El tenor recibió el primer reconocimiento Ángel de la ciudad que se entrega en el DF y ofreció un concierto en la Plaza de las Tres Culturas, en honor a los fallecidos por el sismo de 1985 y los voluntarios que salvaron miles de vidas.


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La señora Consuelo Romo perdió a su hija y tres nietos en el terremoto de 1985 en la ciudad de México. Su vida se desplomó con el edificio Nuevo León de Tlatelolco, pero la emergencia no dejaba tiempo a nadie para sufrir su pena: había mucho por hacer. El tenor español Plácido Domingo también perdió a cuatro familiares en ese lugar pero la vorágine así mismo lo envolvió, ambos sublimaron su dolor ayudando a los que aún podían salvarse. Él removía escombros, ella empezó repartiendo agua y pronto se volvió una figura maternal para los grupos de rescate, por lo que Domingo la nombró "voluntaria estrella".

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La escritora Elena Poniatowska recordó y relató esta historia al recibir el reconocimiento Ángel de la Ciudad de manos del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, al conmemorar el 30 aniversario del sismo. "¿Te acuerdas?", preguntó Elena a Plácido en su discurso; él asintió y al recibir su propio galardón, hizo una singular petición: dejar de mirar las fotografías de la destrucción.

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"El tiempo pasa tremendamente rápido en la vida (…) pero está tan vivo todo… Nada más quisiera que las imágenes que hemos visto, no las veamos demasiado. El dolor lo llevamos dentro, no quiero que se ahonde más la herida para todos. Quizás hay que recordar pero las imágenes podríamos ahorrarlas", expresó el tenor a unos pasos de una pantalla que proyectaba fotos de los derrumbes.

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Este es el primer Ángel de la Ciudad que entrega el gobierno capitalino y lo recibieron algunos de los protagonistas de la mayor tragedia que ha sufrido el DF, además de Poniatowska y Domingo: Evangelina Corona, ex lideresa del Sindicato de Costureras; Cinna Lomnitz, sismólogo chileno nacionalizado mexicano y creador del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred); Cuauhtémoc Abarca, uno de los fundadores de la Coordinadora Única de Damnificados; Raúl Esquivel, primer superintendente del Heroico Cuerpo de Bomberos; a nombre de Carlos Monsiváis su sobrina Beatriz Sánchez y a nombre de Jacobo Zabludovsky su viuda, Sara Nerubay; así como Javier Del Razo, uno de los fundadores de la Brigada ‘Topos de Tlatelolco’, a quien el tenor saludó fraternalmente después de agradecer la labor de estos rescatistas.

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Un par de horas más tarde, todos ellos acudieron a la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, el sitio donde permaneció por meses después del terremoto un campamento de damnificados en el que surgieron incontables redes de apoyo e historias de solidaridad, no sólo con las víctimas del sismo sino con todo el que se acercara a pedir ayuda. Allí, el tenor que 30 años atrás se remangó la camisa, se puso un cubrebocas y quitó escombros con sus propias manos, ahora las usó para dirigir a la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, interpretando el Réquiem de Giuseppe Verdi en memoria de los fallecidos y en honor a los sobrevivientes, los rescatistas, los voluntarios.

"Si el clima lo permite", anunció previamente Domingo, pues la lluvia de los últimos días podría haber estropeado el concierto al aire libre, de lo contrario, tendría lugar en el Teatro de la Ciudad. Sólo 24 horas antes había caído una tormenta que dejó varias vialidades inundadas y Tlatelolco no quedó exento, de manera que la explanada que tres décadas atrás estuvo forrada de lonas y tiendas de campaña, este 19 de septiembre de 2015 tuvo una colorida cubierta de paraguas e impermeables desechables.

Pero casi al mismo tiempo que Plácido salió al escenario —en el que lo acompañaron los otros galardonados— la lluvia cesó. "Tláloc nos dio una tregua", decían los asistentes mientras salía incluso un rayo de sol entre las nubes. Mientras la Orquesta interpretaba el Réquiem, en una pantalla arriba del escenario aparecía ese ruego por las almas de los muertos, "dales señor el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua". Algunos asistentes lloraban en silencio. Otros sólo disfrutaban de este evento sin precedentes, que sirvió también para reunir a los que vivieron esta tragedia, entre ellos Oscar Flores y Rebeca Orozco, ex pareja que vivía en el edificio Nuevo León y quedó atrapada cinco días bajo sus ruinas. "Fuimos los últimos en ser rescatados", aseguró Rebeca.

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Plácido Domingo agradeció al público, saludó a los vecinos que observaban desde las ventanas y pasillos del edificio Chihuahua y rindió homenaje a todos los tlatelolcas junto a Cuauhtémoc Abarca, quien se mostró profundamente satisfecho de que el concierto haya ocurrido sin contratiempos. El tenor advirtió desde un principio que no estaría en condiciones de cantar y que sólo asistiría como director de orquesta, pero la audiencia inevitablemente le gritaba "¡que cante, que cante!", a lo que él respondió con una disculpa porque recién había cantado en Los Ángeles y no había dormido. "La verdad es que en una ocasión como esta la emoción es tan grande que tampoco estaría en condición de cantar (…) pero les prometo que vendremos y haremos algo. Este lugar es tan significativo para todos, nos trae tantos recuerdos, así que les pido que vivamos la emoción de hoy con la esperanza de que nunca más vuelvan a ocurrir las tragedias que han sucedido en este lugar. Espero que la próxima vez que nos veamos no sea con un réquiem, sino con una canción alegre y que podamos hacer un concierto porque las cosas vayan mejor", argumentó el músico español.

De lo que no se salvó fue de portar un sombrero charro que le entregó el público, y cantar de manera simple el Cielito Lindo con todos los presentes: músicos, cantantes, sobrevivientes, rescatistas, vecinos y espectadores. Una vez vacío el escenario, la lluvia volvió.