Entre el verde infinito que anuncia la entrada a la Selva Lacandona, se asoma Abasolo. Es una comunidad tseltal del municipio de Ocosingo, Chiapas, en donde no existe el acceso a la telefonía celular ni a la radio, pero sí al internet que provee la red inalámbrica construida hace un año por el colectivo de jóvenes Ik´ta K´op.

La comunidad se encuentra a ochenta kilómetros de San Cristóbal de las Casas, a un lado de la carretera internacional que hoy atraviesa la milpa en donde se cosecha frijol, maíz y café. Tiene aproximadamente tres mil habitantes y es una de tantas comunidades rurales que son ignoradas por las empresas de telecomunicaciones, en un país donde la marginación no es rentable para la instalación de infraestructura, y el gobierno se conforma con el wifi instalado en el proyecto “México conectado”, que permite el acceso solo a diez personas simultáneamente en un área limitada frente al edificio Municipal.


Fotografías: María Álvarez Malvido

En respuesta a la necesidad de ejercer el derecho a la comunicación, Mariano Gómez, Neyder Domínguez y Antonio Sántiz, jóvenes egresados de diferentes escuelas normales de Chiapas, integraron en agosto de 2016 el colectivo Ik´ta K´op (http://www.iktakop.org/) (“palabra del viento” o “el hablar que se lleva el viento”) y construyeron, cono con siete antenas o nodos repetidores, la red que hoy da acceso a internet al 40% de la comunidad.

La red troncal sustituye desde hace un año al internet satelital que había instalado el padre de Mariano siete años atrás. Ahora cuentan con un mejor servicio, de 10 Megabytes, que viajan casi treinta kilómetros desde Oxchuc —en donde se encuentra el proveedor—, pasando por una antena en el cerro Lomelum, a otra en el cerro Ciprés, hasta llegar con 7 megas a la casa de Mariano, desde donde se distribuye la red.

“Abrimos la primera red con un pequeño nodo que compramos entre todos y comenzamos a poner repetidores; sin darnos cuenta, instalamos una red wifi que permite conectarse en el parque, en la calle, en la casa y en donde tú quieras de la comunidad. Esto surge como una necesidad de comunicación; para muchos el internet puede ser usar Facebook, Youtube y ponerse a ver cosas, pero nosotros teníamos un pésimo internet de un mega para una comunidad como Abasolo, en donde el único medio de comunicación es el WhatsApp. Era impactante poder mandar un mensaje desde Abasolo a Estados Unidos, o un ‘whats’ para los compas que están trabajando en Cancún o en el D.F.”, cuenta Mariano.

Su casa se encuentra a un lado de la carretera. Un letrero pintado en la entrada indica con el símbolo que es casi universal el servicio de wifi, y por la puerta abierta del cibercafé entran personas para solicitar los cupones de usuario y contraseña que les dan acceso a la red en cualquier parte de la comunidad. Son paquetes económicos administrados desde el Hotspot conectado al servidor, con opciones que van desde una hora por diez pesos hasta un mes por doscientos, con la posibilidad de llegar a acuerdos de intercambio basados en el apoyo con mano de obra para el mantenimiento de la red. Los “cuidadores de nodo”, por ejemplo, son quienes tienen alguno de los nodos repetidores en la azotea de su casa y a cambio de comprometerse con el cuidado del equipo, se acuerda reducir o anular el costo mensual del servicio según las posibilidades económicas de la familia.

Cargados con cables, dos antenas, metros de alambre y una computadora, Mariano, de 23 años, y su hermano Santiago, de 18, salieron en su Volkswagen al barrio de San Martín para la instalación del séptimo nodo, en una zona rodeada de milpa, plátanos y árboles de guayaba a la que aún no llegaba la señal. Al llegar a la casa para realizar la instalación, la familia ya tenía un bambú colocado en la azotea que pronto fue sustituido por un tronco de seis metros para mejorar la conexión entre nodos.

Amarrada a la punta del tronco, la antena se conectó a la corriente de luz con ayuda de Alfredo y su familia, mientras Mariano comenzaba a configurarla desde su computadora y monitoreaba la señal con su teléfono. Llegó el primer Whatsapp al celular de Alfredo y con eso se comprobó el éxito de la instalación. De ese primer mensaje siguió un intercambio de emoción con sus hermanos en Tuxtla y Cancún, mientras Inés, su hija de 16 años, ya descargaba canciones y videos con la aplicación SnapTube. Los niños se asomaban emocionados a las pantallas de los celulares para presenciar la llegada de internet a San Martín.

La red de Abasolo tuvo quinientos usuarios en el último mes y alrededor de sesenta conectados de manera simultánea, pero el alcance no termina ahí. La infraestructura de la red se comparte con la intranet Yaj´noptik, otro proyecto desarrollado por el colectivo al que es posible acceder de manera gratuita y sin requerir de conexión. La intranet es un portal creado con software libre en donde se almacena contenido como Wikipedia, Encarta, distintos tutoriales, material didáctico, videos, documentales y libros para descargar, disponibles para quien se conecte desde su smartphone o computadora. Así, al prender el wifi en Abasolo, el usuario tiene dos opciones: acceder a internet adquiriendo un cupón con usuario y contraseña a un precio económico, o acceder inmediatamente a la intranet local y explorar su contenido de manera gratuita.

El origen del proyecto de intranet comenzó hace siete años, cuando Luis Ramón Alvarado, docente en el Colegio de Bachilleres de Chiapas (COBACH) de la comunidad y hoy miembro del colectivo, al igual que el profesor Osmer Adolfo Alonzo, se enfrentó a las dificultades de impartir la materia de informática en una escuela sin internet.  Entonces desarrolló una plataforma con software libre que nombró intrabach, para que los alumnos pudieran navegar en el mar de información que ahora también se comparte con la intranet Yaj´noptik. La plataforma que comenzó como un tutorial de informática en tseltal, funciona en quince bachilleratos en una región en donde no hay acceso a internet, y sigue desarrollándose con mayor contenido de acceso libre que se intercambia entre diferentes comunidades digitales en el mundo.

