sueño se cumplió en un fantasma babélico y binario.

Romeo Tello A.


1 Fuente: Wikipedia.

2 El nombre Wikipedia es una fría confesión: proviene de la conjunción de wiki, palabra hawaiana que significa ‘rápido’, y paideia, ‘educación’ o ‘formación’ en griego. Enciclopedia también es una palabra compuesta que quiere decir educación general, completa o circular. Enciclopedia es un nombre y movimiento centrípeto, tiende al meollo de las cosas. Wikipedia es una fuerza centrífuga; invita a salir tan pronto como se entra.