Pionero del arte conceptual, Lawrence Weiner utiliza en lenguaje para disparar la imaginación del espectador. 

Lawrence Weiner, TAKEN FROM THE WIND AND BOLTED TO THE GROUND, 2009. Lenguaje + los materiales que evoca. Cortesía de Marian Goodman Gallery.

Lawrence Weiner (1942) cuenta que creció leyendo las paredes de Nueva York, descifrando los grafitis y mensajes que dejaban otras personas en los muros. Le intrigaba esa forma de comunicación, en donde el tiempo volvía a las paredes un ejercicio de arqueología.1 Él mismo aspiraba a escribir en esas mismas calles, por lo que abandonó el campo de la pintura y, a finales de los años sesenta, decidió concentrarse de lleno en una práctica que estuviera basada en un componente universal: las palabras.

Weiner fue de los primeros artistas en Estados Unidos en proponer que el lenguaje es un medio con potencial artístico, un material de construcción. Aunque la mayoría de sus obras consisten en un texto escrito sobre un muro, él insiste en llamarlas “esculturas”, porque nos incitan a imaginar superficies, texturas y sensaciones que las vuelven casi tangibles. Lynne Cooke, curadora de su exposición en el Museo Tamayo en 2004, menciona que, a pesar de la cualidad gráfica de sus enunciados, su trabajo “se concentra en las propiedades observables, los materiales, estados, condiciones, procesos, comportamientos y funciones de la materia.”2 Es por eso que todas sus piezas aparecen en los museos con la misma ficha técnica: lenguaje, y los materiales que evoca. 

FOREVER AND A DAY (SIEMPRE Y UN DÍA), varias instalaciones públicas en la Ciudad de México, Plaza de la Constitución, 2017.Imágenes cortesía Gobierno CDMX.

Su propuesta es radicalmente sencilla: crear obras que no puedan encerrarse en una bóveda y que sean accesibles para cualquiera, en tanto que al leerlas o comentarlas con alguien más —así sea sólo para criticarlas— se perpetúen en la imaginación de las personas. Sus piezas no son recetas de superación personal, ni rimas ni frases revolucionarias; sus palabras capturan la contundencia de lo cotidiano. Contrario a la tradición del expresionismo abstracto, sus enunciados no reflejan una estructura moral, los valores y los defectos del artista. En Weiner, el lenguaje permite ser lo más objetivo posible; eliminar la mano y el gesto del autor en pos de una propuesta sin mediadores. Concisas y claras, casi lapidarias, sus declaraciones aspiran a una “disponibilidad común y universal”.3 ¿Porqué tendría que tener el arte un público preestablecido, con espectadores familiarizados con la historia del arte o que tengan una educación artística? Weiner nos invita a pensar que una obra puede generar público nuevo e insospechado en cada lectura.

Pionero del arte conceptual, Weiner sostiene que el valor de una obra de arte existe en la idea misma. Así lo proclama en Statement of Intent(Declaración de intención), un texto publicado en 1969 que se convirtió en una especie de manifiesto para toda una generación:

El artista puede construir la obra.
La obra puede ser fabricada.
La obra no necesita ser construida.
Siendo cada una de ellas igual y coherente con la intención del aRtista, la DECISIÓN como condición descansa en el receptor en ocasión de la recepción.

En tan solo cuatro oraciones, Weiner declaró que la materialidad de una pieza no era relevante en lo absoluto, sino que la obra quedaba a merced de la mente del espectador, convertido en un verdadero cómplice. No presupone ni espera nada de parte del público; cada receptor se vuelve un agente indispensable en la creación de cada pieza.

Esto significó un parteaguas que sirvió para englobar la práctica de otros artistas que ya habían empezado a incursionar en el lenguaje como medio: Robert Barry, Joseph Kosuth, e incluso Richard Serra. Este último, además de crear enormes esculturas de acero, también experimentó con el lenguaje en su lista de verbos en infinitivo: “rodar/ arrugar/ plegar/ almacenar/ doblar/ acortar”. Al enumerar una serie de acciones, Serra volvía responsable al espectador de imaginar cada verbo, de activarlo en relación al material que mejor se adaptara a su mente, esculpiendo las palabras en su cabeza.