Para el colectivo, la red es más que el acceso a la información y a la comunicación, es también un proceso de apropiación tecnológica desde la autonomía que han defendido los pueblos indígenas por cientos de años, como su cosmovisión y la vida en comunidad.1

“Desde las prácticas cotidianas está lo que en tseltal se conoce como mankumun: man es comprar y kumun es entre todos. Durante los días de muertos y otras festividades, se compra una vaca o wakax y entre todos se pela el ganado, se come un poco de carne y se divide la otra parte. Lo hacemos por dos cosas: la primera es lamentablemente económica, pues es más barato hacer esto porque te tocan más pedazos de carne que ir a la carnicería o a otro lado. La otra, porque es una cuestión de convivencia; mientras tú estás haciendo la vaca, estás platicando y hay una relación, una comunicación entre nosotros, una parte de convivir más espiritual, algo que va más allá de solo el acto de hacerlo.”

“En vez de vaca, es internet: crear nuestra propia infraestructura dividiéndola entre los propios usuarios, así como con la vaca, que uno se encarga de lavar la tripa y otro de pelar al animal, también con el internet pasa lo mismo, uno se encarga de montar la torre, otro de realizar los enlaces y el otro de cuidar que la electricidad esté bien. Entonces estamos haciéndolo entre todos y por eso que este tipo de proyectos han logrado sobrevivir varios tiempos”, explica Mariano.

El intranet está encaminado por el colectivo a volverse sustentable y a poder ser operada por los usuarios, quienes también podrán subir contenido al portal. “Así nació internet, como el intrabach: pequeñas redes que se conectan creando una gran red; nosotros estamos partiendo de eso, de empezar a hacer internet de nuevo, pero uno diferente”.

Para Neyder, de 25 años, profesor de primaria originario de Amatenango de la Frontera, Chiapas, la necesidad de comunicación fue la que unió a diferentes personas para trabajar juntos. “Tomando el ejemplo de la necesidad de la vaca, la necesidad en común es de alimentarnos de proteínas, pues en muchas comunidades rurales o indígenas, apartadas y marginadas, no existe un carnicero ni mucho menos un supermercado que ofrezca carne.  Cuando la gente tiene esa necesidad se pone de acuerdo, busca una vaca o busca un cerdo y se lo reparten todos iguales.  Nuestra vaca es el internet y nos dimos cuenta que lo que pagamos al carnicero es quizá el trabajo que le lleva matar la vaca y quitarle a piel ¿Qué pasaría si nosotros hiciéramos esos trabajos? Este proyecto parte de la solidaridad, tenemos una necesidad en común y hay que resolverla”.2

La red de Abasolo es el resultado de asumir a la tecnología como una herramienta que permite más posibilidades de las que las empresas nos presentan como usuarios finales de internet. Una “herramienta justa” que el filósofo y escritor Ivan Illich reconocería con tres características: es generadora de eficiencia sin degradar la autonomía personal; no suscita ni esclavos ni amos; y expande el radio de acción personal.

“El hombre necesita de una herramienta con la cual trabajar, y no de instrumentos que trabajen en su lugar. Necesita de una tecnología que saque el mejor partido de la energía y de la imaginación personales, no de una tecnología que le avasalle y le programe (…) la herramienta es, pues, el proveedor de los objetos y servicios que varían de una civilización a otra. Pero el hombre no se alimenta únicamente de bienes y servicios, necesita también de la libertad para moldear los objetos que le rodean, para darles forma a su gusto, para utilizarlos con y para los demás”.3

A partir de la experiencia de internet e intranet en Abasolo, Mariano Gómez fue reconocido por Internet Society (ISOC) como uno de los “25 menores de 25” que están haciendo de internet una herramienta de transformación en el mundo. El reconocimiento reunirá a los seleccionados en Los Ángeles este 19 de septiembre, pero Mariano no podrá acudir después de que la embajada de Estados Unidos en México le negara la visa por tres razones que explica en una carta dirigida a ISOC: no tener domicilio, carecer de cuenta bancaria y ser un joven indígena de Chiapas.

En la carta, Mariano solicita que el gasto que iba a generar su viaje sea donado al colectivo Ik´ta K’op para obtener un nuevo servidor para el intrabach, así como crear nuevos nodos repetidores que alcancen a más familias de la comunidad. Como menciona en el texto, “el internet ha sido una herramienta para poder expresar lo que sentimos, defender nuestro territorio, comunicarnos y relacionarnos con el mundo exterior. Creemos que con los proyectos que desarrollamos logramos que más comunidades se apropien de la tecnología, y no solo eso, sino también del conocimiento mismo”.

La voz de Mariano habla de la realidad de muchas personas divididas por muros construidos y categorías imaginadas. Habla de una sociedad en la que hace falta escuchar las voces que cuentan otras formas de habitar el mundo y conectarnos al ciberespacio, con alternativas como las que se comparten desde una comunidad en la selva chiapaneca.

 

María Álvarez Malvido. Cronista y antropóloga social por la UAM Iztapalapa.


1 Presentación de Mariano Gómez y Neyder Domínguez en el Foro Internacional de Medios Indígenas y Comunitarios, realizado del 9 al 11 de agosto en la ciudad de Oaxaca. Video de la conferencia completa en https://fimic.wordpress.com

2 Ibíd.

3 Ilich, Ivan (1978), La Convivencialidad, México.