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Ayer volví a ver House, de la compañía L-E-V, en el canal 22. La vi primero en vivo y en directo en octubre, durante el Festival Cervantino. House es un espectáculo de danza “contemporanísimo” como dijo mi prima Lucía cuando vio la transmisión.

Después de la función en Guanajuato, la sensación era la de haber presenciado una tragedia griega, un romance-trágico shakesperiano, una de esas historias que son la base de muchas otras, pues destilan al ser humano con maestría. La forma y las convenciones en los textos, tanto de Shakespeare como de Sófocles o García Lorca, buscan con su poesía generar en el público esa extraña intranquilidad que tiene lugar cuando nos vemos en el otro. Es increíble la forma en que Sharon Eyal y Guy Behar (directores artísticos de L-E-V) construyen un espectáculo “contemporanísimo” que comunica y toca fibra tanto como lo hacen los clásicos.

Las convenciones escénicas en L-E-V son complejas y jugosas, me parecen interesantísimas y nunca las había visto en un espectáculo de danza. Digo espectáculo de danza, por miedo a decir teatro físico o danza-teatro, porque los ojos con los que veo House son de público teatral que, además, sabe poco de danza. Al ver la creación de L-E-V, me enfoco y subrayo su teatralidad principalmente por su capacidad absoluta de reflejar y traducir en forma escénica, las entrañas de un espectador como yo. Pero haciendo a un lado el debate de cómo categorizar House, su lenguaje escénico es tan primitivo y al mismo tiempo tan contemporáneo que trasciende la barrera de los tecnicismos que me habría podido encontrar en un espectáculo de danza o incluso de teatro.

House me despertó una inquietud recurrente: que haya tantos montajes de los “clásicos del teatro” que podrían ser increíblemente emocionantes y catárticos, pues generan un espejo para mis entrañas, pero que confunden clásico con tradicional, con plano. Resultan en algo que he visto cien veces, que no es más que cliché y que no despiertan en mí mayor hallazgo emotivo.

(Si parece que intento sonar rimbomante e idealista, perdón, es simplemente el efecto que me genera recordar las imágenes de House.) El idioma de esta puesta en escena, en primer plano, es el físico pero se extiende más allá del cuerpo para lograr algo que nada más podría describir como poesía. La forma que L-E-V encontró parte de una gestual realista, basada en conductas físicas cotidianas,y la desarrolla, la hace crecer, la enreda, la mueve. Así, logra transmitir emociones arquetípicas de nuestro día con día, sin dejar a un lado la originalidad estética. Literalmente, los cuerpos en L-E-V irradian. Y no es solamente el lenguaje físico que logra trascender el cotidiano, también la iluminación, la música, y la estructura y composición del todo.

Todos estos elementos que componen House de L-E-V convergen en una de las formas escénicas más alejadas al cotidiano que he visto en un buen tiempo. Ver House en vivo fue un suspiro. L-E-V, me llenó de inspiración y me subió la presión de jugos creativos. Hacía rato que no veía un espectáculo que se saliera de las convenciones tradicionales y poco arriesgadas que acogen la escena, que más allá de atraparme y sorprenderme como L-E-V lo hizo, simplemente pasan desapercibidas.