Richard Serra. Verb List. 1967–68. Lapiz sobre papel, 2 hojas, cada una de 25.4 x 20.3 cm. The Museum of Modern Art, Nueva York. Donación del artista en honor a Wynn Kramarsky. © 2011 Richard Serra/Artists Rights Society (ARS), Nueva York.

Weiner también le da forma y dimensión a los diferentes elementos de la tipografía: siempre trabaja en mayúsculas y con fuentes inventadas por él, con el fin de desafiar a la autoridad de los textos académicos que, según él, está representada por la tipografía Helvetica. Sus enunciados utilizan signos de puntuación, de resta y suma, paréntesis e incluso flechas para comunicar su mensaje y, dependiendo del enunciado, escoge el color de las letras, el tamaño y dirección del texto. Cada una de estas variantes puede tener un efecto distinto en el espectador, ya que cada medio esta cargado de implicaciones que se vuelven parte de la obra. Este es el caso de una de sus piezas más tempranas: ONE QUART EXTERIOR GREEN INDUSTRIAL ENAMEL THROWN ON A BRICK WALL [Un cuarto de esmalte industrial verde para exterior arrojada sobre un muro de ladrillos] de 1968. Esta pieza hace referencia a la pintura con la que se inscriben las letras en el muro, pero también reduce una pintura a sus elementos más esenciales y descarta las convenciones de un lienzo o un marco rectangular que le otorgue validez.

Lawrence Weiner, ONE QUART EXTERIOR GREEN INDUSTRIAL ENAMEL THROWN ON A BRICK WALL, 1968. Colección de Alice Zimmerman-Wiener; préstamo a Dia Arts Foundation. © Lawrence Weiner / Artists Rights Society (ARS), Nueva York. Foto: Bill Jacobson Studio, Nueva York.

Aunque sus instalaciones rara vez son diseñadas para un sitio en específico, siempre se relacionan con su entorno —con la arquitectura, la historia de un espacio y los materiales de las paredes— y de ese diálogo nacen nuevos significados.  Por ejemplo, en 1991, Weiner escribió sobre una torre de defensa aérea de la Segunda Guerra Mundial en Viena: SMASHED TO PIECES (IN THE STILL OF THE NIGHT)  [Destrozada en pedazos (en la quietud de la noche)]. El texto nos recuerda lo que podría haber ocurrido y nunca sucedió, nos habla de la violencia y los ataques de la Segunda Guerra Mundial, convirtiendo la torre aérea en un memorial. Pero, como en todas sus obras, esta solo sucede si hay un público que la lea y la active. Si bien algunas de sus piezas en espacios públicos son de carácter permanente, la gran mayoría son borradas y destruidas apenas acaba una exposición. Este fue el caso de su proyecto más reciente, que tuvo lugar en la Ciudad de México el pasado mes de febrero. Weiner intervino la Plaza de la Constitución con las siguientes frases: FOREVER & A DAY; EN ALGUNA PARTE DE ALGUN MODO; ALGUN DIA EN ALGUN LUGAR; ALGO DE ALGUNA MANERA; SIEMPRE Y UN DÍA.

Lawrence Weiner, SMASHED TO PIECES (IN THE STILL OF THE NIGHT) (Cat. #670), 1991, cortesía de Galerie Hubert Winter.

Según Weiner, el papel de un artista consta de hacerse preguntas. En entrevista para la Tate, declaró que “el arte es un intento por entender quiénes somos, dónde estamos y por qué existimos[…] Estas preguntas fundamentalmente humanas son aquellas que todos compartimos, y que nos formulamos todos los días […] Prefiero ser esa persona, quien se cuestiona constantemente. No continuaría haciendo arte si tuviera todas las respuestas […] Si hacer arte implica dar respuestas yo solo sé que no las tengo… ”4

Lawrence Weiner: Talking Art

 

 

María Emilia Fernández
Historiadora del arte


1 Weiner, citado en su biografía en la página web de Lisson Gallery.

2 Cooke, Lynne. “Nublado”, en Weiner, Lawrence. Cubierto por nubes. Ciudad de México: Fundación Olga y Rufino Tamayo, 2004.

3 Weiner, en conversación con Benjamin Buchloh: “Conversation with Lawrence Weiner,” en Lawrence Weiner. Londres: Phaidon, 1998, p.19

4 Weiner, en entrevista con el historiador y crítico del arte, John Slyce, en febrero de 2008 en la Tate Modern.