Para Benito y Emma.

El panorama jazzístico en Noruega es muy poco conocido en nuestro país. Con la excepción del legendario saxofonista Jan Garbarek, son prácticamente nulos los nombres de músicos noruegos del género que por estos lares se mencionan. Sin embargo, hay muchos grandes cantantes e instrumentistas de jazz nacidos en aquella nación escandinava y el pianista Tord Gustavsen es uno de los más destacados.

Nacido en Oslo, el 5 de octubre de 1970 y egresado del Conservatorio de Trondheim (también es graduado en psicología por la Universidad de Oslo), Gustavsen se vio atraído por la música desde muy joven, a partir de su participación en los servicios y coros de la iglesia luterana a la que pertenecía. Estos cantos religiosos lo llevaron de forma natural a conocer el góspel norteamericano y de ahí pasar al blues y al jazz.

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Como pianista, sus orígenes lo siguen marcando. “Necesito conectarme profundamente con mis propias raíces musicales, con los himnos, espirituales y canciones de cuna que se cantaban en nuestra casa cuando era pequeño. Cada vez que me conecto con esas raíces, puedo ser inventivo, componer y acercarme a la creación musical abstracta”, dice. Esta espiritualidad es notoria en la profundidad de su música y en la manera casi mística de abordarla.

En sus inicios, Gustavsen formó parte de diversas agrupaciones de jazz de la capital noruega, como la Silje Nergaard Band y el Ulrich Drechsler Quartet. No fue sino hasta 2003 que pudo tener a su propio grupo, el Tord Gustavsen Trio, con el que debutó ese año en el festival Vossajazz. Por esos mismos días, firmó para la prestigiada disquera ECM y grabó su álbum debut, el estupendo Changing Places.

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Por esa época, Gustavsen perdió en un trágico accidente a varios parientes cercanos y su necesidad musical se profundizó. “Necesitaba crear música que realmente me nutriera y me reconfortara, música que abriera el paisaje sonoro en lugar de cerrarlo con una especie de teología banal”, ha dicho al respecto. “Mi anhelo por la música como una puerta de entrada y como un lugar seguro para ser nutrido ha pasado por diferentes fases de abstracción y simplicidad”.

El trío de Gustavsen estabá constituido por él mismo en el piano, el bajista Harald Johnsen y el baterista Jarle Vespestad. Juntos grabaron también los discos Ground (2005) y Being There (2007).

En 2008, Johnsen abandonó al grupo y Gustavsen aprovechó para reestructurar su proyecto y transformarlo en cuarteto, con la incorporación del bajista Mats Eilertsen y el saxofonista tenor Tore Brunborg. Con el nombre de Tord Gustavsen Ensemble, la flamante agrupación puso en circulación otro plato excelente: Restored, Returned (ECM, 2008), en el que participó la cantante local Kristin Asbjorsen.

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La misma formación adoptaría más adelante el nombre de Tord Gustavsen Quartet (el único cambio fue que Eilertsen tornó de bajo a contrabajo) y con esa denominación grabarían álbumes tan excelsos como esa maravilla que es The Well (ECM, 2102), una obra prodigiosa.

Como decíamos líneas atrás, Tord Gustavsen no sólo se matriculo como músico sino también como psicólogo y ha dedicado esa parte de su vida al estudio de las significaciones psicológicas de la improvisación en el jazz. Su ensayo “El erotismo dialéctico de la improvisación” es realmente notable.

Con un nuevo álbum aparecido el año pasado (Extended Circle), Gustavsen se da tiempo para participar en discos de otros músicos y vocalistas de su país como Solveig Slettahjell, Silje Nergaard, Siri Gjære y Kristin Asbjørnsen.

Hay que asomarse a su música. Es una experiencia de la que nadie saldrá defraudado.