Uno de los saldos más ominosos de los terremotos o de los éxodos son los objetos dejados tras el desastre. Desde hace años, el artista chino Ai Weiwei produce con ellos instalaciones que permiten apreciar la escala de la tragedia al tiempo que la personalizan. Compartimos un repaso por la obra de este buscador de objetos y memoria.

Entre los escombros se asoma una foto empolvada, se asoma un zapato sin par, se asoma la pata de un peluche, el vestido que recién se había lavado, un plato que ni siquiera se despostilló. Polvo y pedazos de pared se incrustaron en las camas sobre las que pasamos tantas noches, en muebles que escogimos después de ver tantos otros. Entre los edificios desquebrajados hay libros, adornos, cámaras, maletas, un abanico, un velo de novia… Son objetos personales que, a pesar del polvo y algunos rasguños, al sostenerlos y sacudirlos un poco es sencillo identificar marcas personales y pensar en cómo encajaban en la vida de alguien, imaginar a esa persona y esperar con fuerza que haya sobrevivido y pronto pueda recogerlos.

Estas semanas, brigadistas y voluntarios también trabajaron para recuperar las pertenencias encontradas en las zonas de derrumbe. El índice material de pérdidas —de vidas y hogares—, la intimidad implicada y el esmero con el que los objetos eran apilados y clasificados se asemejan a una instalación de Ai Weiwei llamada Lavandería (Laundromat, 2016). En mayo de 2016, refugiados sirios, afganos e iraquíes fueron expulsados de un campo de inmigrantes en Idomeni, un pequeño pueblo al norte de Grecia, en el paso fronterizo con Macedonia. Ropa, zapatos, mementos y fotografías fueron olvidados ante la desesperación de movilizarse. El artista chino negoció con las autoridades griegas para recoger y conservar todo lo que quedó atrás. En un estudio subterráneo en Berlín, Ai Weiwei y sus colaboradores desempolvaron, lavaron, secaron, plancharon y categorizaron más de 2046 artículos.

Laudry (2016), Foto de Genevieve Hanson, Coirtesía de Jeffrey Deitch Inc.

La instalación se compone de exhibidores de ropa en los que cuelgan, en perfecto estado y con un orden meticuloso, faldas, pantalones, blusas, bufandas, camisas e incluso ropa interior. La primera vez se montó en una galería en Nueva York. Con la misma fuerza del olor a ropa limpia, se podía sentir la presencia de los refugiados a través de esas prendas y objetos. El piso está cubierto por capturas de pantalla de distintas redes sociales que monitorearon la respuesta a esta crisis humanitaria. A las paredes de la galería las tapizan fotos que Ai Weiwei tomó en Idomeni y otros campos de refugiados. Las cuantiosas hileras de zapatos comunican la magnitud del problema y al mismo tiempo cada par —o el zapato que se quedó solo— encarna la vida de un individuo en particular.

En una entrevista, el artista recordó que, cuando era niño en medio de la pobreza, su madre siempre le pedía que se lavara las manos y desde ahí asocia la limpieza con la dignidad humana más básica. Ai Weiwei (Pekin, 1957) es hijo del celebrado poeta chino Ai Qing. Cuando su hijo tenía un año, cayó de la gracia de Mao y lo enviaron a un campo de trabajo. Posteriormente la familia fue exiliada durante dieciséis años. Cuando pudieron regresar a Pekín, Ai Weiwei empezó a estudiar animación, pero estaba más interesado en los experimentos artísticos que estaba haciendo con un grupo de vanguardia llamado “Stars” y abandonó la carrera. A partir de 1981, vivió doce años en Nueva York. Originalmente se fue a estudiar diseño en Parsons, aunque eso también lo abandonó y decidió dedicarse de lleno al medio artístico.

En 1993, Ai Weiwei regresó a China porque su padre había enfermado. Por entonces ya era bastante reconocido internacionalmente como activista y artista. A pesar de ser un crítico severo del régimen chino, colaboró como asesor creativo con el despacho suizo Herzog & De Meuron durante los juegos olímpicos del 2008 en el Estadio Nacional, comúnmente identificado como el Nido del Pájaro. Su trabajo artístico y su presencia activa en redes sociales (sobre todo en Twitter) han denunciado la falta de democracia y respeto a los derechos humanos por parte del gobierno chino. De hecho, una gran parte de su obra explora la vigilancia y el manejo de información. En 2011 su disidencia fue sancionada con 81 días de arresto.

