El Nobel a Kazuo Ishiguro, inglés nacido en el Japón, continúa y acentúa una curiosidad o anomalía que atañe a la literatura made in England, y nada menos que desde el primer Nobel que se le concediera, que fue el año 1907 en la persona de Rudyard Kipling, un inglés nacido en la India.

Lo cierto es que de los doce escritores ingleses que han obtenido el Nobel de Literatura, tan solo tres son cien por ciento ingleses: Winston Churchill (1953), William Golding (1983) y Harold Pinter (2005).

George Bernard Shaw (1925) había nacido en Irlanda y se murió siendo más irlandés que el Guinness Book of Records. John Galsworthy (1932) y Earl Bertrand Arthur William Russell (1950) eran galeses. Thomas Stearns Eliot (1948), nacido en Estados Unidos, no solo adquirió la nacionalidad británica sino que hasta se convirtió al anglicanismo. Elias Canetti (1981) vino al mundo en Bulgaria, como lejano retoño de una familia judía española expulsada de Cañete, en la provincia de Cuenca, por los Reyes Católicos, en 1492. Y Vidiadhar Surajprasad Naipaul (2001) nació en Trinidad, y Doris Lessing (2007) en Persia.

La reflexión que se impone no dejaría en muy buen lugar a la literatura inglesa escrita por unos ingleses “de pura cepa”, si no fuese que recordemos a tiempo los nombres de G.K. Chesterton, Evelyn Waugh, Virginia Woolf, Aldous Huxley, D.H. Lawrence y Graham Greene, amén de Thomas Hardy, E.M. Forster, Ted Hughes e tutti quanti, entre quienes no podría mencionar ni a Hector Hugh Munro (a) Saki ni a Eric Arthur Blair (a) George Orwell ni a William Somerset Maugham, pues que nacieron en Birmania, la India y París, respectivamente. Pero todos ellos, de cualquier modo, preteridos en la lotería del Nobel.

No me parece tampoco que haya en el seno de la Academia Sueca una especie de prurito contra la literatura inglesa salida de plumas cien por ciento insulares, pero el hecho no deja de ser interesante si se piensa, por otra parte, que Inglaterra sí o no, hasta ahora no han premiado en Estocolmo ni a un solo autor escocés. Y podrían haberlo hecho. No diré que a sir Arthur Conan Doyle, pues los académicos suecos son tan alérgicos a la literatura que ellos desdeñan como “popular”, que le negaron el Premio a uno de los mejores escritores del siglo XX: me refiero a Simenon.

Pero si no a Conan Doyle sí podrían habérselo dado a J.M. Barrie, creador de uno de los pocos mitos que ha producido el siglo XX: Peter Pan. O a Eric Linklater (escocés nacido en Gales), al que tanto admiraba Borges; lo anota Bioy Casares en su diario, el 29.12.1962: “Hablando sobre mejores candidatos para el Premio Nobel que Steinbeck (que lo ganó), Borges dice: ‘Cualquier otro’. Convenimos de inmediato en Eric Linklater”. Pero ya tres años antes, platicando de este autor a quien consideran que “tal vez sea el mejor novelista inglés de estos días”, Borges puso el dedo en la llaga al decir: “Lo que le perjudica es que escribe for entertainment. No trata de demostrar nada: ni la verdad católica ni la verdad comunista ni la verdad existencialista”.

Para rematar estas observaciones se me ocurre que dentro de un par de años pudieran volver a ser actuales cuando por fin le otorguen el Nobel a Salman Rushdie. Otro inglés anómalo.

 

Ricardo Bada
Escritor y periodista, residente en Alemania desde 1963. Editor en ese país de la obra periodística de García Márquez y los libros de viaje de Cela, y autor de Don Enrique, la única antología integral en castellano de la obra de Heinrich Böll.

 

 

Un comentario en “El Nobel e Inglaterra

  1. Una vez publicado el artículo me doy cuenta de que he dejado de mencionar nombres de tanto peso como los de Lawrence Durrell (nacido en la India, muerto en Francia), Gerald Brennan (nacido en Malta, muerto en Andalucía) y Robert Graves, tan inglés que nació en Wimbledon pero fue a morir en Mallorca. Quede aquí, pues, esta Fe de Ausencias.