El 12 de mayo de 2008, en la provincia china de Sichuan, tembló durante casi dos minutos. Las cifras nunca han sido oficiales, pero se calcula que hubo 10 mil muertos y un alto porcentaje de ellos eran niños que quedaron sepultados bajo escuelas que se cayeron. La corrupción cobró muchas vidas. Ante los esfuerzos del gobierno por ocultar la información, Ai Weiwei coordinó una investigación ciudadana sobre lo sucedido y se dedicó a registrar en su blog cada uno de los nombres de las personas desparecidas. El blog fue clausurado por el gobierno y algunos identifican esta investigación como la acción que colmó la paciencia de las autoridades chinas y desencadenó su arresto. Un documental titulado So Sorry y varias instalaciones derivaron de este proyecto. Al igual que Lavandería, estas obras de Ai Weiwei permiten apreciar la escala de la tragedia al tiempo que la personalizan.

A modo de homenaje a los estudiantes fallecidos, el artista realizó una instalación de 9000 mochilas de colores sobre la fachada del museo Haus der Kunst en Munich. En Remembering (2009), la alternancia de colores le permitía escribir una frase en caracteres chinos: “Durante 7 años, ella vivió feliz en este mundo” (palabras de una madre que perdió a su hija en el sismo del año anterior). Entre los escombros de las escuelas derrumbadas, las mochilas y los útiles se podían ver por todos lados. Las investigaciones revelaron que las escuelas no estaban bien construidas. Ese mismo año, Ai Weiwei presentó en Tokio una pieza parecida. Una enorme serpiente enroscada aparece montada en la pared. Una vez debajo de esta, es evidente que la forman mochilas idénticas cosidas unas con otras. Desde entonces, la obra ha sido expuesta en otros museos.

Remembering (2009) Mochilas de nylon, Instalación en the Haus der Kunst, Munich, Foto de Mar.tin, Licencia de Creative Commons.

Relacionadas al terremoto de 2008, la instalación más impactante tal vez sea Derecho (Straight, 2008-2013). Se compone de 150 toneladas de varillas que el artista tomó de los sitios de derrumbe en la provincia de Sichuan. Ai Weiwei y su equipo se dedicaron a recoger y enderezar todas estas varillas que se ondularon con el temblor. Una vez recuperada la línea recta, fueron apiladas en montículos de diversos tamaños para generar un paisaje sinuoso de acero. Las formas son frágiles. El recorrido es sombrío y subraya los límites de cualquier acción metafórica por enderezar las cosas.

Straight (2008). Imagen © designboom

La semana anterior al temblor en México, en un tiempo que ya parece de otra época, The New Yorker publicó un ensayo sobre un lugar muy peculiar en París, que en cierto sentido también se dedica a enderezar. El Buró de los Objetos Encontrados busca dar con el dueño de todos los objetos que se pierden en esa ciudad. En esta oficina gubernamental, a diario se pone en evidencia el valor de la cultura material. Las operaciones de la oficina demuestran que lo mundano se vuelve significativo cuando lo perdemos, y quizás aún más cuando lo recuperamos.

Durante los días que siguieron al sismo, en la Ciudad de México se montaron muchos “Burós de Objetos Encontrados” improvisados. Decenas de personas, probablemente muy pocas de ellas artistas contemporáneos, emprendieron de manera anónima iniciativas por limpiar, clasificar y devolver. No todos los objetos regresarán a sus dueños; hay tantas cosas que ya no tienen quién las reclame o que, ante la tragedia, han perdido el significado. Tomará mucho tiempo acomodarlas. Algunos objetos, como es el caso de los libros, nos obligan a buscar soluciones más permanentes, como la biblioteca de la Casa Refugio Ciltaltépetl, por ejemplo. Otros cúmulos de cosas nos rebasan y recuerdan crisis mucho más indirectas que, con el tiempo, quizás el arte haga lo suyo para poderlas procesar.  

Paulina Morales
Maestra en museología por la Universidad de Leicester.